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16 febrero 2013 6 16 /02 /febrero /2013 01:17

 

 

Desde la más remota antigüedad el desarrollo del deporte respondió al desarrollo de las aptitudes sociales de camaradería y a la instrumentalización de los totalitarismos.

Lo primero por la razón de compartir el tiempo libro en una actividad lúdica que implicase el esfuerzo sin fines productivos, alienantes como el trabajo. Por la puesta en escena del espíritu gregario de la comunidad, y también por canalizar de manera saludable la competitividad inherente a al especie humana. Lo segundo por dos razones, la elevación a la máxima categoría del cuerpo, de los físico frente a lo intelectual y a lo emocional, y precisamente por su eficacia para crear espíritu  de comunidad, de equipo, y de seguimiento de normas pautadas en detrimento de libertad de pensamiento y de acción, de individualidad.

Por ende la práctica del deporte de manera periódica, pautada, aporta dosis nada despreciables de percepción positiva y constructiva de la disciplina en el individuo, toda vez que su carácter lúdico proveniente de constituir sobre todo una suerte de “juego” , le dota de la suficiente aceptación como una cualidad deseable, imprescindible para pasarla bien, a diferencia de la percepción de la disciplina  cuando proviene del esfuerzo propio de las obligaciones, del sacrificio residente en el deber.

 Y a la vez dota de capacidad de organización, de superación, de comunicación, de reconocimiento de las normas, y por encima de todo de una referente ficticio en la vida real, donde recrear todos los mismos sentimientos,  tensiones y capacidades  que recorren el alma humana en caso de una cita real con el duelo en el caso del deporte individual, con la batalla en comparación con el deporte de equipo, y con la guerra en el caso de las grandes competiciones. Del mismo modo que aprisiona de la estrechez de miras para permitirse ser penetrado por el concepto de propios y ajenos, de amigos y enemigos, imaginarios en el caso del deporte, representados por simples oponentes, y lamentablemente menos intangibles en el concurso de la realidad.

Como cada cosa que se someta a un análisis, el deporte es como una moneda con dos caras.

A Ernesto, el Che Guevara, el deporte no le podía ser de mayor utilidad. A un carácter ya de por sí terco y decidido, le ayudó a pulir la voluntad que su madre a través de la genética y del ejemplo le aportó como su principal legado y a su salud y torcida y a su condición de poeta errante, de fenómeno condenado a la diferencia con su entorno, le proveyó de unas muy socorridas y luego bien administradas dotes de camaradería y de  tolerancia de los otros, así como de superación de los obstáculo, de los escollos.

Significó un equilibrio saludable su participación en cuanta actividad deportiva y juego físico se terciaba a su alrededor, ya que el muchacho intelectualmente estaba predispuesto por la cuidada educación que le facilitaron sus padres, la costumbre de leer y analizar todo lo leído, de discutirlo , de objetarlo, de oponerlo y por fin de superarlo en el debate,  a su devoción por los poetas malditos franceses, les colocó en la balanza un derroche de actividad física y colocó en valor la importancia del deporte. Comportándose más como un escritor aventurero de estilo británico, que como sus atesorados escritores e intelectuales franceses, para los cuales el deporte constituía un agravio a la inteligencia. La conjugación de una infancia con una sólida educación cultural, en ciencia, en lenguas, sin colisionar con el desarrollo de las aptitudes que el deporte provee, añadieron con certeza algunas gotas a los ya existentes ingredientes innatos que lo convirtieron  en un ser de características excepcionales.

Su padre , fue uno de los fundadores del San Isidro Club, una de las canteras más prolíficas del rugby en toda la Argentina. Así fue que el Che practicó rugby desde temprana edad, y fue famosos entre sus amigos un try que logró cuando esquivando oponentes, y mientras quebraba la cintura hacia la línea de fondo se iba poniendo morado por la falta casi total de aire en sus pulmones a causa del asma.  En ese mismo acto se resumen lo constructivo y lo alienante del deporte. Desde luego la fuerza de voluntad ya habitaba su espíritu antes de salir en aquel episodio como en tantos otros, pero es difícil imaginar un mejor escenario para probarse a si mismo la existencia de tal energía, de tal pundonor, y en cierta manera de ciega coherencia y responsabilidad a ultranza con la Tarea que aquel try casi ahogándose, al cabo del cual cuando acabó el festejo se lo debieron llevar de la cancha para aplicarle una dosis de su inhalador.

Su madre era una excelente nadadora,  una amazona que montaba como los hombres, con una pierna a cada lado del caballo, y una tiradora de una puntería destacada. Ernesto practicó además montañismo, también montaba con gran corrección, era un sorprendente ajedrecista, tenía buen swing en golf,  incluso  hizo sus pinitos pilotando la avioneta de su tío Jorge de La Serna. Y aún cuando en la familia quien resultó ser el deportista de raza fue su hermano Roberto, sus amigos todos coincidían que lo que no conseguía por pericia o habilidad lo lograba por la constancia.

Acaso la más sorprendente de sus aficiones deportivas haya sido el fútbol, el deporte más popular argentino junto al boxeo, ya que hasta el final de sus días, fue hincha de Rosario Central, lealtad acrecentada por el hecho que su afición a ese equipo era una muestra de lealtad a la ciudad donde nació, y por su conocido internacionalismo y su adhesión a la idea de un mundo sin fronteras.

La mezcla de una fuerte escuela intelectual y de un sólido adiestramiento deportivo, no guardan ninguna relación con lo que terminó haciendo, sin embargo me atrevo a aventurar que sí tuvieron un nexo velado con su temple, la explosiva mezcla del asma y el imperativo de marcar un tanto, propiciaron un horneado de su temeridad, tan cristalizado como aquella atesorada pasión contradictoria con un nexo tan popular como el fútbol, para homenajear el lugar que lo vio nacer.

 

 

 

 

 

 

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Published by martinguevara - en Relax
12 febrero 2013 2 12 /02 /febrero /2013 04:10

 

 

Había un pendejo en la cama. Sobre la sábana pulcra, recién lavada en aquella misma semana o la anterior tal vez pero no mucho más atrás. Un pendejo, seguro que no era una ceja ni pestaña ni un cabello,  era un vello púbico.

