Toscar vuelve la tortilla
Toscar no dejaba de pensar en alguna venganza contra los estamentos jerárquicos de la empresa, pero sabía que para eso tenía que trabajarlo mucho. Primero mejorar su posición económica, era fundamental, porque aunque empezó a sentir una especie de culto al justiciero de Olot, aquel que se llevó puestos con una escopeta a los hermanos explotadores y estafadores para quienes trabajaba y que le debían cinco meses de sueldo mientras se daban la gran vida, y al director de la oficina bancaria que estaba por quitarle todo, junto a la empleada que cada vez que lo veían entrar lo destrataba de una forma humillante. ¡Pum! y se acabó, no más tensión en cada músculo, ni toneladas en los hombros, ni dolor punzante bajo las cejas, ni cabeza baja, ni sensación de ahogo en la madrugada, se quitó todo en una tarde, y se entregó a las autoridades con una sonrisa en el semblante que revelaba un alivio tan profundo, que fácilmente podía confundirse con la felicidad.
Pero el justiciero de Olot estaba preso y eso era algo que no le permitía ensoñar el pensamiento en paz, terminarlo con una lazo perfumado. No era justo que cada vez que alguien harto de ser pisoteado decidiese romper el acostumbrado mecanismo de aplastamiento hasta la desintegración, por sí mismo y por el resto de los pisoteados que por las más diversas causas no pueden patear la mesa del pan duro, termine preso o muerto.
Una tarde hablando con Albertico Toscar le dijo que con el tiempo deseaba crear un pueblo donde consiguiese alojar a los personajes más pérfidos dentro de los que abusan del poder, No solo delincuentes sino aquellos cuyo delito consistiese en ejercer el poder que tienen sobre una o más personas. Albertico le dijo:
-Y al primero que metemos ahí es a tus viejos y a los míos.
-Albertico, imagínate a todos esos hijos de puta abusadores, trabajando con las manos, cargando cubos de cemento, echando mezcla con cuchara de albañil, subidos a andamios a más de treinta metros de altura, sin seguridad, con cascos sucios, con lluvia, nieve, sol que raja las piedras, o viento huracanado, llorando en la noche por las ampollas, preguntándose entre todos ellos en el único bar del pueblo roñoso, pestilente, tomando un café mezcla, al inicio, y con el tiempo bebiendo alcohol barato, vino de tretra brik por el tiempo que duraría tal suplicio, y que habrían hecho para merecerlo, mientras con el paso de las semanas los menos pervertidos por la crueldad que les atenazó el alma a todos en sus burbujas de poder, comenzasen a comprender lo que habían hecho, la asfixia que habían impreso a seres que entonces ni siquiera consideraban humanos, a los que tenían ubicados socialmente por debajo de sus mascotas, incluso de los animales del zoológico, de quienes entendían requerían mayores cuidados que sus propios empleados. Y los que no tuviesen aguante para el trabajo, a dormir en las esquinas apestadas de cáscaras de tubérculos baratos y salpicadas de botellas del primer aguardiente de la prensa, recogiendo cabos de cigarrillos, empujados por los buenos obreros cada vez más al margen del pueblo y más cerca del basurero. Les pondremos también como hicieron ellos, unos curas con grandes templos que a cambio de una entrega absoluta les arrojen unos rescoldos de banquetes pasados, aún así se salvarán de que esos prelados se beneficien las postrimerías sus hijitos, detrás en la sacristía. Imagínatelos discutiendo entre ellos cuando unos comenzasen a visibilizar el daño ocasionado, mientras los otros tozudos en su incapacidad para distinguir el bien del mal, no solo continuasen sorprendidos con el castigo reformatorio, sino que formasen cédulas con el fin de rebelarse al sistema impuesto, y los que se distanciasen de los “desafectos” fuesen a informar a la policía que habríamos organizado, con idénticos mecanismos de actuación que la que los protegía a ellos y sus intereses, y entonces entrase a sus apartamentos tirando la puerta abajo y tras un buen ramillete de porrazos, puñetazos y patadas, los subiesen a una patrulla camino a un calabozo donde esperarían unos pocos días en recibir la condena de jueces tan imparciales como los que ellos manejaban a su antojo, recibiendo penas de mínimo veinte años de reclusión en una prisión infecta sin derecho a revisión de pena, por pertenecer a una organización terrorista con fines de atentar contra la autoridad establecida. Sus esposas deberían salir a trabajar de lo que fuese si quisiesen comer. Algunas, las más “buenorras” desde los cánones patriarcales, que aun después de parir como lazo al patrimonio, y tras las toneladas de potingues de calidad, seguían estando de buen ver, acaso preferirían ir a alquilar servicios sexuales en la parte trasera de las chatarras de coches que pudiesen permitirse los puteros, sobre tenazas, llaves, cubos de albañil, cal y cemento, con mucho sigilo ya que la prostitución estaría prohibida en el pueblo para pobres y a la que atrapasen podría ir a