Esclavas sexuales en Europa siglo XXI
Este es un tema verdaderamente sórdido en casi toda Europa, es el único tipo de esclavitud que persiste en el viejo continente, pero es una esclavitud con las reglas más implacables de la América hispano portuguesa y franco anglosajona, del Nilo o de Roma.
Peor aún en muchos caos, mujeres amenazadas de muerte ellas y sus familias, golpeadas, torturadas, humilladas, drogadas, y violadas frecuentemente en el corazón de civilización europea, a la vista de todas las autoridades y de la Justicia tuerta, que ya sea por participación directa en las ganancias de los antros de tortura física y psicológica a estas santas esclavas, o porque en definitiva en el lupanar se encuentran los hombres de todas las clases sociales, más que tolerar promueven en todos los casos estos palacios de suplicio y de humillación, tanto a la mujer esclava como al cómplice del crimen que se desfoga humillándose en el acto, eufemísticamente llamado "cliente".
Yo empecé a hacer un trabajo de investigación, solitario, sin contactos ni sin protección, quería escribir una nota exhaustiva sobre el tema y tomé como referente uno de estos mega "Clubs" protegidos por las instancias de poder que se encuentra entre Valladolid y Tordesillas. Al poco de comenzar a indagar, fui ubicado en mi teléfono móvil que era de mi trabajo de entonces, y ello me retractó más que el temor a las amenazas, similares a las que ya había recibido a lo largo de mi vida por diferentes razones, a veces nobles, las menos de las veces y otras, la mayoría, dignas de abandonar en el olvido.
Las amenazas fueron pocas pero demasiado descaradas, se notaba que no temían denuncias, y precisamente una cosa en que me interesaba adentrarme, aunque sabía que estando solo, sin credenciales, sin contactos era muy peligroso, era precisamente en la demasiada obvia connivencia de gente poderosa bajo la sombrilla de la legalidad.
¿Cómo podía ser que enormes naves con carteles inmensos en la misma carrera, que ni siquiera escondían la actividad "alegal" de la prostitución, bajo sospecha de esclavitud reiteradamente denunciada, y donde se dispensaba alcohol a todo cliente, no hubiese inspecciones, patrulleros detenidos afuera, al menos para hacer controles de alcoholemia, sabiendo que allí no paraba ningún autobús, ni tren y que todo cliente conducía beodo, y sin embargo sí se ponían unos pocos kilómetros más adelante o atrás a realizar dicho control?
Se inspeccionan casas de jóvenes que tienen plantaciones de cannabis, se inspeccionan en barrios de emergencia donde existe sospecha de venta de estupefacientes, me preguntaba entonces ¿cómo podía ser, que con todas las sospechas tan fundadas de que en varios locales de ese tipo además de traficarse con la vida de seres humanos se traficaba con drogas de manera permanente, e incluso se convertía en drogadictas a varias de las cautivas, no hubiese cada día una inspección y se cerrasen los locales y apresasen todos los proxenetas y traficantes de mayor escala que los gitanillos de la chabola o los chavales de la plantación en el garaje?
Pero sobre todo y fundamental, ¿cómo en una sociedad de unas fuerzas de seguridad tan bien estructuradas que han conseguido desarmar cédulas e incluso organizaciones terroristas, podía persistir la excusa de que esos agujeros, esas catacumbas de seres humanos aterrorizados concebidas para materializar el auto menosprecio de otros seres ya aplastados, visibles desde todo ángulo, iluminadas con insistencia, eran inexpugnables dada la insuperable astucia de sus propietarios proxenetas, abusadores, extorsionadores, esclavistas? ¿Cómo una sociedad que ha conseguido reparar las injusticias más lacerantes, que presume de una conciencia cívica y de respeto a los derechos humanos puede convivir tan pasivamente con un crimen tan generalizado, impune, tolerado e incluso pasado por alto por los sectores más militantes en favor de la justicia social y de género?
