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18 septiembre 2021 6 18 /09 /septiembre /2021 20:43

 

 

Mi viejo estaba preso en Argentina durante la última dictadura militar y nosotros vivíamos en Cuba, la manera de comunicarnos era a través de la epístola, pero no como hacía el resto de la gente, una carta, un pétalo, un sobre, un sello, un buzón y al mes o un poco más o menos la respuesta en la puerta. No por partida doble, una, porque el correo cubano era de tal calidad que para que una carta llegase a su destino había que enviarla por mano y, la segunda porque además debía ir sin alusiones políticas, ningún comentario que pudiese llevar a los censores de la prisión a impedir que la carta le llegase a mi viejo.

Hubo una época en que una petición recurrente de mi padre era que le que le mandase las letras de canciones de Silvio Rodríguez, me pidió la que estaba de moda en ese momento:  “Sueño con serpientes”. Le respondí que yo escuchaba rock y Bee Gees, que no tenía ni idea de las letras de Pablo y Silvio, en realidad pensaba que si le mandaba las letras de sus canciones  no iban a pasar la censura, yo tenía en mente la que más me gustaba “Fusil contra fusil” , de su más temprana producción, dedicada a mi tío.

Con el paso del tiempo mi viejo salió de la cárcel y cuando nos reencontramos en Argentina tuvo lugar un recital de Silvio y Pablo en Obras sanitarias, lo fuimos a ver juntos y cuando terminó el concierto, el personal de la embajada cubana en Buenos Aires nos llevó detrás de bambalinas para que mi viejo saludase a Silvio y viceversa. Estaba transpirado como un corredor de fondo, sentado, agotado y con cara de enrome satisfacción, no sé si alguna vez habría soñado semejante comunión con tanto público, fue un concierto mítico, tanto que se convirtió en un disco.

A los dos años de aquello yo había vuelto a vivir a Cuba, y una noche asistí con amigos a un recital de Silvio y Pablo en el Instituto Superior de Arte, otro hito de la Trova, eran miles de asistentes al aire libre que esperaron dos horas a que terminase un concierto de música clásica producto de la descoordinación. La Nueva Trova llevaba años tocando para un público que cabía en el patio de la casona de la cultura, pero tras aquel éxito de Buenos Aires se convirtieron en profetas en su tierra.

Por entonces tenía una novia que era amiga de varios de los componentes de la Novísima Trova, así que esperé el concierto tomando ron en la zona de los camerinos y los pasillos tras los telones, mientras amenizaban la espera Gerardo Alfonso y Santiago Feliú.

Santiago pertenecía a una Pléyades de artistas libres, en tiempos particularmente difíciles para la expresión sin anclas, un momento cubano que ya está grabado en los fundamentos, en la esencia y en la cosmología de donde maman los cada vez más numerosos artistas que intentan manifestar sus ideas y expresar su interior sin limitaciones ideológicas, desatados de las patas de la cama, de los lineamientos oficiales y de los artificios comerciales.

Pertenecía a una generación más cercana a la actitud rock que a la pose de la Nueva Trova.

De manera singular la referencia del sistema con respecto de la cual concibieron su actitud contestataria no fue el consumo capitalista, sino la hipocresía, el tedio, la abulia, la doble moral, la obsecuencia, la mentira, la alienación y el alineamiento a las pautas estrictas y obligadas de los organismos culturales estatales de la sociedad socialista del Hombre Nuevo.  Remarcando el vector estético en el arte, la libertad del "juglar" y el "bardo", en oposición al servilismo del "bufón de palacio" que es aquello que henchía las salas de grabaciones de salseros, trovadores, soneros, rígidamente controladas por los gendarmes censores, muchos de los que hoy sin pudor alguno piden asilo en Miami y consiguen vivir codo a codo con sus otrora condenados al panfleto o al ostracismo. Claramente, aunque Silvio ofrecía su apoyo al proceso revolucionario, no era un obsecuente, no lo necesitaba, era un convencido de la Revolución.

No era fácil pero lo hicieron, y Santi terminó siendo el Brian Jones, el Jimi Hendrix, la Janis Joplin, el Basquiat de la Novísima Trova y de muchos de nosotros enganchados eternamente a la energía de aquellos días.

Es cierto que debajo del barniz de los mitos se puede encontrar cualquier tipo de material, pero también entre ellos siempre hay una arcilla única dentro de un molde irreproducible.

En un momento encontré a Silvio sentado solo con una botella de ron, me acerqué, le recordé que lo había conocido en Buenos Aires junto a mi viejo y le pedí que tocase “Fusil contra fusil” , me dijo que hacía años no la cantaba, y con unos tragos de más me puse a discutir con él que era un presumido, que en Argentina, fuente de divisas no se mostraba tan altanero ni hacía esperar al público dos horas,  en ese instante yo no sabía que el motivo de la demora era el concierto de música clásica. Vinieron unos amigos a separarnos porque llegamos a discutir con términos muy gruesos, a menudo antesala de algo más picante.

Una pequeña historia con Silvio.

Más hacia nuestros días, la barbarie que despertó Tronal Gump en la diáspora cubana, se está expresando ahora en una suerte de boicot represivo y violento contra la presentación de artistas cubanos en el exterior, en este caso expresado contra unas fechas acordadas para una actuación del cantautor Silvio Rodríguez, por su reconocida labor como elemento cultural funcional al sistema, y esta semana me enteré que la ciudad que he elegido para vivir, León, decidió distinguir a Silvio con el premio Leteo por su extensa, indiscutible y nutrida obra, causando una reacción tan adversa como impertinente del partido de ultraderecha VOX, que rechaza de plano se le otorgue tal premio. Probablemente también algunos antisemitas hayan reprobado el premio a Paul Auster, y algunos torys hayan rechjazado a Martin Amis, pero esto incide más bien poco en los promotores del premio Leteo.

VOX no puede fiscalizar ni censurar premio ni artista alguno, así como no puede echar del país por su color de piel, a los niños más carenciados, esos que no tienen padres, casa ni ni patria. Pero si no nos mostramos firmes, un día podrán una cosa y la otra.

Bach era un ser sometido y obsecuente al poder de la Iglesia cuando esta más descuartizaba en plaza pública a rebeldes, quemaba en las hogueras a hombres científicos que produjeron los avances que hoy disfrutamos y mujeres justas acusadas de brujas. Mozart era obsecuente de los emperadores austrohúngaros, que eran terribles explotadores, conquistadores mediante la muerte y el dolor. Rimbaud hizo negocios vendiendo esclavos. Sócrates, Zenon y el propio Platón eran partidarios de la "pederastia casta" o sea practicar sexo con niños pero con ciertos "patrones éticos o controles cívicos" ¿Y qué? ¿debe ser prohibida la obra de estos genios, o más bien debe ser combatida la pederastia, el esclavismo, la explotación inmisericorde, las violaciones de los prelados a los niños, las hogueras con humanos y las decapitaciones públicas?

