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El blog de martinguevara

Aroma a roble

24 Agosto 2022 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Relax

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Muchas veces vi a mi madre reflexionando si era mejor sufrir el exilio o padecer la cárcel como mi padre en Argentina. Con el agravante lapidario de que el padecimiento de mi madre, nadie lo tendría en cuenta, es más, se consideraba un privilegio y en honor a la verdad en cierta forma lo era, en comparación con el heroísmo de soportar la tortura y el temor que supone la prisión en manos de carceleros inescrupulosos.

Mamá sufría por el dolor que sentía mi padre, por su suerte, por la incertidumbre cada día de si aparecería en una zanja o desaparecería en el río, también sufría por estar lejos de su tierra, y también por la vergüenza de haberse "salvado"

En cierta forma esto lo sentí yo también al ir creciendo y pensando que ya estaba en edad de cargar con un arma e ir a liberar a mi viejo, esa obsesión me saltaba cada noche antes de ir a dormir, a veces se colaba en mis sueños adoptando las formas y los desenlaces más disimiles, los que temía o los que deseaba mi subconsciente. De ahí que me despertase en medio de la noche entonando una oración recitada a modo de verso que hasta hoy me acompaña, "mami, mami que estás en los cielos/ niño chiquitito, objeto puntiagudo" o me despertaba pleno de ilusión, de autosuficiencia, si había conseguido morir en el intento de liberar al viejo, y todos honraban mi acto de valor, eso lo sentía en paralelo a que mi otro yo, el que debía cargar la mochila de lo inevitable y lo cotidiano, lavaba los dientes que pronto se pudrirían y enlazaba su pañoleta.

Mamá, acarreaba fantasmas de mucho antes de aquel episodio histórico, que le hicieron un camino, una senda en que no fuese extraño el sentimiento de tristeza, de fomentos frente a la baja autoestima, de una mortaja adecuada para morir de tristeza.

El viejo no jugó sus cartas de héroe, sus mucho puntos ganados en la resistencia a todos los peligros, no aceptó vivir cómodamente en el Caribe cuando salió de la cárcel, se quedó en su apartamento con el colchón en el suelo, lo cual siguió cubriéndolo de virtudes. Se enferma de todos los virus, bacterias y dolencias que existen, pero igualmente se cura, es un mecanismo de lucha que ya tiene desde antes también de aquel período histórico de mi país.

En cambio yo, soy una mezcla de uno y otra. Ni moriré ni venceré, aún busco la dimensión en que la brisa suave y el aroma a roble, sea una constante

 

Aroma a roble
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