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El blog de martinguevara
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El volumen del dolor

26 Julio 2013 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Europa Aorta

 

 

 

Una catástrofe de las características de la tragedia ferroviaria que tuvo lugar en Santiago de Compostela, pone a prueba el morbo de la sociedad, la atracción enigmática de ese tipo de noticias es perturbadora y resulta no poco perversa.

Permite representar una forma abstracta de aflicción. Ochenta muertos desconocidos hacen que un presidente , dos reyes, cuarenta políticos y tres ardientes lagartos se desplacen con celeridad y gesto adusto al lugar de los hechos, que las emisoras de radio y televisión consternadas hablen del caso con la voz entrecortada por el exabrupto de un sollozo que nunca cuaja, que luchen por la primicia locutores con pañuelo en mano, con la voz frágil entre publicidad y publicidad.
Eso sí, aclarando antes de que ni siquiera tenga lugar una investigación profesional al respecto, que todo es culpa del señor maquinista, una persona preparada al detalle, experimentada, concienzudamente vigilada, que por el arrebato de no perder el "bonus" que les dan por llegar a tiempo, aceleró a 190 kilómetros por hora al entrar a peligrosa una curva y a cinco kilómetros de la estación final. O sea concluyendo en un "pis pas" que repentinamente el diestro chofer se volvió completamente loco.
Y número dos, pero de ningún modo menos importante, aclarando también que aunque el tren se parecía al AVE ( Alta Velocidad España, a la sazón el negocio que el país está exportando al mundo con notable éxito en tiempo en que ni el cardo germina por los suelos del Quijote), aunque era familia directa suya, y corría por su mismo ancho de vía, el tren en realidad no era AVE, sino que era ALVIA. Aclarando que no pertenecía a esa raza de traslados confortables, puntuales y veloces que España exporta al mundo. 
Si bien hay que reconocer que a todos nos impactan más esos ochenta muertos juntos en un episodio de tal dimensión, así como los relatos de quienes asistieron al desastre, que si somos informados de cuarenta accidentes donde perecen por separado la misma cantidad de personas, con las mismas cantidades de penurias sembradas en las existencias de sus parientes, y con infinitamente menos resonancia mediática, con sepelios a los cuales no acude ni el ayudante del alcalde del pueblo, ni siquiera el vigilante nocturno del barrio. 
Ochenta fallecidos tan desconocidos para los sufrientes del paripé mediático y mediatizado, como la suma de los fallecidos por accidentes de tráfico en períodos vacacionales como Semana Santa. 
El dolor es algo personal e intransferible, los afectados pueden y deben estar acompañados, pero ¿ qué hace un Rey rondando ese dolor? ¿ y por qué la prensa habla más de un presidente y unos ministros que van al lugar de los hechos a hacerse una foto de condolidos, en lugar de hablar de cada una de las víctimas y la manera de mitigar las penurias que atravesarán desde este preciso instante? ¿ Por qué en vez de ese gesto atormentado, de ese pañuelo cercano, de ese ademán cabizbajo, el político de turno no cesa su empeño de poner en marcha leyes y sancionar medidas que devalúan, mellan y van en detrimento de la calidad de lo público? que será al fin y al cabo lo que quienes queden heridos en la carne y en el alma necesitarán de ahora en más.
Lo precisarán tanto en el momento de la foto como cuando haya pasado toda esta representación histriónica del dolor en los altos cargos públicos y los medios de comunicación, esta competencia por demostrar a quien le acongoja y le consterna más la pena de esas pobres familias. 
En lugar de ir a palmear el hombro de algún pariente derrumbado, acariciar el grasiento pelo de algún plebeyo con el pulmón agujereado, ¿ por qué no los ayudan aportando, como mínimo, los emolumentos de un año ? Sólo los de un año.
La mayoría de los medios hoy hacía más énfasis en el pretendido deber cumplido de los poderosos, de los figurines, de los súper stars para con la amasijada plebe y su prole, que en guardar un decoroso silencio y mostrar una pizca de buen gusto y respeto. 
Me temo que cualquier resultado de una seria investigación en el terreno está condenada de antemano a dormir en un cajón intangible. En el mismo aparador donde desapareció la verdad del caso del siniestro de Spanair.

Parece ser que todo es gas.

Pero entonces aparece en escena toda esa masa de gente anónima, a la que al igual que a las víctimas nunca se les concede el protagonismo, pero están en primera línea prestos a ayudar para lo que se precise, los que nunca brillan hasta que se los necesita, los médicos, el personal sanitario, bomberos, la gente de toda índole, condición y ralea haciendo colas interminables para ofrecer sangre, muchos de ellos en paro, muchos de ellos ninguneados y pisoteados en cada recodo complicado del camino, gente que no experimenta la menor duda en el momento de arriesgar su vida para ayudar al prójimo. 

Ese es el capital de España, el espíritu que la hace especial y humana en las ocasiones en que se precisa. La misma masa adormilada frente a los abusos de los dilapidadores, es la que pega un rebote y se activa de manera altruista, cada vez que se la requiere. Pero al final la masa no cuenta, el obtetivo de la cámara capta mejor al individuo.

Y entonces todo es gas.

Gas.

 

 

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El Principito Ayé

12 Julio 2013 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Relax

 

 

Llevo tres días en el camino, trabajando.
Ando de un lado hacia otro. Sólo.
Todas las semanas me voy un día y en casa, representa una válvula de escape, como la vieja cura de la sanguijuela. Pero el segundo día queda desnuda dicha pretensión de libertad y el tercer día me doy cuenta de que ya no me reconozco en ese rol. El sex appeal que podía encontrarle en el pasado a la soledad parece haberse esfumado.

