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El blog de martinguevara
Ultimos Posts

Black Floyd

3 Junio 2020 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Opinion crítica.

El asesinato de Floyd fue un crimen racista a todas luces y debe ser atendido como tal de modo integral, para comenzar el largo camino de erradicar los resabios del esclavismo.

El racismo pasa de mano en mano, la gran mayoría de los negros estadounidenses hoy, son racistas con los inmigrantes centroamericanos, primero que todo: Porque pueden. 2º porque encontraron una raza menos favorecida, más explotada, y encima más bajita y desnutrida, y 3ª porque buena parte no quieren perder sus ventajas de víctima histórica, ya demasiado perdieron con los Casinos para las etnias originarias, los primeros habitantes de América y los más damnificados de toda esta historia.

Lo mismo pasó con los irlandeses racistas en EEUU, habían sido la última capa social del mundo en Europa y de repente se ven blancos y señores feudales frente no sólo a negros e indios sino a italianos inmigrantes.

Les pasó también a los sicilianos inmigrantes con respecto de los negros.

Asesinatos de inmigrantes ocurren igual en España, en Italia en UK hacia razas no dominantes, no sólo por el ingrediente de odio racial,  sino también simplemente porque si el agente armado sucumbe a un rapto de violencia, propio de toda fuerza de represión, hay muchas más probabilidades de impunidad si se ejerce sobre una victima de una raza, clase social o género históricamente estigmatizado que si se ejecuta sobre una familia blanca de clase media.

El asesino habría matado con idéntica saña a un transexual, a un guatemalteco sin papeles, o a un dependiente de crack o heroína con HIV de cualquier raza.

El racismo muda de victimas y de victimarios, curémoslo en sus dos hábitats, en nuestro interior primero, y luego, o acaso a la vez, en el modelo social dominante.

 

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El cuello afroamericano

31 Mayo 2020 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Opinion crítica.

Al ver arder Minneapolis nos preguntamos:

¿qué culpa tiene el coche de otro trabajador? ¿qué responsabilidad le cabe a un edificio, a una oficina, al bien común de la ciudad, incluso a otros policías?

Pero el estallido hay que leerlo en clave sociológica, el asesinato del detenido Floyd ofició de espita para que estalle un cúmulo de resentimiento por agresiones soportadas, ataques digeridos, racismo estructural no combatido por la actual Administración, sino más bien en numeorsas ocasiones promovido, esto unido a la situación actual de encierro, pérdida de trabajos, pobreza creciente y, de 105 mil muertos, el 70% de pieles no blancas anglosajonas protestantes.

Y en segundo y no menos importante lugar, hay que entender que tanto EEUU como Francia, son países con una población históricamente empoderada, que no se conducen como siervos de la gleba sino como contribuyentes, participantes de sus destinos, y no es necesario que les toquen demasiado la nariz para que salten a defender sus derechos. Hechos no deseables, pero nivel de conciencia envidiable.

Dos curiosidades respecto de los desordenes en EEUU a raíz del asesinato de Floyd a manos de la policía.


Quienes están condenando de manera rotunda a los manifestantes, violentos y no violentos, que son la mayoría, son los mismos que justificaban con imprecisiones y trabalenguas a los ultraderechistas white anglo-saxon protestants que irrumpieron armados hasta los dientes en el Capitolio de Michigan para amenazar a la Gobernadora y polítivos presentes, consiguiendo mediante la violencia que no se aplicase la cuarentena. Un acto terrorista en toda línea.

Imaginemos dos escenarios, uno en que a los ultrederechistas armados no se les hubiese satisfecho en sus demandas y encima un grupo de policías afroamericanos hubiese asfixiado a uno de ellos hasta la muerte. Y otro escenario en que los sediciosos del Capitolio, hubiesen estado igual de armados, pero siendo negros que amenazaban a un gobernador Republicano para conseguir su cometido. Y que Biden u Obama los disculpasen.


