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9 noviembre 2022 3 09 /11 /noviembre /2022 12:25

Así nomás, como son las cosas del campo, que diría Don Atahualpa, abordo esa mezcla de envidia o inquina con admiración que fluctúa en distintos puntos del orbe, hacia los argentinos. No es cosa de un solo país, ni solo de Latinoamérica, pasa en España, pasó en Italia excepto en este Mundial donde como quedaron fuera, guardan la bilis para otros menesteres, y hoy simpatizan con sus sudacas primos argentos.

Obviamente no es porque Argentina haya invadido países, ni conquistado continentes, ni siquiera mercados con sus productos, más allá del dulce de leche y algún cacho de carne que todos adoran deglutir a pesar de su picantísimo precio y de la moda vegana. El otro día encontré un producto que se publicitaba como “entrecot argentino vegetariano 100%"

Entonces ¿por qué es? El hecho de que los argentinos tengan el mandato nato de dedicarle prolongados espacios de tiempo a cultivarse, o aparentar haberlo hecho, en cánones y vectores euro centristas, francófilos en la clase media y anglófilos en la oligarquía, que arroja como resultado un pastiche donde se mezcla la cultura de la boleadora y el locro con la pizza, el rugby y Baudelaire ¿quién sabe que la Vauquita, esa deliciosa tableta de dulce de leche unió en su médula, la pasión que sentían por la afamada jalea Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares? cuando salen del país, les acompaña un halo de pretenciosos. En Buenos Aires es frecuente encontrarse con amigos en un café y hablar del último libro que se descubrió o de una exposición de arte que causó buen efecto. Existe un elemento que puede resultar aún más pedante para quienes no atesoran esa cultura en su bagaje: el psicoanálisis. Es una sociedad muy psicoanalizada, con el hándicap de suponer que ello convierte a cada individuo en una luminaria en las teorías freudianas y lacanianas, detalle que favorece la omnipresencia del “yo” el cual se aborda sin ningún remilgo. No como hace la gente de campo que prefieren usar la primera persona del plural cuando se refieren a la primera del singular.

¿Pero solo eso alcanza para tanta bronca?

Por otro lado puede que genotípicamente sean más asimilables al estereotipo estético que dejaron grabado a sangre y fuego los conquistadores sud europeos en la idiosincrasia latinoamericana. La verdad es que no sé, pero sí sé que, equivocadamente o no, es una comunidad, un colectivo que despierta esa dualidad extrema. No de todo es inocente la idiosincrasia colectiva porteña cuando sale no solo de Argentina, sino también de Buenos Aires a cualquiera de las provincias, durante décadas los argentinos se caracterizaron por burlarse del resto del mundo, excepto acaso de los parisinos y londinenses. Durante un viaje de medio año que emprendí a lo largo y ancho de Brasil, quedándome un día en Angras do Reis, un cocinero que nos regaló un "prato feito" de comida al parceiro con el que hacía el camino en auto stop, me comentó que los peores turistas eran los argentinos, ya que iban a los mismos hoteles que los alemanes y estadounidenses, pero eran durísimos con la propina, en cambio a cada cosa que pagaban, por mínima que fuese, la exprimían y le sacaba hasta la última gota de jugo, a veces hacían llevar y traer un café por no estar suficientemente caliente más de una vez. En Cuba escuché algo parecido. La sociedad argentina está muy estratificada incluso en sus masas turísticas. No todos los contingentes de visitantes son iguales. Los que van a playas son muy diferentes de los interesados en las ciudades , su arquitectura, costumbres y museos. Y de ambos tipos existe un grueso colectivo viajero, los primero despiertan no demasiada simpatía los segundos siembran admiración y respeto.

Una cosa muy grata es que el anti argentinismo desatado en el mundial, es de la media y la élite. El público es fan de Argentina.

Ayer toda la mala onda se esfumó, en la mayoría porque se dieron cuenta que esa envidia no tenía razón de ser con un país que está en la UCI y jugar un gran fútbol es su única y emergente aspirina, y los menos porque se dieron cuenta que están haciendo el ridículo. Argentina logró llegar a la final, y aquello que nos alegró tanto a todos los futboleros del Río de la Plata, puede ser nuestro karma si el seleccionado sale campeón y dentro de no mucho, nos encontremos llorando sobre la leche derramada.

El mejor Messi obviamente era el que metía 92 goles en un año, pero este de hoy, desbloqueó temas mentales que lo hacen enorme. El efecto del fútbol es algo digno de laboratorio, ayer, como en la época en que me atiborraba de sustancias que alteraban el SNC, tuve un prolongado lapsus mentis a causa de los goles de Messi. Ni por una comida que desequilibró mi paladar, ni por una mujer que desestabilizó mis hormonas, ni por un emolumento que desbordó mis bolsillos, perdí la compostura que tanto en materia de pretensiones me ha costado edificar, solo a merced de los goles, mejor dicho, de los golazos argentinos.

Y hoy, lo que es la mente humana y los excesos. Tal como le sucede al borracho que bailó la noche pasada con el culo al aire y cantó con berridos temas de Led Zeppelin en el bar del barrio, estoy algo titubeante, me siento impelido a apretar el botón "rewind" de las viejas grabadoras y pasacasetes para borrar mi entrada al bar del barrio ayer, soltando la rabia en modo de canto de hinchada de tribuna. Desde el catre antes de poner los pies en el parquet e incorporar la vida a mi humanidad ya venía a mi mente las caras de los parroquianos del bareto, cuando me cagué en brazucas, croatas, Ficticius, Milimalo, Penaldo, todos los putos que la tienen bien adentro, y todos los otros putos que la siguen mamando, incluso la sugerencia anacrónica de que los madridistas presentes disfrutaban en sus alcobas de encuentros sexuales enmarcados en la más plural diversidad. Alucinando a los habituales orangutanes bebedores de anís del mono o whisky DYC, con la conversión del pretendido "intelecualoso" que rara tarde comparte con la feligresía un mosto o un café durante el curso de un partido de Liga o Champions, en un rabioso jefe de manada de mandriles dispuesto a disputarles el territorio.

De tenor más reducido, pero de la misma tesitura es el rubor que me abordó al recordar, sin querer siquiera releerlos, los post publicados ayer tras el subidón del partido, sin alcohol ni merca.Porque acaso también haya que reconocer que el suflé cultural ha disminuído cediendo espacio al merengue patotero, aunque siempre nos vanagloriamos de tener la avenida más larga, la más ancha, de inventar el dulce de leche y la birome ¿quién nos aguantaría c0n un solo filósofo, un matemático, un músico y un poeta de la antología alemana?

Una vez lavada la cara, preparados unos mates, pensé que en realidad, tenemos la suerte de que existan estos pistones, estas válvulas de descompresión que la vida nos otorga, de vez en cuando, a veces les toca a unos de azul otras a los de amarillo, para saltar sin chandal deportivo, gritar sin dolor y destapar los improperios más reprimidos aunque totalmente merecidos para ser por un día, más simio alfa que los más temidos gorilas habituales.

Hoy retorno a ese insoportable represor de la adrenalina propulsada por la nimiedad más impía, y ya me estoy diciendo, que cuando será el día que gracias a ver un país robusto, equilibrado, justo, desarrollado gritemos como desaforados, pero ¿seríamos capaces entonces de encontrar el desenfado, el timbre en las cuerdas vocales y la necesaria desfachatez para gritar a viva voz ¡Argentina, Argentina, Argentina1?

Borges, Bioy y Messi
Borges, Bioy y Messi

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante Relax

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