Aun así a lo largo del día de hoy, el tercero, mientras trabajaba me bañé en cuatro tipos de aguas, el primero fue un jacuzzi en la habitación del hotel donde reservé ayer. Estaba lleno por el efecto verano y gracias a ser cliente habitual me dieron una suite a precio de doble. Ya había comenzado a mermar la libido en la soledad, la erótica del ego, así que aunque disfruté la suite, lo cierto es que me hubiese gustado mas compartirla. Después del mediodía, pare en un descenso de un rio, donde las corrientes detenían su furia permitiendo la formación de una poza , en medio de un paisaje maravilloso con calor brillante, me di un chapuzón, nadé, corrí, miré las montañas y a los remeros de kayaks que formaban el paisaje más evidente, estaba sólo así que podía distraerme cuanto quisiese admirando piernas y culos, pero de inmediato me puse a mirar las parejas, las risas, las conversaciones, los roces, las pequeñas complicidades y las ínfimas traiciones, todo ello mientas me secaba al sol de pie junto a la orilla. Más tarde cuando visité el último punto del día, me bañé en el mar, en una playa paradisiaca, con montañas detrás como parapeto paisajístico, con acantilados a los costados, playa de arena blanca y fina, con un rio que desembocaba enfriando el agua recalentada de la orilla, y en ese límite natural de la marea, donde el hombre detiene sus pasos para observar un horizonte inundado, un horizonte que se puede observar con relativa tranquilidad al saber que es imposible rebasarlo, los márgenes del mundo seco y líquido transitados por viejos, jóvenes, niños, asturianos, cántabros, madrileños, franceses, ingleses, alemanes, y uno de ningún lado, con trozos y muescas de diversas identidades, de numerosas dentelladas y silbidos.

Nadé hacia donde la corriente me quería llevar. No solo me he desacostumbrado a andar por ahí sólo, con ello también perdí el hábito del riesgo, antes nadaba hasta la primera caída del calado, el primer veril, donde el agua gana ese color azul intenso, donde cada miedo acecha, el de la bestia dentada, el del viaje a la profundidad del océano que atrapa y libera al alma en la soledad más eterna. Nadé hasta por ahí nomas, cerca de la gente y regresé a la orilla, y luego volví a alejarme sólo un poquito. Deje una gorra, una camiseta, unas sandalias y la llave del coche envuelta y colocada entre unas piedras. En un instante en que estaba entretenido buscando algo bajo el agua, algo que diese sentido a la soledad, un reencuentro con la ilusión algo que le diese razón de ser, brillo, repentinamente levanté la cabeza y no me cupo la menor duda de que la marea estaba subiendo de prisa, entonces pensé que el agua podría haber llegado a la altura del pequeño bulto de ropa y que las llaves del coche podrían ser llevadas por el coletazo de una ola. Nadé como un poseso hasta la orilla, subí la piedra con pánico hasta que comprobé que mi ropa estaba todo lo enrollada que yo no lograba estar. Más tarde en el Hotel en que me encuentro alojado en Cantabria, bajé al Spa. Un generoso espacio de relax que va incluido en el precio de la habitación.

Me entretuve pensando en si a estar solo para mi hoy le correspondería más la analogía de masturbarse al borde de las últimas brasas de carbón, o la de salir a cazar piezas nuevas, redondas, rotundas, rozagantes, sedientas y solícitas.

Por suerte en el Spa había poca gente, en estado sobrio no aguanto a más de dos a la vez, todas eran personas acompañadas por otro o por varios, ya por amigos o parejas. Bueno, las parejas también podrían ser amigos. Especulé con que si yo me vería más interesante por el hecho de parecer más autónomo que ellos, más independiente e integral, como una pieza acabada, la verdad fue distinta, me sentí desproporcionado, no supe definir si disminuido o sobredimensionado entre tanta gente en equilibrio, sentí que estaba solo.

Después del Sauna bajé a cenar y cuando me senté con un plato lleno de exquisiteces cántabras, me vi llamando por teléfono a mi mujer para contarle lo que iba a comer, lo que estaba oliendo, lo que masticaba y baboseaba, la salsa, no sabia ni de que hablaba alguna reflexión liviana por aquí, una pelotudez por allá, comentarios de la comida, del día. Me había saturado, hastiado de mi condición de amo del tiempo, del pensamiento y de mi espacio existencial.
Cuando termine de comer, antes de que se fuese del todo la claridad salí a dar un paseo en pantalones cortos, me interné en el campo y vi un árbol extraño, como sacado del mundo del Principito de Saint-Exupéry, tenía aspecto de sabio, de estar realmente solitario y tenía algo de conformidad y autocomplacencia, el único árbol en aquel campo sembrado. Me dirigí hacia él y pasé cinco minutos cantando un viejo canto que ejecutaba en las borracheras cuando ya eran intensas. Un canto a Babalú Ayé. Se lo dediqué para agradecerle por como han ido las cosas al final y al cabo. Transcurrió mucho más tiempo dentro de mi canto del que soy capaz de explicar. Tiempo pluri direccional, desestructurado, anárquico y sin embargo siguiendo un patrón, un orden discursivo. Al cabo del canto me sacudió un escalofrió cuando sentí que el pasado estaba presente, apropiándose de mi simpatía, encontrando en la soledad a un viejo espíritu que en absoluto ha sido relegado en estos años, sino que fue puesto en un altar, aunque con la condición de que no se anime a recobrar vida.

Mañana estaré de regreso con mi gente, mi asma, el sudor compartido y el escasísimo atractivo narrativo que tiene el abrigo de la costumbre, tejido con el sempiterno ovillo de la rutina pero también con la aguja de la confianza.

Y la soledad será como bañarse en cuatro tipos de agua, como el baobad del Principito, mi árbol sabio y la perpetua caminata del viejo Babalú.

El Principito Ayé
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El estornino

6 Julio 2013 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Relax

 

 

Primer día.

Martín y Alejandro encontraron en el jardín un pichón de un tipo de pájaro que no sabemos cual es, hemos visto un nido con pichones en una parte del tejado bajo, pero estos eran de otro tipo, así que pensamos que se trataría del tejado de la última planta, no podíamos devolverlo a su madre, entonces Martintxo, tras suspirar profundamente los sollozos que le habían provocado la idea de que inevitable e inmediatamente el pichón iría a tener un desenlace fatal, se informó en internet y ahora lo tiene en una caja con una bolsa térmica cervical, un foco de luz para dar a la bolsa calor y un nido vacío que teníamos en una conífera del jardín. Lo alimenta con comida para peces embebida en agua y a la vez soluciona el tema de la hidratación.
No está como con su madre, y no hay que hacerse ilusiones que pase de un par de días, pero al menos ha caído en las mejores manos que podía caer. 
Cosas así son de las que me siento orgulloso. Como algunos padres se sienten cuando su hijo les trae calificaciones notables del colegio. 
Lo encontró un hijo mío y el otro está rasguñando entre el límite de la fantasía y eso ordinario llamado real, en busca de alguna posibilidad de dotarlo de vida, o de hacerle lo menos espantoso el tiempo que le quede, permitiendo al alma de ese bichito conocer a través de una decidida protección, el amor de otra alma con quien se hermanará para siempre pase lo que pase. Me conmueve y me educa
Nunca había imaginado lo tan cercano a mi atormentado espíritu de otrora que podría anidar el bien.

