Morronga Man
21 Enero 2019 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Relax
En Canadá un hombre de cincuenta y seis se creía una niña de cuatro años y amparado en la ley de perspectiva de identidad, se hizo trans edad y trans género, como sus padres habían fallecido de ancianos, la ley lo consideró una niña desamparada y fue adoptado por un matrimonio de lesbianas que ya había adoptado a una niña de cinco años, así es que se viste de rosa, se pone moñitos, zapatitos de broche y juega a las muñecas con su hermanita mayor. Sus hijos lo procesaron a su manera.
En Estados Unidos un grupo pelea por lograr que la ONU reconozca la trans raza, ya no quieren ser anglo descendientes sino afro descendientes, se tiñen la piel, se encrespan el pelo, lo de bailar lo llevan como pueden, y buscaron padres y familias afroamericanas que los adoptaron. Los blues los cantan igual de mal que cuando eran blancos.
También en EEUU una señora que no anduvo con suerte en el matrimonio, se declaró del género de la "mismidad", se dio cuenta que no quiere tener relaciones con hombres ni con mujeres, se da placer a sí misma, se mantiene, tiene un espejo de cuerpo entero, se considera feliz sola y entonces decidió casarse con ella misma, y es así que figura como su propia esposa, si a ella le ocurriese algo ella misma sería la beneficiaria y todo queda en casita.
En Inglaterra una entrenadora de delfines se casó con su delfín por la ley de género que ampara sentirse un animal. Buscaron una sirena que hiciese de sacerdotisa para que la unión fuese contemplada de forma anfibia, pero se tuvieron que conformar con una buzo con cola de rana.
Basándome en esto y no quiero que lo tiren a broma, en este solemne acto, aunque de inmediato iré a formalizarlo al juzgado mientras continúe siendo persona, me declaro Pinga, a partir de ahora buscaré una mujer que se crea coño para probar como va la cosa, bueno, hoy por hoy no tiene que haber sido una dama, con tal de que se crea coño es suficiente.
O sea que ahora soy "Pinga para todo el mundo".
Toda vez que hoy soy un tremendo pingón de un metro setenta y siete centímetros, dejo a la altura del betún a Rocco Siffredi, al Niño Polla, a todos los de Zaire y al de la beca que iba a la ducha sin toalla. Esta ventaja de tamaño Guiness es obvia, la otra que es que tengo dos morrongas, una soy todo yo, y la otra es la que conservo de antes de mi cambio de identidad, pero además tengo una tercera ventaja en que nadie pensó, cuando los años vayan cayendo, me seguiré levantando como un resorte sin necesidad de pastillas ni elixires.
Bueno quizás ya muy adentrado en abriles medio doblado a la altura cervical, algo titubeante al andar, hasta incluso acaso deba usar algún rudimento, espero que no se vuelva a poner de moda aquella canción de mi juventud en Cuba:
"Se me perdió el bastón/ se me perdió el bastón"
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