One love
2 Agosto 2025
, Escrito por martinguevara
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#Relax, #Opinion crítica.
He asistido a muchos despropósitos, los que más dañan a un individuo y que a la postre se refractan en daños a la comunidad por la persona afectada, son los que más han captado mi atención.
Algunos de ellos por haber acaecido sobre mi persona y otros a personas de mi entorno, algunas de las cuales fueron las portadoras del mal de una generación a otra.
Todos podemos haber sido victimas de un variado abanico de tratos negativos en la tesitura del desamor y tenemos el derecho a sentirlo en lo más profundo y en consecuencia expresarlo cuando se presenta la ocasión e incluso de sentir pena por aquella criatura que fuimos y sobre la cual se practicaron injusticias o no se practicó el cariño, podemos y debemos atenderlas adecuadamente mediante los mecanismos que mejor se adapten a nuestra cultura y necesidad, profesionales de salud mental, entretenimientos, ejercicios, trabajos, supercherías, incluso sustancias enajenantes que aunque desaconsejo de modo general, sí que ante la perspectiva de un final auto infligido encuentran su uso oportuno, todo vale con el objeto de frenar el dolor, sanar o simplemente de poder hacer catarsis, de descargar un material altamente tóxico para nuestras vidas. Pero lo que no podemos hacer es trasladarlo a las vidas de quienes nos siguen, perpetuando así, generación tras generación el ancestral golpe del hacha.
Es nuestra responsabilidad prioritaria detener el círculo vicioso de victima-victimario tan común en todos los abusos recibidos-perpetrados; pero sobre todo y de manera inexorable, sobre nuestros hijos. Por más de una razón, la primera es obvia, no ocasionar el dolor que nos propinaron, la segunda es consecuencia de la primera, es la mejor a manera sanar las viejas heridas. Podemos ser árboles torcidos dañados en su mitad, que desde un punto en que el destino estaba en sus manos decidieron crecer tiesos, firmes, y a diferencia de las plantas, o acaso como ellas, podemos decidir aun siendo árboles de raíces débiles, dar frutos más jugosos, rozagantes y felices que el aspecto torcido y traumatizado de nuestro tronco en los primeros metros, marca de una soledad tan hierática ayer como hoy impertérrita.
Esa capacidad nos corresponde y así mismo es nuestra responsabilidad poder llevarla a cabo a buen fin, hacer triunfar de alguna manera el amor, acto en el cual ojalá encontremos que se disipa todo reproche, se diluye el rencor, queda la pena hacia nuestros progenitores por la oportunidad que se perdieron habiendo tenido en sus manos el tesoro de la vida, de querer bien a sus hijos, de darles apoyo, de sentirse orgullosos de sí mismos en el acto de poder amarlos y si no nace amarlos, mostrar generosidad. La diferencia de este sentimiento con el rencor o el reproche es abismal, en la medida en que se pueda sentir esa pena por quienes debieron cuidarnos y no pudieron por la razón que fuese, lo cual aportó muy poca felicidad a sus vidas, en esa misma medida podremos sentir una compasión fraternal por ellos, podremos salvar la cronología y sentirnos nosotros invitados a la posibilidad de abrazar a esos seres desvalidos que no entendieron una parte esencial del sentido de la vida, y no solo perdonarlos sino ir más allá brindándole, a la luminosidad de sus escuálidos rayos de energía positiva la posibilidad de expandirse. La chance de en un mundo intangible, pero en lo que importa tan real como el palpable, darles la oportunidad de reponer los daños y descubrir un sentido de la vida en nuestra gratitud expresada en virtudes, que por razones obvias, en esta dimensión no han podido desempeñarse. Y en ese acto de entrega difícil pero posible, no solo estaremos dando paz a nuestros hijos, paz a nosotros mismos, sino también paz a la muesca en el alma de quien debió, pero por las más diversas razones, no consiguió cuidar el árbol más preciado de su jardín.
Casi se pude decir que ese amor que damos nos lo estamos dando y a la vez dándoselo a quien no nos lo pudo dar, deteniendo de una vez y para siempre un ya más que intoxicado circulo vicioso. Luego muy probablemente, inauguraremos algún otro círculo vicioso, en sus inicios flamante, aireado, límpido, indoloro, que corresponderá a los futuros afectados barrer y trapear adecuadamente cuando comience a presentar la pus que anuncia el dolor.