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Ucrania y Yemen
Mientras el mundo está bien surtido y embadurnado con la guerra de Ucrania, ignora u olvida que conflictos más atroces están ocurriendo en varias partes del mundo. En Yemen, por ejemplo, durante siete años, se ha estado llevando a cabo un brutal asalto militar saudí que ha provocado la muerte de cientos de miles de civiles. Para estos sacrificios no hay solidaridad, ni ayuda, ni protesta, sino sólo un vil y cómplice silencio y lejos de cortarle los suministros y las relaciones a los jeques saudíes, cada vez se les da más copas de fútbol, pinches negocios y un reguero de saliva a sus botas con cordones de oro.
Y también mientras tanto, de chanfle, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, avanza el Apartheid en Israel. Para asegurar la homogeneidad étnica, el parlamento acaba de aprobar una ley que prohíbe que los matrimonios mixtos (israelíes y palestinos) vivan juntos. Deben separarse o emigrar.
También es un poquito vergonzoso que recién ahora que otros se preocupan de Ucrania yo esté posteando esto, antes, a juzgar por mis posteos y los que leo en los muros de quienes hacen lo mismo que yo plagados de selfies e imbecilidades identitarias por el estilo propias del soporte, ni a mi ni a nadie, le importaban un pepino los yemenitas, los centroafricanos, los sirios, los palestinos y la mare que lo vistió.
No a la Guerra y No a los desubicados
Hoy una persona desubicada, consiguió molestarme. Resulta que atacando mi pacifismo y condena a la invasión criminal de Putin, me espetó en mis redes sociales, que al no haber nacido en España, no puedo defender la paz, no puedo pretender que no haya guerra en este continente donde vivo con mi familia, mis hijos, amigos, parientes y tanta gente buena, como mala, igual que en todos los países y continentes, me trato subrepticiamente de cipayo porque dije que en realidad, a pesar de los belicistas , de la OTAN y de EEUU; Europa está haciendo muchos esfuerzos por la paz, todavía no ha tirado un tiro a un ruso, y eso me parecía lo cívico y correcto.
Empezando por la posición obtusa de que existe un pensamiento europeo, no que hay miles, acaso sea el continente donde haya existido mayor diversidad y cantidad de pensamientos consagrados, habida cuenta que casi todos los pensadores universales desde Grecia antigua, son de estos lares exceptuando a China, India y Japón, y luego ensanchando su discurso de profunda estulticia, me reclamó que debería opinar como "argentino" ¿perdón? ¿qué tamaña imbecilidad, aparte de insolencia, puede llegar a ser esa? ¿Existe un pensamiento monolítico argentino, el país de la grieta infinita? ¿O más bien esta persona está de acuerdo con los bombardeos criminales de Putin y busca todo subterfugio para, toda vez que queda horrible justificar semejante barbarie, hacerlo atacando a todo lo que significa su opuesto, llámese civilización, razonamiento, pensamiento, tolerancia, desarrollo, progreso, diversidad, paz?
Estoy leyendo y escuchando en estos días a varios que les sucede algo similar, ante la dificultad de apoyar los bombardeos, hacens como que les preocupa mucho el Dombass o los nazis que realmente dentro del ejército ucraniano existen y significan un grave problema, atacan a quienes admiran el valor de Zelensky y prefieren la cobardía de Putin. Pero no me había ocurrido que me atacasen a mi directamente con semejantes diatribas autoritarias de una elaboración intelectual propia de un puerco espín, y de la hostilidad denigratoria del alacrán del desierto.
Nada de eso me mueve de mis convicciones, tanto aquí, como en Tanganica, en Cuba, en Paris, en el Congo Belga o en Tailandia, soy ciudadano, campesino, marinero, del mundo entero, de allí donde caiga y haya una sonrisa o alguien cuyo dolor o soledad necesite esa sonrisa. Pido que los asuntos, sean de la grevedad que parezcan ser, se resuelvan con mayor o menor pericia, pero siempre dentro de los contornos y el contexto de la paz.
No existen las medias tintas en este terreno, si se está con la paz, la concordia, el desarrollo, el bien, la justicia y los derechos humanos, se está siempre, no se apoyas a un tirano y a otro se lo condena, eso es peor que el propio tirano, que asume su condición.
No son verdaderos los pacifistas contra los fusilamientos de Guarapo pero a su vez apoyan las bombas a Irak o a Afganistán, ni existen los progresistas que condenan las bombas a iraquíes pero apoyan abierta, o soterradamente, las mismas bombas a niños ucranianos. Yo condeno y condené siempre, de palabra y de hecho, todas las guerras y todas las violencias; estas personas solo condenan la mitad.
Pido por favor, que cualquiera con esos mismos arrestos y problemas de identidad y estabilidad emocional, se abstenga de pasear su amargura por mis dependencias e inmediaciones.
Evergreens
Dana tenía claro que si se iba de Beaverton sería hacia el sur. En el pasado habría tenido sentido irse al estado de Washington, ya fuese a Seattle, donde se estaba cociendo mucho de lo importante en una sociedad civilizada y un fuerte movimiento musical, que como ya era tradición desde los años sesenta,. todo lo musical implicaba una actitud, una filosofía y hasta una aproximación ideológica. O quizás al norte donde los mismos evergreens de Oregón eran igual de perdurables durante el año, de un verde más oscuro que debía resistir a temperaturas más bajas, pero igual de intenso y de robusto, con lagos, paisajes de ensueños, fauna, flora y gente generosa y amable. pero todo eso había cambiado, no era menos cierto que en California hacía más tiempo aún que el brillo de eso mismo había desaparecido, pero como había sido mucho más intensa la presencia de una corriente que hizo frente a los poderes más fuertes del país, también el poso era más consistente, la herencia más presente, los otrora esnobismos eran ya rasgos de ciertas ciudades, incluso de ciertas leyes.
Pero también Dana tenía en cuenta que había mucho Oregón formidable entre la frontera con California y Portland, la gran ciudad de la que era subsidiaria Beaverton, último punto de llegada del Max, el tranvía urbano portlandés, que era gratuito dentro del casco de la ciudad, y realmente económico fuera de los límites marcados por los dos cursos del río.
Esperó al fin de la fiesta de la cerveza, al costado del río, en ese recinto de jazz y amigos que se reunían a beber unos chopps o pintas de brebaje autóctono, preparado en los campos que cada vez se dedicaban más al vino, competencia firme que el había surgido al estado de California en el valle Willamette, donde su antiguo novio alemán se había puesto un viñedo de Riesling sin la más mínima brizna de éxito comercial, pero todo el suceso social toda vez qeu no había día que su finca no estuviese poblada de amigos, conocidos y hasta extraños bebiendo unos blancos fríos.
