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17 marzo 2014 1 17 /03 /marzo /2014 14:29

 

 

Todos los seres humanos nacemos con la misma capacidad para disfrutar o padecer ante idénticos estímulos, pero según la sociedad en que nos desarrollemos se potencia una u otra habilidad. Hay ámbitos sociales en las cuales lo bien visto es ser campechano, humilde, y mostrar los conocimientos cada vez que se presenta una ocasión, resulta pedante y tiene mala prensa, hay otras donde la costumbre es cazar, otras donde pasa por el baile y la expresión corporal, otras por el recto, otras por la exhibición de los sentimientos.

Hay algunas pocas, donde el saber cuenta con muy buena prensa, donde acumular conocimientos, usar con agilidad las capacidades mentales, hacer chistes agudos, asociaciones lúcidas, soluciones astutas es tan atractivo y seductor como la belleza, tan respetado como la honestidad, y distintivo como los bienes y el dinero. Buenos Aires, en los años en que la disfruté tenía bastante de esto.

Si bien a veces el exceso de esto provoca un desdén por la cultura de la reserva, intimista, introvertida, y castiga a lo poco sagaz con burlas crueles, severas, e injustas, lo cierto es que al final la ciudad es una suma de una enorme cantidad de individualidades.

 

Durante una época devoré con avidez todo lo que había perdido de esa ciudad ecléctica y variopinta debido a los años en que me crié en el exilio. Uno de los innumerables sitios que trabaja en la alimentación de esa costumbre en la ciudad es el Teatro San Martín.

A veces había más oferta cultural en ese edificio que las que yo había visto en otras ciudades durante un año entero. Fotografía, cine, teatro, música, charlas, debates, subvencionados que lo que no convertía en gratuito lo transformaba en muy barato.

Tanto tiempo pasé dentro del San Martín que si uno todas las horas debería considerar que he vivido en ese centro cultural.  He ido con acompañado de todo tipo de amigos, la mayoría de las veces sólo con mi sobretodo gastado, y más de una vez con algún sin techo porteño al hall del teatro para calentar los huesos al tiempo que veía una exposición de fotografía cedida por la casa del fotógrafo anglo-argentino Alejandro Witcomb, la germano-argentina Annemarie Heinrich, instantáneas de Pablo Cabado o de Sebastiao Salgado.

O bien escuchar música en vivo en el hall, o pasar unas cuantas horas acurrucado en una butaca, ora echando una reparadora siesta ora abriendo los párpados para ver las imágenes de una maratónica película gracias a un ciclo de filmes de Fassbinder. Incluso una tarde, a la salida del cine, invité a la compañera de mi vida a entrar a una de las salas vacías para liberar energía de color rojo refulgente mediante  escarceos corporales.

Un día descubrí que unas cuantas calles más abajo por la misma avenida Corrientes, más cerca del Río y de los bancos de la ciudad, había otro centro, igual de gratuito, quizás con menos oferta en cuanto a cantidad ya que en realidad era un instituto de promoción de la cultura alemana, pero en contrapartida con una calidad exquisita,  era el Goethe Institut, donde se podía asistir a seminarios, a charlas, a ciclos de cine, fotografía, poesía alemana.

Ahí supe de la existencia del cine de Werner Nekes. Un enfoque novedoso para mi manera de ver y de entender el cine, presentado precisamente por la fotógrafa Annemarie Heinrich, con su conocimiento y pasión por las imágenes.

Estaba preparado para disfrutar de ese cine porque vivía como un verso libre, no estaba atado ni siquiera a mi mismo, la libertad parecía infinita hasta que una y otra vez tropezaba con las gruesas raíces de la angustia que saltaban temerariamente del suelo. Estaba cansado de propuestas visuales y plásticas que me condujesen a través de una trama, que desembocasen en un desenlace definido.

Annemarie invitó al auditorio a que pensásemos en lo que ocurriría si en lugar de ver las 24 exposiciones en un segundo que forman el movimiento en cine, viésemos los intervalos entre foto y foto, precisamente lo que nos estaba vedado ver ¿en qué cambiaría la película?

 Y aún hoy cada vez que veo una película comercial que me gusta pienso que sería de la proyección de otras hipotéticas 24 fotos de los movimientos no registrados. En nuestros propios movimientos, en nuestra alienación particular la manera de tratar el tiempo ¿cómo puede ser que convivan nociones tan diferentes del tiempo, como nuestra certeza de que algunos segundos son extensísimos, inolvidables, junto a la idea de que el tiempo pasa al nivel de poder decir: “-Nos vemos mañana”? 

 


 

 

Cuando terminó de hablar Annemarie proyectaron “Hynningen” y “El filme antes del filme”. Hay obras que cambian la vida de quienes las dejan entrar, en ese instante Nekes, o mejor dicho la suma de mis pasos, Borges, el teatro San Martín, el Goethe Institut, la clase magistral de la fotógrafa Heinrich y sus atentas explicaciones a mis preguntas, más Werner Nekes, conectaron con mis necesidades de estímulos narrativos. Así como tomaba de la vida todo lo que podía para un día transformarlo en un mundo único con diversos relatos, quería que me llegase el mensaje sin una grotesca imposición de sinopsis, que simplemente me sugiriese un escenario, un movimiento, un sonido, y que prescindiese de esa tendencia al recurso fácil del uso de la voluntad para guiar la atención hasta el fin de la historia.

Nekes me lo dio. El cine se hace imprescindible, cuando lo que cuenta no se puede hacer a través de otro soporte. Si se puede escribir, pintar o representar en el teatro, sigue siendo cine, pero es prescindible.

Para mi eso es también la literatura, lo que no se puede contar de otro modo que escribiendo, ni se puede percibir de otra manera que leyendo. 

 

A los pocos días, estando en la librería del Fondo de Cultura Económica en Buenos Aires donde trabajaba como vendedor, vi como traía una pila de libros para reponer en los estantes al frente de una carretilla de almacén, un amigo de mi amiga Gladys a quien había conocido en su casa.

Un hombre el doble de culto que todos los que trabajábamos en el edificio, de maneras refinadas, de mirada limpia, bondadosa, curiosa y no exenta de timidez , llevaba la carretilla desde el almacén a la librería con una altivez directa, distintiva.

Cuando lo comenté con mi amiga, me enseñó parte de la obra de nuestro especial reponedor de volúmenes, del cual yo ya sabía por referencias que era un cineasta especial. Pero cuando vi una de sus películas me sentí dentro de ese terreno místico, en que inevitablemente se ve uno tras la vivencia de una serie de aparentes casualidades, que como decía Borges, son "causalidades" de las cuales desconocemos sus razones, Claudio Caldini era Werner Nekes en Argentina.

Con el paso del tiempo he podido ver su obra, si bien no sé hasta que punto completa, sí puedo decir que abultada y aunque con el paso de ese mismo tiempo yo deba admitir que consumo mucha más "comida rápida" en materia de cine que antes, no he perdido del todo el gusto por el excelente cine, y recomiendo encarecidamente, a quien quiera ver arte audio visual desde la misma comodidad del sillón de siempre, pero sin la intervención represora del narrador en complicidad con nuestra comodidad envenenada, que busquen en las redes a Caldini , un ser exquisito y a Werner Nekes, quien para mi, es más argentino que el dulce de leche.

