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El blog de martinguevara

Amor de hermanos

10 Febrero 2023 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Relax

Toscar y Albertico eran del mismo barrio de clase obrera y marginal. Los tiempos en que por lo general todos los vecinos tenían trabajo habían quedado muy atrás, la mayoría de familias eran un burujón de desastres, de gritos, portazos de vetes para el carajo, a tomar por el culo o a la reputa madre que te parió. Ya ni siquiera las viejas estaban pendientes de los chismes porque eran tantos que no daban abasto después a comentarlos en el mercado o la plaza, bueno ese terraplén al que llamaban eufemísticamente “plaza” acaso porque le quedaba unos banquitos de la época en que los viejos jugaban cartas o dominó. Ya solo paraban los chavales día y noche, los de vida más o menos sana paraban por la mañana hasta la hora de comer, a media tarde ya se hacían con el terraplén los que ya se veía que nunca terminarían progresando en un trabajo y por la noche los que ya tenían demasiadas claras las sombras de rejas en la cara. Ni los de la mañana ni los de la tarde ni los de la noche estudiaban ni trabajaban en nada, pero los matutinos al menos estaban bajo la vigilancia todo la atenta que se podía de madres, padres parados tíos y primos mayores. De esos había sido Toscar y Albertico de los de la noche. Toscar quería progresar, sabía que para eso tenía que salir del barrio, con una beca, con buenas notas, o escapando a Dinamarca, tenía esa obsesión, Copenague y después Jutlandia, tenía esa idea fija imaginaba Jutlandia semi vacía, enorme, donde necesitaban de todo por ende seguro que él lo precisarían para algo, ahí sería muy importante en lo que supiese hacer. Su fantasía y anhelo había nacido de unas imágenes campestres, de inmensas praderas de pasto verde claro brillante y florecitas violetas como de brezos pero menos rudas, que formaban la mayor parte de una película danesa que había visto cuando niño, de la cual no entendió nada, pero que le dejaron fijadas en el hipotálamo las fotos fijas, claras y diáfanas que conformarían la base de su sueño motivador. Para ese objetivo Toscar se aplicó en los estudios, pero aparte encontró placer en la lectura y libro tras libro se cultivó de manera bastante solida, llegó a entender bastante de pintura y arquitectura, nociones dispersas, intuición natural, un acervo cultural destacable en el barrio pero que no dejaba de tener solo tres patas.

Albertico al revés, no solo no le importaba ascender en la escala social o cultural sino que no le importaban en absoluto ocupar posiciones consideradas de descenso. Siempre que el menoscabo fuese de cara a los demás y que consigo mismo se sintiese a plenitud, le importaba un pepino en que nivel se encontrase, incluso le hacía cierta gracia y le proporcionaba chispas de orgullo que cierto tipo de persona prefiriese mantenerlo a distancia. Tal vez por esas razón Filda, la hermana de Toscar, se sentía atraída por él. Ella había tenido que ayudar a su madre en todo desde que era adolescente privándose de las salidas de exploración alegre que las chicas de su edad solían practicar, a veces por el estado de extenuación absoluta de la madre, que no paraba de trabajar, y a veces porque prefería no ir con esos vestidos o jeans sin swing que colgaban de las cuatro o cinco perchas que se daba un generoso espacio dentro del placard. Filda leía novelas de amor y de viajes con idéntico interés y escribía con fruición, volcaba todo lo que le pasaba por la cabeza durante el día en diarios que se apilaban en forma de cuadernos y agendas, ella tenía una letra tan indescriptible que ni ella entendía su letra. Cuando más prolíficas fueron las horas de apuntes en sus cuadernos fue cuando la madre comenzó a discutir con demasiada frecuencia con el padre de Toscar, con quien habían convivido en una más que aceptable paz hasta que el niño dejó de tener esos cachetes redondeados y los últimos retazos de la risa de bebé. El primer novio que tuvo Frest, tenía un año más que ella, cada vez que se quedaban besándose en la esquina el padrastro salía a llamarla y cuando se despegaba de sus besos y sus manos que ue agarraban todo lo que sobresalía, se quedaba mirando impresionada un chichón enorme en la bragueta de Frest, que sabía como iba a bajarlo más tarde, casi de la misma manera que ella al poquito rato de entrar a la casa. Pero no fue Frest el primero en acostarse con ella. Su padrastro de tanto asomarse a la ventana para llamarla, empezó a mirarla cada vez más tiempo antes de pegar el grito que la reclamaba para cenar o dormir. Un día se sorprendió tocándose por encima del pantalón mientras miraba como Frest levantaba la parte baja del vestido de la medio hermana de su hijo, metiendo la mano entre las dos nalgas que devoraban los dedos hasta los nudillos, junto a la diminuta ropita interior al compás de sus inquietantes contorneos, mientras sus bocas seguían aplastando unos labios contra otros, saboreándose comisuras, lenguas, mejillas e incluso orejas, sin reparar en un eventual vello o la astilla de un taco de cera.