Dana amaba todo aquello, pero tenía que abandonar la ciudad, sus alrededores, y sobre todo la librería Powell's, una manzana entera de cultura, de historias, de cafés eternos en días que no sabía como lidiar con la pesadumbre con que cada minuto se tomaba su deber de pasar, de acabarse, de difuminarse en el siguiente hasta que llegase la hora de comer algo, y la de cerrar, y la de irse, y la no poder dormir hasta casi la madrugada. Suerte que en Beaverton estaban esos dos lugares tan maravillosos, el Black Bear Diner, donde se sentía como en el edén, atendida por esa señora gorda tan amable como una tía, y por esos dos camareros que le miraban el escote casi sin disimulo, cosa que ella no buscaba provocar pero tampoco evitaba ni le resultaba molesto en absoluto. No en aquel bendito rincón de hamburguesas, papas fritas y costillas. Y también ese pequeño restaurante mejicano que no era Tex Mex, sino auténticamente mejicano, tanto que las salsas estaban presentadas en pomos plásticos con el nombre en una tirita de papel escrito a mano y pegado con scotch tape por los costados, y alguna de esas salsas no eran las que podían verse en los Tex Mex, había una en un bote blanco que directamente era fuego en estado espeso.
No movía el coche en dirección a la ciudad, siempre tomaba el Max, allí sentada esperando llegar a su parada, había conocido al menos a cuatro hombres que se encontraban entre las categorías de novios a amantes, se divertía mirando a la gente de la ciudad caminando por la calle, subiendo o bajando de su vagón, y a quienes viajaban dentro. eso le recordaba Nueva York donde había vivido dos años y el metro era su segunda residencia, aunque en la gran ciudad había más que mirar, naturalmente.
Apenas terminase el festival de la cerveza, sin despedirse de sus amigos, sin decirles nada se iría hacia el sur. Quizás en Salem o en Eugene pudiese quedarse un tiempo, ganar algunos meses, sobre todo pasar desapercibida, alquilando una casita pequeña, un flat o incluso una habitación con baño, a lo mejor así se podía permitir un lugar más coqueto.
No podía tomar aquello como una fuga sino sería sentir una losa desde el inicio, tenía que imaginarlo como unas vacaciones, como una inspección del país, lo que hace la gente en un año sabático, explorar el medio circundante y de paso a sí mismos.
Sin ocultar nada, pero quizás haciendo menos evidente la alteración y los rasguños, las borracheras y los colocones que había exhibido ultimamente. Tenía que pensar rápido, no demasiado pero bien, llevarse lo justo, lo que cupiese en una maleta de mano, de las que se permiten en los más baratos de los vuelos de tarifas bajas. La última tarde, que se hizo noche, Dana se rió mucho con Pearl y Ken, había un pelirrojo bailando con el torso desnudo al son de unas trompetas de jazz estilo Dixieland, tenía una barriga inmensa y en lugar de avergonzarse de ella, la movía con una gracia que cautivó a muchos asistentes a la feria, tanto que hicieron un corro a su alrededor y cada vez que movía la panza como poseído por la electricidad, lo alentaban y celebraban con pequeños aullidos. Todos, incluídos el panzón tenían gruesos vasos de distintos tipos de cervezas artesanales en sus manos. Dana se quedó mirando a uno que daba vueltas en ocho del otro lado de la cerca, en la vereda que flanqueaba al río, montaba un ciclo y vestía la mitad como Darth Vader y abajo una falda escocesa, iba tocando una gaita. El sol caía tenue, desvencijado, rendido, sus amigos reían, el gordo hacía danzar su vientre como la mejor de las odaliscas mientras un híbrido de la Guerra de las Galaxias y Braveheart, parecía desearle una extraña mezcla de suertes con la música cervezal que expelía su instrumento.
Y Dana se abrió paso entre la costumbre de soportar todo lo que le viniese, entre las miradas interiores de muchedumbres de ancestros encadenados y no paró hasta Klamath Falls.
Igualdad
Hasta la revolución industrial lo que después pasó a ser machismo, o sea una serie de privilegios exclusivos para los hombres, era el equilibrio normal y natural, consensuado entre hombres y mujeres. Ellos salían a trabajar, a cazar, a pelear, y ellas se quedaban cuidando la casa, las criaturas, y manteniendo el fuego encendido.
Lo fálico y lo uterino, distribución natural.
La revolución industrial trajo consigo para los hombres que trabajaban en las fábricas, en los bancos, en las nuevas formas de comercio, una nueva disposición de su jornada laboral, esfuerzo limite pero menos horas de trabajo. De tal manera que el hombre empezó a salir a horas muy tempranas algunos regresaban a casa, mientras a la mujer todavía le quedaba media jornada, y otros se quedaban en los bares y pubs que conocieron su proliferación en esta época. Ahí comenzó el desbalance y fue cuando la mujer se vio absolutamente desfavorecida por el reparto de cargas, y entonces, en el mismo instante comenzaron las reivindicaciones femeninas, todavía no entendidas como feministas pero en esa senda, la mitad de la humanidad no se iba a quedar de brazos cruzados. Si se hubiese producido en el año mil A.C. ya habría lucha feminista desde hace tres mil años. Pero solo ocurrió donde se produjo la industrialización capitalista. Inglaterra, Francia y Estados Unidos a la cabeza.
Lo cierto es que para el común de los hombres que ni eran nobles, ni burgueses, ni jerarcas, el machismo continuó siendo un yugo, una carga insoportable, tener que morir en el tajo, en la mina, en el mar, en la construcción y si no, con toda seguridad, en una de esas guerras que siempre han salpicado nuestra cotidianeidad con especias malthusianista. Pero le quedaba el aliciente, además de la exclusividad de la gestión de los emolumentos por el trabajo que ya suponía un privilegio intolerable, la novedad que lo cambió todo: el tiempo libre.
En mi época de niño, dentro de mi familia, mi madre trabajaba fuera de casa las mismas horas que mi padre, ambos barrían, cocinaban y trapeaban el suelo por igual, o sea, nada. Porque estaba mi abuela materna, una mujer, para acometer las tareas de barrer, cocinar, lavar, planchar, despertarnos y vestirnos para ir al colegio. Mi abuela paterna había sido una feminista empírica desde la más tierna edad, a principio del siglo XX vestía pantalones, fumaba, se cortaba el pelo a lo garçon, montaba a caballo con las piernas a los lados de la grupa, discutía de filosofía y política, disparaba mejor que casi todos los hombres y nadaba mejor que todos. Pero en su casa cocinaban, barrían y hacían las camas, mujeres trabajadoras del hogar.