Pero aflojé; mi hijo pequeño tenia cuatro o cinco años, yo mantenía una casa y un modelo de felicidad que funcionaba muy bien, así que no quise, por un lado perder el trabajo sin saber si podría siquiera concluir aquél artículo y si luego me lo validaría algún medio, muy poco inclinados a publicar algo que incriminase a personas con cierta cuota de poder, y por supuesto tampoco quería recibir un buen tranqueo a la salida de un hotel o un restaurante, así que desistí y sepulté toda posibilidad de sentir orgullo por haberme involucrado en defender, salvar o al menos denunciar los atroces abusos que se fraguan en nuestra bella, civilizada y burguesa Europa contra los seres más frágiles y desprotegidos, las esclavas sexuales.
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"Ustedes no son nada. Les pego un tiro, las entierro en una gruta y nadie pregunta"
El juzgado guarda un fúnebre dibujo infantil pintado por la hija del tipo más duro de Lugo. Durante la instrucción del caso Carioca, la mayor causa contra el proxenetismo que ha habido en Españ...
https://elpais.com/sociedad/2019/06/16/actualidad/1560702688_907602.html
Alma Mater
Hay malas hierbas que se expresan a través de cardos y otras en forma de flores. Hay zonas umbrías por el efecto de una amenazante tapia guardiana y otras por la sombra de un manzano en flor.
Así mismo hay tristezas y tristezas.
Hay recuerdos que apenan el alma porque nos retorna la sensación de un vacío tras el barniz, de un engaño, de un abandono, y otras memorias que nos entristecen porque reviven algo precioso, un ser amado que ya no está, un instante de felicidad que se presiente tan lejano y ajeno como cuando sucedió, y que sin embargo tuvo lugar.
Cuando era chico cruzaba del hotel donde vivía a la escalinata de la Universidad de La Habana, en el lado derecho del Alma Mater había unos arboles con sus ramas entrelazadas, me embrujaba subir hasta el tope del follaje e ir pasando con mucho cuidado de árbol en árbol intentando no vencer con mi peso las ramas que los unían. En ese instante con los ojos abiertos atento a los peligros, era no obstante como si los tuviese cerrados y fuese reproduciendo en la vigilia uno de los sueños recurrentes, en el cual conseguía mantenerme a flote a una altura similar a la de aquellos arboles, y pasaba por encima de la gente y los problemas nadando en el aire. Eso fue bastante antes de conocer el ron.
Hoy sentí que mi abuela, aquella que cuidaba de que la nuez que se me había prendido al pecho no me subiese hasta la garganta, me acarició la frente una vez más.
Y la nuez bajó.
Estaba a punto de regalarle una lágrima a un cardo, a la sombra de una tapia, a una tristeza gris, cuando apareció una flor de hierba mala, la sombra de un manzano cuya rama se extiende hasta el regazo del Alma Mater que resguardaba el ímpetu de mis vuelos errantes.
El jamón y la verdad
Durante los primeros años de mi estancia en La Habana vivía en el Hotel Habana Libre, que había sido antes de la Revolución Hotel Habana Hilton. Cada mañana bajaba a desayunar a un coqueto restaurante en la planta Mezzanini, ordenaba un par de huevos fritos que venían con unas gruesas fetas de jamón caliente debajo, y pedía además una ración queso fresco. Me comía los huevos pero el jamón y el queso lo metía dentro de los panecillos calientes untados con mantequilla, los envolvía en las finas servilletas de tela blanca y los llevaba a la escuela.
Mis compañeros del colegio no tomaban el desayuno en aquel restaurante, y la gran mayoría hacía años que no habían tenido la ocasión de saborear el jamón. Yo me ocupaba de acercarlos a ese recuerdo impreso en el hipotálamo.
Una tarde se acercó uno de los “compañeros revolucionarios” del ICAP que atendía a mi familia, y se tomó un tiempo para explicarme que en Cuba se había hecho la Revolución para que todo el mundo fuese igual, sin embargo-dijo- aún quedaban cosas por hacer, y por el momento la población de “fuera del Hotel” no tenía el mismo acceso al modo de vida que generosamente la Revolución nos estaba brindando a los de “dentro del Hotel”.
