Raúl vs. Fidel
Creo que lo mejor que podía pasar en Cuba es lo que está pasando con los tímidos pero significativos cambios de Raúl, con algunas variantes que cualquier disertante introduciría desde luego, de cara a preparar a la población para los tiempos competitivos que más tarde o más temprano arribarán a la Isla, pero ello no dota al General de Ejército precisamente de autoridad moral para hacerlos, ya que Raúl no fue un disidente ni siquiera un actor más del proyecto marxista leninista, en el Buró Político ni en ninguna instancia de la "Involución".
En su favor cuenta el hecho de que el contraste que existía entre las FAR, la cual era su coto experimental, y casi cualquier otra organización en cuanto a la adhesión de los pies en la realidad, en cuanto a simpatía reflejada en el afecto del pueblo, era algo palpable cada día, era frecuente ver un teniente coronel de las FAR durmiendo en una guagua de vuelta a casa absolutamente despreocupado de su entorno, incluso sintiendose protegido, o en su side-car dando un aventón a cualquiera en el barrio, sin embargo ver lo mismo, incluso unos tres grados militares más abajo, en el MININT o en cuadros ministeriales o del PCC comportaba sencillamente una entelequia.
Además las FAR depredaba lo que producía. Vivieron en una realidad diferente al resto del país, más saneada económicamente durante gran parte de todos aquellos años de subvención soviética, sabían producir lo que precisaban en viandas, avituallamiento, enseres de primera necesidad, por supuesto no en industria de tipo semi ni pesada, ni armamentista. Yo mismo trabajé en una empresa como civil de las FAR y me place atestiguar esto.
Ninguno de estos cambios están hechos en contra de Fidel como algunos quieren que parezca, para tener un novísimo líder, un flamante revolucionario, el disidente Raúl.
Esto es un plan en el que Raúl toma el riesgo como figura que comanda el cambio, de quedar para la posteridad bien, regular o pésimo, eso se verá con el devenir de los acontecimientos, pero Fidel se reserva un sitio ya perenne en la Historia, de líder excesivamente cruel para algunos, de dictador personalista para otros o de un espectro que se mueve desde lo pseudo hasta lo revolucionario, para sus simpatizantes.
El hecho de que yo aplauda a Raúl por hacer lo que estimo lo más correcto en el estado de las cosas, no borra su historia en absoluto. El hombre que te eliminaba si planteabas simpatía por otra letra del abecedario que la "A", es el mismo que ahora asegura que su política es la "Z" y que te conmina inquietantemente a simpatizar con ella. Pragmatismo mediante, está muy bien, pero claro, muy serio no es. Como cuando su autocrática más profunda al acordar el fusilamiento a su amigo y subordinado Arnaldo Ochoa, por no percatarse él como su responsable inmediato en absoluto de los trapicheos que se le adjudicaron de manera muy poco transparente en un juicio sumarísimo y repleto de irregularidades, fue aquél:
- Me miré en el espejo y vi lágrimas en mis ojos!-que nos dejó atónitos a tantos, ya que todos esperábamos un "lo siento por no haber sido vigilante", o un : "yo que soy su inmediato superior y su ambia culiñanga, su monina ecobio y su nahue eriero, tengo la máxima responsabilidad por sus actos, me inmolo o pongo mi cargo a disposición" o bien
" Este harakiri lo dedico a la hinchada que me ve por la TV".
Bueno la verdad es que eso no lo esperábamos nadie. Le apodan "el chino" no "el japonés".
Y por favor que no se preocupe nadie por los futuros cargos o puestos, ya los obsecuentes de turno tienen todo copado desde hace buen rato.
La nieta de Mao es una de las mujeres más ricas de China, la hija de Dos Santos es la mujer más rica de Angola, el hijo de Fidel gana torneos de golf en Varadero contra jugadores ingleses, la hija de Raúl cada vez pide más visas para entrar a EEUU, al final nos harán sospechar que las revoluciones se hacen para cambiar de manos el vil y sin embargo tan perseguido y ponderado metal.
Veremos de aquí a unos lustros en que andan los grandilocuentes "Patria o muerte" de ayer y de hoy ( de hoy ya cada vez menos), veremos si estarán en la Sierra Maestra o en el Escambray combatiendo esta vuelta al capitalismo, esta vil traición, o si estarán montados en el dólar como aquellas hijas y nietas de aquellos dirigentes acérrimos, del mismo modo que hoy lo están en el poder.
Porque tengamos bien claro una cosa, lo que define el ser de izquierdas, el ser progresista, contestatario, no es la auto denominación, como todo en la vida es una cuestión de hechos no de palabras, quienes ostentan el poder reprimiendo y viviendo a cuerpo de rey son la derecha lo pinten como lo pinten, y quienes de alguna manera intentan equilibrar esa balanza, son todo lo demás, aunque como con el ardid del poli bueno y el poli malo, ahora habrá quien intente hacernos ver, que Raúl liberó a Cuba de las garras de Fidel.
Santo y seña
Dentro de 200 años, como ocurre con todo, nos estudiarán en las cátedras. Cuando vean estos episodios de corrupción, opacidad e impunidad como el de Bárcenas, el de Camps inocente, el de Ana Mato corrupta como Ministra, y un extensísimo etcétera, se pondrán a observar y analizar los hechos.
Verán el caso de un matrimonio que firmaban ambos como apoderados de un Instituto que se enriqueció de manera exponencial, matrimonio que no se habían separado en todos esos años más de dos días, y quienes vivían de manera ostentosa en los perores momentos de la economía española no producto de los beneficios de sus trabajos, sino a través de presuntos delitos de gravedad, firmando ambos dos, todos y cada uno de los documentos que les permitían realizar sus presuntas estafas.
Y luego estudiarán que ese caso, con muchas más pruebas para encarcelarlos que a los 70.000 presos comunes que había entonces en las cárceles, se estiró de manera inconcebible, y al final de un carpetazo eximieron de toda culpa o sospecha a uno de los dos implicados.
A la esposa. A renglón seguido leerán que ella era la hija del Rey Borbón y dirán lógicamente:
¿ A quién se le ocurría tolerar y permitir que la jefatura de Estado, estuviese únicamente condicionada por el éxito en la cópula y la posterior fecundación del óvulo de los sempiternos Borbones, y acto seguido pretender que no estuviesen entre las preferencias de sus majestades, las posesiones de riquezas obtenidas mediante cualquier medio que no fuese el esfuerzo, el sacrificio personal, ni por supuesto el trabajo?