 

 

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante
14 enero 2014 2 14 /01 /enero /2014 01:16

 

 

Hasta Joan Manuel Serrat, el mayor icono de la cultura comprometida española de la transición y para mi, de siempre, ejemplo de dignidad, de artista, poeta y cantante excelso, participó de una de las contradicciones más inherentes a la idiosincrasia, a la identidad del nacionalismo argentino desde la segunda mitad del siglo XX.
Serrat estuvo muy cerca de los Montoneros que lucharon en la época del gobierno militar de Agustín Lanusse desde la clandestinidad, gente muy interesante, intelectuales involucrados, antes de la época exclusiva y puramente extremista. Incluso pasado el golpe de 1976 mantuvo el nexo y fue muy solidario y atento con cuanta ayuda podía otorgar, brindó de su bolsillo dinero a los presos políticos. 

Sin embargo sentía una animadversión completamente razonada y razonable hacia Perón y aquello que lo rodeaba, incluso con la imagen de Evita por las estrechas relaciones con el franquismo más atroz que habían mantenido, en el caso de Perón llegando al extremo de ser el invitado al exilio de lujo del asesino de masas español y aplicado aprendiz de las teorías mussolinianas que alimentaron su posterior versión de la "tercera posición". No sólo desconfiaba, sino que como anti fascista al fin y al cabo, lo consideraba un serio enemigo al verlo como convidado de honor del dictador gallego.
No trataré este tema, pero me interesaba hacer hincapié en esta contradicción tan presente  en Argentina.
Y la falta de seriedad de ciertos sectores de la izquierda que por ganar apoyo populista, han ido olvidando paulatinamente hasta el acceso súbito de una rotunda amnesia, el hecho de que Perón, más que tener raíces en elfascismo, era amigo de los dirigentes del exterminio de masas fascista europeo. Aunque Perón no era una persona tan sencilla y eso descolocaba a Serrat y a más de uno, en ese exilio franquista recibía para dar instrucciones y escuchar de primera mano a los jóvenes militantes clandestinos peronistas de la lucha antidictatorial ¿qué pasaría por la cabeza del comprometido cantoautor catalán cuando veía que la Meca de aquellos militantes revolucionarios, no se encontraba en Moscú, en París ni en La Habana, sino en Puerta de Hierro, en la única capital europea dónde aún persistía el fascismo?

También Perón fue admirado por Fidel. Aunque declinó una invitación de éste a que se exiliase en Cuba, tampoco había porque llegar tan lejos para devolverle la simpatía al totalitario barbudo, ya que Fidel cuando era joven conformó una asociación de apoyo al peronismo desde Cuba, bastante antes del triunfo de Revolución y cuando los comunistas a Fidel le producían la misma urticaria que el trabajo, ello en realidad habla del rasgo más característico que ambos presentaron a lo largo de su vida. El Marxismo a lo Groucho.
¡No hay nada que no se pueda ni se deba hacer si la finalidad no es otra que mantener el tujes en el trono!


Decir peronista de izquierda es tan paradójico y contradictorio como decir: monarquía democrática, guerra pacifica o noche soleada.

El artículo y la canción siguiente son una belleza ya que versan acerca de una relación nunca ventilada ni demasiado comentada del Nano con una muchacha modelo y a la vez militante no violenta en la villa miseria. La canción es preciosa, yo no la vivo como algo relacionado con la política, con esa fase que a algunos nos causó un rasguño que penetró hasta sitios insospechados de nuestros ilimitados universos, dejando un tendal de fantasías, de miedos, frustraciones, borrosos recuerdos dispersos, algún que otro amor y odio y mucho olvido.

Sino que la vivo como un recuerdo agradable de mi infancia y de los años en que Serrat tenía una voz que amansaba a las fieras y despertaba a los anestesiados.

blogs.elpais.com
La historia secreta de "La montonera”, una bellísima canción que Joan Manuel Serrat ha preferido olvidar. Es un buen día cuando aparece un nuevo número de Viernes Peronistas. Y también, un día perdido: imposible resistirse a la tentación de sumergirse en sus páginas (aunque técnicamente sea un fanzi...
  
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7 junio 2013 5 07 /06 /junio /2013 19:12

 

El otro día me encontré con mi amiga periodista Claudia en el café Ópera, en Corrientes y Callao, para charlar un rato de bueyes perdidos.
Al cabo de la conversación, cuando nos pusimos de pie mientras me disponía a la última caminata del día hacia el barrio de Congreso donde estaba parando por los días que visité la ciudad, mi amiga me advirtió: 
- Mirá quien acaba de entrar.
Me giré y vi la figura enjuta por la naturaleza y los años de Juan José Sebreli, estaba justo en ese momento entrando con su gabardina de siempre sobre la vestimenta más que correcta, y atendía sin desdén a un parroquiano que se había levantado a hacerle participe de su admiración, le pedía un autógrafo para un libro a lo que Sebreli parecía acceder sin prisa y sin molestia.
Me aproximé en el momento en que el admirador regresó por un instante a la mesa en que se encontraba con otra persona para tomar el libro, y no constituyó esfuerzo alguno saludarlo porque estaba con su amplia sonrisa característica que esboza mientras deja los párpados entornados sobre los ojos, aún vivaces. 
Pero estaba claro que no me reconocía. 
Entonces le dije mi nombre y que habíamos conversado algunas veces, y también que representaba para mi una sorpresa muy grata verlo así de vital y verlo en el Ópera, no consideré adecuado recordarle a nuestra amiga común de otrora gracias a quien lo conocí, ya que no estaba seguro de tener el permiso de ella para utilizarla con fines que al fin y al cabo podrían pertenecer al conjunto de la vanidad. Sentí que pretender un abrazo más efusivo ante la mirada de Claudia o la evidencia de pasadas charlas y encuentros podría constituir una muestra de cholulaje de escaso buen gusto.
Pero entonces Juan José me preguntó: ¿ Dónde estás viviendo ahora? . Lo tomé como una pregunta cortés más que retórica, y le contesté con precisión el sitio de España donde vivo actualmente, sospechando por la impertérrita persistencia de las comisuras de sus labios, de idéntico dibujo entre el saludo al admirador y a mi, que no tenía ni idea de quien era yo. Me despedí antes de que llegase nuevamente el parroquiano con su libro a punto de cambiar su status definitivamente gracias a la dedicatoria.
Salimos de aquel Café continente de tantas historias, con la sensación de que además de estar en el centro de Buenos Aires, estábamos merodeando su corazón y la historia reciente.

Como siempre una ciudad hecha para caminar, a pesar de los súper pozos y las baldosas trampolines de hediondos líquidos mega voladores, a pesar de ello y de lo que sea, una de las ciudades mas impresionantes, variopintas, energizantes, y también agotadoras que he tenido oportunidad de conocer.
Donde a pesar de las pasiones y los enconos con se defienden las posiciones casi siempre extremas de cualquiera sea el momento de su actualidad política, la gente disfruta de la vida, los amigos se abrazan y se dicen que se quieren, y las porciones de pizza de muzarella de Guerrin y de las Cuartetas siguen siendo de las más ricas del mundo.
Cuando despedí a Claudia y continué caminando hacia el departamento de mi tía,  me quedé pensando en aquel episodio de saludo y desencuentro con Sebreli, un escritor necesario para entender la Argentina del siglo XX con la característica de que convirtió algunos títulos de temas sociológicos, como " Buenos Aires, vida cotidiana y alienación" o "Mar del Plata , el ocio represivo" en Best sellers de entonces, mérito que aunque no se recluya en un cien por ciento a su persona, ya que intervino de la otra parte una sociedad receptiva donde la aspiración de "saber" estaba viva y contaba con buena prensa, quizás no huelgue reconocer que algo habría tenido que ver en dicho fenómeno el flaco. Compartiendo ese  extraño éxito popular, masivo, casi playero, en títulos tradicionalmente condenados a tiradas modestas, con el "Medio pelo de la sociedad argentina" de Arturo Jauretche y con los recientes éxitos de Pigna, aunque en este último caso hay que decir que el suceso ha tenido lugar en la era del plástico.