pasar unas cuantas navidades en la prisión contigua a la de su esposo, dejando los niños en caso de que hubiese, al cargo del estado con los recursos de este destinado a ese tipo de criaturas. Hoy creo que sería magnánimo, pero llegado ese momento pondría a prueba mi compasión, de que madera estoy hecho, con la suerte de esos niños. Mientras las que ya de tanto tomar té con tarta por las tardes y de comer las exquisiteces que sus criadas sudamericanas o africanas les cocinaban al mediodía y por la noche hubiesen desarrollado prominentes abdómenes, caderas con más chicha que tendón y muslos fofos, tendrían la bendición de empoderarse, trabajando en el tajo, afianzarían la novísima vuelta de tuerca del feminismo dotando también de deberes la inacabada moneda que solo mostraba la cara de los derechos. O cualquier otro trabajo de provecho, sobre todo los que tendrían muy visto a lo largo de su vida privilegiada en las habilidades de su servidumbre, aunque probablemente no con ánimos de aprender. Podrían volcar todo lo aprendido, o más bien lo recordado de sus mucamas en las casas a las que fuesen a limpiar, lavar ropa, tender camas y asear inodoros empercudidos, de hogares súper humildes como el de ellas mismas, pero de albañiles y albañilas, mineros y mineras, deshollinadores y deshollinadoras, aplicadores y aplicadoras de alquitrán en la carretera, destapadores y destapadoras de cloacas, electricistas de postes de alta tensión, empleados y empleadas en mataderos, peones y peonas de campo, y un largo etcétera componente de los trabajos más duros en las clases bajas, que hayan asumido obedientemente el nuevo estado de las cosas y se hayan resignado a ser buenos ciudadanos y ciudadanas. Personas de bien y no terroristas o antisociales. Estas mujeres percibirían menos que las otras por media hora de fricción corporal, pero ni correrían riesgo de ir presas, de ser goleadas en la noche, abusadas en las furgonetas chatarra, ni de adquirir enfermedades venéreas, aunque no se salvarían de los cientos de enfermedades que esos trabajos, siempre, indefectiblemente, si no es una es otra, terminarán aportándoles a su salud: artrosis brutal prematura, neumonía, cúmulo de alergias, mordidas de perros, arañazos de gatos, contusiones por caídas, escoliosis, dolores de todo el cuerpo por el exceso de horas para cumplir la norma. Enfermedades degenerativas que más tarde o más temprano las retirarán del servicio doméstico con una ínfima pensión que les dará para descansar en paz esperando antes a la pelona en el lecho que al terrorista del marido, que en el mejor de los caso llegaría muy cambiado tras veinte años conviviendo con la peor calaña de la trena. En cambio imagínate a los que aceptasen el modo de vida mismo que ellos ofrecieron a sus subordinados. Al cabo de cuarenta años podríamos convocar una especie de congreso para compartir experiencias, aprendizajes, conminarlos mediante una suma paupérrima pero motivadora dados sus ínfimos emolumentos, a escribir, a dejar constancia de sus reflexiones, escarmientos, criticas, descargos en su favor, todo lo que se les ocurra, libertad expresiva por un mes para que, con arreglo a la ley y el orden por supuesto, manifestasen lo más granado que el acervo recogió de los cuarenta años de experiencia empática con sus ex antagónicos, la experiencia de la inversión de la tortilla. Imagínatelos con todos esos dedos enormes, como los de los albañiles que debieron comenzar a echar mezcla con el padre desde los doce años, con la carne de las yemas sin huellas dactilares engrosados bordeando la uña a tal punto que la hunden barnizada de mezcla endurecida por siempre, las palmas de la mano plagadas de relieves y rugosidades callosas que les convierte en un suplicio el simple hecho de poner en hora un reloj de pulsera, las caras deformadas por la ingesta de alcohol de altísima graduación y pésima elaboración, las orejas grandes, las calvas irregulares, el escaso pelo ralo, alambroso, la tez bruñida de mal sol, bronceado diferente al de cuarenta años atrás, tetas caídas de mala alimentación barrigas enormes de fritangas y caldos especiados con chorizo de lata, con los ojos rojos de resaca y el ceño vencido hacia las mejillas. Imagínate los resultados del simposium, dejaríamos participar también, por un fin de semana de manera oral, a los terroristas y a las putas desde las prisión, es casi más motivante conocer el crisol o acaso el carácter monolítico que arrojarían esas conclusiones, recogidas en una especie de “manual para la convivencia”, que el placer supremo de verlos trabajar y percibir el cheque de quinientos morlacos a final de mes que solo les alcanzase para arroz, papas, huevos algún pollo, unos tres bombillos encendidos a la vez en la casa, aguardiente feroz y jabón de lija. Que no te niego Albertico, lo placentero y reparador que sería verlos llorar como plañideras pero todavía más esperanzadora es la ilusión de poder leer sus observaciones al cabo.