El recuerdo más insistente que tengo de la toxicidad del machismo, viene de cuando era adolescente, yo no quería cumplir años. Vivíamos en Cuba, mi padre ya estaba preso en Argentina, y todo lo que me rodeaba eran historias de valientes que entregaban su vida a la revolución, a la punta de la picana eléctrica, brindaban la piel, los ojos, los testículos a las tenazas de los torturadores. Todo hombre de verdad en la vida cotidiana cubana debía fajarse con cualquiera que lo retase, ya fuese uno o una pandilla, pero esto se incrementaba en el entorno de los familiares de guerrilleros, muertos o presos, ahí un adolescente que se convertía en hombre, si lo quería ser de verdad frente a la mirada inquisidora y condenatoria de su padre y de su madre, debía ir al país donde yacía tras las rejas o bajo tierra su pariente, y batirse a muerte con el enemigo.
Eso me taladraba la cabeza cuando me la sostenía la almohada "uh, ya tengo catorce años, a mi edad San Martín era teniente luchando contra los franceses, el año que viene con quince, aterrorizado o no, tengo que dar un paso al frente para ir a mostrar el rabo y los huevos en Argentina" pero aun acostado en la cama, las piernas me temblaban, las rodillas se aflojaban como si fuesen a dejar huir a la tibia y al peroné.
Como si hubiese una trinchera y los contrincantes estuviesen situados a un lado y otro. Aun siendo así yo no deseaba la violencia, la sangre, el dolor, la muerte, para nadie, ni la del enemigo, ni la de mi gente y mucho menos la mía. Cada vez que iba al dentista, pensaba que si el torno me aterraba, ¿como iba a aguantar más de un minuto en una sala de tortura?
No iba en camino de ser un hombre de verdad.
Era un púber, pero el terror de las noches, la culpa por ser tan cagón y no poder ir a liberar a mi viejo, ni entonces, ni en un año más, ni un milenio de sal y fuego o de merengue y cacona, dejaban claro que podría ser cualquier cosa, menos uno de esos valientes de verdad que exigía ese machismo patriarcal.
Hoy ningún niño tiene que sentir vergüenza de no tener valor para ser guerrero. Ni ninguna madre o padre los humilla llamandoles cobardes si en vez de pelear con quien lo insulta, se agarran a al pantalón o a la falda. O al menos eso debería desprenderse de este tiempo de igualdad. Hoy los novios no tienen que acompañar a las novias la casa, sino que se alternan y cada uno va solo a su casa. Yo tuve muchas novias más valientes que yo, y siempre me preguntaba porque debía acompañarlas yo a ellas y volver solo por esas calles plagadas de fantasmas negros agazapados en cada esquina con una navaja. Los machistas no salen a pelear con hombres que abusan de mujeres, porque eso era ser macho, no pegarle a la mujer sino fajar a quien les pegaba, hoy se llama a la policía, nadie se expone a golpes innecesarios. Hoy un hombre debería poder decirle a su esposa, tú eres más valiente que yo cariño, ve tú a la guerra que yo me quedo cuidando a los niños. Hoy una mujer debería decirle a un hombre, deja, quédate en casa, yo voy al barco pesquero a hacer la campaña del bonito en el mar del norte por ti, o "quita, dame el alquitrán que yo voy a asfaltar la carretera", o a poner ladrillos en el piso treinta y dos bajo nieve, lluvia o sol de justicia.
Los callos en las manos eran cosas de hombres.
Pero lo cierto es que esa parte todavía no se ha andado, ni siquiera una pizca. Tampoco se ven congresos ni manifestaciones para reivindicar la paridad en esos trabajos tan denigrantes y peligrosos, tan machistas como que solo los hombres sean ministros y directores, mientras todo esfuerzo de paridad se ha centrado en ese segundo caso, que solo ha gozado el 0,01% de los hombres a lo largo de la Historia. Toda moneda presenta dos caras, todo recho comporta un deber o un sacrificio.
Las mujeres y los hombres debemos exigir el cumplimiento integro de la igualdad de todas las personas. Los ex machos quieren llorar, quieren tomar té con los amigos en horas de trabajo, quieren ser los viudos de las guerras o de los tajos mortales. Merecen ese descanso. Carlos Fuentes, hablando de la censura en los países del bloque socialista, decía que los logros conseguidos en las democracias burguesas, en ningun caso deben retrotraerse en la construcción del socialismo. Tampoco el feminismo debe consumir las energías de toda su historia de lucha, en alcanzar objetivos elitistas, clasistas, que solo beneficien a un escasísimo número de mujeres, para compartir con la jerarquía social masculina, sus códigos y mecanismos de explotación de los más desgraciados y desgraciadas.
La nueva masculinidad que debe abordarse en los canales por donde fluye el deseo sexual, la expresión de la testosterona en el plano del apareamiento, también debería modificarse frente a los trabajos de riesgo, tóxicos, o violentos.
O acaso lo mejor sea trabajar para conseguir una sociedad, en la que nadie más, ni hombres ni mujeres, baje a las entrañas de la tierra a extraer minerales, ni luche contra marejadas, olas, mal tiempo para dar muerte a preciados peces en alta mar, ni nunca más tenga que ir nadie, de ningún género, a morir o matar a la guerra.
Y por supuesto, aunque debamos vivir en chozas, que nadie más ponga ladrillos en el piso treinta y dos bajo nieve, lluvia o sol de justicia.
Telescopio de Guerra Fría
El hecho de que este último, sea un bombardeo e invasión imperialista de un imperialismo que antiguamente era la madre patria comunista, tiene confundido a todo el personal, al más pintado, en Cuba apoyan a Putin, un magnate mafioso hipercapitalista, porque alguna vez fue del KGB, y porque ahora mantiene relación comercial con Cuba y Venezuela, aunque también con Trump, Bolsonaro, Orban, Marie LePen, y lo peor de cada casa, y por esta misma razón los extremistas de derecha le llamaban amigo, antes de estos últimos episodios. La confusión es que en Europa aún le llaman comunista y los demócratas estadounidenses también. es una locura total, nadie piensa por cabeza propia, nadie se detiene a hacer una pizca de memoria y recordar que, Bush, Aznar, Chirac, Schroeder, Blair y Juan Carlos de Borbón matando osos que emborrachaba Putin, endiosaron y engordaron al ególatra ruso.