 

Tercer día.

Alejandro se acaba de ir a las Canarias donde reside, y el pajarito que resultó ser un estornino como el que tuvo Mozart domesticado durante tres años, muestra  una vitalidad increíble.
En día y medio Martín se doctoró en estorninos, y le da de comer y lo cuida, el bicho ya es como su chancho amigo de toda la vida. 
En fin, una delicia

 

Sexto día.

El estornino que había comenzado a responder al nombre de Platón y mi hijo Martintxo, trabaron una particular amistad regida por un intenso y genuino cariño. 
Durante seis días y cinco noches aprendieron a comunicarse con caricias, con sonidos, con comida, con esa magia propia del tiempo compartido.
Después del mediodía de hoy Platón se mostraba débil. Le suministré agua con una jeringa, -¡ Uf que suerte! sólo tenía sed- dijimos- pero a las pocas horas nos mostró que ya se iba, le pidió con ese gesto del pico a Martintxo que lo tuviese una vez más, mullido en sus manos y ahí se quedaron juntos los dos pichones, haciéndose compañía en un momento triste y bello a la vez. 
El pajarito abrió el pequeño pico lentamente dos o tres veces más acurrucado en las manos de Martintxo, le insinuó que había sido feliz y le dejó amor y vacío en generosas porciones y en partes iguales. 
En el instante en que Platón murió mi hijo estaba dentro suyo y pudo despedirse.
Le escribió una carta, lo enterramos, le pusimos tres rosas rojas y yo no intenté consolarlo, sino darle a entender que hoy se lo más apropiado sería que sintiese la pérdida y presencia de todo aquello que sólo les pertenecía a ellos dos. 
Platón el estornino, era un divino bebé. 
Hoy hace una noche calurosa y la vida sigue, y acaso más tristeza que la propia muerte del ser querido, da el percatarnos de que estamos dispuestos a continuar sin ellos, a olvidarlos, a enterrarlos el pasado, junto a la inocencia y al amor, para seguir con no se sabe bien que tipo de vida, que tipo de bagaje, ni que tipo de recuerdos.

 

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El juglar y su vara

15 Junio 2013 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Relax

 

 

Al principio de todo había unos hombres que cuando veían un río, unos palos y sentían un ardor en el estómago salían a pescar sin mayores preámbulos. Actuaban sin más. Otro tipo de hombres veían el palo, el río sentían hambre y se miraban a sí mismos pensando ¿ y yo que hago con todo esto?. A estos les aterrorizaba la idea de que sus vidas dependiesen de sí mismos, de su capacidad para procurarse el sustento.
Entonces hacían dos tipos de cosas diferentes.
Unos con determinadas características tomaban el camino más rápido y se apoderaban del mando mediante el garrote. 
Otros cuando el hambre se hacía insoportable iban a la orilla del río a dar lástima, a pedir o a comer las sobras.
Había un tercer grupo que procuraba equilibrar su holgazanería e inutilidad entreteniendo a los que habían conseguido comida, divirtiéndolos, contaban historias o chistes, tocaban el tambor, cantaban, entonces el público agradecido les cedía gustosamente parte de su botín para que lo repitiesen .
Así se comenzó el espectáculo, el entretenimiento, el arte bufo.
Unos pocos se quedaban en los dominios de la tribu pensando. Cuando estos observaban los palos, los ríos y sentían hambre no establecían ninguna relación entre ellos. El mundo material les daba igual con excepción de aquello que dotaba de confort. Este grupo hizo el arte rupestre sin procurar alimento a cambio, a menudo morían de congelamiento o devorados por alguna fiera mientras estaban abstraídos, inmersos en sus observaciones de las formas, jamás de los contenidos, nunca en lo práctico, siempre en lo representativo. Y en el pensamiento.
Gran parte de ellos conseguían un mecenazgo estable, de modo similar al bufón pero exponiéndose menos a la evidencia.
Al fin y al cabo, tanto los poderosos, como los artistas más o menos payasos formaron parte en un principio de sectores que en cualquier otra especie habrían estado condenados a desaparecer, pero en la humana llegaron a aparentar gravitar por encima del humilde “hacedor”.
Que en realidad de humilde no tiene nada, sólo es simple porque no precisa de ninguna complejidad, sabe trabajar, lleva comida y arma las chozas. Parecido a aquellos a quienes el instrumento les sobrepasaba el taparrabos, que era otro perfil de los que en la tribu no tenía que saber hacer chistes, ni hacer pensar, ni conmover.
El arte, la riqueza y la evolución han conseguido estar sobrevalorados; la genialidad, el poder y la inteligencia no fueron  más que sucedáneos exitosos, fue el remanso de aquellos que no conseguían atrapar al pez, ni alardear de su pescado.

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Viveza criolla

15 Junio 2013 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Relax

 

 

