Yes we can
Yes we can- fue lo primero que me vino a la cabeza hace unos meses, cuando la substancia del espontáneo movimiento de Indignados, los vecinos de Burgos , los mineros de León, la Marea Blanca de los profesionales de la salud contra la privatización de la sanidad madrileña, y varios sectores descontentos con el acontecer político y social español cristalizaron en un partido político de nombre “Podemos”.
Por un lado sentí la enorme simpatía que a cualquier ciudadano común de las clases medias y trabajadoras de España les produce cualquier voz que se alce aunque fuese medianamente para denunciar el abuso al que está siendo sometida población desde que asumió el poder el Partido Popular, e incluso desde los últimos meses del gobierno del PSOE, cuando con nocturnidad y alevosía se reunieron los dos principales partidos para reformar el artículo 135, de la Constitución a petición de Alemania que da prioridad absoluta al pago de intereses de la deuda frente a cualquier otra necesidad de gastos.
Por ese mismo lado me produjo una gran satisfacción al constatar que no todo estaba perdido en el páramo de virtudes que se encontraba la sociedad española, tras votar de forma continuada a opciones obsoletas y manchadas de pies a cabeza con el viscoso tinte de la corrupción, y que un sentimiento de culpa y de resarcimiento, proveniente de la misma población que pocos años atrás hacían la vista gorda a los notorios y públicos desmanes y desfalcos de las arcas públicas, toda vez que daba la sensación de que la “bonanza económica” producida por una serie de burbujas, encabezada por la inmobiliaria, permanecería eternamente.
Pero esta misma razón llamó mi preocupación. ¿ Sería un reflejo más de la actitud adolescente del pueblo español en materia de participación de las decisiones trascendentes del país, en su versión colectiva, reflejada en la falta total de autocritica y una vez acaecido el retorno de cualquier período de crecimiento macroeconómico volverían a las viejas costumbres y al canto de sirenas a los mismos amos? ¿O estaríamos de verdad frente a la histórica posibilidad de que la ciudadanía forme parte activa en la política, participando de sus aciertos y errores, aceptando el reto de ser sus propios amos, la autonomía de la edad adulta?
Y con el paso de los meses el ascenso de esta fuerza nacida en lo más genuino de la indignación ciudadana, fue creciendo de manera tan exponencial, que incluso sus dirigentes, hasta entonces elegidos de manera asamblearia, conociendo los mecanismos modernos de la publicidad, habiendo sido conductores del fenómeno, con apariencias televisivas, habiéndose apoyado en profundos conocimientos de politología, aún ellos mismos han sido sorprendidos por tan vertiginoso crecimiento. Incluso expresaron su temor de morir de éxito, declinando la posibilidad de presentar candidaturas para las alcandías en las próximas elecciones municipales, por el riesgo de tener que enfrentar algún caso desagradable de los que el Poder provee, antes de las elecciones generales.
En ese mismo temor reconocieron de manera no declarada, inconsciente si se quiere, que el poder cuenta con rudimentos para corromper a cualquiera.
Los dos partidos mayoritarios, que se han alternado en el Gobierno de España durante las últimas décadas, las mejores que ha vivido el pueblo español a lo largo de toda su Historia pero que ya ha llegado a un punto de saturación, no supieron catar el alcance del fenómeno y continúan sin hacer un análisis desprovisto de prejuicios y plagado de unidades de medidas caducas e inútiles frente a este Tsunami social, donde se une toda la indignación, pero también la desorientación de la población de cara al cambio de paradigmas socio-económicos que les toca vivir a los españoles, a los europeos en general y a todo lo conocido hasta ahora como el Primer mundo, dado el cambio de fichas en el reparto de la riqueza, el movimiento de los mercados y la irrupción de nuevos actores en las jerarquías financieras mundiales.
Fueron minimizados por el PP y el PSOE, hasta que llegaron las elecciones europeas, y Podemos se alzó con un trozo de la tarta que no sólo dejaba atónitos a ambos partidos de la “casta” como los denominan ellos, sino también a Partidos que desde hace años vienen intentando desestabilizar ese binomio político, caso de UPyD, Ciutadans, e Izquierda Unida, a los cuales arrebató una parte substancial de su masa votante gracias a que no presentar ningún pasado a nivel de gestión de gobierno, les permite a un discurso desenfadado que conecta de manera directa con la gente, ciertamente vapuleada, aunque mucho más propensa a la reforma que a la revolución, con el deseo común de profundizar en la calidad democrática, manteniendo los logros de la Social democracia y sus garantías y libertades colectivas e individuales, y tratar de manera aséptica el tema de la corrupción lacerante que afecta al país.