¿ Qué les darían a cambio al pueblo para que tolerase semejante tomadura de pelo?
Y entonces será cuando sentiremos la vergüenza del peso de la Historia.
Pero en honor a la verdad, lo más probable es que esto sea producto de mis deseos en lugar del más elemental y austero análisis. Si la contemplación del pasado sugiere una tendencia para el futuro, lo más probable es que dentro de dos siglos se pregunten lo siguiente:
¿ A quién se le podía ocurrir que en España se podría encarcelar alguna vez a algún respetable y notable representante de las clases adineradas por un pintoresco desliz de guante blanco, ni siquiera a algún corrupto de enjundia, pero más que nada quién en su sano juicio pudo blandir la osadía de esperar ver alguna vez entre rejas a un Borbón, seña y santo de nuestra transparencia, del honor y de la tradición ibérica?
No te salves
Hoy me vino el recuerdo de Benedetti paseando sus bigotes, sus pocas pulgas y su enorme dignidad por Alamar, una barriada proletaria del Hombre nuevo.
Mario Benedetti vivió exiliado en Cuba pero pidió de manera expresa, acorde a sus ideas y a su fibra comprometida que no le diesen privilegios a la altura de su nombre. Podría vivir en París con un departamento en Trocadero. Pero él era así.
Vivió un tiempo en Alamar, una barriada obrera de tipo estalinista, verdaderamente espantosa en lo estético, en la que jamás hubo ninguna atracción turistica. Cabe recordar que en Cuba, paradójicamente, todo lo que considera el propio Instituto del Turismo como atractivo irresistible para el visitante, estuvo hecho o por la naturaleza o desde la época de la Conquista hasta el 1959.
Pues bien, Benedetti, el gran poeta, bajaba a pie las escaleras del edificio de doce plantas donde vivía, cuando se iba la luz y, se iba a comprar con la libreta de abastecimiento, no con dólares sino con dinero cubano válido sólo para chícharos, arroz, huevo, azúcar pollo búlgaro y algunas pocas cosas más, a la bodega de la Zona 8.
Hacía su cola impertérrito, y cargaba su compra bajo aquel sol de justicia. Tenía malas pulgas, un poeta solitario, de gran carácter el petiso, de amabilidad ficticia no le sobraba nada, y por eso algunos lo criticaban, porque querían que encima, una de las estrellas de la cultura de América fuese más campechano todavía de lo que era.
No les bastaba con que viviese en Alamar y caminase por el territorio impreciso del Bachiplan, una polvareda blanquecina y gris con fines inmobiliarios que se introducía por todos los orificios hasta los tuétanos, ni que siendo uruguayo comiese cada muerte de obispo un bistec, o que tomase mate con yerba resecada al sol, que quitándose de encima los mosquitos que no conseguía alejar el ventilador ruso, escribiese poemas maravillosos desde aquella barriada obrera como Dostoievski lo hiciese desde la prisión en Siberia, aunque el poeta rioplatense por voluntad propia, y no sólo sin quejarse, sino agradecido. Querían además que don Mario, bajase hasta las catacumbas de lo inerme, donde habita el eco de todas las cobardías humanas, la grasa del tedio, de la procacidad, de la bastedad, el trote de la manada y el berreo del rebaño, del espanto más opaco que representan esos convencionalismos de barrio, la conversación llana, esa nada cotidiana, ese asesinato a la poesía.
Era un eterno conspirador de la pluma, un hombre valiente, eléctrico, amante de lo mínimo, de la lealtad, y aún cuando su lugar en el exilio habría sido un departamento en París o en Londres, nunca se quejó de aquel sol de justicia, ni de esperar su bistec trimestral en la cola infinita de la bodega, ni de resistir la afrenta de escuchar llamarle “Revolución” a aquella cosa amorfa y atonal. Ni siquiera la tortura de escuchar las preferencias musicales del vecindario, que con orgullo exhibían trémulos por la vibración de los alto parlantes de sus radios rusas puestas al máximo volumen, tras las delgadas paredes de aquel departamento del edificio de doce plantas, donde cuando se iba la luz, Benedetti encendía una vela, soñaba acompañar a sus compatriotas presos, a los que ya no estaban, a sus amores, a las hojas caídas de uno de sus otoños, se inclinaba sobre el papel y escribía aquellos maravillosos versos sin una brizna de odio, con esa naturalidad y profundidad de los uruguayos de entonces, con el sello comprometido de aquellas generaciones, versos repletos de admiración por la grandeza del espíritu y también de compasión por la imbecilidad humana, incluso por las victimas y victimarios de aquella y de todas las nadas cotidianas.
Asamblea de moral comunista
Mayte, la delegada de la Juventud de mi secundaria que encabezaba aquellos émulos de juicios sumarios en el aula en horarios post lectivos, en lo que se daba en llamar reuniones de ”moral comunista” en las cuales en efecto se hacía un análisis público de aquello que acercaba o alejaba a cada alumno al prototipo de comunista perfecto, el día que se corrió la voz de que era lesbiana palideció, el cargo le quedó grande en breve y su expediente acumulativo comenzó a sufrir el mismo tipo de manchas que ella solía derramar sobre quienes entonces pasaron a ser sus "Torquemada", a los pocos días de aquello se colgó de un framboyán.
Los ahorcados no sangran, por eso cuando yo observaba el framboyán de enfrente de mi casa y veía sus vainas color marrón colgando displicentes, mecidas por el viento y precedidas de las flores al rojo vivo, pensaba en Mayte y en todos esas enormes figuras colgando, los que no habían querido ir a Angola por rechazo a la violencia o por el más elemental temor a perder la vida en una guerra tan ajena, los que habían pedido la salida y nunca les llegaba, los que eran testigos de Jehová, los que tenían un pariente en el Norte y manifestaban que seguían carteándose con ellos, que los extrañaban, a los que nadaban en ron, los que se habían tirado al mar en lancha casera y no habían alcanzado más orilla que la raíz de aquel árbol.