 

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Encrucijada

9 Febrero 2023 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Relax

Todo comenzó cuando Toscar hizo un movimiento brusco por un repentino dolor lumbar y al regresar a su posición perdió estabilidad, trató de sujetarse pero ya era tarde, la cabeza había comenzado a tirar del cuerpo hacia abajo y cayó con todo su peso sobre el hombro, del toro mecánico con que extraía los pallets dispuestos en stock en la nave industrial en la que llevaba dos años trabajando. Tuvo fractura de clavícula y una vértebra dorsal, el yeso lo tuvo que llevar puesto seis meses, cada dos meses se lo renovaron por el desgaste y para analizar el progreso de la cura, esos instantes los aprovechaba para rascarse, ventilarse, asearse, moverse y volverse a rascar con una sensación de alivio retrospectivo que le proporcionaba un placer orgiástico.

A los seis meses, cuando le retiraron el yeso se dirigió al departamento de Recursos Humanos para ponerse a disposición de la empresa y comenzar a determinar cual sería la cuantía de su indemnización. La empresa le comunicó dos decisiones en ese mismo instante, ni regresaría al trabajo ni recibiría un solo céntimo por su accidente laboral. Ahí comenzó la andadura por el desierto de adhesiones, solidaridades y apoyos de parte de la ley para Toscar, cada día que pasaba en su lucha por reparar lo que consideraba una injusticia medieval se quedaba más solo en el apoyo en público, más acompañado en el apoyo en privado, pero sobre todo más indignado y apertrechado de una fuerza de voluntad que desconocía en absoluto directamente proporcional a la profundidad de su enfado, rellenando un espacio destinado en exclusiva a la depresión,.

Del dinero que tenía ahorrado le quedaba más o menos para una semana de compras de alimentos al más bajo precio que se conseguía en el barrio. Había un supermercado a cuatro kilómetros pero debía ir en coche y si lo que gastaba en combustible era el doble de lo que se ahorraba en la compra. Pero ese día dijo “basta” y se fue a un restaurante del barrio aledaño, en la avenida principal, donde se gastó en comer con su vino y su postre todo lo que le quedaba para alimentarse en su semana de despedida de la resistencia pasiva, decidió apresurar el ¡puafata! el ¡tawata! el ¡bumbata! Tal como pensaba que sonaría el trastazo contra la acera, el choque contra la acera amortiguado por las ratas  o las navajas de los pendencieros de la calle, la curvatura convexa de los baches, la caricia de las agujas de de las jeringas y el brillo de los vidrios de las botellas.

Fue de casa en casa de amigos, familiares que todavía no estaba podridos de verlo, tocando timbres a horas intempestivas o demasiado apropiadas, justo cuando al cacerola salía de la hornalla. Se dio cuenta de lo buena que puede ser la gente, que acaso en algún recodo del camino pudo haber no contado con toda la suerte que habría deseado atesorar, y que puede haber sido producto de la acción de algún o alguna hijo o hija de la remil puta, pero que en general cada cosa que él tocaba buscando alguno de los sucedáneos del amor le respondían afirmativamente, pero eso sí, gente sin poder.