¿No será preferible que quienes se sientan agraviados denuncien en los medios de prensa, en internet, la connivencia de Silvio con las injusticias del sistema, como la firma del documento de aprobación del fusilamiento de los tres jóvenes que sustrajeron la lancha de Regla, paralelamente a reconocer su producción creativa de canciones inmemorables?

Y luego que cada uno elija si quiere escucharlo a él a Bach, a los Stones o a Julio Iglesias.

De todos modos, la más prometedora de las obras del más brillante de los genios, no tiene lugar hasta que no pase por su más exigente y sensible trámite, el tamiz del broche final, la balanza de la vida.

 

 

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Published by martinguevara
11 septiembre 2021 6 11 /09 /septiembre /2021 15:07

Salimos de Argentina en mayo de 1973, fuimos en tren de camarotes a Chile, cruzando la Cordillera de Los Andes, una maravilla que solo se puede explicar viéndolo. Pasamos 15 días en Santiago de Chile, visitando amigos de mis padres y lugares emblemáticos, comiendo comidas distintas a las habituales, escuchando hablar diferente, viendo la convulsión política del país aunque yo con diez años, de política no sabía nada, sí me impresionaban las huelgas generales absolutas que hubo esos días.

Volamos a Lima, Perú, pasamos dos días y luego nos fuimos a La Habana. Nos hospedaron en el Hotel Habana Libre, estaban mis primos hijos de Ana María, y los cubanos y una mejicana que no conocía, hijos de Ernesto. Un país nuevo, un clima diferente, una familia henchida, acentos y razas novedosas, el conocimiento de un tío que había sido Tarzán pero ya había partido a los dominios de la eternidad. Todo nuevo.

El Hotel tenía 27 plantas, los huéspedes conocidos desayunábamos y almorzábamos en el Mezzanine, la cena en la habitación, la piscina, la cafetería o el Sierra Maestra en el 25. Un día todo el comedor estaba alborotado, iban y veían de una mesa a otra comentando que había habido un Golpe de Estado en Chile, yo paraba la oreja porque había estado hacía muy poco tiempo entre ellos, se hablaba de muertos, de bombardeos al gobierno, de todo lo que solía hablarse en esos años. A los pocos días La Habana se llenó de chilenos, y algunos vinieron al Habana Libre. De ahí me quedaron algunos de los mejores amigos de toda la vida y luego un puñado de novias.

Fue al primer país que viajé fuera del mío, tengo gente muy querida nacida allí, es país vecino del que me vio nacer, pasaron diecisiete años de dictadura feroz a causa de aquel suceso que inició la cabalgata de la muerte en todo el Cono Sur, ejecutada por Fuerzas Armadas subvencionadas por la CIA y que nos dejó a decenas de miles exiliados por una década, con padres presos, muertos y torturados.

Aquello tuvo lugar el 11 de Septiembre de 1973, definitivamente ese es mi 11-S, campeón en muertos y horror; no dio lugar a que se prohibiesen las botellitas de agua en los aeropuertos y no se tomó venganza alguna contra sus ejecutores.  Y también debería ser el de millones, que abducidos por una inyección de superioridad colonizadora lloran otra tragedia, tan cruel como ajena.

 

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
5 septiembre 2021 7 05 /09 /septiembre /2021 22:35

El 11-J en Cuba puede que haya sido promovido por agentes desde el exterior, que están muy resguardados, y son todo lo pencos que se precisa para enchuchar a la gente y ellos quedarse encuevados.

Eso es un hecho, pero también lo es que habría sido imposible provocar dichas protestas si no hubiese condiciones objetivas que lo propiciasen. En Noruega ni aunque se multiplicasen por cien los pinguitubers y bollifluencers que azuzaron a la gente, podrían provocar siquiera una mueca de disgusto en algún escandinavo.

Eso y la represión desatada contra los reclamos populares, son responsabilidad directa e intransferible del opaco gobernante de la "Involución" y su séquito de obsecuentes.

Es de esperar que tantos años de mentiras, engaños, el uso permanente de la doble moral, la hipocresía, hayan mellado incluso el carácter más férreo de aquellos que realmente creían de veddá en el proyecto revolucionario y entre cegueras, alcoholismo y ataques al corazón hayan ido desapareciendo. Pero acaso quede alguno que todavía conserve el fulgor del pasado, algunas brasas calientes bajo el carbón mojado por cascadas de traición, que se levante contra la indignidad y decida cerrar este incierto capítulo histórico con la entereza que lo comenzó.

Y que como último servicio a su patria, salve a Cuba de la humillación de padecer la mendacidad de los presentes y la cobardía de los oportunistas de enfrente, ya sea empleándose a fondo para limpiar lo podrido, o en su defecto liberando bajo el agua de un estanque el contenido de sus venas, como hacían los romanos descubiertos en algún renuncio poco decoroso, para proteger a sus familias y librarse del deshonor eterno.

 

Cielo de Cuba

Cielo de Cuba

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión Cuba flash.
28 agosto 2021 6 28 /08 /agosto /2021 11:45

La barbarie que despertó Tronal Gump en la diáspora cubana, se está expresando ahora en una suerte de boicot represivo y violento contra la presentación de artistas cubanos en el exterior, en este caso expresado contra unas fechas acordadas para una actuación del cantautor Silvio Rodríguez, conocido como uno de los líderes del movimiento de la Nueva Trova y por su reconocida labor como elemento cultural funcional al sistema.

Gente rompiendo carteles que anuncian su espectáculo, embarrarandolos, agresiones a quienes desean asistir a escucharlo, me pregunto ¿qué será lo próximo? ¿prohibirlos?

¿No será preferible que quienes se sientan agraviados busquen la manera de denunciar en los medios de prensa, en internet, la connivencia de Silvio con las injusticias del sistema, como la firma del documento de aprobación del fusilamiento de los tres de la lancha de Regla, paralelamente con su producción creativa de canciones inmemorables? ¿no será conveniente hacer eso y después que cada cual decida si quiere verlo o no?