A todos ellos es mi homenaje. A la gente que fue obligada a sentir miedo sistemáticamente, una soledad pasmosa, sed de comprensión , y a sentir vergüenza de sí mismos . Porque de todos los rasgos de los sistemas mal llamados socialistas de partido único, el más torvo, perverso y retorcido, es la apropiación de la terminología revolucionaria, que supone solidaridad con el más necesitado, es el rapto de los sentimientos más nobles, de conmiseración por las clases trabajadoras y sus vicisitudes, por los pobres y los hambrientos del mundo. Dado lo cual quien percibe que está siendo abusado por los cuatro costados por un Poder autoritario y omnipresente y siente imperativamente el deseo de manifestarlo, de inmediato pasa a preguntarse si con ello no estaría causando daño a algo más importante que las aspiraciones individuales, en definitiva si no estaría atentando contra el “Bien” como categoría, que tiene morada en ese subordinado discurso revolucionario, brillante aprendiz de las técnicas conque el tiempo ha dotado a la experta Iglesia. Primos hermanos.
Una brisa cálida recorre la mejilla del padre de Mayte justo donde unas gotas saladas empiezan a mostrarse inquietantemente persistentes, ya presenta signos de desequilibrio, los nudos comienzan a ceder, habla solo, bebe sin moderación las cervezas de la pipa que llevan al barrio para mantener una calma tensa, ya no ríe jugando dominó con los vecinos, ni baila en las fiestas del CDR, todo ha cambiado en su semblante desde que su hija cayese fulminada por el peso de la Historia.
Sepultada por un alud de amnesia demencial sin embargo intuída por su difuminada presencia hierática, gélida, eterna.
Hoy es tiempo de pensar en la mejor de manera de que aquello no vuelva a ocurrir; sabiendo que puede suceder, pero estando listos para abonar y arar el terreno con la huella de los propios pies.
Orquídeas y brujitas a los pies de las mujeres que hoy llevan la voz cantante en la nueva toma de conciencia. En torno a la ceiba con su ancho tronco plagado de espinas danzan los güijes y los chichiricús, mientras que en el framboyán se mecen esas vainas coronadas de flores de rojo fuego, cuales ahorcados sangrando.
A todos ellos mi saludo. Incluida Mayte.
Opciones sin brillo: ¿Populismo o Banca?
En el caso de las elecciones de Venezuela no concuerdo en absoluto con los detractores del castrismo. Cuba es una dictadura de la más concentrada pureza, donde no ha habido ni una sola elección, ni una sola consulta popular de ninguna especie de decisión, ni importante ni efímera, donde todo se hizo a golpe de dictados de un poder en torno a un hombre que ido cambiando de ideología según los mecenas que se prestasen a su manutención. Donde se encarceló, fusiló o se mandó al exilio a todos los opositores en un principio. Donde se ha prohibido a todo cubano viajar libremente por el mundo, y opinar de un modo diferente a los lineamientos del líder máximo. Pero que por otro lado dicho autoritarismo desterró totalmente el analfabetismo, el crimen organizado, la violencia delincuencial, la miseria infantil, a diferencia de Venezuela. Cuentan con algunos puntos en común como la nariz y el codo, más relacionados con los barnices con que han recubierto sus respectivos discursos en la última década, que en cualquier otro aspecto de la realidad objetiva. Decir que Cuba y Venezuela son la misma cosa sería tan acertado como decir que Marx y Engels han sido idénticos a Pol Pot y Ieng Sari porque en ambos casos se autodenominaban comunistas.
Chávez se refrendó en las urnas más veces que cualquier presidente de las democracias occidentales. Simplemente usó las reglas del juego que el mundo occidental jugaba y de las cuales adolecía el segundo mundo.
No hay comicios más auditados que aquellos de los países en que de alguna manera, aunque casi siempre mediante la demagogia, se incomoda al gran capital internacional. En la Historia de América Latina se sucedían y suceden infinidad de trampas electorales y nunca un periódico europeo ni norteamericano estuvo tan atento a los resultados, muy por el contrario encubrían y encubren cualquier mal procedimiento que beneficiase a las grandes oligarquías que defienden los intereses económicos de algunas transnacionales.
Ocurre permanentemente en África y les importa un pepino porque son gobiernos literalmente "comprados", pero ni bien entran en colisión con la gran patronal internacional, todo tipo de sospechas recaen sobre ellos y se ciernen en torno a las urnas los cuervos, buscando más la rendija por donde poder colar la duda en caso de que aquellos resulten victoriosos, que las garantías de buenos procedimientos. Pero precisamente es esta obsesión lo que las convierte en las elecciones más inspeccionadas.
Luego si resulta salir un Allende deja de gustarles todo lo que la democracia puede deparar, si es un Chávez les gusta un poco más porque es un perfil menos serio, más humo de feria, ruido de artificios, pero no les termina de agradar del todo, cosa que dicho sea de paso a mi tampoco, pero no porque hubiese dotado de un poco de dignidad y algo de comer a los pobres, tan despreciados por la oligarquía de aquel y de tantos países sino más bien al contrario, quizás precisamente eso sería lo único que me gustaría. Ahora bien, conviene tener claro que ni Maduro es Chávez, ni Capriles la herencia de aquella oligarquía rancia antipopular.
No soy de sentirme atraído por propuesta alguna de ningún tipo de poderosos, considero a los individuos que precisan concentrar mucho poder como parte del mismo conjunto, cualquiera que sea el disfraz ideológico que escoja para participar en este gran carnaval.
En España país con vitola del primer mundo desarrollado, todo lo que ha hecho el gobierno electo en las urnas desde que asumió el poder, va en sentido contrario a lo prometido, constituyendo una estafa en toda regla, algo que sujetos a la lógica, debería ser punible con cárcel y con cese inmediato del acuerdo tácito que implica el contrato electoral. Se le hurta, roba, esquila, pela, rapa, lo poco que le queda a los trabajadores para cedérselo a los bancos.
O sea que una actitud civilizada pasaría por tragarse sin chistar a un gobierno que no ha cumplido ni una sola de sus promesa a excepción de endurecer la ley del aborto, y por el contrario causa daño a toda la clase media en beneficio de los culpables de esta Gran Estafa eufemísticamente llamada "crisis", que está minado por la corrupción en todas sus instituciones, con personas del partido de gobierno inmersas en procesos judiciales por presuntos casos de corrupción, que incluso cuenta con una jefatura de Estado gestionada por una monarquía, que aparte de su deterioro, se decide única, exclusiva y sencillamente a través de la cópula y la fecundación, como toda muestra de exquisita sofisticación europea.
Sin embargo resulta que el centro de la desconfianza universal acerca de la poca transparencia democrática, es el legado de un tal Chávez, que por más reprobable que resulte, al menos a sus votantes no los defraudó en lo esencial, ¿ Estamos desde Occidente en condiciones de dictar cátedra de decencia, de claridad , de transparencia?