Su novia, Katja, encontró demasiado pedregosa la relación, había pasado de divertirse siempre que se veían, haciendo el amor y el humor, a pasar estrecheces y discutir haciendo un tumor. Así que sintiéndolo mucho, con el dolor de su alma lo dejó en Pampa y la vía más tirado que un dardo. Toscar dijo que lo entendía, -cómo no te voy a a comprender si esto es un desastre, si no te apoyo más es porque el otro soy yo-  Esos conocidos que a veces llamamos amigos, pero que sirven muy poco más que para ir a tomar un helado  o una cervezas, también de a poco, sin declaración de ruptura como la novia, se alejaron de igual manera, comenzó a haber una sensación de frío allí por donde pisaba Toscar que lo llevó a sentirse una especie de súper héroe de los cómics. -Nadie está cerca de Batman ni de Superman, mucho menos de Flash o Linterna Verde- pensaba Toscar – aunque seguramente todos los habitantes de la ciudad de Gotham o los colegas de Clark Kennt querrían tocarlos, pasar dos segundos a su lado, sacarse unas selfies anacrónicas con cámaras Kodak descartables o mejor aún con Polaroids, era distinto en este sentido, pero si se hubiese hecho una instantánea de Superman y una de él, estarían idénticamente solos frente a los que les esperaba.

La ventaja de pensar en un súper héroe solitario en lugar de en un apestado, es que le daba la capacidad de pensar en cual sería su próximo paso en vez de salir disparado queriendo dejar su culo atrás. Toscar sabía que el engaño solo dependía de la posición que uno tomase en el relato, cualquiera fuese su sinopsis. Primero empezó como un mandato para reforzar su confianza en tiempos de telarañas, pero de a poco se fue convenciendo de que, en efecto, aquello que no lo mataba lo hacía más fuerte, y desde luego la soledad no era en modo alguno una amenaza.

Albertico, su amigo casi hermano, aunque como él solía decir “hermano no, porque el propio hijo de mi madre es una mierda” al revés que los otros, se aproximó más en la medida que la mala suerte iba cercando a Toscar e iba despejándole el camino de obstáculos para caer hasta el último peldaño de su  yo más desprovisto de falsas apariencias, de barnices, luces y adornos. Un yo que no estaba compuesto de adoquines ni de estiércol como solía conocer, sino de tierra seca, casi polvo de tierra, sin piedras ni plantas. Albertico era cazador. Salía cada mañana a resolver las ecuaciones que la vida le planteaba para poder llevar algo a la olla. Era una manera de decir ya que frecuentemente resolvía recursos para una temporada, en los peores casos era como cazar una perdiz y en los mejores, ¡ay los mejores! Todavía nunca había chocado con las mejores tardes de caza, pero se acercó un par de veces alzándose con un buen turrón. De todos modos aunque Albertico se creyese un mago de la calle, el ventilador de la aspiradora, estaba tan lleno de códigos impuestos por la corrección caballeresca del ladrón y estafador prejuicioso, ni viejos ni menores, ni a mujeres ni a hombres demasiado nobles, ni a débiles ni a pobres, que parecía más bien un bombero de salvataje de alta montaña en vez del delincuente que creía ser. Al principio su estrecha amistad se debía a que Albertico se había singado a la hermana de Toscar, era una hermana mayor, y era hija de la madre con otro padre, no era para tanto pero dentro de ese decálogo de comprotamientos de Albertico eso no estaba del todo bien, así que al inicio sintió compasión por el amigo, como si fuese un poco cornudo, era solo la hermana pero bueno una hermana tan linda, en fin. Sentía culpa, pero con el tiempo fue afianzando la amistad de tal manera que quien le aconsejaba las vías de escape o coartadas en sus "palos" era Toscar, que no tenía ni idea siquiera de como robarse un dulce de un kiosco. Sin embargo al muy cabrón se le daba bien orquestar planes, era como un campeón de ajedrez, pensaba en todo.

