cuba opinion
El cabo del ancla.
La única preocupación que me acecha con respecto del destino que afronta la isla de Cuba, es saber que pasará con la gente que ha aguantado nada livianas lozas estos años.
Como es normal, tengo prioridades en los gustos como en los sentimientos.
Me inclino a sentir mayor compasión por las personas que llevan más o menos años soportando segregación por motivos de orden ideológico, moral o simplemente por salir a pasear por el barrio con un plumero en el trasero, que por los que hasta hoy han estado olfateando asentaderas bien apoltronadas.
Sin decoro alguno están empezando a salir como roedores de sus hoyos,
Oliendo rincones, vigilando esquinas e intentando asegurar un trozo más de queso,
Que el vecino pulpo, que el centinela ratón, que la fulana que los parió.
No todos, pero muchos a lo largo de sesenta y cinco años, han pasado por el tamiz de la doble moral, han pasado por la complicidad hecha silencio frente a los abusos, algunos levantaron la mano para aprobar una sanción a un amigo o a un hermano, otros hicieron chirriar la silla al levantarse en medio de la asamblea de moral comunista, para acusar a un colega.
Más de los que convendría llevaron las llaves del cerrojo, llevaron la mirada vigilante de los buitres consigo, a donde sea que fuesen.
Incluso, los hay de los que impartieron las órdenes, señalando a los que apretarían el gatillo, y hundirían la balsa improvisada o aplastarían la sien del infausto, que al no poder huir despavoridos del barco porque están siendo esperados arpón en mano, aseguran , juran y perjuran que si probaron del cadáver que alimentaba a la hiena mayor, fue por abducción.
Mi interior se debate entre el deseo de que todos los que tenían el dedo índice siempre listo, la supremacía moral a flor de piel, y el queso a resguardo, lograsen escapar de la nave por el cabo del ancla; y el de que no boyen los incidentes para que la sociedad pueda por fin avanzar en paz.
Pero no olvido la sonrisa del amigo de la hiena, y las entrañas que colgaban de sus mandíbulas.
Que el vuelo sea de los tullidos, de los parias, de los que enloquecieron justo antes de sobrevivir.
Un amigo me dijo que no existe el capitalismo humano. Hoy no hay mucho con que seducir a Cuba.
Entre la miseria, el control, la opresión y los extremos de doble moral a los que llegó el hombre, intentando construir el Mundo mejor, el socialismo real, con el hombre nuevo, y la desafección por el prójimo, por la suerte del resto del planeta que nos sugiere el actual occidente, desprovisto de las necesarias concesiones que debió hacer en su momento a los pobres y perdedores, y bien apertrechado de excusas para la insolidaridad, será conveniente que la Perla del Caribe elija un camino nuevo. De un capitalismo controlado, o de un socialismo de plena libertad.
Será el único y más justo antídoto para ratas y tullidos.
O la maldición eterna.
Cuba: Ignoring the cruelty. Artículo en inglés para los amigos anglo parlantes.
http://www.miamiherald.com/2010/09/19/1830125/cuba-ignoring-the-cruelty.html#storylink=misearch
Artículo mismo que Salto al capitalismo, pero en el Miami Herald, en inglés, para los amigos angloparlantes.
Sombrero de guano.
La explicación de la fantasía, de que podría cuajar un férreo sistema social, pergeniado en lo más atrasado y frío de la vieja Europa, tanto como la certeza de que nunca cuajaría, se puede buscar en uno de los rasgos más característicos de los cubanos, y en el que menos se ha ahondado, a merced de esa maquinaria interesada, que publicita la diversión y el carnaval caribeño; a saber: su extrema melancolía, su bulliciosa, pero profunda nostalgia de un tiempo jamás transcurrido.
El cubano puede hacer aguas en casi cualquier aspecto en que se lo analice, menos , categóricamente, en su sentido del humor trágico, emergente con mayor intensidad y calidad en situaciones extremas.
Así como al ruso lo salva el conocimiento de que cualquier tiempo será peor que el presente, al cubano lo auxilia la conciencia de su participación en una gran obra bufa, anacrónica y contemporánea, que le permite flirtear con su carácter de ser social sin obligarlo a olvidar, que es desde y por siempre un eterno solitario. El cubano en su aparente necesidad de la frecuente interacción con el otro, a través de la conversación o el baile, deja evidencia de su diferencia con el prójimo, de su soledad adornada, de lo más estructurado de su idiosincrasia, su autonomía e individualidad. Que no es la misma cosa que individualismo.
Un alma pegada al malecón, como recuerdo de todas las costas de donde debió partir, o acompañada de unas décimas campesinas al viento, entre las crines de un caballo en las sabanas verdes donde crece la palma, en recuerdo de todos aquellos pañuelos al aire, de todas aquellas bodas con las promesas, las primeras ilusiones colectivas ya descoloridas, empolvadas, enloquecidas para siempre, pero nunca perdidas del todo.