Esta no es la forma en que Occidente sedujo al hombre necesitado de normas para una vida civilizada en cierto marco de paz y progreso.
¡Por favor!
Dediquémonos a arreglar nuestro patio y a barrer bajo nuestras alfombras, que en materia de orden y de seriedad estamos a años luz de poder darle consejos a nadie.
Sara y Margaret
Hoy murió Sara Montiel, la Rita Hayworth española, más que Rita , era Sarita.
Nació María Antonia Abad, de una familia muy humilde de Castilla la Mancha, estaba marcada para el mundo del escenario, del show, de la vida licenciosa, de la manera más intensa y vivaz de ofender a lo más retrógrado de la aplicación en la realidad del pensamiento tradicional, que supuso el franquismo. Musa de innumerables poetas, le atraían los ambientes intelectuales y dentro de ellos, los hombres mayores, vivió en México rodeada de parte de la crema intelectual del siglo XX, Neruda, León Felipe, Octavio Paz.
Amante de Hemingway, Severo Ochoa, o musa de poetas de su época, compañera de reparto de Gary Cooper, hizo su fortuna en Hollywood, donde firmaba contratos por un millón de dólares por película en los años cincuenta.
Escandalizó a la pacatisima sociedad española del post franquismo por su sinceridad para hablar de las relaciones amorosas que mantenía, por su transparencia para admitir que le gustaban los hombres casados, aunque aclarando no sin ironía que siempre mostrando respeto hacia sus esposas, y por la declaración en una entrevista que concedió a Vázquez Montalbán:
_Yo soy socialista, como toda mi familia.
Y cuenta que no fueron ambos a la cárcel franquista de milagro. Todas las mujeres copiaban sus peinados. Se convirtió como Liz Taylor en un símbolo de la Diva con carácter, y de la misma manera fue adoptada en secreto como icono de la dispersa comunidad gay, como elemento fetiche que en algún punto los unía en las extremidades de la diversión y el terror , de la alegría y el llanto de aquellos años tan oscuros para la exposición y libre expresión de tal condición.
Sarita Montiel, quien hasta sus 84 años seguía diciendo que ella nunca fue al supermercado, que no conocía la diferencia entre un chuletón de buey de Avila y una pechuga de pollo, hasta el momento en que los probaba con sus papilas gustativas. Dictó cátedra de estrella en España sin olvidar una bien tallada dignidad y autenticidad que hoy se echa de menos como una Seven Up helada en una tarde al solcito en el medio del Sahara.
A Sarita se la recordará con una sonrisa en los semblantes de los hombres y mujeres de edad madura en el mundo hispanoparlante, entre los programas de televisión de tipo rosa, y en algunos sectores ya ancianos, de la izquierda anti franquista.
Hoy murió otra celebridad. La diva de los actuales neo cons, musa del Tea Party, la quintaesencia de los Tories más recalcitrantemente conservadores.
Se fue Margaret Thatcher.
Hija de un tendero inglés, Margaret Hilda Roberts, terminó convirtiéndose a partir de una voluntad férrea, énfasis en el autocontrol y gran capacidad de trabajo, en una de las artífices directas del triunfo del capitalismo, en una vena conectada directamente a la arteria del también británico Adam Smith, que proveyó la sangre necesaria en el momento que más lo necesitaba la sociedad del mercado.
El hecho de que su mandato de once años al frente del Reino Unido, sólo superado por Lord Liverpool, haya coincidido con el derrumbamiento de la URSS no sólo fue una coincidencia histórica, sino que su aporte fue fundamental junto al de Reagan para permitir dar los pasos del fin de la Guerra fría, la caída del comunismo como sistema alternativo al capitalismo occidental. Aunque se puede admitir que la prensa occidental dio mucha más importancia a estos dos actores de lo que en realidad tuvieron en dichos acontecimientos nada fortuitos, la URSS cayó casi exclusivamente por su propio peso, por el peor manejo y administración que se tiene noticia de tal renta histórica y semejante margen que dejaron el derrocamiento del zarismo.
Lo que sí se le podrá deber a Margaret Thatcher en todo caso, será la depauperación, el empobrecimiento del sistema de Salud Pública en el Reino Unido, de la minería en Inglaterra, Gales y Escocia, del entramado ferroviario británico, y la perpetuación de la desconfianza cuando no del odio entre los partidarios de la independencia de Irlanda del Norte con sus detractores, tanto ingleses como irlandeses de la Orden de Orange.
Donde es bastante probable que no se la vaya a recordar con demasiadas muestras de afecto, será en Argentina. Donde ni los partidarios de reclamar, ni los detractores, ni los indiferentes ante los colores de la enseña nacional que termine flameando en las dos o tres astas para bandera enclavadas en aquellas rocosidades del Atlántico Sur llamadas Islas Malvinas por unos y Falkland Islands por otros, olvidarán la excesiva crueldad con que se aplicó una vez concluida la innecesaria contienda bélica, que reactivó su credibilidad en unas elecciones que ya tenía perdidas.
Hoy murieron dos damas del siglo XX. Ambas fueron auténticas. Pero sólo se me dibuja una sonrisa en el semblante al pensar en una de ellas, la que vivió la vida a fondo brindando a la gente más alegrías que otra cosa.
Al Capone B&B
Cuando me repuse de lo más pesado del mareo, intercambié saludos de gratitud con el extraño ser que me había asistido. Me dejó una tarjeta con su nombre, el teléfono directo y la dirección del Hospital psiquiátrico que dirigía. Me invitó a visitarlo y a que no dudase en pasarme una temporada en sus instalaciones si así lo requiriese.
La verdad es que sólo dejé pasar algunos días por mantener cierto decoro, y en cuanto consideré que ya era adecuado, me vestí, me perfumé con colonia búlgara y fui a ver al doctor P.
En cuanto le dije al taxista: - A la clínica del CENSAM, Centro de Salud Mental, me preguntó ¿tiene usted a alguien ingresado allí? Me extrañó ese excesivo trato de respeto, en el ámbito coloquial de un taxi habanero, y le respondí – No, voy a ver al director, ¿por qué lo pregunta? No, nada, era porque ahí sólo hay “pinchos”, generales, oficiales del MININT, ministros, o familiares cercanos de estos. No le expliqué nada pero me quedé pensando, que si era así no debería estar mal. Claro que estaba el tema ese de los militares y toda esa paranoia y alergia que me producían.
