¡Ay! ¿Qué hago, Trump o Thatcher?
Milei, ante la pérdida en cascada de apoyo ferviente de las masas alienadas, echa mano de las Malvinas, esas islas sobre las cuales siempre prefirió que estuviesen en manos de los británicos, cosa que afirmó en reiteradas ocasiones y por la que incluso, de joven por mostrar su entusiasmo en favor de Thatcher en el hogar se comió flor de paliza del padre.
Pero hay que aclarar que echa mano de ellas como echó mano Galtieri, no porque de repente le pasen a importar, ni porque haya despertado de la pesadilla abductora de su amor a Thatcher y a la Royal Navy y de su desprecio a los soldaditos cabecitas negras del interior que pelearon con la dignidad y el valor que les faltó a todos los mandos. No de eso nada, es que su amo Tronal Gump, absolutamente enamorado de las felaciones del sub humano del sur, en medio de su melopea en que nunca sabe bien a qué país atacar por la mañana y a cual por la tarde esta vez imbuido en el espíritu de George Washington, dirige su furia de nene caca contra el Reino Unido, sin que al parecer, nadie le haya advertido que el buen padre de la patria era en efecto el más rico, era incluso esclavista, pero luchó en las trincheras con sus soldados, vaya, lo que se conoce como un "pingudo", con lo cual Gump guarda la mayor distancia existente, posible e imaginable.
O sea que tenemos a Milei como al perrito salchicha o al Yorkshire que detrás de la cerca ladran con ahínco al transeúnte mostrando sus dientecillos y volteando con inquietud cada cinco segundos la cabeza hacia atrás, para asegurarse que el pastor alemán sigue ahí, atento a su suerte y alucinado con su sketch, pensando acaso que la Royal Navy, que nunca ha perdió una conflagración en su larga historia va a temblar de miedo por su repentino giro de pañal.
Los ingleses puede que se preocupen un poco del mandatario coprófago estadounidense, por supuesto no demasiado, pero al menos es una ex colonia que alcanzó un nivel de desarrollo como para que si se tercia, concederle unos minutos de su atención ¿al otro? ¡Por favor!
Descalzos
España fue un imperio que dominó medio mundo, entonces algunos españoles se dispersaron por sus dominios para mandar, conocer, sustraer y repartir cátedra y latigazos, en América entera, Nápoles, Calabria, África, Flandes, Manchuria, etc.
Después perdió casi todas las colonias, el imperio cambió de manos. Comenzó un nivel de pobreza que para el pueblo llano llegó a la miseria y en la post guerra a la hambruna, ocasiones en que los españoles se dispersaron por el mundo está vez a servir en casas de ricos en toda América, a recoger cosechas, a producir en las fábricas en Suiza, Alemania, Francia junto a sus ex subordinados napolitanos incluso a su ex semicolonia Flandes a limpiar WC de holandeses pasados de cervezas y arenques con aroma a mil demonios.
Hoy se contratan foráneos arribados con las mismas viejas necesidades que pasan de unos estómagos a otros, para servicio doméstico, mano de obra barata para trabajos al sol y a las heladas, los laburos que hoy rehúsan hacer los nativos.
El episodio de ochenta mil marroquíes invadiendo en masa Ceuta, promovido por Trump y Natanyahu en la persona de su alfil el rey de Marruecos para debilitar al gobierno más digno de Europa, ha generado que las reminiscencias de esa Historia de veleidades imperiales y memoria del hambre, se manifieste entremezclada en un popurrí agridulce.
Un cóctel peligrosísimo, las dos Españas retornan cada tanto para no dejar descansar en paz ni al Cid ni a Abderramán, ni a Cervantes ni a Camarón y aún menos a los irrepetibles poetas en el fondo de las cunetas.
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