Había otro pendejo en la misma cama, tenía dieciséis años y se acababa de echar el primer polvo de su vida. Por fin. Ya no tendría que mentir más en las conversaciones de los recreos , en el vestuario después del partido, entre los amigos y primos precoces. Ya había mojado la habichuela y si bien no había sido ni la mitad de sabroso que como lo había imaginado sobre el final, si tenía en cuenta la primera mitad del acto previo al acto en sí, al follamiento, a la follación, a la follatoriedad  justo antes de tener que embocar el nabo y quedar en evidencia que no tenía ni la menor idea de cómo se envainaba aquello en lo otro. Todo el toqueteo de pechos, el avance hacia quitar el sostén, el incómodo trance de ayudar a desabrocharlo que sin embargo no consiguió empañar nada de lo que a continuación se presentó cuando los pezones quedaron al aire y juntó sus labios a esos contornos esponjosos, hipnotizadores, divinos, redondos, pequeños y grandes como limones, sensibles como su propio glande, y aunque ya había chupado tetas y las había manoseado y aprendido a apretar con suavidad, nunca se le habían presentado tan a pedir de boca, ambas, en una situación tan desahogada, tan controlada que hasta revestía cierto riesgo,  tan así que deseó repentinamente el socorro de algún pequeño obstáculo en el caso de que precisase disimular con cualquier interpretación histriónica, bien a causa de una bajada de bandera, de una eyaculación precoz o de otro papelón por el estilo. Los besos eran largos, mientras las manos recorrían a placer lo que más les gustaba a ambos, ora los senos, ora las nalgas por debajo de la falda y por encima del tanga y de vez en cuando, como sin quererlo, un paseíllo por el área de la vulva. En esos recorridos sentía un aguijón de placer supremo mezclado con cierto temor frente al sacrilegio, como si le tocase el pubis a su propia madre y esta se apasionase arrebatada. Vuelta al culo que allí había menos complicaciones con las manos y las transferencias. Los besos, las caricias por los muslos, sentir los dedos de ella, sus gemidos.

No estaba lo que se dice enamorado, pero le gustaba mucho aquella muchacha, lamentablemente no había podido ser la chica a la que había amado en silencio durante toda la escuela, pero al menos no era una de emergencia, ni una fulana, era una chica muy deseable, que realmente le gustaba y con la cual parecía haber reciprocidad en tal sentido.

Que bien lo había pasado hasta que apenas rozando el monte de Venus de la muchacha con su pene desnudo se le escapó sin poder evitarlo el primer chorro de semen, y a continuación, al ser una situación tan relajada, tan controlada, ninguna excusa se presentó como auxilio, si bien pudo  continuar sin mayores contratiempos ya que el pene siguió erguido, era tal el desenfreno y el gusto que sentía, que apenas se le había aflojado un instante sin darle tiempo a quedar fláccida,  y entonces empezó la peregrinación por los ardides, trucos y tretas para lograr introducirla en aquel agujero que deseaba tanto como lo perturbaba, sin admitir que no lo había hecho nunca ni aceptar de su partenaire un sabio consejo. Hasta que en el límite de casi ocurrirle al rabo lo que no le había sucedido con la primera eyaculación, encontró la boca de entrada muy ayudado por los movimientos de ella y en cuanto la introdujo comenzó a cabalgar como un frenesí desmedido, de manera desenfrenada,  la estuvo embistiendo de tal modo que de una tacada se echó dos sacudidas más sin sacarla de la vagina, pero en aquél tercer chorro en tan poco espacio de tiempo el pene no opuso más resistencia, a aquel necesario aunque sonrojante descanso. Ella estaba en la mitad de su salsa y no pudieron volver a conectarse en la misma frecuencia, ni siquiera cuando un rato más tarde, él recobró bríos luego de un cigarrillo un trago y una charla inconexa guiada por la euforia de haber roto su intangible virginidad masculina y se le volvió a echar encima para repetir aquella vertiginosa descarga.

 Fue cuando ella decidió que era suficiente, que no sacaría mucho más en limpio de allí, se había hecho tarde y debía marcharse, en parte él lo lamentó, pero se sentía tan bien como no recordaba haberse sentido desde que era muy pequeño, en una edad perdida entre las alucinaciones y los recuerdos.

Ella se colocó la tanga en la cama. Sus cuerpos estaban empapados  de la transpiración de él, y la sábana bajera estaba mojada.

Se despidieron mientras ella se vestía. Ella le dijo que no hacía falta que él se vistiese, ni que la acompañase a la puerta, encendió un cigarrillo, hablaron dos o tres palabras más y entonces ella se marchó, él ni siquiera salió de la cama, tampoco quería que ella le viese el tamaño del miembro en vigilia, ya era  suficiente con la escasa duración del escarceo horizontal como materia prima para la sorna.

Cuando ella se fue, entonces se levantó, apretó el botón “play” del equipo de música y sonaron las guitarras de un tema de rock. Volvió a la cama y se quedó mirando al techo, su mirada se perdió en la pintura blanca a la cal, pero en sus ojos se reflejaba algo que no estaba en ese techo, que no estaba ni siquiera cerca de aquella habitación y sin embargo había estado siempre esperándolo, había estado allí junto a él en toda su vida, tan cerca y tan lejos como está una lombriz a diez centímetros bajo nuestros pies.

Apagó la colilla del cigarrillo y antes de ir a la cocina a prepararse un café y sentir que ya empezaría a hacer cosas de hombre adulto, vio aquel vello sobre la cama y dijo para sí:

- Aún queda un pendejo en la cama.

 

 

 

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Published by martinguevara - en Relax
10 febrero 2013 7 10 /02 /febrero /2013 21:34

 

 

 

Es Domingo a media tarde, cuando el fin de semana comienza a mostrar el tenor de su final, y aún coletea en toda mi fisonomía sin manera de que me pueda deshacer durante una hora entera de ella,  la ambigua sensación que me dejó como sedimento una repentina polémica, en la que ayer un amigo de otrora me sumergió sin previo aviso en las redes sociales, de manera sorpresiva.

  Tengo amigos que vivieron en Cuba muchos años también como familiares de exiliados, que mientras vivían allá se pasaban la vida intentando recordar a todos alrededor por todos los medios al alcance que ellos pertenecían al sector “extranjeros”, hacían denodados esfuerzo por dejar patente que no habían sido devorados por el monstruo embajador del mal gusto, la "chealdad" en criollo, que tan aplicadamente había conseguido alimentar el establishment pretendidamente proletario y anti burgués, en todo el área eufemísticamente denominada "socialista".

