Las Médulas.
León es una ciudad de tamaño maniobrable de gente culta bien vestida y con un fenotipo agradable a la vista, dentro de una provincia variopinta, que contiene tierras llanas, páramos donde el sol y el frío pegan y azotan sin justicia, campos verdes con paisajes oníricos, montañas y montes de fantasía, sitios ya no vírgenes pero con un halo de abandono u olvido. O pertenecientes a un recuerdo. Una belleza de provincia que colinda con las comunidades de la cornisa cantábrica, de mitologías e idiosincrasias únicas.
León se caracteriza por su gente tranquila, afable, alejada de la estridencia y de la brusquedad, características que le dejan uno de los índices más bajos de sucesos violentos de toda Europa, tanto en la ciudad donde los transeúntes ni siquiera miran a los coches al cruzar la calle ya que se sobreentiende que el automovilista tiene incorporado que el peatón es prioritario, así como que en la provincia, como en el campo o en la montaña donde la gente además de tranquila y pacifica es muy solidaria y acogedora contrariando a ciertos clichés.
Pero henos aquí que León tiene una gran tradición de minería.
El verde Bierzo, la florida Laciana , el escarpado y silencioso Ancares o la parte alta de la sierra de la Cabrera, una reliquia ecológica, que sobre uno de sus extremos aún hasta antes de los incendios de esta año, se podían visitar las minas a cielo abierto de las Médulas, construidas y explotadas en el tiempo de los romanos. Y claro, los mineros son muy adorables, muy solidarios y de mucha tradición, pero de la opacidad, del conformismo, de la austeridad en el arrojo de que la clase media y obrera hace gala en la España de hoy para defender los logros alcanzados, de eso ellos no tienen nada. Más bien todo lo contrario.
No es causalidad que desde Iquique o Kentucky hasta Gales o Asturias los mineros hayan sido siempre firmes defensores de sus derechos, al punto que en el caso español son los únicos proletarios de la primera hora que llegaron a nuestros días manteniendo sus originales modos de asociación asamblearia. El espíritu de compañerismo forjado en las gargantas de la tierra donde todo cobra una dimensión exponencial, desde el peligro hasta el cansancio, desde el reuma hasta la amistad, sea acaso lo que les impidió desaparecer y permitió reivindicar sus fuentes de trabajo evitando el éxodo.
Quizás por ese extraño cumulo de sabiduría conocedores de las virtudes de la unión y portadores de la temeridad y la predisposición al alto riesgo que se precisa para desarrollar su trabajo, cada vez que los gobiernos quieren meterse con sus modos de vida, con la savia de su razón de ser, considerándolas obsoletas, se encuentran sorpresivamente con gente con un nivel de conciencia social y de clase, mucho más elevado incluso que los actuales universitarios, defendiendo palmo a palmo la fuente de trabajo, aún en contra de la lógica de los avances tecnológicos o financieros que objetivamente dejan obsoletas a la gran mayoría de las minas.
Quizás porque en España sea uno de los pocos colectivos al que los derechos sociales no les llegaron legados por añadidura al pasar a integrar la Europa del confort, sino que fueron obtenidos en su totalidad por sus propias luchas, que incluso impregnaron a la patronal del carbón, gran parte del empresariado minero en los últimos años también se fue haciendo defensor de su tradición y hasta de los propios mineros que antaño explotaban hasta la miseria y que protagonizaron una de las revoluciones más auténticas de la historia universal de los trabajadores, la Revolución de Asturias de 1934.
Sea por la razón que termine siendo, lo cierto es que en estos días en que de manera soberbia e insensible se destruyó la minería de la cuenca de León y Asturias, destinándoles unos recursos económicos paupérrimos mientras a la banca, provocadora de esta crisis, se la proveyó de indecorosas cifras provenientes de los recortes sociales. Por el motivo que sea, son los únicos representantes de aquellos pioneros ruanos de la clase media, burgueses tempranos, o de los artesanos, o de los primeros proletarios gracias a todos los cuales el continente europeo consiguió algo mucho más importante que el desarrollo económico: que fue la conciencia social, el plan colectivo de una maquinaria civilizada donde cada parte desempeñase un rol y fuese por ello mismo, a la vez que más firme como sociedad mancomunada, también más emancipados como individuos.
De cuando se dieron la mano la aspiración al confort de las mayorías con la iluminación intelectual y el desarrollo económico.
Tal vez porque ellos estuvieron al principio de esta historia, porque son parte viva de la llama de la antorcha de las libertades que ha conseguido llegar hasta nuestros días, o por lo que fuese la verdad es que es triste en estos días tan aciagos, tan reacios a la resistencia para mantener los beneficios que garantizan la paz social, tan alejados de la conciencia de clases, recordar esas carreteras cortadas , las minas tomadas, las consignas claras de toda esa gente de valor y carácter recio cuando se precisa, ofreciendo su cara sin dobleces al viento y a los garrotes de la policía, en defensa de la porción de orgullo que mantuvieron y acrecentaron y de la que el resto no supimos ni deseamos defender. Pero no es triste del todo, porque noes recuerda que se puede trabajar en lo más duro y tener la dignidad más sólida.
En León, tierra de gente afable, de valles y montañas, donde nadie hace sonar su claxon para indicar a otro conductor que se dé prisa, donde la gente aún se ceden el paso mutuamente, todavía se recuerda a los mineros a quienes no era necesario despertar del letargo del resto, y aun hoy jubilados, o en la historia de la provincia, desean dejar claro que toda su característica amabilidad, sus veteados y aromáticos troncos, están compuestos de esta madera de primera calidad.
Arroz y chícharos.
-Mira para eso, no lo dejan tranquilo ni en su celda- dijo un hombre que estaba a mi lado en la parada de la guagua sosteniendo un periódico y repentinamente se produjo una división espontánea entre los transeúntes bulliciosos que se mostraban contrarios al improvisado comentarista y los que se alejaban en silencio como única manifestación de desaprobación. El hombre, que debió abandonar su puesto en la cola del ómnibus dado el creciente furor popular en su contra, comentaba un hecho que fue el que terminó de aclararme de hasta que punto puede llegar la obnubilación de la gente cuando se la instrumentaliza y manipula, y hasta donde las truculentas excusas y estratagemas de un gobierno para defender lo indefendible. Corría el año 1982 y había saltado unos días atrás a la opinión pública el caso del poeta y preso político Armando Valladares, sorprendentemente, ya que no era habitual que esos temas se aireasen, a raíz de que Francia le otorgase el Premio Libertad que solo se les concede a escritores presos, una vez que se hizo famoso gracias al trabajo que Amnistía Internacional hizo para difundir el abuso cometido sobre el escritor de “Desde mi silla de ruedas”.
Las autoridades en aquellos días inundaban los periódicos y programas de televisión intentando demostrar que la pretendida invalidez para caminar del poeta era un embuste, una estratagema para lograr escabullirse del justo castigo que ya se aproximaba al cuarto de siglo en un proceso sumario en que no había concurrido hecho de sangre alguno. Resultaba soez.
