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7 septiembre 2013 6 07 /09 /septiembre /2013 20:26

 

 

En mayo de este año 2013 murió el primer inmigrante al que se le negó la asistencia médica en España por carecer de papeles.

La realidad no ha progresado hacia una mejoría sino lo contrario, el grueso de los que posibilitaron el falso milagro español de hasta hace tan sólo un lustro, la mano de obra inmigrante ha quedado a merced de la buena salud que sus metabolismos le deparen.

Incluso la sanidad pública para atender a los españoles se está deteriorando a pasos agigantados, de manera deliberada con la finalidad permitir entrar en escena a las compañías privadas para que gestionen Ambulatorios y Hospitales.

Hace un buen manojo de años fui a Londres por primera vez invitado por mi amiga Gladys, con quien me encontraba en Viena ayudándola a deshacerse de los objetos menos fáciles de dejar atrás, que había compartido con su recientemente difunto esposo, amante y amigo de toda su vida, Juan, quien había fallecido en aquella ciudad al cabo de una vida pelna y una enfermedad tan intrusa como inoportuna.

Ella me dijo "te quiero invitar a una de las dos joyas de Europa, París o Londres, elige". Desde pequeño hay algo que me subyuga de la cultura inglesa, aunque sólo fuese por aquellos paseos de la infancia por el Dock del puerto porteño con mi tía Celia buscando buenos paisajes para pintar, por el sedimento que me dejó la película Yellow Submarine de los Beatles, por los libros de Dickens o por los tres.

Por aquellos tiempos Gladys me había enseñado el corazón de Europa. Habíamos ido al sur de Austria con nuestro amigo Slava, tuvimos un accidente automovilístico en una carretera cercana a Piran, un pueblo del mar Adriático esloveno,  en el accidente el coche pegó contra la valla de metal que bordeaba la ladera de la colina, y si bien nos salvó de despeñarnos y dejar nuestros huesos allí, los eslovenos consideraron que debíamos hacernos cargo de la reparación, ya que no íbamos con un seguro internacional que cubriese Eslovenia.  Gladys es abogada y se las arregló con su italiano, alemán y francés amalgamandolos y batallando contra la lengua que hablan en Lubjiana y el desentendimiento que aposta exhibían los policías eslovenos, buscando evitar que a Slava le exigiesen algo más que el pesar de aparecerse en Viena de regreso con el BMW hecho un acordeón, y no poder devolvérselo al amigo ruso que se lo había prestado recomendándole muy encarecidamente que lo cuidase como a un bebé.  Increíblemente al cabo de casi todo un día de idas y venidas por carreteras, pueblos, estaciones de policías y juzgados ignotos, sin hablar una palabra de aquella jerigonza,  sin tener el título homologado y sin pasar por alto el detalle de la nada nimia misoginia de aquellos días previos a la guerra de los Balcanes, Gladys con su Esperanto consiguió que no le pusiesen multa alguna y que permitiesen irse a Slava sin ningún cargo, aunque el coche debió quedar en suelo esloveno.

Mientras tanto yo los esperé en el pueblo de Piran intentando relajar la inquietud en las aguas cristalinas del Adriático. Llegaron de noche pero Slava tuvo que regresar en tren a Viena para regesar a su trabajo y comunicar a su amigo la pérdida del bebé. 

Pasamos unos días en Lubjiana y luego nos adentramos con un autobús en Italia a través de Trieste,  la ciudad donde había vivido Joyce, en aquel entonces yo valoraba los sitios según hubiesen sido mencionados en obras literarias, cinematográficas o musicales, o donde hubiesen morado artistas de mi agrado, excepto en ciudades como Venecia donde fuimos a continuación porque ¿quién no había vivido, escrito, pintado o filmado en Venecia? Gladys conocía la ciudad de tal manera, que después de dejar las cosas en las habitaciones, me invitó a una caminata descubriendo sus calles, el puente del Rialto, la Galería de la Academia, para al final meternos por un estrecho callejón y  sacarme por sorpresa de frente a la Plaza de San Marcos, la cual considero propiedad de el Canaletto. Cuando recuperé el aliento me senté en un banquito a tomar un café y pensé: estoy en la guinda del pastel.

 

Mi amiga me había enseñado grandes libros, grandes escritores, habíamos pasado eternas horas hablando de  literatura, de cine, de música, de pintura, pero también de juegos, de manías, de obsesiones, de viajes, de costumbres, de familias y de insomnios.  Se podía decir que me conocía bien, y aún cuando sabía que casi todas las formas que me seducían se ajustaban mucho al patrón estético que rige la mayor cantidad de las cosas y las costumbres francesas, también había un prurito que me impedía aceptar, de manera tan diáfana y sencilla el carácter de patrón, que tenía todo lo relacionado con París y las historias que a lo largo del tiempo concitó y que suscitó.

Me gustaba decir: “Pues a mi París no me interesa en lo más mínimo” como si de ese modo sugiriese que en mi interior yo atesoraba el conocimiento de un glamour y un charme mucho mayor.  Sin embargo me costaba muy poco reconocerme subyugado por Londres y sus significantes en la confusa madeja que conformaba mi universo. Quizás también porque Gladys y buena parte de mis amigos, familiares  y conocidos se rendían ante la sola mención de París, sin mostrar el mínimo pudor, aceptando que cualquier cosa allí estaba por encima, a años luz de que nosotros podríamos ofrecer, producir e incluso saber disfrutar de modo integral. También acaso porque yo nunca había estado allí y me placía ofrecer una tozuda resistencia, "a mi no me seducen esas lucecitas de colores, yo soy más de los ladrillos a la vista y las monturas incómodas".

¡ Londres!-dije sin siquiera pensarlo.

Y la verdad es que nunca me arrepentí de haber aceptado ese regalo, aún cuando en la entrada el agente de inmigración me tuvo una largo rato con preguntas amables pero poco inteligentes acerca de mis intenciones de visitar suelo británico, ya que Londres continúa siendo la ciudad en que mejor me siento de Europa, siendo que en lo referente al equilibrio social, a la expansión de la burguesía, a la abolición de la monarquía esté más en la línea francesa, dado un eventual contraste de opciones .

La primer noche que pasé en Londres no pude dormir a causa de un dolor de muelas, pero en la segunda noche el dolor de muelas dio lugar al asma, y entonces pude apreciar lo que era el sistema de asistencia social inglés. Acudí a un Hospital cercano a la estación de metro Gloucester Road, e inmediatamente tomaron mi nombre, el número de mi pasaporte argentino y me dieron un pijama y me asignaron una camilla donde sin perder tiempo comenzaron a aplicarme salbutamol inhalado, seguido de suero en vena, y de un par de horas en reposo. Al terminar me preguntaron si tenía dinero para regresar al Hotel, si no lo hubiese tenido me lo habrían proveído en una ventanilla para tal efecto.