Quienes condenan rotundamente este derecho de manifestarse contra las injusticias cuando estas rebasan un límite, son también quienes más lo promueven y alientan en Venezuela y lo desean en Cuba, como este seguro servidor,  cuando se produce un abuso similar.

Más allá de la calificación de los hechos, de la crítica y la condena consiguiente, es menester reparar en las causas, que seguro no justifican la destrucción de la ciudad, pero que ameritan ser atendidas como una prioridad más temprano que tarde.

 

Dejà vu

Dejà vu

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El efori de Hendrix en Alamar

11 Mayo 2020 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Cuba flash., #Relax

Quién me introdujo en Jimi Hendrix y en el primer porro de “efori” que fumé en mi vida, fue un pepilllo casi hippie de mi edificio de Alamar, apellidado Jardines.

Recuerdo que fumamos la "bala" de aquella escasa pero maravillosa planta del Escambray y me puse a barrer las cenizas para que nadie descubriese que era yerba, barrí como tres veces el salón, en aquella época era extremadamente penalizado en Cuba, Jardines rompió a reír a carcajadas y me contagió la risa a mi y a la escoba que dábamos pasos de vals en un suelo ya reluciente entre nota y nota de un expandido punteo bajo los influjos del cannabis más clandestino.

Jardines tenía Long Play no sólo de Hendrix, sino de Deep Purple, Led Zeppelin, Peter Frampton, y otros grandes del rock, era algo muy raro en la isla por aquellos días, empecé escuchando el mejor musicalmente de todos los discos de Jimi, con el último grupo que armó, no con ingleses, sino con músicos negros estadounidenses de funk, "Band of Gypsys" con temas como Machine Gun, Midnight Lightning o The power of soul.

Así que fumé el primer porro escuchando por primera vez el mejor disco del mejor guitarrista de rock. Algo es algo.

Nunca volví a ver a Jardines desde antes de irme de Alamar porque se fue antes que yo, ni lo reencontré en las redes. Hoy hablando de pepillos y de guapos con un grupo de amigos recordé algo que me dijo Jardines, idéntico a una cosa que decía Andrés Alburquerque pero décadas más tarde en un programa de TV en EEUU y en otro sentido.


Jardines era mulato, y se quejaba medio en risa y medio en serio de que aún siendo uno de quienes más entendía de rock, la gente lo invitaba a fiestas de música de guapería afrocubana, y los blancos al principio desconfiaban de su "pepillismo rockero" hasta que al poco, no cabía de que era el mejor.

A mi estimado Andrés, lo escuché muchos años más tarde comentar en un programa de TV que le molestaba esa suposición racista y simplista de la gente, según la cual él debía votar a Obama por ser afrocubano.

La izquierda extrema reprimiendo la libertad, la liberación del individuo y la oda a la estupidez, la negritud, la derecha y el racismo por los siglos de los siglos

Señores: el prejuicio es todo nuestro

 

El último disco autorizado de Hendrix

El último disco autorizado de Hendrix

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Guevara vs. Guevara V

27 Abril 2020 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Relax, #Opinion crítica.

Cultura y libertad. Lo demás nos llegará por añadidura.

Retomamos los debates sobre puntos de vistas diversos con el pichón.

 

 

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Coronavirus

15 Marzo 2020 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Europa Aorta

Luchar contra el coronavirus entre todos ya nos está haciendo mejores personas, excepto a los que llenan sus carritos con la carne y los papeles higiénicos e todos.

Una vez que hayamos conseguido derrotarlo, quienes quedemos en pie, además de contentos estaremos orgullosos de haber sido uan sociedad adulta.

Aquí dejo dos videos referidos a este virus y como actùa sobre nosotros.

 

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Nada de merienda

7 Marzo 2020 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Cuba flash.

Tras la comunidad primitiva, a lo largo de la Historia, la mujer ha padecido la exclusión de los ámbitos de poder y el sometimiento a la otra mitad de la humanidad, la hegemonía masculina. 