 

Como lector encuentro cierta familiaridad entre Sebreli y Lipovetsky, quizás por los éxitos de ventas en temáticas de corte sociológicos, o tal vez por esa característica tan de ambos, de argumentar en cada nuevo libro porque opinan ya de otro modo que en el anterior, algo que me fascina toda vez que no hay mejor motor para exprimir la materia gris, que la contradicción.

Aunque el Buenos Aires comprometido ideológicamente, la ciudadanía militante de la opinión política de los años sesenta que leyeron a Sebreli, con sus pro y sus contra generalmente relacionados estos con la violencia y la intolerancia, mucho se diferencian de la actual población más motivada por lo emocional y lo instintivo.

De manera que aquél resulta un fenómeno engañosamente similar al que nos ha deparado el post modernismo, donde a merced de  compartimentos estancos como instrumentos de análisis, del minimalismo del pensamiento, fue inundado todo por la inmediatez, la banalización, el lenguaje ultra coloquial, de tipo "cercano" hasta la pegajosidad, lo cual posibilitó que unido al hábito de alimentarnos con Mac Donald's, vestirnos con Levi's Strauss y exigir unas pocas escalas para llamarle música a unos encantadores y estimulantes sonidos, también pretendamos decir las cosas más trascendentes de nuestra época bajo la ley del mínimo esfuerzo.

Aunque en honor a la verdad, pocas cosas más coherentes que tal aspiración, pueden haber en la época del imperio del entretenimiento, del tranquilizante y del somnífero.

Cuando ya me había ido de Buenos Aires mi amiga Claudia me confesó que la situación la llevó a sentir que entraba al túnel del tiempo.

Exacto, quizás lo único que busco cada vez que doblo la esquina de Callao y comienzo a bajar por la calle de los libros, los cines y los teatros, es volver a la librería que allí tenía mi padre por los años en que yo nací, y donde por lo que me cuentan, en medio del bullicio  de la nutrida fauna que allí se daba cita, yo conseguía conciliar en mi moisés, un profundo sueño del cual aún conservo una remota idea.

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante
18 mayo 2013 6 18 /05 /mayo /2013 10:13

 

 

 

Los González Aguilar, llegaron a la Argentina expulsados por la barbarie del fascismo en la Guerra Civil española y fueron recibidos por la solidaridad de mis abuelos paternos, que en la provincia de Córdoba dirigían una casa de apoyo a los exiliados republicanos, con los años se convertirían para mi familia en  simplemente: los Aguilar, remarcando la palabra más cargada de metáforas y significantes, reflejo similar al que nos llevó a apelar Zapatero al ex presidente español de primer apellido Rodríguez. Carmen creció en Argentina, allí se casó y tuvo sus hijos. Ella era solo dos años mayor que mi tía Celia con quien continua uniéndola una de esas amistades de toda la vida.  Los tíos de Carmen tenían un cuarteto musical, eran astros del laúd, todo aquél que les escuchaba quedaba extasiado por unos días, en épocas previas al CD, en que la música después de oída se reproducía una y otra vez en el interior, música en silencio a través del mecanismo de la memoria. Tocaban por placer. 

Cuarteto Aguilar

Yo nací bastante después que todos ellos, cuando Carmen Aguilar y sus hermanos ya tenían hijos mayores que yo. Solíamos frecuentarnos, hasta que tuvimos que abandonar Argentina por motivos políticos. Mi padre quedó preso en el país por ocho años y medio, los demás nos instalamos en Cuba, Carmen al poco tiempo también tuvo que exiliarse en la isla caribeña, le quedó igualmente un hijo preso, pero también una hija desaparecida, la mayor. De Cuba se fue  a España con el marido y los vástagos que pudieron salir, se instaló en Cataluña.

Estaba el comienzo inocente y entusiasta de la democracia, participaba en trabajos de solidaridad desde su tierra de nacimiento para con los presos y reprimidos de su tierra adoptiva.  Igual que mi tía se ocupó por entero con la ayuda de los Estados Austríaco y Suizo a tratar de mantener con vida a mi padre, Carmen lo hacía con su hijo Juan, quien compartió cárcel con mi propio viejo. Una vez,  las amigas de siempre, se juntaron en España con el fin de hacer un viaje solidario para visitar a los presos cuando mermaba la dictadura en Argentina pero se mantenía intacta la sed asesina de sus protagonistas. Lo hicieron, acompañaron a los presos, les llevaron una fragancia fresca y la mano, una esperanza, un aliento, les arrimaron una yesca.

Eran leonas mayores y estaban heridas, por sus venas corría  sangre que lamía  desde el interior las cicatrices.

Un poco antes de regresar el período democrático a los países del sur de América, mi padre y el hijo de Carmen salieron de la cárcel. Luego retornamos nosotros desde Cuba y ella desde España, mi tía Celia desde Suiza e intentamos comenzar nuestras vidas, un poco  de la manera que nos lo habían permitido y un poco como no sabíamos. Todo era otra cosa, para mi era otra Argentina iba y venía intentando reencontrarla, para Celia también aunque ella se quedó, y para Carmen ya nada era algo, ni España desde que era niña, ni Argentina desde que Soledad, su hija, se perdió en la profundidad del espanto. Retornó a Cataluña donde casi todos su otros hijos terminaron por quedarse menos Juan, que al igual que mi padre nunca se marcharon de su país, sí sé que salieron de las celdas, sé que tardaron en despegar los barrotes de sus caras,  no sé si alguna vez dejaron atrás lo que murió entre ciénagas.

Nunca Más

Celia aun visita cada dos años a su amiga Carmen ya que tiene la suerte de contar con un físico saludable y una voluntad de la época extinta de las personas comprometidas, que le anima a desplazarse miles de kilómetros. La última vez que se vieron hace unos meses ya, fue justo antes de que el país de los Aguilar decidiese votar en masa a la opción más antipopular, estafadora neo franquista y corrupta de que se tenga recuerdo en democracia. Europa necesita escuchar a aquellos juglares  del cuarteto musical ejecutar sus instrumentos para crear una comunión de personas, una sonrisa sostenida, para dar un poco de merecido reposo a los Aguilares de todo páramo.

Cuarteto Aguilar de laúdes para Europa aturdida

Es una mujer culta y fuerte, aunque ya es mayor, hecha de lealtad de una era que no es esta, de voz clara y firme, Carmen no pudo regresar de ningún sitio jamás, ella estará siempre en su generación comprometida, escuchando la guitarra de sus tíos, admirando a sus padres, arrullando a sus hijos y quedándose en vela, ante el sempiterno  silencio de su perdida Soledad.

En algún lugar de la Historia.