Y sí, la oligarquía rusa proviene de jerarcas del partido y la KGB, mafiosos, ex represores, pero sería hipócrita asombrarse desde países donde la aristocracia proviene de esclavistas terribles, asesinos de millones de africanos, de indígenas, de asiáticos, y la gran empresa actual reforzadas en sus respectivos fascismos, como en el caso de buena parte de la gran patronal de España.
En definitiva, este ataque imperialista de Putin a un país también colmado de corrupción y elementos neofascistas, con gobiernos represores, homófonos, racistas, en ambos casos, tiene confundido a todo aquel que observa la realidad desde el prisma que le fue instalado en la guerra fría.
Es solo separarse un poco del telescopio y mirar la realidad con ambos ojos a ciento ochenta grados, para percatarse de que ni Putin es comunista, ni Ucrania un paraíso cívico, ni Europa y EEUU fuman la pipa de la paz.
Quince abortos
Hay un debate abierto sobre un libro de la escritora portorriqueña Irene Vilar, que relata como practicó quince abortos.
En una seguidilla de quince abortos en la misma persona se puede apreciar una propensión tan personal como intrasferible a un comportamiento patológico, pero en la mayoría de los abortos, sí que existen una multiplicidad de factores externos responsables compartidos con los de quien toma la decisión final.
Este tema me llevó a recordar la frecuencia y normalidad con que se realizaban abortos en Cuba, casi como una medida anticonceptiva.
En una reacción loable, la Involución cubana, al inicio combatió los prejuicios y atavismos católicos con prohibición y profilaxis. No más curas y monjas metiéndose en la vida, la cama y las alegrías de la gente. Plaga que dejó solo a los otrora bárbaros teutones, orientales, y americanos luteranos a cargo de los descubrimientos científicos y tecnológicos. Las consecuencias se abren paso con asombrosa independencia, y una de ellas fue que apareció una generación que no tenía ningún contén coercitivo frente al disfrute del sexo a cualquier edad, raza y posición social, llegando hasta a "cualquier estado civil", y ahí en las montañas de cuernos imposibles de camuflar, comenzaron a vivirse algunos inconvenientes socioculturales, en contra de los cuales no existe ley ni disposición filosófica o ideológica que los prevea, contenga, ni apacigüe.
Puñaladas en la tierna mañana ronera, del piar de los pajarillos y el canto del gallo. Lo mismo en un barrio popular que en uno fino de la burguesía que debió marchar dejando a los integrantes menos afortunados y por ende más socialistas.
-Tú eres un singao- y tawuata (¿o en aras de no niponizar el castizo coloquial debería ser “taguata”?), una gilda willsmithiana, un estrallón alamareño y gaznata va y gaznata viene.
Esto ocurría cuando se descubría la firme osamenta asomando por las sienes, pero también las pecadoras cobraban sonados tranqueos que nadie en el barrio se atrevía a juzgar.
-Coño, asere, la jeva se lo buscó, el tipo reaccionó como un hombre, un poco tarrú pero hombre al fin.
Así como cristianizar una tierra conquistada llevaba décadas de sangre y esclavismo, descristianizarla, siempre que fuese en virtud de la gozadera más auténtica, llevó un santiamén. Pero así como el pan, la carne o el propio mango, los dispositivos intra uterinos DIU, también "se perdían" con frecuencia, y los preservativos chinos, aquellos que parecían un neumático camionero rodeando el rabo, solían salir a la venta en packs de la suerte, como en una sesión de ruleta rusa, uno de cada paquete iba agujereado.
Los preservativos de caucho reforzado se rompían con la misma frecuencia y facilidad que pincharía la rueda de un camión hecha de preservativos, no sé a cuantos chinos se llevaron al calabozo de los mil años o a la gota fría por estos descuidos, pero en Cuba, cada cuatro polvos uno preñaba, y como el preservativo era el profiláctico que menos rastros del delito tarrual dejaba en el ambiente, pues ahí aparecían las sorpresas y los diferendos en las parejas:
-Coño ¿y ese jabao de donde salió?
Al principio de la Involución sumado al obligado descrédito sobre angelitos y vírgenes, se sumó que Cuba se estaba vaciando, así que se indujo a una explosión demográfica que llevó la isla de seis millones de habitantes a ocho y después no había manera de pararla, así que se pusieron a disposición de todos los singantes, todo tipo de artimañas para detener la hemorragia de fecundaciones.
Así es que entre urgencias de stop, carencias de DIU, pastillas y globitos averiados, se puso de moda el aborto. Y a la conga del traguito, del palito y la gozadera siguió la abortadera, para que no se dieran cuenta los maridos, o los padres de la niña, ni los primos y los vecinos. Cabe recordar que en Cuba confluyeron españoles muy previos a Zapatero y africanos de la tierra Enfí, ni siquiera en laboratorio se podría gestar un especímen con mayor concentración genética de machismo.
Esa fue la Cuba que yo conocí, no había otra cosa que hacer que beber o templar. Aunque hay que admitir que la promoción era exclusiva para el sexo heterosexual, esto conviene aclararlo, porque aunque los homosexuales no se cortaban en practicarlo, más machos de los declarados salían de sus pequeños closets para dar caña a las ofrecidas nalgas de jabalí, en un sucio baño encharcado de meado, para no dejarlos desamparados en sus ensoñaciones ninfómanas, lo cierto es que la represión con ellos era tan dura como en los regímenes de la derecha, en esto como en tantas cosas dictadura de izquierda y derecha se daban la mano y la lengua.
Los abortos eran un método más de anticoncepción, en realidad el más efectivo y socorrido, los hombres asistían unos días antes a los hospitales donde se iría a realizar el legrado y donaban un cuarto de litro de sangre, con lo que eran a la vez recompensados con un bocadito que rara vez contenía jamonada, pero siempre su seguro queso y su juguito de mango o guayaba.
Hoy, a través de la bendición de las redes sociales, he tenido la oportunidad de contactar con amigos del pasado, y preguntar a mis amigas, algunas que hicieron un legrado tras actos sexuales conmigo para lo cual di sangre, estando o sin estar seguros de la paternidad y otras que me habían comentado que se lo hicieron. Esta práctica en mi generación es tan generalizada, que lo raro es encontrar quien no la experimentó, y me respondieron a la pregunta de si habían vuelto a pensar en ello.