Paradójicamente en Cuba, la mujer padeció el peso de esa bota más que en el resto del mundo durante los últimos sesenta años.  En la vida cotidiana, en la única clase social no dirigente que existía, la clase bajísima, aun cuando desde los años sesenta se legalizó el aborto, el acceso de la mujer al trabajo y la total igualdad jurídica, de puertas hacia adentro e incluso hasta el parque del barrio, era todo muy diferente.

Alguien me puede decir que sin embargo antes de la revolución era peor, teóricamente sí, claro, pero no contamos con que el "machismo" se vio honrado con un nuevo y acaparador invitado. A los requisitos de la clásica "hombría" que había que mostrar para ser respetado mínimamente, se agregaba el ser un verdadero revolucionario, que en sentido universal era estar en todo momento listo para morir por la causa, en buscar un enemigo permanente, pero a esto se sumaban algunos folclóricos ápices caribeños, el "revolucionario" debía ser, además de guapo en tiempo de guerra: chivato, obsecuente, huele trasero, genuflexo ante las autoridades en tiempos de paz. 

Así es que cuando el cubano no estaba en trance de ir a Etiopía, Angola o Mozambique, estaba cargado de una sobredosis de testosteronas que debía eliminar por alguna vía, broncas, deportes, curda, mucha curda, y por supuesto, al final del día, su mujer.

Al llegar al hogar tras todas esas horas testigos de su insignificancia, de "pichicortez" revolucionaria y de hombre, si antes no había pasado por casa de una "querida" para hallar sustitutos de sus carencias, entonces la mujer, la esposa, hacia de último punching ball para la descarga hormonal. Y por supuesto a nivel social los hombres que tenían rasgos de mujer o que deseaban serlo, estaban por debajo e la propia mujer, los policías, militantes, efectivos del MININT se vanagloriaban de ir a Coopelia o al Parque Central a "entrar a golpes a los maricones" como exégesis del castigo al aspecto más perverso y amenazante de la feminidad, en la persona de varones hartos de su rol de taberna y taller mecánico ¿Cómo coño vas a elegir ser mujer? Era como elegir ser negro.

Hoy todos se hacen los bobos y nadie recuerda, pero se podía escuchar en cualquier vecindario como empezaba el bateo con las preguntas de la cederista, a veces miliciana, trabajadora a veces, ama de casa otras, iba subiendo el tono, hasta que, como cada tres o cuatro noches por medio, entre el alcohol y algún improperio inconscientemente pactado para oficiar de espita, sonaba el primer galletón, y si seguía o no la derrama de manotazos dependía de las mismas razones que en el resto del mundo.

Incluso novios de escuela secundaria, generalmente de barrios más marginales, se los podía ver discutiendo bajo una mata de framboyán, hasta que de entre las flores rojas, el verde de las hojitas y el marrón de las vainas se escuchaba un sonoro ¡Ra!... que no era ni mucho menos el dios egipcio del sol.

Los feminicidios nunca han formado parte de la información en los medios en Cuba, como ningún hecho que no sea un Congreso del Partido, un elogioso acto revolucionario o un condenable hecho afuera del país propio del espíritu capitalista. Recién en el pasado año 2019 se reconoció por primera vez una estadística de 0,99 muertes de mujeres de más de 15 años a manos de sus parejas entre 100.000 habitantes. Muy tiibia aún, no contiene un registro de ls muertas en los precedentes sesenta años, pero al menos es un comienzo, la realidad era terrible, tanto para la mujer golpeada y sensible de ser asesinada como para sus familiares.

 Un día habrá cifras, estadísticas de las mujeres apuñaladas, macheteadas, de las que se prendieron fuego con queroseno por no aguantar más y ese día los defensores de aquella aberración deberán sentir una pizca de vergüenza. En caso que haya, claro.

Mi activismo es por un respeto integral, un amor que no nos enseñaron en la escuela ni en la casa, a todo y a todos, la vida es un regalo precioso al que sólo retribuimos si la vivimos con amor, con la mirada limpia, pero antes hay que limpiar un poco la casa, establecer igualdad, justicia y pedir perdón a quienes han sufrido. Esto interpela al sempiterno gobierno de la isla, pero también a todos nosotros, a todos, sin excepción.