Me resulta curioso ver como hasta las últimas consecuencias, el neurasténico espíritu latino, y más aún el latino del sur, insiste en la creencia de encontrarse en la posesión de una especial habilidad para engañar a los demás que los convierte en campeones de la "viveza". 
Todos mintiendo a todos, todos estafas a diestra y siniestra, desde las más pequeñas y casi imperceptibles hasta aquellas que establecen nuevos récords, y por supuesto todos sabiendo que el de al lado nos está "embocando", "cagando", "acostando", "engrupiendo", "timando", "bolaceando", "embaucando" y un sin fin de eufemismos para describir el acto del engaño, y permitiéndolo para que a nuestra vez también exista la misma tolerancia. 
Luego un común denominador es que cada país, cada cultura de las que practican este deporte cotidiano son los únicos que se ven a sí mismos como los más vivos del mundo. Nadie más lo ve, ningún otro país lo dice, pero al menos ellos sí. Un país entero al menos cree, o dice creer que son los más listos del Planeta. Bueno algo es algo, por algún sitio se comienza!.
Y otro común denominador es el altísimo nivel de vida, las vacaciones que tienen, los índices de desarrollo, la tranquilidad y la perspectiva de futuro que se disfruta en aquellos países repletos de nativos inocentes, tontos, bobos, come gofio, boludos, panolis, según el criterio de los avispados habitantes de los países "listos", donde por el contrario siempre se vive con sobresaltos, nadie confía en nadie, ningún promesa se cumple, ninguna palabra se respeta, todos están contra todos, aunque aparentemente sea donde más se dicen mi hermano, mi amigo del alma, donde más jura amor eterno en el mismo momento que se ponen los cuernos.
Desde pequeño yo albergo mis dudas sobre lo acertado de estos conceptos, cuando observaba que casi siempre el bobo veranea en los mejores lugares de la tierra del vivo, donde este no puede poner una pie a nos er vestido de pingüino y con una bandeja en la mano.
La mayoría de veces se puede encontrar al bobo en el país del vivo tumbado al sol con un daiquirí que le trajo hasta su sombrilla el vivo, bebida que por cierto es para tontos, porque los vivos beben aguardiente de baja calidad en sitios sórdidos, ya que son tan despiertos que pueden sobrevivir entre las hienas, muchas de esas ocasiones el tonto está con una acompañante que puede ser la "viva" hermana o esposa del "vivo", porque son tan despiertos que le están sacando al bobo lo que él ya había decidido ir a gastarse para pasarlo de maravillas viendo trabajar a los vivos.

De un tiempo hacia acá me enojo menos cuando me toman por boludo. Quizás no sea otra cosa que el método más eficaz para suponerme socio de algún club aventajado.

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ADN

13 Junio 2013 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Relax

 

 

Treinta y dos vasos con líquido en diferentes tonalidades de color rojo.
Alrededor de la mesa cinco personas, dos de ellas perversas, especializadas en causar daño.
-¿ Qué harás si me voy? No podrás meter tu odio en mi cabeza, ni siquiera una bala.
Otros dos que no paraban de balancearse hacia un lado y hacia el otro, vomitaban y se defecaban encima, llevaban sus rabos y sus tetas fláccidas consigo, estaban alertas y sin embargo parecían dormidos, aquietados, pintando las rendijas, taponando la salida a las ratas.
Y había uno más en la punta de la mesa, en la punta de su propio nabo, en el filo del deseo, sudando, cubierto de la baba que expele el odio y vacío de energía positiva, desierto de proyección.
Treinta vasos con una materia pegajosa, rojo desteñido veteado de  amarillo bilis, con un toque blanco de leche cortada, regurgitante. 
Treinta vasos rosados.

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Corrientes y Callao

7 Junio 2013 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Argentina frizzante

 

El otro día me encontré con mi amiga periodista Claudia en el café Ópera, en Corrientes y Callao, para charlar un rato de bueyes perdidos.
Al cabo de la conversación, cuando nos pusimos de pie mientras me disponía a la última caminata del día hacia el barrio de Congreso donde estaba parando por los días que visité la ciudad, mi amiga me advirtió: 
- Mirá quien acaba de entrar.
Me giré y vi la figura enjuta por la naturaleza y los años de Juan José Sebreli, estaba justo en ese momento entrando con su gabardina de siempre sobre la vestimenta más que correcta, y atendía sin desdén a un parroquiano que se había levantado a hacerle participe de su admiración, le pedía un autógrafo para un libro a lo que Sebreli parecía acceder sin prisa y sin molestia.
Me aproximé en el momento en que el admirador regresó por un instante a la mesa en que se encontraba con otra persona para tomar el libro, y no constituyó esfuerzo alguno saludarlo porque estaba con su amplia sonrisa característica que esboza mientras deja los párpados entornados sobre los ojos, aún vivaces. 
Pero estaba claro que no me reconocía. 
Entonces le dije mi nombre y que habíamos conversado algunas veces, y también que representaba para mi una sorpresa muy grata verlo así de vital y verlo en el Ópera, no consideré adecuado recordarle a nuestra amiga común de otrora gracias a quien lo conocí, ya que no estaba seguro de tener el permiso de ella para utilizarla con fines que al fin y al cabo podrían pertenecer al conjunto de la vanidad. Sentí que pretender un abrazo más efusivo ante la mirada de Claudia o la evidencia de pasadas charlas y encuentros podría constituir una muestra de cholulaje de escaso buen gusto.
Pero entonces Juan José me preguntó: ¿ Dónde estás viviendo ahora? . Lo tomé como una pregunta cortés más que retórica, y le contesté con precisión el sitio de España donde vivo actualmente, sospechando por la impertérrita persistencia de las comisuras de sus labios, de idéntico dibujo entre el saludo al admirador y a mi, que no tenía ni idea de quien era yo. Me despedí antes de que llegase nuevamente el parroquiano con su libro a punto de cambiar su status definitivamente gracias a la dedicatoria.
Salimos de aquel Café continente de tantas historias, con la sensación de que además de estar en el centro de Buenos Aires, estábamos merodeando su corazón y la historia reciente.

Como siempre una ciudad hecha para caminar, a pesar de los súper pozos y las baldosas trampolines de hediondos líquidos mega voladores, a pesar de ello y de lo que sea, una de las ciudades mas impresionantes, variopintas, energizantes, y también agotadoras que he tenido oportunidad de conocer.
Donde a pesar de las pasiones y los enconos con se defienden las posiciones casi siempre extremas de cualquiera sea el momento de su actualidad política, la gente disfruta de la vida, los amigos se abrazan y se dicen que se quieren, y las porciones de pizza de muzarella de Guerrin y de las Cuartetas siguen siendo de las más ricas del mundo.
Cuando despedí a Claudia y continué caminando hacia el departamento de mi tía,  me quedé pensando en aquel episodio de saludo y desencuentro con Sebreli, un escritor necesario para entender la Argentina del siglo XX con la característica de que convirtió algunos títulos de temas sociológicos, como " Buenos Aires, vida cotidiana y alienación" o "Mar del Plata , el ocio represivo" en Best sellers de entonces, mérito que aunque no se recluya en un cien por ciento a su persona, ya que intervino de la otra parte una sociedad receptiva donde la aspiración de "saber" estaba viva y contaba con buena prensa, quizás no huelgue reconocer que algo habría tenido que ver en dicho fenómeno el flaco. Compartiendo ese  extraño éxito popular, masivo, casi playero, en títulos tradicionalmente condenados a tiradas modestas, con el "Medio pelo de la sociedad argentina" de Arturo Jauretche y con los recientes éxitos de Pigna, aunque en este último caso hay que decir que el suceso ha tenido lugar en la era del plástico.

