Cancheras
El fútbol femenino ha arribado a un nivel donde ya es una modalidad per se, un deporte auténtico. Ya no son comparables a la tercera división masculina, tienen la fuerza de una división menor masculina, pero una calidad distinta, diferente, femenina, aportan movimientos y temperamento no visto en el fútbol masculino. Todavía hay algo naif, inocente, que a la vez es un aporte sano, moderno, ver menos trampas, menos agresividad violenta, menos insultos, escupidas, peleas a golpes.
Un detalle revelador es que la prima para las españolas si ganan el Mundial es de 250 mil euros, la de los hombres era de 400 mil, hace pocos años la diferencia era abismal, las mujeres cobraban cincuenta veces menos.
En los años ochenta en Cuba y en el mundo, llegó a ser más visto el voleibol femenino que el masculino, este Mundial de fútbol femenino ha conseguido ser más transmitido que los mundiales de básquet femenino que sin embargo llevan muchos más años peleando. Paradójicamente, Estados Unidos, que mantuvo la vena femenina del fútbol a lo largo del siglo XX, llamado soccer allí y jugado mayormente por las estudiantes de instituto y universidad, no tiene una buena selección sin embargo hoy vive su revoloución en afición al fútbol masculino gracias al aporte de Lionel Messi.
Creo que terminará habiendo aficionados, como es mi caso, que vean el masculino y el femenino con entusiasmo y disfrutando de dos deportes similares pero diferentes, cada uno con sus propias virtudes, el próximo reto es hacer atractivas las Ligas.
En España fue muy importante Milene Domingues, "la Ronaldinha" pareja de Ronaldo Nazario “el bueno”, que marcó record en jueguitos, demostró con una alegría y desparpajo admirable, que el fútbol no tiene género.
Charla en esquina del Once
Dos semanas atrás, con motivo de un viaje a Buenos Aires por el deceso de mi tía Celia, tuve interesantes conversaciones con judíos ortodoxos del barrio donde me alojé, calle Viamonte al 2400 en pleno Once, a la vuelta de la AMIA. Una de las charlas fue con un muchacho joven al que tras consultarle si yo iba en la dirección correcta para llegar a mi destino, le comenté que soy natural de esa ciudad, incluso moré muy cerca de ese barrio, pero hacía 26 años vivía fuera, una cosa llevó a la otra y me preguntó por la Comunidad Judía en España. Le dije -vení pongamonos a resguardo del viento porque me va a llevar más de un minuto explicarte-. Es muy problable que más de la mitad de españoles tengan trazas de sangre judía, pero en segundo lugar lo más seguro es que durante siglos, esa mitad, defendiese lo contrario a sangre y fuego por las más que probables consecuencias que ello podría acarrear.
La mayor eclosión, ruptura, quebranto de la convivencia no siempre pacífica ni dominada por la concordia, pero próspera, en la mayoría de los muy distintos territorios de lo que hoy es España, según sus disposiciones, leyes, progresos y concordia bajo los distintos ducados, señoríos feudales, principados y reinados, fueron los pogromos de 1391 a lo largo de toda la geografía nacional. Con génesis en toda Europa tras un durísimo período de peste que diezmó a la población europea dejándola en dos tercios de personas, la búsqueda de razones místicas, productos de castigos divinos por tolerar a los judíos, las sinagogas, las juderías, la envidia por el progreso de una parte de las familias judías, al ser obligadas a dedicarse al comercio, o directamente por culpar a los judíos de envenenar los pozos y manantiales para eliminar la cristiandad.
En Sevilla en junio de 1391, la población enardecida mató a casi todos los judíos utilizando los más diversos métodos, desde la hoguera, al cuchillo o al arrojo al precipicio, se apoderaron de sus casas quemaron las sinagogas, y robaron todos sus bienes.
En Toledo ocurrió lo mismo con el agravante que había 10 sinagogas, seis madrazas y la convivencia hasta finales del siglo XIV era ejemplar. Se destruyeron todas las sinagogas, y se masacró a casi toda la población judía de manera inmisericorde...
"...en Toledo fue secundado el hervor nacional y numerosos hebreos cayeron en la fosa, bien pasados por la hoguera, bien pasados por las armas blancas, ora despeñados, ora arrojados a las cisternas. Un considerable número de adeptos a la ley mosaica, sufrieron torturas tremendas, siendo degollados, hacinados, estrujados, deshechos en las mismas muelas, o piedras de sus molinos, enrojeciendo con sangre las aguas del Tajo por mucho tiempo".
Juan Moraleda y Esteban
Dos días después de que comenzó la matanza de Sevilla se desató la de Córdoba con la excusa de hacer conversos al cristianismo a los habitantes de las juderías. Fue terrible, prácticamente mataron a todos los judíos, torturándolos, descuartizándolos, ahogándolos. También Córdoba había sido un ejemplo de coexistencia con la particularidad del desempeño motivado por sabios judíos y musulmanes en convivencia con el cristianismo.
Barcelona acunaba una judería plena en sabios y familias prósperas, fueron todos eliminados, sus propiedades robadas, sus sinagogas quemadas, y las mujeres y los niños vendidos a los árabes como esclavos.
Cabe destacar las poblaciones que no cayeron seducidos por esta infección de odio y asesinato que recorrió todo el territorio español, como ejemplos notables juderías, como Maqueda, Talavera de la Reina, Alcalá de Henares, Guadalajara, Hita, Uceda, Buitrago, Mondéjar, Pastrana, Almoguera, Zorita, Tendilla, Cogolludo, El Puente del Arzobispo, Cobeña o Torija. Algunas fuentes consideran esta circunstancia a la sujeción de estas juderías a señores poderosos, como el arzobispado de Toledo, la Orden de Calatrava y la Casa del Infantado.26. Pero acaso haya que profundizar en la conciencia colectiva de estas poblaciones y la forma puntual de distribución del trabajo y la riqueza.
