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12 enero 2018 5 12 /01 /enero /2018 13:50
¿Por qué me irrita la muerte, de Laura Pollán, cofundadora y cabeza visible de las Damas de Blanco, en el hospital Calixto García de La Habana?.
¿ Y por qué razón me siento tan presto a opinar sobre el asunto cuando en mi vida cotidiana me muestro muy desconfiado de todo lo que provenga de la política?.
 Intelectuales involucradas como Yoani Sánchez, o luchadoras como la maestra Pollán, me causan una gran admiración, conozco lo impenetrable del sistema al que osaron oponerse y que de a poco va humillando su testa pero que dará muchas coces y cornadas antes de sucumbir.
Si ordenas levantar el pie que pisa al último oprimido, debajo encontrarás a una mujer.
No me sorprende que ambas sean mujeres.  
Algunos, incluso de entre las diferentes organizaciones de madres, abuelas, esposas de represaliados en el mundo, explican que una ventaja del machismo es que a la mujer la respetan más en el momento de decidir si ejercer  la violencia sobre ellas, que a un hombre. Tal vez incluso alguno llegue a creer a pies puntillas esa explicación.
Tonterías, las mínimas. Hay un modo de valor femenino, uterino, diferente al del hombre, la mujer es mucho más dura y valiente, porque es más optimista, casi por antonomasia, su realismo místico no tiene nada que ver con el escapismo de que son acusadas en las conversaciones domésticas;  más bien parecen sintonizadas con una realidad imperceptible para la mayoría de los varones, para la masculinidad, que está en el más allá, en el futuro, gracias a ese mundo de sabiduría innata que les dota el estar preparadas para la procreación. 
El valor del hombre está siempre más relacionado con la perspectiva de la muerte, con el fracaso de la contienda que con las verdaderas posibilidades de éxito. 
Es frecuente escuchar decir acerca de las mujeres que no se sabe donde llevan la cabeza; pero amigos,  acaban de descubrir donde: la tienen justo sobre los hombros. A nosotros, el solo hecho pensar en esa posibilidad, nos aterra y enloquece. Pareciera ser que lanzarse emitiendo un alarido, a incrustarse contra la hoja de una bayoneta, conformase un acto de valor superior a detenerse y decir:  por aquí no señores, es mejor abandonar el plan, demos la vuelta.
La calma y el valor que se precisan para ser arrojado sin llegar a ser temerario, es enorme.
 Y si bien es cierto que  golpear una mujer públicamente resulta más difícil de explicar por los represores que atizar a un portador de testosterona,  en cualquier plaza, también los es que la impertinencia, el ninguneo, y la falta de respeto a que se ven sometidas a diario las mujeres que demuestran mayor valor o inteligencia que el común de los hombres,  es muy aguda.
Bajo sus faldas, implorando el amor de sus úteros, el calor de sus vulvas,  y el perdón a la cobardía.
  Como expresara Yoani, una de las facetas más importantes, de las mayores pérdidas con la muerte de esta mujer luchadora, es su tesón frente a una sociedad conducida por los caprichos de los pelos en el pecho, desde hace siglos, con un histriónico desprecio misógino a cualquier cualidad femenina.
El machismo exacerbado es el amor perverso del hombre a la hombría, el miedo a la feminidad ajena y el terror a la expresión de la propia ¡Yo la tengo más grande! es una expresión de deseo parece representar  un deseo oculto, aunque no demasiado bien disimulado, propio de las congregaciones recontra hombrunamente machistas. Esas que en el fondo temen a Yoani y a Pollán, más que por sus proclamas, por ese valor femenino, meditado, ese arrojo que nunca es usado en vano, y que cuando se presenta, irremediablemente anuncia como las golondrinas, un cambio de estación.
 
 
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Published by martinguevara

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