Gentlemen's club.
Rubalcaba haría bien en olvidarse de casi todo por ahora.
En tomarse una tila, hacer uno de esos paseos cántabros frente al bravo mar del norte, pararse al borde del acantilado y permitir que el viento le pegue en la cara de frente, relajarse en medio de ese placer, aspirar el océano, su salitre, el elixir de sus fantasmas y dioses, y olvidarse incluso de la paz que da el haber hecho bien las cosas, el haberlas hecho lo mejor posible.
Porque nada de lo que haga cambiará la intención de voto del electorado español, para el 20 N, el día que se decide quienes llevarán los destinos de esta barca. Varada muy lejos del vaivén de las olas, del refugio de la libertad. Nada de lo que intente lo puede cambiar ya.
En vano resulta el intento de que la gente entienda, que Rajoy pilotea una política de liberalismo económico que atentará contra las apertrechadas, y a cal y canto cerradas leyes, de protección del trabajador y del vago, del pueblo en general, ni de persuadir de que peligran varios otros derechos sociales, conseguidos en el período inmediatamente anterior a la gran crisis nacional, continental y mundial que estamos viviendo.
Todo eso la gente lo sabe.
Todos saben que dentro de esos pícaros locales, al costado de la carretera con cartel luminoso de colores, se emplean en sus negocios chicas y chicos al abrigo de copas y caricias de pago. Nadie parece escandalizarse demasiado . Cosa que podría experimentar un cambio sensible, si al término eufemístico Club, se le agregase un también luminoso prefijo, y desde la ventanilla del coche se pudiese leer : “Puti-club”.
De igual modo, todos intuyen lo que hay dentro de la cabeza de Rajoy , pero nadie desea la procacidad de su cruda confesión.
Si algo parece no ser Mariano Rajoy, es novedoso.
Largamente conocido en la política nacional, no solo en la oposición, donde ha tenido momentos de asombrosa escasez de altura, sino como ministro de un gobierno de claroscuros, como todos, y que fue expulsado en las urnas, a merced de una sarta de engaños que los votantes percibieron como impertinentes, pero que a favor, contaba con el cliché de haber construído una economía rozagante y robusta.
Las sociedades adultas están compuestas por individuos autosuficientes, que no precisan del tutelaje de las jerarquías para desarrollarse, creer, trabajar, en fin, para funcionar.
Las sociedades en pañales, precisan como un bebé de una autoridad que los conduzca en todo momento, hacia cualquier dirección.
Las intermedias, entre las que nos encontramos, ora optan por dirigir sus destinos, alcanzan en conjunto una conciencia independiente que les dota de una energía capaz de transformar la realidad en beneficio propio, y ora eligen ser conducidos por los patriarcas.
Rubalcaba y todo el partido Socialista Obrero español, harían mejor preparando el terreno para las próximas elecciones.
Carmen Chacón es mi opción predilecta, no abundan grandes talentos hoy, ni tampoco a falta de ellos, espíritus firmes y decididos en el panorama político nacional. Chacón lleva bastante de ambas. Dió el do de pecho en la institución más reactiva a ser dirigida por una mujer, socialista, y además catalana.
Solamente teniendo en cuenta la determinación de haber aceptado el reto, el haberlo realizado impecablemente, haber incluso parido un hijo en ese período, es suficiente para pensar que la responsabilidad de dirigir cualquier otra tarea está sobradamente a su alcance.
La novedad de la mujer presidenta con todo su halo de feminidad a flor de piel, sumado a la tranquilidad de saber que pasó por el tamiz de la gentil hostilidad militar sin derrumabarse, arrojarían un cóctel de buen aspecto.
Y permitir que el bueno de Rajoy en compañía de una Europa que hoy cambia su intención de voto a la izquierda, en compañía de un creciente movimiento de indignados, y de un poso de votantes que le estarán vigilando de cerca, pruebe si tiene la madera que parece finalmente poseer.
Dice que ha llegado su hora y esta vez quiere probarlo.
Y mientras tanto pienso que podríamos ponernos de acuerdo alguna vez en hacer un gobierno mixto, escogiendo la persona idónea en el panorama nacional para cada tarea, para cada ministerio, sin reparar en siglas políticas.
Un gobierno sui géneris, que respondiese a la necesidad de remar todos en la misma dirección. Que a modo de esas cuñas improvisadas que se suelen poner como solución provisional bajo la pata coja de la mesa, termine quedándose años, gracias a su eficacia y sencillez.
Dentro de todo.
Mejor no prepararse demasiado.
Una vez acabado el debate de ambos candidatos a presidentes del gobierno de España, lo que nos puede quedar meridianamente claro es una cosa: que seremos conducidos por personas que toda su vida han estado en la política pero en un segundo plano, como asistentes, ministros, soldados de campo, o simplemente consejeros de los verdaderos líderes de sus partidos, los llamados a ser presidentes. Y que por alguna buena razón terminaron siendo los invitados al poder, en un caso directamente colocado como sucesor, y en el otro sugerido hacha en mano.
