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El blog de martinguevara

Fútbol, metáfora e ingratitud

13 Marzo 2026 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Argentina frizzante, #Europa Aorta, #Opinion crítica., #Relax

Es curioso lo profundo que cala el fútbol. No digo los deportes, sino el fútbol.

Sólo las Olimpíadas concitaban mayor atención que la fase Final del Mundial del Fútbol, el campeonato más largo, se juega durante 4 años, lo que solemos llamar el Mundial, es la fase final. Y lo pongo en pasado, porque para las nuevas generaciones esa fase final del Mundial es infinitamente más importante.

Ha habido numerosos estudios acerca del fenómeno del fútbol, algunos lo analizaron como distracción de masas, otros como gran cortina de humo, el día que un país sale campeón le pueden meter la ley que sea que no habrá ni uno en su Congreso, Senado, o plazas reclamando, estarán todos festejando. Otros analizan las implicancias y alusiones de tipo sexuales, tal es la razón que enoja más un cañito que un gol en contra, "les rompimos el orto", un deporte de soldados ingleses en tierra lejanas distantes de cualquier hembra, que no sólo tenía connotaciones machistas sino misóginas, en tanto la representación de la sodomización era entre caballeros, que intentaban a toda costa meterla y que no se las metan. Otros lo relacionaban con la guerra, otros con el barrio y muchas más ocurrencias.

Yo observé en primera fila dos fenómenos que me dejaron perplejo. Más aun que el conocimiento de que en el único caso que dos noruegos se encuentran en una calle a batirse con tubos de metal, es en la furia de las hinchadas de fútbol en una país en el cual de solo hablarle alto a un hombre de un metro noventa se asusta.

Se jugaba la final del Mundial del 2014 en Brasil, yo estaba en Beaverton, un suburbio de Portland, Oregón, empecé a ver el partido en casa de un querido amigo norteamericano, que incluso en otro viaje me enseñó a entender y a disfrutar del football de ellos en un sport bar asistiendo a una super bowl. Cuando terminaron los 90 minutos reglamentarios sin goles, noté el aburrimiento de Kenneth que no entendía la pasión por un deporte que podía terminar sin un solo tanto. Me excusé y dije que bajaba a tomar algo, ya tenía en mente la cantina mejicana que había a doscientos metros, apreté el paso para ver todo el tiempo extra, entré me senté pedí una gaseosa y alguna delicia y me dispuse a disfrutar del resto del encuentro. Frente a mi había una mesa alargada de mejicanos y delante de ellos estaba el televisor. Me dije "que bueno me acompañan hermanos latinoamericanos" , cuando Goetze metió el gol que al final definió el partido y el campeonato, se levantaron todos a gritar gol como si hubiese sido un mejicano, o como si los argentinos fuesen sus patrones estadounidenses que les exprimían todo el jugo tratándolos como un trapo de piso. parpadeé y volví a mirar para estar seguro de que no había sido un gol argentino porque la imagen de esa larga mesa festejando un gol ario era surrealista. El camarero se ve que les dijo que yo era argentino porque me miraron y algunos considerados se sentaron y apagaron el tono de su felicidad orgásmica mientras otros la estiraban espasmódicos.

Cuando el partido terminó 1 a 0 con ese gol celebrado por mis ex hermanos mejicanos, me levanté los miré y les dije:

-¿Saben lo que haría con ustedes Hitler, no? y me fui diciendo "jabón pero para cerdos" o no había ningún guapo de películas o el rojo de mi cara, las venas de mi cuello y las cejas erizadas eran tan superlativas que decidieron que tenía suficiente con el batacazo de la final.

Más recientemente, en el Mundial de 2022, desde antes de arrancar, las televisiones españolas, país que fue la Metrópoli de Argentina, la madre patria, exhibían sin pudor programas generalmente dominados por periodistas que responden al Real Madrid, deseando todo tipo de calamidades a la selección argentina. Un famoso cantamañanas que de fútbol sabe lo que yo de Física Nuclear, dio su predicción "campeón Brasil, revelación Vinicius, mejor jugador Cristiano, decepción Argentina y peor jugador Leo Messi", no solo no pegó ni una sino que salió todo lo contrario.