 

Como lector encuentro cierta familiaridad entre Sebreli y Lipovetsky, quizás por los éxitos de ventas en temáticas de corte sociológicos, o tal vez por esa característica tan de ambos, de argumentar en cada nuevo libro porque opinan ya de otro modo que en el anterior, algo que me fascina toda vez que no hay mejor motor para exprimir la materia gris, que la contradicción.

Aunque el Buenos Aires comprometido ideológicamente, la ciudadanía militante de la opinión política de los años sesenta que leyeron a Sebreli, con sus pro y sus contra generalmente relacionados estos con la violencia y la intolerancia, mucho se diferencian de la actual población más motivada por lo emocional y lo instintivo.

De manera que aquél resulta un fenómeno engañosamente similar al que nos ha deparado el post modernismo, donde a merced de  compartimentos estancos como instrumentos de análisis, del minimalismo del pensamiento, fue inundado todo por la inmediatez, la banalización, el lenguaje ultra coloquial, de tipo "cercano" hasta la pegajosidad, lo cual posibilitó que unido al hábito de alimentarnos con Mac Donald's, vestirnos con Levi's Strauss y exigir unas pocas escalas para llamarle música a unos encantadores y estimulantes sonidos, también pretendamos decir las cosas más trascendentes de nuestra época bajo la ley del mínimo esfuerzo.

Aunque en honor a la verdad, pocas cosas más coherentes que tal aspiración, pueden haber en la época del imperio del entretenimiento, del tranquilizante y del somnífero.

Cuando ya me había ido de Buenos Aires mi amiga Claudia me confesó que la situación la llevó a sentir que entraba al túnel del tiempo.

Exacto, quizás lo único que busco cada vez que doblo la esquina de Callao y comienzo a bajar por la calle de los libros, los cines y los teatros, es volver a la librería que allí tenía mi padre por los años en que yo nací, y donde por lo que me cuentan, en medio del bullicio  de la nutrida fauna que allí se daba cita, yo conseguía conciliar en mi moisés, un profundo sueño del cual aún conservo una remota idea.

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Verdades polvorientas

19 Mayo 2013 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Cuba flash.

 

 

Segunda mitad de la década de los 70. El gobierno de la Junta Militar de la República Argentina , obteniendo unos jugosos beneficios, rompe el boicot  que Estados Unidos propuso  a  sus países satélites, para que no le vendieran trigo y otros cereales a  la URSS. 

El gobierno de la URSS, presidido por Leonid Ilich Brezhnev ,  sin reparar demasiado en los miles de militantes de izquierdas que se encontraban en campos de concentración siendo torturados salvajemente y luego arrojados desde aviones al Río de La Plata, manda a colocar la medalla de Lenin en la pechera de altos mandos militares argentinos, por contribuir a la causa de la Patria de los proletarios,  el billete es el billete.

El gobierno de la Junta Militar manda a colocar la medalla de José de San Martín en el pecho de altos mandos soviéticos que viajan a Argentina a tales efectos, mientras, por la causa proletaria gritaban como cerdos en el matadero los hombres y mujeres comunistas en aquellos agujeros del terror, que el gobierno había confeccionado para acabar con la amenaza marxista y peronista.

Mil novecientos setenta y seis hasta mil novecientos ochenta y dos, cuando Argentina ocupa las islas Malvinas. El gobierno de la República de Cuba, de modo continuado ofrece su garantía de silencio sobre los crímenes fascistas, a la diplomacia de la URSS en la ONU, para no obstaculizar la compra venta de trigo, que de modo revolucionario y valiente el gobierno de Jorge Rafael Videla  ejecutaba, rompiendo el bloqueo norteamericano.

Una y otra vez los exiliados argentinos en Cuba escuchábamos como su principal  dirigente, Fidel Castro Ruz, en sus extensos discursos,  jamás denunció las prácticas fascistas, ni dictatoriales en la tierra de quien había sido, según él, uno de sus mejores amigos, de sus grandes guerreros, el Che Guevara.

Por un puñado de rublos.  

Jamás denunció siquiera en la plaza de la Revolución al gobierno de la junta militar argentina, recibiendo este, el eufemismo de: Otros. Ya que decía en los discursos, Los gobiernos fascistas de Chile, Bolivia, Uruguay y ….Otros.

Tal era así que mis amigos no sabían porque estábamos exiliados en Cuba, y lo dudaban  cuando yo se los explicaba. En realidad daba la sensación que no teníamos un gobierno lo suficientemente malo como para exiliarnos, ni como para que mi padre estuviese preso ocho años y medio, ni como para que hubiese 30.000 desaparecidos, más que el doble de la cantidad de muertos que Chile. 

Tal era así que vi lágrimas en los ojos de hombres duros, de militantes  de organizaciones de izquierdas argentinas, que estaban en Cuba, aceptando las migajas de un exilio en absoluto silencio, como quien da albergue al indeseable del pueblo.  Lágrimas cuando al esperar una declaración en un tribunal de los derechos humanos promovidos desde Ginebra, Fidel a través de sus enviados, bajo apercibimiento de la URSS, calló bloqueando la comisión de investigación sobre aquellos crímenes fascistas, y haciéndose cómplice histórico de semejante villanía.

Cuando debió callar,  leyó en la Plaza de la Involución aquella carta de despedida de su amigo Guevara, que debía ser leída en la intimidad.

Cuando debió hablar para hacer Revolución, para hacerle un honor a su ex amigo con respecto a su patria, calló.

Durante muchos años cientos de cosas como estas, me parecían la antítesis de lo que pregonaban estos pollos. Estos pájaros, estos farsantes.  Me parecía la destrucción  justamente de los valores que decían defender. Y siempre por una razón u otra, he utilizado de mi  derecho a contarlo, a denunciarlo, sólo la  parte opuesta, la de callarlo, de ser leal a no sé bien qué.

Aún con el riesgo de llegar al límite de ser cómplice.

