Sierra Maestra Be bop
Me gusta este recuerdo.
Tenía dos casetes de música jazz, de noventa minutos cada uno. Uno era de Louis Armstrong y el otro de Glenn Miller, me encantaba el swing y el sonido New Orleans, así que cuando me metía unos buches de ron en mi casa de 1ª y 16 y me iba caminando al Sierra Maestra, a darme un baño, comer una hamburguesa, tomar un laguer y ver a amigos y materiales, muchas veces iba tarareando The bucket's got a hole in it o Chattanooga Choo Choo, sabroso por avenida primera, medio en pedo , el sol en la cara, la camisa abierta, el blue jean empercudido y las botas calientes, nada de short y chancletas como se usa hoy; a la playa había que ir como a la fiesta, después habría tiempo de cambiarse.
A veces paraba un ratito en 12 para mirar las jevitas ricas que se arriesgaban a alimentar las fantasías de los rascabucheadores que más de una vez cobraron gruesos tranqueos por pajuzos. Había una niña que me tenía loco, lo que se dice arrebatado, en aquel tiempo no se usaba tanga en Cuba, ella era la precursora, pero eso no sería nada sin su clase de culo y Papa John's, que aunque no tuve el gusto de conocerlo personalmente, se podía intuir sin mucha dificultad donde se hendía la prenda premonitoria. Cada vez que esa chiquita se bañaba seguro habría un mira hueco alrededor, más o menos camuflado. Después pasaba el Karl Marx fijándome siempre de reojo, desde el inconsciente, si alguna vez se les volvía a ocurrir ocultar a toda la población un festival de rockeros y estrellas del pop internacional como aquel que me perdí a finales de los setenta. Pero nada, alguna vez los Son 14, o los Van Van, en tiempos en que los pepillos no escuchábamos música de guapos, un par de años más tarde todo se mezcló y hasta Mayenye comió ajonjolí.
Más adelante el Cristino, donde solo iban familiares de pinchos como podía ser yo pero sin ser mi caso, y chivatones de los de verdad. Donde años más tarde una prima de la planta de mi pie cuando lleva una semana sin agua y jabón, negó la entrada a mi hijo que vivía en 5ª y 10 pero no era hijo de revolucionarios, a un cumpleaños de su hija, que pobrecita no era culpable de las consecuencias de una bola de cebo tan amorfa. Y unos pasos más allá, el drive way del Sierra Maestra, con su vigilante en la entrada, su tienda de productos especiales para técnicos extranjeros donde compraba mi madre, los cartones de cigarrillos Populares, la jamonada, el queso, el ron Legendario, el laguer cubano sin etiqueta, el Polar, el Hatuey y el Pilsen Urquell. también el vino búlgaro Cabernet. Y mucha más comida, tabaco y curda que la que había en la bodega.
Aquello era un abuso que avergonzaba, y por eso en vez de manifestarme mediante la abstención, llevaba amigos y novias a casa a comer todos los días, de esa forma pagaba la culpa de ser participe de ese engaño de la sociedad de la igualdad. Tenía un carnet de técnico extranjero, casi nunca me lo pedían a la entrada del Sierra, pero lo llevaba encima por si había un guardia nuevo, o uno "imperfecto", que de haberlos, haylos.
A la entrada, iluminado con el sol que entraba por los dos flancos, desde el mar y desde el cielo abierto de esa pequeña ensenada que hacía la costa de La Habana en ese punto, el mármol del suelo brillaba y el perfume del salitre empujaba a la cafetería de la entrada, para tomar una Pilsen fría. A esa altura generalmente ya me había encontrado con un amigo, una jevita, un primo, o cualquiera para meter una muela, la que se terciase, la que el estado de ánimo y el humor sugiriesen. Pero nada de política, en Cuba no se hablaba nada de eso, al revés de lo que la gente de afuera de la isla piensa, esa omni y multi presencia de la jerga política, ideológica, adoctrinada y alienante, causaba el efecto opuesto, en cuanto el cubano se despegaba de la muela oficial, del poema obligado, hablaba de todo menos de política.