A raíz de las últimas encuestas, del diario El país, y del CIS, que dan ambas a Podemos ganadora en voto directo, aunque luego en la cocina de las encuestas se sazonen y tras mezclarse con otros ingredientes den como resultado que en estimación de voto el PP sigue primero, seguido muy cerca por el PSOE y pisándole los pies Podemos, la verdad es que de repente ambos mastodontes de política española, han comenzado aunque aún con cierta pereza, a despertar ante la realidad con diferentes reacciones, aunque en un momento ambos coincidieron en acusar a Podemos de “populista”. Acusación que tiene particular gracia en la actual coyuntura, ya que estamos siendo gobernados por un partido que incumplió uno cada punto de su programa de gobierno, y que incluso la única promesa que iban a cumplir, la llamada Ley del Aborto, la retiraron por causas populistas, ya que les ocasionaba más daño en la indignación popular que el que les causó la retirada de la confianza de los sectores anti abortistas más conservadores.
En la actualidad, ambos partidos, continúan sin percatarse del tamaño de esa ola de opinión, continúan sin estar del todo agradecidos de que el pueblo español, lejos de protagonizar estallidos sociales, elija la opción más cívica posible, y persisten en ataques fútiles, estériles, que en todo caso añaden más leña al fuego, el PP va más allá de la acusación de "populismo" advirtiendo del peligro que representan, toda vez que son marxistas leninistas escondidos tras la fachada de demócratas. Se apoyan en las relaciones de Podemos con el proceso de Nicolás Maduro en Venezuela, y con menos ahínco en el apoyo a Correa en Ecuador, a Evo Morales en Bolivia y sobre todo a Mújica en Uruguay por la simpatía con que cuentan estos últimos entre la población y por los resultados que presentan sus administraciones.
Las relaciones con Venezuela de Podemos han existido y en la medida que avanzan en las encuestas las airean menos, pero han sido en todo caso mucho menos importantes en los hechos que las relaciones de comercio de armamento por parte del ejecutivo español con dicho país. No obstante es un hecho que tales lazos despiertan un cierto resquemor en una parte nada despreciable de la población, y no sin ser asistidos por la razón.
Pero aún cuando la política así como la economía son terrenos vedados para las artes del presagio y el vaticinio, sí hay que decir que la tendencia que se observa de cambio por parte de Podemos, es mucho más cercana a moverse hacia el centro que hacia un extremo, hacia los márgenes que le reserva la política real, toda vez que Pablo Iglesias, quien se convirtió en la cabeza más visible tras un movimiento típico de la política de la "casta", dejando fuera a Pablo Echenique, el actor más asambleario, menos personalista de la cúpula del movimiento, ha rebajado su encendido discurso contra la banca, la monarquía, la policía, el ejército y hasta la Iglesia, diciéndole al periodista Jordi Évole, en una entrevista en uno de los programas de mayor audiencia nacional, que la policía y el ejercito son necesarios para un país moderno, que el actual Papa le despierta mucha simpatía y le infunde respeto, que le gustaría conocer a la Reina Letizia, y que aunque no le guste el capitalismo, es el sistema que hay y es dentro del cual habrá que trabajar para mejorarlo. Al PSOE le llevó más de 100 años perder su identidad obrera y socialista, Podemos en unos poquitos meses ha cambiado sensiblemente el discurso y la diana de sus criticas y como toda la sociedad, está en permanente mutación.
Podemos, como un cuchillo, no es ni bueno, ni malo, si secciona la naranja será una cosa y si en el mismo acto corta el dedo será otra. Podemos es la conciencia nacional, es el alcance al que quiera llegar la ciudadanía, y de que manera quiera verse en el mapa de la conciencia colectiva. Mi simpatía por este movimiento puede partir del deseo a veces impulsivo y no demasiado reflexionado de darle una patada al tablero y empezar una nueva partida siempre que el juego siga siendo el mismo, ya que es cierto que el sistema ha llegado a su tope de tolerancia, se ve incapacitado de asumir y metabolizar la putrefaccion que han provocado la corrupción en la política, en la gran patronal, en la Justicia, en las fuerzas del orden, o en el mismo deporte.
En cambio no es esperable de Podemos algo que no esté en el deseo, la reflexión, la decisión, la autocritica colectiva del país. Aún cuando su nombre descansa sobre la primera persona del plural, todo su tinglado se monta sobre la tercera persona del plural, "la casta", "ellos", "lo que no va más", todo lo que no somos nosotros. Modificar ese aspecto que participó activamente en el crecimiento exponencial de la agrupación y que del mismo modo podría ser el elemento que los fagocite, es no obstante el mayor reto de cara al futuro, construirse sobre una identidad definida y un programa determinado.
Yes We can de Obama, así como Podemos, son expresiones de un fuerte deseo de cambio de lo perimido por algo nuevo pero impreciso, es un estado de ánimo, que está más relacionado con el estímulo de aquello que no queremos que con cualquier posibilidad real de lo que esté por venir. Podemos es una forma utópica coherente con nuestros tiempo del vacío, de la levedad, del escaso esfuerzo, y por suerte del casi inexistente adoctrinamiento ideológico.