Hoy murió en una celda el sanguinario dictador Jorge Rafael Videla, autor intelectual del asesinato de Soledad y de tantos otros; y si bien para mi no hay alegría en ello ya que sigue tratándose de muerte, sin embargo resulta admirable que haya fallecido en una celda, visto desde España donde ya ni siquiera el ánima espera, donde el fascismo perdura en el Valle de los Caídos, en el Alcázar, en el carácter inquisidor de la Iglesia, aunque haya personas que sigan arañando la tierra para encontrar la noble calavera de su ser querido, como dijese en una estrofa de “Elegía”, Miguel Hernández,  el poeta más estremecedor y jugado que he podido leer:

Miguel Hernandez con Josefina Manresa

“..Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera..”

 

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante
13 noviembre 2012 2 13 /11 /noviembre /2012 20:59

 

 

“Epsis adocnis” me decía al tiempo que hacía denodados esfuerzos por incorporarme. La cabeza hacía lo posible por seguir mi directriz de no partirse en dos. El hombro lo tenía cubierto de una pasta rojiza con olor dulzón, y la boca con un sabor agrio y desierta de saliva, reconocí el pie del lavatorio del baño y me percaté que había podido dejar la puerta abierta, me incorporé, pero dos pasos más adelante perdí pie y pisada y fui a dar contra la mesita de luz que estaba al salir del baño, tiré al suelo la taza de café los libros el despertador y el cenicero.

Me quedé un rato más allí hasta que se me pasaron las ganas de asirme al parquet. Dormí un poco y al despertar logré llegar a la puerta que no estaba tan  lejos como parecía, todo en esa mísera cueva excepto la salvación, estaba demasiado cerca.

Presioné fuertemente las sienes y luego las cavidades orbitales por encima de los párpados, bordeando los ojos, eso me hizo ver las estrellas en sus colores originales con resplandores plateados repletos de mil y un demonios, que no obstante aliviaron el descontrol de mi cabeza, recién entonces tomé asiento.

¿ Qué habría querido decir con aquello?. Lo cierto es que en Claudio no se podía creer ni cuando daba la hora, pero a veces decía cosas que parecían venir de otra dimensión, de una existencia por donde ni por asomo paseó vez alguna su codo ni  su trasero. Aunque quizás en aquella ocasión, justo gracias a lo absurdo que parecía, tuviese algo de sentido.

                  Tenía que salir de aquel antro o los pulmones me iban cobrar una factura aún mayor en silbidos y tos. Mis fuelles estaban bien adiestrados para convivir con la polución y podían optimizar el oxígeno de cada bocanada de aire, pero no se les podía exigir lo imposible.

                  Llevaba cuatro meses alquilando ese departamento y ya me estaban pidiendo que lo abandonase con urgencia, ya que otros lo codiciaban como si fuese el Ritz, la propietaria era una conocida de mi amiga Karina, quien intercedió para el alquiler porque cuando solíamos dormir juntos se nos iba todo en hoteles. Y aunque yo no hiciese demasiado por la salud ambiental de aquel rectángulo, lo cierto es que al viciado aire que se respiraba allí contribuían otros condicionantes , estaba encajonado, no recibía un rayo de sol en todo el año y si se lo intentaba ventilar, entraba una corriente de aire gélido y húmedo que en invierno podía matar de neumonía y en verano de intoxicación a merced de los efluvios del pequeño y poco higiénico patio al que daba.

                  “Al demonio con todo aquello”- me dije.

                  Claudio me había dicho que en algunos sitios de la  costa cuando llegaba la temporada estival solía haber trabajo, la gran mayoría del malo, del verdaderamente malo de ese que no pagan y si lo hacen solo pagan la mitad de lo prometido, pero se podía encontrar diversión, me habló de algún puesto de camarero en algún restaurante caro que permitía regresar luego a la ciudad con unos cuantos billetes como para tirar unos meses sin preocupaciones. Pero a quien le importaba servir sándwiches de milanesa o canapés de caviar. Epsis adocnis me repetía yo una y otra vez, en apariencia no significaba nada, pero hasta ese entonces nunca algo había significado tanto para mi.

                  Junté todo lo de mi propiedad, que con libros incluidos  no llegaba repletar dos bolsos deportivos, le dejé una nota a la conocida de Karina diciéndole que ya podía intoxicar a algún otro desprevenido, con respecto a la factura de teléfono le puse en la nota: “Dios te la pague”,  y me fui.

                  Antes de haber emigrado solía ir cuando era niño con mis padres a San Clemente del Tuyu y a Villa Gesell. De aquello había pasado mucho tiempo, pero ambas seguían siendo zonas de veraneo, elegí Villa Gesell porque algunas personas me dijeron que tenía más onda, tanto las chicas de la arena como del bar, la tiza, la serpiente del bebedor que terminé enroscándome en la garganta, mientras me embebí en ese tipo de miel de la ciudad y alcohol de farmacia, laya de ese talante y también el ambiente de la gente como las fondas donde se podía trabajar.

No quería trabajar más que cuando me fui por toda la costa del Atlántico desde Uruguay hasta Guyana Francesa buscando un barco para convertirme en Simbad.

                  Fui a un pequeño hotel que había en la avenida Buenos Aires en pleno centro, cerca de donde paraba cuando era niño. Todo había cambiado, esa zona que otrora estaba entre pinos era en aquel momento un corredor de centros comerciales. 

                  Un primo de mi padre me comentó que mi tío Ernesto, cuando era muy joven había comprado junto con mi abuelo unas tierras en Villa Gesell,  mi abuelo había tenido tiempo de venderlas cuando comenzó el desarrollo turístico , no así mi tío que estaba en otras contingencias. Fui a verlas, parte de estas se expandían justo donde entonces se encontraba la casa redonda, una casa que sería de lo más vulgar si no fuese porque sus paredes estaban dispuestas en efecto, de modo circular y porque todos sus habitantes estaban en la costa para llevar a cabo su particular manera de entender las actividades lucrativas, un muestrario de todas las formas de agenciarse el sustento con picaresca, pequeños hurtos, ventas de substancias prohibidas, y me quedé dos meses atónito observando como si de un circo se tratase toda suerte de timos y algunos vicios, en el mismo sitio donde habían estado las parcelas que ocultaban arena en la sangre, arena en los dientes, que escondían los secretos mejor guardados de unos jóvenes, que una noche conocieron excesos que los condenaron al nunca más en un inicio y a la eternidad a renglón seguido.

Improntas de mi tío y sus amigos que cobraban vida cada período estival, dentro de la casa redonda en diferentes personas a lo largo del tiempo, a través de una cascada de rebeldía, en el sombrío extremo alternativo.

 

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante
15 septiembre 2012 6 15 /09 /septiembre /2012 00:29

 

 

Ciertamente no me entrometo en las cuestiones cotidianas de los ciudadanos de mi país de nacimiento, en el cual hace un tiempo prolongado que no vivo, donde hoy transitan tiempos turbulentos ( cuando no) y espero de todo corazón que el choque sea solo verbal y emocional más cercano al que se da en las plateas de las canchas de fútbol que en el estilo "directo al mentón" de los disertadores de las tribunas. Tanto unos como otros.

Les ha tocado pasar por un país que llegó al nivel más bajo del que se tenga recuerdo tras la misma vieja rapiña protagonizada por diferentes gobiernos, con la participación nada desdeñable de  sus votantes. Luego de conseguir cierta normalidad económica y de desarrollo de la vida cotidiana, a partir de políticas, entre acertadas y bendecidas por la buena ventura en los mercados, parece haber encontrado el final del episodio dulce, la conclusión del primer movimiento. Y todo parece indicar que es el momento de hacer política a lo grande, de hacer barrer igual de bien que cuando estaba recién estrenada a la escoba, en el instante en que empieza a sentirse usada y mostrar ciertos síntomas de desgaste en su no ya tan ceñido haz de paja.