Se puede destacar, que ambos candidatos suplieron en el poder, a unos líderes que si bien eran naturales e indiscutibles, también estaban compuestos de esa pasta anodina de los políticos que son más bien tecnócratas , en contraste con los rasgos carismáticos tradicionales de los conductores de masas del siglo XX.
Con lo cual era de esperar un debate de escasísimo entusiasmo, poco profundo, nada duradero. Pero es que caló tan poco, que no llegó siquiera a saciar la expectativa de pasatiempo nocturno. Es verdad, que postergué una conversación que tenía pactada para hoy, para poder ver todo lo que acontecía alrededor del evento, pero no es menos cierto, que tanto mi mujer como yo logramos evitar el bostezo, ella enganchada a su Twitter en la red, y yo respondiendo mails atrasados,
No fue apto para ávidos consumidores de las buenas movidas dialécticas. Ni mereció siquiera ser cambiado por un torneo del masters 1000 que emitía otra cadena. Pero una vez deglutido; se podría admitir que hubo algunos pequeños rasgos a reseñar. Algún reborde con brillo, en esa otra cara de la moneda, a la que casi por sistema recurro, con la ilusión de encontrar lo que por ningún lado se ofrece.
Prefiero por siempre pecar de inocente que correr el riesgo de perderme, desde la primera fila, el fenómeno de la bondad humana.
El opuesto de la verdad, decía Buñuel, no es la mentira, sino la razón.
La ausencia de agresiones de corte ofensivo , a la que tan aficionados son nuestros políticos mediterráneos, así como la falta de un plan de destrucción del adversario, basándose en asuntos personales resultaron notables. Más que estar consensuados puntillosamente parecían ser producto, de una espontánea saturación de las conductas corrosivas.
Hubo interpelaciones, hubo críticas, pero ninguna de aquellas que dejan los nudillos y mandíbulas contraídos, o los hombros en falsa escuadra.
Evitaron tirarse los trapos más sucios del acontecer nacional y de dominio público a la cara, declinando los rutilantes aplausos de su respectiva parroquia.
No se acusaron con sus pertinentes y grotescos casos de corrupción, ni con los más gruesos y conocidos errores del pasado, ni se enzarzaron en una disputa para apropiarse del copyright del final de la violencia armada en el país Vasco.
Parecía haber respeto mutuo. Todo se convertía en un gran bostezo.
Cerraron el debate, con proposiciones de ayudarse mutuamente en los asuntos más importantes, aquellos donde las papas queman actualmente. Se propusieron diagramar un esquema de productividad laboral, y continuar dando los pasos necesarios en la consolidación de la paz con ETA.
Inmediatamente después de terminar, leí y escuché todas las opiniones que pude, vertidas desde la inmediatez, como mi impresión inicial, usando los patrones clásicos para medir el antagonismo.
La tribal rabia al rival.
En los medios informativos de la izquierda se daba por ganador a Rubalcaba por amplia diferencia, y en los de la vereda de enfrente a Rajoy por idéntico margen.
Horas más tarde me percaté de que ya no siento la misma desconfianza y desazón que sentía, frente al más que posible período de políticas conservadoras que se nos avecina, las cuales percibo como el arribo de la plaga del Tea Party ibérico, el expolio de las hordas neo cons.
Acaso estos políticos alejados de esas grandilocuentes frases, de esas brillantes exposiciones, de los debates apasionados, justamente a merced de sus condiciones como ayudantes de los líderes natos, y en la necesidad natural de contar con el otro como razón de ser; les haya sido dado con mayor facilidad, que a los egos insaciables, el entender que para salir de esta situación nos necesitaremos todos, y quizás les haya resultado incluso más sencillo deponer las actitudes soberbias, acorde con sus naturalezas más proclives al servicio que a la vanidad.
Y este somnífero, haya sido entonces el mejor debate posible de todos los que se podían producir.
O quizás, como tantas otras veces, termine dándome de bruces con la realidad, y este sea uno más de esos espejismos, a los que la búsqueda del positivismo en la otra cara de la moneda me acerca, cada vez que percibo el riesgo de que el azul, termine convirtiendose en gris.
En cuyo caso, siempre nos quedará la sentencia de Buñuel.
La vocación de la nena.
- Papá, no quiero seguir haciendo carreras, ni cursos, ni estudiar nada más.
- ¿Pero qué pasa con las carreras y los cursos, se le ha ocurrido a algún profesor suspenderte? dime quién ha osado hacerlo ahora mismo, por favor mi hijita.
- No papito, tranquilo, todos me aprueban todas las materias con sobresaliente. Es que me quiero dedicar a los derechos de las personas.
-Pero hija ¿Es que existe algún derecho del que no nos hayamos encargado ya tu familia?
- Bueno papá, algo nuevo, que el tío y tú no lo tenían como prioridad. Eso es todo.
- ¿Los derecho de quienes hija?
- De las chernitas y los pajaritos, papá.
- Que bien hija mía, siempre tan sensible con la naturaleza. Pero eso no son derechos de las personas sino de los animalitos, de la fauna.
- No papá, de los pargos, de los gansos, como les dicen ustedes, pero son personas, me refiero a los homosexuales.