Aún cuando no tengo nada que agradecer a ese régimen y a todo el tendal de separaciones que dejó no sólo en la familia cubana, sino en la mía también, de la repugnante carga de hipocresía y corrupción que dejó en todo lo que tocó, incluido el abajo firmante.

Año 2010.

Después de la muerte de Zapata, muchos de los intelectuales que toda la vida habían apoyado u optaban por no denunciar la brutalidad del gobierno cubano, dijeron basta, no pudieron guardar más ese beneficio de la duda que se le concedía por el hecho de haberse declarado ejecutor del bien de la causa de los pobres del mundo. Esto a Fidel debió haberle picado, porque a lo largo de su vida ha sido capaz de realizar actos que no enmarcaríamos para colgar en nuestro salón, pero siempre acompañados del beneplácito y la aquiescencia de los sectores progresistas de la intelectualidad mundial, cuando paradójicamente a los progresistas de Cuba los sometía al peor de los ostracismos.

Las declaraciones contra la muerte de Zapata de un novísimo perfil de anticastrista, muy probablemente hayan sido de profunda preocupación para su entorno,en cuanto a la mala imagen ofrecida, en contraste con la necesaria  en el mundo actual, de la comunicación inmediata, para sostener  un  gobierno de poder absoluto basado en la dinastía familiar.

¿Por qué  nos cuesta tanto condenar cualquier exceso, crimen, violencia o  abuso, cometido por un ente que se autoproclama de izquierdas, revolucionario o comunista?

¿Qué parte de nuestro cerebro se anula o se narcotiza a la hora de denunciar estos crímenes?

En cualquier caso parecía estarle llegando la hora de la vergüenza, y si algo no le gusta a Fidel después de no ser el centro de atención permanente, es quedar mal, que se sepa la verdad, que se sepa que bebe vinos castellanos de hasta doscientos euros la botella mientras pide unos sacrificios continuados a su pueblo de una heroicidad numantina.

Le gusta mucho ese vino, pero no que se sepa que lo bebe. Si no hubiese problema en ello le diría a su pueblo, en algún recodo de sus extensísimos discursos dominicales, _” Yo bebo cada día vino “Pesquera” y “Vega Sicilia” Gran Reserva, ustedes cuando pueden chocan con un ron chispa de tren, porque el bueno es para los extranjeros, cuando pueden chocan con cerveza de pipa, porque la buena es para extranjeros, pero no se preocupen , que ya llegará el día que todos beban vino Pesquera y Vega Sicilia, si no Gran reserva, al menos envejecido en barrica de roble francés”.

Pero Fidel no dice la verdad con frecuencia.

 Estaba temiendo por su imagen, por su paso a la historia. Y se le ocurrió la idea a través de su hermano Raúl de apoyar el principio hacia el capitalismo más cruel, para congraciarse con la moda actual , que dista de estar marcada como otrora, por el coqueteo de las clases medias con la izquierda iluminada. Con  la población severamente empobrecida y con escasa habilidad en el mundo de los negocios y las nuevas tecnologías, desaventajados  para competir con los extranjeros como ningún otro oponente en deporte conocido alguno. 

Desprovisto el pueblo trabajador de todo mecanismo de control a la patronal. De toda organización de lucha. Los sindicatos cubanos que funcionan dentro de la isla para los trabajos estatales no tienen ninguna potestad en el área dólar, en el trabajo por divisas. El empleado cubano que trabaja para un inversor extranjero, cuenta con menos derechos que un siervo de la Gleba.

Nos ha querido disfrazar el paso de un sistema descubierto como erróneo y perverso, hace mucho ya, que en los últimos años se había convertido en el empecinamiento de una sociedad absolutamente perdida, y de un poder que se quería perpetuar a toda costa, a una sociedad donde la injusticia está garantizada desde el mismo génesis.

El alerta ahora es doble. El primero es ver que quiere hacer y cuales serán las medidas represivas que tomará el gobierno en cuanto empiece a haber algún tipo de descontento con los cambios que se avecinan. Y el otro la aquiescencia del capital internacional, que como siempre está infinitamente más interesado en que entren los bancos y las transnacionales a Cuba, en vez de que entre la democracia propiamente dicha, la que beneficie al pueblo trabajador.

Y aunque ahora, en el último momento, dice que se le interpretó mal, que lo que quiso decir es que lo que no va más es el capitalismo, apuesto a que veré, en la Plaza de la Involución, a los pichones de Rockefeller, Rhodes y Borbón gritando voz en cuello:

¡FIDEL, FIDEL¡

 

  

 

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Vuela Patty

19 Mayo 2013 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Relax

 

 

Ayer escuché un ruido en la chimenea. Pensé que se trataría de un pájaro atrapado.

En invierno o en los días de lluvia, los pájaros buscan cobijo en el calor de las chimeneas, y alguno de tantos se queda dormido, abrigado por en el refugio hasta que caen por el agujero. Algunos consiguen salir pronto otros aletean y solo consiguen trabarse en la mitad del tubo y morir allí, pocos llegan al hogar y consiguen salir del tiro sanos y salvos sin encontrar brasas ardiendo o un propietario aprehensivo o asustadizo que les aseste un escobazo.

Desde el  momento en que escuché el ruido del ave atrapada sentí que me iba mucho en liberarla, que además de la vida del animal en sí, estaban en juego otros factores.  Abrí la tapa del tiro y desplacé la plancha de hierro que bloquea el techo, quité una plancha metálica del fondo, coloqué agua y un trozo de pan en el suelo del hogar y cerré la puerta de vidrio frontal. Regresé en varias ocasiones a vigilar lo que sucedía, pasé un cable hacia arriba para ayudar a destrabar al animal. Dejé todo listo y me fui a descansar. Durante toda la noche estuvo yendo y viniendo la imagen de Patty a mi cabeza, que me sugería: -no lo abandones, por favor.

Hace muchos años tenía una perrita a la que le puse el nombre de Patty.

Me la había dado Verónica,  poco antes de abandonar la isla con su familia y exiliarse en los Estados Unidos.  Cuando me la regaló me dijo que era de alguna buena raza aunque no sabía cuál: - fíjate en el cielo de la boca- dijo - lo tiene negro, es un puddle de pura raza.-

Poco después no la volví a ver. Me quedé con esa bolita de algodón que se arrimaba a mi cara, sin importarme en lo más mínimo que de raza pura, no tuviese ni los pelos del rabo.