 Muchachos y muchachas que por todas las vías intentaban poner de relieve una línea divisoria, aunque ya se los pudiese notar aplatanados, como todos los que llevábamos varios años en la isla sin poder salir y cambiar nuestros colores, nuestros olores, nuestros ajuares.

 Hacían un notable énfasis en diferenciarse, aunque portasen como cualquier habanero el poqqué, el veddá o el bábbaro cuando resultaban sorprendidos de manera espontánea en una conversación animada, antes de intentar corregirlo aplicando una no del todo olvidada variación del tono en el castellano de sus respectivos países de América Latina, precisamente a diferencia de mi, que integrándome me encontraba más cercano a mis nuevos semejantes, pero sobre todo a mi mismo, sin quedar prendado de un imaginario paraíso perdido, sino construyéndome bien o mal, e incluso peor, como fue en mi caso; pero a partir de la realidad.

De forma curiosa y sorprendente, al llegar el final de las dictaduras de sus respectivos países, y los padres de estos amigos contaron con permiso para retornar y rehacer sus vidas en la tierra prometida, una vez allí, comenzaron a hablar precisamente en la jerga habanera que con marcado ahínco habían evitado identificarse en sus años de exilio. 
Una vez en los países de donde provenían, y que se suponía que  les daba un caché que los elevaba por encima del cubano común y corriente, sorpresivamente comenzaron a hacer un esfuerzo notable por intentar hablar el argot de barrios marginales habaneros. 
Trasladaron la misma actitud de guetto que aprendieron y practicaron en el exilio. 
Pero esto, siendo ciertamente muy gracioso, no es lo que más gracia me hace del caso, sino que parecen haber olvidado que en aquella obstinación porque nadie los confundiese con los nativos, no ahorraban epítetos para describir precisamente a esa especie de lunfardo, jiria, jerga o slang.

En el país de los ciegos los tuertos éramos reyes.


Lo que pasó ayer es que este conocido de la juventud, se dispuso a atacar mis habituales criticas a la intolerancia, al totalitarismo "involucionario", a la represión fascista de cualquier ideología, esgrimiendo un poderosísimo argumento contra el cual poco hay que hacer, que no sea mearse de risa. Me dijo, llenando su retórica de términos populares habaneros donde antes hacía énfasis en un exagerado tono cordillerano, que por gratitud nunca hablaría mal del gobierno cincuentenario de Cuba ni de su máximo representante, ya que allí fue donde le dieron asilo y fueron tratados con notoria diferencia sobre los demás, con todo tipo de privilegios. Me invitó a que reflexionase acerca de mi ingratitud y entonces es que le dije, que precisamente por tener esa evidencia tan de primera mano, debería ser mucho más solidario con el pueblo que trabajaba para que todos nosotros la pasáramos de perlas. 
Aunque también mi antiguo colega podría hacer un esfuerzo por recordar como se burlaba de los mismos a los que ayer pretendía hacerme creer que hoy en día defiende, muy alejado de cualquier forma de entender el ser comunista”, ya por distancia exterior e interna, ya que no se le conoce otro oficio ni beneficio, que haber intentado por todos los medios, de mejorar su s ingresos económicos.
En ese ínterin lo saludé cordialmente para no correr el riesgo de dañar el recuerdo de la amistad y abandoné esa conversación, ya que al no ser presencial, no pude apreciar su aliento, ni ver sus ojos para saber si se trataba de la acostumbrada ingesta de vasitos espirituosos de los sábados a la noche, o se trataba de algún otro alucinógeno.
Pero se me quedó pegado al hipotálamo como queda el papel de un caramelo masticable callejero al tacón del zapato

Y pensé que no estoy seguro de qué tipo de amistad contribuí a conservar, sin intentar explicarle que de esta misma manera se legitima a los beneficiarios del franquismo, del pinochetismo, del somozismo, de la Junta Militar argentina, del stalinismo, en fin, hasta del propio hitlerismo y los respectivos familiares, ya que siempre debió haber habido grupos sociales beneficiados,  mientras el resto asistía a la supresión de sus derechos.

Por la mañana pensé la mejor actitud pasaría por mostrar cierto apego a la verdad, aunque mirándolo bien y limpiándolo de polvo y paja la verdad es que a media tarde, cuando el Domingo ya no vende más ilusiones,  la confesión de mi amigo, a la postre me resultó perturbadoramente sincera.
"-Perdón, no puedo hablar mal del poder político ya que a mi y a los míos me cubrió de privilegios."

 

 

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
5 febrero 2013 2 05 /02 /febrero /2013 14:36

 

No tenemos mucho más que lo que podemos mantener, soportar, que aquello que estamos dispuestos a gestionar. 
En los últimos veinte años he modificado, limado, amoldado casi todas las aristas de las costumbres que había incorporado tras coquetear con la marginalidad y practicar no sin placer, la evasión de todo tipo de obligación ciudadana, la comisión de contravenciones contenidas en la amplia gama del muestrario de la picaresca popular. Llegué a hilar tan fino en mi afán de convetirme en buen ciudadano, que no tengo ni el más minimo impago en más de quince años, saldé todas mis deudas y llevo años siendo fuente de solución de problemas de mi alrededor. Hago frente a todas las cuentas, todos mis trabajos rinden impuestos, entiendo que hay que pagar algo si queremos que luego cuando seamos poco más que un conjunto de arrugas nos atiendan como es debido, las carreteras estén libres de baches mortales, los focos de las luces de la ciudad funcionen y las alcantarillas no huelan a mil demonios.
Aún así mi enconada dedicación no me elevó a los extremos asépticos que con gesto adusto me place presentarme hoy frente a la corrupción de los partidos políticos en el ámbito nacional español. De tal manera debo admitir que hasta solo un par de meses atrás:
Cuando me hacían un trabajo en el jardín, o me arreglaban una tubería aceptaba no reflejarlo en una factura para evitar el pago del IVA.
Cuando podía pasar sin que nadie se enterase unas pocas horas sin trabajar, no importa cuantas más o menos, lo hacía sin orgullo pero también sin demasiados remordimientos.
 

 Si viajaba, comía, bebía, pernoctaba en hoteles o era beneficario de enseres pagados por una empresa, no me entregaba con el mismo ahínco a la tarea de focalizar la procedencia, ni medir con estricta vara la necesidad de tales gastos, como cuando debía pagarlos de mi bolsillo. 