-La verdad es que sí, deberíamos empezar a intentarlo. Pero después de la reunión ¿qué, los soltamos a todos, los invitamos a saltar del acantilado?
-No, ya tengo todo planeado. ¿Nunca viste esas películas en que un grupo de ricos buscan la forma de convencer a un mendigo para asistir a una caza, y cuando llega la hora le comunican que la presa será él? En algunas le ofrecen unos cuantos miles que podrá disfrutar si logra llegar a un punto generalmente lejano, en otras le ofrecen la vida. El argumento de esas pelis está tomado de la realidad, en un país que no recuerdo, desarticularon una banda que organizaba ese tipo de cazas a las personas más desgraciadas de la sociedad. Y que probablemente se replique en otros países con vigilancia nula de la ley, o de la justicia social. Pues mi idea es reproducir esas cazas, pero al rico. Ofrecerles a los afortunados que lograsen alcanzar ciertos límites dentro del territorio que deberíamos tener controlado para la ciudad reformatorio y alrededores, quedasen, de algún modo, libres, aunque jamás podrían regresar a su antiguas vidas, países, ni por supuesto a gozar de aquel poder y comodidades, pero disfrutarían de una vida más frugal, podrían gozar de un trabajo liviano incluso según la edad de una pensión justa que les alcanzase para algún pequeño lujo de vez en cuando. El único tema que debemos pensar para esa caza, es quienes serían los cazadores, que obviamente deberían provenir de los bolsones de seres damnificados por sus presas. Esto nos plantearía varios inconvenientes, el primero que se me ocurre es que si la caza la organizamos pasadas décadas de los abusos cometidos, habrá un problema de edad y acaso, la merma de los ánimos de venganza de la victima. Si lo organizamos apenas sean secuestrados para introducirlos en la ciudad reformatorio, cuando todavía esté fresca y vivaz la bronca de la victima, en caso de conseguir la libertad, el o la castigada no habría aprendido nada de lo que deseamos enseñarle. Luego está el detalle de la confidencialidad en la caza, y tener en cuenta que si bien comenzamos esta actividad lúdica más con el fin de establecer una justicia terrenal, al cabo de cada expedición o bien deberíamos realizar un trabajo minucioso con los cazadores para liberarlos de culpas, o bien deberíamos asumir los mecanismos de la naturaleza humana una vez que se tiene acceso al poder sobre las personas, y una vez que se experimenta el placer del resarcimiento a gran escala, no de la revancha de andar por casa, sobre conocidos, compañeros, vecinos incluso familiares, sino en una dimensión desconocida, a donde solo se llegaba con grandes sublevaciones, revoluciones altisonantes, pero sin necesidad de disfrazar la épica de un fin humanitario, sino de la más pura y auténtica venganza. La posibilidad de la revancha sobre el mayor culpable de los males, utilizando toda la fuerza que la bronca requiera o pueda producir, arribando al acto más liberador imaginable, pero admitiendo que deja un poso de mal, de conocimiento del placer de ocasionar daño, que de alguna manera justifica a cada ser maligno de este mundo previo y posterior al experimento, que atenta contra el propio fin de la ciudad reformatorio, ya que perpetúa la exacerbación de la crueldad siempre que el poder lo permita.
Salvando algunos pequeños detalles, de importancia pero no determinantes, Toscar y Albertico, tenían un proyecto sólido en mente. Faltaba un fuerte giro del universo para que también estuviese entre manos.
-No jodas Toscar, vamos a ver que podemos hacer para juntar unos morlacos y los sueños los dejamos para lo noche, en la soledad en que es menester recibir a Morfeo.
¡Fuera de aquí y fuera de allá!
Cada cubano es un potencial anfitrión de un pequeño Fidel Guarapo Castro alojado en su interior, que según el momento, se hace inmenso.
Lo que no se sabe a ciencia cierta es si ese Fidelito intolerante fue legado por el monster o a él se lo legó la misma estela identitaria que recorre la isla buscando bebés recién nacidos para regarlos de su polvo de fanatismo inflexible. A diestra o siniestra.
Nunca creí que se llegase a este nivel.