- ¡Pero hija! ¿Es que no te hemos dado tu madre y yo lo que precisas, podrías decirme por qué te ha dado por eso?.
- Sí papá, mami y tú me han dado siempre de todo. Es que tuve un amiguito en la facultad que era, tú sabes, así como dicen ustedes un poco cherna, la policía le daba muchos golpes, cada dos por tres duerme en celdas con asesinos que lo violan, me encariñé con él y una cosa fue llevando a la otra. Además, papá por una cierta familiaridad no definida, difusa, pero muy presente.
- Hija a simple vista parece interesante, haz un plan de acción , no escatimes en gastos y preséntamelo, así veré en que te puedo ayudar. Pensandolo bien pequeña, creo que podrás contar con mi apoyo.
- Que bueno papá. Voy a necesitar que la policía deje de darles palos por la calle, de molestarlos y detenerlos donde quiera que estén, de llevarlos a dormir a la comisaría para que les hagan unos favorcitos extras, porque se asustan papi, y tienen razón, tienes que entender que también son gente. Como el tío Alfredo que era casi como un hermano para ustedes.
- Sí, hija, casi como un hermano. Hablaré con tu tío a ver que dice, tú sabes como es él.
- ¡Papá, que buena acogida!, eres el papá más sensible y bueno del mundo. Sólo hay que ir preparando unos libros y unos documentales, que barnicen un poco las versiones apocalípticas de aquellos escritores serviles del imperio, o las mentiras de todos esos internos de las UMAP. Unos retoques como los que estamos haciendo últimamente con todo lo demás, por favor papi ¡Anda, papito más bueno del mundo!
- Bueno tú sabes que todo eso tengo que hablarlo con el tío. Convencerlo de que ahora veamos el problema con una nueva óptica es imposible, hay que lograr que él piense que es idea suya para que esté de acuerdo. Luego incluso podríamos darte un apoyo político incluso policial, en el sentido en que todos aquellos que ofrezcan resistencia a este cambio, reciban su correctivo. Me gusta la idea.
- Pero papá, ¿ cómo explicaremos un cambio tan repentino?.
- Tranquila, date cuenta hijita, que todo lo que hoy prohibimos alguna vez fue obligado y viceversa. ¡No hay tarea que por el bien de la Patria se nos resista!. Mañana mismo estoy mandando a incluir en el comité Central a una mariquita, perdón, a un cherna.
- ¡No papaíto! a partir de ahora son gays, nada de chernas ni gansos, por favor.
- Bien querida, siempre tan persuasiva. Que sería de uno sin su familia. Mi abanderada de los gays en la Cuba recontra post revolucionaria.
- Gracias papi, esta patria te debe tanto.
- De nada hijita; pensandolo bien, hasta podré aportar el recuerdo de algún perturbador sueño adolescente. ¡Ay, quien tuviera veinte años y la misma cinturita!
Paz y amor.
Todos huyen de mi blues, nena.
Parecía decir estos días el máximo líder de la revolución cubana.
Y en realidad es que ya está quedándose solo con sus incondicionales.
Atrás quedaron otros tiempos, en que las huestes cansadas de comer en la misma mesa con el mismo mantel, corrían delante de las consignas que desde su tribuna en la isla lanzaban los dirigentes a propios y extraños.
Y por ellas perecían, soportaban dolor, encanecían en una prisión hostil. Consiguiendo en efecto, otro mantel y otra mesa, y no encontrando en el fondo del plato de sopa a ningún Fidel tangible, a ningún discurso salvador que lo fuese a rescatar, ni una arenga alimenticia.
En cada selva una patada en el trasero,
y en el babero,
El blues del abandono nena.
En algún medio de difusión propagandista, escuché durante la semana pasada que el máximo líder de la revolución cubana hacía un alegato antibelicista, al juzgar el acoso, asedio y posterior asesinato del tirano Muamar el Gadafi, por las tropas de los rebeldes Libios, apoyados por las tropas de la OTAN, como un acto de destrucción imperialista.
Concediendo que en efecto, no dejaron correr demasiado tiempo los buenos aliados para, apenas conocida la noticia de la ultima bocanada de aire de el Gadafi a causa de su brutal linchamiento, acudir raudos a cubrir los apetitosos pozos de petróleo. Me pregunto:
¿Se trata de los mismos dirigentes , de barba y verde olivo que encendían cuanta tibia mecha hubiese, cercana a algún barril de pólvora en el tercer mundo?
¿ Los mismos que mandaban tropas a cuanto país africano las solicitase, fraternal y desinteresadamente?
¿ Quiénes abrazaron la carrera armamentista de la URSS, e incluso se plegaron a los modos y modales del poco refinado Jruschov en aquel octubre tormentoso, y seis años más tarde encubrieron la invasión de tanques en la Primavera de Praga, y apoyaron todos los desmanes que el uso de la fuerza imperialista soviética produjo y amenazó con causar?.
Estoy convencido de que me los han cambiado.
Algún truco nacido de la novísima tecnología de los últimos días, habrán usado para colocar a unas pésimas réplicas, de aquellos grandes revolucionarios inclaudicables, que cualquier cosa soportarían antes de ver caer los pilares del socialismo estalinista, de la dictadura del proletariado, antes de entregar los principios leninistas a cambio de cualquier solución que los mantenga vivos y en la poltrona.