Ningún otro hecho me hizo entender tan certeramente, la justa dimensión del convencimiento que tenían los ejecutores de la represión de estar haciendo lo correcto, ellos que no escondían ni sentían vergüenza por el hecho del abuso sobre los prisioneros, hasta se vanagloriaban de mantener en aquellas condiciones a una persona que no estaba de acuerdo con el proceso que todo el pueblo-decian- había decidido protagonizar, allí donde habrían debido decir : secundar.
Ni Las autoridades , ni el común de las personas eran capaces de ver siquiera un exceso, en aquella impresentable cantidad de años de reclusión de un disidente político, sin embargo veían como una conducta impropia de un hombre cabal , el hecho de que presumiblemente simulase un impedimento que lo obligaba a estar postrado y a moverse mediante una silla de ruedas. Mientras tanto yo solo podía admirar a quien había tenido la sangre fría, el valor y hasta el sentido del humor de simular durante cinco años dicha invalidez, que alguien tuviese que recurrir a tamaño ejercicio de precisión en la simulación me permitía acercarme mediante la imaginación al padecimiento de aquel ser privado de libertad, cosa que por otra parte yo tenía muy a flor de piel ya que mi padre cumplía prisión política también, por la intolerancia de otro gobierno, pero de signo ideológico opuesto, de otro color de barniz pero de la misma madera. Paradójicamente a causa de la represión brutal que había en mi país de nacimiento, estábamos exiliados en aquella segunda patria que no debía conocer aquellos procederes.
Lo más perverso es que la prueba con que se contaba en su contra era un vídeo que le habían grabado a lo largo de los cinco años que Valladares dijo padecer esa dolencia, en el cual se podía apreciar a un hombre levantarse en medio de la madrugada para hacer una serie de ejercicios para no perder el tono muscular y quedar ciertamente inválido, según la versión de la televisión y de todos los órganos de prensa.
Más allá de cual sea la verdad objetiva en el contencioso de acusaciones de falsedades mutuas, que se espetaron en su momento el ex preso político Armando Valladares Pérez y el departamento de Seguridad del Estado en Cuba, acerca de si este era policía secreto de Batista y estaba involucrado en acciones de terrorismo en La Habana en el año 1959, o si fue preso por negarse a colocar consignas comunistas en su oficina de trabajo según asegura el poeta, lo cierto es que que por una o por la otra razón, pasó la friolera de 22 años en las prisiones cubanas.
Tuvo el valor de oponerse a vestir como un preso común y pasó varias semanas desnudo y en celdas de castigo por su actitud altiva. Sin embargo oficialmente se presentaba al poeta como un farsante, un simulador que pagó con dos décadas de su vida en las mazmorras el precio de la libertad de opinión, del manifiesto del disenso.
Hoy, a treinta años de aquellos días, el país continúa a cargo de los mismos gobernantes, y a merced de sus decisiones sobre el destino de la gente, sobre lo que se permite pensar, decir o ser.
Al margen de cualquier divergencia o concordancia con las ideas políticas de Armando Valladares, de mi padre o de tantos presos y exiliados que perdieron los mejores años de sus vidas por políticas crueles , caprichosas y despiadadas, no me sentiría pleno si no uso mi voz para condenar a quienes el poder ha logrado obnubilar y consideran que todo les pertenece, incluso la vida de las personas, sean cuales fueren sus barnices ideológicos siendo idéntica la voracidad de sus apetitos de libertades.
Aún así a la plenitud todavía le falta mucho por llegar.
Custodios de Bankia.
Ni en el mejor de los sueños los Rothschild o los Rockefeller se habrían imaginado una situación de tanta satisfacción para sus intereses ni de semejante impunidad para sus no demasiados prolijos procedimientos para hacerse con todo el vil metal posible, como los que se garantizan en la España de hoy a todo magnate, ministro, juez, o cualquier otro representante del poder económico o político, para que ejecute sus planes a sus anchas.
Como los que se les garantizan hoy en día a todo crápula en tierras hispánicas.
Ya habrían querido los viejos acaudalados haber contado con ejecutivos que hiciesen por ellos la labor de depauperar la economía, esquilmar y rapiñar todo el dinero y los bienes posibles de las clases medias y bajas, engrosar los beneficios de los más poderosos del país, y por si fuese poco haberlo logrado democracia mediante, con la participación de las victimas que gustosos de su rol acuden a votarlos, concediéndoles el beneficio del absolutismo. Aquellos hombres de fortuna no estaban al tanto de los novedosos secretos: ¡que dictadura ni ocho cuartos! son caras y cuentan con mala prensa, hay que brindar mucho fútbol, gran hermano, revistas, hay que darles la ilusión de ser nuevos ricos y despedirán a placer su conciencia, su sabiduría colectiva acumulada con el paso de los siglos, y se bajarán los pantalones a la primera sugerencia de módica morcilla para el sindicato de los desclasados impolutos, de los mandarines de los barrios dormitorio, rebozados de agua de colonia, rellenos de sillones de cuerina blanca y mucama del propio sub sector.
No sé como han hecho , por mi parte nada que objetar; los felicito.
Rodrigo Rato, ex ministro de economía del gobierno de Aznar, al que le precede buena fama porque fomentó el abaratamiento del suelo desatando el vertiginoso desarrollo de la “bonanza del ladrillo” y luego fue extirpado del FMI como el sujeto que no advirtió ni el aroma que antecedía al virulento tufo que luego inundó Europa, deja ahora la dirección de Bankia una vez que esta entidad que decía ir de mil maravillas, se desploma misteriosamente absorbiendo más de veinte mil millones de euros del contribuyente, sin que nadie explique algo ni se responsabilice, nos comunica su director que no dirá una palabra al respecto, ni siquiera off the record, y que solamente se encontrará en los tribunales con quien ose mancillar su honor , los mismos dirigidos por sus amigos, esos que le conferían sus secretos en los pasillos del poder, como el propio Carlos Divar, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo general del Poder Judicial quien alejado en distancia y contenidos del incómodo influjo de la especie Garzón, manifiesta que ni dimitirá ni se disculpará de manera alguna tras haber sido sorprendido gastando más de veinte mil euros en unos veinte onerosos viajes de fin de semana de la mano de un enigmático acompañante con cargo al erario público.
Los cuerpos de seguridad han perdido el norte, reprimen a todo tipo de manifestantes pacíficos, presentando luego una alta factura de heridos policiales y dos o tres manifestantes ligeramente rasguñados, cuando en la imágenes se pueden apreciar brutales cargas a estudiantes o a mineros.
Mientras el gobierno se supera a sí mismo ya que lejos de cumplir alguno de los ítems que presentó en la campaña electoral, está haciendo justamente lo opuesto de las promesas.
