Blues del bistec.
14 Septiembre 2011
, Escrito por martinguevara
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#Cuba flash.
La Habana, década del 70. La cola de la guagua en Coopelia, hace calor, el aroma del salitre esparcido por la ciudad a causa del golpeo de las olas contra el malecón de los enamorados que se obsequian caricias y se prometen todo para siempre.
Una cola interminable para comer ensalada de helados de Coopelia.
El canal seis repite un discurso de Guarapo que dura tres horas, no es de los más largos, el canal dos aún tiene la señal de ajuste, para cuando la gente llegue a sus casas, si tienen la suerte de que la guagua siga sin pasar o parar un par de horas más, podrán ver las aventuras, el noticiero o una película rusa, o la serie "17 instantes de una Primavera", con mucha fortuna una película argentina o mexicana de los años cincuenta, con Hugo del Carril o Negrete, o una de piratas con Erroll Flynn. Si la guagua no demora como es habitual, tragarán discurso. Porque tampoco es racomendable que los vecinos escuchen un silencio sepulcral, mientras el Jefe habla por los dos canales.
Un taxi por fin,
-Mi socio, dónde tú vas? - cojo por línea y llego hasta Marianao,
Diez pesos encima de lo que marca el taxímetro y paramos en casa de un socio a tomar un buchito de café. ¡Sube!.
El olor de las plantas alrededor del río Almendares, una vegetación exuberante, ni un kiosco donde apagar la sed, ni una guarapera en el país de la caña, en el país de la vegetación ni un mango. Puestos de venta de ron estatales, bodegas de venta por la libreta, malanga y papa de venta libre, una papa buena cada tres apolismadas. Un grano de arroz cada cambolo y cada gorgojo. De repente, un hombre sin camisa atraviesa la avenida y se detiene en la esquina, haciendo la mímica de que conduce una guagua, hace el gesto de detenerse, ordena a un público imaginario a que suba y se apriete bien en el fondo, cierra las puertas y sigue su camino, en medio de la avenida.
Es el loco de la guagua, también está el loco del duro frío en el mismo barrio, que va gritando que vende una especie de helado artesanal, Y está el que grita ¡Rebelde, rebelde!, ese sí vende de verdad el periódico Juventud Rebelde, a un níquel, pero todos los días discute con el loco que también grita ¡Rebelde, rebelde! y no vende nada.
Locos como en cualquier ciudad infernal, que cuentan con el beneficio del diagnostico, entre otros cientos de miles de esquizofrénicos que no están medicados.
Pasa tremenda mulata, y unos muchachos detrás piropeándola, ella se ríe y menea con gracia lo que sabe sacar de paseo bajo la cintura. El discurso durará tres horas, el día anterior todo el barrio de la Lisa tuvo que ir a la Plaza, se pusieron guaguas y camiones, hacía un calor tremendo, pegajoso y con mosquitos.
Presos con veinte años de calor y mosquitos sin mar ni brisa, mosquitos que ya son carne de cuartel y de prisión.
Por suerte no fue de los discursos largos, no era de los autocríticos que declamaba por aquellos días, tras los cuales destituía a tres ministros y los "tronaba". Truenos, rayos y centellas, como muestra de un novedoso sentido de la autocrítica.
Pensar en llegar a casa y que todavía queden dos horas de charla, añorar de manera abstracta la demora de la guagua, no hay nada más en el refrigerador, agua, café frío , mantequilla, queso crema y leche condensada, “que ganas de comer un bistec” parecía decir Robert Plant en las canciones de Led Zeppelin, por algo lo tendrían prohibido,
También Grand Funk y Peter Frampton decían en sus canciones que darían una mano por comerse un bistec. Todo ese rollo del LSD o de la hierba y la heroína eran sólo eufemismos y excusas para hablar del subversivo tema de la carne.
Ni pensar en hablar de comer jamón. Era la metáfora vehicular del anticomunismo radical, del terrorismo organizado.
Un policía llama a un muchacho peludo en la calle y lo meten en un patrullero, se llevan también a un afeminado, por pájaro, por cherna, por pargo, por ganso, así las cosas, los homosexuales perseguidos por patrulleros policiales, cuando a juzgar por los vocablos con que eran denominados, hubiese sido más pertinente que los llevaran a un acuario, a un corral o a un museo botánico.
Un grupo de estudiantes cruza la avenida Línea con la vitalidad y alegría en las venas, en los cuerpos curtidos por el salitre y el sol, a pesar de la falta de mango en la bodega, a pesar de la policía, la fmc, la ujc, los cdr, la ctc, el pcc, y los interminables discursos del primo de Barrabás, del bloqueo, de los obedientes, de los mítines y las reuniones, de las colas y el calor.
Gracias al cadencioso andar de una mulata que en estos años, se las arregló para que ningún día en su totalidad, fuese un mal día.
Para que no fuese sólamente un día de locos, un infierno fabricante de borrachos desafectos y de vagos habituales derretidos bajo el sol a la espera de la demora o prontitud de una guagua.
Saga o soga.