Se verá en la habilidad  mostrada para encontrar terrenos fértiles o vírgenes para avanzar en detrimento  de los otrora certeros golpes de efecto popular, será cuando se compruebe si el proyecto es capaz de sobrevivir al entusiasmo inicial, si cuenta con una estructura firmemente democrática, si en lugar de imponerse por la victoria logra convencer. Todo está por definirse.

Ahora bien, seamos serios ya que no virtuosos, más allá de estas disputas dialécticas, aún cuando es clara la analogía, o el sentido metafórico, con el control a la divisa, o a la gente que viaja fuera del país, o con la posibilidad de una tercera legislatura que podría entenderse como la cuarta, tener la osadía de decir que Argentina se está empezando a parecer a Cuba, es un paralelismo imposible de concertar,  constituye un despropósito que hace aguas hasta por  las bombas de achique.

¿ Existe comparación posible de una afición al poder que se refleje en el intento de modificar la constitución para probar a ser elegido una vez más a través del voto, con por el otro lado el fenómeno de cincuenta y tantos años gobernados por las mismas personas que desde el inicio dejaron claro que su poder es absoluto y que el régimen de gobierno sería llamado oficialmente, Dictadura del Proletariado?.

¿ Tienen idea de lo que significa no haber comido jamás un asado, ni un díscolo trozo de carne pegado a un osamenta que no tocase por la libreta del más exiguo de los abastecimientos?

 ¿No haber podido leer un libro que se saliese de los estrechísimos márgenes y cánones impuestos por un grupo de obsecuentes burócratas , no haber podido opinar absolutamente nada que no fuese una Oda al poder y sus detentores?

Habida cuenta de que cambiar sólo una cantidad determinada de dólares resulta una agresión a los derechos del individuo,  ¿pueden imaginar la pesadumbre de no solo no haber podido cambiar una cantidad de divisas, ni haber tenido restringido el segundo viaje al año, sino no poder tocar con dedos cubanos moneda de cambio internacional durante años bajo riesgo de cárcel por la posesión y diferentes rangos de castigos por comprar un Blue jean con dicha moneda en el mercado negro, único mercado disponible, o no haber podido viajar en cincuenta años si no trataba de un artista disciplinado, un deportista obediente, o un burócrata  de obsecuencia en pureza máxima?.

Y para acabar la comparación ¿ imaginan lo duro que debe ser presenciar que los protagonistas de los cambios que otrora ellos mismos juraron impedir con la vida si fuese necesario, considerando a quienes se atreviesen a plantearlos seres oprobiosos y merecedores de las más rígidas punitivas, que no se les mueva ni un músculo de la cara para donde ayer dijeron: " digo" hoy decir: "Diego"?.

Por respeto a quienes pasaron por aquello con la anuencia de buena parte de las  personalidades progresistas, del mundo de la cultura, la ciencia, la política, salvo honrosas excepciones, que aún después de haber sufrido una variada gama de vejámenes, lejos de recibir la compasión de quienes se supone deberían percibir algún grado de solidaridad, como colofón han tenido que digerir epítetos de escaso espíritu empático, tales como gusanos o escorias.

Lo importante es mantener el estado de las cosas donde se pueda opinar, donde se pueda disentir y donde se respete el espacio ajeno. Argentina parece haber salido de aquella habitación repleta de basura gruesa y estar ahora de frente a la contigua, donde hay costras de mugre bajo el polvo, persistiendo en resistencia y grosor hacia los rincones y bajo los muebles. Acaso haya llegado la hora de conocer el verdadero valor de la ya no tan reluciente escoba.

 Lo de comprender  que de la razón que cada uno cree atesorar hoy al cien por ciento , pasado un  tiempo diferente para cada cual pero inexorable, quedará en un porcentaje irreconocible, corre por cuenta propia; pero es menester aplicarse en su difusión, ya que puede resultar de gran ayuda en la disminución de las dolencias acaecidas en la cuna de las profundas convicciones, en el altar de las grandes ideas.

Por lo pronto yo sólo me manejo con la ligera sensación de que la vida pasa por otros canales, un poco por cultivarse, otro por la persecución de los buenos momentos, y el resto por esas cosas del querer.

 

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7 julio 2012 6 07 /07 /julio /2012 22:08

 

 

Al enterarme que habían condenado al ex dictador Jorge Videla por un ramillete de los más execrables crímenes que se puedan tener idea, como casi todos los que involucran a criaturas, sentí una extraña sensación, no salté de alegría, no puse una botella de frizzante en la nevera, y aunque no estaba frente a un espejo me atrevo a aventurar que ni siquiera sonreí. No me muestro demasiado entusiasta de disfrutar con el daño en niinguna circunstancia que se presente, ni tratándose de esta justa punitiva.
En su lugar me embargó un alivio restaurador, sobre todo esta condena por crímenes cometidos sobre los niños,  recién entonces me di cuenta de manera integral que en efecto el exilio que pasó por encima de mi cabeza fue difícil, como muchas veces escuché decir y me negué a aceptar, quizás con el afán de  reservarme el derecho a un recóndito y genuino pataleo, el día que lo quisiese representar en el modo que mejor me pareciese.  Y me di cuenta  de que aunque no las vivíamos en primera persona como los niños robados de los desaparecidos, a los niños del exilio también se nos hacía participes de no pocas noticias monstruosas, acontecimientos no elaborados para mentes en la búsqueda del atractivo de hacerse adulto y abandonar el nido de la infancia, podíamos escuchar tantas historias de muertos y adoloridos de las charlas entre los mayores, o las leíamos de sus pasquines abandonados en la esquina de un escritorio de hotel, o simplemente nos la comunicaban ellos mismos, que habitualmente las introducíamos en nuestras conversaciones compitiendo con alardes  y bravuconadas  de hasta donde sería capaz cada uno de aguantar la picana y las diversas modalidades de tormentos sin denunciar a los compañeros. -Sin cantar- decíamos.
 Siempre supe que llegada la ocasión, después del primer sopapo, a mi deberían darme unos cuantos más para callarme. Y cuando lo contaba me decían que no podría ser un gran revolucionario, luego el tiempo se encargó de darles toda la razón.
Habitualmente nos implicábamos en estos temas y podíamos pasar horas comparándonos con gente que acababa de morir de manera indescriptible.

Otro tema recurrente entre los niños exiliados de diferentes países que habitaban el hotel donde residíamos en La Habana, era decir por turnos que le haría cada uno a los dictadores que detentaban el poder en nuestros países de proveniencia, los que habían ganado la partida a nuestros padres. Cada uno hacía gala de su más fértil imaginación para adjudicar una muerte proporcional a las brutalidades que cada tirano había perpetrado- “los cortaría en tiritas con una Gillette y les echaría ácido en las heridas“–era la más popular e internacional, “lo metería en una jaula y dejaría que todas sus victimas diesen cuenta de él”- era otra de las recurrentes, los más expeditivos optaban por el fusilamiento, y aquellos más pacientes, que más horas pasaban destripando pajaritos y lagartijas, se inclinaban mayormente a despellejarlos vivos. Nos iba en ello nuestra valía , nuestra convicción en los ideales  más puramente revolucionarios se vería reflejado en la escenificación del tormento más adecuado para acabar con la vida de semejantes sabandijas.