Dentro de Cuba veíamos como se borraban de los registros y fotos públicas a deportistas, artistas, cantantes, que decidían tomar el camino más ancestral del ser humano, la emigración por los motivos que cada uno considere pertinentes. Hoy vemos un calco exacto en la diáspora condenando más que censurando a deportistas, artistas, cantantes. Diáspora de la que el porcentaje de verdadero exilio hoy, es tan nimio que se diluye en la totalidad, gente que eran delatores desde niños en las asambleas de moral comunista, lo que llamábamos "chivatones" en el CDR, que dieron golpes a la escoria que se fue en el ochenta por el Mariel y más golpes aún a los refugiados en la Embajada del Perú, hoy los vemos guapeando detrás de la verja como perritos cruzados con jutías, más guerrilleros del Escambray que Cheíto León, más pingunsudos que Mahoma y Mulei El Kader, y que una vez reencontrado su cauce en un aparentemente nuevo, pero antiquísimo púlpito de acusadores en sus nuevos cede erres trumpistas, vociferan contra la selección de pelota cubana, otrora el mayor símbolo de unión dentro todos los acreedores del gentilicio "cubano", cuando en las cárceles de Machado, Batista o el propio Guarapo se detenía la enemistad entre guardias y reos para compartir una sonrisa o una chanza por el triunfo del equipo de sus amores aunque minutos más tarde regresasen a la hosquedad y el dolor.
Cubano: arranca de tu interior ese pequeño gigante Fidel que te impide aceptar que cada uno tenga la ideología y los pensamientos que le dé su real gana, deja penetrar dentro tuyo la esencia de la democracia y quítate esos mecanismos dictatoriales de decirle a cada cual lo que tiene que pensar, lo que está bien y lo que está mal, elige tu pensamiento, tu sensibilidad filosófica e ideológica y deja que cada uno de todos los demás, sea como le salga de sus partes nobles, porque precisamente eso es lo que le reclamamos a la Involución y cada una de las posiciones intolerantes. Esta dolencia es común a toda Latinoamérica con honrosas salvedades pero en el cubano alcanza cotas que superan toda posibilidad de análisis.
Eso aparte del ridículo de politizar el actual team Cuba, que tiene jugadores ultracapitalistas, mucho más que estos berreadores seriales, ex y actuales delatores de toda ralea, pero aunque todos pensasen diametralmente opuesto a mis ideas cosa que jamás tendría porque enterarme, yo hincharía por ellos, como hincho por Messi o por Haaland sin importarme un pepino a quien votan, porque el beisbol, como el fútbol, son deportes no partidos políticos ni manifiestos ideológicos.
En Argentina, por ejemplo, país donde también existe una grieta profunda, hubo dos experiencias en dos mundiales diferentes, en la última conquista la selección del deporte nacional unió a los irreconciliables, cinco millones fueron a recibirla, los unos y los otros olvidando sus diferencias gracias al fútbol. Sin embargo en el Mundial del '78 gran parte de los exiliados que, acaso con cierta razón, boicotearon a la Selección Nacional, hoy sienten bochorno de su decisión de entonces, ante la evidencia de que Videla murió en la cárcel y nada ocultó sus crímenes, mientras que Mario Kempes se convirtió en ídolo inmortal.
La mejor manera de combatir la dictadura sería abrazando a los peloteros en Miami, haciendoles ver que no todo es lo mismo, enseñandoles la virtud de la democracia, de la convivnecia a pesar de las diferencias, la concordia, el civismo y no la misma porquería de intolerancia.
Al final la basura es barrida por la escoba de la Historia, en cambio los títulos, la gloria, permanecen.
Cinco cartas del Che
Cinco cartas de Ernesto Guevara de la Serna a su esposa de entonces, Aleida March, en diferentes etapas desde que abandonó su comodidad en el poder cubano, para concretar sus ideas de lucha por el mundo África, Praga, Bolivia cerca del fin, muestran la pasión del Che por la epístola y el amor a la poesía.
Mi única en el mundo:
(Se lo pedí prestado al viejo Hickmet)
¿Qué milagro has hecho con mi pobre y viejo caparazón, ya no me interesa el abrazo real y sueño con las concavidades en que me acomodabas y en tu olor y en tus caricias toscas y guajiras?
Esto es otra Sierra Maestra pero sin el sabor de la construcción ni, todavía al menos, la satisfacción de sentirlo mío.
Todo transcurre con un ritmo lento, como si la guerra fuera una cosa para pasado mañana. Por ahora, tu temor de que me maten es tan infundado como tus celos.
Mi trabajo se compone de la enseñanza de francés en varias clases al día, aprendizaje de swahili y medicina. Dentro de unos días comenzaré un trabajo serio, pero de entrenamiento. Una especie de Minas del Frío, de la de la guerra; no la que visitamos juntos.