En esos días tuve un profundo y acuciado cargo de conciencia por aquellos abortos, a los que hoy no les guardo simpatía alguna, se tiraban los fetos a un cubo metálico al lado de la cama donde estaba la potencial madre, de manera que las mujeres llegaban a ver sus engendros extraídos, me interpeló la culpa de aquel "menefreguismo" tan pronunciado, ni siquiera lo vivíamos como algo importante, y también me pesó el hecho de no haber reparado en ello durante tantos años. De repente me vi pensando que aquellos fetos habrían sido mujeres y hombres como yo era entonces, o quizás más hombres, y seguro mucho más en el sentido de la nueva masculinidad.
Una vieja amiga carnal y nueva virtual me dijo que no quería hablar del tema, otra que sí, lo había pensado y sentía algo extraño al ver a sus hijos cuando pensaba en ello, y las dos que no pudieron o no quisieron tener hijos, me confesaron que pensaban mucho más de lo que les gustaría admitir en aquellos abortos. Recordé una mujer cercana, que se había hecho un montón de legrados, no tantos como Vilar, la del libro, pero una cantidad igualmente temeraria, y casi se queda sin tener hijos, cuando una vez a los cuarenta años, quedó embarazada de un bribón sinvergüenza, pero se plantó y dijo “este no me lo quito” .
La decisión de abortar es un asunto muy personal si una mujer está sola, y muy a discutir si es de una pareja que tiene un proyecto, sé que no hay reglas que sirvan para todos, que cada sensibilidad y cada experiencia es única, y así debe ser cada decisión, pero como a millones de causas posibles solo existen dos soluciones, o nace o muere. Es un asunto lo suficientemente delicado como para que se busquen todas las opiniones, que no se tome "a la cubana", que aun cuando se trate de un asunto de fuerza mayor se piense con todos los sentidos, sobre todo el sentido que tenga presente que, en el peor y mejor de los casos, existe un mañana.
Hoy, ante la revocación de la protección del derecho de aborto en todo el territorio estadounidense, no podemos menos que entristecernos, preocuparnos, alertarnos ante la ola de conservadurismo de corte medieval que se acerca a pasos agigantados amenazando empaparlo todo, lo cual de ninguna manera nos impide reflexionar y meditar a nivel personal acerca del tema. Mujeres y hombres.
¿Putin el Terrible o el Grande?
Rusia pagaba tributo al sultán de Turquía hasta Pedro el Grande, que la occidentalizó. Sus aspiraciones imperiales, iniciadas por Iván el Terrible, hicieron que la llegasen a llamar la Tercera Roma. A lo largo de su historia fue invadida muchas veces, lo cual dejó un recelo de su pueblo impreso en el ADN frente a todo lo extranjero. Y estas dos características identitarias tan opuestas, unidas, son lo que lo hacen un fenómeno tan raro y único.
Un dato al dorso que pone de relieve esa atracción/desconfianza de Rusia con lo extranjero: la palabra Zar viene de César.
Fue imperio antes que nación; no en tiempos de la URSS sino hoy, hay 99 nacionalidades distintas, en un mismo estado. El soldado ruso es el más inexpugnable e invencible en defensa de su tierra, y por el contrario, uno de los más desmoralizados en ataques a tierras ajenas.
Es un país de Historia riquísima y de gente resistente, profunda, con silencios gélidos o canciones populares nostálgicas, preciosamente bellas. País de grandes artistas, escritores, músicos, bailarines, ajedrecistas, y de un carácter tan amable como impenetrable.
La Historia de la URSS fue la concreión del siglo XIX y marcó las grandes utopías y enromes decepciones del siglo XX. Fue la patria de grandes marxistas como Lenin y Trotsky, pero en realidad fue la tierra donde nació el anarquismo del espíritu de Bakunin y Kropotkin. Pero esta es una historia muy conocida, bajo los diferentes prismas que corresponden a cada sensibilidad ideológica.
Putin se alza con el poder tras un concienzudo acercamiento a Boris Yeltsin, quien lo recibe en su círculo íntimo en gratitud a que Vladimir estuvo detrás de la publicación de unas imágenes comprometidas con dos mujeres en un catre, de un fiscal que iniciaba un juicio contra el entonces presidente ruso, provocando la dimisión del fiscal.
El día que Putin ganó las elecciones, Yeltsin marcó varias veces su teléfono para felicitarlo por el resultado, y su flamante relevo, no atendió ni una sola vez. Nunca volvió a hablarle. Putin, que había estado destinado en Dresde Alemania, vigilando a los delegados soviéticos, había aprendido, en la médula espinal del espionaje, su rasgo más característico que le serviría para todo su largo, espinoso y complejo camino a lo más granado del poder: su obsesiva desconfianza de todo y de todos.
Los primeros años de su gobierno fueron plácidos, se llenaba de amor popular, visitaba barrios, dachas, pueblos, fábricas. Putin moldeó con dedicación el amor de su pueblo en aquellos años, luego fue alejándose más de las masas, cambió de amigos, de esposa, de aliados. José María Aznar era tan admirador suyo que decía “No se puede construir Europa a espaldas de Putin, y mucho menos contra Putin”, el entonces rey de España Juan Carlos de Borbón lo visitaba con suma frecuencia para tratar asuntos de negocios personales, solía ir acompañado de su amante Corinna Larssen. En los dominios de Putin tenía toda la libertad de matar cuanto animal se terciase, así fue que dio caza a un oso que previamente le prepararon para que no fallase el tiro, emborrachando al pobre bicho con miel y vodka previo a soltarlo en su línea de tiro.
El presidente de la República Francesa Chirac, fue como un padrino para Putin, le enseñaba todos los entresijos del poder, le indicaba las tretas, como manipular a Europa, las cortinas donde podía esconderse la daga, en tiempos en que todos en el mundo querían una foto con el presidente ruso. Chirac, Blair, Aznar, Schroeder, abrieron los brazos a los magnates rusos surgidos de las sangrientas guerras mafiosas de los años noventa post caída de la Unión Soviética. Putin supo aprovechar todos esos conocimientos y toda esa obsecuencia, colocó el gas ruso en Europa, de manera tal que el 40% del gas consumido en el viejo continente es ruso, un gol estratégico de dimensiones trascendentales, como hoy podemos apreciar.