A veces estaba Fernando, a veces el dominicano loco, a veces Niurka, a veces Natalia bailarina de ballet acuático, a veces Renata, a veces el otro Fernando, el colombiano loco que sacó la cara por mi años atrás en la beca cuando me tenían loco a botazos voladores nocturnos llenos de meado, a veces a Robertón, que era un hacha para todos los deportes, apenas había empezado a jugar voleibol en la canchita de atrás de la piscina y ya era el mejor, igual que al wind surf. No teníamos tablas como las que había en el capitalismo, pero teníamos alguna tabla cicatrizada y su botavara resistente a la obsolescencia, lo cual era un lujo. Pero el que con más frecuencia encontraba antes de entrar, o íbamos desde mi casa porque era cubano y tenía que entrar con un ruso o sucedáneo, era mi amigo desde que llegué a Cuba diez atrás de aquello, Evelio, que era “esponja” como yo pero el doble.
Esa vez lo encontré ya adentro, tomando una cerveza en el muro que daba al mar.
-Que volá yenika, me entró Fernan.
-Qué volaíta brother, hoy traje eso.
Yo también tenía la botella fría en la mano, le dije que fusemos atrás. Tras bañarnos en la piscina grande, en el mar nadando hasta los yakis que habían situado para que las marejadas no arruinasen las fachadas. Una vez me singué a una titi en un yaki, cubanismo que proviene del término “jaks”, con el sol lamiéndome la espalda, y ella de frente al cielo y a la orilla de enfrente a noventa millas, uno de los palos más ricos que se pueden echar en Miramar, porque la estructura del yaki permite acomodarse para mamar bollo, luego subir para ser succionado en el rabo, e invita a distintas posiciones para la singuetta.
Y cuando cayó el sol le dije a Evelio- vamos a jamar algo- nos pusimos en la cola de la cafetería de la piscina, y de repente se me coló una rusa, el Sierra Maestra era más que nada hogar de rusos, que escudaban sus acciones en la isla bajo la denominación de técnicos extranjeros, pero eran militares, maestros de técnicas policiales, algún ingeniero, y mucho chivatón de su compañero que a su vez era vigilante de otro. Porque los que más hacían negocios en mercado negro entonces eran los rusos, compraban lo que no iban a consumir de la tienda de privilegios, y lo revendían en la poca población con que se dignaban a hablar. Había también polacos, húngaros, rumanos, búlgaros, ninguno de estos soportaba a los rusos, y eso que eran todos de partidos comunistas de sus países, si no salía nadie. Yo tuve amigos rusos, alguna noviecita también, aunque la rusa de esa época no se parecía en nada a la que anda ufana llena de rublos hoy por Marbella, esbeltas, “producidísimas”, lacadas, plastificadas, pero lindas. No, aquellas eran como salidas de una dacha, el traje de baño partía hacia abajo casi desde el sobaco, que dicho sea de paso, cada uno de aquellos sobacos sí que eran un arma letal mil veces más poderoso que todo el arsenal estadounidense, se bañaban en la piscina nadando en estilo pecho sin meter la cabeza en el agua, usaban gorros de pelo, y en la parte que hacían pie, siempre había algunas parejas de rusos jugando ajedrez con un tablero flotante, y miraban con ojos de oso con rabia a los niños que salpicaban o saltaban desde el borde en vez de hacerlo en la parte profunda y desde el trampolín. Los demás "técnicos" no se sentían cómodos con los rusos porque estos se creían superiores, bueno, no es que se creyesen, estaban situados en instancias superiores, y a los cubanos, que eran los encargados de construirles el edificio Mazinger, la embajada fortaleza más hostil con la estética de la Historia, ni siquiera les hablaban. Salvedad hecha por las numerosas parejas ruso-cubanas que vivían de manera normal en la isla, generalmente compuestas en la URSS durante un período de trabajo o estudio del cubano/a en la patria superior.
Toqué el hombro de la rusa, y le dije que se me había colado, yo también era "técnico" .
-Mucho poco tiempo Cuba, no habla española- me dijo la muy singá.