Bach era un ser sometido y obsecuente al poder de la Iglesia cuando esta más descuartizaba en plaza pública a rebeldes, quemaba en las hogueras a hombres científicos que produjeron los avances que hoy disfrutamos y mujeres justas acusadas de brujas. Mozart era obsecuente de los emperadores austrohúngaros, que eran terribles explotadores, conquistadores mediante la muerte y el dolor. Rimbaud hizo negocios vendiendo esclavos. Sócrates, Zenon y el propio Platón eran partidarios de la "pederastia casta" o sea practicar sexo con niños pero con ciertos "patrones éticos o controles cívicos" ¿Y qué? ¿debe ser prohibida la obra de estos genios, o más bien debe ser combatida la pederastia, el esclavismo, la explotación inmisericorde, las violaciones de los prelados a los niños, las hogueras con humanos y las decapitaciones públicas?

No nos situemos en el extremo opuesto, convirtiéndonos en la misma merde que ellos, por favor.

 

Cartel anunciando concierto de Silvio Rodríguez

Cartel anunciando concierto de Silvio Rodríguez

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Published by martinguevara
5 agosto 2021 4 05 /08 /agosto /2021 09:23

Andaba jugando con Fernando en el lobby, cuando entró un hombre vestido de pantalón blue jean de pata ancha, camisa apretada poblada de colores, chaqueta de jean, zapatos plataforma, y el pelo al modo afro, con una mujer tomada de su mano vestida igual  y con el pelo aún más largo hacia arriba, un niño con un pantalón jardinero de jean, zapatillas y también afro, y una niña más pequeña también colorida en su indumentaria. Caminaban como salidos de una película, y cuando pasaron cerca escuchamos que hablaban en otra lengua. Por el hotel pasaban unos días o semanas niños africanos hijos de algún revolucionario de los que en aquellos años intentaban descolonizar sus países, pero aún cuando eran de la misma raza, no tenían nada en absoluto que ver con esa imagen. Era la familia Newton. Huey era el nombre del padre, su mujer se llamaba Gwen, su hija Jessica y nuestro nuevo amigo: Ronnie.

Ronnie hablaba muy poco español, había estado unos meses en otro lugar de la isla, cuando quería que fuésemos a dar un paseo fuera del hotel, decía, “Marchín, Fernano, vamos a cambia por e caji”-, nos costaba entender esa jerigonza pero en la medida que fue mejorando el castellano, empezó a traducirlo como  “vamos a caminar pore calli”  y recién ahí lo comprendí, aunque siempre como si lo hubiésemos comprendido, cuando decía aquel galimatías, salíamos a echar ese pisteo por el barrio.

En aquellos años sonaba Jackson Five, “María” cantada por un jovencito Michael, Ronnie tenía el pelo como ellos y bailaba el mismo boggie-boogie auténtico. Los norteamericanos que solían pasar por el hotel eran progresistas, antirracistas, antiimperialistas, pero por lo general desde una perspectiva pacifista, los Black Panther en cambio abrazaban la lucha armada, pero para la autodefensa, no tenían como objetivo la toma del poder de los EEUU, lo cual revela cierto nivel respetable de cordura y sentido común. Aunque en realidad su mayor actividad y aportes fueron en el terreno de la asistencia social, tanto cultural, de conciencia, como de proveedores de alimentos en los casos más necesitados.

Las dos aberraciones más terribles que ha vivido la humanidad desde que existe recopilación de nuestra Historia como humanidad, son el Holocausto en el siglo XX y la esclavización de africanos durante dos siglos y medio, en algunos casos casi tres siglos, siendo lo más terrible en los primeros años de tráfico .

La totalidad de los inmigrantes africanos a tierras americanas se produjo por medio del uso de la más cruel de la fuerzas. En ningún caso emigraron por sus deseos ni por sus medios, y mucho menos para convertirse en casi el cien por cien de los casos en esclavos, escapando de esta suerte un reducido grupo en Centroamérica, que ha vivido todos estos siglos sin haber pasado por el látigo, ya que fueron tres galeones que se quedaron sin dueños y resultaron libertos. Los únicos casos entre los millones de africanos que fueron transportados en galeones a América para trabajar en el nuevo continente.

El grueso de los esclavos que llegaron a EEUU fue después de la Independencia, en el siglo XVIII, antes eran cantidades residuales. Las grandes mayorías de flujos de esclavos africanos fueron a parar a las plantaciones del Caribe y Brasil, donde morían muy rápido por las condiciones de vida y trabajo, por lo que había que reponer permanentemente mano de obra nueva desde África. En los EEUU se reprodujeron en mayor cantidad y velocidad por las menos miserables condiciones de vida y trabajo. Llegaban tanto desde los puertos de Méjico y San salvador de bahía como desde Liverpool. Cabe destacar que además de la avaricia y escasos escrúpulos europeos, en este tráfico participaron reyes y jefes de tribus africanas, el rey Ndongo de parte del Congo se convirtió en un acaudalado esclavista suministrando esclavos a portugueses y holandeses. En EEUU se dio la particularidad que durante mucho tiempo convivieron Maryland, esclavista, y Pensilvania, abolicionista. En 1860 se decreta la abolición dela esclavitud, y la vida de los descendientes de africanos mejoró considerablemente respecto de lo que era, pero aún estaba muy alejado de poder considerarse ciudadanos de pleno derecho.

Black Panthers Party, se fundó en 1966, concentró su mayor actividad en la ciudad de Oakland, su nombre se debe a la característica de la pantera negra, que es un felino que no ataca, sino que lucha para defenderse. Fundamentalmente era un Partido de autodefensa de las comunidades negras en los Estados Unidos, llegaron a tener miles de militantes y a tener representación en varias ciudades, no era una organización clandestina, pero sí fue duramente perseguida y atacada. Plantearon diez puntos sobre los cuales se asentaba su condición de partido en su afán de servir. Protegían a la población de los abusos policiales, enseñaban a leer, intentaban sacar a los jóvenes de uno de los trabajos caminos que se les ofrecía con garantías: la delincuencia, la venta minorista de drogas. Intentaban dotar de dignidad a la oblación negra. Esto supuso ataques subrepticios directos por parte del FBI. Hoover declaró en una ocasión que eran el enemigo número uno de la sociedad. 

Producto de esa persecución, se exilió en Cuba Huey y su familia. Una detalle al dorso: el único programa de radio en Cuba que reproducción música funky, rock y blues, “Now” lo había establecido un militante de los Panthers exiliado a finales de los años sesenta. Media hora de buena música a las seis de la tarde.