Mi homenaje a la mujer cubana, a todas las asesinadas estos años, y a todas y cada una de las vivas, que además de recoger las migas de la hombría diezmada como ocurre en el resto del mundo, se le sumaba una frustración extra, y nunca tuvo el premio al final de sus vidas de la viudez con una pensión gratificante, al menos como pago tardío, como es costumbre en el resto del mundo, ya que encima de todo, también tenía que ser revolucionaria,  valiente, trabajar en ciudad o campo, cocina, suelo, aguja e hilo, y como pago, nada de merienda, como snack: mucho discurso, lineamientos, muela, palabras.

Parole parole parole

Primeros rostros oficiales del feticidio en Cuba.Rostros de mujeres cubanas asesinadas recientemente, víctimas de la violencia machista: Leydi Laura García, Yulismeidys María Loyola, Lázara Herrera, Marays Morejón, Leidy Maura Pacheco, Misleydis González, Taimara Gómez, Alis Obregón, Yarianna Betancourt.

Primeros rostros oficiales del feticidio en Cuba.Rostros de mujeres cubanas asesinadas recientemente, víctimas de la violencia machista: Leydi Laura García, Yulismeidys María Loyola, Lázara Herrera, Marays Morejón, Leidy Maura Pacheco, Misleydis González, Taimara Gómez, Alis Obregón, Yarianna Betancourt.

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Amor caprino

10 Febrero 2020 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Relax, #Cuba flash.

Entre la adolescencia y la juventud, en la escuela al campo hacía escuchado tanto a los guajiros y los compañeros de la escuela hablar de como de rico era templarse una chiva que de a poco fui pasando de verlo como un acto de zoofilia intolerable, a un disparate y de ahí a algo que, bueno, en fin, a falta de pan bien vienen tortas. Encima en aquel año yo tenía una noviecita, nada serio pero muy agradable que estaba en el otro campamento, al que se llegaba caminando a través de los campos de plátanos no recuerdo cuantos kilómetros pero no serían más de cinco ni menos de tres. Las visitas consistían en apretar todo el rato que durara la sombra, a lo sumo una teta podía llegar a los labios y una mano al glande. Quedaba entre costuras.

El nivel de calentura con que volvía a mi albergue hacía que a veces me detuviese a cantarle a la Luna detrás de una mata de plátano embarazándola de un Banana Man, entiéndase, caminar tres kilómetros con aquella tensión añadía una pizca de incomodidad al temor al ahorcado y a los chichiricús mandingas que podrían salir de entre las hojas de los bananos. Los mismos guajiros que recomendaban la chiva, aseguraban que abriendo un hueco cilíndrico en el tronco del platanal su pegajosidad y calor podían auxiliar a la mejor de las manuelas. Aunque jamás a un buen caprino.

Y mira que jodían con eso.

Así que un día me apresté a probar aquella papaya mágica, sólo necesitaba encontrar la chiva adecuada, todos decían que cerca del río al lado de la cerca había un rodeo de chivos, sólo era cuestión de buscar el amor en el rebaño. A un guajiro que le pregunté diciendole que era sólo por curiosidad, como dije cuando probé la marihuana, cuando una puta, cuando el ácido, robar, vender, matar...jaja no, matar no. El guajiro me dijo, es importante que le amarres los pies de adelante para que no se escape, eso me encantó, los pies, humanizar primero a la chiva y luego seducirla con el abrazo de una cuerda.

Tras andar en la soledad de los platanales encontré al pequeño rebaño de chivas, chivos, y tal vez "chives". Llevé una como pude hasta el alambrado de púas como me dijo el guajiro, aunque yo no tenía una soga para amarrarle las patas delanteras, lo que empezarían en breve a ser "los delicados pies de mi Cenicienta", así que la acomodé de frente al alambrado, pensé por última vez lo que estaba haciendo, si me veía alguien y se corría la bola sería el fin para siempre, sólo me restaría convertirme en un bicho de corral.