En cuanto a la Corona de Aragón, mientras que las comunidades judías de Barcelona, Valencia y Mallorca fueron eliminadas la de Zaragoza incluso prosperó, pasando de 300 familias en 1369 a 350 a comienzos del siglo XV.
El pogromo de 1391 provocó una gran ola emigratoria, tanto dentro de la península ibérica (al principio, en dirección a Portugal) como fuera de ella (posteriormente, hacia el norte de África) y a localidades hoy turcas, como Estambul o Esmirna (Fuente: 'Los sefardíes', por José Meir Estrugo).
Los emigrantes españoles judíos tuvieron una gran influencia en las comunidades judías del norte de África y causaron un renacimiento cultural entre los judíos de la zona.
Un agregado importante en la historia de represión y abusos sobre la población judía en el caso de España, es la fundación del tribunal de la Santa Inquisición en España por parte de los reyes Católicos, en 1478, con el fin de mantener el catolicismo más puro en todos sus territorios.
Fue creada para actuar como tribunal con el fin de descubrir y someter a juicio a los herejes en general. Lo que contribuyó al crecimiento del odio entre judíos y cristianos, ya que cuando una persona tenía una rencilla con algún vecino o conocido, lo acusaba directamente de ser judío para llevarlo a juicio. De este modo, aumentó notablemente el número de denuncias falsas y acusaciones por ser judío.
Tanto el gobierno, como los demás funcionarios proclamaban que era importante expandir el catolicismo real. Por ello, promulgaron leyes para prohibir los matrimonios mixtos entre cristianos y judíos o judíos conversos, ya que ensuciaban la pureza de la sangre, aun siendo la católica una religión proselitista, no hereditaria a diferencia de la judía. A raíz de este rechazo continuo y creciente, muchos judíos que no renunciaron a su fe y que se habían reproducido tras los pogromos de 1391, fueron asesinados y otros muchos expulsados del país. Con ellos, se fue buena parte de la cultura y de las tradiciones que hasta ese momento había habido en lo que hoy es el territorio nacional.
Existe la versión muy estudiada y bien defendida de que la Inquisición se creó por el miedo que tenían los cristianos a que los judíos les quitasen el poder. Los judíos eran una amenaza para la monarquía y los Reyes Católicos vieron en la Inquisición el medio para eliminar la fuente de uno de sus mayores problemas.
Además, en el siglo XIII el territorio que hoy ocupa España estaba en guerra con Italia y hacía poco que había reconquistado Granada, por lo que la situación de precariedad económica era generalizada en la mayoría de la población. Como la comunidad judía tenía una mejor posición socioeconómica, los Reyes Católicos tenían miedo a una protesta popular, por lo que la expulsión de los judíos y la adquisición de sus propiedades tras su asesinato o huida, supuso el fin de ese problema.
Tras mi recreación de estos episodios, obviamente de manera resumida, el joven curioso, interesado como casi todos los judíos ortodoxos en la experiencia de las comunidades judías alrededor del mundo, le comenté que en la ciudad donde vivo, que contenía una enorme judería donde hubo episodios de violencia, sin embargo aun se recuerda en la iglesia de San Martín de Tours, el día que se le brindó albergue cristiano a los judíos perseguidos por los callejones con muy malas perspectivas para sus futuros inmediatos. y entonces nos dimos la mano y me dijo:
-Gracias, un día, en la escala española camino de Israel, tengo que visitar León.
Habiendo concluído la charla con semejante muestra de empatía mutua, me asusté y detuve el impulso de comentarle, que en León, aún hoy, heredera de aquellos días aciagos, ir a tomar una especie de sangría llamada limonada en época de Semana Santa, se denomina salir a "matar judíos".
Volverán las oscuras golondrinas a Segesta
Tano iba delante guiando al grupo por los bosques de Calatafimi, Peppe llevaba la furgoneta con las mochilas grandes. Llegamos a un claro entre las colinas, de frente el paisaje que adoraban los Élimos y algún sicano en sus ritos religiosos, Nos sentamos en los restos de su templo situado en un enclave privilegiado donde en un solo instante de silencio se puede atestiguar un sentimiento religioso íntimo, intransferible, e indescriptible por este acérrimo ateo. Construido acaso hace tres mi años, antes de que llegasen los griegos y les dijesen "vengan un poco más acá, no frente a un risco, sino en una explanada y vean lo que es un templo de adoración a los dioses"- y les enseñaron la monumentales edificaciones del templo y el teatro de Segesta.
Tras un descanso en que grabé aquel momento para recuerdo futuro de la Antica Trasversale Sicula, seguimos los pasos de élimos para apreciar la magnificencia del templo griego. Con los ojos exaltados de recuperar tanta belleza, bajé al centro del anfiteatro y declamé los versos de Gustavo Adolfo Bécquer "Volverán las oscuras golondrinas" gratitud rapsoda en humilde pago a tanta ofrenda.
Hoy esos arboles, ese monumento, sus alrededores arden rabiosamente, como si el más despreciado de los dioses élimos, tras el castigo a su traición se despertase para maldecir la tierra y el cielo trapaniano. La gente sufre, la Historia también, sin embargo, no en los políticos, ni en el bálsamo del oro, sino en la fuerza de la solidaridad, en las raíces históricas de una isla sufrida que ha sabido reponerse una y otra vez de los diferentes golpes recibidos, florecerá, aun más bella por el atesoramiento del dolor y la entrega, el espíritu de los buenos elimos, sicanos y sículos.
El ventrículo más azotado y también el que palpita con mayor firmeza de mi corazón, está hoy en Sicilia.
Tía Celia
Tenía seis años, había elegido un barco anclado en el Dock Sud de Buenos Aires, para participar del concurso de pintura de La Boca a la que me llevó mi tía Celia. El barco se movía pero logré pintarlo como si lo hubiese captado con una cámara, con un parpadeo prolongado.
El día de los premios me llevé el tercero, al ver el primero y el segundo me sentí tan frustrado que mi tía me preguntó que me ocurría, le dije que mi pintura era mucho más arriesgada y lograda que aquellas dos, entonces me dijo:
-Martín, no sientas lástima de vos mismo- y fue una de las frases que junto a un manojo de citas me han acompañado como muletas auxiliares a lo largo de la vida.