Ni una de las medidas antipopulares y obsecuentes con los poderosos que han sido grabadas a fuego en el escaso período de cinco meses ha sido presentada a los españoles , que es donde reside la soberanía nacional, sino en los organismos europeos que son los que están rigiendo la política española, ya sea en Bruselas, o directamente en el despacho de Angela Merkel.
No ha habido ni una sanción por corrupción en todos los renglones de la sociedad, gran parte de ellos emanados de las filas del partido gobernante.
Escándalos como la complicidad de la Iglesia en el robo sistemático de bebés recién nacidos en las maternidades, que en cualquier sitio constituiría un fuerte acicate, en España casi no es mencionado, es ignorado por la mayoría de juzgados, no admitido a trámite, constituyendo un truculento espectáculo, no solo ya de sometimiento al poder eclesiástico , sino a cualquier horror o perversión que este decida desarrollar a cuerpo de rey.
Y hablando de reyes, por Palacio la cosa no anda mucho mejor. Se le juntan todo tipo de escándalos a la Casa Real. Aunque puede parecer absurdo convenir en darle la jefatura de Estado a monarcas, que esta sea decidida a través de la fecundación del óvulo como único método de elección, y luego pretender que un rey Borbón no se distraiga en la caza mayor, o que prescinda de viajes de placer y objetos de lujo. Para tal caso convendría haber decidido previamente una vía de representación menos suntuosa y de más bajo caché, que tan exclusivo linaje.
El presidente de la Nación no se presenta en ningún sitio a dar explicaciones y cuando lo hace es para continuar con ristra interminable de huidizas excusas, o directamente con faltas a la verdad. Las que comenzara a hacer famosas con su gestión del mayor desastre medio ambiental en España, el hundimiento del Prestige, el cual era solo “ un hilito de plastilina” según palabras del propio Mariano Rajoy quien entonces era Ministro de la presidencia y Portavoz del gobierno de Aznar.
Pero el hecho que me lleva a evaluar al flamante gobierno como inepto para conducir al país, es más de orden práctico que moral.
La desorientación de casi todos los mandos en este corto período de tiempo ha sido proverbial, ínclita. Con una prima de riesgo disparada y casi un cuarto de la población activa en paro y con previsiones de empeorar, estamos más allá del borde del precipicio; la única razón por la cual aún no nos hemos despeñado es porque permitir la caída de España implicaría asumir que inmediatamente podrían hacerlo Italia y luego incluso Francia, poniendo punto final al proyecto del euro.
Hay vida más allá del susto, pero hay que tomar las riendas.
Este desconcierto moral, este apremio económico y esta incertidumbre social constituirían la dicha de Cecil Rodhes o del viejo Ford y no es que ellos no contasen con ventajas en sus generosos sistemas de explotación, pero nuestros expoliadores cuentan con un tesoro de incalculable valor: nuestra aprobación y aquiescencia.
San Martín, Napoleón, Sir Popham y Beresford.
Salí estrechando la mano del peculiar encargado de cuidar la casa museo de José de San Martín en Boulogne Sur Mer. Era un empleado de la embajada, un hombre culto y en especial conocedor de la vida del prócer argentino. Nos había explicado delante de cada objeto , en cada habitación cuales y de que modo le habían pertenecido, como los había compartido con su hija Mercedes y con el dueño del edificio que en un principio le alquiló el departamento que ocupaba una planta entera y luego al sentir por él un respeto y simpatía que se tradujo en una especie de autentica amistad, se lo terminó dejando por una mensualidad simbólica. Me contó que el único mueble que de verdad queda de la época, es la cama donde murió el general, acompañado de su hija, todo lo demás se perdió en una inundación que tuvo lugar en el inmueble unas décadas atrás. Incluso tuvimos la dicha de conocer al hombre que consiguió salvar cuadros y objetos de valor flotando entre una habitación y otra, y luego participó en la reconstrucción de la casa. Así era el respeto que los habitantes de Boulogne profesaban al revolucionario sudamericano que encontró la muerte en sus tierras esperando la ocasión para cruzar a Dover, Inglaterra.
Cuando salimos de ahí entre saludos e intercambios de recomendaciones de lecturas con el encargado, aún nos quedaban dos días de estancia en la ciudad, a la que había marcado adrede como parada, en aquel viaje veraniego en coche, planeado desde el norte de España, atravesando Francia hasta el condado de Kent en el sur de Inglaterra sitio al que accederíamos por ferry desde Calais o Boulogne.
Recorrimos los alrededores pero nos centramos en conocer la ciudad en la cual según nos había indicado el amable empleado de la embajada, existía gran devoción por nuestro emblemático héroe nacional, resaltándose especialmente aquel año 2010con eventos y exposiciones por toda la ciudad, ya que era la conmemoración del doscientos aniversario de la independencia argentina.
Aparte de los improvisados para el festejo, pudimos apreciar que no eran pocas las señas que daban fe de la simpatía que la ciudad sentía hacia san Martín, estatuas en lugares representativos y céntricos, nombres de calles, recordatorios varios, nos impresionó ver que lo mencionaban más monumentos que al mismo Napoleón quien también gastó un tiempo en aquella ciudad, a la espera de abordar el vecino país de Inglaterra, aunque con intenciones menos amables que las debió abandonar al perder la armada Invencible española contra los ingleses en Trafalgar, cuando curiosamente a raíz de aquellos enfrentamientos se había enconado el deseo británico de invadir las colonias españolas en América del sur, entre ellas el Río de la Plata, al mando de William Carr Beresford en una de las invasiones.
No me considero nacionalista , chauvinista ni patriota en lo más mínimo, ni me suelo impresionar con los barnices con que se suelen revestir los personajes históricos, por simple desconfianza tengo la costumbre de aborrecerlos.
Pero lo que me llevó a visitar nuevamente la casa de San Martín antes de portar nuestros traseros al ferry que nos cruzaría de orilla, fueron dos cosas: la más importante era que no había que pagar nada por la entrada, lo cual en Francia a merced de sus poco módicos precios es de agradecer y la segunda era que en aquellos dos días creció en mi una simpatía por aquel hombre que no habían logrado introducir años de adoctrinamiento escolar e institucional. Había sido un hombre querido en la localidad, dejó el halo del afecto entre sus contemporáneos, yo no olvidaba que eran revolucionarios franceses difícil de causarles impresión.
Le comenté mi sensación al empleado de la embajada, y nos hicimos más compinches aun, creo que fue la primera vez habiendo vivido la mayoría de mi vida fuera de mi país, y conociendo las embajadas, en que me sentí como arrullado en la cuna, completamente en mi salsa con aquel natural acercamiento a mi argentinidad propiciado por una embajada.
De nuevo en la sala de su casa, mirando los cuadros de los combatientes que participaron en los diferentes momentos de la lucha por la independencia argentina, me llamó la atención la imagen de más de un oficial británico, que incluso terminaron siendo gente que compartía un respeto y una profunda amistad con San Martín como Popham, o el mismísimo Beresford, bajo cuyas ordenes combatió en 1812 contra los franceses obteniendo la victoria de Albuera, y que luego se comportó de manera muy amable con el general en el tiempo que este estuvo en Londres intentando lograr que la corona británica reconociese los Estados latinoamericanos, para protegerlos de la posible reconquista española.