Tropicana
De la andanada de buenas, regulares y pésimas intenciones que en un inicio, se dieron cita en la novísima Revolución cubana del año 1959, en una demostración de impudicia, más que en un alarde de sinceridad, el ex mandatario oficial, y señor absoluto en la realidad aunque de modo extraoficial, admitió que de eso en Cuba, en la Cuba revolucionaria, no queda nada, aunque a poco de hacerlo, se arrepintiese.
De entre las intenciones pésimas a que me refiero, destaco y no necesariamente en el siguiente orden, la instrumentalización de todo un pueblo para perseguir fines personalistas, para perpetuarse en el poder. La eliminación física y moral de los oponentes, de los opositores, de los opuestos. La división abrupta y terminal de la familia cubana, mediante la difamación y cizaña en un principio, y luego a través del ostracismo, el destierro, el encarcelamiento, o la humillación pública. La canonización y exhortación de conductas como la traición, el odio, la delación entre hermanos, entre vecinos, a través del creciente envilecimiento de asociaciones, contempladas oficialmente para combatir sabotajes, tales como los Comités de Defensa de la Revolución, adoctrinadores como los núcleos de Juventud Comunista, de tipo identitario como la Federación de estudiantes, o la Federación de Mujeres Cubanas, organizativos como las Asambleas de los poderes populares, de adiestramiento como las Milicias de Tropas Territoriales, y un sinfín de organizaciones , fundadas en realidad, con la intención de observarse y vigilarse de cerca, los unos a los otros, en un alarde de de espionaje endogámico.
La construcción de una sociedad donde el hombre fuese un ser sin inclinaciones estéticas, sin vacilaciones frente a la tentación del materialismo, sin vicios, sin intimidad, ni individualismo, sin egoísmo ni conciencia del Yo, una sociedad de autómatas cumplidores del deber y perennemente, felices y satisfechos con la nada. El mecanismo represivo, el miedo, la intimidación como método cotidiano de anulación, de ni siquiera el descontento, sino de la duda.
De entre las aberraciones regulares, se me ocurre el internacionalismo, ese deber insoslayable de todo revolucionario de interesarse, en primera instancia por la suerte de los desgraciados de cualquier sitio lejano antes que de los alrededores. La instauración del estímulo moral suplantando al estímulo material, de riguroso cumplimiento, para todo aquel que no ostentare un puesto en la dirigencia de la revolución. La distribución de la pobreza por partes equitativas sin generar nuevos recursos, ni un solo elemento fetiche de la Revolución, manteniendo el Ron, el tabaco, el café y la mulata como valores nacionales exportables y al alza, con la incorporación de alguna nueva marca revolucionaria, ya sea Cohíba , Havana Club, Café Cubita, o las famosas por alegres, pero en realidad humilladas y tristes Jineteras.
Y de entre las cosas buenas, si así se le puede llamar a alguna de las intenciones que no contenía la malicia ex profeso en su génesis, se me ocurre el hecho de que nadie tuviere que humillarse nuevamente ante otro ser, pretendidamente superior por razones económicas, y menos aún ante extranjeros prepotentes.
Esta duró menos que su propio eco.
Que todos los cubanos tuviesen garantizados los alimentos, el trabajo, la vivienda.
Que la aberración cometida en siglos pasados por el tráfico de esclavos, y el dolor que dejó en sus protagonistas, los recelos, los prejuicios, fuesen extinguidos de una vez y por todas, y no que las cárceles, los calabozos y las fichas de sospechosos de peligrosidad, estuviesen llenas de los descendientes de aquellos hombres engrilletados de Africa.
Que cada cubano tuviese dignidad, libertad, como decía Guillén en su poema Tengo.
La lista es escandalosamente larga, hoy no hay ni una sola de las supuestas metas que justificaron la Revolución, que continúe siendo defendible por sus propios ejecutores, que tenga vigencia ni siquiera para quienes se aplicaron con mayor celo en la vigilancia del cumplimiento de semejante agobio.
De tal penalidad.
No basta con declamar al paso, como quien regresa al hogar arrepentido por la comisión de una infidelidad. "_ Lo siento-son cosas que pasan."
Ni de prometer que de allí en más todo será diferente.
Nadie desea ya escuchar excusas ni disculpas. Hoy solo cabe dar pasos en un sentido generoso. Los que han conducido la el país hasta hoy, hacia un costado definitivamente.
Los cubanos de bien, un paso al frente, tienen un futuro ilusionante, y un trecho muy largo que andar.
Salto al capitalismo.
http://www.elnuevoherald.com/2010/09/19/804798/martin-guevara-salto-al-capitalismo.html
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