Mi padre estaba preso, y el solo hecho de desearle a alguien la prisión me revolvía el estómago. Yo sentía el deseo de sublevarme  y proclamar que quería ponerlos en una prisión confortable, con atención médica y sicológica, justamente para que se reconociese la diferencia entre la bestialidad y la justicia, entre ellos y nosotros, pero no me atrevía, terminaba sucumbiendo a la carrera de truculencias.  Y para no gustarme era asombrosa la regularidad conque asistía a esas charlas y me esmeraba en mi simulación. Quizás estuviese despellejando a alguien mucho más tangible que a Videla.

Aquellas conversaciones y bravuconadas, definitivamente no eran lo que mejor nos explicaba a ninguno de esos niños ateridos de terror y confusión por la sangre, las pérdidas y las mentiras entre las que vivíamos , pero aquel era el rol del hijo del guerrero.

También teníamos otras charlas y otros amigos sin traumas e infinidad de distintas diversiones. Detesto que nos aprecien como los que buscan tener el copyright del padecimiento, puede parecer que estemos en todo momento preparados para recibir una subvención. Pero el paisaje al asomarnos por la tapia a la vida de adulto, fue indefectiblemente marcado por las desventuras de nuestros mayores y las atrocidades cometidas por sus captores. 

Represores de toda calaña, nacionalidad e ideología.

 
Tendrán tiempo para reflexionar en sus celdas,  de pensar y de conversar, e incluso dado que se dice que los ancianos se convierten en niños, podrán hablar entre ellos en el patio o en el comedor,  de cuanto hubiesen aguantado sin denunciarse los unos a los otros si les hubiesen aplicado la picana que ellos solían administrar.  

Con absoluta sinceridad declaro que deseo, por el bien de sus almas y de las nuestras,  que aprovechen este tiempo para irse de la vida habiendo comprendido aunque sea en parte,  el daño que ocasionaron y habiendo esclarecido todo lo ocurrido y el destino de los niños que faltan por encontrar, así como el de los cuerpos de sus padres; ya que, no puedo imaginar éxito mayor que si alguno de ellos antes de morir, experimentase el verdadero arrepentimiento, ni mayor reto para quienes nos suponemos en un peldaño moral superior, que comprobarlo viendonos en la tesitura de poder otorgarles el perdón.
Por España hubo emoción entre la gente sensible al conocer esa sentencia. Acompañada de una pizca de sana envidia.

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28 mayo 2012 1 28 /05 /mayo /2012 06:39

Salí estrechando la mano del peculiar encargado de cuidar la casa museo de José de San Martín en Boulogne Sur Mer.  Era un empleado de la embajada, un hombre culto y en especial conocedor de la vida del prócer argentino. Nos había explicado delante de cada objeto , en cada habitación cuales y de que modo le habían pertenecido, como los había compartido con su hija Mercedes y con el dueño del edificio que en un principio le alquiló el departamento que ocupaba una planta entera y luego al sentir por él un respeto y simpatía que se tradujo en una especie de autentica amistad, se lo terminó dejando por una mensualidad simbólica. Me contó que el único mueble que de verdad queda de la época, es la cama donde murió el general, acompañado de su hija, todo lo demás se perdió en una inundación que tuvo lugar en el inmueble unas décadas atrás. Incluso tuvimos la dicha de conocer al hombre que consiguió salvar cuadros y objetos de valor flotando entre una habitación y otra, y luego participó en la reconstrucción de la casa. Así era el respeto que los habitantes de Boulogne profesaban al revolucionario sudamericano que encontró la muerte en sus tierras esperando la ocasión para cruzar a Dover, Inglaterra.

Cuando salimos de ahí entre saludos e intercambios de recomendaciones de lecturas con el encargado, aún nos quedaban dos días de estancia en la ciudad, a la que había marcado adrede como parada, en aquel viaje veraniego en coche, planeado desde el norte de España, atravesando Francia hasta el condado de Kent en el sur de Inglaterra sitio al que accederíamos por ferry desde Calais o Boulogne.

Recorrimos los alrededores pero nos centramos en conocer la ciudad en la cual según nos había indicado el amable empleado de la embajada, existía gran devoción por nuestro emblemático héroe nacional, resaltándose especialmente aquel año 2010con eventos y exposiciones por toda la ciudad, ya que era la conmemoración del doscientos aniversario de la independencia argentina.

Aparte de los improvisados para el festejo, pudimos apreciar que no eran pocas las señas que daban fe de la simpatía que la ciudad sentía hacia san Martín, estatuas en lugares representativos y céntricos, nombres de calles, recordatorios varios, nos impresionó ver que lo mencionaban más monumentos que al mismo Napoleón quien también gastó un tiempo en aquella ciudad, a la espera de abordar el vecino país de Inglaterra, aunque con intenciones menos amables que las debió abandonar al perder la armada Invencible española contra los ingleses en Trafalgar, cuando curiosamente a raíz de aquellos enfrentamientos se había enconado el deseo británico de invadir las colonias españolas en América del sur, entre ellas el Río de la Plata, al mando de William Carr Beresford en una de las invasiones.

No me considero nacionalista , chauvinista ni patriota en lo más mínimo, ni me suelo impresionar con los barnices con que se suelen revestir los personajes históricos, por simple desconfianza tengo  la costumbre de aborrecerlos antes que cualquier otra reacción. 

Pero lo que me llevó a visitar nuevamente la casa de San Martín antes de portar nuestros traseros al ferry que nos cruzaría de orilla, fueron dos cosas: la más importante era que no había que pagar nada por la entrada, lo cual en Francia a merced de sus poco módicos precios es de agradecer y la segunda era que en aquellos dos días creció en mi una simpatía por aquel hombre que no habían logrado introducir años de adoctrinamiento escolar e institucional. Había sido un hombre querido en la localidad, dejó el halo del afecto entre sus contemporáneos, yo no olvidaba que estos eran revolucionarios franceses, nada fáciles de impresionar.

Le comenté mi sensación al empleado de la embajada, y nos hicimos más compinches aun, creo que fue la primera vez habiendo vivido la mayoría  de mi vida fuera de mi país, y conociendo las embajadas, en que me sentí como arrullado en la cuna, completamente en mi salsa con aquel natural  acercamiento a mi argentinidad facilitado por una embajada.

De nuevo en la sala de su casa, mirando los cuadros de los combatientes que participaron en los diferentes momentos de la lucha por la independencia argentina, me llamó la atención la imagen de más de un oficial británico, que incluso terminaron siendo gente que compartía un respeto y una profunda amistad con San Martín como Popham, o el mismísimo Beresford, bajo cuyas ordenes combatió en 1812 contra los franceses obteniendo la victoria de Albuera, y que luego se comportó de manera muy amable con el general en el tiempo que este estuvo en Londres intentando lograr que la corona británica reconociese los Estados latinoamericanos, para protegerlos de la posible reconquista española.