 

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El inminente pasado

4 Febrero 2023 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Europa Aorta, #Relax

Ayer me reía con una amiga sobre lo que habría sido nuestra juventud y la de nuestras amistades, en esta era de retorno a imposiciones monacales refrendadas en leyes punitivas con el desborde del deseo.

Recordaba un día que compartiendo entre tres parejas en el Turquino del Hotel Habana Libre, una de las novias ajenas comenzó a arrimarse al muslo opuesto al que compartía con mi novia ocasional de entonces. De a poco comenzamos a acariciarnos disimuladamente en la medida que el ron iba desatando el rock'n'roll en la cuna de nuestros mutuos deseos, así llegamos entre chistes y conversaciones banales en la mesa redonda, a meter las manos en nuestros respectivos underwears y darnos ese tipo de placer sabroso, por furtivo y reprochable. En esas circunstancias no podíamos llegar al final dada la proximidad de nuestros respectivos "amores" así que decidimos tácitamente presentar nuestras excusas por ausentarnos para acudir a la llamada del mingitorio y/o quien sabe, del inodoro. Al final usamos un pasillo interior a la cocina del restaurante Sierra Maestra, que yo conocía bien por haber vivido en ese hotel años atrás, para echarnos uno de esos palitos tan ricos como plagados de justificado sigilo, podían aparecer camareros, capitanes, empleados, ascensoristas, novia o novio y convertir el palo en un monumento al chasco. O al galletón.

Se nos ocurrió traer a día de hoy esta anécdota frecuente, común, conocida por todos  y varias veces reproducida por muchas parejas en toda La Habana en aquellos años de derroche orgásmico, en idéntico o diferentes emplazamientos con distintas o incluso algunos de los mismos protagonistas, vaya usted a saber como terminó el pis que se fue a echar mi novia una hora antes, una después, o la semana de nuestro clímax de "amol".

Hoy la chica, de la que evitaré recordar el nombre, se habría dirigido a mi en voz firme antes del intento de aproximación:

-Chuchi, a pesar de estar con mi novio y tú con la tuya me estás despertando un gusanito, aunque por ser mujer estoy libre de esta obligación, públicamente, con suficientes testigos presentes, en este acto me gustaría pedir permiso para aproximarme a una distancia acaso poco apropiada para los cánones del buen decoro.

Yo mirando a mi compañera al lado izquierdo y a su maromo a su lado derecho, a mi vez declararía:

-Sí, con mucho gusto y por supuesto sin precisar la aprobación de nuestros respectivos "cornudos" aunque solicitando su amable comprensión.

-Bueno, dale- bufa mi novia- lo apruebo comprensiva de la necesidad de que un renovado flujo seminal desatasque los obstáculos que todo considerable tiempo de relación sedimenta, en cambio de la galleta que a esta descarada en otros tiempos no se la quitaría de encima ni el más bravo resoplido de un futuro inminente.

-Como no, procedan- rajaría el novio- ¿qué remedio? en épocas pasadas habríamos sucumbido  por el influjo de los impulsos primitivos desatando una bochornosa despingazón en lugar de esta civilizada quietud que nuestra sangre mediterránea supo, contraria a los prejuicios atávicos,  finalmente conquistar.

Y entonces, ya me tocaría a mi preguntar:

-Dado que “sólo sí es sí”, no valen supuestos, ni aproximaciones mutuas sino la expresa aprobación verbal atestiguada,  estimada compañera casual de este amistoso convite, ¿aprobarías que mi mano se deslizase bajo tu falda acariciando esos deseados muslos y la vulva presumiblemente entrañable?

- Por supuesto mi improvisado y sorpresivo aunque ya muy deseado vecino de asiento, y si no tienes inconveniente, ya, apresurando trámites, te solicitaría la aprobación expresa, para pasado un rato de arrumacos, cuando los suspiros y secreciones en aumento lo justificasen, tras excusarnos debidamente con la mesa, ¿podríamos dirijamos a un pasillo umbrío o a un rincón apartado a echarnos uno de esos emergentes, divinos palos de parado?