Recordé la cantidad de deportes, de usos y costumbres que legaron los británicos a las tradiciones argentinas, generalmente entre las familias patricias, ya fuese por roce, por deseo de mimesis, o por el atractivo que despertaban entonces. Y también recordé que la mayor colonia de escoceses y galeses fuera de países de habla inglesa es argentina, más precisamente en la Patagonia, y ello me trajo a la mente las especulaciones del vulgo argentino tiempo atrás, cuando evaluaban las posibilidades de presentar hoy una economía como la de Australia o Nueva Zelanda si las invasiones inglesas, de las pocas derrotas de la Union Jack en su larga historia, hubiesen triunfado y hasta hoy nos hubiese resguardado de las calamidades financieras la bandera de la Common Wealth. Deducciones que no tenían en cuenta que dadas nuestras características lo más probable es que nos tocase una suerte con más similitudes con la India que con los aussies, y aunque habríamos incorporado el cricket a nuestra lista de costumbres anglo-argentinas, lo más probable es que hubiésemos debido sacrificar la entretenida tradición del mate por la sosa manía del té de las cinco en punto.
Por aquel entonces no estaba como hoy de moda, el siempre socorrido y oportuno tema de las islas Malvinas, pero pensé en ello y en lo absurdo que me resultaba tanto esfuerzo en el reclamo, más allá de si verdadero o simulado, sobre aquellos islotes, mientras ostentábamos una Historia de fascinación y deseo de ser poseídos por la cultura británica que resultaba cuando menos, algo contradictoria, habiendo llegado incluso la economía Argentina a convertirse en dependiente de Gran Bretaña una vez que fuimos como Nación dueños de nuestro propio destino y de haber causado, junto a Brasil y Uruguay una de las mayores genocidios de la Historia masacrando dos tercios de la población de Paraguay para satisfacer intereses ingleses.
Al cabo de la despedida y de las fotos de rigor nos aprestamos entonces sí, a cruzar hacia los acantilados blancos, descubrimos que mientras el grueso de viajeros suele partir desde Calais, haciéndolo desde Boulogne sale a mitad de precio en la misma compañía naviera, y con menos tiempo de espera de embarque y de viaje.
Una vez que dejamos el automóvil en los sótanos del barco, después de una reparadora siesta, pedí en la cafetería una taza de pésimo café inglés de barco, y ya atracando en el embarcadero, apoyado en la baranda de proa, pensé que aunque mi cometido en aquella visita difería mucho en trascendencia de los de Don José y Don Napoleón , me sentía más a gusto llevando en mis zapatos las reminiscencias de las intenciones amistosas del soñador revolucionario argentino, que sintiendo los dedos de mis pies asomando por los famosos agujeros de los calcetines del pendenciero corso Bonaparte.
Tauro.
El ascenso o descenso de la afición al toreo es directamente proporcional al nivel de civismo y evolución que incorpora en sus usos la sociedad.
La aceptación de los sentimientos varía según el nivel evolutivo, cuyos niveles de desarrollo son independientes de la cronología, alternándose períodos de avance o retroceso, aunque con mayor frecuencia el paso del tiempo suele sedimentar las costumbres que permiten el equilibrio y el crecimiento y descartar las rémoras que impiden los mismos.
En la antigua Roma, el público que asistía al Circo y disfrutaba de una tarde de lucha entre gladiadores, o de estos contra animales salvajes, no experimentaba ningún sentimiento hacia los luchadores, no porque careciesen de toda empatía hacia un semejante, sino porque no lo consideraban tal, y por ende ni se planteaban el tipo de sufrimiento y de dolor que aquellas heridas les infligían. Sin embargo si de repente una flecha se clavaba en el pecho de quien tenían al lado acudían raudos en su ayuda, solidarizándose con el trance por el que pasaba el ser semejante, mientras tanto podía asistir a como los leones devoraban a su luchador favorito, sintiendo solo cierto incomodo ante la evidencia de que no volvería a disfrutar de un combate suyo.
La gran mayoría de los seres que utilizaban esclavos en sus plantaciones, o en sus casas, por más que esto no los exima de responsabilidad de haber causado severos daños, lo hacían sobre la idea de que eran seres concebidos para esas tareas, que ese era su sitio, y un latigazo no difería en lo mas mínimo del golpe con la fusta que se le propina a un caballo cuando se desea que aligere el paso.
La evolución de los sentimientos produjo que se aboliese primero a los gladiadores, luego a los esclavos, más tarde a las espuelas para hincar en el vientre del equino, hoy cuando cabalgamos, solo paseamos la fusta por las inmediaciones de la oreja del animal si queremos que el viento nos peine al galope.
Recién en el siglo XXI, por primera vez en España, en la comunidad catalana, se prohibieron las corridas de toros, en las que un rumiante es salvajemente torturado hasta su muerte, con la diferencia de un matadero, en que a este acto acude el público para disfrutar de ese dolor. Ya se había establecido su desuso en las Islas Canarias, por inexistencia de demanda. Pero asombrosamente aún continúan habiendo personas pretendidamente civilizadas, que acuden a la Fiesta, según ellos no con el fin de ver sufrir al animal, sino de apreciar el arte y el valor del toreo.
Antes de la Ilustración a todo lo largo de Europa se celebraban fiestas con corridas de toros, en cada zona con sus particularidades, Inglaterra tenía las propias, Italia las suyas y así cada país. Se erradicaron y prohibieron las corridas por su carácter salvaje en la mayoría de los países europeos, curiosamente sobrevivió en dos países limítrofes pero tan disimiles como antagónicos en su idiosincrasia. España y Francia.
Entonces la metrópolis ibérica hizo mayor hincapié en que se desarrollarse la tradición allende los mares, mientras América aun le pertenecía, y hubo plazas y cartel en todas las grandes y medianas ciudades del centro y Sur de América. O’ Higgins, fue el primero en decretar su abolición junto a la de la esclavitud y la de las peleas de gallos, precisamente oponiendo argumentos de civilización contra barbarie. Luego le tocó el turno a Argentina, luego a Brasil, y de a poco quedó el panorama actual, donde los países de fuerte tradición taurina son España, el sur de Francia, México y Colombia, a merced del beneficioso negocio del ganado de toro bravo. Recientemente un decreto ha suprimido esta lacerante actividad también en Ecuador.