Siempre fieles a aquel lema marxista, pero no de Carlos sino de Groucho que rezaba:
_ ¡Estos son mis principios!, si no le gustan, tengo otros.
Algo habrá hecho la CIA me temo.
Hoy en Cuba se puede comprar lo que sea con una buena suma de dinero capitalista. Casas , coches, empresas. Campos de golf.
Revolución be bop.
Se prefiere el comprador extranjero.
Es el paraíso de las empresas. No existen huelgas, los salarios son bajísimos, y no hay sindicatos garantes.
Sigue habiendo partido único, y dictadura, aunque ya ni se molestan en decir que pertenece al proletariado.
Y ahora se nos hacen pacifistas.
Solo nos faltan unos comandantes adalides de la democracia, abanderando a los indignados por la escasez de participación de los pueblos, en la oxidada costumbre de votar tan solamente cada dos años.
Un comandante de Wilkileaks, y de Green Peace, y de Amnesty levantando su voz por los presos de conciencia.
Y también uno, con una guitarra bajo un framboyán cantando su blues:
Nobody’s fault but mine.
Rodríguez.
Hace más o menos tres años, asistí a una una conferencia interesante, en los salones de Caja España en León, de unos médicos forenses argentinos, cuyo metier es resolver casos de identidad de restos humanos a los largo de la geografía del mundo, y estaban en España para dar una conferencia a propósito de los cuerpos de más ciento veinte mil "paseados".
Eufemismo que por si solo no alcanza a describir el horror atravesado por esos seres disparados en la cabeza y arrojados a una cuneta , en los años de la guerra civil o inmediatamente después de terminada, para dejar el panorama limpio de rojos, los cuales no eran otra cosa que los demócratas de entonces , gente como Alberti, Picasso, Machado, García Lorca, Manuel de Falla, o Miguel Hernández, en fin peligrosísimos sediciosos de cultura.
En la conferencia había una asistencia considerable, tratándose de León, ciudad de grandes congregaciones cuando se atiende a festejos religiosos, o comilonas de carácter gratuito. Entre los asistentes estaba la asociación argentina en león, y diferentes asociaciones de derechos humanos, republicanas y una representación pequeña de represaliados, entre los que se encontraba el señor Rodriguez, un abogado de unos ochenta años de buena planta, hombros y voz tan firmes, como sus convicciones. Era el padre del presidente del Gobierno.
Una vez que terminó la conferencia nos dirigimos a un bar a tomar algo distendidamente y charlar un rato como se hace en León, de manera gregaria, y mediante esas espléndidas tapas que sólo allí se sirven.
Corrían tiempos felices para José Luis Rodríguez Zapatero.
Charlamos sobre la vida de los ancianos, cada uno de ellos emanaba más energía que todos los demás, el padre del presidente se entretuvo contando su historia y la de su padre, haciendo hincapié en valores familiares, sin tomar demasiado en cuenta la atención que lógicamente suscitaban sus palabras, ya que se sabía entre gente afín.
_Una de morcilla por favor! Le pedí al camarero, y un vinito más, y le dije a Rodriguez que pasara lo que pasara, que supiese que su hijo había hecho felices a mucha gente en este país, y que de eso creía yo que se trataba el ejercicio de la política, de nada más.
Al hacerlo le llamé Zapatero, y entonces nos dijo_ nadie le dice Rodriguez a mi hijo, a los demás sí, pero no a Jose Luis, su madre estaría orgullosa- el único hijo Zapatero, conocido en León como el Papes, o Puppies.
Hoy estamos a punto de culminar la segunda presidencia de Zapatero, y las encuestas no son halagadoras para él ni para su partido.
Se acabó un experimento que comenzó con la retirada de las tropas españolas de la guerra de Irak.
Que continuó con una ley de igualdad género en las cuotas del gobierno. En que grandes talentos femeninos tuvieron un espacio inmejorable para desplegar sus cualidades políticas y de dirección, desde la feminidad.
Le siguió una ley de matrimonio entre personas del mismo sexo. Equiparando los derechos de las personas. Aportando un vendaval de justicia en un área clásicamente marginada, desde que los tiempos son recogidos por la escritura. A partir de la cual ni se destruyó la familia española ni cayó la sociedad en el vicio desenfrenado y la copulación pública, por más que nos pese a algunos.
Se legisló en favor de que las personas con disminución de sus capacidades físicas e intelectuales, fuesen atendidas en su totalidad por el Estado. Conocida como la ley de la dependencia.
En este período se aplicó un nuevo reglamento de tráfico que logró disminuir las muertes en las carreteras españolas en más de mil anuales, lo cual se convierte en el mayor hito de cualquier presidencia. Siempre que acordemos en que la vida, es un bien lo suficientemente preciado como para ser tenido en cuenta.