Y tanto de Podemos como de Yes we can, cabe esperar que deje entrar aire fresco, nuevas caras, voces limpias, más ideas que hechos, cabe esperar que si no se consigue cerrar el “aguantadero” de Guantánamo, al menos que no se torture nunca más a los retenidos entre sus paredes.
Nuevas elites mini-revolucionarias
Ahora que Cuba ha decidido cambiar definitiva aunque solapadamente su modelo de sociedad, la estructura y las bases de su economía, y que comenzarán a florecer de un momento a otro el novedoso empresariado nacional, previsiblemente proveniente de las actuales jerarquías dada la cercanía al poder y dados los parámetros corporativos que irán derogando ellos mismos, sería conveniente reflexionar acerca del perfil de este tipo de nuevo rico que se avecina, pero que ya tiene sus antecedentes en las metamorfosis soviéticas hacia la Federación Rusa, en el Este de Europa, en Viet Nam y últimamente de modo paradigmático la gigante y milenaria China.
La modalidad del nuevo empresario de la sociedad post comunista reúne una serie de particularidades comunes, a saber:
Está más predispuesto a la competencia voraz que el empresariado gestado en las sociedades de mercado aunque esté menos preparado para acometerla.
Es un elemento descreído, apóstata de toda ideología, religión, filosofía que promulgue una finalidad basada en principios morales.
Es ateo, agnóstico, y además descreído de su propio adoctrinamiento.
Siente que pagó antes de comer, de modo que comerá a placer hasta reventar. Mientras el empresariado formado en la sociedad de mercado en algún momento de su vida puede experimentar la necesidad de un aporte espiritual a su vida, puede llegar a replantearse el sentido de lo hecho, allí en los diferentes recodos que las edades y sus invitaciones a la reflexión deparan a lo largo de la vida al hombre, en cambio el nuevo empresario formado en los obligados lemas de la igualdad social, en su momento de inflexión, suele reflexionar y revisar su trayectoria precisamente en el sentido opuesto, autocriticándose el dispendio fútil de energía y considerando que es momento de concentrarlas en beneficio propio, que es hora de no perder un minuto más en las viejas consignas engañosas ni en utopías estériles.
Considera una pérdida de tiempo la hipocresía habitual en el rico tradicional para equilibrar la culpa.
No pide permiso, no pide perdón ni da las gracias. Paga.
Para esta nueva clase la ostentación de la riqueza es un saludable signo de buen gusto.
No se explican la filantropía ni el mecenazgo en el arte. Aborrecen la cultura pero invierten grandes cantidades de dinero en pinturas y esculturas sensibles de revalorizarse.
Son directos, sinceros, primarios, sin barnices, sin profundidad. Enriquecen vertiginosamente a los fabricantes de cuanto elemento distintivo de mal gusto característico del nuevo rico pulule en los alrededores.
Visten visiblemente mal y se saltan semáforos a bordo de sus lanchas urbanas fabricadas en exclusiva para ellos, están incapacitados para entender que un Rolls Royce gris pueda constituir para nadie en su sano juicio, un símbolo de distinción.
Mientras con el mayor descaro, dejan ver que sus poderosos padres los criaron lo más lejos posible de aquellos lemas con los que adormecieron y atenazaron durante medio siglo a todo un país, y cambian la retórica en sus palabras aunque jamás en sus costumbres, empiezan a habituarse a destapar botellas caras de champán, aunque lo beban a pico de botella y unos pocos en copa, pero mezclado con cubitos de hielo.
Sonsoles vería el Jaguar
Cuando digo que soy cada día más zapaterista, no zapatista de Chiapas, sino simpatizante de José Luis Rodríguez Zapatero, lo hago en parte para provocar, un poco llevado por esas eternas ganas de joder, no obstante algo de cierto hay en tal afirmación.
Y además me place decirlo a partir de que los especialistas en estar siempre donde calienta el sol, se pusieron tan en contra.
Llevamos dos años y medio de un gobierno que subió para arreglarlo todo, con el voto del vulgo corrompido, del vulgo tentado a ceder derechos y logros a cambio de una pocas rupias.
El proletariado y la clase media "descalzas" (más que "desclasadas" como diría Marx) y una pequeña copa de anís perfumado para la resaca matutina de toda esa avaricia nocturna.
Dos años y medio en que no se hizo ni una sola cosa que alegrase a las mayorías, a las pequeñas minorías marginadas o a las grandes minorías, sino que sólo se han emborrachado de felicidad hasta ahora, los del circuito cerrado, los que saben el secreto del monje orondo, el secreto del ábaco, la miseria del brillo y ese terror a estar al ras del suelo.