Cuando cogía aire para decirle no recuerdo que barbaridad, Evelio me hizo señas de que la dejase por imposible, ¡él! justo él que cada día si querías ver una bronca a la salida del colegio Orlando Pantoja, a las 4 y 20 en la sinagoga lo tenías en el ring. Pero tenía razón, la rusa se empacó, se cuadró como una gendarme y no estaba dispuesta a deponer su derecho a arrebatar a los cubanos, a los aplatanados, o al resto del mundo incluso, su puesto para el helado. Cuando le tocó, la rusa dijo en español acentuado con el tono especiado de la taiga:
-Compañera, bocadita di qiueso-
Y entonces le dije: Tú sí que sabes hablar español y colarte como un cubano-
Cogimos un bocadito cada uno, y ya cayendo el sol, le dije a mi amigo, hoy nada de materiales ni socios, que traigo el Jazz. Se le llamaba ñaña, “efori”, veneno, eran unas hojitas de marihuana seca envueltas en papel de estraza, lo que en aquella Habana de inicio de los ochenta era un porro, al coste de una “monja”, cinco pesos, de los pesos que valían, que traían a Maceo altivo, orgulloso, casi como un ruso en el Sierra Maestra, no como hoy que el pobre está en los billetes alicaído, tumbado, sin machete ni cohete. Fumamos el porro y Evelio me decía -brother no me hace ná- y cada vez que lo repetía demoraba más en terminar la frase, hasta que empezó a reírse, y yo me empecé a deshollejarme a carcajadas. La cantidad era escasa pero era del Escambray, una calidad superior.
En esa época y aún hoy, fumar yerba era un delito muy penado por la ley, por eso me refería a quemar una ñaña, como : " tocar Jazz"; así que para honrar el mote apelativo nos pusimos a cantar los temas de jazz de Armstrong y Miller, a dos voces, dos trompetas, dos baterías, en el fondo de las piscinas del Sierra, frente a las cabañitas, a los yakis, al sol del mar naciente cayendo sobre nuestra nota de ron, laguer y jazz.
No dejamos de reírnos hasta que nos despedimos en la parada de la guagua recordando la recién aprendida frase que marca la superioridad racial de los Urales:
"Compañera, bocadita di quieso"
Macron agent du diable
Nací en el seno de una familia admiradora y portavoz de la revolución francesa, de la rendición de cuentas en la plaza de la Concorde en 1793, y de la Comuna de París, por extensión también un poco de afrancesamiento barato, de colonización voluntaria, en literatura, estética, y las chispas casi apagadass de buen gusto que llegaban al remoto sur.
Un miembro de esta familia profundizó ambas tradiciones adecuándolas a su tiempo, la revolucionaria y la estética y literaria creando en su persona al héroe y anti héroe romántico de nuestro tiempo. Y por supuesto atomizó todas las raíces y ramas de la familia. Y aunque unos componentes abrazan unos aspectos del ínclito tío (los que quedan en Cuba, desde luego, son los mayores renegados y reticentes de su carácter comunista y austero) y otros simpatizan con otros rasgos, lo cierto es que se mantuvo viva la empatía con la conducta colectiva francesa en momentos de agresión de los poderosos al pueblo.
Yo he pretendido perpetuar ese respeto y honra en mi entorno y descendencia. Una y otra vez ese pueblo de buen gusto, amante de lo más excelso del hedonismo, de la contemplación y el arte en todas sus formas, cultores de la imagen, del aspecto, de los colores y los aromas, también de la dignidad, el honor y el heroísmo. Estos días nos siguen dando lecciones de valor, de empoderamiento, de participación en los destinos de la Historia.
Mis respetos a todos esos franceses y francesas, que calzadas con Chatelles Paris y aromatizados con Elixir de Dior o sudados y en alpargatas, han salido a la calle en estos, como en todos los tiempos, a luchar para defender sus derechos de manera rotunda e impostergable. Y que Alain Robert no deje de escalar edificios.
Herencia
No se te ocurra tomarte demasiado en serio a cualquier español contemporáneo que te hable de crisis. Es decir, no como si te lo comunicase un finés o un coreano.
Navidad, año nuevo y reyes magos se convierten en un mes entero incurriendo en gastos ingentes. Comidas, borracheras, compras, miles de millones de euros a lo largo de toda la península y sus ínsulas. Después vienen esos mega puentes en que todos huyen despavoridos de la gran urbe, y en Semana Santa es una cosa de locos, no hay una sola plaza de hotel ni una reserva de restaurante por cubrir en las principales ciudades y menos aún en las aledañas, Ni hablemos de verano. Y es que el español no sale a comer un platito, si puede se come un carnero o un cerdo entero, beben caldos suntuosos de Rioja o Ribera del Duero, el almuerzo y la cena con su debida sobremesa, puede durar horas de risas, voces y bebidas espirituosas. Carpe diem.