La incómoda ley del tabaco entre los votantes clásicos de la izquierda, que sin embargo ha supuesto en el breve tiempo en que lleva instaurada una diminución notable de problemas de salud a causa del tabaquismo, gracias a la determinación de gran parte de la población de abandonar el hábito de fumar, entre los cuales, me incluyo. Los bares son hoy sitios donde se puede degustar un café y un pincho de tortilla, sin necesidad de aprovisionarse de todo el humo ajeno, que se sea capaz de soportar.
Se irá el presidente que inició los trámites para una ley de Memoria Histórica, demasiado adelantada para este país, donde quedó claro que Zapatero, le queda holgado a la España de hoy, al menos dos tallas. No sólo no se buscaba juzgar a los genocidas, es que ni se pretendía señalarlos. Simplemente rescatar los huesos de los asesinados y ofrecerles un homenaje a las familias, y al menos la décima parte de atención, que a las aristocráticas víctimas del terrorismo. Pero no encontró eco social. Quedó muy abandonado en este item. Debieron dimitir el Ministro de Justicia y el Juez Garzón, a causa del progreso de denuncias de organizaciones franquistas. Así sin más.
Hasta que la crisis mundial se llevó todo por delante, cada ley, cada paso favorecía a las clases medias, bajas y altas.
No hubo ni una sola injerencia en los asuntos de los capitales. Por el contrario se los liberó de impuestos.
La televisión pública pasó a ser un ente imparcial.
Los jefes de estado mejores valorados eran los amigos de España.
El mundo desarrollado y civilizado tomó a Zapatero como un referente moral.
Seiscientos mil trabajadores ilegales fueron regularizados para que empezasen a contribuir al fisco, y con la finalidad de empezar el tramo final de la conversión española en un Estado europeo pleno, con conciencia social civilizada.
Importante destacar, que contrario a los clichés de fácil acceso, este gobierno fue con diferencia menos cercano a los sátrapas y dictadores del mundo. Ni recibía habanos de manos de uno, ni caballos pura raza árabes en un palacio en Damasco de manos de otro, ni reía a carcajadas con los pies en la mesa en compañía de un tercero.
Pero si hay algo que este gobierno dejó al país, fué que más allá de cualquier declaración de claudicación de ETA, el día antes de que se produjese, el terrorismo estaba bajo el puesto número siete, entre las preocupaciones auscultadas en la población española. Parece evidente que si solo hubiese sido reemplazada por la crisis, causada por los grandes capitales, estaría en todo caso en un destacadísimo segundo lugar.
Siete muertos en ocho años, era el hito antiterrorista mayor a que esta sociedad podía aspirar. Y se superó.
Termina su presidencia con una jugada de matices espectaculares, de reflejos destellantes. La declaración del final de lucha armada de ETA. El anuncio más importante en la politica española de los últimos treinta años.
Sin ceder ni una de las exigencias históricas de la organización armada vasca.
Habiendo gobernado con la ley y la profilaxis.
España se prepara para ser gobernada por un partido que no ha aportado ni la más minima propuesta positiva, única actitud que reconozco como patriótica, y para despedir al presidente que más aportes en la Historia reciente de este país ha hecho.
"España es diferente", rezaba un cartel publicitario en la década de los sesenta para llamar a turistas suecos y franceses.
El simiente que dejó este período , sin embargo germinará en algún momento y acaso sea, cuando todo este temor colectivo por ver descender de los podios nacionales, a los toros, los tricornios, y las cabras legionarias, desaparezca dando lugar, a que los mañana espíritus, de los votantes de hoy, hagan procesión por León, para visitar al viejo abogado republicano y comentarle al oído, que el honor hecho a Rodriguez, por su vapuleado hijo Zapatero, ni en el mejor de los sueños podría haberlo esperado.
Motor Oil.
Si a mi hijo de ocho años y al resto de los alumnos de su clase, les pido que enlacen palabras que pertenezcan al mismo conjunto, según sus percepciones, y entre ellas escribo sometimiento, invasión, conquista o bombardero, casi con seguridad ninguno las enlazaría con misericordia, con solidaridad, con compromiso, con ayuda.
Pero parece que los mandatarios persisten en tomarnos por menos avispados que los niños de la edad de mi hijo. Nos dicen por enésima vez que han decidido ayudar a un pueblo que lo necesita, y la primera y única acción que amagan con hacer es el bombardeo.En este caso, el elgido es Libia.
No se conoce ni un solo bombardeo que haya matado generales y coroneles. Siempre mueren por miles los niños que van a la escuela, las mujeres y hombres que acuden a su trabajo.
Pero por una extraña razón, una bomba colocada debajo del asiento de un tren , o un autobús, es considerada de manera diferente a una lanzada desde el aire sobre el mismo tren o autobús, sobre el mismo asiento ocupado por alguien. No se tiene en cuenta la explosión y caracter destructivo del artefacto, ni el dolor que causa, sino la procedencia de su ejecutor, la nacionalidad, la indumentaria, y los medios con que cuenta para depositar la muerte en el tren.
Antes de ayer, los jefes de Estado occidentales, se besaban de manera demasiado lasciva con el dueño del petroleo y conductor del terror en Libia.
Había cariño.
Algo se rompió y aquellos besos hoy son demasiado voluptuosos como para retransmitirlos en horario de protección al creyente.