Me dije- ma, sí- y saqué el nabo a medio izar sintiéndome medio culpable por no hacerle unas caricias a la partenaire para entrar en tema, pero conviene apuntar que la higiene de las cabras deja lo suyo que desear, y tampoco ella me haría una felación, así que dejé la culpabilidad de lado, traté de agarrarle la cadera pero se movía a un lado y a otro, el aparato se "desentusiasmaba" cada vez más y la chiva empezó a pisarme las botas de goma del campo, pateó mis tobillos flacos, plagados de falta de carne, tan flacas como las de mi frustrada amante circunstancial. Desistí sin sentir demasiada frustración, guardé el objeto puntiagudo del poco deseo del caprino y me alegré de no haber tenido ni idea, ni la ruina suficiente como para clavar ahí, ni en la mata de plátano más que la puntita.  Aunque en el mismo día había intentado zoofilia y “biofilia” ¡candela! poseído por el rapto de la inspiración por la clorofila y el flujo vital animal, pro todo quedó en la antesala. La cabra se me miró sin reproche, como decepcionada de mi escasa insistencia, y yo me alejé camino de ningún sitio, no importaban los ahorcados, me había salido del surco y no podía llegar a mi albergue ni al de de mi noviecita, donde todavía habría solo profesores haraganes y los vagos de la cocina.

Pasaron los años y tuve que cumplir unos meses de reclusión en una clínica de salud mental, a causa de la curda. Cada poco teníamos sesión de psicología todos juntos y luego uno por uno con la psicóloga. La sesión colectiva era al lado de una piscina que había pertenecido a Al Capone, bajo una glorieta cubierta de enredaderas, un día la psicóloga, en la charla de educación sexual, desarrolló el tema de de la zoofilia, en la medida que iba explicando de que se trataba y con los animales que era más habitual aquella práctica, algunos internos que habían sido campesinos en sus años mozos, comenzaban a compartir risas nerviosas y cómplices. Cuando terminó la charla se  deschavaron, que si la yegua era rica pero peligrosa, si la vaca demasiado difícil, y que la mejor era la chiva. Decían lo mismo que los guajiros del campamento unos pocos años atrás- el bollo de la chiva es de lejos el mejor, es igual o más sabroso que el de la mujer- Uno de los ex guajiros me miraba mientras yo me reía y me preguntó:

-¿Nunca probaste la chiva?

-No-le aseguré- y si vas por Artemisa y ves un cabrito con cejas tupidas y un Banana man detrás suyo, nada que ver conmigo, nunca tuve esa cuerda ni la navaja del amor.

El hijo de la chiva

El hijo de la chiva

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Moscú no cree en lágrimas

1 Febrero 2020 , Escrito por martinguevara

Los hombres nos hemos acostumbrado a ser quienes hacemos el avance para conquistar una dama, para decirles lo bella que son o que nos parecen, o, en realidad, declarar con otro lenguaje las ganas de albergar al muñeco.

Pero hay excepciones en que la mujer es quien avanza. A veces con miradas más devoradoras que sugerentes, a veces con cruces de piernas hipnóticas, a veces gestos faciales disparadores de la bilirrubina, pero también en ocasiones con un piropo directo y sin escalas. 

En Cuba en los '80 eso era algo dentro de lo normal, digamos que con suerte podía ocurrir con frecuencia. Pero hubo un lugar en que una mujer me largó los galgos de improviso de una manera natural y sin ambages, que me dejó asombrado y en cierto modo alegre, en Moscú, a la salida de un metro muy cerca del Kremlin.

Era hora punta, estaba llena la calle de transeúntes saliendo del trabajo a la casa o a las compras en todas las direcciones, yo estaba detenido observando un edificio en una de las escasísimas ocasiones que no me deleitaba mirando la silueta que dibuja un buen culo, y vi con el rabo del ojo que una mujer se dirigía a mi justo al salir del metro, probablemente de mi edad o inmediaciones, la dama me dijo algo en ruso que no entendí, sus ojos y su sonrisa eran un remanso, sabía que me estaba diciendo algo agradable pero no sabía qué, le pregunté en inglés, y en su ingles rústico más o menos como el mío, me tradujo, que yo le parecía muy lindo.