Durante la situación de "vacas gordas" o sea cuando había alegría alrededor, viví de fiesta, mientras el mundo, o sea nuestros semejantes, estaban muriendo de hambre y sinceramente a mi alrededor no tuve oportunidad de ver ni un sólo indignado siquiera. Todos, aunque estaban en diferentes salones, formaban parte del mismo festín.
Aún sin creer en los bancos, trabajaba por el dinero capitalista. 
No emigré a España para hacer la Revolución, sino más bien pensando en vivir en una sociedad más confortablemente con menor esfuerzo, a sabiendas de que la plusvalía que permitía tal desembolso, provenía de los explotados del resto del mundo.
Cuando había dos millones de parados en España, que era la época de mayor dispendio, de mayor algarabía de la abundancia, me importaban más bien un bledo, mientras que hoy pasamos el día recordando que hay seis millones de desempleados y que ello nos debe conducir a una actitud austera. ¿ Qué pasaba? ¿ Que dos millones de individuos eran pocas personas, que era un número insuficiente para mostrarse solidario?
En fin, que no llegué a hilar tan fino como me gustaría creer hoy al presenciar como huele la cacerola podrida de la política nacional. 
Me pongo como ejemplo para no caer además en el peor de los pecados, el del mal gusto; pero en honor a la verdad hay que admitir que en toda España no pasaban de unos pocos puristas, fundamentalistas, rigurosos ascetas, dotados de una predisposición antinatural contra el gozo, aquellos que advertían acerca de las conductas desmedidas del gasto, de las posibles consecuencias de la resaca, de la corrupción generalizada a todo nivel.
La solución dificilmente provendrá de volver a culpar otra vez a los demás, como única medida higiénica, a los sempiternos culpables en la tradición mediterránea: "los otros". 
Vendrá más bien de decidir en que tipo de sociedad queremos vivir, que normas somos capaces de respetar, si manteniendo la idiosincrasia mediterránea, la proclividad a la buena mesa seguida de siesta, el escaso apego al trabajo, el reconocimiento difuso de los límites de la corrección, o vendrá de sacrificarnos también nosotros los ignotos, ya que somos la fuente de los patrones del mañana, despedir educadamente a la cómoda ingenuidad que nos lleva a creer, que es posible crecer con una conducta relajada en las normas y pretender que esa misma masa, una vez arribada a un un nivel determinado, por arte de magia, fotosíntesis u ósmosis, consiga dar un giro radical a sus hábitos y transformarse en un ente ejemplar.

 El Occidente desarrollado es Roma, con sus virtudes y defectos. Traemos impresos en la tradición la capacidad a lo lúdico, al hedonismo, a la contemplación, la inclinación al disfrute mucho antes que al deber y del lado reprobable, la división jerárquica, y la expansión territorial. Hemos convenido en crear en su defensa un sistema basado en la hipocresía que nos ha deparado tantos gustos como sinsabores.  Y aunque las otrora culturas Bárbaras, no obstante su impericia en la gestión del placer, hayan conseguido a la postre crear un sistema tendiente a la perfección, que ha desterrado el "más o menos" de su lenguaje, un modus vivendi carente de improvisación, donde las nueve de la mañana, y las nueve y cuarto de la mañana son dos cosas absolutamente diferenciadas, debemos preguntarnos si tal fundamentalismo nos seduce lo suficiente como para eliminar la tradición de las cortinas y de dejar siempre algo de mugre bajo nuestras alfombras. Ya que teniendo a bien que el deseo de entrar al panteón germánico no nos conduciría automáticamente  a una situación socio económica como la alemana, siendo más probable que en los inicios desandemos las sendas de tanta tolerancia, adhiriendo a un estilo de vida más cercano al talibán afgano. 
Aún acordando en que los niveles de desenfado en el manejo de los dineros públicos de las actuales élites en España son ya insostenibles por nocivos y putrefactos, y que hay que aplicar un cortafuegos de inmediato porque traspasa lo aceptable, más urgente todavía y sobre todo más conveniente que llevar a la eterna pira a los chivos expiatorios de turno, sería debatir de manera madura, adulta, sosegada, entre todos los implicados, que tipo de sociedad queremos. Si deseamos y podemos ser como demandamos de los "demás", o si preferimos esperar por la próxima marejada, la próxima ola de bienestar, que por supuesto en caso de llegar, costará como siempre toneladas de sangre sudor y lágrimas.
Porque la pregunta íntima, que cada uno podría ir formulándose a sí mismo, sería: 
"Si convengo en transgredir las normas consensuadas, con la consiguiente desautorización moral, con el fin de beneficiarme de cuatro euros ¿ qué no sería capaz de hacer, tirando de la misma categoría ética, frente a la posibilidad tangible de un pellizco que solucionase al resto de mis días?"
Bajo un sólo condicionante tan simple como escasamente practicado: 
Respondernos por una vez con total sinceridad.

Conviene ser precavido con las expresiones de deseo, siempre se corre el riesgo de que acaben haciéndose realidad. Porque en la otra cara de la moneda en la cual figuran de un lado la corrupción y la relajación de la conducta, se encuentran  como ascendientes a Baco y a Epicuro, del mismo modo que en en el reverso de la que aparece la práctica de la tolerancia cero, el automatismo y la perfección, se aprecian los sellos del calvinismo y la fé coránica.

 

 

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Published by martinguevara - en Europa Aorta
17 enero 2013 4 17 /01 /enero /2013 00:33

 

Como cada día la prensa oficialista, no los pasquines contraculturales, ha publicado una nueva estafa, ilegalidad, corrupción, o simplemente hurto, según como quiera ser tratado a continuación de la noticia. Lo cierto es que es sobre quien fuera el tesorero del Partido Popular, y sobre quien cayesen varias acusaciones de corrupción, de lavado de dinero, de manejo turbio de cuentas, en beneficio del Partido y de él mismo.   Pero en esta ocasión las cifras del dinero negro que el ex tesorero del partido hoy en el gobierno, le fueron descubiertas en diferentes cuentas en Suiza tras un intento de  ocultación una vez que estallara el caso Gürtel, a saber: veintidós millones de euros. Este señor, Luis Bárcenas, fue defendido a capa y espada por el actual presidente del ejecutivo español Mariano Rajoy.