El taxi me dejó en la puerta de entrada, en Jaimanitas. Era un complejo de edificios nuevos, chalets y cabañas, cuidando el entorno, y su belleza, salpicados de jardines por doquier, atravesado por el río del mismo nombre que el pueblo, que iba a desembocar al mar. Llegué a la oficina del doctor P., me recibió con un café y con un apretón de manos cálido. Me explicó que el tratamiento constaría fundamentalmente de descanso y medicación, con horas de terapia de grupo, y sesiones de terapia individual. Con tiempo para ejercicios, para cine, y muchas horas de ocio medicado con amitriptilina y otros sedantes. La mayoría de los hospitalizados allí, estaban por un exceso de celo en sus ocupaciones, yo pensaba que además, las cosas que habían tenido que presenciar, o hacer, no les dejarían descansar en paz. Dimos un paseo largo por las instalaciones en el cual me explicó que era cada cosa, en ese complejo que de primera impresión era tranquilizante. Nos cruzábamos con hombres y mujeres en pijamas que caminaban con los brazos caídos, inmóviles, a los costados del cuerpo, como zombis. Esa era la sección de los que volvían de alguna guerra, en la que estuviese envuelto el ejército cubano, las llamadas misiones internacionalistas, que se diferenciaban de las invasiones imperialistas, solo en los prefijos de las palabras, imperialistas e internacionalistas. Había un hombre, me explicó, que había perdido las manos y los ojos por la explosión de una granada, en África, y la mujer que lo llevaba del brazo era su madre, ya que la esposa un tiempo después de su regreso no podía soportar y lo abandonó, Me pidió que no me alarmase, que aquella era la sección dura.
Yo estaría en las cabañitas, junto al río, la piscina, la mesa de billar, la jaula de pájaros y tendría una cabañita con una habitación amplia y muy bien climatizada. Cuando vi mi área, volví a tomarme un tiempo por dignidad para decirle, sí doctor, me quedo aquí. En los minutos que llevaba allí, podía decir que empezaba a sentirme mejor pensando en una amitriptilina, los paseos por los jardines y partidos vespertinos de squash. Luego me llevó a una casa blanca con una piscina de mármol, flanqueada por las estatuas de dos leones, en posición de vigilia, se notaba que esa parte había sido construida antes de la Revolución, porque aunque todo lo demás era muy correcto estéticamente, la diferencia de calidad de la casona era notable en su favor. Y me dijo. -Martín, esta parte pertenece a la casa original que había aquí antes de que esto fuese una clínica; era propiedad de Al Capone.
Si ya estaba decidido a irme allí todo el tiempo que pudiese quedarme, este detalle terminó de convencer a esos pequeños flecos de sospecha. Fuimos al área deportiva y luego al comedor, que expelía un aroma digno de restaurantes cinco tenedores. Y me dijo, -es hora de comer, ¿me acompañas a almorzar? -por supuesto, y considere este, el primero de mis almuerzos, en esta, la clínica que usted dirige. Nos dimos la mano, como si cerráramos un trato comercial, tomé mi almuerzo. Y al día siguiente regresé con un bolso Adidas deshilachado que además de las cosas que le metí dentro siempre llevaba adosado, casi formando parte indivisible, dos pares de calcetines de deporte y un libro de Carpentier: Dos novelas, también llevaba una caneca de ron, pero esa la tuve que dejar.
El mareo, la resaca , el eco mezclado con mucho miedo y finalmente el frío.
El lugar estaba preparado para que cayese un torrente de paz sobre los hombros de personas con sumo estrés. Había muchos sobrevivientes de las guerras de se habían librado en África, pero también había militares y personal del MININT de alta graduación o de puestos muy exigentes que estaban extenuados por diferentes razones. Había mayores, coroneles, jefes de guardaespaldas de altos cargos que estaban allí a causa de años de estrés, de no dormir, de tener que cambiar de súbito las rutas, los itinerarios, una y otra vez para impedir atentados verdaderos o imaginarios propios de la paranoia que todos vivían a todo nivel por diferentes causas. Esa tremenda presión se terminaba traduciendo en ausencias de la casa, en no ver crecer a sus hijos, divorcios, hasta que se bloqueaban y precisaban de la internación en la clínica por alcoholismo o depresión. Había también un integrante de una familia de intelectuales, músicos y poetas cubanos dde todos los tiempos, un gran guitarrista y creador musical.
Yo siempre tuve la leve impresión de que además a ellos los concurría un motivo extra que era el haber sido participe de muchas cosas ocultas, de haber observado de primera mano, los nervios, el día a día, las decisiones más controvertidas, sin poder comentar y ni siquiera pensar en que las habían escuchado. Tanto tenía pinta de ser así, que sus ojos revelaban el temor a hablar, cuando ya sentían el calor de la amistad se los notaban temerosos, desacostumbrados a tanta tranquilidad a tanto tiempo para pensar y tal era la manera en que yo lo percibía que no quería escuchar ninguna historia de sus esferas de trabajo, se podía sentir la carga eléctrica en cada instante en que se aproximaban a esos temas. De hecho me contaron anécdotas comprometidas de varios dirigentes altos dela Revolución, pero se cuidaban mucho de no decir ni palabra de Guarapo, en ello les podía ir una afeitada del pescuezo muy apurada.
Epilogo de la trilogía "Y"
El fenómeno Yoani me parece totalmente grato y fortuito.
Reinaldo es un periodista intelectual como la copa de un pino, si algo han obtenido, bien que lo han buscado y han sido ellos dos sin la ayuda de nadie excepto esos tejidos tan solidarios de la base en Cuba y en cualquier país, pero con mucha delación alrededor también, cuando todos se iban, incluida ella misma, regresó porque es su tierra y dijo así de claro, - de aquí no me saca nadie, y opino lo que pienso!. Y lo hizo, y cuando lo hizo hacía falta mucho valor, ahora le es más fácil porque la conocen todos, pero cuando no la conocía nadie, era muy complejo, porque además de la represión sempiterna, en los sistemas socialistas, existía y existe una inducción a la auto represión , a la autocensura, una especie de sucedáneo de la flagelación, que funciona de una manera muy perversa y difícil de salvar.