En España existe una gran variedad de modos de utilizar al toro para la fiesta, y en todas concurre una notable cuota de crueldad, que como es evidente, sus defensores aún no alcanzan a distinguir. Aparte de las corridas en que se les clava la pica y las banderillas y con los pulmones encharcados en sangre, se los mata para deleite del respetable, existen tradiciones con menos liturgia pero igual enjundia, como el toro embolado, Un astado con fuego en la cornamenta, que corre despavorido de un lado a otro como diversión imprescindible en algunas fiestas de algunos pueblos , incluso aún pervive una tradición en Tordesillas, en la ciudad del Tratado del siglo XV que dividió el mundo conocido en partes equitativas para Portugal y España, en la que la diversión consiste en matar a un toro que corre por todo el pueblo a lanzazos, que se denomina: Torro de la Vega. Mientras que en un pueblo de la provincia de Jaén en Andalucía, llamado Calzadilla se arroja a un pavo criado y mimado durante un año solo para tal fin, desde el campanario de una torre, para verlo reventarse al caer, según marca la tradición, que no data de más allá de principios del siglo XX, aún cuando existe una ley que lo impide ni la policía ni el Ayuntamiento del pueblo intervienen en el desempeño de tal merma del decoro.
La prueba de la inocencia ( culposa si se quiere) de los practicantes de estos actos, y de que no han empatizado jamás con el animal, es que el argumento más esgrimido para defender la masacre de toros, es que si el toreo no existiese no habrían decenas de miles de toros bravos, que según explican, viven como reyes hasta el día final, en el que mueren en la lucha, ya que se les concede una dignidad que no conocen la mayoría de los animales que el ser humano dispensa para comer, ni siquiera los bichos domésticos mueren con esa gallardía.
¿ Cómo puede ser bueno que se críen miles de seres con el único fin de disfrutar a la postre de todo el dolor que se sea capaz de infligirles?.
En el ya largo tiempo que llevo viviendo en España jamás me he visto obligado a presenciar manifestación alguna de estas tradiciones, en nuestros días están suficientemente aislados lncluso fisicamente los mundos de los partidarios y de los detractores. Y considero conveniente separar dos grandes conjuntos de posiciones frente a las corridas de toros. Hay quienes están en contra del sufrimiento del animal, y otros que se oponen al sadismo del espectáculo de la sangre, el dolor y la muerte, a que la gente disfrute de ello. Ambos constituyen una mejoría en materia de sofisticación de la cotidianeidad.
Ha comenzado a prender de a poco la llama de la oposición de este contrasentido, que está muy arraigado y de por sí no explica nada en absoluto, no obstante ayuda a entender más adecuadamente la idiosincrasia popular española con su temperamento, sus valores y los colores de la bandera.
Aves perturbadoras.
Casi todos los que estaban en las inmediaciones hacían cola para tomarse un helado en Coopelia. Enormes filas humanas. Las bocas de despacho donde se veía poca gente de pie eran de venta en dólares y ahí solo se atendía a extranjeros.
- ¡Párense ahí!- gritó uno de los policías mientras descendía raudo del patrullero por el lado del acompañante. Mientras el otro apagaba el motor y salía para cortarles el avance a los dos muchachos, llegó un miliciano algo sofocado por el paso aligerado señalando a los chicos - Sí esos mismos son, esos dos pájaros- mientras el miliciano decía esto se iba formando un grupo de curiosos, los últimos de la cola, que dada la distancia tan abrumadora que los separaba de la dependienta que despachaba los helados, no se hacían demasiado problema en abandonar el puesto.
- ¿ Qué hacían detrás de esos arbustos, ustedes son gansos?- les inquirió quien había bajado primero, más a modo de acusación que de pregunta ya que ni siquiera les permitió responder- Vamos, monten en el carro, vamos a la Unidad.
Uno de los jóvenes obedeció presto la orden y sin chistar entró al patrullero, el otro comenzó a pedir explicaciones en voz alta de por qué los detenían. El policía le espetó que se lo llevaban por desviados y sin mediar otra explicación le aplicó una sonora bofetada en el rostro, le torció el brazo y lo empujó con la ayuda de la rodilla al lado de su amigo.
Nadie de los que miraba dijo nada.
Cada tarde cuando caía el sol, se podía ver una escena similar en Coopelia, algunos estaban dispuestos a purgar flagelandose con el inclemente suplicio de esperar horas por sus bolas de helados; otros como los ácratas, rockeros, friquis y afeminados que utilizaban la manzana de la heladería para darse cita, terminaban purgando en los calabozos de las comisarías.
Unos años antes, entre 1965 y 1968, siguiendo una política del Gobierno, se enviaba a los homosexuales a campos de trabajo, bajo el precepto de que el rigor los haría hombres, los callos y las vicisitudes del trabajo los endurecerían y entrarían en cintura , en al menos uno de los pilares fundamentales de cualquier hombre como es debido, en su vertiente de guapo o revolucionario: ser viril; la otra era ser temerario, de esa se podría dar fe más tarde, en Africa.
En mi edificio en el barrio de El Vedado, un vecino ex oficial del MININT, se jactaba de haber dirigido uno de esos destacamentos de sarazas, según sus palabras animadas por el ron de las tardes sabatinas y el habitual coro de obsecuentes aduladores, él los ponía al sereno durante toda la noche, atados a un árbol morada de las pequeñas hormigas rojas, para sacudirles el amaneramiento.
Había muchos poetas – decía- como Guillén y Lorca. La identificación de la orientración de género con las convicciones ideológicas o morales formaban un tanden, que no difería demasiado del de la iglesia católica. Para ellos no cabía esperar virtud revolucionaria de quien abandonaba de manera tan pueril su masculinidad tras el apetito de su imprecisa naturaleza, y esa fascinación propia de las sociedades y las instituciones homofobas hacia las significantes de la sodomización, que se ponía de relieve con una reacción siempre virulenta al fenomeno cuando se muestra explícito y la consiguiente obsesión por mantenerse distante de cualquier confusión, llevaron a las autoridades culturales, como consecuencia de sus propias parafilias a practicar una férrea censura incluso a artistas de la talla universal de Lezama Lima.
El hombre de mi edificio hablaba nada menos que de los tristemente celebres campos de la UMAP donde llevaron a más de 25000 jóvenes. La idea fue de las FAR, organismo militar que dirigía entonces y hasta su investidura como presidente de Cuba, el general Raúl Castro , quien expresó estas palabras acerca de la utilidad de la UMAP: “primer grupo de compañeros que han ido a formar parte de las UMAP se incluyeron algunos jóvenes que no habían tenido la mejor conducta ante la vida, jóvenes que por la mala formación e influencia del medio habían tomado una senda equivocada ante la sociedad y han sido incorporados con el fin de ayudarlos para que puedan encontrar un camino acertado que les permita incorporarse a la sociedad plenamente”. Entre esos jóvenes la mayoría eran desertores del ejército por una limitación religiosa, o no aptos para las FAR por afeminados y curiosamente hoy del linaje de aquellos mismos homófobos, emerge la posición representante y defensora de los derechos del movimiento de gays, lesbianas y transexuales cubanos, como colofón a una obra bufa con el más macabro y maquiavélico de los humores posibles.
Sin hacer el más mínimo “Mea culpa”, sin haber condenado ni enérgica ni tibiamente la crueldad de las políticas segregacionistas de sus antecesores, a la sazón, su propio padre, sin solicitar responsabilidad alguna, Mariela Castro se eleva como la voz de los excluidos y represaliados por su elección del objeto sexual.