Ni se te ocurra entender la palabra crisis recurriendo a su significado original, tienes que entender el término en su variante ibérica, un significante que viene a advertir que tras derrochar enormes cantidades de guano en lastrarse langostas, centollos, percebes, jamones de bellota, vinos exquisitos, sobremesas boreales, garitos, pubs, bares de copas, buenos hoteles, regalos, queda poco resto para pasar los dos o tres escasos meses en que no hay una fecha señalada para tirar la casa por la ventana. Así es desde siempre, pero es probable que se haya acentuado tras la pandemia del covid 19.
Los españoles no paran de gastar, salir a caminar por el campo es una actividad sumamente residual, de vascos, navarros, o paradójicamente, de clases acomodadas, a no ser esas muchedumbres dominicales que te encuentras si tienes la mala fortuna de elegir una senda corta al costado de un pueblo famoso por sus fondas, tabernas, casas de comidas de cocidos, corderitos lechales o paellas. En España salir es morfarse o beberse todo cada día. Incluso los obreros comen menú de dos platos, postre, pan vino y gaseosa, no un sanguchito sentado en una banco de plaza como almuerzan los oficinistas de allende las fronteras.
-Hombre ya ves, por eso estamos como estamos de jodidos.
-Sí, esto ya no se aguanta más. Venga te invito un café ¿pá’ dónde vas ahora?
-Tengo la mujer y los niños esperando que nos vamos a comer un cocido a lo de Manolo.
-Vale, te veo por la tarde en lo de Paco para el partido y unas cañitas. La vida son dos días.
Tras la pérdida de las colonias, e incluso con ellas, los españoles pasaron acuciantes necesidades, en ocasiones incluso hambre de llegar a morir por no comer, no un simple apetito, quedó en el ADN como un recuerdo impreso, de ahí que se gaste mucho más en lo que será descartado en un máximo de dos días por vía rectal, y en borracheras interminables por vía renal, que en por ejemplo, arte. Claro que todo esto tiene sus excepciones y variaciones marcadas por la educación y la clase social.
España vive en la calle, come, bebe, ríe, grita, y aunque tanta historia de inquisición y represión religiosa se metió en la cama provocando que acaso se amarizase menos de lo que sería coherente con las demás estridencias, el español goza y se gasta todo en disfrutar de manera estruendosa, brillante y llamativa como su clima.
Las llaves
Están jugando el WTA en Charleston, hace unos meses Adrianne me invitó a conocer Carolina del Sur. Me encantó, no es lo más cool de EEUU, no es turístico internacional, pero es precioso, la comida es muy rica, el clima no me da asma, me gustaron sus pueblos y ciudades, Columbia, Charlotte, Fort Mill, Rock Hill, su gente que me trató con gran amabilidad y hasta me dejaron aparcar gratis en las iglesias, imagino que por ser turista o sugerirlo educadamente. Tiene historia para dar y guardar. Además un detalle, su equipo de football los Gamecoks, no ganan mucho, casi nunca, pero son queridos y respetados, me gustó esa lealtad, y el South Carolina de básquet femenino, por segundo año ganó el NCAA, haciendo historia.
Aprendí unos juegos de cartas, que me enseñó Ken, dejándome ganar la primera mano para cogerme después entusiasmado y darme una paliza olímpica,
Pasé unos días preciosos y Carolina del Sur se quedó en mi corazón.
Pero no comí pizza como la de Güerrín. Solo los que han caminado por la avenida Corrientes alguna o varias veces comieron pizza como esa, y la de las Cuartetas y la de los Inmortales. Los que no caminaron por Corrientes no saben lo que es la mejor pizza ni las librerías más encantadoras, embrujadas de letras en el aire de libreros que no te mandan a la sección amarilla en la W para encontrar un Wittgenstein. Y el teatro San Martín con todas sus plantas, sus obras en cartel, sus ciclos de cine donde una vez muy pocos vieron las catorce horas de Berlin Alexanderplatz, de Fassbinder, y una sala de exposiciones de la mejor fotografía de la historia, cálida en invierno, fresca en verano para un alto en el camino a la nada. Mucho tiempo atrás, en el fondo de una librería que estaba en la segunda planta, un bebé intenta no dormirse en su cochecito, para escuchar a Mario, a Marcos, al conde húngaro que roba discos, a Juan y María. O al Rojas donde se exponen las mejores intenciones, a Liberarte, a Ghandi de Elbio Vitale o en el bajo el Goethe Institut con sus ciclos de foto, pintura y cine, donde el cien por ciento de los aprendices conocieron a Werner Nekes, el maestro del cine minimalista, presentado por Annemarie Heinrich, un lujo germano peronista.