Nunca en mi vida había recibido una atención semejante, no sólo en calidad sino en calidez humana de los médicos y enfermeros. Se acercaron varias veces a preguntar y a hacer bromas. Me dejaron ir en cuanto me sentí mejor y me dieron de manera gratuita un Ventolin y unas pastillas. Gladys me esperaba fuera, y después volvimos al hotel, y luego a Viena y más tarde yo regresé a Buenos Aires, Slava se convirtió en un gran fotógrafo,  años más tarde me presentó una amiga suya  que es la madre de mi segundo hijo y mi actual esposa,  nos hemos encontrado en varias ciudades del mundo después de aquellos meses de hace tantos años.

En el recuerdo siempre quedará aquel como uno de los viajes de mi vida.

En sucesivas veces que visité el reino Unido, requerí igualmente de atención médica por la misma razón, la combinación del asma con una humedad extrema que desciende hasta pegarse al suelo. Y siempre encontré la misma atención, y siempre me he ido de los distintos hospitales con los medicamentos y sin pagar ni un penique. En Irlanda incluso me dieron una receta y cuando fui a la farmacia a comprar el remedio, no me lo cobraron.

Era una salud de uso gratuito incluso para extranjeros extra comunitarios,  de fuera de la Common Wealth, tan lejanos y hostiles como podría ser en apariencia un argentino, aunque lo segundo más inglés que hay después del té de las cinco es un atildado caballero de las pampas.

Conocí esa formidable organización social en torno a la salud pública, incluso una vez que Thatcher ya había destrozado una gran parte de sus históricos logros, y aún así nunca he visto algo semejante. Sin embargo todavía hoy hay quienes se preguntan por qué las personas que forman los pueblos de la Common Wealth y las colonias continúan optando por estar dentro de la órbita británica.

Y vistas las intenciones de los patrioteros del toro y la bandera, el resto del mundo estará haciendo cola.

 

 

 

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Published by martinguevara - en Europa Aorta
26 julio 2013 5 26 /07 /julio /2013 01:43

 

 

 

Una catástrofe de las características de la tragedia ferroviaria que tuvo lugar en Santiago de Compostela, pone a prueba el morbo de la sociedad, la atracción enigmática de ese tipo de noticias es perturbadora y resulta no poco perversa.

Permite representar una forma abstracta de aflicción. Ochenta muertos desconocidos hacen que un presidente , dos reyes, cuarenta políticos y tres ardientes lagartos se desplacen con celeridad y gesto adusto al lugar de los hechos, que las emisoras de radio y televisión consternadas hablen del caso con la voz entrecortada por el exabrupto de un sollozo que nunca cuaja, que luchen por la primicia locutores con pañuelo en mano, con la voz frágil entre publicidad y publicidad.
Eso sí, aclarando antes de que ni siquiera tenga lugar una investigación profesional al respecto, que todo es culpa del señor maquinista, una persona preparada al detalle, experimentada, concienzudamente vigilada, que por el arrebato de no perder el "bonus" que les dan por llegar a tiempo, aceleró a 190 kilómetros por hora al entrar a peligrosa una curva y a cinco kilómetros de la estación final. O sea concluyendo en un "pis pas" que repentinamente el diestro chofer se volvió completamente loco.
Y número dos, pero de ningún modo menos importante, aclarando también que aunque el tren se parecía al AVE ( Alta Velocidad España, a la sazón el negocio que el país está exportando al mundo con notable éxito en tiempo en que ni el cardo germina por los suelos del Quijote), aunque era familia directa suya, y corría por su mismo ancho de vía, el tren en realidad no era AVE, sino que era ALVIA. Aclarando que no pertenecía a esa raza de traslados confortables, puntuales y veloces que España exporta al mundo. 
Si bien hay que reconocer que a todos nos impactan más esos ochenta muertos juntos en un episodio de tal dimensión, así como los relatos de quienes asistieron al desastre, que si somos informados de cuarenta accidentes donde perecen por separado la misma cantidad de personas, con las mismas cantidades de penurias sembradas en las existencias de sus parientes, y con infinitamente menos resonancia mediática, con sepelios a los cuales no acude ni el ayudante del alcalde del pueblo, ni siquiera el vigilante nocturno del barrio. 
Ochenta fallecidos tan desconocidos para los sufrientes del paripé mediático y mediatizado, como la suma de los fallecidos por accidentes de tráfico en períodos vacacionales como Semana Santa. 
El dolor es algo personal e intransferible, los afectados pueden y deben estar acompañados, pero ¿ qué hace un Rey rondando ese dolor? ¿ y por qué la prensa habla más de un presidente y unos ministros que van al lugar de los hechos a hacerse una foto de condolidos, en lugar de hablar de cada una de las víctimas y la manera de mitigar las penurias que atravesarán desde este preciso instante? ¿ Por qué en vez de ese gesto atormentado, de ese pañuelo cercano, de ese ademán cabizbajo, el político de turno no cesa su empeño de poner en marcha leyes y sancionar medidas que devalúan, mellan y van en detrimento de la calidad de lo público? que será al fin y al cabo lo que quienes queden heridos en la carne y en el alma necesitarán de ahora en más.
Lo precisarán tanto en el momento de la foto como cuando haya pasado toda esta representación histriónica del dolor en los altos cargos públicos y los medios de comunicación, esta competencia por demostrar a quien le acongoja y le consterna más la pena de esas pobres familias. 
En lugar de ir a palmear el hombro de algún pariente derrumbado, acariciar el grasiento pelo de algún plebeyo con el pulmón agujereado, ¿ por qué no los ayudan aportando, como mínimo, los emolumentos de un año ? Sólo los de un año.
La mayoría de los medios hoy hacía más énfasis en el pretendido deber cumplido de los poderosos, de los figurines, de los súper stars para con la amasijada plebe y su prole, que en guardar un decoroso silencio y mostrar una pizca de buen gusto y respeto. 
Me temo que cualquier resultado de una seria investigación en el terreno está condenada de antemano a dormir en un cajón intangible. En el mismo aparador donde desapareció la verdad del caso del siniestro de Spanair.

Parece ser que todo es gas.