Quizás sea hora de empezar a cuidar lo más preciado que tiene cualquier sociedad, el crédito de sus ciudadanos.

Episodios de impunidad de los poderosos como este, corren en paralelo a cientos de otros casos de opacidad, mostrada para juzgar todo tipo de delitos y faltas, algunos de ellos de una profunda gravedad criminal, como los destapados casos de decenas de miles de presuntos bebés robados a sus madres durante el posparto,  vendidos posteriormente a los mejores postores, como ya evidencian las pruebas que poseen muchas de las víctimas agrupadas en “Afectados de clínicas de toda España. Causa niños robados”.

En dichos execrables  delitos habrían participado representantes de la Iglesia Católica y altos directivos de clínicas, políticos de prestigio,  de manera tal que la obstaculización a la justicia se daba por descontada dada la rabiosa actualidad de aquella famosa frase de Don Quijote a su célebre escudero: “ Con la Iglesia hemos dado Sancho”, pero de ahí a que el sistema judicial casi en masa diese la espalda a las víctimas de semejante crimen masivo, resulta un espectáculo esperpéntico que dota de una sensación de asfixia al resto de la sociedad.

Miles de niños robados.

El segundo país del mundo con mayor cantidad de fosas comunes después de Kampuchea, pero en el caso de España sin abrir, sin perseguir legalmente a los culpables, lejos de eso dotándolos de toda suerte de ardides que facilitan su impunidad.

El país en que hay mayor flujo de billetes de quinientos euros no declarados. Donde los políticos encausados con pruebas condenatorias resultan a la sazón, ni indultados, ni sobreseídos, ni amnistiados sino absueltos como inocentes para escarnio del erario público e indignación de los contribuyentes.

El país donde recientemente y no sin escándalo mediante, fueron indultados cuatro mossos d’esquadra, la fuerza policial en Cataluña,  inmediatamente sabida la sentencia condenatoria y por segunda vez consecutiva.

 El país donde los mayores causantes del desastre económico actual, no solo se “van de rositas” sino que parecen ser premiados por sus hazañas devastadoras escalando socialmente, en la vida pública o privada.

Un país en el cual aún existen personas con imputaciones penales ejerciendo la política.

Casos de robos confesados como el del Palau de la Música de Barcelona cuyos culpables continúan en la calle, casos como el del yerno del monarca del cual lo más probable es que por siempre resulten ilesos del más mínimo arañazo proveniente de las leyes, tanto el susodicho como su esposa la Infanta, que alega no tener conocimiento de las actividades del esposo.

El caso Gürtel casi al completo sin aclarar, la presunta compra de diputados socialistas  tránsfugas, los abusos policiales cerrados con rotundas sentencias condenatorias a la acusación, por incitar a la violencia a los efectivos. Golpizas indiscriminadas a adolescentes indignados por protestar pacíficamente, con heridas graves, incluyendo a una mujer que perdió un ojo por una pelota de goma disparada a corta distancia a su cara por los antidisturbios, actos que ni siquiera han merecido una sanción laboral a los culpables.

Ciertamente enumerándolos de corrido producen una sensación de desamparo  quizás exagerada por lo alamrante, pero lo cierto es que se van sumando tantos casos de flagrantes faltas al más elemental de los sentidos de la justicia, que comienza a resultar un trago difícil de pasar.

Todo ello aderezado con el hecho de que las cárceles españolas registran el mayor número de presos de Europa con más de 70.000 reclusos, con un común denominador que no nos remite a la nacionalidad, a la raza, a la estatura, al peso, a la religión, a la orientación sexual, ni a las preferencias culturales,  sino únicamente refiere a su situación económico social, a las espaciosas oquedades de sus bolsillos y sus apellidos poblados de un intenso y persistente vacío de poder.

España aún tiene la tarea pendiente de la profunda reestructuración del poder Judicial. Es acaso el poder que menos transformaciones ha experimentado desde el advenimiento de la democracia.

Constituiría  una temeridad innecesaria añadir al descontento de la población causado por la intensa crisis y la injusta distribución de sus efectos, la debacle en el crédito, en la última pizca de confianza que le va quedando al hombre común en los fundamentos culturales y formales que permiten mantener la armonía entre los ciudadanos, mediante la equidad de la dama invidente con la balanza y la espada.

La distracción de veintidós millones de euros, ya fuese cometida por un notable poderoso o por un villano infame, resulta un agravio poco presentable a simple vista, parecen ser demasiados euros como para seguir desviando la mirada hacia otro lado.

 

 

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Published by martinguevara - en Europa Aorta
15 enero 2013 2 15 /01 /enero /2013 02:56

 

 

 

Analizar si Fidel Castro, el fidelismo y tanto sus decisiones como sus consecuencias responden a una necesidad o a una casualidad histórica, representa un trabajo complejo que probablemnte excedería los límites del decoro en la extensión de un artículo.

Pero en tal caso, convendría comenzar por diferenciar bien al Fidel de cuando cabía la posibilidad de que si se mantenía fiel al PCUS podría terminar dirigiendo de alguna manera un macro proyecto en América Latina y Africa, que era un Fidel belicista al cien por ciento, simpatizante con la carrera armamentista de la URSS, aquel Fidel que se enfadó cuando Nikita Kruschev retiró  los misiles soviéticos que apuntaban a Estados Unidos, partidario del progreso industrial absolutamente contaminante,  de las centrales nucleares,  en su proceder era proclive al desarrollo a cualquier precio, obsesionado con la extracción de níquel en Moa en la provincia de Oriente, en una de las zonas con mayor riqueza en endemismo, líder militarista, que se mostraba dogmático, que aparentaba ser cientificista en sus planteos, en apariencia materialista dialéctico, ateo, anti regionalista, internacionalista, enemigo de todo gusto o resabio burgués; en contraste con el otro Fidel, en el que devino cuando quedó claro que dicho proyecto hegemónico y expansionista no tendría lugar por la caída del Imperio del proletariado, entonces experimentó sus camaleónicos cambios  una vez más, y luego de un hábil giro de cintura, de dos pasos al costado y dos hacia atrás, se ubicó repentinamente de modo irreconocible por sus enemigos y menos aún por sus amigos, en el liderazgo de la propuesta de no pago de la deuda externa en América Latina, en oposición a Alan García y a medio camino de Raúl Alfonsín que planteaba una moratoria. Estaba en ciernes el líder caritativo, que venía a ofrecer su inteligencia en pos de los pueblos oprimidos, comenzó a dar entrevistas a Frei Beto, se confesó cristiano, habló de su afecto por los Jesuitas, de a poco empezó a sacudirse el aroma a satélite de potencia mundial que lo inundaba por los cuatro costados, comenzó la andadura cubana con la finalidad de llenar la isla de empresas y empresarios, carentes de escrúpulos marxistas, ofreciéndoles una mano de obra baratísima, sin que estuviese organizada en gremios, sindicatos, sin posibilidad de reivindicaciones laborales, luego se despenalizó la posesión de divisas, incluso se llegó a coquetear desde la dirigencia con ciertas formas de críticas a la posición de dominio abusivo de Moscú en su era comunista. Recibió al Papa, e incluso hizo un sorprendente ataque al pedido de captura y extradición a España del dictador Augusto Pinochet, esgrimiendo que era una bravuconada más de la metrópoli hacia los colonos, en lo que más se asemejaba a una defensa de sí mismo que a Pinochet.