Celia es la hermana mayor de mi padre, ya que el mayor de todos, Ernesto, el ínclito personaje de la política, la mística y la leyenda, concluyó su circulo vital mucho antes que los hermanos.
Celia vivía hasta ayer, antes de la pnademia desatada en 2020. viajaba de un lado a otro, pintaba, impartía clases, armaba proyectos, tenía energía para protestar por toda injusticia que se cometía alrededor. Inagotable, pero sobre todo era la persona más coherente que conocí, en la realidad y la ficción.
Eran cinco hermanos, fueron criados por mis abuelos Ernesto y Celia, él un bon vivant, personaje pintoresco de Buenos Aires nacido con el siglo XX, emprendedor empedernido que no concluía ningún proyecto, le seducía más la fase creativa del sueño que su concreción, solidario con los exiliados republicanos españoles, y no obstante pertenecer a una familia tradicional de costumbres conservadoras, mostraba un cariño inusual en la época con sus hijos, a través de juegos, risas, charlas y debates, como más tarde lo hiciera con sus nietos, hombre pícaro, de recursos en la charla, seductor, hedonista a la manera que un caballero podía permitirse. Y mi abuela Celia, una mujer de una educación estricta, pero rica en virtudes, en colegios de monjas, a las que siempre recordó con afecto a pesar de su temprano ateísmo y feminismo militante, nadaba con notable estilo largas distancias, tenía una proverbial puntería en tiro con armas de fuego, y aunque no se salvaba de alguna frivolidad como ganar campeonatos de bridge, fue de las primeras damas argentinas en cabalgar con las piernas a ambos lados de la montura, en fumar, usar pantalones y cortarse el pelo a lo garçon, quien puso a mi tío Ernesto mucho antes de ser el “Che” a aprender francés a los dos años y a Celia a aprender inglés con una institutriz, y no les permitía abandonar las lecciones, lectora empedernida y fuente de la cual Ernestito extrajo la conclusión de que todo en la vida es lograble mediante la fuerza de voluntad.
Tía Celia tenía un año y medio menos que su hermano Ernesto, pasaron la niñez y juventud estrechamente unidos en juegos, deportes, Ernesto estudió medicina que era una carrera familiar, y Celia arquitectura como quería su padre que era ingeniero civil. Ambos recitaban a Machado y quizás por ello tomaron caminos distintos.
No habla en público y casi ni en privado de su hermano por temor a que sean utilizadas sus palabras, todavía ni siquiera ha podido mirar las fotos del cuerpo sin vida del Che en la infame escuelita boliviana. Para ella, él es el hermano mayor, el de las hazañas. Jamás obtuvo prebendas de su imagen sino que al contrario se ofreció para aportar conocimientos de arquitectura en una Cuba que se había quedado de repente vacía de profesionales. Visitó en la cárcel a mi viejo, otro fenomeno, al inicio de la dictadura y al final, cuando nadie progresista entraba a Argentina, salían o bien con la piernas raudas y ligeras sobre el suelo o tiesas hacia delante.
No sé si por haber sido un niño que prefería los rincones para expresarme con mayor libertad hablando conmigo mismo y mis duendes y fantasmas, porque me llevó al concurso de pintura, al estreno de Yellow Submarine, o porque yo admiraba su estilo entre hippie, feminista, desinhibido y su imagen me permitía liberarme a la atracción que sentía, con el toque del barniz edípico que le daba ese condimento hereje e irreverente que me cautivaba, o simplemente por los enigmas propios de cualquier tipo de afecto. A lo largo de los años seguí viendo a Celia de un modo u otro, siempre me enriquecí con sus historias, sus puntos de vista completamente disparatados y milimetricamente exactos a la vez, hemos seguido visitándonos con el océano mediante y le brindó su locura firme, su coherencia disparatada y su cariño, a mi retoño, y soy testigo de cómo, no sólo se puede vivir la vida entera amparado en la coherencia, sino que precisamente hace la vida más fácil de ser andada y entendida, aún cuando en apariencia presente mayores obstáculos, queda más llena de sentido y sobre todo del poder supremo que otorga ser consecuente y acreedor de una buena cuota de dignidad consensuada.
Hoy partió, discutiendo, peleando, con los fantasmas visibles y los palpables, con los presumibles y los agazapados, se fue para descansar pero seguro que ya también está extrañando sus libros, sus investigaciones, su lápiz y sus pinceles. No importa tía, del lado de allá se pinta con soplidos.
Cuando me preguntan cómo sería el Che si estuviese vivo, abstracción en la cual caben dos posibilidades, una, que permaneciese con la edad del héroe de los afiches, y la otra, tan abstracta pero más imaginable, que cargase con sus correspondientes ochenta y nueve años, no tengo dudas, si a lo largo de la vida Ernesto hubiese logrado mantener su coherencia, su valor y su capacidad para romper convencionalismos, sería como tía Celia.
La cena del Bolshoi
Uno de mis defectos que creía incurables, pero para mi sorpresa he logrado intervenir, es que no siempre, pero a veces, para cortejar a una dama a la que se desea con ganas, de esas que uno de verdad quiere besar, deleitar su delantera, abonarse a su postrimería, lamer a placer introducir y retirar las veces que el gozo y la altivez puedan sugerir. O aguantar. Todo muy románticamente. A veces hay que agasajar un poco, gastarse algo más que un sanguche, un menú oferta de KFC, unas tapitas y vinitos peleones de pie en los bares más berretas. Hay que entender que uno tiene otras edades que cuando sin bañarse e invitando a pan con aceite y alcoholifán, las titis hasta entregaban el marrón en la primera cita. Ahora ni con tan poquito te dan tanto, ni la que lo da es la mitad de la de antaño. Todo pasa y todo queda.