Pero entonces aparece en escena toda esa masa de gente anónima, a la que al igual que a las víctimas nunca se les concede el protagonismo, pero están en primera línea prestos a ayudar para lo que se precise, los que nunca brillan hasta que se los necesita, los médicos, el personal sanitario, bomberos, la gente de toda índole, condición y ralea haciendo colas interminables para ofrecer sangre, muchos de ellos en paro, muchos de ellos ninguneados y pisoteados en cada recodo complicado del camino, gente que no experimenta la menor duda en el momento de arriesgar su vida para ayudar al prójimo. 

Ese es el capital de España, el espíritu que la hace especial y humana en las ocasiones en que se precisa. La misma masa adormilada frente a los abusos de los dilapidadores, es la que pega un rebote y se activa de manera altruista, cada vez que se la requiere. Pero al final la masa no cuenta, el obtetivo de la cámara capta mejor al individuo.

Y entonces todo es gas.

Gas.

 

 

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Published by martinguevara - en Europa Aorta
7 mayo 2013 2 07 /05 /mayo /2013 14:11

 

Dentro de 200 años, como ocurre con todo, nos estudiarán en las cátedras. Cuando vean estos episodios de corrupción, opacidad e impunidad como el de Bárcenas, el de Camps inocente, el de Ana Mato corrupta como Ministra, y un extensísimo etcétera, se pondrán a observar y analizar los hechos. 
Verán el caso de un matrimonio que firmaban ambos como apoderados de un Instituto que se enriqueció de manera exponencial, matrimonio que no se habían separado en todos esos años más de dos días, y quienes vivían de manera ostentosa en los perores momentos de la economía española no producto de los beneficios de sus trabajos, sino a través de presuntos delitos de gravedad, firmando ambos dos, todos y cada uno de los documentos que les permitían realizar sus presuntas estafas. 
Y luego estudiarán que ese caso, con muchas más pruebas para encarcelarlos que a los 70.000 presos comunes que había entonces en las cárceles, se estiró de manera inconcebible, y al final de un carpetazo eximieron de toda culpa o sospecha a uno de los dos implicados. 
A la esposa. A renglón seguido leerán que ella era la hija del Rey Borbón y dirán lógicamente:
¿ A quién se le ocurría tolerar y permitir que la jefatura de Estado, estuviese únicamente condicionada por el éxito en la cópula y la posterior fecundación del óvulo de los sempiternos Borbones, y acto seguido pretender que no estuviesen entre las preferencias de sus majestades, las posesiones de riquezas obtenidas mediante cualquier medio que no fuese el esfuerzo, el sacrificio personal, ni por supuesto el trabajo?
¿ Qué les darían a cambio al pueblo para que tolerase semejante tomadura de pelo? 
Y entonces será cuando sentiremos la vergüenza del peso de la Historia.
Pero en honor a la verdad, lo más probable es que esto sea producto de mis deseos en lugar del más elemental y austero análisis. Si la contemplación del pasado sugiere una tendencia para el futuro, lo más probable es que dentro de dos siglos se pregunten lo siguiente:
¿ A quién se le podía ocurrir que en España se podría encarcelar alguna vez a algún respetable y notable representante de las clases adineradas por un pintoresco desliz de guante blanco, ni siquiera a algún corrupto de enjundia, pero más que nada quién en su sano juicio pudo blandir la osadía de esperar ver alguna vez entre rejas a un Borbón, seña y santo de nuestra transparencia, del honor y de la tradición ibérica?

 

 

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16 abril 2013 2 16 /04 /abril /2013 21:05

 

 

En el caso de las elecciones de Venezuela no concuerdo en absoluto con los detractores del castrismo. Cuba es una dictadura de la más concentrada pureza, donde no ha habido ni una sola elección, ni una sola consulta popular de ninguna especie de decisión, ni importante ni efímera, donde todo se hizo a golpe de dictados de un poder en torno a un hombre que ido cambiando de ideología según los mecenas que se prestasen a su manutención. Donde se  encarceló, fusiló o se mandó al exilio a todos los opositores en un principio. Donde se ha prohibido a todo cubano viajar libremente por el mundo, y opinar de un modo diferente a los lineamientos del líder máximo. Pero que por otro lado dicho autoritarismo desterró totalmente el analfabetismo, el crimen organizado, la violencia delincuencial, la miseria infantil, a diferencia de Venezuela.  Cuentan con algunos puntos en común como la nariz y el codo, más relacionados con los barnices con que han recubierto  sus respectivos discursos en la última década, que en cualquier otro aspecto de la realidad objetiva. Decir que Cuba y Venezuela son la misma cosa sería tan  acertado como decir que Marx y Engels han sido idénticos a Pol Pot y Ieng Sari porque en ambos casos se autodenominaban comunistas.

 Chávez se refrendó en las urnas más veces que cualquier presidente de las democracias occidentales. Simplemente usó las reglas del juego que el mundo occidental jugaba y de las cuales adolecía el segundo mundo.
No hay comicios más auditados que aquellos de los países en que de alguna manera, aunque casi siempre mediante la demagogia, se incomoda al gran capital internacional. En la Historia de América Latina se sucedían y suceden infinidad de trampas electorales y nunca un periódico europeo ni norteamericano estuvo tan atento a los resultados, muy por el contrario encubrían y encubren cualquier mal procedimiento que beneficiase a las grandes oligarquías que defienden los intereses económicos de algunas transnacionales. 
Ocurre permanentemente en África y les importa un pepino porque son gobiernos literalmente "comprados", pero ni bien entran en colisión con la gran patronal internacional, todo tipo de sospechas recaen sobre ellos y se ciernen en torno a las urnas los cuervos, buscando más la rendija por donde poder colar la duda en caso de que aquellos resulten victoriosos, que las garantías de buenos procedimientos. Pero precisamente es esta obsesión lo que las convierte en las elecciones más inspeccionadas. 
Luego si resulta salir un Allende deja de gustarles todo lo que la democracia puede deparar, si es un Chávez les gusta un poco más porque es un perfil menos serio, más humo de feria, ruido de artificios, pero no les termina de agradar del todo, cosa que dicho sea de paso a mi tampoco, pero no porque hubiese dotado de un poco de dignidad y algo de comer a los pobres, tan despreciados por la oligarquía de aquel y de tantos países sino más bien al contrario, quizás precisamente eso sería lo único que me gustaría.
 
Ahora bien, conviene  tener claro que ni Maduro es Chávez, ni Capriles la herencia de aquella oligarquía rancia antipopular. 