Mi amigo “el Nene”, tenía una perrita de dos meses a la que había bautizado con el nombre de Cacha, así es que Patty contaba desde pequeña con una amiga de juegos. Quizás por esa razón o tal vez por la bondad de que era capaz mi amigo, la cuestión es que cada vez que el Nene tenía pensado hacerme una visita, Patty me lo anunciaba unos doscientos metros antes de que llegara a la escalera de mi apartamento, moviendo la cola y corriendo de un lado a otro del living como poseída por un espíritu.

Un par de años después, cuando tenía diecinueve años  estaba confundido en cuanto al futuro, no tenía intenciones de estudiar, ni de aplicarme en otra cosa que no fuese el presente. De a poco fui abandonando  las escasas costumbres higiénicas y sociales, que aún en contra de mis esfuerzos  habían logrado establecerse en mi cotidianeidad, y en definitiva, aunque me quedaran  muchos compinches llamados amigos, al cabo del día, en el silencio de la habitación en penumbra, al filo del sueño, estaba al borde de sentirme solo.

Las piruetas y los arrumacos de Patty era lo único que lo evitaba. Se había convertido en mi alter ego. No la tomaba  en absoluto como a un animal muy distinto a mi si salvábamos el tema del lenguaje, la condición bípeda, y alguna que otra nimiedad.

Después de ocho años y medio preso,  durante el último año de Gobierno Militar en Argentina soltaron a mi padre de la cárcel y no lo dejaban salir del país. Nos pidió en una carta que fuésemos pacientes, que nada nos obligaba a apresurarnos para vernos, que cuando eso se pudiese hacer se haría. Pero mi madre tenía otros planes. Llevaba viviendo diez años en Cuba y deseaba regresar a su país. Mis hermanos, menores que yo, no presentaban un entusiasmo evidente por volver a un país que en ese momento, resultaba sólo un poquito más familiar que Sri Lanka. Yo estaba entre una cosa y la otra, no me sentía especialmente motivado, por el escaso entusiasmo del viejo ante la posibilidad de un encuentro. Pero aún así, existían motivos de entidad para querer retornar al país que me vio nacer, y el cual permanecía en mis recuerdos, con los trazos que la no siempre objetiva selectividad de la memoria, dibujaba en los contornos,  definiendo las fronteras entre lo que vale la pena añorar y lo que es un alivio haber extraviado.

Volvimos.

Mi madre buscó con quien dejarla en La Habana, y se ofreció una persona que dijo le daría de comer y la tendría en una casa de dimensiones generosas en el barrio de Miramar, hasta que nos estableciéramos y pudiésemos llevarla con nosotros.

Yo comencé mi andadura en mi nuevo país, y Patty había comenzado la suya peregrinando de una casa a otra, aquella mujer no pudo tenerla el tiempo que hubiese deseado, ya que debió abandonar la isla a su vez, y le perdió la pista a la perra, de manera tal que se la perdimos nosotros también.

Cuando me fui de Cuba no  le avisé al Nene, que estaba cumpliendo el servicio militar y salía de pase una vez  al mes o cada dos meses. Existen escasísimas cosas en las que con un poco de esfuerzo puedo ser muy bueno, pero definitivamente las despedidas no están entre esas pocas cosas. En la primera carta que recibí de mi amigo me decía, que  vaya sorpresa se llevó, cuando salió de permiso, y como de costumbre lo primero que hizo fue pasar por mi casa de Miramar, ya que le quedaba de paso a la suya, no escuchó ningún ladrido mientras se acercaba a primera avenida, _”estarán de paseo por la playita de 16”_ pensó- pero su sorpresa dio lugar a la decepción cuando tras tocar el timbre de casa y ver que no le atendía nadie, preguntó a Adela Legrá, una mítica actriz  de cine, vecina de abajo y esta le dijo que nos habíamos marchado definitivamente a Argentina. El Nene sabía que mi madre tenía esos planes, pero no sabíamos cuando nos iríamos la última vez que lo había visto.

¿Cómo Martín se fue sin ir a casa y avisarle a mami y a Jesús, sin despedirse de Orestes , sin venir al cuartel a decírmelo?.  Según sus propias palabras, hasta ahí solo era una decepción,  cuando se enteró de que no nos habíamos llevado a Patty, pasó al terreno del enfado. 

Ni bien tuve la oportunidad de hablar al respecto, le  dije que no podía cargarlo con Patty, que yo  sabía que en su casa habían necesidades no cubiertas, me dijo, “_Martín, esa perrita  es como hermana de Cacha, y como familia mía, tú sabes que aquí en Cuba donde comen dos comen tres.

Por supuesto, nada de eso contribuyó a que me sintiese mejor conmigo mismo.

No puedo decir que no ha pasado día en que no haya recordado a mi mascota, a mi alter ego en animal y hembra, pero caló de manera tan profunda en mi la conciencia de que abandoné a un ser querido, pasó de tal manera a formar parte de mi, la conciencia de que puedo ser insensible y egoísta, que estoy en condiciones de asegurar que no ha pasado ni un día en que la culpa de haber perpetrado esa traición, se haya separado de mi.

Desde ese episodio hasta ahora, siempre que puedo acometo una acción de bien con cualquier animalito. He acogido perros hasta que los dueños los han encontrado, he salvado pajaritos de las garras de una pandillas, salvé a un gato de una muerte más que espantosa a manos de un “valiente” vecino torturador de animales, doy de comer a cuanto bicho se presente en mi jardín.  He aprendido a domesticarme a mi mismo, que de todos los animales que conocía, era el más silvestre.

En la mañana de hoy mientras me disponía a leer en la cama, mi esposa me levantó de un grito,_ Martín, ahí está el pájaro!. Bajé las escaleras lo rápido que pude y miré a través del vidrio de la puerta de la chimenea.

Aleteaba asustado, pero con las energías intactas un hermoso pajarito color gris ceniza y negro hollín. Mi hijo, mi mujer y yo nos dispusimos a abrir las puertas y ventanas del living y finalmente destrabamos la compuerta de la chimenea, el pájaro se quedó inmóvil un instante, incrédulo, y súbitamente, emprendió vuelo por encima de nuestras cabezas  saliendo por la ventana hacia el cielo lluvioso, sin la más mínima intención de detenerse hasta que no llegase al nido del demonio supremo de los pájaros, para ofrecer sus respetos y gratitud.