George Bush hijo se vanaglorió de tenerlo como amigo cercano. De las pocas veces que se tiene registro audiovisual de Putin disipado con mandatarios extranjeros es en fiestas con el buen bebedor de Bush. Depardieu prefería la nacionalidad rusa al albergue de Putin y con su privilegiada amistad, como Steven Seagal le juraba lealtad casi militar. Existía un atractivo en el mundo pro entregarse a ese mandatario que sabía manejar el poder de una nación en la que toda la Historia hubo que desconfiar, pero que ahora era más capitalista que Adam Smith, que favorecía los intereses del capital casi de manera tan absoluta y con una desprotección para los trabajadores, como en el nacimiento del capitalismo en Birmingham y Liverpool. Era el Cecil Rhodes de Rusia, era un tesoro, y además esa personalidad enigmática tan rusa aportaba un punto de esnobismo excéntrico del que nadie con influencia, quería quedar fuera.
Putin no permitió ninguna sombra que pudiese cubrir del todo su figura, se sirvió de diferentes tácticas, desde el desprestigio, al envenenamiento, tan típico de las instancias jerárquicas superiores en la historia de Rusia y la URSS. Aplicó técnicas de Stalin aggiornadas a los tiempos de la globalización pero manteniendo la esencia, para erradicar amenazas a su poder o a su popularidad.
El nivel de aceptación de Putin, teniendo en cuenta que el espíritu ruso admite de buena gana a una personalidad fuerte que los dirija con firmeza autoritaria, algo similar a nuestros caudillos, pude apreciarlo de cerca, hablando con moscovitas en aquella ciudad, estando de visita unas semanas en casa de mi buen amigo Slava, quien habiendo huido de la URSS por tierra para llegar a Viena, donde vivió décadas y se hizo un fotógrafo de prestigio, regresó a su Rusia natal, porque, con Putin se vivía muy bien, casi no pagaba impuestos comparado con la carga impositiva austríaca, según decía. Las tiendas vendían camisetas celebrando a su líder, ninguna criticándola. En Rusia existe una enorme libertad de mercado, sin embargo, las libertades democráticas, tal como se concibe hoy en las democracias consolidadas, están sesgadas, la crítica a Putin es perseguida, quizás no de forma explícita pero tampoco subrepticia. Rusia no desarrolló otra cosa que armamento y el gas, pero no sedujo al mundo como debe hacer un imperio, al contrario que China, quien ha introducido tantos elementos domésticos en nuestra vida cotidiana que a veces pareciera ser que viviésemos en una especie de China occidental.
En tiempos de la URSS en Cuba, cualquiera fuese el nível de desarrrollo de la sociedad, era parejo, se veían tantos ingenieros de las repúblicas soviéticas asiáticas como las europeas, en la actualidad las personas de estas repúblicas asiáticas son los encargados de realizar los trabajos duros, son quienes pueblan los barrios pobres, donde abunda el alcoholismo y la delincuencia por la falta de oportunidades.
El monstruo que hoy ruge y muerde, fue acariciado, festejado, tolerado y alimentado por el propio occidente al que él, como buen cultor de la tradición rusa, acusa de no quererlo lo suficiente, y que este a su vez, hoy reniega del impertérrito eslavo.
En medio de toda esta canalización del despertar de un sueño húmedo, queda atrapada Ucrania, la tierra del Holodomor, de Chernóbil, del Babi Yar, la matanza nazi, de Nikita Jruschev, del famoso baile típico. Mucho me temo que la gran preocupación que hoy muestra el mundo occidental por la suerte del pueblo ucraniano desaparecerá en tanto, y si Putin sufre y acepta una derrota que devuelva la nacionalidad a Depardieu, la guitarra a Seagal, y los mismos chistes que en su momento devolvió el Gadafi a todos los líderes occidentales.
Urales en el Caribe
Tenía dos casetes de música jazz, de noventa minutos cada uno. Uno era de Louis Armstrong y el otro de Glenn Miller, me encantaba el swing y el sonido New Orleans, así que cuando me metía unos buches de ron en mi casa de 1ª y 16 y me iba caminando al Sierra Maestra, a darme un baño, comer una hamburguesa, tomar un laguer y ver a amigos y materiales, muchas veces iba tarareando The bucket's got a hole in it o Chattanooga Choo Choo, sabroso por avenida primera, medio en pedo , el sol en la cara, la camisa abierta, el blue jean empercudido y las botas calientes, nada de short y chancletas como se usa hoy; a la playa había que ir como a la fiesta, después habría tiempo de cambiarse.
A veces paraba un ratito en 12 para mirar las jevitas ricas que se arriesgaban a alimentar las fantasías de los rescabucheadores que más de una vez cobraron gruesos tranqueos por pajuzos. Había una niña que me tenía loco, lo que se dice arrebatado, en aquel tiempo no se usaba tanga en Cuba, ella era la precursora, pero eso no sería nada sin su clase de culo y Papa John's, que aunque no tuve el gusto de conocerlo personalmente, se podía intuir sin mucha dificultad atendiendo al sitio donde se hendía la prenda premonitoria. Después pasaba el Karl Marx fijándome siempre de reojo, desde el inconsciente, si alguna vez se les volvía a ocurrir ocultar a toda la población un festival de rockeros y estrellas del pop internacional como aquel que me perdí a finales de los setenta. Pero nada, alguna vez los Son 14, o los Van Van, en tiempos en que los pepillos no escuchábamos música de guapos, un par de años más tarde todo se mezcló y hasta Manyenye comió ajonjolí.
Más adelante el Cristino, donde solo iban familiares de pinchos como podía ser yo pero sin ser mi caso, y chivatones de los de verdad. Donde años más tarde una prima no mía, sino de la planta de mi pie cuando lleva una semana sin agua y jabón, negó la entrada a mi hijo que vivía en 5ª y 10 porque no era hijo de revolucionarios, a un cumpleaños de su niña, que pobrecita no era culpable de las consecuencias de la deformación de una bola de cebo tan grande. Y unos pasos más allá, el drive way del Sierra Maestra, con su vigilante en la entrada, su tienda de productos especiales para técnicos extranjeros donde compraba mi madre, los cartones de cigarrillos Populares, la jamonada, el queso, el ron Legendario, el laguer cubano sin etiqueta, el Polar, el Hatuey y el Pilsen Urquell. también el vino búlgaro Cabernet. Y mucha más comida, tabaco y curda que la que había en la bodega.
Aquello era un abuso que a mi me avergonzaba, y por eso en vez de manifestarme mediante la abstención, llevaba amigos y novias a casa a comer todos los días, de esa forma pagaba la culpa de ser participe del engaño de la igualdad. Tenía un carnet de técnico extranjero, casi nunca me lo pedían a la entrada del Sierra, pero por si había un guardia nuevo, o un "imperfecto", lo llevaba encima.
