Maradona, pobre, marcó su propio camino con insistencia a lo largo de muchos años. No le faltó atención de todos los que lo querían, desde sus compañeros de selección campeona del mundo, a la familia, deportistas italianos, e incluso Guarapo Castro que le ofreció varias veces toda Cuba para que deje de matarse de a poco.
Hay suicidas que en un acto desesperado que se presenta como una catarata durante un solo día deciden poner fin a la vida, algunos tienen todo menos amor, otros tienen amor menos dinero, otros una gran vergüenza, otros un gran fracaso, otros una gran decepción, otros sus condiciones genéticas, psiquiátricas, etc., no hay una sola causa. Y hay otros suicidas que van atentando contra su propia vida lentamente, erosionando cada célula, cada neurona, cada vena, articulación, quien viva en una gran ciudad los puede ver a diario, esa gente a punto de irse no cayeron ayer en la calle, es un largo camino de perder todo crédito social, todo sostén con la cordura, la dignidad. Maradona y sus tormentos, fueron mucho más allá que esos pobres desafortunados de la vida arrinconados sobre un contén de la acera, porque el mundo lo idolatraba pero esa pasión no era amor que cura. Terminó eligiendo a los peores acompañantes, que no solo no lo ayudaron sino que lo desvalijaron, lo pelaron y le llevaban todo lo que podía destruirlo para sacarle hasta lo último. Pero muchísimo antes de 2020.
En 1985 despidió a Jorge Cyterszpiler y contrató a Coppola. Absolutamente todo de ahí en más fue un drama, el desalmado representante un vivo, un aprovechado, un sorete, lo usó, lo exprimió, le chupó toda la sangre que pudo, desde cobrar sin saber Diego para poder incluso saludarlo, y siempre fuertes sumas para su bolsillo para entrevistarlo, a ganarle plata a la devolución de un Ferrari al dueño de la marca, un piola cagador. Lo acompañó a cuanta degradación se terciase. En un momento no le sirvió más para sus estándares y lo agarraron otros para sacar el jugo que queda en los gajos de las paredes, que en el caso de Diego siempre era mucho. Incluso la ayuda de Guarapo tenía un doble filo, él, que nunca ayudó a ningún deportista cubano consumidor de mil veces menos sustancias e igual de campeón, le dio clínicas, casas, mujeres y opacidad a su disposición también para aprovecharse de su fama y su imagen para influenciar en un "mercado meta" diferente a su clásica área de influencia en el mundo como comandante.
Obviamente no me refiero al usufructo de su imagen porque tendría que ser un libro este post, desde la dictadura militar argentina, a Japón, Italia, el gobierno de Cuba, Maduro, televisiones, marcas, diarios, periodistas, empresarios, etc., me refiero a los individuos aprovechadores directos de un drama interior inalcanzable para el común de los humanos.
Los juicios de valores contra las hijas y la ex esposa es lo más desatinado que hay. Nadie puede siquiera imaginar lo que es ser Maradona las 24 horas, no solo cuando volvía en el avión con la Copa del Mundo o regresaba de Milán a Napoli con el campeonato, sino siempre, a los dos, a los tres a los veinte años de dejar de jugar. Mucho menos se puede tener idea de lo que es ser hija de Diego, con hijos no reconocidos, ser las más queridas, pero a la vez abandonadas no por sus obligaciones financieras, sino por la necesaria presencia como ejemplo, en las reglas, nadie puede imaginar lo que dentro de esas nenas se pudo haber cocinado a fuego lento a lo largo de años, y los mecanismos de defensa para no enloquecer, sin uso de drogas ni de ningún aliciente, simplemente por el volcán vertiginoso de demencia en todos los sentidos, como la explosión permanente de una granada. Y Claudia, ojalá todos tuviesen una mujer así al lado, lo que ella fue de fiel y lo que aguantó fue de récord Guiness.
Es deseable que en el juicio se puedan establecer las responsabilidades y el dolo si lo hubiere, de quienes fueron los últimos en exprimir su imagen, su figura, para meterle las manos en el bolsillo y sacarles las monedas que le quedaban, más bien que él creía que le quedaban, porque semejante fama perpetua ni dejó ni dejará de producir cantidades importantes de dinero, y con inusitada crueldad y frío cálculo lo manipularon, acompañaron, hasta que llegó, su durante tanto tiempo labrado, trabajado, moldeado, ansiado final. No deslindo ni un centímetro de su responsabilidad eligiendo a los amigos, no paró de elegir lo peor, pero la culpa es de quien se aprovecha y hace el daño.
Ojalá esos condenados no liberen de culpa a todos los trepadores, sanguijuelas, buitres, aprovechadores que, si bien era decisión de Maradona acabar con el tormento del mito, gustosamente le allanaron el camino durante muchos años haciéndose tremendamente ricos.