Sugirió que no llevase más los bocaditos de jamón al colegio, porque los niños podrían estar llevándose una idea equivocada.
En ese instante conocí el carácter subversivo de dos de los elementos más extraviados y extrañados en la isla de Cuba: el jamón y la verdad.
ZP
Entre una corriente de aire y la deserción del aperitivo la audiencia esperaba con inquietud la llegada de Camino Cabañas, la candidata del barrio leonés casi con tamaño de ciudad, San Andrés del Rabanedo, flanqueada por el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero. En cuanto hicieron su entrada, el auditorio formado por vecinos del histórico barrio obrero, de inmediato sintieron despejarse el llamado de los jugos gástricos y las acometidas del viento fresco para dar lugar a esa calidez mullida de quien se reencuentra con un amigo.
Sigue siendo tal y como lo quisieron Zerolo, Carma Chacón, Marín y su gran amigo Alonso, quienes ya no están y a quienes tanto extrañamos.
Sigue siendo como el que nunca pidió que se reprimiese a los que le deseaban la muerte violenta como a su abuelo, en cada 12 de Octubre, frente al rey, a las fuerzas de seguridad y a las Fuerzas Armadas.
Sigue siendo el que al tercer día de gobernar levantó las tropas de la barbarie de rapiña eufemísticamente llamada Guerra de Irak, antes que siquiera se les ocurriese hacerlo a los países más pacifistas de Europa y el mundo, lo cual precipitó el final de aquella masacre.
Sigue siendo aquel que legalizó el matrimonio de personas del mismo sexo llevando un inmenso analgésico a las almas más doloridas, un antídoto contra el abuso y la discriminación a todos los espíritus justos, a los abusados y discriminados por su elección del objeto sexual, pero también a toda minoría incomprendida, marginada y estigmatizada compuesta de seres humanos cercenados.
Sigue siendo el que puso en vigor la Memoria Histórica para reparar tanto daño y horror, en honor a su abuelo y a la tarea de su padre Rodríguez, un abogado que no ha cesado de reclamar junto a los activistas de AERLE por los desaparecidos arrojados en zanjas y cunetas en la barbarie fascista desatada tras el golpe de Estado de 1936.
Sigue siendo quien legisló para que menos personas muriesen en la carretera, para que miles de personas se salvasen de padecer enfermedades terribles a causa del tabaquismo, para que miles de personas dependientes sean atendidos con humanismo y solidaridad, creando dos ámbitos en una sola acción, acudiendo en beneficio de los dependientes y no menos importante, al orgullo de una sociedad que se sepa solidaria.
Sigue siendo el presidente feminista que quitó los candados para que las mejores personas de este país, mujeres y hombres igualitarios formasen del gobierno en el que hubo estricta paridad, favoreciendo que esa dinámica se trasladase a toda la sociedad.
Sigue siendo aquel de talante gracias a cuyos esfuerzos ETA dejó de matar, y que dejó su presidencia con una lista de preocupaciones de la ciudadanía entre las cuales el terrorismo ya no se encontraba en primer lugar, ni en segundo, ni en tercero, sino por debajo del sexto puesto.
Nada menos que el mayor logro de un gobierno español en medio siglo.
Y lo demuestra aún hoy en su trabajo denodado para conseguir la mayor cuota de no violencia, de paz y de cierre de heridas en el hermano pueblo de Venezuela.
Sigue siendo al que eligió Sonsoles, una mujer que se alejó de todo foco, que cantaba en coros en el festival de órgano de la catedral de León de incógnito, anónima, sin publicidad (y que con toda seguridad, reconocería un Jaguar de "estrangis" en su garaje).
Sigue siendo de León y apoyando cada acto de su gente, sigue siendo el que a León debe su templanza y al que su ciudad y toda España deben tanto. Un hombre nomás, una persona sin estridencias, pero con una firmeza indestructible en su decisión de trabajar por el bienestar de las personas y que mantiene intacto su fino sentido del humor, entre piadoso y cáustico.
El honor es nuestro.