El último partido empecé a verlo en un pub de la plaza Mayor de León donde habían decidido congregarse la mayor cantidad de argentinos que yo había visto en esta ciudad coqueta pero de modesto tamaño. Cuando tras un dos a cero con baile incluido, le dieron un penal a Mbappé, me largué de ahí porque no quería ni ver como la embocaba, cuando salí escuché a los de la mesa de afuera, españoles, gritar gol con el mismo rugido en la voz que aquellos mejicanos ocho años atrás había gritado el de Goetze. Cuando casi había atravesado a pie toda la plaza volví a escuchar el grito aun con mayor énfasis y prolongación de los mesas de afuera, lo que en España se denominan terrazas. No lo podía creer, Argentina había avasallado, humillado a Francia, les había dado un baile de novela y de repente, literalmente en menos de lo que canta un gallo, dos goles.

Caminé hasta un bar donde la tortilla de tapa es formidable y pensé si perdemos al menos saboreo algo. Ahí vi el gol de Messi en tiempo extra y solo un hombre mayor y yo lo gritamos, yo como desaforado, la que atendía la barra era dacia y se notó molesta con el gol y con mi euforia. Al poco rato le dieron otro penal a Mbappé y cuando lo metió, el resto de parroquianos saltó de las banquetas a gritar gol poseídos por el espíritu de los mejicanos y los de las terrazas.

A esa altura antes de llegar a los penales creo adecuado hacer un apunte, el segundo carnicero que mas españoles mató en toda su historia fue Franco, pero el primero fue Napoleón, más de un millón de españoles murieron luchando contra los invasores. En contraposición tenemos que millones de españoles salvaron sus vidas o aplacaron un hambre feroz, un hambruna que azotaba España en la post guerra gracias al envío desinteresado, gratuito, de miles de toneladas de cereales y carne regalada por Perón y Evita el pueblo español también porque Perón sentía gran simpatía por los fascistas europeos de aquella época y Franco era el único de los tres que había vencido, pero esa es otra historia.

Llegó la tanda de penales y de un lado estaba la selección del país que más españoles había matado en su historia, y del otro lado estaba la selección del país que más ayudó a matar el hambre en el momento más critico a España de la manera más desinteresada. Y excepto el viejo que había a mi lado que no paraba de repetírmelo y decirlo en voz alta, los demás incluida la rumana de la barra cruzaban los dedos por sus verdugos y en contra de sus ángeles salvadores. Cuando Gonzalo Montiel metió la pelota dentro del arco, no sólo Messi se arrodilló estallando por dentro, no solo todos los jugadores corrieron tras él a abrazarlo, no solo el estadio entero vibró, no solo todo Bangladesh se fundió en el grito de gol, no solo toda la Argentina salió a la calle, sino que ese viejito memorioso y yo nos abrazamos tras gritar hasta hacer temblar las copas de detrás de la transilvana y de delante de los mal agradecidos, odiadores de quienes deberían querer como a hermanos y que como a tales los trataron siempre en Argentina cosa de la que doy fe por mis parientes españoles.

Esa vez no les dije a los de la barra lo que habría hecho Napoleón con ellos por respeto al viejo que me abrazó y no solo quería que Argentina ganase por la historia sino por la vergüenza que sentía de lo que yo estaba asistiendo, pero en ese instante pensé que la metáfora de este deporte en su acepción sodomita, no solo se le aplicaba a Mbappé, a Macron en el palco, sino también a todos los periodistas odiadores de la televisión española madridista, a los mejicanos de Beaverton, a los exaltados de la terracita de la plaza Mayor, a los envidiosos del bar de las tortillas y a la rumana que las servía, ya que ciertamente, aunque solo sea un deporte, tal como decía Valdano:

"Dentro de las cosas menos importantes, el fútbol es la más importante".

 

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