Dale un beso cuidadoso a cada crío (también a Hildita).
Sácate una foto con todos ellos y mándala. No muy grande y otra chiquita. Aprende francés, más que enfermería y quiéreme.
Un largo beso, como de reencuentro.
Te quiere
Tatu
No me chantajees. No puedes venir aquí ahora ni dentro de tres meses. Dentro de un año será otra cosa y veremos. Hay que analizar bien eso. Lo imprescindible es que cuando vengas no seas “la señora” sino la combatiente, y para eso debes prepararte, al menos en francés…
Así ha pasado una buena parte de mi vida; teniendo que refrenar el cariño por otras consideraciones y la gente creyendo que trata con un monstruo mecánico. Ayúdame ahora, Aleida, sé fuerte y no me plantees problemas que no se pueden resolver. Cuando nos casamos sabías quién era yo. Cumple tu parte de deber para que el camino sea más llevadero, que es muy largo aún.
Quiéreme, apasionadamente, pero comprensivamente, mi camino está trazado, nada me detendrá sino la muerte. No sientas lástima de ti; embiste la vida y véncela, y algunos tramos del camino los haremos juntos. Lo que llevo por dentro no es ninguna despreocupada sed de aventuras y lo que conlleva, yo lo sé; tú debías adivinarlo […].
Educa a los niños. No los malcríes, no los mimes demasiado, sobre todo a Camilo. No pienses en abandonarlos porque no es justo. Son parte nuestra.
Te abraza con un abrazo largo y dulce, tu
Tatu
Mi querida:
Alcancé la otra carta que te mandaba. Todo se precipitó en forma contraria a las esperanzas. El desenlace te lo puede contar Osmany; solo te diré que mi tropa, de la que me sentía orgulloso y seguro los primeros días, se fue diluyendo, o mejor dicho, reblandeciendo como manteca en la sartén y se me escapó de la mano. Volví, por el camino de la derrota, con un ejército de sombras. Ya todo ha pasado y viene la etapa final de mi viaje y la definitiva; solo me acompañarán ahora un puñado de elegidos con estrellas en la frente (las martianas, no las de comandante).
La separación promete ser larga, tenía la esperanza de poder verte en el tránsito de lo que parecía una guerra larga, pero no fue posible. Ahora habrá entre nosotros una cantidad de tierra hostil y hasta las noticias encarecerán. No te puedo ver antes porque hay que evitar toda posibilidad de ser detectado; en el monte me siento seguro, con mi arma en la mano, pero no es mi elemento el deambular clandestino y tengo que extremar las precauciones.
Ahora viene la etapa verdaderamente difícil para todos y hay que prepararse a soportarla; espero que sepas hacerlo. Tienes que soportar tu cruz con entusiasmo revolucionario. Si llego a destino, cuando lo sepan, harán todo por ahogar la cosa en germen y las medidas profilácticas de aislamiento se harán más rígidas. Siempre encontraré la manera de hacerte llegar unas líneas, pero si no se puede no pienses lo peor; en el punto de destino seré fuerte otra vez, a pesar de la diferencia de medios que tendré al principio.
Me cuesta escribir; o son los detalles técnicos que no deben interesar, o los recuerdos de toda la vida pasada que tardará en volver. Porque has de saber que soy una mezcla de aventurero y burgués, con una apetencia de hogar terrible pero con ansias de realizar lo soñado. Cuando estaba en mi burocrática cueva soñaba con hacer lo que empecé a hacer; y ahora, y en el resto del camino, soñaré contigo y los muchachos que van creciendo inexorablemente. Qué imagen extraña deben hacerse de mí y qué difícil será que algún día me quieran como padre y no como el monstruo lejano y venerado, porque será una obligación hacerlo.
Cuando arranque te dejaré unos libros y notas, guárdalos. Me he acostumbrado tanto a leer y estudiar que es una segunda naturaleza y hace más grande el contraste con mi aventurerismo.
Como siempre, te había hecho un versito y, como siempre, lo rompí. Cada vez soy mejor crítico y no quiero que me pasen accidentes como los de la otra vez.
Ahora, que estoy encarcelado, sin enemigos en las cercanías ni entuertos a la vista, la necesidad de ti se hace virulenta y también fisiológica y no siempre pueden calmarlas Karl Marx o Vladimir Ilich.
Dale el beso especial a la cumpleañera; no le mando nada porque es mejor desaparecer totalmente. Te vi de poses en una tribuna, estás de lo más bien, casi como en los días felices de Santa Clara. Yo también me aproximé a ese ideal, pero ahora vuelvo a ser el insignificante Sansón Pelao.