Buenos Aires.
¿Por qué Estocolmo si no hay pizza ni perfect smashed burger?
Porque Albert Nobel antes de dedicarse a las explosiones y a arrepentirse de la mecha corta, inició decenas de emprendimientos, y varios los llevó a cabo en un edificio de ladrillo a la vista al lado de un lago ¿qué no está al lado o bajo un lago en Estocolmo? porque hay una isla de museos, sí, el nórdico, el histórico, pero el mejor es el de un príncipe artista, Eugenio de Suecia, el príncipe pintor. Al lado del museo hay un grupo de patos que observan fijamente a un punto, un café con tartas y una piedra bajo la cual descansa la llave de la insidia.
Estocolmo por Gamla Stam y todo lo que reúne, pero sobre todas las cosas el Parlamento donde el asiento de Olof Palme ya no refulge, los tonos pasteles colonizaron el sedimento del polvo sobre la madera, no obstante vibra entre las vetas y se extiende por toda Escandinavia. Estocolmo por el metro, las miradas, el roce, Millesgarden, los ciervos y el lago de los patos.
Un nudo se hace con los extremos
Hasta hace no mucho estábamos todos en contra de la represión del sistema opresivo al que se había llegado en Cuba, so pretexto de una revolución que llevase justicia social, bienestar, desarrollo y dignidad al pueblo, tras tomar el atajo que condujo a todo lo contrario.
Un Guarapo que se atornilló al poder segando todo desarrollo de creatividad en los terrenos de la economía, la política, el arte, la vida cotidiana, y viviendo cada vez más alejado de la realidad de su pueblo.
Una enorme masa de emigrados de diferentes épocas, y por diversas razones, compartíamos el mismo común denominador, No a la dictadura, No a Guarapo, No a la mentira y la represión, Sí a la Libertad, Sí al progreso, Sí a la creatividad, la ambición o la holgazanería, Sí a la movilidad territorial y social.
Éramos como hermanos de una causa, de un sentimiento común. Pero nada dura para siempre.
De repente ganó terreno una corriente extremista en todo el mundo haciendo pie ancho en los Estados Unidos, que comenzó a arrojar luz sobre los rincones umbríos, empezó a abrir compartimentos hasta entonces estancos, casi olvidados, vimos que aquello que alumbraba no contaba con el mejor de los aspectos. Y del común denominador cada vez fue quedando menos hasta solo permanecer el No a Guarapo. En todo lo demás empezamos a tener discrepancias, pero analicemos incluso ese solitario acuerdo tácito contra "Maraña".
Yo no quiero la dictadura, pero quiero a los hermanos mejicanos y guatemaltecos, ustedes los odian y les gritan "no los queremos, no los necesitamos" como gritaban sus avatares a los emigrantes del Mariel en 1980, No quiero a Guarapo porque quiero libertad, democracia, cromatismo, variedad, concordia, convivencia y progreso,ustedes no quieren concordia, odian al diferente, odian al discordante, le llaman comunista a quien tiene otra sensibilidad ideológica, filosófica, política, como antes sus avatares le llamaban gusano al disidente, dicen que la salud debe ser pagada, no universal como la educación porque eso lo relacionan con el comunismo sin saber que existe Europa, continenete donde se inventó el capitalismo y donde la salud es de la más alta calidad y de acceso universal; son racistas, incluso siendo mestizos, son clasistas acérrimo, incluso trabajando 12 horas diarias. No a Guarapo porque odio las armas, el militarismo, así se disfrace de miliciano, guerrillero o marine, amo la paz, pero ustedes aman las guerras de la 82 división aerotransportada y abrazan las armas automáticas, mientras más masacres se producen más defienden la venta libre de ametralladoras. No queríamos a Guarapo por el partido y el pensamiento único, y ahora ustedes claman por una idea monolítica y apoyan un golpe de estado en la propia casa histórica de la democracia universal, el Capitolio.
Empezamos a ver que hay acaso las mismas diferencias insalvables entre los de ese común denominador que con los de fuera de la ecuación.
Claro, tras todo esto me gustaría saber ¿qué era lo que no les gustaba de Guarapo a estos herederos del pensamiento único?