A la entrada, iluminado con el sol que penetraba por los dos flancos, desde el mar y desde el cielo abierto de esa pequeña ensenada que hacía la costa de La Habana en ese punto, el mármol del suelo brillaba y el perfume del salitre empujaba a la cafetería de la entrada, para tomar una Pilsen fría. A esa altura generalmente ya me solía encontrar a un amigo, una muchacha, un primo, o cualquiera para meter una muela, la que se terciase, la que el estado de ánimo y el humor sugiriesen. Pero nada de política, en Cuba no se hablaba nada de eso, al revés de lo que la gente de afuera de la isla piensa, esa omni y multi presencia de la jerga política, ideológica, adoctrinada y alienante, causaba el efecto opuesto, en cuanto el cubano se despegaba de la muela oficial, del poema obligado, hablaba de todo menos de política.
A veces estaba Fernando, a veces el dominicano perverso, a veces Niurka, a veces Natalia, la bailarina de ballet acuático, a veces Renata, Suzanna, a veces el otro Fernando, el colombiano loco que sacó la cara por mi años atrás en la beca cuando me tenían loco a botazos voladores nocturnos llenos de meado, a veces a Robertón, que era un hacha para todos los deportes, apenas había empezado a jugar voleibol en la canchita de atrás de la piscina y ya era el mejor, igual que al wind surf, se subió a una tabla y navegó. No teníamos tablas como las que había en el capitalismo, pero teníamos alguna tabla y su botavara, lo cual era un lujo. Pero el que con más frecuencia encontraba antes de entrar, o íbamos desde mi casa porque era cubano y tenía que entrar con un extranjero, era mi amigo desde que llegué a Cuba diez atrás, Evelio, que era esponja igual que yo.
Esa vez lo encontré ya adentro, tomando una cerveza en el muro que daba al mar.
-Que volá yenika, me entró Fernan.
-Qué volaíta brother, hoy traje eso.
Yo también tenía la botella fría en la mano, le dije que fusemos atrás. Tras bañarnos en la piscina grande, en el mar nadando hasta los yakis que habían situado para que las marejadas no arruinasen las fachadas. Una vez me nadé con una titi amiga hasta los yakis, cubanismo que proviene del término “jaks”, y nos pusimos a singar con frenesí, con el sol lamiéndonos la espalda y la frente, de cara al cielo y a la orilla de enfrente a noventa millas, uno de los palos más ricos que se pueden echar en Miramar, porque la estructura del yaki permite acomodarse para mamar bollo, luego subir para ser succionado en el rabo, e invita a distintas posiciones para la singuetta. La singuetta es como la vendetta pero en plan bueno.
Y cuando cayó el sol le dije a Evelio- vamos a jamar algo- nos pusimos en la cola de la cafetería de la piscina, y de repente se me coló una rusa, el Sierra Maestra era más que nada hogar de rusos, que escudaban sus acciones en la isla bajo la denominación de técnicos extranjeros, pero eran militares, maestros de técnicas policiales, algún ingeniero, y mucho chivatón de su compañero que a su vez era vigilante de otro. Porque los que más hacían negocios en mercado negro entonces eran los rusos, compraban lo que no iban a consumir de la tienda de privilegios, y lo revendían en la poca población con que se dignaban a hablar. Había también polacos, húngaros, rumanos, búlgaros, ninguno de estos soportaba a los rusos, y eso que eran todos de partidos comunistas de sus países, si no salía nadie. Yo tuve amigos rusos, alguna noviecita también, aunque la rusa de esa época no se parecía en nada a la que anda ufana llena de rublos hoy por Marbella, esbeltas, producidísimas, lacadas, plastificadas, pero lindas. No, aquellas eran como salidas de una dacha, el traje de baño partía hacia abajo casi desde el sobaco, que dicho sea de paso, cada uno de aquellos sobacos sí que eran un arma letal mil veces más poderoso que todo el arsenal estadounidense, se bañaban en la piscina nadando en estilo pecho sin meter la cabeza en el agua, usaban gorros de pelo, y en la parte que hacían pie, siempre había algunas parejas de rusos jugando ajedrez con un tablero flotante, y miraban con ojos de oso con rabia a los niños que salpicaban o saltaban desde el borde en vez de hacerlo en la parte profunda y desde el trampolín. Los demás "técnicos" no se sentían cómodos con los rusos porque estos se creían superiores, bueno, no es que se creyesen, estaban situados en instancias superiores, y a los cubanos, que eran los encargados de construirles el edificio Mazinger, la embajada fortaleza más hostil con la estética de la Historia, ni siquiera les hablaban. De hecho los rusos no dejaron ni una costumbre en herencia tras su colonización del país, tras la caída de la URSS nadie extrañó los muñequitos, las películas, los sobacos ni a los propios rusos, exceotuando la "carne rusa" nadie se volvió a acordar de ellos. Salvedad hecha por las numerosas parejas ruso-cubanas que vivían de manera normal en la isla, generalmente compuestas durante el período de trabajo o estudio del cubano/a en tierras eslavas.
Le toqué el hombro a la rusa, y le dije que se me había colado, yo también era "técnico" .
-Mucho poco tiempo Cuba, no habla española- me dijo la muy descará.
Cuando cogía aire para decirle no recuerdo que barbaridad, Evelio me hizo señas de que la dejase por imposible, ¡él! justo él que cada día si querías ver una bronca a la salida del colegio Orlando Pantoja, a las 4 y 20 en la sinagoga lo tenías en el ring. Pero tenía razón, la rusa se empacó, se cuadró como una gendarme y no estaba dispuesta a deponer su derecho a arrebatar a los cubanos, a los aplatanados, o al resto del mundo incluso, su puesto para el helado. Cuando le tocó, la rusa dijo en español acentuado con el tono especiado de la taiga:
-Compañera, bocadita di qiueso-
Y entonces le dije: Tú sí que sabes hablar español y colarte como un cubano- Lo sardónico del caso, es que entre todos esos que llamábamos rusos, una enorme cantidad eran ucranianos, como lo fue Nikita Jruschev.