Todas las habitaciones del hotel tenían balcón y era un punto de interconexión. Un día de gran tedio probé la diversión de pasar de un balcón a otro. Mediaba la pared que daba a la otra habitación, pero la baranda era generosa en vericuetos donde introducir los dedos pudiendo asirme de forma segura. La parte de abajo dela baranda dejaba un espacio perfecto para poder mantener el pie firme sobre el suelo, lo demás era agilidad propia de la edad. Era una condición sine qua non no mirar hacia abajo, ya que había 21 pisos y daba impresión de estar en el vacío al pisar del otro lado de la baranda. La vez que cometí el error de mirar, mis dedos se hicieron pequeñas heridas de lo fuerte que me así de los agujeros de metal de la baranda.

Y entonces les propuse un juego a los muchachos. Fernando, Ronnie y Pedrito. Una competencia, a ver quién recorría más balcones, Fernando y yo fuimos los que llegamos al límite establecido por unos cuantos metros de pared hasta que comenzaba la otra hilera de balcones. Tras ese límite había que regresar. Cuando soplaba el viento, y a veces soplaba fuerte, sentía como la especie de libertad que los motoristas describen cuando alcanzan gran velocidad en sus recorridos por carreteras semivacías, aquel viento cargado de salitre despejaba todo obstáculo, así que cuando probé colgar del lado de afuera del balcón a veintiún pisos, era como si a la moto la propulsase una bocanada del mismo Barrabás.

Un día un transeúnte entró al hotel a comunicarle a la seguridad que había visto a unas personas pasarse de una habitación a otra en lo alto. Poco crédulos, se lo comunicaron a los padres de los supuestos escaladores, y estos nos preguntaron si hacíamos tal cosa a lo que respondimos, por supuesto, que no.

Un día regresando a mi balcón del que habíamos partido, vi los trofeos que se había cobrado un ruso que estaba hospedado por un trabajo técnico temporal, dos habitaciones más allá. Tenía una bolsa con agua y aguas malas adentro, unas estrellas de mar y un par de caracoles cobo, que se deben dejar al sol para que la sigua , el huésped que lo habita, salga y pueda ser arrancado, cosa muy difícil porque están pegados por la cola al final del laberinto del caracol. Esos caracoles con nácar, los típicos que parecen sonar a mar, usados también por las tribus antiguas para avisar, como una trompeta, eran muy codiciados por los extranjeros, y sobre todo por los rusos. O, los pescaban o los pagaban hasta en cien pesos cubanos que por entonces era mucho dinero, el salario mínimo estaba en noventa y seis pesos, pero no regresaban a su tierra sin uno de esos. Había otra manera de sacar la sigua, que es hirviendo el caracol, pero las habitaciones no tenían cocinas. Además para mantener el nácar intacto y brillante lo mejor es dejarlas al sol.

Al regresar de mi bojeo, propuse la broma de tirarle sus botines de mar hacia el vacío. Estuvimos todos de acuerdo, así que primero nos fijamos bien que el ruso no estuviese en su habitación yendo a golpear la puerta previamente y escondiéndonos para que en caso de que estuviese no nos reconociese. La primera vez estaba en la habitación. Al día siguiente lo volvimos a intentar y al golpear en repetidas ocasiones su puerta constatamos que no estaba en la habitación. Crucé los balcones, y tiré primero la bolsa con aguas malas,  luego las estrellas de mar y un caracol, y me quedé mirando como éste recorría todos los pisos hasta que dio con el techo rojo del tercer piso. La calle quedaba unos cuantos metros más allá y, fue tal el estruendo que hizo para hacerse añicos, que regresé a la habitación casi de dos saltos. Estábamos eufóricos con esta nueva picaresca.

Cuando el ruso regresó a la habitación, armó un lío tremendo llamando a la recepción, pero era inaudito que alguien penetrase a su habitación para robar esas pertenecías que en Cuba no significaban gran cosa, hasta que descubrieron que estaban en el tercer piso destrozadas. Cuando nos cruzábamos al ruso en el pasillo, el ascensor o en el lobby nos miraba como intuyendo algo, seguramente, era más una percepción nuestra por el cagazo que teníamos de que nos descubriese.

Al parecer que le dieron credibilidad a la versión del transeúnte, nos estaban vigilando y cuando ya había regresado el vecino a su tierra caucásica sin sus souvenires, nos sorprendieron en nuestra diversión, pero sin tirar nada de nadie. Así que nunca se pudo probar que fuimos nosotros los que privaron al ruso de regresar con la sigua y las estrellas de mar, aunque pasamos unos días castigados sin salir de la habitación tras regresar del colegio.

Los castigos eran más duros para unos que para otros, a Fernando, sus padres lo llevaban tenso si alguna queja llegaba a la habitación de Dina y Jorge, pero al pobre Ronnie le tocaban más días de castigo e ir a dormir más temprano.  El padre era recto, le había puesto una condición para poder quedarse jugando más allá de las siete, hasta las nueve de la noche; nadar cuarenta largos en la piscina del hotel. No sé si la idea surgió de que yo nadaba cada día esos cuarenta largos aunque terminaba con los pulmones en la garganta, dado el esfuerzo sumando a mi asma o fue pura coincidencia. Recuerdo un profesor de buceo que me dijo que para el buceo no es recomendable el asma, pero para el asmático el buceo y la natación son espectaculares. Años más tarde trabajé en un yate como buzo de una estrella, y recién cuando llevaba tres meses de graduado y varios buceos hechos me descubrieron el aparatito del asma en el camarote, pero ya era parte del equipo. Lo cierto es que pasé las pruebas por haber pasado bueno parte de mi juventud en el agua nadando, poniendo a prueba el límite de mis pulmones, que siempre se cansaban antes que mis escuálidos muslos y pantorrillas.

Ronnie empezó a nadar cuarenta largos desde el primer día, y terminó cansado, pero ya el segundo día los terminaba como si se tomase un vaso de agua. Yo no lo podía creer, a mi cada día me requería el mismo esfuerzo, y este monstruo los hacía de “taquito”. Al principio nadábamos a la misma hora, pero al sentir la mordida del agravio comparativo, y más aún teniendo en cuenta que yo era el “hombre de los cuarenta largos” empecé a ir más tarde o más temprano.

Cuando Huey vio que Ronnie conseguía todos los días quedarse hasta las nueve, le cambió el reto; tenía que ganarle a las damas, y eso ya era más complicado, porque Huey había sido muy bueno a las damas, como también había sido el hombre que comía más caliente en su pueblo de Luisiana, lo cual explicaba que a menudo llegase de la mano de la camarera del restaurante un plato mucho más humeante que los demás. Algo muy norteamericano ser el mejor en una cosa, en lo que sea, el asunto es no figurar destacado en el menos atractivo de los extremos antagónicos: ganador/perdedor. Entonces Ronnie tuvo que buscar alternativas y esforzarse más que con el nado, para seguir hasta más allá de las siete de la tarde con el resto de pibes, porque ganarle a Huey a las damas, no era fácil.