No soy de sentirme atraído por propuesta alguna de ningún tipo de poderosos, considero a los individuos que precisan concentrar mucho poder como parte del mismo conjunto, cualquiera que sea el disfraz ideológico que escoja para participar en este gran carnaval.
En España país con vitola del primer mundo desarrollado, todo lo que ha hecho el gobierno electo en las urnas desde que asumió el poder, va en sentido contrario a lo prometido, constituyendo una estafa en toda regla, algo que sujetos a la lógica, debería ser punible con cárcel y con cese inmediato del acuerdo tácito que implica el contrato electoral. Se le hurta, roba, esquila, pela, rapa, lo poco que le queda a los trabajadores para cedérselo a los bancos.
O sea que una actitud civilizada pasaría por tragarse sin chistar a un gobierno que no ha cumplido ni una sola de sus promesa a excepción de endurecer la ley del aborto, y por el contrario causa daño a toda la clase media en beneficio de los culpables de esta Gran Estafa eufemísticamente llamada "crisis", que está minado por la corrupción en todas sus instituciones, con personas del partido de gobierno inmersas en procesos judiciales por presuntos casos de corrupción, que incluso cuenta con una jefatura de Estado gestionada por una monarquía, que aparte de su deterioro, se decide única, exclusiva y sencillamente a través de la cópula y la fecundación, como toda muestra de exquisita sofisticación europea.
Sin embargo resulta que el centro de la desconfianza universal acerca de la poca transparencia democrática, es el legado de un tal Chávez, que por más reprobable que resulte, al menos a sus votantes no los defraudó en lo esencial, ¿ Estamos desde Occidente en condiciones de dictar cátedra de decencia, de claridad , de transparencia? 

Esta no es la forma en que Occidente sedujo al hombre necesitado de normas para una vida civilizada en cierto marco de paz y progreso.
¡Por favor!
Dediquémonos a arreglar nuestro patio y a barrer bajo nuestras alfombras, que en materia de orden y de seriedad estamos a años luz de poder darle consejos a nadie.

 

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8 abril 2013 1 08 /04 /abril /2013 19:25

 

 

Hoy murió Sara Montiel, la Rita Hayworth española, más que Rita , era Sarita.

Nació María Antonia Abad, de una familia muy humilde de Castilla la Mancha, estaba marcada para el mundo del escenario, del show, de la vida licenciosa, de la manera más intensa y vivaz de ofender a lo más retrógrado de la aplicación en la realidad del pensamiento tradicional, que supuso el franquismo. Musa de innumerables poetas, le atraían los ambientes intelectuales y dentro de ellos, los hombres mayores, vivió en México rodeada de parte de la crema intelectual del siglo XX, Neruda, León Felipe, Octavio Paz.

 Amante de Hemingway, Severo Ochoa, o musa de poetas de su época, compañera de reparto de Gary Cooper,  hizo su fortuna en Hollywood, donde firmaba contratos por un millón de dólares por película en los años cincuenta.

Escandalizó a la pacatisima sociedad española del post franquismo por su sinceridad para hablar de las relaciones amorosas que mantenía, por su transparencia para admitir que le gustaban los hombres casados, aunque aclarando no sin ironía que siempre mostrando respeto hacia sus esposas, y por la declaración en una entrevista que concedió a Vázquez Montalbán:

_Yo soy socialista,  como toda mi familia.

Y cuenta que no fueron ambos a la cárcel franquista de milagro. Todas las mujeres copiaban sus peinados. Se convirtió como Liz Taylor en un símbolo de la Diva con carácter, y de la misma manera fue adoptada en secreto como icono de la dispersa comunidad gay, como elemento fetiche que en algún punto los unía en las extremidades de la diversión y el terror , de la alegría y el llanto de aquellos años tan oscuros para la exposición  y libre expresión de tal condición.

Sarita Montiel, quien hasta sus 84 años seguía diciendo que ella nunca fue al supermercado, que no conocía la diferencia entre un chuletón de buey de Avila y una pechuga de pollo, hasta el momento en que los probaba con sus papilas gustativas. Dictó cátedra de estrella en España sin olvidar una bien tallada dignidad y autenticidad que hoy se echa de menos como una Seven Up helada en una tarde al solcito en el medio del Sahara.

 A Sarita se la recordará con una sonrisa en los semblantes de los hombres y mujeres de edad madura en el mundo hispanoparlante, entre los programas de televisión de tipo rosa, y en algunos sectores ya ancianos, de la izquierda anti franquista.

Hoy murió otra celebridad. La  diva de los actuales neo cons, musa del Tea Party, la quintaesencia de los Tories más recalcitrantemente conservadores.

Se fue Margaret Thatcher.

Hija de un tendero inglés, Margaret Hilda Roberts, terminó convirtiéndose a partir de una voluntad férrea, énfasis en el autocontrol y gran capacidad de trabajo, en una de las artífices directas del triunfo del capitalismo, en una vena conectada directamente a la arteria del también británico Adam Smith, que proveyó la sangre necesaria en el momento que más lo necesitaba la sociedad del mercado. 

El hecho de que su mandato de once años al frente del Reino Unido, sólo superado por Lord Liverpool, haya coincidido con el derrumbamiento de la URSS no sólo fue una coincidencia histórica, sino que su aporte fue fundamental junto al de Reagan para permitir dar los pasos del fin de la Guerra fría, la caída del comunismo como sistema alternativo al capitalismo occidental. Aunque se puede admitir que la prensa occidental dio mucha más importancia a estos dos actores de lo que en realidad tuvieron en dichos acontecimientos nada fortuitos, la URSS cayó casi exclusivamente por su propio peso, por el peor manejo y administración que se tiene noticia de tal renta histórica y semejante margen que dejaron el derrocamiento del zarismo.

Lo que sí se le podrá deber a Margaret Thatcher en todo caso,  será la depauperación, el empobrecimiento del sistema de Salud Pública en el Reino Unido, de la minería en Inglaterra, Gales y Escocia, del entramado ferroviario británico, y la perpetuación de la desconfianza cuando no del odio entre los partidarios de la independencia de Irlanda del Norte con sus detractores, tanto ingleses como irlandeses de la Orden de Orange.

Donde es bastante probable que no se la vaya a recordar con demasiadas muestras de afecto, será en Argentina.  Donde ni los partidarios de reclamar, ni los detractores, ni los indiferentes ante los colores de la enseña nacional que termine flameando en las dos o tres astas para bandera enclavadas en aquellas rocosidades del Atlántico Sur llamadas Islas Malvinas por unos y Falkland Islands por otros, olvidarán la excesiva crueldad con que se aplicó una vez concluida la innecesaria contienda bélica, que reactivó su credibilidad en unas elecciones que ya tenía perdidas.