El petroleo subió por las nubes, no se sabe quienes son estos rebeldes, y si tienen planes de ser complacientes con nuestros depósitos de combustible. El pueblo sublevado es sano, pero quienes lo conducen a la violencia entre hombres son siempre los mismos, con idéntico pretexto que las potencias de todos los tiempos. dá igual si se llaman Muhamad o Rotschild.
A saber: la guerra es un negocio en el cual dos personas muy pobres, que no se conocen de nada se enfrentan entre sí liquidandose, en pos de dos personas muy ricas que se conocen muy bien, y que jamás se harían el menor daño, si ello dependiese de su valor en la lucha.
Ya están las luces, las cámaras, por ahí llegan los fuegos artificiales, hay helados bien fríos y perritos calientes muy sabrosos,
¡ Que empiece la función!
Hoy jueves 20 de Octubre, unos meses después, la televisión nos muestra como un grupo de insurrectos, lograron dar con el paradero del sangriento dictador, y se aplicaron en no mejorar sus métodos ni un ápice, en no dar ni la más minima esperanza de que algo cambie, con respecto a los procedimientos para erradicar a los ejecutores de tanto daño en Libia.
Lógicamente la gente está contenta hoy en Libia, se han librado de un opresor; aquí se debería mostrar un poco más de cosntricción, si se fuese a juzgar por el cariño que se le profesaba,; pero los pozos de oro negro ya están reservados.
También me temo que no precisamos muchas más evidencias de que lavando las afrentas con sangre, cobrando ojo por ojo, dificilmente se logre reparar un dolor, y es lícito presentar ciertas dudas, de que semejante solución, permita conducir a una sociedad por los senderos de paz y tolerancia, imprescindibles para su progreso.
Otra noticia de un calado más profundo en el alma de los españoles, inundó hoy radios y televisiones. Lo que era ya vox populi en estos días, después de ocho años con solo siete muertos causados por el terrorismo, se hizo por fin una realidad.
Parte del aire.
Idiosincrasia.
Conozco a la argentinidad, más por sus denodados esfuerzos en existir, mantenerse y reinventarse fuera del país que desde adentro.
He conocido a los argentinos como inmigrantes en dos lugares, diferenciados en dos grandes conjuntos, los exiliados por razones políticas y los emigrados por razones económicas. Y dentro de cada conjunto, una gran variedad de matices, de subgrupos.
Unos los conocí en La Habana, fueron llegando desde los primeros años de la revolución, como refuerzo a causa de la importante merma de profesionales que el país había padecido tras la diáspora inicial de personas preparadas. Entre los primeros emigrantes argentinos hubo quienes fundaron por ejemplo Prensa Latina, otros que sirvieron como médicos, arquitectos, ingenieros, profesores de nuevos talentos.
El número se fue incrementando, generalmente por militantes de izquierda. La cantidad de este tipo de inmigrantes fue aumentando graduablemente hasta que de forma abrupta se detuvo cuando la Unión Soviética dio la orden a Cuba de mimar al gobierno de Argentina a causa de que este se había convertido en confiable proveedor de cereales.
En España, también tuve oportunidad de conocer un buen número de los inmigrantes por razones políticas, que llegaron mucho antes que yo, justamente entre los años 1976 y 1983.
Pero la gran mayoría de los argentinos que tuve la oportunidad de conocer en Madrid, Barcelona y León, son familias o individuos que emigraron en busca de un futuro mejor, de un pasar más holgado. Y entre ellos hubo varias épocas de grandes flujos e interines de tiempo de arribos por goteo.
Dentistas y Psicólogos formaban un grueso profesional a tener en cuenta. El aporte fue tan marcado, que en España no había una facultad específica de Odontología, y fuera de ámbitos de exquisitez intelectual, podía ser tomado por un insulto la recomendación de asistir al psicoanalista, cuando no una chanza. Al psicólogo iban los desequilibrados y al dentista los desafortunados para extraerse las piezas.
Luego comenzaron a arribar una variopinta troupe de diferentes profesiones,oficios y niveles academicos, una fauna diversa, proporcional a cada período de crisis argentina, como cambios de moneda, mezclas de políticas bancarias con habilidades granjeras, como el caso del corralito, o crecimiento exponencial de los vectores macroeconómicos ibéricos o europeos e general.
Yo vine entre una cosa y la otra, pero me consideraba más bien un emigrado sin nacionalidad exacta, un poco argentino, cubano, y también con un toque de emigrante español, haciendo el viaje inverso. Quizás a causa de haber sido criado por mi abuela materna, nacida en Burgos, que además del rol de abuela, ejerció en buena parte, el de madre y padre.
De los miles de argentinos que he encontrado en el exterior en años de vida y viajes, casi todos, terminaron trabajando en puestos altamente codiciados por los nativos de sus entornos, sino en sus propios negocios generalmente muy independientes y en no pocas ocasiones de una envidiable prosperidad.
