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27 marzo 2021 6 27 /03 /marzo /2021 12:27

Evelio nos enseñó a fumar en el segundo piso en los asientos frente al Salón de Embajadores.. El primer cigarrillo que me eché, uno de tabaco negro de la marca Populares, sin filtro, me dejó mareado y casi vomitando. A los demás le pasó igual. Al siguiente día insistí, y ya me dolía menos la cabeza y las arcadas eran menores. Y así no sé bien porque razón me empeciné en fumar y, en breve estaba yendo a comprar paquetes de cigarrillos con la tarjeta de la habitación, de mejor calidad que los Populares, pero también más fuertes. Aunque lo cierto es que no fumaba más de un cigarrillo por día, y eso si me juntaba con Evelio y con alguno más que se aventuraba a la humareda Los chicos queríamos parecer hombres, salir a trabajar y conseguir el sustento no podíamos, tener la pinga más larga y singarnos todas las mujeres que creíamos había que taladrar para que n hubiese dudas por ese lado, tampoco podíamos, pero ¿un cigarrito? ¿quién no se podía echar una bala?

Mi mamá fumaba mucho y no se notaba en el entorno si alguien más olía a tabaco quemado. Evelio me había enseñado a tirar piedras, decía que los extranjeros tirábamos piedras que parecíamos patos. Se les llamaba extranjeros a los que generalmente provenían de países donde no se jugaba béisbol no a un dominicano o a un venezolano que también eran buenos pitcheando y por ende tirando piedras. Me había enseñado también un par de trucos para empezar a una bronca, para no perder de entrada. Ese par de trucos me han servido toda la vida para las contadas ocasiones en que debí echar mano de ellos y, por último, a fumar.

Por eso cuando jugábamos a escondidos, a atraparnos en la piscina al tesoro escondido u otros juegos similares, y yo invitaba a Evelio, me parecía que nos estaría viendo como unos nenes caca, en su cuadra jugaban a las bolas, cosa que muy a menudo llevaba bronca incluida con Carlitos Becil o cualquier otro que se quedaba con todas bolas porque le daba la gana, lo que se llamaba "manigüiti"; se jugaba al trompo, enrollado en una pita se lo tiraba con fuerza y habilidad y se competía en quien lo hacía girar más tiempo , o en condiciones más difíciles. Había algunos que recogían el trompo girando en el suelo con la pita, y hacían que el trompo mantuviese el equilibrio girando en la cuerda. Eso se jugaba sobre tierra, nosotros no teníamos tierra dentro del hotel, y donde había en las inmediaciones había pandilleros también, o simplemente cubanos normales, que estaban invitados desde la cuna a medirse con los demás en broncas. Claro que también había muchos cubanos que no les gustaba la bronca, pero esos no jugaban en la tierra ni a las bolas, ni al trompo, ni a la carriola ni a la chivichana.

La chivichana era un carrito de madera armado de modo artesanal por cada vecino, por lo general para acarrear barriles, cajas, bolsas pesadas, tiene una base donde apoyar el producto, y debajo dos palos con ruedas formadas por cajas de bolas del desguace de automóviles, las ruedas delanteras estaban atadas por una soga que era el timón, y cuando no lo usaban los mayores, los chamacos se tiraban con eso por una pendiente y a eso le llamaban diversión. Una vez traté de tirarme en chivichana pero me iba contra la acera porque no controlaba el tiimón, Cuando yo veía una chivichana me producía escozor, era como si me garantizase que ya me estaba aplatanando tanto que nunca conseguiría salir de aquel cúmulo de “chealdades” de esa especie de reino del mal gusto que rodeaba todo lo que no fuese extranjero.

Pero no, Evelio no sólo no se reía de nosotros, sino que a su vez aprendía a ver el mundo de otra forma, el mini mundo o la madeja que cada uno tenía en su coco. Era tremendamente respetuoso de todo lo que hacíamos por más imbécil que a mi me pareciese. Disfrutaba e los juegos igual que nosotros, dentro del hotel era otro más que no jugaba a las bolas ni andaba en carriola, saltaba por la piscina, leía a Salgari, se interesaba por las incumbencias de cada uno de los pibes del hotel.

Se daba esa circunstancia, dentro del hotel los bobos eran los de afuera, en los barrios de donde eran los alumnos de nuestras escuelas,  claramente los bobos éramos nosotros, ese equilibrio era el responsable de que ningún grupo se burlase del otro, de alguna manera ambos se atraían a la vez que se temían.

 
Con Evelio en el hotel

Con Evelio en el hotel

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión Cuba flash. Relax

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