A esa hora de la tarde, sin tener pensado mojar el churro, en medio de tanta gente, que aquella dama, acaso no la más bella, pero ni de lejos la más fea, me dijese aquello a veinte centímetros de mi cara, de otro idioma, de una cultura muy mal supuesta como gélida, nunca me había ocurrido así, nos dimos un abrazo de calor humano, aproveché para jamonearla todo lo que pudiese permitir la circunstancia, y parecía que podríamos quedarnos así hasta la llegada de las primeras nieves, pero al poco rato separamos los cuerpos ya tibios, le dije que la invitaba a tomar algo, yo tenía un lagarto tieso metido en el bolsillo, y me dijo que seguiría a su casa, no tuve tiempo de pedirle el número de teléfono y me di cuenta que no pasaba por ahí, así que nos dimos un beso, uno de los más deliciosos y alentadores con que se puede fantasear, y salió de mis brazos así como llegó. 

Tras inspeccionar su asentaderas, seguí un rato más mirando el edificio, esperé a que el lagarto volviese a ser lagartija y caminé la ciudad con doble energía y el lindo subido, que duró hasta que llegué a casa de mi amigo Slava Filippov a quien estaba visitando en aquel viaje y a quien las tembas no le hacen la misma gracia que a mi, entre otras razones porque vive rodeado de las modelos más bellas y cada dos por tres pica de ese plato de delicias reservado sólo para elegidos; me dijo en su perfecto español:

-Joder, tú siempre con tus viejas

También es cierto que uno generalmente cuenta las batallitas que ganó.

He aquí otra para que no piensen que me empaqueto y me pongo el moño.

En ese mismo viaje, la fiesta de cumpleaños de Slava en el Four Seasons del centro de la ciudad, y al terminar nos fuimos a su casa con dos amigas suyas, yo había estado flirteando con una y di por hecho que esa noche aligeraba peso.

Al final las dos se fueron a dormir con mi amigo.

Fue una incomparable cura de humildad

Sopa Borsch, roja como Moscú
Sopa Borsch, roja como Moscú

Sopa Borsch, roja como Moscú

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24 X segundo

31 Enero 2020 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Cuba flash.

Ir al cine, al Yara, Jigüe, Payret, Riviera o Tritón en La Habana garantizaba dos espectáculos. El secundario era la película. El principal era todo lo que acontecía en la sala. Estaba el típico gracioso que hacía chistes para toda la sala a partir de lances de la película, de imágenes, cuando aparecía una toma vertical de un cuerpo femenino y al llegar a la cintura cambiaba el plano en la escena, sin demora se escuchaba al susodicho emitir un grito que lo escuchaba todo el cine:
- ¡Baja la cámara!
Y la gente exageraba la risa y las palmadas, acompañando al esmerado voluntario, también riendo sinceramente, más que por la sorpresa del sempiterno chiste, reían por el hecho de la carcajada compartida, igual que seguramente al gracioso, le festejarían la variación del chiste en su aula o en su centro de trabajo. Es un ejemplar de habitat común en Cuba o en Andalucía, el chistoso voluntario a tiempo completo.
Infaltable era también el pajuso, casi siempre en alguna butaca trasera, y con mayor frecuencia cuando la película no era de máxima afluencia. Incluso toda parejita que se precie aunque no hubiese visto realmente a su pajuso de turno, debían convencerse de que lo habían tenido detrás, y a veces un pobre cinéfilo que acudía solitario cobraba algunas sonora galleta, al ser convenientemente confundido con el merodeador del desfogue íntimo. 

Apretar en el cine era la experiencia más religiosa que nos podía ofrecer el séptimo arte, aquellos primeros tactos de senos, pezones, caras, nalgas y totas por encima de las prendas interiores, en tanto se recibía la recíproca sesión de manoseos. También cabe recordar la incomodidad de cuando uno de los dos quería y el otro evitaba en ese reducido espacio los intentos de besos y manoseos, y el peor enemigo de las salas de cine: la peste a boca.

