Universo mamerto
21 Marzo 2023 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Relax
Tenía una amiga holandesa, linda y lanzada, una vez me interpeló porque le parecía que yo no tenía un proyecto de vida.
-Las personas, los seres humanos, se caracterizasen por tener un proyecto, ese es el sentido de la vida
Le dije "mira Berg, no sé a que llamas proyecto, pero yo sí tengo uno muy grande, y está omnipresente, es vivir la vida cada minuto, a cada paso, reír todo lo que pueda mientras el eco lo permita, comer lo que más me guste en esos piringundines aceitosos,que no grasientos, pasear, viajar sacando la cabeza por la ventanilla del tren, mirar, leer, escribir, escuchar música, cantar, dormir todo lo que pueda sobre todo una vez que se agoté el sueño necesario, sobar ese sueñecito ora ligero ora profundo que se disfruta como un masaje de tetas. Le expliqué que recibir sus mamadas eran uno de mis mejores proyectos de vida, y tomar alcohol de manera integral, concienzuda, seria, hasta tambalearme, zigzaguear y volcar, nunca entendí a los que beben y después tratan de caminar recto, si la gracia de haberse tomado tanto tiempo y miolestias está en el pedo, en ver doble, en la risa pavota, el paso sinuoso y el desequilibrio abismal, beber e intentar parecer sobrio es como ordenar platos sabrosos en un restaurante y solo olerlos, chupar una bombacha. Bueno según que bombacha sobre que concha.
"Berg, trabajar aliena alejando al soñador de un proyecto irrealizable, que son los que valen la pena y lo somete al rigor de la materia, aspereza de los ángulos, las esquinas y el alcance de las verdaderas posibilidades, la posición apropiada, el imperio de los límites del miedo. La perspectiva del trabajo me espanta”.
Me dijo, que incluso toda la aparente libertad que mostraban sus compatriotas de su generación no era otra cosa que obedecer, como calvinistas al fin y al cabo, el dictado de la época, pero que el orden interior llevaba a construir o destruir en un estricto tiempo lineal, entonces aunque le subyugaba el sinsentido de mi vida, por otro lado le ponía absolutamente histérica.
Lo cierto es que viví mucho tiempo así, no todo era placer, la mayoría era angustioso y agobiante, sofocante y atemorizador, electrizante y placentero, variante e imprevisible. Y tras unos años me detuve y es cuando más me moví, pero con un objetivo, un proyecto al estilo de mi amiga nórdica en los sures, un movimiento constante respecto de lo demás con una quietud pétrea en el interior.
Hoy me acordé de Berg porque me pregunté ¿qué tipo de proyecto me seducirá de ahora en más? La pregunta ¿qué hacer? me llevó al segunda interrogante ¿hay ganas de hacer?
Existen comunidades que han permanecido durante milenios en idénticas condiciones de vida, de caza, de concepción de comunidad, empeñando la transformación en la galaxia interna, al mismo tiempo otras han pasado esos milenios desarrollando todo de la silueta hacia afuera, el medio ambiente, la técnica, la ciencia, y dejando intacta la torpeza del alma.
Llevo una pizca de ambas en el aire que me envuelve, en la nube que me legó el dragón azul.
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