 Hoy murieron dos damas del siglo XX. Ambas fueron auténticas. Pero sólo se me dibuja una sonrisa en el semblante al pensar en una de ellas, la que vivió la vida a fondo brindando a la gente más alegrías que otra cosa.  

 

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Published by martinguevara - en Europa Aorta
5 febrero 2013 2 05 /02 /febrero /2013 14:36

 

No tenemos mucho más que lo que podemos mantener, soportar, que aquello que estamos dispuestos a gestionar. 
En los últimos veinte años he modificado, limado, amoldado casi todas las aristas de las costumbres que había incorporado tras coquetear con la marginalidad y practicar no sin placer, la evasión de todo tipo de obligación ciudadana, la comisión de contravenciones contenidas en la amplia gama del muestrario de la picaresca popular. Llegué a hilar tan fino en mi afán de convetirme en buen ciudadano, que no tengo ni el más minimo impago en más de quince años, saldé todas mis deudas y llevo años siendo fuente de solución de problemas de mi alrededor. Hago frente a todas las cuentas, todos mis trabajos rinden impuestos, entiendo que hay que pagar algo si queremos que luego cuando seamos poco más que un conjunto de arrugas nos atiendan como es debido, las carreteras estén libres de baches mortales, los focos de las luces de la ciudad funcionen y las alcantarillas no huelan a mil demonios.
Aún así mi enconada dedicación no me elevó a los extremos asépticos que con gesto adusto me place presentarme hoy frente a la corrupción de los partidos políticos en el ámbito nacional español. De tal manera debo admitir que hasta solo un par de meses atrás:
Cuando me hacían un trabajo en el jardín, o me arreglaban una tubería aceptaba no reflejarlo en una factura para evitar el pago del IVA.
Cuando podía pasar sin que nadie se enterase unas pocas horas sin trabajar, no importa cuantas más o menos, lo hacía sin orgullo pero también sin demasiados remordimientos.
 

 Si viajaba, comía, bebía, pernoctaba en hoteles o era beneficario de enseres pagados por una empresa, no me entregaba con el mismo ahínco a la tarea de focalizar la procedencia, ni medir con estricta vara la necesidad de tales gastos, como cuando debía pagarlos de mi bolsillo. 

Durante la situación de "vacas gordas" o sea cuando había alegría alrededor, viví de fiesta, mientras el mundo, o sea nuestros semejantes, estaban muriendo de hambre y sinceramente a mi alrededor no tuve oportunidad de ver ni un sólo indignado siquiera. Todos, aunque estaban en diferentes salones, formaban parte del mismo festín.
Aún sin creer en los bancos, trabajaba por el dinero capitalista. 
No emigré a España para hacer la Revolución, sino más bien pensando en vivir en una sociedad más confortablemente con menor esfuerzo, a sabiendas de que la plusvalía que permitía tal desembolso, provenía de los explotados del resto del mundo.
Cuando había dos millones de parados en España, que era la época de mayor dispendio, de mayor algarabía de la abundancia, me importaban más bien un bledo, mientras que hoy pasamos el día recordando que hay seis millones de desempleados y que ello nos debe conducir a una actitud austera. ¿ Qué pasaba? ¿ Que dos millones de individuos eran pocas personas, que era un número insuficiente para mostrarse solidario?
En fin, que no llegué a hilar tan fino como me gustaría creer hoy al presenciar como huele la cacerola podrida de la política nacional. 
Me pongo como ejemplo para no caer además en el peor de los pecados, el del mal gusto; pero en honor a la verdad hay que admitir que en toda España no pasaban de unos pocos puristas, fundamentalistas, rigurosos ascetas, dotados de una predisposición antinatural contra el gozo, aquellos que advertían acerca de las conductas desmedidas del gasto, de las posibles consecuencias de la resaca, de la corrupción generalizada a todo nivel.
La solución dificilmente provendrá de volver a culpar otra vez a los demás, como única medida higiénica, a los sempiternos culpables en la tradición mediterránea: "los otros". 
Vendrá más bien de decidir en que tipo de sociedad queremos vivir, que normas somos capaces de respetar, si manteniendo la idiosincrasia mediterránea, la proclividad a la buena mesa seguida de siesta, el escaso apego al trabajo, el reconocimiento difuso de los límites de la corrección, o vendrá de sacrificarnos también nosotros los ignotos, ya que somos la fuente de los patrones del mañana, despedir educadamente a la cómoda ingenuidad que nos lleva a creer, que es posible crecer con una conducta relajada en las normas y pretender que esa misma masa, una vez arribada a un un nivel determinado, por arte de magia, fotosíntesis u ósmosis, consiga dar un giro radical a sus hábitos y transformarse en un ente ejemplar.

 El Occidente desarrollado es Roma, con sus virtudes y defectos. Traemos impresos en la tradición la capacidad a lo lúdico, al hedonismo, a la contemplación, la inclinación al disfrute mucho antes que al deber y del lado reprobable, la división jerárquica, y la expansión territorial. Hemos convenido en crear en su defensa un sistema basado en la hipocresía que nos ha deparado tantos gustos como sinsabores.  Y aunque las otrora culturas Bárbaras, no obstante su impericia en la gestión del placer, hayan conseguido a la postre crear un sistema tendiente a la perfección, que ha desterrado el "más o menos" de su lenguaje, un modus vivendi carente de improvisación, donde las nueve de la mañana, y las nueve y cuarto de la mañana son dos cosas absolutamente diferenciadas, debemos preguntarnos si tal fundamentalismo nos seduce lo suficiente como para eliminar la tradición de las cortinas y de dejar siempre algo de mugre bajo nuestras alfombras. Ya que teniendo a bien que el deseo de entrar al panteón germánico no nos conduciría automáticamente  a una situación socio económica como la alemana, siendo más probable que en los inicios desandemos las sendas de tanta tolerancia, adhiriendo a un estilo de vida más cercano al talibán afgano. 
Aún acordando en que los niveles de desenfado en el manejo de los dineros públicos de las actuales élites en España son ya insostenibles por nocivos y putrefactos, y que hay que aplicar un cortafuegos de inmediato porque traspasa lo aceptable, más urgente todavía y sobre todo más conveniente que llevar a la eterna pira a los chivos expiatorios de turno, sería debatir de manera madura, adulta, sosegada, entre todos los implicados, que tipo de sociedad queremos. Si deseamos y podemos ser como demandamos de los "demás", o si preferimos esperar por la próxima marejada, la próxima ola de bienestar, que por supuesto en caso de llegar, costará como siempre toneladas de sangre sudor y lágrimas.
Porque la pregunta íntima, que cada uno podría ir formulándose a sí mismo, sería: 
"Si convengo en transgredir las normas consensuadas, con la consiguiente desautorización moral, con el fin de beneficiarme de cuatro euros ¿ qué no sería capaz de hacer, tirando de la misma categoría ética, frente a la posibilidad tangible de un pellizco que solucionase al resto de mis días?"
Bajo un sólo condicionante tan simple como escasamente practicado: 
Respondernos por una vez con total sinceridad.

