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El blog de martinguevara

Bisne ámbar

3 Enero 2022 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Cuba flash., #Relax

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En una época viví la noche y la vida hedonista en La Habana, cuando pude dejar de estudiar dejé, me metí en una trabajo en Centro Habana que se llamaba CEDISATEMA, de la incipiente computación. Computadoras de tarjetas, dentro de espacios acondicionados con operarios vestidos de blanco, como médicos. O enfermeros. Yo entré al departamento de Mantenimiento. Ahí conocí un flaco, de Centro Habana que me introdujo en el mundo del "bisne", en aquella época si un cubano sin "padrino" tocaba un dólar podía ir preso hasta cinco años, a lavar prendas interiores y lustrar protuberancias de asesinos y violadores. Era un delito riesgoso, pero aún así algunos se atrevían a caminar tras los turistas audaces que entraban a los barrios, o se arriesgaban a ir a las inmediaciones de los grandes hoteles, para cazar "yumas" y cambiarles pesos por dólares, tres a uno, y o bien pedirle a ese mismo Yuma, si hablaba español, que les comprase en las tiendas, o buscarse un extranjero residente en la isla que pudiese entrar a las tiendas de Intur, las Easy Shopping, el Seaman's Club, o la diplotienda de 5ª y 42 en Miramar, para comprar montones de chancletas, "pulovitos" "pitusas" baratos o alguna otra prenda que tuviese mucha salida en la cuadra.

Aquella circunstancia era todo un aliciente para ni estudiar ni trabajar, así que dejé de ir a CEDISATEMA, a los dos meses me encontraron en casa para que firmase la baja por la ley 32.

Con tanto tiempo libre y habiendo casi únicamente ron Legendario y Bocoy en los bares y pizzerías, me aficioné a este jugo añejo de la caña de azúcar. Y como una cosa lleva a la otra, empecé a entrar en esos piringundines a veces, otras en bares de reputación mejorable o en esos cabarets de bailarinas sudorosas, donde dada la cercanía no me quedaba más remedio que alternar con damas que los Stones llamarían de Honky Tonk. Algunas maravillosas, otras no tanto, pero la mayoría al final grandes compinches. Eso sí, dos cosas, templar y no confiar en el amor ni la amistad eterna, más allá del rato en que rabo permanecía enfundado, o mientras el billete del bisne alcanzaba para el jugo de caña y algún aperitivito.

Primero le llegó la bola al responsable de Departamento de América mientras era solo "regado", a ICAP cuando pasé a ser vago y curda, a tropas especiales cuando ya me colgaban cartel de bisnero y marihuanero, y al secretario de Guarapo cuando ya el run run era de antisocial, lumpen, delincuente. Y entonces me la aplicaron.

Pero hasta entonces vacilé como una familia de moscas en un baño de Coopelia. También había momentos de salir disparado como alma que se la lelva el diablo, porque me engolosiné con los bisnes, y a veces me jamaba al moreno que me daba los "fulas" . Los vacilones salidos de las "líneas" acaso sean los más disfrutables, cada minuto no exprimido puede descoordinar mañana con un trancazo, una puñalada o un exilio forzoso del barrio, por eso se disfruta milimétricamente.

Las historias que conocí de las damas que me acompañaban en el discurrir de las horas, en el pulido del tiempo, ya fuese por sus confesiones o por las de terceros, dejaban a Amber Heard como una niña de parvulario. Limpiaban como si fuesen vasos, bolsillos de gavilanes desprevenidos o confiados, muy a menudo seres infinitamente más despreciables que ellas. Y si el tipo una vez liviano como pluma en turbina, se ponía pesado, le corrían bola de abusador para que los primos le diesen una buena medicina, o de ganso, para que él solito se enterrase vivo.

Ambers Heards de sandunga que con el Mitú habrían sacado mínimo, un imperio y dos colonias, sin moverse de La Rampa,

ámbar

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