Hemos asistido en más de medio siglo de poder controlado por los mismos y concentrado en los hermanos Fidel y Raúl, a todo tipo de promoción y derogación de leyes, destituciones a quienes ellos habían nombrado, fusilamientos a quienes hasta entonces eran héroes nacionales, y vuelta a poner a alguien que a los pocos años era vuelto a destituir, ministros suicidados en celdas, políticas errantes puestas en prueba, borradas del mapa y vueltas a proponer, como los mercados libres campesinos, los taxis y paladares particulares, en fin un cúmulo sin parangón de despropósitos que si no fuese por su alto contenido trágico y dramático, nos podríamos quedar con su profundo calado cómico.

Sin embargo, aún cuando jactancioso me pavoneo por ahí  asegurando ser ya inmune a cualquier sorpresa en materia de escasez de coherencia, vergüenza o dignidad  política, debo admitir que jamás me habría podido imaginar que estando vivo Fidel y gobernando su hermano, con el mismo Buró político del mismo Partido Comunista Cubano como instrumentos de poder, los que tantas penurias y división entre las familias causaron por sus caprichosas disposiciones migratorias, tanto para salir del país quienes quisiesen viajar o irse a probar suerte al extranjero, como para entrar a Cuba aquellos a los que se les había desterrado, por batistianos en un principio, inmediatamente después por burgueses, luego por pequeños burgueses, luego por escorias, por homosexuales y por prostitutas,  por diversionismo ideológico, y al final ya por disidentes, que no es otra cosa que por revolucionarios.

 Así sin más, sin pedir perdón a tantas víctimas de un abuso masivo, de una anacrónica disposición imposible de explicar ni de defender , aún cuando hasta antes de ayer era respaldada por una pléyade, tanto de dentro como de fuera de la isla, quienes paradójicamente solían pasarse buena cantidad de su tiempo, viajando sin demasiadas restricciones con sus mensajes propagandísticos.

Aún teniendo en cuenta que ciertos grupos sociales no podrán beneficiarse de esta medida, no por su carácter tardío o por incompleto dejaré de reconocer lo reparadora que resulta en comparación con lo que hasta este punto había.

No me parece el momento de criticarla si va por el buen camino, pero quizás sí podría ser considerado propicio, deseable, plausible, unas convenientes disculpas, que aunque algo tardías para portar el elixir de la sanación, al menos sí a tiempo para concederle al futuro la posibilidad del perdón.

 

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión
12 enero 2013 6 12 /01 /enero /2013 02:03

 

Llegados a este punto me importa bien poco si Carromero es culpable del todo o no, porque en parte sí que lo es, le habían retirado el carnet de conducir por diversas temeridades e infracciones muy peligrosas al volante y alquiló un coche en esas circunstancias. 

Y para que en España le quitasen el carnet a un dirigente de Nuevas Generaciones de Madrid; créanme: era infractor.

Capítulo aparte merece el  gobierno de Cuba, que mete veinte años a la sombra a la gente por opinar diferente y a este pollo que se lo acusa de dos muertes, lo sueltan en  unos pocos meses por vaya a saber qué tipo de negociados, pero lo de España no es menos vomitivo. 

Repito: al margen de si merece o no la prisión, yo por lo pronto soy contrario a todo modo de tortura y la prisión es uno de los más dañinos que puede haber, es una venganza diabólica perpetrada por el Estado. Pero teniendo en cuenta que es el país con mayor cantidad de presos de Europa, unos 65.000, hay datos que consiguen destacar de manera ruborizante.

En España se libera a cuanto policía torturador con condena firme haya, y lo peor es que los hay, se van de rositas los antidisturbios que dejaron tuerta de un balazo a una manifestante, los que partieron las cabezas de niñas, de chavales de ancianos. 

En España el robo a gran escala, por personas de "clase" se castiga con veredicto de "no culpable" indefectiblemente, ni siquiera se llega a un indulto, a una amnistía o un sobreseimiento de causa, Inocente, así sin más. Y claro,  a renglón seguido indemnización con gran puesto de cientos de miles de euros o millones, a cargo del Estado o bien de la empresa privada a la cual favoreció dicho chorizo cuando estaba en pleno auge delictivo. 

Una persona en España puede ser el representante de los empresarios durante años, siendo más corrupto que Al Capone. Un politico puede decir que ganó la lotería cuatro años consecutivos mientras se enriquecía de manera ostensible y no levantar sospecha alguna en Hacienda, en cambio si usted se olvida de mencionar el más minimo ingreso en la declaración va preso directamente, sin escala en tribunales.

 Pueden defalcar, robar al erario público, corromper, prevaricar, todos los que acrediten estar muy ligados al poder.

Hubo un preso que estuvo 46 años en prisión provisional por errores de procedimientos, mientras que se sabía que llevaba varios años más de los que debía. Miguel Montes Neiro se llama y no había cometido ningún delito de sangre, pero portaba el peor de los pecados en España para quien quiera quebrar la ley, era un hombre común. No lo conocía ningún aristócrata, ni politico de alto rango, ni militar, ni policía.

Lo que en España se llama un pringado.

 El único denominador común de todos esos presos en la peninsula, no es la religión, la raza, la nacionalidad, el aspecto o su elección del objeto sexual. Concurre un único factor :

Y es que están muy lejos de la guinda que corona al gran pastel.