-Sí, concedo mi total aprobación. Por favor amable mesa entera, que figuren ambas declaraciones de consentimiento mutuo, bajo la acreditada total posesión de conciencia sobre nuestros actos, para que tenga lugar, aquí y hoy, en efecto, este cuernito, al que ya de adrenalinico, camuflado y clandestino no le quedan ni los agujeros de los calcetines.

 

El inminente pasado
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Tortura estatal

3 Febrero 2023 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Argentina frizzante, #Cuba Opinión, #Europa Aorta, #Opinion crítica.

Mi posición desde al menos que tenía once años cuando encarcelaron a mi padre por espacio de tiempo de ocho años y medio: no creo en la cárcel en ningún caso, ni en un simple robo, ni en una violación, ni para poderosos fascistas como Videla, sus torturadores, los esbirros cubanos, o estas dos chicas que torturaron y violaron a su hijo de cinco años de manera cotidiana, para concluir descuartizándolo.

Así como fue revolucionario el concepto de prisión frente al de tortura y muerte pública, con descuartizamientos y hogueras, cuando se consideró que la mezcla de castigo y tiempo de reflexión recluido era más humano, menos salvaje, que el despedazamiento para goce del pueblo sediento, cual plaza de toreo o torre Maya, de sangre y dolor. Desde el siglo pasado la ciencia conoce que la prisión solo acentúa las perversiones, las parafilias y el sentimiento de odio a la sociedad. Ya Víctor Hugo decía en los Miserables, que el penúltimo escalón de la especie humana era el preso, pero el último estaba reservado para el guarda cárcel.

Creo que alejarnos de castigos vengativos,  nos cura como comunidad a todo nivel, regional o universal, volcar todo nuestro esfuerzo en conseguir, que un día los delincuentes y criminales entiendan, desde la génesis, desde el nacimiento de sus perturbaciones, no desde la culpa, que algo hicieron mal, muy mal o malísimamente mal. Esto entronca con la polémica suscitada en España por algunas consecuencias de la ley popularmente conocida como "Sólo sí es sí" en la que algunos reos ven disminuída su condena de dieciseis años a catorce, haciendo énfasis en que la ley es mala porque el torturado castigado por el Estado sufre un par de años menos. Claro no digo que salgan a la calle, sino que de entrada sean atendidos, todos los criminales, de todas las modalidades, allí donde la gravedad de su caso lo requiera.

Existen casos que se podrán liberar a convivir en sociedad y casos que nunca podrán ser siquiera expuestos a dicha evaluación. Pero en todos ellos sería un avance que si bien no nos colocaría como un ejemplo de velocidad en temas de vanguardia, pero al menos, con rezago, nos auxiliaría en la búsqueda de un mundo atento a las cuestiones que nos hagan mejores individuos, y con ello mejor comunidad.

Castigo estatal del pasado.
Castigo estatal del pasado.

Castigo estatal del pasado.

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Mezquindad por partida doble

3 Febrero 2023 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Europa Aorta, #Cuba Opinión, #Opinion crítica.

Estoy ciertamente shockeado por el comentario de un conocido de las redes, del cual no diré el nombre, pero sí que proviene de esas generaciones que como yo, llamábamos monstruos, crueles, aberraciones de la naturaleza a los dictadores de América Latina (ellos a los de una adscripción ideológica, yo a todos), y aun peor a sus esbirros torturadores. Hoy me sale defendiendo subrepticiamente, claro, porque a nadie en sus sanos cabales se atreve a protegerlas abiertamente a las madres de Lucio Dupuy que lo torturaron periódicamente teniendo cinco años, partiéndole bracitos, quemándolo con cigarrillos, pinchándolo con tijeras, propinándole duras palizas en la cara y todo el cuerpito, lo violaron con un consolador, rompiéndole los esfínteres, el anito, y lo mataron como a Tupac Amaru destrozándolo, tras lo cual festejaron con vino merca y muchas risas por haber acabado del todo y de la manera más cruel con un varón presente y futuro macho. Todo esto con el abandono de sus obligaciones de todas las instituciones que debieron cuidar de Lucio, desde la jueza que arrebató al niño de los brazos del padre, al jardín de infantes que no advirtió a las autoridades cuando el niño asistía frecuentemente con los brazos partidos, golpes, moretones, quemaduras, al igual que del hospital donde varias veces tuvieron que llevarlo porque se habían "pasado" en la tortura. Acaso temerosos de una reprimenda jerárquica coaptada por la más acérrima misandría, enemiga a muerte del espíritu igualitario del feminismo, otra cosa habría sido si al nene lo hubiesen llevado así mismo dos padres gays, o una pareja heterosexual, casos en los cuales de inmediato, con toda probabilidad se habrían encendido todas las alarmas.