Conviene ser precavido con las expresiones de deseo, siempre se corre el riesgo de que acaben haciéndose realidad. Porque en la otra cara de la moneda en la cual figuran de un lado la corrupción y la relajación de la conducta, se encuentran  como ascendientes a Baco y a Epicuro, del mismo modo que en en el reverso de la que aparece la práctica de la tolerancia cero, el automatismo y la perfección, se aprecian los sellos del calvinismo y la fé coránica.

 

 

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Published by martinguevara - en Europa Aorta
17 enero 2013 4 17 /01 /enero /2013 00:33

 

Como cada día la prensa oficialista, no los pasquines contraculturales, ha publicado una nueva estafa, ilegalidad, corrupción, o simplemente hurto, según como quiera ser tratado a continuación de la noticia. Lo cierto es que es sobre quien fuera el tesorero del Partido Popular, y sobre quien cayesen varias acusaciones de corrupción, de lavado de dinero, de manejo turbio de cuentas, en beneficio del Partido y de él mismo.   Pero en esta ocasión las cifras del dinero negro que el ex tesorero del partido hoy en el gobierno, le fueron descubiertas en diferentes cuentas en Suiza tras un intento de  ocultación una vez que estallara el caso Gürtel, a saber: veintidós millones de euros. Este señor, Luis Bárcenas, fue defendido a capa y espada por el actual presidente del ejecutivo español Mariano Rajoy.

Quizás sea hora de empezar a cuidar lo más preciado que tiene cualquier sociedad, el crédito de sus ciudadanos.

Episodios de impunidad de los poderosos como este, corren en paralelo a cientos de otros casos de opacidad, mostrada para juzgar todo tipo de delitos y faltas, algunos de ellos de una profunda gravedad criminal, como los destapados casos de decenas de miles de presuntos bebés robados a sus madres durante el posparto,  vendidos posteriormente a los mejores postores, como ya evidencian las pruebas que poseen muchas de las víctimas agrupadas en “Afectados de clínicas de toda España. Causa niños robados”.

En dichos execrables  delitos habrían participado representantes de la Iglesia Católica y altos directivos de clínicas, políticos de prestigio,  de manera tal que la obstaculización a la justicia se daba por descontada dada la rabiosa actualidad de aquella famosa frase de Don Quijote a su célebre escudero: “ Con la Iglesia hemos dado Sancho”, pero de ahí a que el sistema judicial casi en masa diese la espalda a las víctimas de semejante crimen masivo, resulta un espectáculo esperpéntico que dota de una sensación de asfixia al resto de la sociedad.

Miles de niños robados.

El segundo país del mundo con mayor cantidad de fosas comunes después de Kampuchea, pero en el caso de España sin abrir, sin perseguir legalmente a los culpables, lejos de eso dotándolos de toda suerte de ardides que facilitan su impunidad.

El país en que hay mayor flujo de billetes de quinientos euros no declarados. Donde los políticos encausados con pruebas condenatorias resultan a la sazón, ni indultados, ni sobreseídos, ni amnistiados sino absueltos como inocentes para escarnio del erario público e indignación de los contribuyentes.

El país donde recientemente y no sin escándalo mediante, fueron indultados cuatro mossos d’esquadra, la fuerza policial en Cataluña,  inmediatamente sabida la sentencia condenatoria y por segunda vez consecutiva.

 El país donde los mayores causantes del desastre económico actual, no solo se “van de rositas” sino que parecen ser premiados por sus hazañas devastadoras escalando socialmente, en la vida pública o privada.

Un país en el cual aún existen personas con imputaciones penales ejerciendo la política.

Casos de robos confesados como el del Palau de la Música de Barcelona cuyos culpables continúan en la calle, casos como el del yerno del monarca del cual lo más probable es que por siempre resulten ilesos del más mínimo arañazo proveniente de las leyes, tanto el susodicho como su esposa la Infanta, que alega no tener conocimiento de las actividades del esposo.

El caso Gürtel casi al completo sin aclarar, la presunta compra de diputados socialistas  tránsfugas, los abusos policiales cerrados con rotundas sentencias condenatorias a la acusación, por incitar a la violencia a los efectivos. Golpizas indiscriminadas a adolescentes indignados por protestar pacíficamente, con heridas graves, incluyendo a una mujer que perdió un ojo por una pelota de goma disparada a corta distancia a su cara por los antidisturbios, actos que ni siquiera han merecido una sanción laboral a los culpables.

Ciertamente enumerándolos de corrido producen una sensación de desamparo  quizás exagerada por lo alamrante, pero lo cierto es que se van sumando tantos casos de flagrantes faltas al más elemental de los sentidos de la justicia, que comienza a resultar un trago difícil de pasar.

Todo ello aderezado con el hecho de que las cárceles españolas registran el mayor número de presos de Europa con más de 70.000 reclusos, con un común denominador que no nos remite a la nacionalidad, a la raza, a la estatura, al peso, a la religión, a la orientación sexual, ni a las preferencias culturales,  sino únicamente refiere a su situación económico social, a las espaciosas oquedades de sus bolsillos y sus apellidos poblados de un intenso y persistente vacío de poder.

España aún tiene la tarea pendiente de la profunda reestructuración del poder Judicial. Es acaso el poder que menos transformaciones ha experimentado desde el advenimiento de la democracia.

Constituiría  una temeridad innecesaria añadir al descontento de la población causado por la intensa crisis y la injusta distribución de sus efectos, la debacle en el crédito, en la última pizca de confianza que le va quedando al hombre común en los fundamentos culturales y formales que permiten mantener la armonía entre los ciudadanos, mediante la equidad de la dama invidente con la balanza y la espada.

La distracción de veintidós millones de euros, ya fuese cometida por un notable poderoso o por un villano infame, resulta un agravio poco presentable a simple vista, parecen ser demasiados euros como para seguir desviando la mirada hacia otro lado.

