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4 julio 2021 7 04 /07 /julio /2021 19:20

No necesariamente actúan los mismos protagonistas, pero casi siempre la vida te da la revancha o la riposta.

Cuando recién había salido de la pubertad, me empaté con una mulatica muy mona, estuvimos tomando ron y yendo de un lado a otro hasta que nos fundimos en un beso y empezamos a apretar, pasamos las cuatro manos por cada centímetro de lo que cubría la ropa interior. En un momento en que ya nos habíamos deshecho de lo que tapaba sus tetas y las había estado disfrutando mediante caricias, fui a besar un pezón y cuando acerqué la cara a la paraíso redondeado, un pestazo de mil demonios me echó para atrás como puñetazo de Clay.

Se me hacía incomprensible ese hedor en un pezón, hasta que me di cuenta, era mi mano la que olía a rayos y centellas, porque primeramente había estado metiéndola en la cuna del amor, justo uno de esos calurosos y ajetreados días caribeños en los que escasea el agua y el papel en los baños; suerte que no había tenido oportunidad de bajar al pozo.

Muchos años después, más recientemente, también en una tarde de suerte en que conseguí sacar el anzuelo con pesca, ya no una presa tan titi ni tan ricota, pero para mis abriles, más que aceptable, después de paseos y charlas, patinamos sobre la pista del "peeting" dentro del coche, las manos por aquí y por allá, no había suficientes dedos para tanta teta, bollo y nalga, como suele pasar al inicio, ese momento hay que disfrutarlo como un enano, nunca habría otro como ese con la misma dama, la primera exploración es una explosión de placer permanente. Y ella, ora manoseaba por aquí, ora desabrochaba cinturón por allá, hasta que bajó a saludar al amigo, que a esa hora reclamaba más atención que un controlador aéreo en la pista. Le estuvo sacando brillo durante buen rato y cuando subió a darme un beso en la boca, de repente recordé a la mulatica del pezón hediondo, sus labios olían a sobra de langostino pero de la navidad pasada. Pegué un respingo hacia atrás como abducido por mandinga, y cuando vi su cara de asombro, caí en que en esa ocasión, las sobras de la pescadería no provenían de su oquedad sino de mi prominencia.

Estábamos más calientes que una cafetera así que la cosa siguió por los mismos derroteros pero con el énfasis puesto en los elementos menos afectados, y tras el dispendio de las secreciones del caso, esbocé una sonrisa uniendo en mi hipotálamo ambas pestes de concavo y convexo y entendiendo por fin aquella sentencia tan mentada que rezaba:

"Hoy por ti, mañana por mi"

 

Hoy por ti, mañana por mi
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Published by martinguevara - en Relax

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