Hace unos años, en una visita a mi amigo Slava que vive en Moscú, llamé a una rusa que había conocido tiempo atrás en el Hotel Casablanca on the Beach en Miami, después de aquel encuentro que no llegó a fraguar en los palitroques proyectados, presumidos, ansiados, sin embargo seguimos en contacto por instagram, mail, face y whatsapp, tó en inglé. El tercer día en casa de mi amigo Slava, comuniqué con ella y le dije
-Te invito a cenar, nos vemos frente al Bolshoi- lo que de inmediato aceptó.
Le comenté a mi amigo que esa noche no volvía a dormir, que estaría mojando el arenque latino en una aplazada oquedad eslava. Era fácil intuir que esta amiga tenía una familia rica, siempre está de viaje en lugares preciosos, comprando, vacilando y gastando; ella sabía que yo era un tipo que pretendía tener cierta onda pero pelado como la berenjena. Aún así me asaltó un temor, nos veríamos en las inmediaciones del Bolshoi, pero en el teatro hay un restaurante exquisito, la mar de fino, nivel cenas de reyes, no solo para ricos, sino para muy ricos con muy buen gusto, a ver si se va creer... Claro que rápidamente me dije a mi mismo "no te preocupes que ella te conoce, sabe que ahí solo entrarías por la puerta de atrás para ir al baño o llevar otro pescado, no tu arenque”. Compré salame, queso, pan ruso negro exquisito, sachets de mayonesa, una botella de vino cuyo corcho tuve a bien aflojar en la tienda con un sacacorchos que pedí prestado, y la esperé en un banco de piedra. Cuando apareció con los tacones que llegaban a la segunda planta, vestido negro brillante, aros relucientes y un peinado artístico, escondí la bolsa con el exclusivo convite, y me puse de pie, un par de besos, y le dije si prefería tomar algo dentro de una panadería tipo Panera o íbamos a la Plaza Roja a comer los bocadillos de salame y queso que yo le prepararía con dedicación de escultor para bajarlos con el buen vino tinto antes de "traca-traca". Me dijo:
-Ah, pensé que me invitabas al restaurante del Bolshoi.
Sobra explicar que esa noche no singué, ni mamé bollo, ni me mamaron el tubo, ni siquiera compartí el salame ruso, el pan negro ni el queso. De eso no hace tanto tiempo, y desde ese entonces aprendí que no a todas se les puede meter el bosbonique tras un par de mordiscos y unos tragos a pico de botella, que eso era en Cuba, y no por ser Cuba porque a una cubana de Miami la invito a eso y hasta una galleta me llevo de souvenir, sino por la edad y la bendita (para el caso que nos ocupa en exclusiva) carencia colectiva de la Involución "sociolista", la comprensión de la soga general elevaba el pomo en la plaza o malecón, en ocasiones casi imposible de conseguir, a nivel de cena en el Bolshoi, o acaso un peldaño más arriba, que nos socorría y salvaba de todos esos interminables esfuerzos detallistas.
Hoy, aún cuando me cuesta estirarme frente una carta nutrida en ceros, ya me preocupo de que el primer palito, y si merced del entusiasmo y la nostalgia se tercia, también los dos restantes, sean en un hotel de ventanal y alcoba de sábanas limpias, en vez de mi catre, y tras unos vinos decantados por camareros en copas altas, de un agradable bar de moda, aunque no el de la mitad de la plaza, sino aquel de allá, al doblar la esquina, un poco más allá, todavía más unos metros más, que está muy majo, muy bonito y muy moderno, pero que cuesta la mitad.
23 J de Frascuelo y de María
Vox es tangible, palpable, inminente.
Europa occidental, por supuesto oriental, América toda, norte y sur se han visto afectados por la corriente que nació con el recientemente fallecido Berlusconi y fraguó con el incalificable Tronal Gump, el inclasificable Bolsonaro, la transmisión genética potenciada aunque “aggiornda” en Francia de Jean Marie a su hija Marine Le Pen, Salvini, Meloni, y más allá en Hungría Orban, los retoños en Holanda de Fortuyn o en Austria de Haider, limpiadas de polvo y paja para su uso actual por Steve Bannon.
Pero Vox es mucho más antiguo que todo aquello.
España es el único país europeo occidental donde el arco parlamentario no ha condenado el fascismo autóctono institucionalmente de manera rotunda, que segó la vida de más de medio millón de personas en su golpe de estado y consiguiente guerra, y tras aplastar el gobierno elegido en las urnas, encarceló, torturó, desapareció y mató a más de ciento sesenta mil españoles. Vox está compuesto precisamente por los ex militantes y votantes del Partido Popular que más simpatizaban con el franquismo.
Vox no solo acuna un profundo sentimiento xenófobo y racista como reacción a la inmigración que beneficia a toda atractiva, sociedad rica, sino más bien por una nostalgia histórica del dominio sobre lo que se entendió durante más de dos siglos como medio mundo.
Vox es un partido muy alejado del liberalismo capitalista moderno, sus reflejos, mecanismos y hasta aspiraciones son de tipo feudal, cuenta con dirigentes de la baja nobleza, condenados por estafa a trabajadores, con una falsificadora de planos arquitectónicos, siendo una simple estudiante, un presidente que vivió durante un tiempo considerable cobrando de un chiringuito gracias al mecenazgo dudoso de Esperanza Aguirre, otro jerarca simpatizante de alardear con armas largas a una más que prudente distancia de cualquier conflicto concreto. Vox manifiesta un marcado rasgo homofóbico expresado por todos sus altos cargos, tan acusado que pasado por el más tibio tamiz analítico, dejaría entrever la deliberada ocultación de unas apetencias más que perturbadoras, aderezado con esas empalagosas dosis de catolicismo medieval, ultraconservador, poco familiarizado con la tradición cristiana de la misericordia, nostálgicos de la polución ambiental más tóxica, ocasionada por fábricas y nutrida cantidad tubos de escape invadiendo los centros urbanos, nos deja frente a un movimiento, que más que conformar un partido del tipo clásico, parece ser la expresión, el alarido, el aliento rancio y megalómano del fantasma colonizador de medio mundo, que aun deambula por Tordesillas sin cadenas, confundiendo su silueta con el de la engrilletada Juana la Loca.