 

 

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Published by martinguevara - en Europa Aorta
12 enero 2013 6 12 /01 /enero /2013 02:03

 

Llegados a este punto me importa bien poco si Carromero es culpable del todo o no, porque en parte sí que lo es, le habían retirado el carnet de conducir por diversas temeridades e infracciones muy peligrosas al volante y alquiló un coche en esas circunstancias. 

Y para que en España le quitasen el carnet a un dirigente de Nuevas Generaciones de Madrid; créanme: era infractor.

Capítulo aparte merece el  gobierno de Cuba, que mete veinte años a la sombra a la gente por opinar diferente y a este pollo que se lo acusa de dos muertes, lo sueltan en  unos pocos meses por vaya a saber qué tipo de negociados, pero lo de España no es menos vomitivo. 

Repito: al margen de si merece o no la prisión, yo por lo pronto soy contrario a todo modo de tortura y la prisión es uno de los más dañinos que puede haber, es una venganza diabólica perpetrada por el Estado. Pero teniendo en cuenta que es el país con mayor cantidad de presos de Europa, unos 65.000, hay datos que consiguen destacar de manera ruborizante.

En España se libera a cuanto policía torturador con condena firme haya, y lo peor es que los hay, se van de rositas los antidisturbios que dejaron tuerta de un balazo a una manifestante, los que partieron las cabezas de niñas, de chavales de ancianos. 

En España el robo a gran escala, por personas de "clase" se castiga con veredicto de "no culpable" indefectiblemente, ni siquiera se llega a un indulto, a una amnistía o un sobreseimiento de causa, Inocente, así sin más. Y claro,  a renglón seguido indemnización con gran puesto de cientos de miles de euros o millones, a cargo del Estado o bien de la empresa privada a la cual favoreció dicho chorizo cuando estaba en pleno auge delictivo. 

Una persona en España puede ser el representante de los empresarios durante años, siendo más corrupto que Al Capone. Un politico puede decir que ganó la lotería cuatro años consecutivos mientras se enriquecía de manera ostensible y no levantar sospecha alguna en Hacienda, en cambio si usted se olvida de mencionar el más minimo ingreso en la declaración va preso directamente, sin escala en tribunales.

 Pueden defalcar, robar al erario público, corromper, prevaricar, todos los que acrediten estar muy ligados al poder.

Hubo un preso que estuvo 46 años en prisión provisional por errores de procedimientos, mientras que se sabía que llevaba varios años más de los que debía. Miguel Montes Neiro se llama y no había cometido ningún delito de sangre, pero portaba el peor de los pecados en España para quien quiera quebrar la ley, era un hombre común. No lo conocía ningún aristócrata, ni politico de alto rango, ni militar, ni policía.

Lo que en España se llama un pringado.

 El único denominador común de todos esos presos en la peninsula, no es la religión, la raza, la nacionalidad, el aspecto o su elección del objeto sexual. Concurre un único factor :

Y es que están muy lejos de la guinda que corona al gran pastel.

 

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Published by martinguevara - en Europa Aorta
31 diciembre 2012 1 31 /12 /diciembre /2012 02:16

 

 

Hubo un estruendo , un silencio y la convicción de haber entrado de cuerpo entero en alguna de sus peores pesadillas, en una auténtica tragedia.

No alcanzaba a saber bien en que lugar estaba cuando ya le habían comunicado que de sus compañeros de viaje, los dos cubanos habían muerto y el sueco ya había abandonado la isla rumbo a su país. Le dijeron que la cosa no pintaba demasiado bien para él.

En ese lapsus se movilizaron procesadores y generadores de opinión decantados con mayor o menor claridad hacia un lado u otro de los fervores que supieron despertar el medio siglo de hegemonía gubernamental en la isla de Cuba. Más bien furibundos hooligans de las insignias de una y otra orilla presentando pasión más que razón, toda vez que no queda ni rastro de las posiciones ideológicas asistidas por la pizca de seriedad con que solían apuntalar sus respectivos discursos, los enemigos dialécticos de antaño.

Se movilizaron junto a la información todo tipo de versiones, sostenidas por la sospecha, basadas en conjeturas, se abrió un frente que sin embargo no llegó a fraguar en intensidad ni en dureza, como otrora lo hicieran las diferentes batallas de opinión sostenidas entre la dictadura cubana y el resto del mundo, un tanto por el visible desinterés en la riña como táctica, por parte del ejecutivo de Raúl Castro a diferencia de su hermano Fidel, y por otra parte por las delicadas negociaciones que esperaban para ser atendidas, con el fin del retorno del mitad temerario y mitad infausto dirigente de las Nuevas Generaciones del PP, partido que actualmente preside con mayoría absoluta el gobierno del Reino de España.

Ángel Carromero se había dirigido a Cuba, para reunirse presuntamente y llevarles fondos de manera clandestina a dos de los más exquisitos disidentes que cualquier político extremista puede desear como oponente, para la organización a que pertenecían, con la fatalidad de que ambos murieron en un mal llamado “accidente” que transcurrió con él al volante.  Tanto si se atiende a la versión que sostiene la familia de Payá, según la cual fueron embestidos por detrás hasta salirse de la carretera y colisionar con el árbol fatídico, o si se cree la versión oficial, que asegura que Carromero no pudo controlar el vehículo por la velocidad y el estado de la carretera, la denominación del hecho como accidente es errónea, en el primer caso se desprende por lo evidente y en el segundo porque el ciudadano Ángel Carromero tenía retirados los doce puntos del carnet de conducir en España por diferentes infracciones y temeridades al volante, solo que aun no se había procedido a la retirada física del carnet. Si se conduce un vehículo en esas circunstancias, la tragedia es fruto de la     consecuencia, no del azar.

La perspectiva de cuatro años de prisión pendió sobre su ser. Según desde el ángulo desde el que se lo mire era terrible o una bendición. Para cualquier cubano eso sería como un sueño, solo el participar de alguna manera en la financiación de la disidencia, comportaría una cantidad ingente de años de condena, y si encima se era responsabilizado de la muerte de dos personas, cuatro años tendrían sabor a manjar. Pero desde el punto de vista del dirigente político en carrera hacia las fases superiores del Partido, cuatro interminables años en las cárceles cubanas, así fuese en la sensiblemente mejor prisión para extranjeros, sería la concreción de una de esas pesadillas de ubicación no demasiado nítida entre la remembranza y la premonición.