Mariela planea presentarse en una conferencia en San Francisco , ciudad de luchas por los derechos de la autogestión de la identidad sexual, y no cabría reparar en el parentesco de la invitada con los autores de tantas políticas represivas, si hubiese hecho un esfuerzo por desligarse del círculo de poder de sus progenitores, pero distante de eso, cuando tuvo recientemente la oportunidad de mostrarse solidaria con la bloguera Yoani Sánchez, quien sí es un ejemplo de tesón y perseverancia en la lucha por la libertad, y portadora de un valor fuera de los usual, la desautorizó públicamente, tratándola con la misma jerga despectiva y autoritaria con la que sus ascendientes en jerarquía y sangre suelen insultar a quienes consideran inferiores o amenazantes.
Hoy que a la hija de Raúl se le extiende un visado para visitar la ciudad de los desviados, de los drogadictos, de los hippies, en el país de los gusanos y de los imperialistas, no sobraría la sugerencia de que se manifestase contraria a toda forma de represión y de discriminación de las personas, por sus creencias, ideas o inclinaciones.
O acaso la dinastía esté pensando en renovarse, y a lo de su reciente acercamiento a la Fe católica, deseen sumar la representatividad de la contracultura contestataria. Las ventanas de palacio saben abrirse a tiempo para dejar entrar las fragancias matinales.
Pero al ex oficial del MININT de mi edificio de El Vedado no hay manera de reciclarlo, ni de devolverles los años y la dignidad a aquellos muchachos sorprendidos en una caricia por un miliciano y dos policías, entre las colas interminables de Coopelia para degustar la fresa y el chocolate de la copa helada en la caída del Sol.
Soledad
Los González Aguilar, llegaron a la Argentina expulsados por la barbarie de la Guerra Civil española y fueron recibidos por la solidaridad de mis abuelos paternos, que en la provincia de Córdoba formaban parte de una casa de apoyo a los exiliados republicanos, con los años se convertirían para mi familia en simplemente: los Aguilar, remarcando la palabra más cargada de metáforas y significantes, reflejo similar al que nos llevó a apelar Zapatero al ex presidente español de primer apellido Rodríguez. Carmen creció en Argentina, allí se casó y tuvo sus hijos. Ella era solo dos años mayor que mi tía Celia con quien continua uniéndola una de esas amistades de toda la vida. Los tíos de Carmen tenían un cuarteto musical, eran eruditos de la música y juglares de la que sale del laúd, todo el que los escuchaba quedaba extasiado, y lo hacían por placer.
Yo nací bastante después de todos ellos, cuando Carmen Aguilar y sus hermanos ya tenían hijos mayores que yo. Solíamos frecuentarnos, hasta que tuvimos que abandonar Argentina por motivos políticos. Mi padre quedó preso en el país por ocho años y medio, los demás nos instalamos en Cuba, Carmen al poco tiempo también tuvo que exiliarse en la isla, le quedó también un familiar preso, su hijo Juan, pero también una hija desaparecida, la mayor, Soledad. De Cuba se fue a España con el marido, Roberto, y los vástagos que lograron salir, se instaló en Cataluña.
Se desperazaba de manera inocente y entusiasta de la democracia, ella participaba en trabajos de solidaridad desde su tierra de nacimiento para con los presos y reprimidos de su tierra adoptiva. Igual que mi tía, se ocupo por entero sin la ayuda de otro Estado que no fuese el Austríaco o el Suizo a tratar de mantener con vida y esperanza de libertad a mi padre, desde Europa, Carmen hacía lo propio con su hijo Juan, quien compartió cárcel con mi padre.
Una vez, las amigas de siempre, se juntaron en España con el fin de hacer un viaje solidario para visitar a los presos cuando aun transcurría la feroz dictadura en Argentina. Lo hicieron, acompañaron a los presos, les llevaron una fragancia fresca y la mano, una esperanza, un aliento para equilibrar el miedo, les arrimaron una yesca.
Eran leonas mayores y estaban heridas, por sus venas corría sangre que lamía desde el interior las cicatrices.
Un poco antes de regresar el período democrático a los países del sur de América, mi padre y el hijo de Carmen salieron de la cárcel. Luego retornamos nosotros desde Cuba y ella desde España, mi tía Celia desde Suiza e intentamos comenzar nuestras vidas, un poco de la manera que nos lo habían permitido y un poco como no sabíamos. Todo era otra cosa, para mi era otra Argentina, para Celia también, y para Carmen ya nada era algo, ni España era la de su niñez, ni Argentina desde que Soledad, su hija, se perdió en la profundidad del espanto de las salas de tortura. Retornó a Catalunia donde casi todos su otros hijos terminaron por instalarse, menos Juan, que al igual que mi padre nunca se marcharon de su país, sí sé que salieron de las celdas, sé que tardaron en despegar los barrotes de sus caras, pero no sé si alguna vez pudieron dejar atrás lo que se quedó atrás para siempre.
Celia, que tiene la suerte de contar con un físico y una voluntad de la época de aquellas personas comprometidas, aún visita cada año a su amiga Carmen. La última vez que se vieron hace unos pocos meses, fue justo antes de que el país de los Aguilar decidiese votar en masa a la solución más antipopular de que se tenga recuerdo en democracia. Europa necesita necesita escuchar a aquellos juglares del cuarteto musical ejecutar sus instrumentos para crear una comunión de personas, una sonrisa sostenida, en unos casos para continuar sus tareas y labores, y cambios de caminos en otros, pero en todo caso para dar un merecido reposo a los Aguilares de todo páramo aún humeante.
Ya es mayor, una mujer culta y fuerte, de lealtad de una era que hoy resulta onírica, de voz clara y firme, Carmen no pudo regresar de ningún sitio jamás, ella estará siempre en su generación comprometida, escuchando la guitarra de sus tíos, admirando a sus padres, arrullando a sus hijos y quedándose en vela, ante el sempiterno silencio de su perdida Soledad.
En un punto visitado una y otra vez por la Historia.
"Acta diurna".
Aquella preciosa y molesta profesión, el periodismo
Parece ser que no han cambiado demasiado las cosas cuando el asunto se pone tirante, y sobre lo que se investiga o informa se transforma en algo serio, comprometedor, entonces surgen obstáculos diversos, que en algunos casos consiguen detener el objetivo principal. Impiden destapar la verdad si está oculta, o darle lustre en caso de que esté opaca.
La actividad se está viendo afectada por la intrusión en el mejor de los casos, de una pléyade de bien intencionados sucedáneos, el abaratamiento o directamente la gratuidad de la prensa escrita y con ello la precarización de la información y de sus voceros.