Los candidatos a las próximas elecciones no son ni Sánchez, ni Díaz, ni el PP,
De un lado está la ruptura definitiva de un cordón umbilical con una España que tuvo su grandeza para un conjunto muy reducido de privilegiados, de una España que se vanaglorió de enterrar la modernísima y progresista constitución de Cádiz de 1812, al grito de ¡Vivan las cadenas!, la España que renegó incluso del carácter presagiador del globalismo, del reinado de Isabel y Fernando, la que apaga la vela del Siglo de oro y las diferentes generaciones poéticas, la España del torero Frascuelo y de María.
Y del otro lado el país que siente una nostalgia impertinente, imprecisa, engañosa, de todo aquello.
En la noche madrugada del 23 de Julio, sea como termine siendo el resultado, nuevamente, una de las dos Españas ha de helarte el corazón.
Bombo LGTBIQ+
La fiesta del orgullo gay es peronista.
El peronismo se caracterizó por llevar a la realidad latinoamericana el gatopardismo practicado en Europa tras la II Guerra Mundial, cuando las elites económicas entregaron un pequeño porcentaje para no perder la totalidad, en vistas de los deseos crecientes de los pobres del mundo, previo a la Guerra de parecerse a lo que se comentaba que era la vida de los proletarios bolcheviques en la Unión Soviética, que contaban todos con pan, techo, estudio y trabajo, en comparación con las condiciones de abandono a que estaba sometidos en sus sociedades. Con la excepción acaso de EEUU donde si bien existía una simpatía expresa hacia los soviets humildes, también es cierto que la tradición de una buena paga solventaba la ausencia del estado en la protección de los trabajadores. Tras la negociación entre los aliados y la URSS para quedarse cada uno con la mitad de la Europa más cercana dividiendo Berlín en dos y trazando una línea de norte a sur, la parte occidental se despertó tras el horror de la guerra y el mayor enfrentamiento entre el anticomunismo y el comunismo y entendió que nada podían hacer mejor, que establecer la salud y educación pública universal y gratuita, el derecho a a vivienda y trabajo o protección social, y entonces se intercambiaron las variables de la ecuación, y fueron los obreros soviéticos quienes desearon vivir en las sociedades del otro lado del muro virtual, que tenían la misma protección para los más humildes, pero donde además existía la posibilidad de progreso económico y se gozaba de ciertas libertades para el individuo, que hasta entonces, la verdad, que al proletariado universal le había interesado bien poco dada la emergencia de conseguir comida, cura y techo. Pero una vez alfabetizados y garantizadas unas condiciones básicas, comenzaron a desear el disenso, la posibilidad de huelgas, manifestaciones o sindicatos no alineados con el poder.
Perón fue la expresión máxima de esta extraña muestra de sabiduría de las clases dominantes. Perón sacó de la miseria a los trabajadores, semi-dignificó sus vidas llenando sus cacerolas, los colegios para sus hijos, los hospitales para sus afecciones, derecho a la vivienda, las vacaciones y los sindicatos. Digo semi, prque a la vez que sacrificó del sistema capitalista unos pocos recursos para humanizar el trato al trabajador, se preocupó de crear un sistema por el cual esos trabajadores se convirtiesen en clases subsidiadas, que jamás tuviesen intenciones, ni por supuesto posibilidad, de llegar al poder y protagonizar los cambios más profundos de sus intereses de clase.
Hoy en todas las televisiones del mainstream, en todas las radios, casi todos los partidos políticos, promocionan la fiesta del Orgullo alegre, o Gay Pride (eligiendo uno u otro idioma), pero sobre todo la elite económica mundial está feliz, alegre, dichoso de que mass media, los partidos de pseudo izquierda post moderna, el progresismo tolerado considere la estandarización del movimiento LGTBIQ+ , como su revolución consumada. Y por supuesto relegue, postergue, desatienda, olvide, desprecie, obvie todos los objetivos naturales de lo entendido como izquierda histórica. Mejoras salariales, equilibrio social, protección del medio ambiente, erradicación de la xenofobia, el racismo, el clasismo, eso en cuanto la izquierda, y en cuanto al progresismo capitalista, la movilidad social, la igualdad de oportunidades en el progreso económico social. Por supuesto que era necesaria la desaparición de todo prejuicio sobre la elección del objeto sexual de cada persona y sobre todo la desaparición de los prejuicios cualquier fuente de placer, y el entierro definitivo del derecho de nadie y mucho menos el estado, de juzgar u opinar en lo que hace cada uno en su intimidad o su vida afectuosa.
Desde todas las minorías, ya fuesen ideológicas o hedonistas, se entendía que reivindicar los derechos de la comunidad gay debía ser una lucha compartida, transversal, porque si se lograba visibilidad para el colectivo social más marginado por la cultura patriarcal, todos los demás grupos relegados serían beneficiados. Con esta convicción, cuando regresé a Argentina tras la dictadura en 1983, conocí a Croxatto, la abogada de la incipiente Comunidad de Homosexuales de Argentina, participé con ella con un entusiasmo nuevo, rompedor, de las propuestas que en ese tiempo de mecanismos y reflejos tan arcaicos, la organización recién salida de años de terror, llevaba a cabo.
Pero hoy ¿cuánto de la fiesta del Orgullo de la diversidad de identidades, géneros y disfrutes del placer, se debe a las reivindicaciones y la emancipación de los masacrados, humillados, marginados, durante siglos alrededor del planeta en casi todas las culturas, y cuanto a la asimilación bonapartista del mainstream que hasta hace un pestañeo eran sus verdugos?
