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El blog de martinguevara

Mozos y mozas de taburete

14 Marzo 2026 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Europa Aorta, #Opinion crítica., #Relax

 

Recordemos que en Inglaterra de Enrique VIII la persona más cercana al rey era el groom of the stool, mozo del taburete. El que le limpiaba el culo cuando iba de vientre y se hacía cargo de ponerle y sacarle los apestosos y pesados calzoncillos, además de lavar y dejar presto el taburete para un nuevo uso. Los ingleses comían como delicatesen un plato que consistía en un pato que se colgaba en una despensa hasta pudrirse, así que podemos imaginar lo que olería ese pato una vez pasado por la maquinaria de intestinos gruesos delgados tracto y orificio higienizado a la manera de Londres siglo XVI.

En aquellos reinados las decisiones no se tomaban en el parlamento sino en la Corte, de ahí que los cortesanos tuviesen el privilegio no solo de estar cerca del rey, sino de dirigir los destinos del reinado, de quedarse con todo el oro de los extenuados siervos, de decidir quien vivía y quien no y sobre todo urdir todas las alianzas, tretas y componendas que podían significar un ascenso en la escala de poder. El cortesano más estrechamente cercano y de máxima confianza de Enrique VIII era el mozo del taburete, que con el tiempo pasó a llamarse directamente, mozo de heces. Tuvo tres, el primero fue su amigo intimo desde niño, Sir William Compton, quien le limpió el pertuso durante diecisiete años muriendo de una peste de la época conocida como "el sudor inglés", momento en que administraba más riquezas que todos los cortesanos juntos. Enrique tuvo dos mozos de taburete más, al segundo Sir Henry Norris lo mandó a ejecutar con Ana Bolena tras participar pasivamente en los murmullos de que había sido uno de los amantes de su esposa, la que al cabo de tres años no pudo darle un hijo varón (presumiblemente la verdadera causa de la decapitación de la Boleyn), el tercero Sir Anthony Denny, llegó a ser su sombra hasta el lecho de su muerte.

El poder en su máxima expresión requería de una condición, la relación más estrecha con toda suerte de boñigos reales, en todas sus variantes, no solo no había asco en ello sino que era el oficio real que se celaba con mayor denuedo y era motivo de tal orgullo, que solo lo superaba el de ocupar el trono real.

Los mozos de taburete estaban en todos los complots y chanchullos que acababan en la ejecución de cortesanos, de duques, condes, incluso de reinas como en el caso de Ana Bolena y de Jane Grey, comiéndole las orejas desde a Cromwell, al rey, a la reina María Tudor, a quien hiciese falta, porque recordemos no era un deshonor limpiarle el tujes al rey, sino que era tal el honor, que era el único que permitía la entrada a sus aposentos, incluso en la hora de la muerte y de redactar el testamento el mozo de taburete era quien permitía el ingreso de los escribanos de los familiares, decidía quien podía influir en el rey y quien no.

Muy por el contrario de lo que se podría suponer, en nuestros días esta aristocrática ocupación no ha desaparecido. Lejos de ello se ha multiplicado, y aunque alrededor de los actuales mozos y mozas de taburete no se pueda percibir ese aroma que delata una oportuna intervención reciente, se los puede ver en organismos internacionales representando y acumulando mucho mayor poder que el que llegó a abrazar cualquiera de aquellos buenos samaritanos con las nalgas, oquedades y vellos rebozados reales. Aunque no se los descubra por el olfato, a veces si se fija bien en las comisuras de la boca y los perfilados labios de Von der Leyen puede apreciar que acaba de hacer un trabajo aun más fino y personal que aquel que ufano acometía con deleite y orgullo el bueno de Sir. Crompton.

 

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Taburete para heces y actual Moza de taburete
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