El novio de la Presidenta compró un ático con dinero sin declarar de negocios que hizo con la Comunidad gobernada por su novia. Hacienda lo descubrió, él se declaró delincuente fiscal y accedió a un perdón pagando una fuerte multa. La Presidenta ya tenía como costumbre beneficiar las arcas de sus allegados con el dinero público, tiempo atrás lo hizo con el padre y la madre, luego con el hermano en medio de la pandemia mundial, denunciada por el entonces presidente de su partido político a quien dicha denuncia le costó el puesto. Tal el poder fáctico de la susodicha.
Nada de esto le costó un rasguño judicial ni electoral, al mejor estilo Tronal Gump "si me paro en la 5ª Avenida a disparar no pierdo ni un solo votante" , más bien por el contrario la gente parecía animarse con la bribona replicante del Lazarillo, pero en este caso del Manzanares.
En la semana salió publicado en el matutino El País, que la Comunidad que preside la Lazarilla del Manzanares había adquirido un ático aristocrático valorado en seis millones de euros, con la excusa de que sirviese de oficina para la mencionada toda vez que en las oficinas oficiales se acometerían obras de tal envergadura que harían infructuoso todo esfuerzo para no mancharse los zapatitos de pluma. El País, diario de referencia de la progresía de habla castellana y de Europa en general junto a otros matutinos de renombre como Le Monde, o The Guardian, informaba además que la compra se había realizado en abril y se mantenía en secreto sin declarar en el portal de transparencia de la Comunidad. A la vez que trascendió que ningún trabajador del edificio de Sol tenía información de dichas obras mastodónticas, que por supuesto a su vez los obligarían a cada uno de ellos a habitar una oficina en otra otra dirección, sin existir noticia de si se adquirieron otros cuantos áticos para estos trabajadores o usarían algunos de los cientos de propiedades con que cuenta la Comunidad en la ciudad. A la vez se supo que en la novena planta del edificio sito en el distinguido barrio de Chamberí, no está contemplado por catastro la posibilidad de instalar oficinas, O sea terminantemente prohibido.
Al saltar la noticia, de manera también inquietante en un medio históricamente alejado (aunque cada vez menos) del partido político de la presidenta Lazarilla, lo cual llevó a suspicacias de cuales serían las intenciones finales de tal filtración, tomó a la protagonista con el pie cambiado y como es habitual en ella y sabiendo que su impunidad hasta hoy ha sido absoluta, se mostró como victima de una conspiración comunista, "sanchista", maoísta contra su impoluta figura; pero esta vez no coló. Fue demasiado fuerte el contraste de semejante gasto ocultado con nocturnidad y alevosía, con una Comunidad incendiándose por la desidia y abandono a los bomberos, así como casi todos los servicios públicos en general subrepticiamente postergados en post del beneficio al sector privado. Lo cual llevó a la conspicua picarona a anunciar al día siguiente que vendería la propiedad comprada tres meses atrás, y otras pocas para sufragar gastos de los incendios que atormentan la comunidad.
Si la excusa que pudo encontrar para echar mano en su desesperación es tan pedestre, presidiendo una de las Comunidades más ricas de Europa, asusta pensar en lo que debe ser la verdad.
Pasadas unas pocas horas más del día del corre corre, se filtra una noticia que aporta las piezas, bastante previsibles todo hay que decirlo, que le faltaban a este puzzle no demasiado complejo: la parejita de pícaros había puesto a la venta el piso más el ático conseguidos con dinero turbio, a más del doble del valor adquirido, un millón setecientos mil euros y un millón seiscientos mil euros respectivamente, dando lo que se conoce coloquialmente como un pelotazo, pero por partida doble. Obtenían una ganancia de más del cien por ciento de la inversión, y se iban a vivir a un inmueble tres veces más suntuoso que la suma de los otros dos, pagado con el sudor de los madrileños.
Sudor por el trabajo y por el infierno de los incendios.
Pero en lo que pocos han reparado, es que la impunidad histórica para cometer delitos económicos en la CAM, tradición que se remonta ya a tres presidentas, ha llevado a la presidenta actual a declarar que va a "donar" el dinero obtenido de las ventas de los inmuebles para los damnificados por los incendios.
¿Cómo que donar? Es dinero público, no se puede donar, se dona el dinero propio, el público se gestiona, mal o bien, en este caso casi siempre muy mal, pero se gestiona, no se dona.
Un señor cariacontecido de pie en la esquina, con los dedos pulgar e índice de la mano derecha sosteniendo la perilla se pregunta para qué hicieron firmar un acuerdo de confidencialidad a la inmobiliaria si según la Lazarilla, el ático sería una oficina donde se reunirían todos los periodistas de Madrid.
Con la actividad mostrada en los últimos tiempos por las fiscalías, los juzgados, contra políticos siempre y sistemáticamente del mismo espectro ideológico, la verdad es que nadie espera un avance de ellos hacia esta olla putrefacta, pero al menos, tampoco nadie nos priva de la esperanza de que los ciegos votantes madrileños, en los próximos comicios corran un pelín la venda de la cara y puedan ver aunque sea con un ojo, pero en el sentido opuesto de la tuerta Lustitia.