El grupo Bilderberg se fijó en cual de esas emancipaciones les costaba menos económicamente y con cual perdían menos y claro, al no estar libres los multimillonarios de desear un buen tolete en las postrimerías, expresaron, acaso incluso más faustos que sensatos, un rotundo sí a la saturación de festejos del universo LGTBIQ+
Por supuesto bienvenida sea esta expresión de evolución de la conciencia social, la tolerancia y la concordia, pero no descuidemos el enorme abismo que aun aprisiona y devasta a tantas personas en este mundo tan desigual descansando en estas aromáticas y valiosas, pero tan escasas hojitas de laurel.
Wydma
Wydma era hermana del loco que hacía unos meses atrás había entrado a una licorería insultando y tirando piedras de tamaño temerario a todos los que estaban dentro, odiaba a los borrachos. No consiguió contusionar a todos pero llenó de moretones a unos cuantos y a dos los dejó bastante jodidos, les metió cantos hasta en el culo. Mientras vaciaba su saco de cambolos pensaba en esos locos estadounidenses que entran con ametralladoras de última generación disparando a todos los rincones llenando el suelo de chocolate, se hizo llamar “Billy the Kid”. Billy fue preso y Wydma puso rumbo a Escandinavia.
Desde pequeña le había subyugado la idea de vivir en una estepa nevada, en una casita de chocolate con un tejado cubierto de hiedra en verano y de nieve apelmazada, tupida, en invierno, renos alrededor, y no tan lejos como entonces, los lapones. Pero al aficionarse a las series nórdicas grabadas en pueblos costeros y ciudades, también por la proximidad de la materialización de su deseo en la cual intervenía más los datos concretos de precios, supermercados, comidas, restaurantes, tiendas, medios de transporte, y otras comodidades convenientes, sobre todo en el aislado norte, empezó a preferir dentro de sus anhelos, la nieve igual de caída y agrupada en cantidades generosas, pero sobre un emplazamiento más urbano.
Primero fue a Oslo, conocía a un amigo checo que vivía en la ciudad, se alojó dos meses en su apartamento que era de dimensiones aceptables para dos personas, pero como cabría suponer al menos en el terreno de las probabilidades el amigo tenía intenciones de compartir líquidos seminales con ella, cosa a la que Wydma no se opuso en absoluto, en cierto sentido hasta le pareció una prestación extra, pero teniendo claro que era para dejar escapar la tensión en algunos cuantos gemidos, contorneos, mamadas mutuas de genitales, paseo de las lenguas por los aledaños y abrazos, que al fin y al cabo eran protectores.. Wydma era especial, todo lo hacía con sentido, no necesariamente para obtener algo pero sí habiendo sopesado pros y contras, y para ella empezar en una ciudad tan distinta en todo a su idiosincrasia suponía una presión extra que de alguna manera debía liberar. Milenko era una perfecta vía de descarga, un tipo alegre, amable, culto, estaba bueno quizás con el culo un poco flácido pero tenía buen rabo, ella solo tuvo que dar unos retoques en las costumbres higiénicas y la sugerencia de cierta variedad culinaria, por lo demás estaba perfecto, además de contar con refugio hasta que pudiese independizarse. Ella le propuso pagarle la habitación que ocupó, pero Milenko se negó, solo le puso la condición de compartir gastos de comida y el dispendio, tampoco demasiado seguido, de esas energía hierática acumulada en la semana. Wydma era rubia, tenía el pelo lacio, ojos verdosos, piel pálida, pero sus curvas, el culo, las tetas, los muslos y sobre todo la gracia al andar eran marca registrada de allende los mares, Milenko se preguntaba como no se cansaba de caminar y hablar bailando, a veces se le paraba el cohete solo mirándola, “uf es explosiva, blanca y mulata dos en una, y ambas bellas”, pero no la molestaba más que esa emergente vez a la semana en que todo parecía confabularse para sintetizarse en un abrazo ¿qué importancia tenía si con génesis en el deseo lascivo o de protección? Al final era un imperioso anhelo de ambos, el placer y la caución entreverados sin mezclarse intercambiando virtudes, tras el vidrio climatizado de una ventana empañado por dentro, congelado por fuera.
Ella no estaba ni estaría enamorada de él, pero la pasaba bien, le encantaba calentarlo y después fornicar con desenfreno. Milenko ya le había dicho que le gustaban las braguitas blancas, de algodón, podían presentar algunos estampaditos pero tenues que no irrumpiesen en los dominios del blanco descolocándolo, en todo caso que lo potenciasen, le encantaba la vista de la vulva desde atrás apresada por la braga, las piernas que aparecían desde los pliegues que formaban los glúteos, y cuando apretaba levemente con sus manos las nalgas cubiertas por esa tela ajustada, suave al tacto, se producía un contacto directo entre los dedos y la zona del cerebro encargada de enviar de inmediato la señal de zafarrancho al rabo. Una tarde Wydma fue a comprar un nuevo juego de bragas del tipo que tanto a ella como a Milenko le gustaban, en la tienda le atendió una empleada que hablaba español, así que se entretuvo charlando un poco más de lo que el decoro y las buenas formas sugieren, la muchacha era uruguaya, había vivido casi la mitad de su vida en Buenos Aires y ya iba por la otra mitad entre Copenague y Gotemburgo, estaba probando hacía pocos meses vivir en Oslo, pero su intención era mudarse a una ciudad pequeña del interior, Wydma le dijo que esa era exactamente su misma intención. En realidad no lo tenía definido del todo pero encontrarse a alguien que pareciese tan cercana, tan ella misma y que tuviese esa decisión tomada cuando había cubierto buena parte de la geografía escandinava viviendo, terminó de ponerle la guinda a su deseo expreso pero todavía bastante difuso.
Sacramento austral
Lo que muchos pensaban que era una ensoñación libidinosa perversa de acaudalados ociosos fumados acomodados en sus sofás, o un deseo de escarmiento al poder político proveniente del enfado seudo popular con las instituciones, pero que en ningún caso llegaría siquiera a acercarse a la línea de salida, está hoy en condiciones de producirse de un modo más que objetivo, preocupante y a la vez adrenalinico, contagioso, goloso. Javier Milei es una opción real en la vida pública argentina.