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Sonsoles vería el Jaguar - El blog de martinguevara
Cuando digo que soy cada día más zapaterista, no zapatista de Chiapas, sino simpatizante de José Luis Rodríguez Zapatero, lo hago en parte para provocar, un poco llevado por esas eternas ganas ...
No se vende
Unos le decían "El edificio de la tradición" porque casi no se producían divorcios entre los muchos vecinos que allí moraban, y otros, sin más, le llamaban la "Torre del gustito"
Comenzó como empiezan casi todas las cosas que valen la pena, por casualidad. Una tarde un vecino de los altos salía del ascensor cuando entraba una del tercero, explosiva, generosa en todo lo que es menester llevar, ella iba mirando hacia a atrás y su mano se coló en la entrepierna del gratamente sorprendido vecino, por una milésima de segundo pareció que la mano se demoró un poco más de lo que el decoro y las buenas costumbres sugieren, el instante duró tan poco que casi no tuvo existencia, pero desató tanto en miradas, suspiros, aromas, pérdida de noción de espacio y tiempo, aceleración de ritmo, que en la existencia permaneció como eterno.
Una vez volvieron a encontrarse pero ya en sus ensoñaciones de sofá, esos senderos interesados por los que la memoria arrastra a los recuerdos, y decidieron plantear en una reunión que de los tres ascensores, quienes usasen dos de ellos, durante el trayecto tendrían total libertad para tocarse, franelear, besarse y restregarse pero sólo hasta que el ascensor llegase a su destino, no era menester subir y bajar como un acordeón poseso. No pasó mucho tiempo hasta que a raíz de la subida vertiginosa del gasto de mantenimiento y limpieza del habitáculo móvil, tuvieron que acomodar las cuotas de la comunidad, pero se saldó por unanimidad sin un pero ni una queja.
No siempre el o la partenaire era de los favoritos, pero cualquier pasajero servía para llegar a casa sin pensar en la tele, sobre todo porque en el edificio ya se había desarrollado un disfrute de la vida, un optimismo contagioso, y ciertamente una alegría lasciva, nadie salía a tirar la basura en pijama y pantuflas amofetadas, casi cada vez que los andantes subían y bajaban lo hacían enfundados/as en sus pantis, con lencería visible o sin ninguna prenda interior zapatos de tacón, con jeans ajustados, colonias seductores y escotes profundos.
A los solteros los invita al proceso inverso, primero se entonaban en casa con alguno de los medios al alcance y salían raudos al encuentro de la sorpresa que les deparaba esta modalidad para adultos de huevo kínder. Era condición sine qua non tratar al ascensor como tal, por lo que había sido concebido, nunca por lo que se había convertido. No hacer referencia a lo allí ocurrido ni siquiera entre los miembros de la familia, sabían que para mantener la lozanía de aquella felicidad debían distanciar los mundos, el elevador era algo más allá de un compartimento estanco, de un espacio privado, era otra dimensión.
La higiene era fundamental, salir de casa sin una revisión estricta de las ingles, axilas, boca e intimidades más celadas, podía representar un error que lamentar durante largo tiempo, en los edificios los chismes corren como telegramas.
A veces se llenaba el ascensor con cuatro. Se llegaron a armar exquisitos entreveros que encendían el espacio hasta el piso cinco, luego un trío hasta el nueve y una pareja al veinticinco, y de ahí en más cada uno arribaba a su casa con su cuota de alegría inusual en los demás hogares del barrio, no importaba cuanto tiempo llevasen casados, casi cada noche, día, tarde, en el catre, el sofá, en la cocina o en la ducha, sonaban campanas de fiesta.
Tal era la fama del Edificio que más allá de los límites del barrio incluso de la ciudad la gente procuraba conocer un vecino afortunado que viviese de la mitad hacia arriba. Todos preferían un café en casa de esos amigos que un asado en el parque, los carteros llevaban las cartas hasta las puertas no se limitaban a dejarlas en el buzón, las visitas de fontaneros, electricistas inspecciones técnicas, eran permanentes, nada complacía más a los repartidores de los mercados que los pedidos a domicilio de aquel edificio, así como los de correo de paquetería.