 Entonces presentí que Patty me miraba,  no con el semblante triste de estos años pasados, sino ladrando con un tono rebosante de alegría, y cuando pude verla la miré de frente, me lamió la punta de la nariz, y con el rabo del ojo atisbé como se alejó lentamente, por la misma ventana que había salido el pajarito, moviendo la cola una vez más.

 

 

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Entre rejas

18 Mayo 2013 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Argentina frizzante

 

 

 

Los González Aguilar, llegaron a la Argentina expulsados por la barbarie del fascismo en la Guerra Civil española y fueron recibidos por la solidaridad de mis abuelos paternos, que en la provincia de Córdoba dirigían una casa de apoyo a los exiliados republicanos, con los años se convertirían para mi familia en  simplemente: los Aguilar, remarcando la palabra más cargada de metáforas y significantes, reflejo similar al que nos llevó a apelar Zapatero al ex presidente español de primer apellido Rodríguez. Carmen creció en Argentina, allí se casó y tuvo sus hijos. Ella era solo dos años mayor que mi tía Celia con quien continua uniéndola una de esas amistades de toda la vida.  Los tíos de Carmen tenían un cuarteto musical, eran astros del laúd, todo aquél que les escuchaba quedaba extasiado por unos días, en épocas previas al CD, en que la música después de oída se reproducía una y otra vez en el interior, música en silencio a través del mecanismo de la memoria. Tocaban por placer. 

Cuarteto Aguilar

Yo nací bastante después que todos ellos, cuando Carmen Aguilar y sus hermanos ya tenían hijos mayores que yo. Solíamos frecuentarnos, hasta que tuvimos que abandonar Argentina por motivos políticos. Mi padre quedó preso en el país por ocho años y medio, los demás nos instalamos en Cuba, Carmen al poco tiempo también tuvo que exiliarse en la isla caribeña, le quedó igualmente un hijo preso, pero también una hija desaparecida, la mayor. De Cuba se fue  a España con el marido y los vástagos que pudieron salir, se instaló en Cataluña.

Estaba el comienzo inocente y entusiasta de la democracia, participaba en trabajos de solidaridad desde su tierra de nacimiento para con los presos y reprimidos de su tierra adoptiva.  Igual que mi tía se ocupó por entero con la ayuda de los Estados Austríaco y Suizo a tratar de mantener con vida a mi padre, Carmen lo hacía con su hijo Juan, quien compartió cárcel con mi propio viejo. Una vez,  las amigas de siempre, se juntaron en España con el fin de hacer un viaje solidario para visitar a los presos cuando mermaba la dictadura en Argentina pero se mantenía intacta la sed asesina de sus protagonistas. Lo hicieron, acompañaron a los presos, les llevaron una fragancia fresca y la mano, una esperanza, un aliento, les arrimaron una yesca.

Eran leonas mayores y estaban heridas, por sus venas corría  sangre que lamía  desde el interior las cicatrices.

Un poco antes de regresar el período democrático a los países del sur de América, mi padre y el hijo de Carmen salieron de la cárcel. Luego retornamos nosotros desde Cuba y ella desde España, mi tía Celia desde Suiza e intentamos comenzar nuestras vidas, un poco  de la manera que nos lo habían permitido y un poco como no sabíamos. Todo era otra cosa, para mi era otra Argentina iba y venía intentando reencontrarla, para Celia también aunque ella se quedó, y para Carmen ya nada era algo, ni España desde que era niña, ni Argentina desde que Soledad, su hija, se perdió en la profundidad del espanto. Retornó a Cataluña donde casi todos su otros hijos terminaron por quedarse menos Juan, que al igual que mi padre nunca se marcharon de su país, sí sé que salieron de las celdas, sé que tardaron en despegar los barrotes de sus caras,  no sé si alguna vez dejaron atrás lo que murió entre ciénagas.

Nunca Más

Hasta que partieron cada una a su destino, Celia visitaba cada dos años a su amiga Carmen, tenía la suerte de contar con un físico saludable y una voluntad de una época extinta de la gente comprometida. La última vez que se vieron, fue justo antes de que el país de los Aguilar decidiese votar en masa a la opción más antipopular, estafadora neo franquista y corrupta de que se tenga recuerdo en democracia. Europa necesita escuchar a aquellos juglares  del cuarteto musical ejecutar sus instrumentos para crear una comunión de personas, una sonrisa sostenida, para dar un poco de merecido reposo a los Aguilares de todo páramo.

Hace unos pocos años fui a Barcelona con mi hijo menor, quería que conociese a Carmen, una parte vital de la Historia contemporánea de España y Argentina, estuvimos charlando mucho y ella seguía diciendo lo que llevaba décadas asegurando, "todavía tenemos a Franco gobernando". Nosotros seguimos camino a Francia, y a los pocos días me informaron de la partida de Carmen González Aguilar a sus noventa años sin ver, según ella, la muerte de Franco.

 

Cuarteto Aguilar de laúdes para Europa aturdida

Era una mujer culta y fuerte, hecha de lealtad de una era hierática en el recuerdo, refulgente en la memoria. De voz clara y firme, Carmen no pudo regresar de ningún sitio jamás, ella estará siempre escuchando la guitarra de sus tíos, admirando a sus padres, arrullando a sus hijos y quedándose en vela, ante el sempiterno  silencio de su perdida Soledad.

En algún lugar de la Historia.

El sanguinario dictador Jorge Rafael Videla, autor intelectual del asesinato de Soledad y de tantos otros, murió bien alimentado y cubierto por una frazada; y si bien no hay alegría en ello ya que sigue tratándose de muerte, sin embargo resulta admirable que haya fallecido en una celda, visto desde España donde ya ni siquiera el ánima espera, donde el fascismo perdura en el Valle de los Caídos, en el Alcázar, en el carácter inquisidor de la Iglesia, aunque haya personas que sigan arañando la tierra para encontrar la noble calavera de su ser querido, como dijese en una estrofa de “Elegía”, Miguel Hernández,  el poeta más estremecedor y jugado que he podido leer:

Miguel Hernandez con Josefina Manresa

“..Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera..”

 

 

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