Durante años, el jefe de las caballerizas de Carlos de Gales, era argentino, pero para asear los caballos tenía contratado a ingleses hábiles en esa tarea. Es curioso que dentro de Argentina, la gente es capaz de trabajar en cualquier empleo, o dormir en cualquier rincón, no así cuando viajan o emigran. Si se me permite diré que no responsabilizo tanto a la petulancia o la falta de humildad, me temo que más bien interviene un arraigado temor al ridículo. Que conlleva precisamente, al riesgo de cometerlo.
Tal vez por una interpretación algo nómada del progreso. O quizás porque en realidad no poseen ni uno ni lo otro, una nada absoluta, y resulta que es muy reciente, el descenso de aquellos hombres de los barcos provenientes de la Europa necesitada, y su amalgama con la cultura de la sociedad patriarcal y rural , existente con anterioridad.
En el exterior hemos echado mano de un manojo de costumbres, actos reflejos, y unificación de gustos, buscando desorientadamente ese ser nacional, al que ya no se alcanza a representar a través de la figura del gaucho, la Pampa, el asado, el mate, los ñoquis lo itálico en castellano o el fútbol, por sí solos, sino el rejunte de todo ello, con la suma del rasgo más genuino de cada país. El sentido del humor.
Aún cuando me resulta tan ajeno tener raíces, como a un árbol contar con piernas, reconozco en este, el único punto en el que nunca he dejado de ser argentino.
En el fondo soy un burlón, me paso el día riéndome de todo, de todos y de mi, en confianza y a calzón quitado, me río con toda la procacidad y el humor negro que se pueda requerir.
El sentido del humor es lo que más extraño de cada cultura con la que me familiarizo. Estoy convencido de que algún día, quizás lejos de España, por fin sabré lo que es reír de alguno de esos intentos de chistes castizos, a las que respondo educadamente con mis mejores muecas labiales. Y quizás en Finlandia hasta consiga extrañarlos.
Hace poco una prima a la que conozco solo a través de soportes informáticos, colgó una serie de episodios de un programa cómico argentino, el cual en el momento en que me fui de allí, era lo más gracioso que yo había visto jamás, me hacía reir tanto como Monthy Phyton y Buster Keaton.
Cuando los volví a ver, ciertamente sentí que el tiempo había transcurrido y que las saetas de otras culturas, habían conseguido si bien no diezmarme, al menos sí atravesarme; pero aún así, sólo ante la pantalla del ordenador, reí como recién regresado de mis emigraciones.
La única cosa que mi abuela no me aportó, fue el sentido del humor, aunque usaba el suyo muy a menudo. De la misma manera que creo que me reiré siempre de Tinguitela, de Calabró o de Caseros, mi querida abuela sólo podía reír a discreción, del tipo de chistes y bromas que entre ovejas y montes nevados, gastaban bajo sus boinas, los mozos y mozas de Castilla la Vieja.
Cruces de barro al sol.
El motivo que me llevó a opinar en voz alta, acerca de mi experiencia en lo que convine llamar, bajo el peso de un mito o bajo la sombra del Che, es exactamente reflexionar sobre eso, sin más.
Dejando claro que creo, que una revolución social violenta, es un acto que aporta mayor destrucción que construcción, más involución que evolución, y que no concuerdo con casi ninguna arista de lo que terminó siendo la realidad socialista. No me refiero a concordar intelectualmente desde una situación de comodidad pequeño burguesa, lo cual es fácil y hasta coqueto, sino a vivir el incordio de toda esa cantidad de carencias, restricciones y premisas.
Pero fundamentalmente me interesaba hacer hincapié, en que precisamente lo que hizo grande a Ernesto, era su capacidad de discernir, de pensar por si mismo, de reconocer una injusticia donde sea que estuviere, de decidir que libros leer, que ideología abrazar, que modo de vida llevar.
Y justamente elevando a categoría cada pasaje de su vida, canonizándolo, es la mejor manera de negar su mayor aporte, de matarlo después de fallecido. Hacer un altar a sus decisiones, que tomó en medio del movimiento, en la probeta que es la vida, cargado de dudas por un lado, y voluntad del otro, es vestirlo de su antítesis, el respeto reverencial al pasado, al inmovilismo.
Si algún ejemplo siento que nos legó a los inquietos, es que hiciésemos lo que creyésemos correcto, por encima de los convencionalismos y las recomendaciones de los poderosos.
Hasta que apareció un nuevo elemento en escena.
De repente empecé a sentir que mi discurso y mis convicciones, tan celosamente guardadas y mimadas durante tanto tiempo, y travesía, comenzaban a temblar, a tiritar de frío, a palidecer al atestiguar la paulatina desaparición de los fundamentos a que se sujetaban. El agotamiento de las reservas de su alpiste.
Esto fue a raíz de una serie de apariciones públicas de mi viejo, de manera súbita, hablando sobre la figura de su hermano Ernesto, y para mi sorpresa en un tono muy conciliador con el resto de los guevaristas que no son necesariamente, comunistas ni mucho menos fidelistas.
Un año después, de mi decisión de hacer una descarga de material inflamable de mis maltrechas espaldas, y aportar mis ideas y puntos de vista, más bien marginales y en ciertos casos enfrentados al decálogo guevarista de mi familia, del gobierno cubano, y de ciertas posiciones en apariencia, estrictas y anacrónicas de la izquierda latinoamericana.