Este buen samaritano con estas harpías, mientras, como todos nosotros, nunca escondió sus sentimientos hacia los torturadores de las dictaduras de derechas e izquierdas, que no se dedicaban a aplicar tormentos a niñitos y menos aún que fuesen sus hijos, o sea aun menos crueles que estas dos porquerías, sin embargo consideraba que con estas había que tener compasión y entender que las circunstancias socioeconómicas o psicológicas las llevaron a ser así.

En Primera diré que por supuesto, como a Hitler, a Videla, a Guarapo Stalin y todos sus esbirros, ninguno nació mordiendo la teta de la madre y buscando con los deditos el corazón para destrozarlo, y no por ello vamos a profesarles la ternura que alguno que otro muestra con estas dos criminales, aun cuando los crímenes de aquellos esbirros siendo execrables lo eran mucho menos que el de las dos en cuestión, al no concurrir agravante de edad y de parentesco.

En Segunda diré que he vivido ambientes de gente ralamente criada en la peores condiciones que se pueden criar en América Latina, conocí por casualidad al peor tipo del Morro de los Macacos de Río de Janeiro en el año mil novecientos noventa, daba miedo su mirada, conocí al Turco, el primer caso de SIDA heterosexual de Argentina, que llegó a dejar en garantía a Micky su hijo menor, en la Villa del Bajo Flores por una bolsa de merca de cinco gramos, y que Claudia, la madre, que había sido mi compañera de curdas, ocupaciones de casas y sustento cuando estuve preso en Villa Gesell, por, en este caso sí, error policial, al cabo de pocas horas fue a pagar lo que el Turco debía, pero aquel ser despreciable ni violó ni mató, ni siquiera le pegaba a su hijo. Y del brasilero Bibinho a quien debí conocer para obtener permiso de subir a casa de la Paraguaia que trabajaba conmigo lavando platos en Sat's , se comentaban en el morro numerosos crímenes, incluso sobre cabezas cortadas, pero ninguna a su propia descendencia. O sea que si fuese por las condiciones de vida pobres, toda América debería estar llena de esta bestias y en África no se podría decir ni - hola- . Y la verdad es que este fue el caso más sangrante que he escuchado en todo mi ya, considerable tiempo de vida.

Lo cual demuestra que no solo la crueldad es infinita, inagotable, sino que también puede serlo la completa irresponsabilidad enajenada o la más cruda mezquindad. Como el objetivo de las torturadoras, violadoras y asesinas no era un militante de izquierda o de derecha, mayor que sabe lo que hace, sino un niñito de cinco años absolutamente inocente del todo, y encima hijo, pues les importa un bledo.

Mi precepción, al menos desde que mi padre cayó prisionero y permaneció así por espacio de ocho años y medio, es que todo castigo estatal es venganza, y es un crimen aberrante. Hay que buscar nuevas formas de tratar lo que salió mal, en la mayoría de las veces por nuestra propia falta de responsabilidad, aun cuando hay que entender que existen casos imposibles de recuperar.

 

Lucio, sus asesinas y el criminal Videla preso
Lucio, sus asesinas y el criminal Videla preso
Lucio, sus asesinas y el criminal Videla preso

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