Recordé la cantidad de deportes , de usos y costumbres que legaron los británicos a las tradiciones argentinas,  generalmente entre las familias patricias, ya fuese por roce, por deseo de mimesis, o por el atractivo que despertaban entonces. Y también recordé que la mayor colonia de escoceses y galeses fuera de países de habla inglesa es argentina, más precisamente en la Patagonia,  y ello me trajo a la mente las especulaciones del vulgo argentino tiempo atrás, cuando evaluaban las posibilidades de presentar hoy una economía como la de Australia o Nueva Zelanda si las invasiones inglesas hubiesen triunfado y hasta hoy nos hubiese resguardado de las calamidades financieras  la bandera de la Common Wealth. Deducciones que no tenían en cuenta que dadas nuestras características lo más probable es que nos tocase una suerte con más similitudes con la India que con los aussies, y aunque habríamos incorporado el cricket a nuestra lista de costumbres anglo-argentinas, lo más probable es que hubiésemos debido sacrificar la entretenida tradición del mate por la sosa manía del té de las cinco o’clock.

Por aquel entonces no estaba como hoy de moda, el siempre socorrido y oportuno tema de las islas Malvinas, pero pensé en ello y en lo absurdo que me resultaba tanto esfuerzo en el reclamo, más allá de si verdadero o simulado, sobre aquellos islotes, mientras ostentábamos una Historia de fascinación y deseo de ser poseídos por la cultura británica que resultaba cuando menos, algo contradictoria, habiendo llegado incluso la economía Argentina a convertirse en dependiente de Gran Bretaña una vez que fuimos como Nación dueños de nuestro propio destino.

Pero más que sonarme como un chirrido estridente lo hacía en mis oídos con armonía musical, lejos de ver una excepción contranatura en el  manejo de los extremismos por los hombres siempre encuentro un mecanismo lógico, de causa efecto que entroncan casi perfectamente, si no fuese porque el movimiento pendular de los extremos pasionales expresados en términos de amor odio, llegan a cobrarse piezas que dejan cotas de sufrimiento y dolor dificiles de superar.

Al cabo de la despedida y de  las fotos de rigor nos aprestamos entonces sí, a cruzar hacia los acantilados blancos, descubrimos que mientras el grueso de viajeros  suele partir desde Calais, haciendolo desde Boulogne sale a mitad de precio en la misma compañía naviera, y con menos tiempo de espera de embarque y de viaje.

Una vez que dejamos el automóvil en los sótanos del barco, después de una reparadora siesta, pedí en la cafetería una taza de pésimo café inglés de barco, y ya atracando en embarcadero, apoyado en la baranda de proa, pensé que aunque mi cometido en aquella visita difería mucho en trascendencia de los de San Martín y el emperador de Francia, me sentía más a gusto llevando en mis zapatos las reminiscencias de las intenciones amistosas del soñador revolucionario argentino, que sintiendo los dedos de mis pies asomando por los famosos agujeros de los calcetines del pendenciero Bonaparte. 

 

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17 abril 2012 2 17 /04 /abril /2012 02:41

 

 

 

Dos semanas antes de escuchar aquello de que se estaba dispuesto a dar la vida por Galtieri en las Malvinas,  cualquier soldado del Ejército argentino habría merecido por parte de todo militante de izquierdas un severo castigo ejemplar por formar parte de un gobierno que se había dedicado en los últimos años a asesinar, torturar y desaparecer a cuanto progresista de izquierdas se encontrase en el territorio nacional. Aluciné.

  Y me faltaba lo más grueso.

Ya que si bien era cierto que desde que la Unión Soviética había recompensado a la Junta Militar argentina por romper el embargo de grano que había impuesto Estados Unidos, y  el gobierno de Cuba comandado desde el PCUS no hizo la más mínima mención pública repudiando el genocidio que se fraguaba en Argentina a manos de un gobierno fascista, aún no habían caído tan bajo como la URSS  premiando como ellos a la Junta  Militar con la medalla de Lenin a, y a su vez recibiendo la insignia de San Martín en sus charreteras gracias al influjo del poderoso caballero, Don Dinero.

Hasta el dos de Abril de 1982.

Fecha a partir de la cual para la dirigencia cubana, el gobierno del General Leopoldo Fortunato Galtieri, pasó de ser un gobierno sobre el cual era mejor no pronunciarse ni condenar en organismos internacionales, a ser digno de brindarle las mejores tropas de los más aguerridos soldados revolucionarios internacionalistas cubanos, además de apoyo económico restándoselo al ya paupérrimo pueblo isleño, y sellando estas intenciones con sonados y sonoros abrazos de camaradería con el canciller Nicanor Costa Méndez, quien pocos  meses antes aseguraba en público que Argentina no era del Tercer Mundo ya que eran blancos, civilizados y libres del flagelo del marxismo.  

Pero ni siquiera esto explicaba el apoyo repentino de la izquierda argentina y latinoamericana en general al glorioso ejercito comandado por Galtieri.

En Buenos Aires, el 30 de Marzo, tres días antes de que el infame General  diese la orden de tomar las islas habitadas por los Kelpers y colonizadas desde hacía más de un siglo por los ingleses, los mismos a  quienes los patricios les cedieran todas las riquezas del país en la parte continental, había tenido lugar una huelga general  secundada por los trabajadores, con manifestaciones bravías poniendo el pecho ante los fusiles de quienes no dudaban en matar y torturar a todo el que se le opusiese, y tanto este avance del descontento popular como la escasa simpatía, con que contaba ya el régimen en Occidente una vez se concluyó la tarea de la limpieza ideológica, marcaban el camino hacia el retorno a la democracia. Estaba claro después de haber subido Galtieri al poder en lugar de Viola quien sí era partidario de una apertura gradual hacia el civismo, que no habría ningún retorno a los comicios, lo dijo el mismo beodo General en su famosa frase: “ Las urnas están bien guardadas donde están”.

Pero a pesar de la petulancia presentía que alguna de sus pesadillas podía estar por dar el salto a la vigilia, y decidió unificar a la mayor cantidad de personas posibles, apelando al  sentimiento más al alcance de la mano de los dictadores de todas las épocas: La amenaza extranjera.

Claro que en este caso no midió bien el enemigo que se buscó para la puesta en escena de su obra bufa. Si bien podía parecer  acertada la elección porque históricamente había habido episodios de derramamiento de sangre entre ambas naciones, lo cierto es que la desaconsejaban dos razones de peso.  Reino Unido poseía la Royal Navy una fuerza militar invicta, y si esto fuese poco, también porque pertenecía a la OTAN y a la Comunidad Europea una combinación de poderío económico y militar ciertamente a tener en cuenta.

A ambos mandatarios les resultó un nada despreciable instrumento para desviar la atención de sus pueblos. Thatcher precisaba maquillar su política de desmantelamiento del estado de bienestar británico y aplacar sus constantes enfrentamientos con la clase obrera, sobre todo con los mineros. Y Galtieri para unir a todas las gargantas al grito de : Viva Argentina, a cuatro años de que se obtuviese aquel grito en la Copa del Mundo de fútbol.

Los hechos demostraron que fue un error militar, y que del lado británico estaba dispuesto a entrar en combate incluso un príncipe, mientras que del lado argentino era de esperar que unos oficiales que aún conservaban las manos manchadas de sangre de jóvenes estudiantes arrojados al río luego de meses de torturas, no estuviesen del todo dispuestos a batirse el cobre de igual a igual con la Royal Navy. El resto es un capítulo de la Historia, que habla de donaciones hurtadas, de claudicaciones y arrugues, de abandonos a valerosos soldados rasos que no es grato aunque sí recomendable recordar.

Lo cierto es que aquellos trozos de rocas inhóspitos, habitados por un puñado de atrevidos que desafiaban los vientos constantes y la humedad extrema, no les había interesado a nadie excepto a aquellos  intrépidos habitantes, los Kelpers, en mi criterio los únicos con poder para decidir por quienes deberían ser gobernados.