Al cabo de una serie de negociaciones llevadas a cabo con la prudencia y el escepticismo político necesarios para arribar al éxito, el dirigente a medio camino entre el héroe y el villano fue trasladado a España, para ser ingresado en la también nada ordinaria prisión de Perogordo, en Segovia, donde suelen pernoctar los reos VIP del panteón ibérico, sus ineludibles veladas a la sombra de la justicia.

Alrededor de dos mil cuatrocientos españoles están detenidos actualmente fuera de España en prisiones de todo el mundo, el 83% por delitos contra la salud pública, en su mayoría casos de pequeños tráficos de estupefacientes sin intervención de hechos de sangre. Es de recibo preguntarse si no habrá tenido algo que ver su filiación y cargo político en la prontísima puesta en marcha del convenio bilateral de sentencias penales firmado entre el país europeo y el caribeño y no sería descabellado asimismo, solicitar una explicación de con que fondos se atendió a este nebuloso caso especifico.

En la cálida perla del Caribe, los presos juzgados y condenados por delitos de mucha menor enjundia que los cargados sobre la espalda de Ángel Carromero, tanto los considerados presos políticos como los presos comunes por causas que solo en Cuba se penalizan con ingreso a prisión, conforman una abultada cantidad, aunque ciertamente imprecisa por la carencia de un portavoz único y fiable,  y en ese caso también corresponde preguntarse que negoció el estado de Cuba para que se diese carpetazo sobre el fallecimiento de dos militantes políticos, de dos ciudadanos cubanos, de manera tan ambigua y poco clara, y aunque solo fuese por respeto a todos esos presos que permanecerán hasta más allá del agotamiento de las reminiscencias y presagios de la más persistente de sus antiguas pesadillas,  invitar a que aclaren cuales fueron los privilegios y las prebendas aplicadas en este turbio caso, rodeado de velos y candados echados desde las correspondientes orillas de los antiguos contendientes. 

 

 

 

 

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Published by martinguevara - en Europa Aorta
31 octubre 2012 3 31 /10 /octubre /2012 19:57

 

 

Se acercó a la ventana, observó las pocas figuras que aun a esa hora se movían abajo en la calle, regresando a sus casas, yendo al último bar, o simplemente matando el insomnio, llevados por el magnetismo de la costumbre, por su tracción, yendo a los mismos lugares de cada día, la cama , el bar, el paseo. Como él mismo había hecho cada día y cada atardecer, si bien era cierto que rara vez permanecía despierto hasta más allá de la medianoche, pero ese día no podía dormir.

Había visto la tarde anterior el partido de fútbol de la Liga de campeones europea con sus amigos del barrio. Era tarde, no era recomendable para nadie que debiese atender a la mañana siguiente algún  oficio o negocio andar a esas horas por la calle. Pensó que esporádicamente se dan circunstancias que pueden provocar insomnio.

Se quedó observando los pasos de la gente y escuchando los sonidos mientras intentaba suponer, sospechar, adivinar a donde irían.

Cuando le entró el sueño, antes que le nublase el pensamiento dejó de mirar por la ventana y decidió que era el instante de hacerlo.

El hermano, que había quedado con él en pasar temprano por la casa, lo encontró suspendido por el cuello, inerte, alejado ya de todos los ruidos y los temores de toda luz pero también de toda sombra. 

Se había suicidado. Él no serviría para vagar por las calles sin televisor, sin una cama, sin calefacción, sin comida, sin dignidad.  Sobre las diez de la mañana estaba programada la visita del representante del banco, del notario y de los agentes del orden para efectuar el desahucio, y en efecto se hicieron presentes justo en el momento en que trabajaba otro grupo de policías en esclarecer el hecho.

Por la tarde se suicidó otro amenazado de desahucio lanzándose por el balcón.

Y entonces saltaron las cifras y las estadísticas a la palestra pública.

En estos momentos en España han tres cientos cincuenta mil familias desahuciadas, echadas de sus casas, y un gran número de ellos no tiene otro sitio para ir a dormir que bajo un puente o a la vera de un aplaza céntrica. Una cifra demoledora. En el mismo momento en que se celebra el juicio a los responsables del desastre de la fusión de Cajas de Ahorros conocida como Bankia, con serios indicios de varios delitos, por parte de la cúpula directiva, con toda la pinta de culminar en un sobreseimiento, amnistía o indulgencia, como ha sucedido con todos y cada uno de los corruptos que han conseguido apropiarse o dilapidar un volumen desopilante del dinero del contribuyente.  

El país ha solicitado un rescate a Europa para la banca, y  esta continúa desahuciando a los contrayentes de hipotecas que no pueden pagar y que mantienen la deuda de por vida.  Dicho rescate lo pagan los ciudadanos que tienen imposible evadir impuestos, la clase media profesional y trabajadora.

En breves palabras, los asalariados de diferentes capas sociales, están financiando los desahucios de sus vecinos y ex compañeros de trabajo.

Aún teniendo en cuenta que ningún período histórico fue comparable en cuanto a confort, derechos, libertades y hasta igualdades a este, también es cierto, que en algunos países europeos se está comenzando a desandar lo mucho avanzado con los pies y menos con la cabeza. 

Si bien es verdad que aun estando en paro, la clase media y obrera española vive infinitamente mejor que otrora trabajando, cuando no existía ni la más mínima capacidad de ahorro, cuando la sociedad era tan pobre como atrasada, y cuando las sociedades con salvadas excepciones se contaban por monarquías absolutistas o por dictaduras, si bien es cierto que no ha habido para la humanidad período más prospero y tendiente a la equidad, a la justicia, y al riqueza,  tampoco es menos real que el sentimiento de que es una conquista eterna, perdurable, algo natural, ha  favorecido una especie de opacidad, de menefreguismo tal , que han comenzando a perderse las buenas formas para mantener la ilusión de participar de un proyecto de país democrático, civilizado. Y también es cierto que n la crisis financiera de 1929 se suicidaban los banqueros, mientras que hoy lo hacen sus víctimas.

España a pesar de su crisis, ha aportado este año dos nuevos disfraces para la celebración de raíces célticas de la fiesta de Halloween, una es el disfraz del desopilante resultado de la reparación del  Ecce Homo, que provoca el temor velado de la posible desaparición súbita de toda forma de belleza, y el segundo, un traje que provoca un terror más agudo, más opresivo, una angustia de tal intensidad que se desaconseja su uso, el disfraz de ministro del actual gobierno, con su variante en corbata roja y traje oscuro a rayas, con bombín de banquero.

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