Cambio de turno
Ayer estuve chateando con un conocido y una conocida que estuvieron becados como yo, que leyeron mis artículos sobre la ESBEC donde se vivía un refinado presidio y que en su momento, me discutieron que ellos no habían tenido esa misma experiencia. En aquel entonces terminamos concluyendo, que quizás era por la beca en sí.
Ayer, mi amigo me reconoció que todo aquel que lo niega, es porque era uno de esos repetidores presidiarios de los que aplicaban abusos agudos que en algunos casos provocaron traumas duraderos, o bien porque se callaron la boca sobre lo que vieron en primera fila y es muy difícil aceptar el bochorno de la cobardía, y la chica igualmente me reconoció que la mujer que diga que no sabía que había muchos profesores que cambiaban un palo por una buena nota, es o bien que ella dio la tota por ese aprobado, o que vio un caso muy de cerca que la pasó mal y nunca habló de ello.
Yo creo que lo mismo ocurre si se le pregunta a un profesor, los que dicen que no saben nada de eso es que singaron niñas por presión o que lo tuvieron tan cerca que les da vergüenza admitir su complicidad.
En este tipo de atropello, de abuso, de violaciones que eran tan comunes en la vida cotidiana de los adolescentes cubanos, es necesario denunciar, hablar, destapar, nadie es culpable si no fue culpable. Y si lo fue, pedir perdón es lo más liberador, pero no se puede como con todo lo demás seguir tapando aquellas barbaridades. Los presos deben hablar de la prisión, los desterrados del destierro, pero también las víctimas de estas vejaciones deben confesarlas, quienes la padecieron y quienes lo sabían. así como los niños víctimas de los chivatones en las asambleas de moral comunista, muchos de los cuales hoy están acomodados en la dictadura y también en el "exilio". Hay que denunciarlos, el que fue abusador de adolescente fue represor de mayor, el que fue chivatón de niño fue chivatón de mayor, no les demos el premio del beneficio del silencio y la eterna complicidad.
Incluso diré más, el propio concepto de definir a la víctima con la palabra "trajinados", es una continuación de la humillación abyecta que debe ser inaceptable, porque le supone un grado de virilidad de hombría, de guapería a los abusadores, mientras que la realidad nos señala que eran unos cobardes sátrapas. Y muchas veces sus victimas después fueron los valientes de la disidencia, estudiantes de algo unico para lo que debieron superar todos los obstáculos, o campeones en ser solidarios con los demás. Existen numerosas formas de valentía que no pasan por el abuso del guapo de paja y trapo con el más flaco o por la razón que fuese, con el entonces, más asustadizo. Y lo mismo respecto de las mujeres que fueron violentadas sin saberlo entonces, por un asqueroso pedófilo, oportunista, poco hombre que las convirtió en aprendices de prostitutas infundiendo un miedo, respeto, y a veces atractivo del que un hombre mayor, jamás debe aprovecharse frente a una muchacha que aunque ya haya emplumado, continua siendo una niña y necesita su protección. Y por supuesto no dejar títere con cabeza de aquellos que truncaron la carrera de cualquier niño, joven o adulto mediante la delación, ya fuese por fijarse en un examen, por usar blue jeans, por escuchar a Led Zeppelin, por comentar el simple deseo de una salida ilegal, o por desearle ñampiti gorrión a Guarapo y toda su maldita prole.
Llegó el cambio de turno
Doble tragedia
Recibí la invitación por correo para ver el documental “Partidos” de Silvia Di Florio. Justo ese día tenía que ir desde León a Madrid ver a mi hijo que estudia en una de sus universidades, así que me inscribí para asistir a la proyección, la sala estaba hasta el tope.