Educa los niños. Siempre me preocupan los hombres, sobre todo, e insístele al viejo para que los visite. Dale un abrazo a los buenos viejos que tienes por allí y recibe el tuyo, no el último pero con todo el cariño y la desesperación como si lo fuera. Un beso.
Ramón
Me cuesta escribir; o son los detalles técnicos que no deben interesar, o los recuerdos de toda la vida pasada que tardará en volver. Porque has de saber que soy una mezcla de aventurero y burgués, con una apetencia de hogar terrible pero con ansias de realizar lo soñado. Cuando estaba en mi burocrática cueva soñaba con hacer lo que empecé a hacer; y ahora, y en el resto del camino, soñaré contigo y los muchachos que van creciendo inexorablemente. Qué imagen extraña deben hacerse de mí y qué difícil será que algún día me quieran como padre y no como el monstruo lejano y venerado, porque será una obligación hacerlo.
Cuando arranque te dejaré unos libros y notas, guárdalos. Me he acostumbrado tanto a leer y estudiar que es una segunda naturaleza y hace más grande el contraste con mi aventurerismo.
Como siempre, te había hecho un versito y, como siempre, lo rompí. Cada vez soy mejor crítico y no quiero que me pasen accidentes como los de la otra vez.
Ahora, que estoy encarcelado, sin enemigos en las cercanías ni entuertos a la vista, la necesidad de ti se hace virulenta y también fisiológica y no siempre pueden calmarlas Karl Marx o Vladimir Ilich.
Dale el beso especial a la cumpleañera; no le mando nada porque es mejor desaparecer totalmente. Te vi de poses en una tribuna, estás de lo más bien, casi como en los días felices de Santa Clara. Yo también me aproximé a ese ideal, pero ahora vuelvo a ser el insignificante Sansón Pelao.
Educa los niños. Siempre me preocupan los hombres, sobre todo, e insístele al viejo para que los visite. Dale un abrazo a los buenos viejos que tienes por allí y recibe el tuyo, no el último pero con todo el cariño y la desesperación como si lo fuera. Un beso.
Ramón
Amor: ha llegado el momento de enviarte un adiós que sabe a campo santo (a hojarasca, a algo lejano y en desuso, cuando menos). Quisiera hacerlo con esas cifras que no llegan al margen y suelen llamarse poesía, pero fracasé; tengo tantas cosas íntimas para tu oído que ya la palabra se hace carcelero, cuanto más esos algoritmos esquivos que se solazan en quebrar mi onda. No sirvo para el noble oficio de poeta. No es que no tenga cosas dulces. Si supieras las que hay arremolinadas en mi interior. ¡Pero es tan largo, ensortijado y estrecho el caracol que las contiene, que salen cansadas del viaje, malhumoradas, esquivas, y las más dulces son tan frágiles! Quedan trizadas en el trayecto, vibraciones dispersas, nada más. […].
Carezco de conductor, tendría que desintegrarme para decírtelo de una vez. Utilicemos las palabras con un sentido cotidiano y fotografiemos el instante.
Así te quiero; mirando los niños como una escalera sin historia (allí te sufro porque no me pertenecen sus avatares), con una punzada de honda en los costados, un quehacer apostrofando al ocio desde el caracol […].
Ahora será un adiós verdadero; el fango me ha envejecido cinco años; solo resta el último salto, el definitivo.
Se acabaron los cantos de sirena y los combates interiores; se levanta la cinta para mi última carrera. La velocidad será tanta que huirá todo grito. Se acabó el pasado; soy un futuro en camino.
No me llames, no te oiría; sólo puedo rumiarte en los días de sol, bajo la renovada caricia de las balas […].
Lanzaré una mirada en espiral, como la postrera vuelta del perro al descansar, y los tocaré con la vista, uno a uno y todos juntos.
Si sientes algún día la violencia impositiva de una mirada, no te vuelvas, no rompas el conjuro, continúa colando mi café y dejáme vivirte para siempre en el perenne instante.
Plegaria al sol
Creo que la buenaventura, esa que otros llaman dios o cosas así, me dio más que a Elon Musk. A los treinta y cinco años yo tenía que haber muerto varias veces, y no solo no la espiché, sino que aunque un poco tocado en algunas esquinas, en otras soy un toro. Que digo un toro, un león. Que digo un león un tigre diente de sable..