Cuando yo veía estas relaciones filiales, tanto de Ronnie, como de Pedrito o Fernando con sus padres, aunque fuesen regaños, los dedos del pie se me encogían dentro de las zapatillas, y los oídos se me cerraban produciendo sonido sordo, a medio camino entre el ruido del paso de un tren y una ventisca constante, que me ayudaban a disipar la imagen de ese instante de ternura que había presenciado y del que yo, dadas las circunstancias, carecía.

Jessica era de piel un poco más clara que Ronnie, como la madre, se hizo amiga de mi prima. Era una niña alegre, se reía con cualquier simpleza que hacíamos que no llegaba ni al esbozo de chiste. A veces les mandaban chicles de verdad, en Cuba no había ningún tipo de goma de mascar, las inventábamos con la leche de los caimitos, una planta que daba unas bolitas como uvas, de las que había detrás de Coopelia. Eran de sabor amargo pero tras masticarlas un poco sacaba una leche, se escupía la semilla y la piel, y con eso se hacía una especie de chicle insípido. Había quienes le ponían pasta de dientes para terminar de armar un chicle casi perfecto, al que no obstante, en tres masticadas se le iba el sabor. En este sentido no eran muy distintos de los otros chicles que se podían encontrar más comúnmente en el hotel, los del campo socialista, que traían búlgaros, checos, alemanes de la RDA. Nosotros le llamábamos chicles rusos, pero no, en Rusia tampoco había, eran durísimos, sin gracia la envoltura, pero al menos se mascaban más tiempo que el caimito, Eso sí, había que pedírselo a los que por la razón que sea estaban hospedados en el hotel, yo no me atrevía. Antes de caer preso mi viejo nos mandó un paquete con golosinas y algunas camisetas con onda, el olor de los chocolates, alfajores, o chicles de tutti frutti era como entrar en un sueño donde me encontraba en mi primera niñez, un pedacito de mi país de mi escuela y amigos en el sabor de unos chicles y unos chocolates. Pero no me gustaba masticarlos fuera del hotel, eso de tener lo que los demás no tenían ya estaba cubierto con creces con lo que teníamos en el hotel, sin jamás hablarme de comunismo en Argentina, me habían educado para ser sensible a cualquier diferencia social notable.

Pero quien más solía andar con esas gomas de mascar era Ronnie, también por eso le echaban la culpa las ascensoristas cuando, al cabo de haber masticado esas gomas hasta que el sabor ya era agrio de chapistería, se lo pegábamos en el asiento en que se sentaban cuando el ascensor subía. Y en parte porque era el único negrito de los amigos, seamos justos, racismo había mucho menos en Cuba que en EEUU, pero subrepticiamente permanecía.

Una vez se fueron a EEUU y trajeron provisiones de golosinas “yumas” para semanas. Cuando ya nos habíamos olvidado que Ronnie tenía chicles, aparecía con un nuevo paquetito amarillo de tabletas imperialistas de tutti frutti.

Los chicles, las golosinas, la ropa de moda, la música llamativa, cualquier objeto que mostrase que en su confección había contado con un departamento que tuviese en cuenta el “buen gusto” era considerado sospechoso de enemigo de la clase obrera, de la construcción de un sistema social en que la “diferencia” no se establezca como un valor, en que el brillo no radique en lo que se posee, sino en lo que se es. En cierta medida recordaba a la condena de la Iglesia al chocolate en el viejo Méjico, por considerarlo afrodisíaco e inductor de estridencias y libertinajes pergeñados por el demonio. Algo así, esas líneas y colores demasiado estéticos, podían pervertir el verdadero sino de la clase obrera que era lo contrario a asemejarse a las pretensiones burguesas.

A veces, cuando iba a buscar a Ronnie a la habitación me quedaba un rato en silencio para escuchar la música que Huey y Gwen ponían en su habitación. Mucho James Brown, mucho Groove. Una vez los vi a los cuatro bailar en rueda, daba gusto, los afronorteamericanos y los afrocubanos, aunque hablasen lenguas diferentes tenían ese común denominador, sabían bailar sueltos, haciendo muecas, figuras, eran contenedores de ritmo que a una hora del día se tenían que soltar, fuese en una conversación con mímica y ademanes, gesticulando el lenguaje corporal de la “guapería”, describiendo en el aire un arco con la mano partiendo desde debajo del mentón hacia adelante acompañándolo de ¿que volá? ¿qué pinga es? o, simplemente siguiendo los vaivenes de los sonidos acompasados.

 

Solo veía bailar en la escuela, pero cada cuadra estaba organizada por Comités de Defensa de la Revolución, que en un inicio, allá por los sesenta, había servido para combatir la contrarrevolución, pero con el tiempo y la ociosidad, había terminado por convertirse en una obligación de reuniones rutinarias, guardias nocturnas en las que se alternaban todos los vecinos, denuncias a quien escuchaba música  y programas de radios estadounidenses, que dada la cercanía, llegaban con cierta claridad en onda corta y en frecuencia modulada pero también cumplían un cometido más hedonista; las fiestas de la cuadra. Un día que me había entretenido en la cuadra de Evelio, primero comiendo en su casa, donde su madre Elsa hacía unos huevos y papas fritas con sabor a casero, que extrañaba, mientras los demás deseaban comer las langostas y jamones que yo comía en el hotel y, después profundizando la amistad con Jacko, un perro pastor alemán que tenía un vecino en un patio trasero de la calle J entre 21 y 23. Cuando estaba por irme al hotel porque ya empezaba a oscurecer, comenzó una fiesta del CDR. Todos bailaban, acaso unos mejor que otros, pero ninguno se quedaba sentado, todos adultos; la canción que sonaba y que ponía a mover el esqueleto hasta a los gatos ajustados de la cuadra, decía “tiene mendó, tiene mendó, el ritmo Upa Upa tiene mendó”. Casi hasta consiguió que mis brazos, piernas y caderas pudiesen seguir el compás.  Para mí, lo que escuchaba Ronnie y su familia era una traducción al inglés norteamericano del ritmo Upa Upa de Pacho Alonso.