Analicemos sus planteos una vez retirada la capa de barnices. Milei empezará cerrando el Banco Central, eliminará el peso o cualquier denominación de moneda autóctona e instaurará el dólar estadounidense como moneda nacional, aunque ya puestos ¿por qué no Libras esterlinas? y de paso nos ponemos de bandera la Unión Jack, somos Reino Unido y resolvemos todos los problemas de un golpe; incluso el de las Malvinas. Liberará las condiciones para el mercado de compra y venta de todo tipo de armas, en un país donde la violencia cotidiana latente, el prejuicio social y racial es una barrera tangible, palpable, sangrante. Colocará a Victoria Villarroel de vicepresidenta, una defensora sin remilgos ni pruritos de la represión del gobierno de facto de la Junta Militar a las organizaciones guerrilleras, a partidos de izquierda pacíficos, a estudiantes, sindicalistas, intelectuales, etc., defensora de la prohibición del aborto, contraria al estado laico, aunque con un reclamo justo de reconocimiento de todas las víctimas sin distinción ideológica.
Pero lo más curioso, lo más tremendo desde el punto de vista de la involución social reflejada en el retroceso de conciencia del votante argentino, es que Milei les propone regresar al primer capitalismo, el de Birmingham, Liverpool y Manchester del siglo XVIII, previo a la aparición del marxismo precisamente por la desprotección de los trabajadores. Sin estado, sin escuela ni salud pública, sin protección laboral, sin vacaciones ni jubilación, sin derechos para la clase productiva. Se podrá educar y curar quien tenga plata para pagar por ello. Tal es el ideario de los anarcocapitalistas.
Una barbaridad de tal calibre es impensable que haya progresado sin la incalculable ayuda de sus predecesores en la acción y la soflama.
El caldo de cultivo para el desarrollo de estos disparates es una saturación del mundo de la política tradicional, un discurso interesado proveniente de las fauces de un Steve Bannon que contaminó mucho más allá de los confines con que había soñado en un inicio. Esa hiperbólica protección de los más humildes con el dispendio de dos chirolas para perpetuar una clase subsidiaria, ociosa y súbdita de la dádiva, una saturación de los intrincados mecanismos de corrupción de la política tradicional, de su inoperancia y burocratización, que en vez de producir el deseo de asearlos es desviado, deliberadamente, hacia el de sustituirlos. Cabe recordar que en la historia, la única política sin políticos la han protagonizado los militares y los reyes, apropiándose de todo y de todos. El mecanismo que lleva al ser humano a la autofagia de su propia obra, al caos tras la perfección, es digno de estudio, pero de ningún modo conforma una ley natural.
La irrupción de un fenómeno como Milei debería hacernos reflexionar en que es necesario abordar un cúmulo de problemáticas sociales que no son estructurales, pero que se han enquistado en la columna vertebral de la sociedad. Quizás sea hora de promover menos restricciones para la creación de riqueza, para el emprendimiento, más incentivo y motivación para las inversiones, la creación de fuentes de trabajo para las personas paradas, de manera que el bien común obtenga diversos beneficios, económicos y de dignificación de las personas.
Otra cosa es que pague medicina, hospital y escuela privada quien cuente con recursos para ello y lo elija por comodidad, confort, motivos religiosos o de diversa índole personal, pero sin abandonar en un ápice lo público. Otra cosa es retomar una ética del trabajo, del esfuerzo, pero de todas las clases sociales, privilegiados y humildes facilitando más que una vía, un corredor para el ascenso o la estabilidad, a que todo ser humano aspira en la medida de las expectativas que satisfagan sus necesidades. Que la delincuencia no sea una opción tan viable que a veces parece ser la más conveniente, ni entre los ladrones de guante blanco, ni entre los ladrones a pie de calle, que la violencia antes de castigada, sea profundamente tratada en la profilaxis educativa, en la difusión de valores cívicos.
Otra cosa es luchar a brazo partido para que todos esos jóvenes capaces, sedientos de alcanzar diversos horizontes, culturales, empresariales, técnicos, científicos, no se vayan del país, sean considerados un bien y como tal se los trate, y que a aquellos que tuvieron que emigrar se les brinde todo lo posible para que resulte atractivo su retorno, si así lo deseasen. Para analizar a Milei o mejor dicho a los abducidos por su mensaje hay que tomar un cuarto de ácido y observar de frente y sin prejuicios la realidad.
Mi criterio sobre Javier Milei, aun cuando considero indecoroso emitir críticas sobre quienes no conozco, dado su carácter de personaje público me permito decir que es un showman atractivo, con gran desparpajo, insultante, peleador, que va de audaz a temerario, de atrevido a intrépido, esas virtudes no se las quita nadie, y eso atrae, subyuga, en medio de tanta cobardía, de tanta pusilanimidad, un disertante calificado para enseñar historia de la economía aunque un poco repetitivo con Hayek y sus compatriotas austríacos, más que nada para asuntos domésticos, a lo sumo para administrar una empresa modesta, y así mismo un teórico admirable en cuanto a los laberintos dialécticos en que se aventura. De carácter muy irascible, se irrita con demasiada facilidad y desprecia a cualquier disertante que no se somete a su criterio. ¿Elegirlo para dirigir un país, incluso infinitamente menos complejo que Argentina, aunque fuese el país más simple pequeño y predecible del mundo? Es un disparate solo a la altura de sus propuestas.
O quizás de la locura provenga la razón y a la Argentina le convenga refundarse como un territorio al este de la costa de California o la Texas del siglo XIX, plagado de buscadores de oro y de petróleo, de cowboys armados defendiendo sus feudos, con religiones de estricto cumplimiento de bases calvinistas, donde impere la la ley del Talión y del dólar.
Con suerte este Western Argentina, sentaría las bases luteranas para que dentro de dos siglos podamos vivir en enormes casas en barrios limpios de ateos y viciosos hedonistas, con un patio trasero presidido por una barbacoa a gas que chamusque bien las puntas de las salchichas, los bordes de los patys y las crestas de un manojo de coles hervidas.