Por otro lado es importante destacar que comenzó con un blog, con una pluma descriptiva sensacional, de la tradición cubana de Cirilo, Carpentier, Cabrera Infante o Padura, y esos relatos del pan duro al borde de la ventana y las metáforas con la vida ordinaria, corriente, cotidiana, domésticamente agobiante, fueron para mi los cimientos del fenómeno que yo con la humildad que me confiero, apoyo hoy, porque proviene del mundo de la escritura, de la reflexión, de la observación, de la tranquilidad, de la Paz y de la polémica.
Eso, en lo particular me da buena espina, sinceramente no apoyaría como referentes de futuro a un militar disidente o un ex comandante, porque creo que lo que nos sobran son potenciales violentos, no apoyaría a un ex preso político de la primera era, dado el más que probable justificadísimo resentimiento (excepto en algunos casos que conozco como el de Alberto Müller que es un ser entrañable pero todos no son capaces de llegar a una condición humana tan elevada), ni a un familiar de preso, ni de un muerto, porque el dolor o el miedo no legitiman la opinión, del mismo modo que "una víctima de accidente de tráfico no debería dictar las leyes del tránsito". Entonces pienso que quienes podrán conformar cierta disidencia sana, fresca, constructiva, de futuro, llamada al progreso económico pero también social, pasa más o menos por gente como Yoani, para mi ella da el perfil no de Presidente ni de político profesional, sino de institutriz en la formación de una plataforma de debate, de libertad para el disenso, de donde puedan salir los futuros activos de una sociedad que recoja lo no demasiado mal hecho e innove para una sociedad realmente nueva, con la participación de la imaginación, el sentido común y mucho trabajo, no una inmersión en el retroceso de modelos como el del capitalismo de estado actual que no deja nada a los trabajadores.
Más bien algo vinculado a la Libertad, y la Libertad es un concepto muy amplio.
Creo en que hay que tener la humildad y la capacidad de decir de alguien: ¡este consigue expresarse mejor que yo! o bien: este le echó al asunto los huevos que yo no le eché ni le echaría jamás.
Pero además me gusta por el equilibrio, y me solidarizo en esa tarea tan compleja de explicarles a los pseudo izquierdas, que no suelen poner en práctica la progresía como lo anuncian, el por qué de que aún con la medicina gratuita, la educación gratuita, y otros hitos más o menos sostenibles en una disertación al uso, esa Revolución se fue "a bolina" desde el mismo momento que se empezaron a encarcelar compañeros de lucha, gente por opinar diferente, cuando se le puso reglas parciales a la cultura, según escribió Armando Hart Dávalos: "Las reglas del Juego", rejas al pensamiento, candados a la libertad.
Yoani logra como pocos advertir de ese engaño, de quienes secuestran para sus fines esa terminología socializante, mesiánica, cristiana, numantina, que consigue engañar a mucha gente y condicionar el criterio de no pocos comunicadores.
En esto la considero importante, y luego, si a alguien le gusta más o menos su cara, su tono de voz, lo que dice, como lo dice, eso es harina de otro costal, pero creo que hay pocas dudas de que cada pulgada de reconocimiento se las ha ganado a pulso
Contexto
He comprado el libro Por el camino de Swan, la parte uno de "En busca del tiempo perdido" de Marcel Proust, lo había leído veinte y pico de años atrás, pero lo compré ahora por primera vez.
Me he pasado la vida dando vueltas hasta hace relativamente poco tiempo, y por la razón que sea he conseguido detenerme.
Hubo una época en que lo único material que me ataba a los lugares, cabía en un bolso, y casi todo ello eran cosas de leer. La mayoría eran cartas. Cartas de mi padre cuando estaba en la prisión, cartas de mis amigos de la primaria, cartas luego de mis otros amigos del otro lado del océano, cartas de amor, y cartas mías. Sí , cartas que me habían devuelto por alguna razón y las guardaba. Lo segundo en importancia, eran cuentos, versos, esbozos de historias, reflexiones, constancias de sensaciones, decenas de estos papeles, algunos borroneados sobre servilletas de bares, otras sobre papeles de cuadernos a rayas, cuadriculados, lisos, con hojas amarillas, verdes, azules, e incluso rosadas, rugosas, sedosas de difícil acceso para la tinta, hojas de todo tipo de papel menos higiénico. Y no por sus nexos escatológicos, los cuales no me habrían detenido a no ser que ya hubiese sido utilizado de alguna manera "propia", sino a causa de su dificultad para mantener el dorso incólume al tacto con la punta del bolígrafo o del lápiz.
Todos y cada uno de aquellos escritos estaban inconclusos, excepto uno, el de la muerte en túnel de La Habana, que estaba tan terminado, tan perfectamente concluido, que dejaba un poco de incómoda desazón por su halo presagioso.
Lo tercero que había de papel, eran libros. Pero eran muy pocos. No eran incluso ni los esenciales, ni los que creía que eran referencias literarias, tenía una amiga que era la mejor guía literaria con la que se puede contar jamás así que no los necesitaba en absoluto, estaba tan atendido en ese sentido como lo habría podido estar Borges por Victoria Ocampo.
Sólo que yo era un ente que iba y venía, me había transformado en un extraño incluso para mi. Iba y venía de dentro mío hacia una especie de "afuera" en donde jamás había puesto ambos pies, y por esa misma razón me perdía tanto allí afuera, que parecía como si estuviese a años luz de mi centro de gravedad, del Yo con que más facilmente me identificaba, pero también del que mayor dosis de contaminación solía recibir.
Entre aquellos libros, había uno que conservaba por una razón tan sencilla y válida como innecesariamente sensiblera. Era el primer libro que había leído en el trabajo que compartí con mi padre una vez que nos reencontramos en Buenos Aires, tras una larga separación, el modelo de abandono, que me conminó a temer luego y por siempre, a poner ambos pies fuera de ese Yo artificial, pero tan bien recreado.