 

Ronnie, Jessica y sus padres, Huey y Gwen cuando llegaron a Cuba, Fernando Evelio y yo en mi habitación
Ronnie, Jessica y sus padres, Huey y Gwen cuando llegaron a Cuba, Fernando Evelio y yo en mi habitación
Ronnie, Jessica y sus padres, Huey y Gwen cuando llegaron a Cuba, Fernando Evelio y yo en mi habitación

Ronnie, Jessica y sus padres, Huey y Gwen cuando llegaron a Cuba, Fernando Evelio y yo en mi habitación

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
13 julio 2021 2 13 /07 /julio /2021 21:06

 

Como por casualidad o por azar, la explosión social sin precedentes desde el primero de Enero de 1959 en Cuba, me tomó de sorpresa como a todos, pero no desprevenido, es como si hubiese sentido el rumor de una ola desde una lejanía inusual antes de la llegada del tsunami. Pero esto no obedece a poderes mágicos adivinatorios o a un sexto sentido para el vaticinio, sino que cada día me llegaban noticias del empeoramiento del Covid 19 y con ello del suministro de los demás medicamentos, ya habitualmente escasos y “perdidos” en la isla, unido a la mayor escasez de alimentos, las batallas por el pollo, esto sumado a las cada vez mayores dificultades para hacerse con moneda divisa, que es con la única que pueden adquirirse alimentos, medicamentos y enseres de primera necesidad.

 

 El crecimiento del Covid 19 cuando más pecho sacaba el gobierno por la vacuna cubana, la carestía y la carencia de comida, medicinas, artículos de todo orden para la vida cotidiana, los interminables cortes de luz y agua en pleno verano caribeño, fueron ya demasiado para un pueblo que lleva generaciones de prohibiciones y de obligaciones a cambio de salud y educación gratuita, que incluso estos, en las últimas décadas, han ido mermando en calidad de manera vertiginosa.

 

La mecha se encendió en San Antonio de los Baños, población popular del sudoeste de La Habana, multitud de personas salieron a las calles al grito de ¡Libertad! y se extendió por toda la geografía nacional, replicándose en pueblos de trabajadores, exclusivamente de gente humilde. Ese es el rasgo más doloroso para lo que pudiese quedar del espíritu verdaderamente socialista de la Revolución, que la rabia está en los pechos y las gargantas de la población negra, mulata, de machete en la zafra, de bolígrafo en la universidad, de guardias eternas del CDR. Jóvenes que hasta antes de este grito de ¡basta! no veían otro futuro que irse afuera del país.

El alcance, la profundidad, el sustrato de ideas y de propuestas que guía la expresión de lucha, resumida en la consigna más difundida: “Díaz Canel singao”,   da la pauta del resultado del nivel de educación, intelectual, de preparación actual, al que la Revolución sometió al pueblo, luego de, ciertamente, en los primeros años haberlos alfabetizado. Acaso no haya mejor consigna, para también describirse a sí mismos y decir: “miren lo que nos han hecho”.  Una generación que usa el sexo como medio para escapar del país, que roba al estado, que no siente remordimientos de engañar, robar a todo aquel que puede proveer un “escape, un salve”,  una generación que estaba comenzando a desandar el camino de la alfabetización, cada vez con peores maestros, con un desinterés casi absoluto por la cultura, por los aspectos de la vida que no estén anudados a las necesidades fisiológicas más inmediata. Esa generación ha dicho ¡ya no más! Y ha vuelto a sentir el placer inigualable de la rebeldía, de sentirse cubanos de honra, de elevar el gentilicio de “cubano” hasta equipararlo al de la lucha, al del valor, al de las esperanzas, al de la unión, por primera vez en mucho tiempo no debe emplear el valor en huir.

Ya lo han probado en este grito, en este atreverse a lanzar piedras contra tiendas de comida y entrar a consumirla, de dar vuelta patrullas de policía, cosa que pensamos que jamás llegaría a pasar por el nivel de inmovilismo a que someten las dictaduras del proletariado  a sus pueblos, que como la Iglesia en el medievo hacía sentir culpable al justo, torturado por el precursor del bien, consigue raptar el lenguaje de la justicia social y hacer suponer que todo lo que sea ir contra su doctrina, forma parte del mal.

Y la diferencia con los hechos del maleconazo de 1994, además de la envergadura, el alcance y el calado, es que ya no está Fidel para dirigir la represión, al cual por una cuestión histórica se le temía en partes iguales a como se le respetaba. Ni siquiera está Raúl, a quien solo se toleró por ser hermano de Fidel. Está el “puesto a dedo” Díaz Canel, a quien con todo a favor para buscar nuevas herramientas para satisfacer las infinitas demandas ciudadanas, andando sendas de apertura y cambio con la ventaja de tener el control, solo se le ocurre la idea de dar la orden de reprimir, de condenar a quienes ya no soportan más, de acusar de obedecer al imperialismo a ese pueblo mestizo y trabajador alejado de los barrios pudientes de dirigentes y de empresarios afines, alentando a la enorme masa de cubanos que no querrían perder sus míseras prebendas en una sociedad que exigiese alguna aptitud, a salir con furia a golpear a sus hijos y hermanos.

Cuando Lech Walesa lideró las protestas que culminaron en la caída del régimen en Polonia, la agencia TASS soviética dio la orden a todos sus satélites de publicar, que eran escaramuzas alentadas por la CIA, y esa versión se dio en la prensa y la TV cubana. Agentes de la CIA camuflados en los espigones y las minas de Gdansk, como hoy lo están disfrazados de hijos de obreros y campesinos afrocubanos en los pueblos y ciudades del interior de la isla.

La esperanza que albergo, y la baso en el conocimiento de al virtud y la ética del cubano, es que en caso de continuar las manifestaciones, y las detenciones arbitrarias, y la situación adquiera matices de rebelión, el ejército no dispare contra su pueblo, aunque “Puesto a dedo” llegase a darles tal orden.

También debe abrirse el embargo/bloqueo, una medida más pertinenete a una dictadura que a la democracia por excelencia, y una vez entendido que es tiempo de cambios sin sangre, los caminos para una sociedad más abierta, participativa, desarrollada, plural, están todos virgenes para ser explorados. Con todas las sensibilidades ideológicas, filosóficas y culturales cubanas en la palestra.

Ese será otro reto, para los retrógrados de la otra cara de la moneda, y no será un reto menor.

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión Cuba flash. Opinion crítica.
2 julio 2021 5 02 /07 /julio /2021 22:50

Desde que nací viví guerras, dictaduras, hambrunas, pero nunca como hoy una tragedia para todo el mundo por igual.

Nunca se llegó a este nivel de globalización ni siquiera en la Segunda Guerra Mundial, donde se viese afectado el mundo entero, como un volcán, un terremoto, un tsunami universal Cada uno en su idioma hoy debate si es mejor usar mascarilla, cual de ellas, cuando y donde; si es mejor vacunarse con Astra Zeneca, Pfizer, Sputnik, Moderna, Janssen, si conviene salir o quedarse en casa, si la sobreprotección es sinónimo recorte de derechos humanos o es el clímax de dedicación a gobernar. Un punto de inflexión, un hito de igualdad, que ojalá si se vuelve a producir algún día, sea en el ámbito de algo feliz.

