El ronroneo de la gata
11 Noviembre 2018 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Relax
Petahr se desesperaba haciendo el amor, aunque disfrutaba del placer de cada caricia de cada beso, de cada roce, lo cierto es que se lo tomaba como una carrera hacia el orgasmo. Se diría que se sentía mas cómodo con la idea de estar satisfecho, disfrutaba más de la llegada que del viaje.
En cambio Elektra era precisamente al revés, si ponía empeño era para no llegar al orgasmo o llegar lo mas tarde posible. Se sentía enormemente atraída por el abismo de los retorcijones y espasmos, pero contaba con la paciencia para disfrutar al máximo del último tramo, incluso tras el orgasmo continuaba disfrutando de la meta, del regreso a las palpitaciones sosegadas, al olfato, al suspiro.
Sin embargo tales diferencias no les impedían ser amantes perfectos. Incluso cuando uno deseaba masturbarse y el otro no, terminaban de alguna forma ambos libando el perfume del placer.
Una tarde decidieron que la gata no debería seguir interponiendo entre ellos, sus movimientos sinuosos, su olor, la humedad de su vulva cuando la acariciaba contra sus cuerpos estaba empezando a ser un inconveniente.
Esa noche hicieron arroz con gata, tomate frito y para combatir la culpa lo acompañaron con un trocito del dedo meñique de él y un pedacito del lóbulo de la oreja de ella. Cebolla, ajo, fuego y digestión lenta.
Se fueron los orgasmos y las eyaculaciones buenas de la habitación del piano, Jesús cruzó la vereda.
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