Había además en La Habana una costumbre que jamás olvidaré pero que tampoco soy capaz de recordar, era ir al cine con un amigo que ya hubiese visto la película y pedirle o bien aceptarle el detalle que te la fuese contando por pedazos.
-¿Y ahora que viene asere?
- Ahora el tipo entra, y tú verás que clase lío se forma.
- Pero cuando, ahora?
Mi amigo Evelio era especialista en contar películas mientras estaban proyectándolas, y si uno de adelante o de atrás se mosqueaba y le pedía que se callase, encima teníamos el añadido de que se podía formar un bateo. Al principio me parecía raro, pero con el tiempo hasta me aficioné.
Hoy cuando intento recordar aquella costumbre tan estrambótica, aún cuando sé que la viví en innumerables ocasiones, no llego más allá de imaginarla.

¿Se trataría de una invención colectiva construida sobre los efluvios de la añoranza o sólo era una astilla más del realismo mágico?... y socialista.

Cine Yara

Cine Yara

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Bolos en la guagua

24 Enero 2020 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Cuba Opinión, #Cuba flash., #Relax

En general, la gente no sabe lo que puede llegar a oler un ascensor repleto de rusos de la era soviética en el trópico. Incluso sin estar repleto, con uno o dos rusos dentro.

Los cubanos sabían lo que olía un ruso en una guagua atestada, tanto que cada vez qu subía uno o una, un vijero tomaba la batuta de dirección y vociferaba por encima de las cabezas de los viajeros apretados como sardinas en lata

-Caballero denle nariz a eso que está fuerte- o- ¡Chófer abre la puerta que os vamos a asfixiar!- inspiraciones improvisadas, que como en los cines, era respondida con sonoras carcajadas, siendo el ruso el único que no entendía ni reía de nada, pero también a quien menos le importaba el particular aroma caucásico que desprendían sus axilas.

La historia no nace en Cuba, viene de lejos, pero claro, en los calores habaneros aquello se multiplica por varias unidades. Dadas ls duras condiciones climatológicas y geográficas de la que era nuestra nueva madre Patria, y sobre todo antes de la revolución de octubre de 1917, los rusos se aseguraban un protección estomacal con cantidades generosas de grasa y cebolla, y de esta manera cualquier lapso de hambre se atravesaba con menores penurias generadas por los jugos gástricos, aparte de que protegía mucho mejor del frío extremo de los inviernos rusos. Esto lo aderezaban con generosas dosis de vodka, y con la reutilización cotidiana de las prendas de vestir sin ser pasadas por los prestidigitadores agua y jabón, cosa improbable en medio de temperaturas que congelan hasta el gas.

El ruso luchó contra las inclemencias más duras del planeta y venció a casi todas, incluido Hitler y Bonaparte, pero nunca pudo conseguir entender como prioridad, el discurrir del agua no potable en los largos meses de invierno, con la única finalidad de asearse.

En la era moderna, los soviéticos, todos ya tenían agua corriente y caliente saliendo de un grifo en sus casas, departamentos y dachas, pero las vejas costumbres se agarran como el tío jocoso a la botella de vino. Hoy, tras la caída del comunismo, como acompañando a los cambios políticos, nadie ama más el jabón y los perfumes que las moscovitas.

Los soviéticos, aunque en menor medida y no ya por necesidad, sino por tradición, siguieron comiendo cebolla, grasa, y no lavando las camisas en los interminables veranos habaneros, con la periodicidad que todos sus vecinos adorarían. Incluso quienes llevaban un tiempo prudente viviendo en la isla y que hablaban español y entendían los chistes de la guagua, lo tomaban, pienso, como algo identitario, algo que les precedía, que los anunciaba a la distancia.

-¡Ñó, caballero, entró un bolo!

 
Mazinger: la Embajada Soviética en Miramar

Mazinger: la Embajada Soviética en Miramar

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