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El blog de martinguevara

Alles bananen, aber Ich esse gern bananen

13 Abril 2026 , Escrito por martinguevara

Viktor Orban, uno de los productos del accionar ideológico de Steve Bannon alrededor del mundo, fue derrotado en las elecciones presidenciales húngaras. Orban es particularmente importante por ser la ultraderecha exitosa inserta en un país marginal pero perteneciente a la Unión Europea, organización conformada en 1949 en oposición a los extremismos europeos que dieron lugar a la Segunda Guerra Mundial. para garantizar la paz y el progreso, que en 1957 dio lugar a su ala de colaboración económica con la CEE y una manera de entender el crecimiento sin descuidar la protección de la población, lo cual convirtió a Europa en el paraíso soñado por todas las clases sociales nunca antes experimentado, superando al sueño alcanzado exclusivamente por el proletariado, con el bolchevismo soviético .

Dieciséis años siendo elegido por la mayoría del pueblo húngaro. llevaba un tiempo ostensible produciendo escozor en el espíritu ya bastante dañado de aquella brillante Unión Europea basada en la convicción de la concordia, la paz y el civismo hoy en las manitos temblorosas de Von Leyen. Sus lazos con Vladimir Putin a la vez que con Donald Trump, con fuertes relaciones previas con la ultraderecha europea de Haider, Fortuyn, Berlusconi, Salvini, y latinoamericana de Bolsonaro y últimamente Milei, que incluso acudió a un acto proselitista reciente en su favor. con los menos recomendables resultados, previsibles en el propio acto cuando el exaltado showman argentino daba saltos sin el mínimo compás con un rock de dudosísima calidad en un escenario gélido, donde los magyares, hieráticos en sus asientos, inclinados históricamente a despreciar todo extranjerismo tóxico para las raíces nacionales, en pro de su Népzene tradicional tan poco compartido con el resto del mundo como las raíces de su lengua, acompañaban los movimientos ridículos con un desprecio poco simulado en la mirada. Ringasd el magad.

Hoy nos sentimos algo aliviados, de inmediato damos rienda suelta al entusiasmo y parecemos felices, pero hay varios aspectos como para no destapar el champán y ceñirnos a un botellín de cerveza apurado. Magyar fue del equipo de Orban hasta hace solo dos años, es partidario de Europa sí, pero es de una derecha muy sólida, que por ahora muestra desacuerdos con su espuma más ultra ferviente de los últimos tiempos, pero más como muestra de una sensatez de cara a que el proyecto pueda llegar a su solidificación y desarrollo, y no el desgaste que en algún momento produce tanta hipérbole y aspaviento superficial.

No digo que no sea como para celebrar, pero un festejo de martes en la tarde, dos canapés y un vinito que mañana hay que trabajar. Sigue siendo un candidato de la derecha húngara. Que incluso nos remite a una observación desde la época de la caída del muro de Berlín, cuando se decía "si quieres ver un comunista ve a buscarlo a Occidente, de este lado no quedan ni las cenizas."

Es increíble como el antídoto más eficaz contra el comunismo, incluso contra la socialdemocracia, contra toda forma de solidaridad colectiva, del mínimo espíritu de humanismo, fue el establecimiento durante las décadas necesarias del sistema que disfrutaron primero los obreros bolcheviques, pero tras la II Guerra solo los camajanes de todas las dictaduras del proletariado. Cuando cayó el muro de Berlín había dos dichos populares, uno era en modo de chiste "Lo que nos decían del comunismo era todo mentira, sin embargo lo que nos contaban del capitalismo era todo verdad", y "Alles bananen", que significaba, "al final, todo eran bananas" en referencia al deseo metafórico de los alemanes del este de comer bananas como símbolo de libertad y variedad de consumo. Pero cuando les preguntaban si volverían a lo de antes, decíasn "Alles bananen, aber Ich esse gern bananen". Sí, todo eran bananas, pero me gusta comer bananas.

Cuando era niño en mi Argentina natal, tenía unos primos que se habían mudado al norte, y contaban que en Cañada de Alsogaray, provincia de Tucumán, aparecieron unos círculos perfectos sobre la hierba los cuales fueron tomados por algunos por ovnis, decían que en ese círculo donde quemaron nunca más volvió a aparecer vida vegetal. A eso me hacen recordar los sistemas de dictadura del proletariado y partido único.

Por donde pasaron no crecen ni los cardos.

Lo que sí puede ocurrir, y eso es para estar un poco más que aliviados, se podría decir sonrientes, es que ese apoyo de poco poder pero de mucho simbolismo que significaba el extremismo de Orbán en Europa se desvanece para los distintos sabuesos del odio de clase, de raza, de paz que aun se arrastran sobre los escenarios del mundo, pudiendo todavía causar mucho daño en sus pataleos finales.

A pocas cosas temo más que a los criterios colectivos de los pueblos, pero a veces somos agraciados por esas salvadas ocasiones en que, aunque solo sea para manifestar la excepción que confirma la regla, votan bien.

 

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