La película de una factura visual pulcra, en la que se nota mucha muñeca para los primeros planos, los entrevistados iban desde lo divertido, hilarante, reflexivos, tiernos, emotivos, un Héctor Alterio impecable como rapsoda de León Felipe, además de todos los atributos técnicos, no recuerdo haber aplaudido últimamente tanto una obra con ese ímpetu y entusiasmo. Me di cuenta cuando paré que tenía una película húmeda cubriendo mis ojos provocado por la profundidad de los recuerdos que me trajo la obra de Di Florio. La experiencia sensorial continuó cuando miré hacia la fila de atrás y vi a una de las entrevistadas que había dicho que su padre era español y había huído del Valle de los Caídos, solo dos escaparon de ese infierno, Manuel Lamana y Nicolás Sánchez Albornoz, de inmediato le pregunté si era hija de Manuel, me dijo que sí. Le conté que lo había conocido años atrás en su departamento de la calle Entre Ríos al 400, un hombre de vasta cultura, elegante, de conversación fluida y con una nutrida biblioteca. Pocas cosas tienen un color tan lindo como los ojos de Maruja Lamana. Habló el embajador, quien al igual que su padre, atesora la única virtud sobre la cual se erigen las demás posibles, es buen tipo, después tomó la palabra la directora, más tarde el encargado de fotografía, algunos asistentes y yo me quedé quieto en el asiento entre hierático divagante, mecido por el aire en un tiempo sin espacio, sin continuidad. Miré atrás, y todo el auditorio era un aquelarre a la intemperie de brujos y brujas victoriosos. Por primera vez en mi asistencia a eventos que recuerdan el golpe de estado, la muerte, el exilio, sentí que flotaba un halo de conquista, la gente estaba contenta de encontrarse, la película expelió sobre la sala la misma bocanada de aire fresco con que fue concebida. Al mismo tiempo se exponía en la sexta planta del espacio cultural Kirchner en Buenos Aires.
Yo tenía que volver a León, pero antes hablé con Silvia, le conté que ella plasmó exactamente lo mismo que sentimos los exiliados argentinos en todo el mundo, no solo en Madrid, y que sentían los exiliados de todos los países del mundo donde la plaga de golpes de estado sanguinarios se hizo presente.
En el autobús de regreso no se me iban las imágenes de la película, pero comenzaron a instigarme a despertar un sentimiento diferente al que me había embargado durante la reverberación del evento. Comencé a sentir una profunda indignación, una desazón en el interior como un soplido del dios del hielo, a la vez que bronca, ardiente como el aliento de un dragón colérico.
La dictadura militar argentina fue doblemente trágica, en primer lugar porque fue la más terrible de las del Cono Sur de América en cuanto a asesinados, desaparecidos, suplicios, mecanismos de detección, destrucción y sometimiento del campo popular militante, y en segunda, porque con todas las demás dictaduras hubo un derroche de solidaridad desde los países del Segundo Mundo del bloque socialista, Erich Honecker de la RDA conseguía la liberación de Luis Corvalán secretario del Partido Comunista Chileno, la Unión Soviética condenaba a Stroessner y a Somoza, los periódicos cubanos hablaban de los tormentos provocados por los fascistas a Raúl Sendic, del sufrimiento de los revolucionarios bolivianos, pero Argentina nunca fue mencionada por Fidel Castro en sus frecuentes discursos, ni en los artículos del Granma, ni en los noticieros de televisión.
El ejército argentino, que no era una Gendarmería Nacional al uso del resto de América Latina, sino que tenía proyecto propio, decidió romper el bloqueo, boicot o veto estadounidense a la URSS, vendiéndole gran parte de su producción de cereales. Este hecho provocó que altos mandos militares argentinos fuesen honrados con la medalla de Lenin en Moscú y en reciprocidad militares soviéticos fueron condecorados con la orden San Martín, esto era solo el aspecto formal, simbólico, de una herida mucho más profunda al espíritu inicial de aquella revolución de Octubre.
No solo se honraba a quienes en esos momentos estaban torturando y asesinando a militantes revolucionarios sino que se dio la orden a los países satélites de la URSS y a los partidos comunistas dispersos por el mundo, que apoyasen al gobierno de Jorge Rafael Videla, considerándolo como un gobierno Cívico-militar. Negándole el tratamiento de dictadura, y muchísimo menos informar sobre las atrocidades cometidas en sus centros de detención clandestinos y oficiales, ni permitir la difusión de actos de solidaridad con las víctimas.
Fidel Castro cumplió cabalmente la ordenes de la Madre Patria de los Soviets. Se llegó al limite de que Cuba negó el apoyo a una comisión de investigación sobre DDHH a las cárceles argentinas impulsada por Jimmy Carter, y a cambio la cancillería argentina negó su apoyo en la OEA a una condena a Cuba por violación de los derechos humanos. Una mano lavaba a la otra y ambas intentaban, en vano, limpiar el trasero. De tal manera que en la escuela cuando llegaba un niño chileno, los demás estudiantes y maestros lo recibían casi como un mártir, una victima, ya que cada día, por todos los medios, se hablaba del monstruo de Pinochet, igual con uruguayos, bolivianos o paraguayos incluso con brasileros, pero a mi, me preguntaban ¿por qué estás aquí y no bailando tango en Argentina?