 

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Published by martinguevara - en Europa Aorta
31 diciembre 2012 1 31 /12 /diciembre /2012 02:16

 

 

Hubo un estruendo , un silencio y la convicción de haber entrado de cuerpo entero en alguna de sus peores pesadillas, en una auténtica tragedia.

No alcanzaba a saber bien en que lugar estaba cuando ya le habían comunicado que de sus compañeros de viaje, los dos cubanos habían muerto y el sueco ya había abandonado la isla rumbo a su país. Le dijeron que la cosa no pintaba demasiado bien para él.

En ese lapsus se movilizaron procesadores y generadores de opinión decantados con mayor o menor claridad hacia un lado u otro de los fervores que supieron despertar el medio siglo de hegemonía gubernamental en la isla de Cuba. Más bien furibundos hooligans de las insignias de una y otra orilla presentando pasión más que razón, toda vez que no queda ni rastro de las posiciones ideológicas asistidas por la pizca de seriedad con que solían apuntalar sus respectivos discursos, los enemigos dialécticos de antaño.

Se movilizaron junto a la información todo tipo de versiones, sostenidas por la sospecha, basadas en conjeturas, se abrió un frente que sin embargo no llegó a fraguar en intensidad ni en dureza, como otrora lo hicieran las diferentes batallas de opinión sostenidas entre la dictadura cubana y el resto del mundo, un tanto por el visible desinterés en la riña como táctica, por parte del ejecutivo de Raúl Castro a diferencia de su hermano Fidel, y por otra parte por las delicadas negociaciones que esperaban para ser atendidas, con el fin del retorno del mitad temerario y mitad infausto dirigente de las Nuevas Generaciones del PP, partido que actualmente preside con mayoría absoluta el gobierno del Reino de España.

Ángel Carromero se había dirigido a Cuba, para reunirse presuntamente y llevarles fondos de manera clandestina a dos de los más exquisitos disidentes que cualquier político extremista puede desear como oponente, para la organización a que pertenecían, con la fatalidad de que ambos murieron en un mal llamado “accidente” que transcurrió con él al volante.  Tanto si se atiende a la versión que sostiene la familia de Payá, según la cual fueron embestidos por detrás hasta salirse de la carretera y colisionar con el árbol fatídico, o si se cree la versión oficial, que asegura que Carromero no pudo controlar el vehículo por la velocidad y el estado de la carretera, la denominación del hecho como accidente es errónea, en el primer caso se desprende por lo evidente y en el segundo porque el ciudadano Ángel Carromero tenía retirados los doce puntos del carnet de conducir en España por diferentes infracciones y temeridades al volante, solo que aun no se había procedido a la retirada física del carnet. Si se conduce un vehículo en esas circunstancias, la tragedia es fruto de la     consecuencia, no del azar.

La perspectiva de cuatro años de prisión pendió sobre su ser. Según desde el ángulo desde el que se lo mire era terrible o una bendición. Para cualquier cubano eso sería como un sueño, solo el participar de alguna manera en la financiación de la disidencia, comportaría una cantidad ingente de años de condena, y si encima se era responsabilizado de la muerte de dos personas, cuatro años tendrían sabor a manjar. Pero desde el punto de vista del dirigente político en carrera hacia las fases superiores del Partido, cuatro interminables años en las cárceles cubanas, así fuese en la sensiblemente mejor prisión para extranjeros, sería la concreción de una de esas pesadillas de ubicación no demasiado nítida entre la remembranza y la premonición.

Al cabo de una serie de negociaciones llevadas a cabo con la prudencia y el escepticismo político necesarios para arribar al éxito, el dirigente a medio camino entre el héroe y el villano fue trasladado a España, para ser ingresado en la también nada ordinaria prisión de Perogordo, en Segovia, donde suelen pernoctar los reos VIP del panteón ibérico, sus ineludibles veladas a la sombra de la justicia.

Alrededor de dos mil cuatrocientos españoles están detenidos actualmente fuera de España en prisiones de todo el mundo, el 83% por delitos contra la salud pública, en su mayoría casos de pequeños tráficos de estupefacientes sin intervención de hechos de sangre. Es de recibo preguntarse si no habrá tenido algo que ver su filiación y cargo político en la prontísima puesta en marcha del convenio bilateral de sentencias penales firmado entre el país europeo y el caribeño y no sería descabellado asimismo, solicitar una explicación de con que fondos se atendió a este nebuloso caso especifico.

En la cálida perla del Caribe, los presos juzgados y condenados por delitos de mucha menor enjundia que los cargados sobre la espalda de Ángel Carromero, tanto los considerados presos políticos como los presos comunes por causas que solo en Cuba se penalizan con ingreso a prisión, conforman una abultada cantidad, aunque ciertamente imprecisa por la carencia de un portavoz único y fiable,  y en ese caso también corresponde preguntarse que negoció el estado de Cuba para que se diese carpetazo sobre el fallecimiento de dos militantes políticos, de dos ciudadanos cubanos, de manera tan ambigua y poco clara, y aunque solo fuese por respeto a todos esos presos que permanecerán hasta más allá del agotamiento de las reminiscencias y presagios de la más persistente de sus antiguas pesadillas,  invitar a que aclaren cuales fueron los privilegios y las prebendas aplicadas en este turbio caso, rodeado de velos y candados echados desde las correspondientes orillas de los antiguos contendientes. 

 

 

 

 

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Published by martinguevara - en Europa Aorta
24 diciembre 2012 1 24 /12 /diciembre /2012 23:58

 

 

