Cruz de Peñalba
24 Julio 2025
, Escrito por martinguevara
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El Rey Ramiro II de León, cuatro años más tarde de su victoria frente a Abderramán III en Osma, decide hacerse con Zaragoza para lo cual pacta con gobernador musulmán de la ciudad Abu Yahya que con este acto, traiciona al califa.
Tras esta afrenta Abderramán enfureció, retomó el poder sobre Abu Yahya y con su participación decidió acabar con el reino leonés. Juntó a decenas de miles de hombres, entre mercenarios andalusíes, militares profesionales, tribus bereberes, soldados de las provincias militarizadas (yunds), contingentes de las Marcas y un buen número de voluntarios. Bien armados y pertrechados, emprendieron la marcha a fines de junio de 939. Dejando atrás Toledo, el ejército atravesó el Sistema Central por Guadarrama. Después de saquear y destruir Olmedo, Íscar, Alcazarén, los contingentes califales acamparon cerca del Cega y se instalaron en el Castillo de Portillo a principios de agosto.
Entre tanto, Ramiro II había reunido a sus propias tropas, incluidas las de los condes castellanos Fernán González y Ansur Fernández, y a las tropas del reino de Pamplona de García Sánchez I. en junio del año 939, aunque el reino de Navarra no estuvo tan unido a él como a su padre Ordoño II.
La batalla, que se libró en la margen derecha del Pisuerga, al noreste de Simancas, fue muy violenta y se prolongó durante varios días. Comenzó el 6 de agosto y concluyó con la grave derrota califal cuatro días después. Las crónicas cristianas cuentan que se apareció el Apóstol Santiago a lomos de un caballo blanco, así como San Millán. Y además, según relatan las crónicas, tanto árabes como cristianas, hubo un eclipse de sol unos días antes de la batalla. Las bajas musulmanas contadas en varios miles determinaron el retroceso y la derrota ante el ejército del rey leonés que también sufrió un importante número de muertos.
La importancia fundamental de la batalla de Simancas, no es tanto la ganancia territorial de los reinos cristianos, sino el valor simbólico de ser la primera gran victoria que se obtiene contra al-Ándalus. Para Abderramán III la derrota fue un importante contratiempo pero no alteró su gobierno, puesto que los territorios perdidos entre el sur del río Duero y el río Tormes se encontraban lejos de su capital en Córdoba. Aun así, tras el regreso a Córdoba después de la derrota, ordenó ejecutar a numerosos oficiales de su ejército por incompetencia y nunca más volvió a encabezar una expedición de guerra.
Como consecuencia de la victoria cristiana, el rey Ramiro II de León mandó realizar la Cruz de Peñalba como agradecimiento por la intervención del apóstol Santiago en la batalla. La cruz, una pieza de orfebrería mozárabe, fue entregada al obispo Genadio de Astorga y a los monjes del monasterio de Peñalba, situado en el Bierzo. Este acto no solo simbolizó el triunfo cristiano sobre al-Ándalus, sino también la profunda devoción del rey hacia el apóstol Santiago, considerado protector de los ejércitos cristianos.
Un apunte al dorso, Ramiro II que ensanchó el Reino de León hasta cubrir un tercio de la Península Ibérica incluyendo el norte de Portugal, construyó una ciudad con calles destinadas a oficios, un convento para su hija Elvira, que es el único edificio que aun se conserva hoy de aquella creciente ciudad de 940: el "Palat del Rey". Fue un rey determinado en la conquista e intrépido en la batalla como justo en la paz y fue continuado por un linaje que arrojó la primera reina europea no consorte Doña Urraca, y el primer Parlamento de la Historia que reunía clero, nobleza y representantes de las ciudades bajo el reinado del aun adolescente Alfonso IX con la aprobación del pueblo en el año 1188.
Hoy mucha gente cree que la Cruz de Peñalba fue concebida en Asturias como Cruz de la Victoria, al igual que conceden al principado el honor de la reconquista por su rey Don Pelayo, que en realidad comenzó en la batalla de Caín de Valdeón en León, no en Covadonga, y si bien Ramiro II era descendiente directo de aquel linaje, la llama inicial de la hoguera reconquistadora la mantuvo viva, y además con denuedo y persistencia a lo largo del siglo X, un rey leonés.
Cruz de Peñalba, donada por Ramiro II en conmemoración de la victoria en Simancas