Lógicamente modifiqué algunos hábitos, hago ejercicios dos horas al día seis días a la semana, no fumo ni tabaco ni porros, no bebo, no meto cocaína ni ácidos, ni otras pastillas que las recetadas para el cuore. Como bien, singo pausado, sin prisa, sin locura, sin arrebato, allegro ma non troppo. Hoy al pasar frente al espejo del vestuario del gimnasio, vi que tenía un pliegue de la nalga demasiado acusado y la bolsa de los huevos cayendo a la misma altura que el glande del rabo, está bien que mi rabo no es el del moreno del whatsapp pero tampoco como para dejarse empatar así, y entonces me dije "coño man ¿qué más quieres? lo importante es que estás aquí!"
La universidad de los límites de la vida no enseña nada que sirva de verdad, excepto una cosa, que nada puede enseñarte lo que te enseña vivir al límite.
Muchos que vivieron como yo, se fueron, los que conocía de esos estarán esperándome unos con los brazos abiertos, otros en guardia. Demasiados quedaron hecho un estropicio que ni siquiera pueden camuflar, agradezco a cualesquiera que sean los vientos que lleven la suerte y a la depositen en el lado adecuado de la delgadísima línea entre una cosa y la otra, por poder decir, heme aquí, tembonsón y relativamente cómodo con lo que soy.
Pero ¿qué soy, en qué me ha convertido tanto cuidado por no acompañar a mis compinches de huída por el filo?
¿A qué huelen hoy mis blue jeans si ya no están empercudidos del polvo de la pasión y solo le caen pequeñas motas de la buena senda? ¿Qué reemplazó a la sonrisa amenazante, a las puntas desprolijas moviéndose al son de unos versos declamados en pedo o de una versión plenamente libre de un pasaje de Erasmus de Rotterdam, sacado del pequeño libro de papel de arroz, bordes bañados en oro y tapa de cuero fina, que conservaba como única posesión junto a las Adidas Nadi de Dina? ¿A dónde llevarían aquellas plegarias al sol?
¿Tuvieron reemplazo aquellas zapatillas en cuanto el calcañar perforó la suela tras diez años de uso?
Lo esencial se resume en el condimento, el resto solo es gas.
Gas, gas, gas.
Oro y lodo
Isabel Díaz Ayuso, como recomienda su consejero de imagen, espoleó con fuerza a la pinza para que se le vaya al galope, pero muy, muy lejos.
Ya cuando subía al estrado antes de ser presidenta con su camisa verde olivo, decía un agravio detrás de un disparate sin inmutarse, olía a una política audaz con una temeridad limítrofe. Cuando consiguió su primer gobierno a través de lo que hoy ella misma denomina “conspiración para el poder” con Vox y ciudadanos, contra Gabilondo que había ganado claramente las elecciones, abría los ojos como el dos de oro cada vez que se le acercaba una cámara, su avidez de fama había puesto de relieve lo que le decían de pequeñita “ay que mona, que ojazos que tiene” y donó a la antología de “memes” un buen puñado de instantáneas con semblante de gemela de la muñeca Annabelle.
Tras la segunda legislatura en la que ganó con mayoría suficiente, fue aminorando el esfuerzo que requiere semejante apertura de los párpados, y comenzó a centrarse más en sonreír con ternura entre los suyos y los de Vox, pero con una actitud adusta en presencia de la oposición, no tanto la de Madrid, a al cual inteligentemente despreció desde el inicio, sino al gobierno Nacional, y casi con exclusividad obsesiva, a Pedro Sánchez. Si fuese una novela Venezolana escrita por Izaguirre, lo más probable es que adjudicasen esa fijación a un enamoramiento tan excesivo como poco correspondido, que sólo puede manifestarse a través de hostilidades y cualquier freudiano lacaniano advertiría sobre una pasión latente por las políticas revolucionarias expresadas en sus constantes manifestaciones iconoclastas y rebeldes casi adolescentes. Tan fue así que demostró su fuerza y su incorrección cargándose al presidente de su propio partido, y consiguió que todos olviden las razones más acuciantes de ese fratricidio, una seria acusación de Pablo Casado sobre la poco decorosa comisión del hermano de Ayuso por surtir de mascarillas la Comunidad de Madrid en un delicado momento de catástrofe sanitaria nacional.
Ayuso no mide el riesgo, o al menos eso intenta trasladar al votante conservador madrileño que en los últimos años se han convertido en mayoría, en esa identidad esquizofrénica de la capital de España, que fue la primera a nivel mundial en rechazar casi de manera unánime la invasión a Irak de Bush, Aznar y Blair, que a nivel de comicios nacionales suele manifestarse a favor del progresismo, peor que en la dimensión comunitaria elige lo más conservador, sea cual sea el nivel de infracciones o delictivo de sus dirigentes, así pasaron de un Gallardón tolerante y famoso por su concordia y buenos modales, a una Aguirre jefa absolutista y omnipresente en una cúpula famosa por un derroche de corrupción, seguida de Cifuentes, tan liviana en costumbres que robaba cremas en las grandes superficies y falsificaba títulos.