Eso sí los noviazgos de los vecinos jóvenes duraban lo que un banquero en un juicio, varios ni se molestaban en formalizar relaciones. Era como si brotase champán de un fuente las veinticuatro horas.
Y si al llegar a casa uno de los componentes de la pareja existía un desnivel de los vapores entre ambos, quien requería un toque de pimentón se daba una escapada de ida y vuelta al bar de la esquina.
Aún así no podía evitarse del todo que se produjesen algunos divorcios, como era el caso de los del primer y segundo piso que casi nunca pasaban de asir con fuerza casi desesperada un pecho o un escroto resignados ante la injusticia de la inmediatez con que se abrían y cerraban las puertas, tanto que incluso en una reunión se abordó la posibilidad de dotar de un freno al ascensor entre la planta baja y el tercer piso aunque se desistió finalmente dados los costes.
También enfrentaban mayores tensiones los de la últimas plantas que a menudo llegaban a sus aposentos descargados y suspirando, aunque a diferencia de los vecinos de las primeras plantas, si se divorciaban ninguno de los dos quería mudarse del edificio, a veces hasta resignaban verdaderos patrimonios para permanecer en la paz de sus alturas, pero por lo general, ante la creciente demanda de aquellos pisos, apartamentos y buhardillas, cuando un matrimonio de las alturas se separaba, con el fin de evitar los constantes llamados al portero eléctrico colocaban esos carteles brillantes y bien visibles desde cualquier punto del barrio:
-No se vende-
Tauro
Nací el 3 de Mayo de 1963, el día de mi treinta cumpleaños, en 1993 la Asamblea general de la ONU proclamó ese día, el tres de Mayo como Día de Mundial la Libertad de Prensa. Mis dos padres estudiaron periodismo, el viejo no ejerció nunca y mi madre, que tenía más madera de relatora, lo tomó de a ratos y lo fue dejando como se abandonan las cosas muy personales para siempre y jamás. No ejercieron porque entre otras cosas se dedicaron a creer en los dioses del Panteón de la revolución.
Visto con retrospectiva, parece que me educaron para saber molestar, nunca importé más de un bledo en casa, sin embargo y aunque perdí chorros de posibilidades de albergar en mi pecho una justa cuota de autoestima, nunca me rendí ni dejé de joder, y entre toda esa inmensa pérdida de tiempo, algunos tesoros, preciados, me dediqué a gastar la suela de los zapatos en busca de placeres, amigos, historias, risas, problemas y amor.
No estudié periodismo, sin embargo, a lo largo del tiempo me convertí en cronista necesario de los entornos que presencié, de la gente, los sentimientos, la belleza y tanto el brillo como el óxido de los filos de la daga que descansa en mi costado. Siento que atravesé la vida para hoy poder contarla, para mostrar los dolores de la gente, el lado amable de sus intestinos y la traición. Y lo hice practicando el amor a la libertad, al bien , a los colores pastel y azul marino, a los perfumes, a la luna y la mesa, la buena música y mis árboles vecinos, esos que tienen algo de mi madera. Por alguna razón la frase que le atribuyen a Orwell acerca de la diferencia de la obsecuencia al poder y el periodismo decente, se hizo carne en mi desde temprana edad.
Soy ateo y escéptico, pero que loco esto de que haya tantos elementos del mismo conjunto dando vueltas alrededor del tres de mayo, de Tauro, de la libertad, la palabra escrita, los sofás, los labios y las tetas mullidas.
Con el as de bastos
Elecciones
Última jornada de campaña electoral, un acto en la ciudad, a mis lados dos damas, a mi derecha apetitosa delicia de pelo crespo castaño, ojos chispeantes y bajo el cuello todo lo demás muy bien puesto y perfumado, nos sonreímos.
A mi costado izquierdo veterana jockey de mil carreras, cabello rubio no peinado, ojos alegres, curvas por doquier, no paraba de hablar, su hombro quedó a la altura de mi tríceps, ninguno evitó el contacto mullido, daba vivas al discurso y me miraba, yo miraba a un lado y otro, la de la derecha era una joyita con trufa, la de la izquierda era todo curry, azafrán y grasita con ajo para mojar el pan.