Declaro que:
Desde que tengo uso de razón rechazo la violencia como vehículo de expresión, ni siquiera como respuesta a la violencia institucional ni de ningún otro tipo. Encuentro de muy escaso vuelo tener que explicar, que matando a los que matan no se mejora en absoluto el panorama.
Que si se procede a la venganza, allí donde existía sólo un hecho lamentable, habrá que contar dos.
Siempre sobre la premisa de que combatir el canibalismo comiendo caníbales es un método infructuoso. Y difícilmente presentable.
O quizás mi hincapié en la solución pacifica de las cosas, sólo se deba a un miedo instintivo al dolor, los golpes, la sangre. Y todo lo demás constituya una conveniente verborragia en que apoyar mis escasos impulsos temerarios.
Con el paso del tiempo, mientras crecía y evitaba ahogarme en ron, empecé a ver muchas carencias, fallos y perversiones en la sociedad cubana, que para nosotros debía constituir un ejemplo, el objetivo al que debía aspirar el mundo y en particular América Latina.
Nada, excepto la alfabetización de la totalidad de las personas, y la distribución equitativa de la pobreza, tenía el aspecto a simple vista de conducir a una sociedad donde el hombre se sintiese pleno, realizado.
La diferencia era condenatoria, el disenso se pagaba con tiempo, la deserción con sangre. El que deseara abandonar el país, era una basura, una escoria social, un elemento indeseado por contrarrevolucionario.
Pero, Eureka!, vaya contradicción!, si quien pensase así , plantease que ya que él era inapropiado para la construcción del socialismo, lo mejor para todos, sería que se fuese de la isla, le decían que de ninguna manera se podría aceptar, que eso constituiría una traición, y si se tiraba al agua para alcanzar la orilla de la Florida a nado con un neumático de coche para no ocasionar gasto alguno al Estado, lo atrapaban y lo enviaban a cumplir años de prisión por deserción e intento de fuga, al lado de un buen ramillete de presos, guardados por leyes igualmente caprichosas.
A cada héroe de la revolución había que adorarlo como a Antonio Maceo. El Titán de Bronce.
Se exigía a todos los niveles, que los muertos por la revolución fuesen tratados acorde a ese rango metálico. Y a los vivos había que tratarlos con más cariño aún, ya que cualquier critica hacia ellos podría progresar de manera inconveniente.
Pues estos tres hitos, uno por uno los derrumbó de su discurso mi padre en sus recientes entrevistas, una escrita y una televisada que con motivo del 44 aniversario de la muerte del Che, concedió a los medios, siendo además de las primeras veces que se lanza a hablar públicamente sobre el tema, y sobre su propia vida, tanto o más rica en acontecimientos, de índole personal pero también pertinentes a la Historia reciente argentina.
Quiero decir que considero a mi viejo, no sólo una de las personas más autorizadas para hablar sobre lo que entiende, son los valores a rescatar de Ernesto, sino que pineso incluso, que era momento de que lo hiciese, y que aportaría mucho hablando de ello, también, auqnue entiendo que es un tema muy personal, aportaría escribiendo o hablando sobre su período en prisión, sus vivencias, con la compañía de más presos políticos, pero en absoluto por otro tipo de apoyo, que no fuese la fuerza y las agallas que su hermana Celia, le donaba, desde cualquier tribuna que le cediesen para ello, en cualquier parte del mundo Occidental, en cualquier sitio que no fuese un país de la órbita soviética.
Siendo cierto, que me alegró más que nada el tono usado y el mismo hecho de que hablase, resultaba imposible pasar por alto los tres hitos anteriormente señalados, a saber: 1) Que no es necesaria la violencia para hacer cambios positivos en la política, 2), Que el valor más preciado en su educación familiar y en la de Ernesto, es que nada se daba por sentado en aquella casa, que no existía la imposición de una idea por parte de mis abuelos en el seno de la familia, que no se ganaba una discusión venciendo , sino convenciendo. Y 3) Que ni el Che ni nadie debía ser tratado como un mito, como un héroe intocable, una especie de titán de bronce o un de semidiós devorador del rock’n’roll.
¡Justamente todo lo contrario a lo que se había hecho y predicado durante cincuenta años por cubanos del poder y acólitos!. Me sentí muy bien al leer aquello, aunque ni mucho menos, ese sea el tema que me ocupa exclusivamente. Incluso me permite disgregarme con mayor ligereza de la especialización en ese ítem.
Lo que no puedo negar que lamenté un poco, fue que no se hubiesen manifestado con anterioridad, ya que esto, unido a los reformismos extremistas de Raúl y Fidel, y el ulterior halo judeo cristiano de sus discursos actuales, tan alejados de la retórica marxista leninista, dudo no solo ya , que semejante tolerancia me hubiese mantenido desafecto a esa Revolución, sino que comienzo a pensar, que lo más probable incluso, es que me habría terminado ubicando a su izquierda.
Que horror! Con lo que me gustan el jamón, los sofás mullidos y llegar hasta donde nace el arcoíris y se apaga el eco.
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