Mi viejo
31 Octubre 2025 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Argentina frizzante, #Opinion crítica., #Cuba Opinión
La política es una mierda. Divide más que une. Cuando divide es medular, puede llegar a expresarse mediante una crueldad devastadora, en cambio cuando une es como ajena, es incapaz de despertar grandes caudales de amor, esa tarea se la lega a la poesía.
Desde los diez años pasé otros diez pensando casi todas las noches en como estaría mi padre. Lo extrañaba, solo quería dos cosas, que no lo matasen y volver a verlo. Me importaba un comino, un carajo, una reverenda morronga y una gran mierda la revolución, la salvación de Asia, África y América Latina frente a la perspectiva de no tener a mi viejo con su risa estruendosa, su bigote, sus manos grandes, su carácter chinchado cuando lo tenía, su amistad y su directriz de padre. Me importaban un pepino los heroísmos ante la idea de que quedase seco en una de esas golpizas, en uno de esos períodos de castigo en una de esas infames celdas, de Sierra Chica, de Rawson, de Caseros o de Córdoba, en que para que no olvidasen que eran cautivos les echaban agua bajo la puerta en invierno y los fajaban bien de vez en cuando.
Una de las razones de mi bronca a todo ese proceso revolucionario cubano fue exactamente eso, que se llevó a mi padre a luchar como su hermano mayor, le importaba más como lo vería él desde el más allá, o como lo hubiese visto en vida, o como lo consideraría Fidel Guarapo como si a Guarapo le importase un carajo algo o alguien que no fuese exclusivamente él mismo, él solo y para sí. Incluso aunque prefiriese salvar del hambre a los niños del litoral y la puna, a los niños de África, o los de Bangladesh, seguiría maldiciendo la revolución y su reputísima madre.
El viejo es un buen tipo, pasó de todo y ahí está. Tiene huevos de toro, se la banca, como se dice en Argentina. Nunca perdonaré esta granada de despiece abrupto que fue todo ese desastre que a mis primos dejó sin su padre, medio locos todos y sin el viejo, obligados a jurar amor a la revolución tanto como la amó él cuando en el fondo la odiaban porque les quitó el cariño de la otra mitad, para que al final lo delatasen aquellos por los que fue a morir en aquella quebrada infame. Lo mismo le pasó a mi viejo, lo delató un vecino. Nunca perdonaré a la revolución que se lleve para siempre la lumbre de cada casa, las noches de cartas, de charlas, de chistes, de una voz creíble que de la orden de ir a la cama.
Pero al menos tengo el privilegio de una oportunidad de en cada abrazo cuando cada tantos años se tercia, sentir la pérdida de esos años, pero también el cariño y la gratitud de que no se haya quedado en alguna de aquellas celdas, ni en alguno de los otros negocios. Vaya si perdí tiempo discutiendo, vaya si hubo reproches, yo porque no estuvo, él porque yo no seguí esa perversa revolución. Pero el tiempo no es que cure todo, es que da la posibilidad y está en cada uno el hacerlo, de revisar sus frustraciones, sus broncas, sus deudas, sus cagadas y también sus aciertos y valorar si vale la pena seguir pegado al dolor como al honor.
Cada uno describe a su padre a su manera, para mi es su voz clara, profunda, sus manos grandes, y esa risa que ya de a poco se va atenuando. Pero sobre todo los ojos, una mirada, si se la observa de frente y se ofrece directa y diáfana, puede ciertamente decir más que mil palabras y dar más explicaciones que cientos de páginas. Lo que no recibí sin embargo lo puedo dar, he ahí el quid.
Ahí está, para siempre, mi viejo.
Newsletter
Suscríbete para recibir notificaciones de nuevos artículos.
Páginas
Categorías
- 349 Relax
- 226 Opinion crítica.
- 213 Europa Aorta
- 162 Cuba flash.
- 134 Cuba Opinión
- 88 Argentina frizzante
- 7 eur
/image%2F1094425%2F20180715%2Fob_0b16f5_31936028-10216128602032839-32176792076.jpg)
/image%2F1094425%2F20251031%2Fob_4fb034_366064526-10230793853614963-4757471534.jpg)