La profesión se está diluyendo en el magma de los nuevos soportes, pero ayudada muy de cerca y concienzudamente por los beneficiarios de que gobiernen en este terreno los monopolios informativos y generadores de opinión, dadas las absorciones de medianos grupos mediáticos casi siempre incómodos para el poder, por enormes monopolios que con preocupante frecuencia despiden gran cantidad de trabajadores, o dejan atemorizados por su futuro a la mayoría ubicándolos en situación de interinidad consiguiendo parcializarlos, y luego conceden una uniformidad a la información de manera que solo existen los mismos temas de interés general en casi todos los medios, censurada la diversidad de enfoques, como está ocurriendo en buena parte de los conflictos más enconados y preocupantes a nivel mundial.
La autocensura y el conductismo en numerosos medios informativos deja a buena parte de la población a merced de una información sesgada y demasiado marcada por los intereses de los auspiciantes.
Aunque tampoco se espera la salvación de mano de las hordas que juran llevar la verdad a los hogares, que surgen como hongos dadas las facilidades de creación inmediatas en medios como internet, en su mayoría compuestas por audaces y avezados émulos de periodistas cargados de voluntad, pero igualmente desprovistos de profesionalidad. Sobre todo en el rubro de contrastación y verificación de la noticia.
Nos invaden informaciones que confunden lo verídico con lo veraz y hasta llega a ser placentera su lectura, aunque resulte de escasa seriedad armarse una idea sobre algo a partir de una premisa falsa, y nocivo para el conocimiento. Casi no existe buscador o empresa de peso en internet que no posea una sección de noticias en su página frontal, del más variado tenor según el perfil de la página, pero con el común denominador de un bajísimo nivel de exigencia en la calidad informativa. Millones de personas leen solo esas noticias, que en suma conforman la cantidad de tiempo medio que destinamos por día para la lectura, conformando esa su particular idea de lo que es “estar informados”, constituyendo este un fenómeno novedoso a partir de internet.
Para encontrar a alguien tan despistado antiguamente había que rastrearlos entre los lectores de las Selecciones del Reader Digest o del Sputnik.
Pero los casos más preocupantes de perdida del peso y la presencia periodística son las prácticas que se llevan a cabo dentro del enorme y variopinto mundo de la censura. Desde casos como el de Cuba donde a partir de los años sesenta el periodismo político dejó de existir, convirtiéndose en una invitación permanente a la adulación, la obsecuencia, la complicidad y la opacidad, el intento institucional desde la prensa oficial de desprestigio de la oposición en países con gobiernos de practicas difusamente totalitarias, pasando por la dictadura del mercado en buena parte de Occidente, hasta la terrible realidad que viven por ejemplo, los reporteros en México cuando informan acerca de las mujeres asesinadas de Ciudad Juárez o acerca de los carteles del narco, con casos que han llegado a la tortura y el asesinato de periodistas. Se ha intervenido hasta para obstaculizar la información desde dentro de los conflictos armados, con el fin poco oculto de no dar publicidad a las atrocidades que pudiesen tener lugar.
¿ Qué hacer? Incluso el corporativismo que en una situación de amenaza a la profesión puede tener su razón de ser y su utilidad, sin embargo no resulta de gran auxilio en la oxigenación necesaria de la profesión, más bien la puede condenar a la endogamia y la autofagia.
Mis padres eran estudiantes de periodismo, se conocieron en la facultad de Buenos Aires y el primer fruto de aquello, antes que cualquier producto de la deontología pofesional, fue el nacimiento del firmante de esta nota. Quizás deba a ello la sensación de sentirme un tanto cronista de mi tiempo. Al cabo de medio siglo de vida siento la necesidad de expresarme más allá de las pinceladas a los recuerdos e interpretaciones de los pasajes circunscritos a los contornos exclusivos de mi vida, me embarga la pulsión de contar lo que sucede alrededor, de participar en mi mundo opinando, tal vez con algunas imperdonables vetas ideologizadas, residuo inevitable del enfrentamiento a los totalitarios años y ambientes de los que me vi rodeado. Intentando dejar al desnudo el carozo y que llegada la ocasión pueda reconvertirse en simiente.
Aunque también considerando como un deber de todos los intrusos bienintencionados, que no confundamos este deseo altruista de contribución en los aledaños de la opinión, con el responsable ejercicio del periodismo.
Ni siquiera los mejores chistes se obtienen mediante la improvisación.
Gatos y liebres.
“Zapatero traiciona a los muertos y cede al chantaje terrorista”- tal era el slogan que se podía leer, escuchar y hasta repetir si uno quería, como el ejercicio de un papagayo alentado por las hordas acólitas del discurso apocalíptico que sostenían Rajoy y sus secuaces, acerca de brindar concesiones a los violentos separatistas vascos.
Quienes hoy gobiernan tachaban de medidas de claudicación al enemigo, de cobardes excusas para entregar el Estado de derecho, a las aplicaciones contempladas por la ley para quienes decidiesen dar pasos en firme a favor de un proceso de abandono definitivo de la vía violenta para hacer política en el país Vasco.
Hoy, a sólo tres meses de aquello, cuando concluyó un gobierno que dejó un saldo de tan solo siete muertos en ocho años por terrorismo de ETA, y la cúpula de dicha organización desarticulada, el partido que no se esmeró en demasía acompañando en aquella lucha de los demócratas para convencer a los violentos de que el mejor camino era la integración, y condenó toda acción para acabar con el terrorismo, plantea la mayor negociación con los presos de ETA que haya tenido lugar en la Historia.
“Zapatero subirá hasta el IVA de las chuches”, decían las mismas voces cuando ante las presiones del gobierno del mercado y de Merkel, valga la redundancia, el anterior presidente cedía subiendo los impuestos, no más de lo indispensable, intentando defender aún los logros sociales, mantener un colchón para los más desprotegidos. Y entonces Rajoy se presentaba ante los cuatro millones y medio de parados que en realidad había en España, como su adalid en la lucha contra el paro, la injustica y hasta en contra del capital, repitiendo una y otra vez : “ Cinco millones de razones nos llevarán a la Moncloa” agregando medio millón de personas a esa ya gruesa lista de infelices.
Ahora Rajoy manda a sus sub alternos a decirnos que subirá el IVA, luego de haber subido todos los impuestos posibles, luego de haber perdonado a los defraudadores de impuestos, luego de instaurar el copago en la salud, recortes en educación, luego de encarecer la entrada a la Universidad pública y de no hacer nada para evitar que en esta ocasión sí, en solo tres meses se hayan congregado seiscientos mil parados más frente a las oficinas del Instituto del Empleo.
Luego de haber incumplido todas y cada una de sus promesas pre electorales, el vencedor en las pasadas elecciones durante estos meses no se ha atrevido ni a mostrar el hocico ante la prensa , mucho menos ante los votantes.
Estos hechos observados desde cualquier ángulo ideológico o moral, no resisten la intervención del más mínimo análisis sin concluir que en cualquier otra esfera de la vida pública que no fuese la política, semejante manera de actuar, de responder a las expectativas creadas, sería instantaneamente interpretada como una estafa y ello activaría los mecanismos legales previstos para estos casos.