Ayuso supo leer una avidez colectiva por la frivolidad, en la voluntad de los madrileños de elegirla a ella con su escasísima cultura general, haciéndolo público con sonados dislates incluso en los temas más inherentes a la derecha conservadora española como el conocimiento de la dinastías regias asturianas y leonesas, o la génesis de lo que se denomina el mundo occidental, frente a un Gabilondo, leído, culto, cívico, enfundado en la concordia y los buenos modales.
Hoy vuelve a mostrar el más mínimo respeto por los protocolos, las jerarquías, los modales, la política acartonada española, pero también la cultura cívica, en su desplante a Bolaños, en la licencia para que su jefa de protocolo llegue al punto de tomar al ministro por la cintura haciéndole un tackle de rugby para que impedir que este no avanzase hacia la línea del try.
Ayuso hizo de esta virtud circunstancial del desparpajo y la falta de respeto a la institución y a la cultura, un arma, pero que puede terminar siendo de doble filo, porque si bien hoy es su sello identitario y su mayor reclamo publicitario, incluso mayor que su aspecto ciertamente atractivo con esa fabulosa "cara de cine mudo" como dice el gran Raúl del Pozo, que los Stones y los Sex Pistols no habrían dudado en usar en las portadas de sus vinilos, cualquier día, en esa Madrid esquizofrénica, de dos caras tan marcadamente diferenciadas que emergen en el menos pensado o más urgente de los casos, podría convertirse en el mayor de sus enemigos. Porque allí donde hoy importa más tomarse cañas en cuarentena que siete mil ancianos muertos, mañana puede invertirse la ecuación y tal como hoy los barrios obreros la votan, pueden pasar a ser los barrios más refinados quienes la denosten. Todo puede cambiar en una tarde según el cariz del mentidero. Una moneda de dos caras, oro y lodo.
Dentro de la revolución: la nada
Buen artículo de Antonio José Ponte, sobre el terremoto que ha causado el documental de Pavel Giruud, sobre la ignominia del juicio con la autoinculpación y delación de sus allegados del destacado poeta cubano Heberto Padilla en el año 1971. La sensación internacional la genera, al parecer (ya que aun no lo he visto) el documental de Pavel, donde se cohíbe de toda vanidad expositiva y presenta lo más cercano a la realidad, una vez tuvo el privilegio de contar con la filmación de uno de los casos más bochornoso de la cultura cubana, diez años después del famoso discurso "Palabras a los intelectuales" de Fidel Guarapo Castro, cuando manifestó la frase más lapidaria para el arte cubano "Dentro de la revolución todo; fuera de la revolución nada" y que concluyó así, a modo premonitorio precisamenre de este trabajo de Giroud y de esta nota de Ponte:
"...a lo que hay que temerle no es a ese supuesto juez autoritario, verdugo de la cultura, imaginario, que hemos elaborado aquí. Teman a otros jueces mucho más temibles: ¡Teman a los jueces de la posteridad, teman a las generaciones futuras que serán, al fin y al cabo, las encargadas de decir la última palabra!"
China es el parámetro en que se mide Cuba para encaminar su economía y definir su forma de estado y de como mantener un gobierno de partido único, pero la URSS debería ser el espejo obligado en que revisase y obtuviese conclusiones de lo ocurrido, en una sociedad en que, más que censurar, cercena el espíritu critico de la cultura, la función fundamental de la obra artística, fomentar espacios de discusión, de debate, incomodando, profundizando en la reflexión a la vez que en la exploración de nuevos horizontes. Desde los exponentes del arte abstracto del cual su máximo representantes fue Kandinsky, pasando por los bailarines del Bolshoi, poetas, hasta los últimos coletazos de desencuentros con realizadores cinematográficos como Mijalkov o Tarkovski con la mullida vigilancia en tiempos de Leonid Illich Brezhnev.
En el fuero más íntimo lo que más me duele, no es solo el bochorno por el que hicieron pasar a Padilla y siguientes, ya que se convirtió en el vergonzoso tamiz por el que debieron desfilar generaciones de creadores cubanos, sino la pérdida del país a raíz de la diáspora impulsada por el ala más intolerante e inoperante, burocrática y haragana de la revolución, por ejemplo de estos mismos dos intelectuales cubanos citados en este preciso acto.
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Cuba. Yo me acuso: la ignominia completa de Heberto Padilla
El Caso Padilla es el documental de Pavel Giroud dirigido por Pavel Giroud, que expone el humillante alegato de autoinculpación del poeta como contrarrevolucionario ante el régimen cubano. Allí, el
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