¿ Por qué me consigue poner más redondito y atómico, una mujer saliendo a atender la puerta en ropa interior, que ella misma paseando en verano con un bikini, incluso de menor talla?
Hace tres días me pesqué una descomposición de estómago tremenda, un dolor de barriga agudo en el costado y la sensación física de haber sido sorprendido por Mike Tyson minutos después de insultar a su abuela, abundaron pastillas, tés, corridas al toilette, súbitamente las heces se me disparaban en cualquier dirección, con la suerte de que las tazas de water fueron ideadas para contener cualquier "shot" que no sea hacia arriba. 
Pensé que se trataba de cieguitos. 
O que podía ser una indigestión por unos ravioles de gorgonzola made in Alcorcón, con mantequilla derretida y queso Zanetti de meses de almacenaje. O tal vez unos bocadillos modestos que los asturianos llaman "pinchos" y que estando allí destinado por trabajo, tuve a bien ordenar dos, de lomo y de pollo rebozados en aceite de más de una fritura. El famoso aceite ingles de los mil demonios usado para las fish and chips, importado en exclusiva para mi pincho de materia cárnica rebozada.
Tras tres días así arribé a la conclusión de que debe ser más bien virus, una gastroenteritis be bop más que oportuna. Pero si la providencia quería expresarse, hacerse oir, irrumpir en modo de ser atendida con certeza, lo logró, ahora le pedía por favor que se manifestase, que se explicase, que me pusiese al tanto del significado de esta terrible diáspora de interioridades en la víspera de la Nochebuena.
Mi mujer y mi pichón se mostraron dispuestos a deshacer el atractivo plan de viajar trescientos cincuenta kilómetros a Madrid, para intercambiar unas voces en el más genuino estilo ibérico en el fragor familiar, en el seno del amor filial. Claro, algo cambiaba, no manejaría yo. Les dije por supuesto que ni se les ocurriese, que yo me sentía con fuerzas para seguir yendo de la cama y el living al inodoro como un poseso. 
¡ Ay si te hubiese tocado en Estados Unidos donde no conocen las bondades del bidet!
Casi los tengo que empujar para que subiesen al corcel metálico tuneado por las maniobras de parking de mi amada esposa, ella quería ver a sus hermanas y mi hijo a sus primos, les dije que sabía el camino al Hospital si lo precisase y les pedí solo que me acompañasen al pueblo a comprar un trozo de bife de lomo, solomillo de buey en una súper carnicería, una manteca más delicada que el canto de un cisne por si las dudas se pasaba el estruendo en mis tripas. Luego salté al pequeño mercado de enfrente y trabé un paquete de un arroz de buena calidad y un frasco de espárragos terminando por ser más realista y previsor que iluso. 
El bife era por aquella máxima de: seamos realistas, pidamos lo imposible.
El coche salió de enfrente de la verja de casa entre despedias y promesas de te llamo y te quiero. Una vez perdidos en el horizonte de las casitas me apresté a esperar que mi molestia se aliviara al sentirme solo, sin ceremoniales , sin obligaciones sociales. Pero los huracanados retorcijones y los galopes continuaron a la orden, prolijos, puntuales, inmaculadamente educados.
Leí, vi dos pelis, puse posts en las redes sociales, hasta dormí un poquito. Y debo admitir que antes de las doce me abordó una especie de pálida, disimulada, embarullada, pero auténtica desesperación por escuchar la llamada de mi tropa que no tuvo lugar hasta pasada la medianoche.
Curiosamente me pasó como frente la chica del bikini y sus prendas interiores, no siendo yo practicante de otra religión ni creyente en otra reparación que no sea la siesta, no involucrandome habitualmente en convencionalismos atávicos, no por profundas convicciones sino por haraganería frente los ritos, no alcanzo por ende a entender la diferencia entre un día como hoy, ni de cualquier otro onomástico o efeméride con el día más plebeyo del calendario. Pero admito que la sentí.
¿ Habrá sido porque se me chamuscó ligeramente el solomillo de buey?

 

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Published by martinguevara - en Relax
18 diciembre 2012 2 18 /12 /diciembre /2012 14:36

 

 

En estos días que se acerca el tradicional derroche de gastos en dulces, carnes, juguetes, perfumes, estos días de felicidad para los grandes almacenes, las grandes superficies, son propicios sin embargo para acercarnos aunque sea un poco a la médula espinal de nuestros problemas estructurales, de nuestras pifias ancestrales.

Soy de esos ilusos que considera que estamos diseñados y preparados para el amor por encima de todo lo demás; a sabiendas de que suena cursi, algo amanerado, un poco flojo de esfínter, con toques floridos y almibarados; pero esa imagen no es más que la que han querido hacernos ver desde el amplio y confortable habitáculo desde el que se mueven los hilos, ese es el diversionismo ideológico en su forma más pura, la distracción de nuestros genuinos intereses como seres destinados a compartir el hábitat, de nuestra condición de animales gregarios. 
El camino que finalmente nos llevará en andas hacia la mejor calidad de vida y el que no quieren que veamos, se andará con nuestra determinación a ser partes integrantes de un paisaje común, a entregarnos antes que a desconfiar, a sonreír antes que a fruncir el ceño, a considerar la proximidad del otro una bendición en lugar de un riesgo. Y con el esfuerzo que requiere el hecho de entender de una vez por todas que esta masa que habitamos el mundo, los cuales respiramos con idénticos recipientes el mismo aire y los cuales procesamos de igual manera unos que otros el alimento y la energía, solamente si logramos que todos lo podamos hacer con un mínimo de satisfacción, será entonces que también en el mismo acto, estaremos atendiendo en todas sus solicitudes y exigencias de ese yo, de ese individuo de rasgos únicos e intransferibles que somos en toda nuestra plenitud de igual modo que conformamos el ser social. 
No hay posibilidad de libertad y emancipación conviviendo con el temor, el odio o la desconfianza al otro.
Recuerdo que el primer "otro" que encontré con quien tuve que lidiar asuntos de cierta entidad, tenía habitación en mi propio ser.

Y luego a renglón seguido existe la segunda inyección de inmunidad al buen rollo, de exacerbación de la diferencia, que es la que nos aplican una vez que constatan que tenemos claro que de este modo no va el asunto.  Es entonces cunado nos inyectan el virus del revolucionario, del rebelde, del luchador, del antagonista, llevándonos a pensar que todo nuestro proyecto está sujeto a  ganar una o varias batallas, a erradicar al enemigo, los sempiternos  "malos" y de este modo nos llevan secuestrando desde eras perdidas en la lejanía, el paupérrimo pero importantísimo tiempo con que cada vida humana cuenta para transformar algo desde la raíz.

 Nada que no sea el interés no demasiado transparente de los habitantes del confortable ambiente desde el cual se manejan los hilos, pasa por el antagonismo, nada que realmente valga la pena pasa por suprimir o erradicar a los infectados por el virus de la primera, ni de la segunda inyección.

Aún cuando no tengo siquiera la más pálida idea de cómo proceder para mejorar las espinosas relaciones, las  enconadas disputas personales que nos acaecen, no me cabe duda que en el comienzo de la solución está presente el acto de mostrar el alma, de conceder amor y pocos rituales más.

 

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