De alguna manera debería contemplarse en política que quien protagonice un timo de estas magnitudes, deba refrendarse nuevamente ante las urnas seguido de cerca y observado con óptica de aumento, amén de aplicársele una punitiva por comportamiento de escaso contenido ético.
Nada diferente del derecho que nos asiste, en el caso de que solicitasemos un pedido a domicilio a un supermercado con pago previo a través de tarjeta y una vez que se efectuase la entrega comprobásemos que las bolsas habrían arribado al hogar sin ninguno de los productos encargados y ya abonados.
El votante español tradicionalmente está más inclinado a exigir un comportamiento ético a la izquierda que a la derecha, a la cual se le suele perdonar cualquier desliz moral con tal de que esta acuda al poder con la saca repelta de billetes para repartir.
Esta vez la saca estaba vacía, ni siquiera han tenido la delicadez de brindarnos un gato por la liebre consensuada.
La casa redonda.
Gamotrán Camforte me decía a mi mismo mientras hacía denodados esfuerzos por incorporarme. La cabeza hacía todo lo que podía por seguir mi directriz de no partirse en dos, pero a juzgar por el dolor no me estaba llevando mucho el apunte. El hombro lo tenía lleno de una pasta rojiza con olor dulzón, y la boca con un sabor agrio y carente de saliva, miré alrededor y reconocí el pie del lavatorio del baño, entonces me di cuenta que había podido dejar la puerta abierta y me levanté como pude, pero dos pasos más adelante perdí pie y pisada y fui a dar contra la mesita de luz que estaba al salir del baño, tiré al suelo la taza de café los libros el despertador y el cenicero, y decidí quedarme un rato más allí hasta que se me pasaran las ganas de asirme al parquet. Me dormí un rato más y entonces logré incorporarme y llegar a la puerta que no estaba muy lejos , todo en ese mísero departamento excepto la salvación, estaba demasiado cerca.
Presioné fuertemente las sienes y luego las cavidades orbitales por encima de los párpados con los dedos medio y pulgar, bordeando los ojos, eso me hizo ver las estrellas en sus colores originales con resplandores plateados repletos de mil demonios, pero al menos consiguió aliviarme hasta que me pude sentar.
¿ Qué habría querido decir con aquello?. Lo cierto es que en Claudio no se podía creer ni cuando daba la hora, pero a veces decía cosas que parecían venir de otra dimensión, de una existencia por donde ni por asomo paseó vez alguna su codo ni su trasero. Aunque quizás en aquella ocasión, justo gracias a lo absurdo que parecía, tuviese algo de sentido.
Tenía que salir de aquel antro o los pulmones me iban cobrar una factura aún mayor que los silbidos asmáticos y la tos de fumador que cada mañana resoplaban de los fuelles. Estaban bien adiestrados y podían optimizar la obtención de oxígeno de cada bocanada de aire, pero no les podía exigir lo imposible.
Llevaba cuatro meses alquilando ese departamento de un ambiente y ya me estaban pidiendo que lo abandonase con urgencia, ya que otros lo codiciaban como si fuese el Ritz, la propietaria era una conocida de mi amiga Karina, quien intercedió para el alquiler ya que un tiempo atrás solíamos dormir juntos y se nos estaba yendo todo en hoteles. Y aunque yo no hiciese demasiado por la salud ambiental de aquel rectángulo donde cada noche descansaba mis huesos por trescientos pesos al mes, lo cierto es que al viciado aire que se respiraba allí contribuían otros condicionantes , tales como que estaba encajonado, no recibía un rayo de sol en todo el año, si se lo aireaba entraba una corriente de viento gélido y húmedo que en invierno podía matar de neumonía y en verano de intoxicación a merced de los efluvios del pequeño patio al que daba.
“Al demonio con todo aquello”- me dije- si no puede esperar unos días más a que le pague dos meses de alquiler será mejor ganar tiempo e irme de aquel sitio. No sin antes darme unas cuantas duchas, algunas por higiene y otras para mitigar las jaquecas acumuladas.
Claudio me había dicho que en algunos sitios de la costa cuando llegaba la temporada estival solía haber mucho trabajo, la gran mayoría del malo, del verdaderamente malo de ese que no pagan y si lo hacen solo pagan la mitad de lo prometido, pero se podía encontrar algún puesto de camarero en algún restaurante caro que permitiese regresar luego a la ciudad con unos cuantos billetes como para tirar unos meses sin preocupaciones. Gamotrán Camforte me repetía yo una y otra vez, no significaba nada, era como decir "barzao" en lugar de abrazo, pero sobre dos palabras que desconocía.
Junté todo lo de mi propiedad, que con libros incluídos no llegaba a llenar dos bolsos deportivos, le dejé una nota a la conocida de Karina diciéndole que ya podía intoxicar a algún otro desprevenido con los pulmones más saludables que los míos, con respecto a la factura de teléfono le puse en la nota: “Dios te la pague”, y me fui.
Antes de haber emigrado solía ir cuando era niño con mis padres a dos sitios de la costa , a un camping en San Clemente del Tuyu y a Villa Gesell. De aquello había pasado mucho tiempo, pero ambas seguían siendo zonas de veraneo, elegí Villa Gesell porque la gente me decía que tenía más onda, tanto la playa y el ambiente de la gente como los restaurantes y fondas donde se podía trabajar. Pero en realidad no había pensado en trabajar más que cuando me fui por toda la costa del Atlántico desde Uruguay hasta Guyana Francesa buscando un barco para convertirme en Simbad.
Fui a un pequeño hotel que había en la avenida Buenos Aires en pleno centro, cerca de donde paraba cuando era niño. Todo había cambiado, esa zona que otrora estaba entre pinos era en aquel momento un corredor de centros comerciales, eso sí diseñados con mucho mejor gusto que sus parientes de la ciudad. Estaba plagado de pequeños bares, cafeterías, discotecas, balnearios, y la gente que estaba de recreo tenían toda la pinta de estar pasándola francamente bien.
Antes de ir un primo de mi padre me comentó que mi tío Ernesto, cuando era muy joven había comprado junto con mi abuelo unas tierras en Villa Gesell, mi abuelo había tenido tiempo de venderlas cuando comenzó el desarrollo turístico , no así mi tío que estaba en otras contingencias. Fui a verlas, estaban justo donde ahora se encontraba la casa redonda, una casa que sería de lo más vulgar si no fuese porque sus paredes estaban dispuestas en efecto, de modo circular.
Un hombre que regentaba un bar familiar que competía en hamburguesas y emparedados con un negocio tradicional de Villa Gesell, Sanguchetto, me dijo que podía empezar a trabajar cuando quisiese, me habló de pagarme una suma de dinero el primer mes y viendo si todo funcionaba bien me la doblaría. Le dije que sí y me fui a pasar un día entre los bosques de Cariló, una playa contigua donde se respiraba un ambiente mucho más tranquilo que en Gesell , donde el metro cuadrado era sensiblemente más caro y donde no había sorpresas bajo la arena.
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