Los que se miran al espejo con el ombligo de lado.
Los que rompen el amor.
Los cuatro primeros años de Zapatero, fueron una orgía de placer, un "orgasmo permanente" como decía Zerolo, leyes para alivianar el dolor de las minorías relegadas, leyes en favor de la vida, mil vidas más por año en tráfico, miles de vidas menos truncadas por el tabaco, el terrorismo desterrado, nos sacó de la guerra de Irak a los cuatro días, restitución de los represaliados, ley contra el abuso a la mujer, de apoyo a los discapacitados, al matrimonio gay, apoyo a la cultura, al arte y un extenso etcétera.
Luego hubo un año más de alegría, de nuevas disposiciones para la gente. Y entonces arribó el fin del disfrute de la estafa que se había estado llevando a cabo durante años, eufemísticamente llamada "crisis".
Entonces esto descolocó a Zapatero. Al FMI dirigido por la picarona eminencia Rodrigo Rato. A Bush. A toda Europa, a toda Asia, a Standard & Poor's, a Murdoch, a Turner, a Morgan Stanley y a la mismísima Lehman Brothers, y a cuanto fiestero quedaba en el amplio salón de la jarana y la contorsión, con la nariz llena de polvo de tiza bailando al son de los jadeos y de las últimas luces.
El gobierno del PP en dos años no ha dado ni una sola satisfacción, ni siquiera a sus votantes, por el contrario se desvanece en escándalos de corrupción que no tienen ninguna consecuencia penal para los corruptos y corruptores, pero que al parecer no les está saliendo gratis en cosecha de simpatía de la población.
Incluso ese sector del proletariado y la clase media que se creían codo a codo con los banqueros y la gran patronal por votar al PP, ya se están empezando a asquear, y eso que son de estómago muy fuerte.
Tampoco me entusiasman las soluciones que afloran a la par del odio, de la bronca, cuando estas están hirviendo. Desconfío de quien dice venir sólo para hacerme el bien, en el momento ese que asegura que su único interés en la vida, es subir a lo más alto para hacerme el bien a mi, que sólo le interesa la suerte de la gente.
Cuando el país votó en masa a la solución mágica del Partido Popular, tenían la duda de si podrían solucionar el entuerto de la mal llamada “crisis”, sin embargo tenían la total certeza, de que lo primero que iban a hacer era atentar contra todo lo que oliese a derechos de la gente común, lo que atufase a igualdad de posibilidades, lo que se pareciese a una flor.
Por eso le llamamos la corrupción del proletariado. Porque eso lo sabían bien.
En aquellos días me placía repetir que le estaba muy agradecido a ZP por su temple y por algunas cosas más, la gente me miraba como a un loco.
La gente está loca. Hoy, aunque sólo han pasado dos años, nos parece que hace una eternidad desde que están los cuervos en el poder, Zapatero es como un cuento del lejano pasado, de otra Era, un insulto, una manera de patear balones desinflados afuera; el ahora calladito José María "Ansar" (perdón por el sesgo supersticioso), se percibe infinitamente más cerca gracias a sus chanchullos, sus amistades, sus enchufados de rabiosa actualidad, por las arcadas que pueden llegar a producir incluso a esa gente de estómago muy duro.
A todo esto, vale decir que el de la ceja, ni ha asumido un cargo en una eléctrica, ni en una consultora, ni en una exclusa fecal, como cada ex presidente o ex ministro tuvo a bien hacer, tiene una casa normal, su esposa sigue intentando cantar, las hijas haciendo su propio camino, y él leyendo a Borges, aunque espero que algún día, lea también "1280 almas" de Jim Thompson.
Adiós
Las bodas en Cuba generalmente se celebraban yendo a la casa de uno de los recién casados y armando una fiesta con suficiente comida y bebida para que nadie se fuese de regreso a su hogar con hambre, con sed, ni criticando el surtido.
Me llevó hasta la funeraria de línea, le dio un rodeo con el coche y al ver que había banderas y un grupo nutrido de personas en la entrada y por los alrededores, me volvió a sugerir que no entrase, le agradecí y me bajé allí, y cuando fui a subir las escaleras me agarraron dos personas y me llevaron consigo a un banco del parque que hay frente a la funeraria, eran mi primo Pedro y Juan. Llevaba mucho tiempo sin verlos y tardé un instante en reconocerlos, me dijeron que esperaban que llegase Raúl o incluso Fidel y que no era bueno que estuviese en esas condiciones adentro, entonces les dije que quería declamar unos versos de despedida, al final se sumaron otros dos primos a sujetarme porque no terminaba de entender que tenía que ver una cosa con la otra. Hasta que cedí cuando me dijeron que les dirían a todos que yo había ido pero que no me aconsejaron no entrar. Juan nos llevó a Mariana y a mi a la Siberia.
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