Ese libro de Ediciones Cubanas lo guardé por aquella razón y porque era el primer libro de Shakespeare que había leído y que me llevó luego a leer toda su producción en prosa. No he leído aún íntegramente sus sonetos. Y tal vez también concurriese el hecho de que era una forma de premiar el buen camino de ediciones Cubanas en la publicación de un material, al que aún hoy considero el más alejado del adoctrinamiento ideológico a que se veían obligados por la realidad del país. Se llamaba, Comedias. Eran las comedias del brillante director del The Globe. Las alegres comadres de Windsor y La Tempestad se me quedaron para siempre como dos ejemplos de libros que nunca pierden su condición de modernos, con toda la complejidad que ello conlleva, con todo el despliegue de profesionalismo que ello requiere, y sin embargo tremendamente divertidos, con toda la necesaria liviandad que para ello se demanda. Shakespeare y sus libros, los cuales para mi eran un descubrimiento tremendamente revolucionario, ya que invita a pensar en las cosas que a nuestra especie le importan tanto como el kétchup y la mostaza al perrito caliente, en cualquier época; no existe algo más subversivo que plantarle cara a los artificios creados para dividir a los hombres, recordándoles la parte amable de su esencia, aquello que los une. Pero Shakespeare podía parecer subversivo al lado Maxim Gorki, de Makarenko, de Julius Fucik.
Y el librito más personal era un pequeño libro hecho de páginas de papel de arroz, con una impecable impresión de las letras, los bordes de las hojas en color dorado, como un baño en oro, con un cordón marcapáginas que parecía el pendón de una cortina de Palacio real en miniatura. con la cubierta en piel tratada con tal refinamiento que parecía poliuretano de antes de que existiese el poliuretano. El ejemplar de mini bolsillo era de Erasmus de Rotterdam: "El elogio de la locura". La importancia de este objeto era enorme porque me lo habían regalado en una circunstancia límite en la cual sentí que Erasmus me cuidó de una forma muy tierna, como si hubiese esacrito para acompañarse a sí mismo a través de todas las almas afines.
Los otros dos libros eran una autobiografía de Stefan Zweig, y una biografía de Marcel Proust. Ambos seres exquisitos, de una profundidad en sus respectivas bondades que me conmovían mucho más que sus habilidades artísticas, aunque reconozco que sin ellas jamás me habría enterado de como resolvieron esa contienda entre la luminosidad y el dolor de sus espíritus.
Todos los clásicos los leí de las bibliotecas de padres, primos, amigos, conocidos. Desde que compro libros he comprado cientos de libros de escritores fantásticos, pero siempre contemporáneos. Todos los clásicos los leí porque en cierta forma me cayeron de "arriba". Y recién hoy me di cuenta de ello.
Y no es que lo hubiese recordado, fue como si en el momento de tomar la decisión de comprar el libro, alguien me hubiese tocado el hombro por detrás para advertirme, a modo de memorándum, que tenía licencia para dejar de dar rodeos a las cosas, que ya me era permitido ir directamente al grano sin ser confundido con un desvergonzado o un inaprensivo. Pero en lugar de hacerme notar esto advirtiéndome que me apresurase ante la escasez de tiempo con que empezaba a contar en mi vida, como siempre había pensado que ocurriría llegado el caso, fue como si me hubiese dicho:
_ El tiempo ahora es tuyo, tómatelo.
Entonces enfilando hacia la caja me di cuenta de que incontables veces había tomado un clásico de los estantes de las librerías, deseándolo, llenando mi percepción de sus encantos antes de saborearlo y que cuando tenía decidido llevarlo para hincarle el diente en casa, me detenía súbitamente y lo cambiaba por otro de un escritor de culto moderno o simplemente desaparecía con las manos vacías y una sensación extraña de aprisionamiento, pero también de libertad de elección, de angustia, de una angustia de la que soy más dueño que de cualquier otra cosa sobre la Tierra, pero también de una pizca íntima y singular de dignidad de alto voltaje.
Me gustaría decir que lo compré en la mejor edición que encontré, pero lo cierto es que no, compré la edición bolsillo y no pude dejar de sumarle un ejemplar de literatura actual: "Némesis" de Philip Roth, libro digno, pero en ese acto representante de un estigma, que ya comienza a languidecer, a soltarse de la piel como un tatuaje descontextualizado del aspecto del portador, que ya no lo explica, que ya no lo representa, que ya nada tiene que ver con él presuntamente, pero que no obstante permanece pegado a la piel como el testigo del timbre más profundo y claro que esa voz tuvo alguna vez en la primera persona.
Habana Libre sin hielo
Era ocho de octubre, justo cuando comenzaba la jornada Camilo- Che, que llegaba hasta el veintiocho del mismo mes, día en que en el año 1959, desapareció en circunstancias más que misteriosas , Camilo Cienfuegos, el héroe de Yaguajay, la Voz del Pueblo, a quien el pueblo de Cuba sentía más cercano de los Comandantes de las columnas invasoras. Desde el año siguiente a la muerte del Che en el año 1967, tenían lugar estas jornadas, que eran un período de reflexión revolucionario, a modo de cuaresma católica, en que se hacían innumerables homenajes, conciertos, actos públicos con declamaciones altisonantes, se saturaba la cotidianeidad de lemas y consignas, los periódicos dedicaban paginas en ensalzar, y resaltar las cualidades sobrehumanas de estos dos héroes de la Patria, las mañanas en los colegios resultaban interminables a causa de las obras que se representaban en honor de los ausentes, durante varias noches de aquellos veinte días, en los CDR se organizaban reuniones, a las que no era del todo aconsejable no asistir , para leer diferentes trabajos acerca de los dos comandantes, cualquier evento de estas características resultaba propicio, para que algún vecino, que tuviese alguna pequeña manchita en su historial chismográfico se la aclarase un poco, exclamando en voz alta y firme sus convicciones u aspavientos. La ciudad se llenaba de carteles, y llegado el último día, el día del aniversario de Camilo, por la mañana todos los niños de todas las escuelas eran llevados hasta el malecón, o hasta otra playa para hacer una ofrenda floral a Camilo en el mar, ya que según la historia oficial, su avión se estrelló en el agua, en un día sin tormentas, después de ir a ver al Comandante Huber Matos, para pedirle que se entregara tras garantizarle que iría preso veinte años, cosa a la que el valiente Camagüeyano accedería sin mayores pruritos. Por la tarde, el broche de oro, lo ponía Fidel, con uno de sus discursos, transmitidos por ambas cadenas de televisión, por casi todas las de radio, y retransmitidas al día siguiente, para quienes no hubiesen podido asistir a la Plaza a oír al líder, blandir unas banderitas gritar algunas consignas, y pasar unas tres o cuatro horas de pie, bajo el ya atenuado aunque siempre picante sol de octubre.
Me senté en el bar de la Uneac, el hurón azul, enclavado en el patio lateral de la mansión, arbolado con las mesas y sillas de hierro fundido pintadas de blanco, bajo los framboyanes.