La paz del bullicio
De igual manera que los religiosos dicen que "los caminos de Dios son misteriosos" los agnósticos debemos aplicarlo a lo que llamamos casualidad, que no es más que un conjunto de causalidades de las cuales desconocemos los mecanismo que las sustentan.
A mi me suelen pasar cosas entre raras, graciosas y bizarras, acaso también siempre las he andado sembrando para luego cosecharlas, pero desde hace un tiempo, un personaje eremita se fue apoderando de mi vida cotidiana sin darme cuenta del todo de las consecuencias que ello podría acarrear. Tras dejar el alcohol y sucedáneos de a poco fui viendo que no era tan gregario como creía ser, y que las reuniones de más de tres me causaban cierta impaciencia, inquietud, incomodidad. En cambio dos o tres eran perfectas, porque de ese modo la comunicación estaba garantizada hasta el punto en que pudiese producirse, ya fuese más tarde o temprano, el silencio entre dos no deja mucho espacio para esquivar la evidencia de que todo interés fue exprimido y la reunión acabó. Con el tiempo fui sintiéndome cada vez mejor estando solo, me divorcié, veía a mi hijo pequeño cada día, el único que me insuflaba ganas de disfrutar de tiempo compartido, y la presencia femenina alrededor en forma de amantes sin demasiada implicación personal y profundizando en una cita mía que convertí en lema "en el vaso de mi baño un cepillo de dientes es suficiente" , creyéndome acaso original, interesante, conocedor de una especie de verdad que el resto, abreviados en sus márgenes, atravesados por vidas pusilánimes, ignoraba. Típico de pelotudos. Y cada vez fui alejando más a los nuevos conocidos, hasta que me aparté de mis amigos más encarecidos, con la inestimable ayuda de estas benditas malditas redes sociales, "no puedo hoy, tengo cosas que hacer", "me voy de viaje", "estoy cansado", "gracias pero no" etc., y por supuesto toda esa gente a la que fui dándoles el bate, echándoles repelente de manera subrepticia, comenzaron a entender el mensaje no demasiado oculto. Hasta que quitando las amantes ocasionales de cada vez menos tiempo de interacción, y algún que otro gran amigo de los que no abandona ni echándoles gasolina y encendiendo un fósforo, fui quedándome, como era pretendido, a placer, a mis anchas, absolutamente desatestiguado. La gente no sabe que soy extremadamente tímido, me dijo hace poco chica a la que le comenté que me gustaba su culo: "cualquiera lo diría" y entonces me di cuenta que ya nadie me creería nada, ni siquiera lo que realmente rezumase mi esencia, ya me estaban cubriendo tantas escamas y capas de moho que no se veía el haz de luz que indica el camino a la médula espinal. Aún así seguí y seguí, la madre de mi segundo hijo, que nunca me soltó la mano a pesar del escaso decoro que en ocasiones mostré en mis devaneos, me decía "no juegues a este juego, porque ya toda tu familia está lejos, no te hablan muchos por la política, otros por el carácter y la mayoría por la falta de roce, tus amigos lejos, los últimos también los estás alejando, cuidado, no arriesgues tanto" La verdad es que la escuché, como siempre tenía razón en todo, pero no podía evitar el peso de la gravedad o aun sentía un intimo placer en representar ese personaje un tanto cínico, interesado en la cultura, la lectura, dos o tres chupamedias, algunos culos y tetas, y mucho pensamiento revelador de la nada más absoluta, de la inutilidad más pulida, más perfecta e intransferible que he conocido, el esfuerzo más improductivo que me fuese posible alcanzar.
Así es que el mayor tesoro de mi vida, que son las almas que se han unido a mis pasos a lo largo del camino, los que no me vinieron dados, sino elegidos los fui apartando y me quedé lo que se llama, lo que se conoce, como materialmente solo. Por fin llegué a ese estado de nirvana, en que estando rodeado de ciudades, bullicio mundano, viajando todo el tiempo, lidiando con la pelotudez de la sociedad desde la clarividencia de mi inteligencia, conseguí alcanzar la soledad en mi genuina nube de pedo estelar.
Murió mi tía Celia, que había sido un ejemplo en muchas virtudes pero también en este terreno, en como hacer para alejar toda ayuda posible, vi a mi viejo solo, pensé en mi guía espiritual Gladys que murió sin nos diésemos un abrazo aunque ya concedidos los respectivos perdones, en mi vieja que se fue en su cama tras el café sola, y solo yo de ella, en Yiye, hierático, alejado, helado. En ese entonces estaba comenzando a conocer a una mujer como no me pasaba en toda esa época de búsqueda de mi mismo no sé bien para regodearme en qué rincón de este enorme espacio habitado de recuerdos y fantasmas que inunda mi interior. Regresé a casa, me pregunté que hago, donde vivo, como vivo, ¿vivo?
Y me dispuse a desandar una parte del recodo del camino transitado con las alpargatas malolientes, las uñas en la tierra cercenando lombrices, sentí por primera vez la profundidad de la espina que llevaba inserta en el talón. Abracé a mi hijo, a mi ex esposa, a la amante anterior del gym y a la nueva la amé más, y justo cuando en mi pecho estallaba un empujón que hizo volar por el aire la armadura que me protegía de los deseos y temores, fui abandonado en un santiamén, como yo mismo había dejado envueltas entre las pelusas de debajo de la cama, cada cuenta del rosario que había sido legado con mimo entre los dedos de mis manos.
Y así como el dolor y el amor comparten gestos, aullidos y suspiros, antes de llegar al fondo, volví a levantar la astilla que provoca la chispa con otro beso, pero no hay boca que arrastre el vacío de otra boca, y corrí a destapar las arterias resecas desesperadas por el flujo vital, y me percaté a tiempo, de que solos no somos nadie, de que la velocidad se ve andando, de que más valen cien palomas volando que una en la mano. Y que la senda de la esperanza es una promesa vacía y un escalón tras otro, el asidero de un abrazo.
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