Aunque, quizás nos conforme más como especie la tragedia que la dicha, como culminaba el maestro Jorge Luis Borges su poema "Buenos Aires", en el cual decía sobre su ciudad:

 

 "...No nos une el amor sino el espanto/

Será por eso que la quiero tanto."

 

Quizás nos una más el espanto
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Published by martinguevara - en Europa Aorta Opinion crítica.
8 junio 2021 2 08 /06 /junio /2021 18:15

Hay momentos importantes en la vida, no hay nada como poder percatarse a tiempo de que se está cerca de vivirlos o notar que se están atravesando.

Mi segundo hijo está en estos días inmerso en una batalla de estudios que desde mañana y por dos días, definirán en las pruebas de acceso a la universidad, la carrera que podrá optar y en que Universidad. A ver, el grueso de lo que le cuentan son las notas de estos dos últimos años, pero los resultados de los cinco exámenes del acrónimo EvAU (Evaluación de acceso a la universidad) son definitivos.

Y a mi entender deciden demasiado futuro en muy poco tiempo, por ello no solo conviene apertrecharse de los conocimientos que se evaluarán. Igual de importante es la mayor tranquilidad mental posible, abrir ventanas al azar con el fin de mantener el cerebro aireado, con el riesgo de no saber si se abre el compartimento que constipa.

Yo ya le voy buscando albergue en la ciudad en que es más probable que termine estudiando, pero por suerte, y es lo que más me congratula, más incluso que sus previsibles buenas notas, es el hecho de que el pibe tiene claro que esta semana, estos días, estas horas, forman parte de un momento verdaderamente importante en lo que será su vida, aunque en realidad sean producto de todos y cada uno de los días de su formación previa, como estudiante y como persona, desde que pateaba en su nido pélvico cada vez que escuchaba un estímulo armónico.

Conozco otro paisano, que necesita que lo internen en un hospital con el corazón al veinte por ciento para coscarse de que el presente, aunque aparente ser insostenible por su peso, insoportable por su tedio sempiterno e impresentable por su vacuidad, es el único tiempo posible y el único laboratorio donde se podrá amalgamar o separar, los cables que vienen del pasado con los conductos del futuro.

El cruces de caminos donde espera tranquilo Mefisto, a la sombra, con una limonada fría en la mano para encarar una negociación, de la que inexorablemente, siempre sale victorioso.

 

Cruce de caminos

Cruce de caminos

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Published by martinguevara
22 mayo 2021 6 22 /05 /mayo /2021 10:11

Hace un año y cuatro meses que no me he movido de León. Ha sido una experiencia extraña. Desde que salí de la imposibilidad de viajar en Cuba, a mis veinte y pocos años, no he parado de preparar el bolso o la maleta cada pocos días. A veces por necesidad, otras por trabajo, y otras por ocio, aunque casi siempre con placer.

Muy pocas veces fui turista, alguna ocasión en Santo Domingo, Huelva, Landas, París, Londres. Nueva York, Roma, Kyoto o Cádiz. Pero casi siempre he sido viajero. La diferencia radica fundamentalmente en que los viajeros vamos disfrutando de cada metro del camino si es a pie, si es un tren Shinkansen, diría de cada cien metros. Cuando he viajado caminando y a dedo, he ido prestando atención a las vacas, las piedras, incluso la educación de los mosquitos que cuando perciben que no eres un visitante ocasional, sino que estarás un tiempo entre ellos, respetan tu piel; te pican, sí, pero como penúltima opción, la última son los pescadores. Iba mirando cada planta que mis pies pisaban, los árboles y animales, las personas que me cruzaba, las historias de los conductores que me recogían. Si el bolso lo armé porque tenía que abandonar un aposento improvisado, la atención se centraba en los timbres de quienes me podían dar albergue, y en no tomar en cuenta las negativas, dar por descontados los rechazos y sólo reaccionar ante las buenas sorpresas, esos son los únicos viajes que no les deseo a nadie.  Cuando he viajado en ómnibus, la ventanilla. La ventanilla es como si desde el útero se tuviese la posibilidad de mirar por la vagina hacia afuera para ir disfrutando del mundo antes de tener que salir. En tren lo que más he disfrutado son los compañeros de viaje. A veces en compartimentos cerrados, a veces en asientos, sus caras, sus entretenimientos, los libros que leen, y en los trenes más trenes, he disfrutado del aire en la cara, del sonido de los postes pasando cerca del oído, agarrado de pasamanos de las puertas de entrada y salida entre vagones. En los aviones, de todo, desde la llegada al aeropuerto, la investigación de la puerta de facturación cuando llevo maletas transatlánticas, o de embarque si viajo con valijitas de neceser, calcetines calzoncillos y alguna medicina. Todo, las caras de los que están en ese mismo instante de limbo, de impasse entre sensaciones, entre experiencias, que es la espera del avión. Me apasiona ver como la gente gestiona ese tiempo perdido, esa especie de propina en que no tenemos nada que ser, no estamos obligados a representar nada, incluso podemos cambiar nuestros personajes y ser el actor de la última escena, o el que nunca llegó a salir al escenario. Podemos caminar por los pasillos con aire de importancia, o de impotencia, protagonistas o voyeurs, podemos echarnos perfumes, comprar un chocolate que jamás compraríamos en nuestra cotidianeidad. Sentarnos, caminar, ir al baño y siempre evitando esas malditas botellas de agua de a dos o tres euros el medio litro. Bajar del avión en aeropuerto nuevo, donde nunca se estuvo previamente es una experiencia divina, a mi me invita a tomar un café de ese país, saber cuanto cuesta, tener el primer contacto con alguien de allí, que a la sazón, entiende que uno no hable bien su idioma ni sepa que son esos bollos horneados o fritos de la vitrina que aparentan tan buen sabor. Salir a la puerta del metro o tren si es una gran ciudad, o a los buses si es un pequeño aeropuerto o un enclave menos populoso. Sentir la vida cotidiana del país desconocido pro primera vez, escuchar su lengua, verlos alejarse del aeropuerto, ese sitio de impasse, ese limbo, y reingresar a sus vidas naturales, o ver como ingresan los otros viajeros como yo. Cuando viajo acompañado también miro todo esto pero en mi idioma y con mis chistes, en cambio cuando viajo solo todo es distinto, desaparece el idioma, la tradición, me libero de puntos de anclaje, excepto el café de cada aeropuerto.