Cogimos un bocadito cada uno, y ya cayendo el sol, le dije a mi amigo, hoy nada de materiales ni socios, que traigo el Jazz. Lo que él ya sabía. Le llamaban ñaña, efori, veneno, eran unas hojitas de marihuana seca envueltas en papel de estraza, lo que en aquella Habana de inicio de los ochenta era un porro, al coste de una “monja”, cinco pesos, de los pesos que valían, que traían a Maceo altivo, orgulloso, casi como un ruso en en el Sierra Maestra, no como hoy que el pobre está en los billetes alicaído, tumbado, sin machete ni cohete. Fumamos el porro y Evelio me decía -brother no me hace ná- y cada vez que lo repetía demoraba más en terminar la frase, hasta que empezó a reírse, y yo me empecé a deshollejarme a carcajadas. La cantidad era escasa pero era del Esacambray, una calidad superior.
En esa época y aún hoy, fumar yerba era un delito muy penado por la ley, por eso me refería a quemar una ñaña, como : " tocar Jazz"; así que para honrar el mote apelativo nos pusimos a cantar los temas de jazz de Armstrong y Miller, a dos voces, dos trompetas, dos baterías, en el fondo de las piscinas del Sierra, frente a las cabañitas, a los yakis, al sol del mar naciente cayendo sobre nuestra nota de ron, laguer y jazz.
No dejamos de reírnos hasta que nos despedimos en la parada de la guagua recordando la recién aprendida frase que marca la superioridad racial de los Urales:
"Compañera, bocadita di quieso"
Peseteros
Todavía me estoy riendo.
Los rabiosos mal perdedores del madridismo dicen que Mbappé es un "pesetero" que se quedó en su casa, donde nació, donde están sus amigos, sus padres, sus tíos, su idioma, sus comidas, sus esquinas, sus recuerdos, solo por dinero, que no se fue a otro país, donde se habla otra lengua, al club que otrora alardeaba de ser el más rico y por eso se llenaba de galácticos y compraba árbitros y balones de oro a trocha y mocha, porque es un traidor.
¿Perdón? ¿Qué me perdí?
Lo primero, todos, absolutamente todos los deportistas profesionales de elite o el peor pagado de cuarta división, juegan por dinero, y por la mayor cantidad de dinero que puedan conseguir. Absolutamente todos los jugadores extranjeros, incluso de otras provincias, ni siquiera los de otros barrios jugarían en los clubes que conocemos, si fuese gratis, cada uno, el fin de semana, como hacen muchos, jugaría con los amigos en el club que le queda más cerca de la casa.
Pero es más, toda la gente que trabaja lo hace a cambio de una paga, ya sea en forma de salario, comisiones, incentivos.
En toda mi vida, solo he sabido de una persona que dejó su pasar burgués para atender sus utopías, incluso atendió enfermos ad honorem durante toda su vida, a leprosos en Perú, a guajiros y casquitos en Cuba, a nativos en Congo y a campesinos indígenas en Bolivia, además de poder ser un gran profesional henchido de dinero, podía haber tenido la mejor de las vidas como comandante en un régimen en que la erótica del poder que recubre a un comandante, es mucho mayor que la de un gran magnate en las economías de mercado, y dejó todo, para luchar hasta morir pesando la mitad de sus kilogramos, persiguiendo sus afanes, objetivos, sueños, que nada tenían que ver con los beneficios materiales. Otro podría haber sido Jesús, solo que la distancia en el tiempo pueden haber difuminado los límites entre la ficción mística y la realidad.
Todos los demás que he conocido, han sido "peseteros" si ese término se usa en carácter descriptivo para referirse a quien cobra a cambio de los servicios prestados en materia de empleo, pero si se utiliza en tono peyorativo, entonces también todos, absolutamente todos hoy en día, son peseteros, solo que unos pueden ganar más y otros, mordisqueandose las uñas, se quedan a verlas pasar.
Inglaterra Superstar
Hasta que tuvo lugar el Brexit solía ir seguido a las islas del reino unido y a la Irlanda independiente. Digamos sin alardear que son tierras que anduve de punta a cabo de arriba a abajo y de este a oeste.
Es cierto que Inglaterra dominó con mano dura a Gales, Irlanda y Escocia, como Roma a toda Europa, España y Portugal a América o también Inglaterra al popio norte de América. Pero también es cierto que sin los ingleses, galeses, irlandeses y escoceses serían unos exóticos indígenas pelirrojos en polleras o taparrabos resistentes el frío, Déjenme de joder, los irlandeses pudieron emigrar a Estados Unidos por hablar inglés y ser ciudadanos británicos, como los otros dos.
Joyce, Yeats, Wilde y Beckett escribían en inglés y fueron y son admirados y leídos en el mundo entero gracias a todos esos barcos llenos de cañones que dominaron todas esas tierras salvajes del globo, que con razón hoy exigimos que se les pida perdón por el pillaje, pero no conozco a nadie que pida la vuelta a las cuevas y chozas previas. Si hubiesen escrito con carbón en una piedra como los vikingos escribían sus letras rúnicas, en galés, gaélico o esas lenguas primitivas, no los habría conocido ni el tato, los ubicaría a duras penas el O'tatynn o el MacTatuun.
Nadie sabría ni le importaría si el whisky en su modalidad de whiskey se inventó en Irlanda o sale de los ríos marrones de la bella Escocia porque se habría difundido menos que la sopa maorí.
E incluso a nadie le importaría un pepino la vida de William Wallace en su choza gaélica, la de Michael Collins o mi propio antepasado Patrick Lynch and Blake, si no se hubiesen enfrentado a la hegemonía inglesa por esa libertad a medias, patrocinada por el ladrillo a la vista. Quizás el más independiente de los tres sea Gales, sin armar tanto lío, porque realmente son diferentes, tanto en esas casitas de Cardiff o los deportes identitario de levantar piedras y troncos desde la costa de Swansea hasta Pembroke, todo ese verde y esas hortensias que de tan refulgentes, hacen pie ancho en las pupilas.
Hoy en día está muy bien visto dentro del reino unido, realzar características escocesas, irlandesas o galesas, pero es políticamente poco correcto hablar de algo muy inglés como algo positivo, solo se puede enunciar como critica.
Así como fue injusta toda la esclavitud hispana-portuguesa-británica, en su caso desde Liverpool, y como fue injusta la explotación de los primeros proletarios desde Manchester a Birmingham, o las ordenes de represión desde Londres y Canterbury al resto de esclavos y sometidos del mundo, lo es una exagerada condena al indiscutible aporte de ese pequeño país al resto de todo el el orbe, cuando menos en materia de ciencia, arte, arquitectura, navegación, buen gusto, literatura, y por favor: casi todos los deportes.
Casi todos los que lloriquean por las esquinas, no hicieron más que aprovecharse de las conquistas de los muy avaros y bien capaces ingleses.
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