Las islas pasaron a ser argentinas por el automático hecho de que todo lo que había pertenecido a España , tras la declaración de independencia pasaba a ser propiedad de Argentina, pero en aquellos islotes no tenía morada fija ningún ser humano, y casi ninguno viviente.  La historia Argentina con Inglaterra es curiosa, desde que se avistó la posibilidad de declarar la independencia se procuró por todos los medios que la corona británica reconociese al Río de la Plata, ya que ello impediría que fuese recuperada nuevamente por España o invadida por otra metrópolis europea, sin perder de vista que poseer un protector que encabezaba la revolución industrial y mandaba en el mundo de las finanzas podría significar cobrarse dos piezas con un solo proyectil.

Al cabo de un análisis desinteresado, podría ser considerado colonialismo cualquier nación que se hiciese con el control de aquellos dos islotes, ya que había que enviar allí colonos. Convencer a gente proveniente de otro sitio que no fuese del norte de las mojadas y grises islas británicas habría resultado una tarea casi tan mastodóntica como acostumbrarse luego a vivir en ellas. Fueron habitadas pues por colonos escoceses e ingleses que trabajaron durante generaciones la lana de las ovejas que allí se esquilaban y se enviaba a la metrópoli igual que se hacía con el grueso de la lana de Argentina continental en cantidades exponencialmente mayores, sin despertar el más mínimo prurito nacionalista de los gobernantes patrios.

Llegó a escribir Arturo Jauretche que las ovejas del sur argentino, eran las ovejas más panzonas del mundo, ya que casi toda la lana que se declaraba para exportar era del vientre, una lana que pagaba impuestos más bajos que la extraída del lomo. Y nada de esto molestó demasiado a los bien informados y recompensados encargados de la tan cacareada soberanía.

 Hoy hace treinta años de aquella absurda guerra. Hay quien todavía se enoja con los británicos que acorde a su espíritu bromista  dicen que los argentinos deberíamos estar agradecidos de la guerra de las Malvinas ya que aceleró el final de la dictadura. Coincido con lo del buen humor.

Pienso en que duda le podría caber a una persona si, aun sin ser un Kelper con lengua y antepasados ingleses, sino un descendiente de españoles como los primeros criollos, le propusiesen que eligiese libremente a que país preferiría  pertenecer, si la dictadura de Galtieri, con su sistema de salud, de garantías en derechos humanos, con su posición económica, o a la que era la segunda economía mundial, con el mejor sistema de salud de todos los tiempos, y unas garantías político sociales inéditas fuera de Gran Bretaña. 

Hoy existe otro panorama. Argentina procura estar a cargo de la administración de las islas por una cuestión estratégica y también por su importancia en recursos marinos. Solo si es presentado así podría entender su justa reclamación pacifica, prescindiendo esta vez de la utilización de las emociones en lugar de la frialdad de la razón.

En el continente existe un inglés que es dueño de un trozo de tierra que es unas once veces mayor que las Malvinas y las ganancias que le dejan son infinitamente superiores.  Pero expropiárselo no solo no es buen negocio porque no aglutinaría a nadie, los pondría en contra ya que muchos perderían sus trabajos, sino que además este inglés , como casi todos los que han esquilmado la Argentina, no tomaron la Patagonia con cañones, a través del mal gusto de la fuerza.

Sino que colonizaron aquellas enormes extensiones, con las ovejas más panzonas de todos los tiempos.

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29 febrero 2012 3 29 /02 /febrero /2012 01:47

 

 

Al poco de regresar a Buenos Aires,se me hacía pesada la relación familiar, y era lógico yo ya tenía veinte años, y mucha necesidad de vivir solo, de modo que me fui a una pensión del barrio de Flores, de habitaciones de madera noble y escaleras anchas, y una señora de  peinados y costumbres tan antiguas como reconfortantes que oficiaba como anfitriona solía repetir:  

_ "Todos tenemos algún defecto, no ocurre igual con las vitudes".  

Yo había decidido dejar de beber, y lo estaba cumpliendo sin ayuda de fármacos ni de grupos de apoyo. Debo decir que hasta la fecha llevaba tres años bebiendo al más alto nivel, pero mi cuerpo era joven y la afición aún no me había minado el físico de manera tal de no poder detenerla por un tiempo. Le pagaba por habitación y desayuno, pero todas las noches me traía una sopa o un sandwich, decía que yo le recordaba no sé que pariente, con elcual por lo visto se llevaba muy bien. Solía bloquear los bolsillos y destrabar la bragueta al escuchar cualquier elogio a mi persona, y sabe Dios devorador que entonces nada me habría gustado más, pero aquel no era el caso, al menos no sin mayor decoro en el cortejo. Guardaba apariencia antigua, pero no presentaba aspecto de vieja, su figura esbelta, la fuerza de su mirada y el sinuoso e impreciso talle de sus vestidos, dejaban presagiar sorpresas más bien agradables bajo aquellas prendas, aunque aquellos patitos solo navegaban sobre las aguas de mis lagunas mentales.
En aquel sitio después de las horas de trabajo, me sentía con una libertad inmensa, leí toda la obra de Shakespeare traducida al castellano en volúmenes de Ediciones Cubanas, bajo los títulos de Dramas históricos, Tragedias y Comedias, solo me dejé para más tarde los sonetos. Así fue que me enamoré para siempre de la literatura de Shakespeare, porque aún cuando había pasado tanto tiempo y procedía de un sitio tan disímil del mío culturalmente, hablaba con un lenguaje atemporal de los problemas universales, de los asuntos de todas las personas, que parecía escrito por un compatriota contemporáneo atravesano las ciudades y los campos con una mochila al hombro y observando todo a su paso, solo que de una calidad literaria que convertía en imposible esa contemporaneidad, porque solo había habido uno tan bueno y había escrito mucho tiempo atrás en la nubosa Inglaterra. 
En aquellos días compré mi primera walkman, era roja y me pasaba el tiempo libre con música en el oído y libros en la mano, le di un poco de descanso al rock para empezar a escuchar jazz, blues y música clásica. Me pasó con Beethoven lo mismo que con Shakespeare. La sopa de la anfitriona era realmente exquisita.
Mozart es para mi la belleza en las formas, la gracia , la variedad inagotable, el trino el gemido del orgasmo y el salto por la ventana de la morada de la adúltera; Bach sin embargo era el reposo, la belleza del contenido, el olfato, el tacto con el anverso de la mano, la caricia del aire tenue, la tibieza del sol comedido, la suavidad del terciopelo y el descanso en el cuello mullido, pero Beethoven era el toro, era el rayo, el trueno, la ola gigante de mis pesadillas y el barco inmenso de mis sueños, era el crepitar del fuego, la copula entera, la pelea a puñetazos, el galope, el disparo en la batalla, el petate del caminante silencioso, del hombre que asumía riesgos; también era el herido, el perdedor, el malquerido, el difamado, el desterrado, el borracho, Beethoven era un semidios veterano más sabio que el Dios Bach y más fuerte que el brillante arcángel Mozart.
 

Las sopas de la anciana, la madera de su casa en medio de mi abstinencia, las palabras de William y el piano de Ludwig, quedaron atrapados dentro de mi, no muy lejos de los blues, donde atesoro mis defectos favoritos.  

 

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