He tragado las grageas de sangre,
Y los brotes de hiel que hallé en la garganta del camino,
Te busqué en el semen de mi falo,
Te aguardé en cada esquina, puñal en mano,
Nunca pude esperar, ni sentí siquiera,
el carbón ardiendo,bajo la planta de los pies,
ni las gotas de lluvia,
Lejanas, inalcanzables desde la lengua,
Agrietada de sed
Fui al Hotel Nacional, me tomé unos rones en el bar de la planta baja, donde había visto pocos días atrás una performance íntima y preciosa de Juana Bacallao con Fito Páez . Bebí tragos preparados. Pusieron música de piano ambiental y conseguí relajarme casi hasta dormirme. Entró una mujer madura, morena, con los senos generosos, aprisionados en un vestido al que los botones estaban a punto de abandonar. Se sentó frente a una coqueta mesa ratonera, y cruzamos una mirada que duró más que lo que las buenas costumbres sugieren. Volví a prestar atención a mi vaso, y a los pensamientos, el bar tenía alfombra roja y todo en él, desde las paredes hasta el techo eran variaciones del color rojo, ya rojo vino, fucsia o bordeaux, lo cual inquietaba a la testosterona hasta despertarla, y al pedir otro trago de Bellomonte, volví a mirar a la mujer escultural, a la que había evitado mirar pero no había dejado de pensar en ella.
Yo era absolutamente monógamo en un sentido, nunca tenía una relación paralela, pero fiel, lo que se dice un hombre de una mujer, no era. Solamente quería a Mariana y de un modo profundo, no había lugar en mis sentimientos para otra, pero eso solo ocurría con el corazón.
Una vez fuera del hotel y sintiéndome más liviano, pero un poco culpable con Mariana, me dirigí a un pequeño bar muy coqueto, seguí “cargando”. Ron cinco años de añejo sin hielo, acodado a la barra. Cuando salí del barcito sentí que tambaleaba, y que el sol en la cara me daba la sensación de duplicar la narcotización que tenía. Pero en Cuba caminar por la calle tambaleándose no era algo raro de ver. Toda esquina que se preciase, debía presentar su borrachín de turno, asido a algún poste de luz. Llegué a 23 y L, y me dirigí al Hotel Habana Libre, para echar un trago más al gaznate. No podría beber mucho más porque todo me daba vueltas, pero quería tomarme el “del estribo” antes de ir a casa a dormir la cogorza en el regazo de la lejanía del acecho de los sueños. Las pesadillas como a cualquiera, me aterraban, pero los sueños me dejaban una brecha directa al abismo, me plantaban la promesa de la pérdida de la inocencia.
Al llegar a la puerta automática del Hotel que otrora había sido mi vivienda, la casa donde más años había vivido en mi vida hasta entonces, todo giró en mí alrededor y caí redondo al suelo.
Cuando volví en mi, estaba sentado en una ambulancia en las puertas del Hotel, y había conmigo un hombre delgado, de tamaño medio, y aspecto intelectual. Que me dijo:- Sé quién eres_ alguien que no había visto en mi vida, sabía”quién” era, algo tan difuso que ni yo mismo lo sabía. Aunque el buen samaritano se refería a algo mucho más mundano y superficial, a que era un Guevara, uno de la tribu de los Jefes Unga Dunga, de los de sangre azul, con tintes rojos fuego. Sabía que era sobrino del Che y se quedaba tan ancho al decirme:- tranquilo ya sé “quien” eres- mientras yo sentía, como cada vez que me comparaban con sus ideas prefabricadas de cómo debía ser el familiar del Mito, que también subrepticiamente me estaba diciendo: – Y también sé “lo que” eres.
Un día de Octubre, como cualquier otro, mi tío cayó redondo en el suelo no demasiado limpio de una escuelita rural en la quebrada del Yuro, en Bolivia, con el torso cargado de plomo, con las costillas asomando a la piel, la sangre manchando su pecho disminuido por el hambre y el asma, pero temido. Cayó con los ojos abiertos, atentos al último suspiro de la vida, a las imágenes que salieron por última vez de la cabeza y quedaron suspendidas en el aire, por un rato, antes de iniciar el viaje hacia el ámbito de las cosas y personas que le importaban, y de aquellas que ya no estaban.
Su último día coincidió con los últimos días de su destacamento guerrillero, ya que estaba prácticamente sólo. En una soledad más brutal si cabe, que era evidenciada por el contraste con el objetivo inicial que era crear varios focos de insurrección en toda Latinoamérica, y como mínimo una Revolución en Bolivia. Pero estaba sólo, como tal vez habría buscado sentirse, el vacío llama al que padece vértigo. Había llegado lejos en su juego, ya que había podido comprobar que su madre podía morir lejos de él, y que él podía morir lejos de los suyos, desde hacía un tiempo ya, desde que sabía que esa aventura acabaría con sus huesos sobre el polvoriento suelo de una escuelita rural cualquiera.
Y como yo no tenía la más minima probabilidad de ninguna de las grandezas que enunciaban las historias reales y aderezadas de su vida,pero menos aún las de su muerte, había comenzado a coquetear con vicios y fracasos, imaginando que esa soledad me confería cierta proximidad a la esencia de la poesía trágica, que era el único medio para dotarme de rasgos pintorescos y excéntricos, y por ende sería lo más cerca que podría estar del destino que yo pensaba que mi tío me había legado a través de mi padre.
Aunque cuando me quise despegar de ese juego no pude, en una eternidad viajando hacia abajo comprobé que había ido demasiado lejos, aunque nunca tanto como los protagonistas de aquellas tan conmemoradas jornadas, que recordaban a dos ilustres traicionados.
/image%2F1094425%2F20180715%2Fob_0b16f5_31936028-10216128602032839-32176792076.jpg)
/image%2F1094425%2F20260101%2Fob_6df0ba_ob-aa5cfb-mariobenedetti-700x400.png)



/http%3A%2F%2Fblogs.infobae.com%2Fadn-che-guevara%2Ffiles%2F2013%2F03%2Fcamilo-che.jpeg)
/http%3A%2F%2Fblogs.infobae.com%2Fadn-che-guevara%2Ffiles%2F2013%2F03%2Fjuana-bacallao.jpeg)
/http%3A%2F%2Fblogs.infobae.com%2Fadn-che-guevara%2Ffiles%2F2013%2F03%2Fentrada-del-Hotel-h-l-150x150.jpeg)