Miré el reloj cuando ya habían pasado veinte minutos de la hora en que debía partir, desde el aire a unos cinco centímetros del suelo donde llevaba una media hora, me giré a la derecha para despedirme una de mis compañeras de metro cuadrado y me sonrió nuevamente diciéndome adiós, luego giré al otro lado casi sin tener que moverme porque nuestros brazos eran uno, y sin mediar el contrato que en el futuro será necesario firmar para establecer cualquier contacto, nos dimos un beso en la mejilla izquierda, y como felizmente en España existe la costumbre de dar dos besos, en el viaje a la otra mejilla pasamos rozando ese espacio íntimo que atesora más tacto que la propia piel, el aterrizaje se produjo a dos milímetros de la comisura de los labios, me asió fuerte contra su cuerpo, no hubo resistencia, tomé su cintura pasé la nariz por detrás de su oreja, aspiré todo el aroma a cuello que podía contener mi tórax resguardado por su pecho viscolastico, nos separamos en medio de los aplausos de la plebe, bajé de esos cinco centímetros y me sometí a la ciudad andando sobre las copas de los árboles bajos, como en los buenos sueños interrumpidos.
Mañana al votar, mira a tu derecha, a tu izquierda y tira palante.
Oda al holgazán
En el día de ayer los aspirantes a votantes fuimos sometidos a un debate electoral soporífero. Excepto por parte del Presidente en contadas ocasiones y someramente, no se abordaron los temas que realmente justifican la postergación de la utopía anarquista.
-Reforma laboral y sus desmanes que han conducido a los trabajadores a declinar la aspiración de ascenso social.
-Una urgente reforma de la Justicia, hoy en día el poder con mayor cúmulo de resabios franquistas, e incluso de la Inquisición. Condenas por ofensa a los sentimientos religiosos como en Afganistán, o injurias a La Corona. La anacrónica ley apodada "Ley Mordaza".
-Como afrontar la proximidad de una nueva recesión económica en toda Europa.
-Reformas y fondos públicos que se destinarán a Educación, el mayor baluarte de una sociedad.
-Reformas y fondos que se destinarán a Salud, colchón sanitario de una sociedad desarrollada.
-Reformas y fondos que se destinarán a Vivienda.
-Separación de Iglesia y Estado pero en serio.
-Un debate sobre si elección de Jefe de estado por méritos o monarquía, y en tal caso, en que condiciones.
-Inmigración.
-Igualdad, pero no de secesionistas con los no secesionistas, de eso se ha hablado hasta por los codos, sino de igualdad de posibilidades y de trato entre géneros, entre razas, entre clases sociales, entre ideologías, entre capacitados y discapacitados, entre todos los habitantes del país.
Estos puntos y otros de importancia capital en el transcurso de un gobierno, en el desarrollo de una legislatura, brillaron por su ausencia en el debate, la carencia de altura en la política es alarmante, pero no es un problema exclusivamente español, es una tendencia Universal, ya no aparecen ni marcianos en ovnis de ensueño, las mejores novelas son de Houllebecq, la poesía hay que buscarla en los video juegos y la épica y el heroísmo fueron sustituidas por el llanto y el victimismo.
Someter a la población a emitir un veredicto basado en si se va a indultar o no a unos presos en caso de que fuesen condenados, es tan pobre que da vergüenza sólo pretenderlo.
Y sin tener a bien el panorama de comisarios torturadores encubiertos y condecorados por sus servicios sanguinarios contra demócratas, curas pedófilos, protegidos por el Estado muy lejos de conocer los barrotes de un calabozo tras crímenes execrables, ni el dato de decenas de corruptos indultados, en el cual resulta un insulto a la razón ver a un demócrata como Junqueras entre rejas, expiando las reminiscencias del odio entre los perros de guerra de Primo de Rivera y los "Escamots" del Estat Catalá.
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