Un año y casi medio sin salir siquiera a la carretera por más de una hora, hace que hoy ante la perspectiva de retomar los viajes, sienta cierta intriga, cierto temor al cambio, a que nunca más pueda regresar ni a aquellas sensaciones, ni a esta pauta de seguridad, a esta cueva alumbrada y caliente al resguardo de los lobos bípedos.

 

Bolso de viaje

Bolso de viaje

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Published by martinguevara - en Relax
15 mayo 2021 6 15 /05 /mayo /2021 08:59

Se llamaba Elena, nació a inicios del siglo veinte, en una aldea de la provincia de Burgos que está en el medio del triángulo idílico formado por Lerma, Santo Domingo de Silos y Covarrubias. Su padre vendía carne o directamente los animales que criaba a esos tres pueblos llenos de historia y de casas blasonadas. Atravesaba las elevaciones que los rodeaban con los burros cargando la mercadería y con la nieve garantizando su conservación y ralentizando el ritmo de la marcha. Valentín murió por un disgusto causado por la traición de un amigo, eran otros tiempos en que un embuste podía matar. Los jóvenes fueron partiendo de a dos por vez a Burgos, apertrechados de sus petates, de ahí a Vigo, y de ahí en barco a Argentina, un país donde se prometía trabajo y nueva vida en una tierra fértil, una gran ciudad, cielo azul y gente amable.

Mi abuela salió con su hermana mayor y con otra vecina de la aldea, contaba que nunca consiguió quitarse del todo el acceso de rabia de que fue objeto, cuando fondearon en Río de Janeiro, y su hermana y vecina no la dejaron bajar del barco con ellas para pasear y pavonearse, porque era demasiado joven, tenía quince años y les haría parecer una niñatas cazurras. A menudo contaba como volvieron con bananas y frutas, la piel tostada y alegres como nunca las había visto mientras ella solo veía las luces por la noche que inundaban toda la costa. Tan bien lo contaba y al cabo se reía de ella misma y que no pudiese olvidarlo, que me lo trasladó como si me hubiese sucedido a mi mismo.

La abuela trabajó cuidando niños de una familia pudiente, como la de mi otra abuela, en aquel tiempo el europeo viajaba a América para servir al criollo. En América hubo tres épocas, una en que el europeo viajaba al continente para ser servidos por peones esclavizados, después  viajaron para servir al criollo, y hoy los americanos viajan para servir al europeo en sus casas. Trabajó y fue muy querida por los niños que crió hasta que se casó. Mi abuelo no era el tipo más cariñoso, ni siquiera el más considerado, la abuela fue una de esas mujeres que aguantó de pie y en silencio y nunca dejó de trabajar en la casa ni la escuché quejarse.

Cuando nací casi pasaba más tiempo con la abuela que con mis padres que trabajaban ambos, para mi estar cerca de “elabuela” era el paraíso, una especie de nube de la que no quería bajar, tal como le pasaba al dragón verde con la nube dulce. La paciencia, el cariño, el olor a limpio de la abuela aun me conmueven. Cuando la recuerdo escapa de mi hipotálamo y me llena el cuerpo, y va más allá, se instala en mi derredor, lo cual me prueba que la abuela nunca me abandonó. Después se fue a vivir con nosotros, se levantaba antes que todos, nos hacía el desayuno, empezaba a las cinco y media con mi viejo, su yerno, y se acostaba tarde, cuando todos ya estábamos en la cama, tras lavar el último plato de la comida que también ella había hecho. Así fue hasta que partió, quedándose en cada intersticio de nuestras vidas.

Hace más o menos un mes, no podía pegar un ojo, llegué a un punto de dificultad de respiración que solo podía estar sin sentir que me ahogaba si me ponía en posición de alumno descansando en su pupitre, con la cabeza inclinada sobre los brazos cruzados apoyados en la mesa. Solo así lograba conciliar el sueño aunque fuese unos minutos. Solo así el aire conseguía entrar y salir de los pulmones con una victoria pírrica. El segundo día no pude siquiera dormir unos minutos y por la mañana fui al Hospital de León, previamente pasé por una panadería, compré dos palmeras grandes, las llevé a casa de mi ex mujer y mi hijo, lo desperté y le dije que ahí le dejaba desayuno. No sé por que me dio por ahí. Llegué a urgencias y pude aparcar en un sitio gratis. Me dirigí a la puerta de Covid 19, ya que estaba convencido que mi obstrucción pulmonar era debido a haberle dado albergue a este virus. Curiosamente el personal que me atendió también pensaron que podía deberse a este virus. Ipso facto me hicieron varios estudios, y al cabo de un tiempo me invitaron a acostarme en una cama con un pijama, y tras un electrocardiograma y una ecografía, la cardióloga me pidió el teléfono de un familiar para avisarle que me quedaba ingresado. En el momento en que me dijo que me quedaba allí sentí como si tuviese fiebre y entrase mi abuela en aquella habitación. De ahí me subieron a un área intermedia de Covid mientras esperaban los resultados de la prueba PCR, me dieron la indicación de no levantarme para nada ese día, y pasada la cena me llevaron al área cardíaca. Desde ese momento hasta ocho días más tarde en que me dieron el alta, el trato fue de una exquisitez, de una calidad humana y profesionalidad, por parte de todas y cada una de las enfermeras y médicos que sentí en cada instante como si mi abuela hubiese aparecido para cuidarme, para que mi corazón no se detuviese como el de su padre, sabiendo que Cupido ya no aloja ahí su saeta, pero que los disgustos y la amargura continúan opacando su brillo.

Además del calor humano, destaco la tecnología, la limpieza, la comodidad de la habitación de la cama eléctrica, de cada medicamento o tratamiento aplicado. Siempre fui defensor de la salud pública, de la sanidad para todos a coste cero, pero en esta ocasión quedé realmente impresionado por todo lo que hacen esas personas heroicas, no solo para que continuemos con vida, sino para que nos sintamos como en el más protector de los brazos.  Todo sin pagar un céntimo.

Tenemos que defender con todos nuestros esfuerzos y recursos la salud pública, pero incluso ir más allá, dedicarles un amor y una porción de respeto a esas almas que van de un lado a otro mientras estamos en ese limbo, intentando que nos quedemos en esta dimensión, y que si nos tenemos que ir, que sea en el viaje menos traumático posible.

Más cariño y más salario para todas esas personas que cuando entran al tajo se visten con el alma de mi abuela y la dignidad de su padre.

Abuela Elena a los 90

Abuela Elena a los 90

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