-Porque hay una dictadura, y es mucho más sangrienta y perversa que la de Pinochet.
Pero las miradas eran desconfiadas “¿cómo va a haber una dictadura si Fidel nunca lo menciona? ¡y mira que no escatima en mencionar a los países en desgracia!” Cosa que con motivo de la inminencia del conflicto armado entre Argentina y Reino Unido por las Islas Malvinas, se recrudeció, ya que no solo Fidel no mencionaba a Argentina como dictadura sino que se hermanaba con Leopoldo Fortunato Galtieri a través de su canciller Nicanor Costa Méndez, reconocido racista de ultraderecha, proponiéndole toda la ayuda necesaria para que los soldados cubanos combatiesen junto a los combatientes del Ejército Argentino. Yo me veía con el cuello hinchado y la arteria carótida por reventar, conminado a explicarles que ese valeroso ejército a que hacía referencia el comandante en sus brindis con Costa Méndez, era el que aún tenía olor a quemado en los dedos por la picana eléctrica con que mataron a miles de militantes revolucionarios.
El segundo mundo, que se suponía lideraba las políticas y utopías por las que habían caído y estaban presos y exiliados todos los militantes de izquierdas, con sus particularidades como el peronismo, pero con idénticos fines de justicia social, les daban la espalda y confraternizaban con los verdugos.
Ese exilio fue doblemente duro. Los de España podían ser comprendidos por la población, los vecinos, los compañeros de trabajo o de estudios, Por esta razón insignes exiliados, agradeciendo la generosidad financiera de los cubanos, sin embargo debieron abandonar la isla rumbo a España, caso de los Duhalde, los Roca-Feijin, quienes no podían ejercer su impulso natural de denunciar a la dictadura, o Matilde Artés “Sacha” la primera abuela encontrar a su nieta Carla, precisamente desde tierras hispanas. Al final quedamos muy pocos exiliados argentinos en Cuba, la oficina de Montoneros y la guardería que acogía a niños que habían perdido a sus padres muertos, desaparecidos o presos políticos, es una historia para otras páginas, y su emplazamiento en el burgués barrio de Miramar, obedece a estímulos muy diferentes de la solidaridad internacionalista. Imagino que en los países del Este de Europa no habría ninguno que no fuese del Partido Comunista, que gozó de numerosas prebendas de su protector “gobierno Cívico-militar” de Videla y compañía. Quizás esa es la razón por la que pocos entiendan esta doble amargura que nos provoca a los escasos damnificados, el recuerdo de aquella tragedia nacional.
Cuando el autobús hacía las dos últimas rotondas antes de llegar a la estación de buses de León, pensé: “Buena película, pero ahora, aunque los damnificados seamos pocos, deberíamos impulsar un capítulo de continuación, que recree las dulzuras de aquella cómplice connivencia entre extremos amalgamados por un buen puñado de rupias”
Es nuestra deuda con los olvidados
Pelota en la altura
El partido de pelota que definió al campeón en la 5ª final del Clásico Mundial de Béisbol, fue lo mejor que he visto en mucho tiempo en deporte junto a la final del otro Mundial reciente, el de fútbol.
Ayer Japón cada vez que iba al bate ponía dos hombres en bases o las llenaba hasta la quinta entrada, cuando el picther estadounidense ponchó a un gran bateador con bases llenas y 3-1 en el marcador. Turner lo volvió a hacer y contra un pitcheo que jamás en mi vida vi algo igual. EEUU se abrochó los pantalones a mitad del partido e impidió más carreras, pero no pudo con el mejor equipo del mundo, del país que son los Reyes en unos jóvenes Clásicos Mundiales de Béisbol, con nada menos que tres preseas.
¿Qué hablar de Shohei Ohtani que no haya dicho él ya en el campo? Es el pelotero más integral, más completo y bestial que mis ojos han contemplado a lo largo de toda esta maravillosa vida.
Como en fútbol, Inglaterra lo inventó pero Brasil es el mayor campeón mundial, en béisbol, lo inventó EEUU pero es Japón el mayor exponente, aunque inmediatamente detrás están los creadores.
Me dio mucha pena ver caer a Cuba días atrás, selección con la cual yo iba porque esto es un campeonato de deporte no un congreso de partidos políticos, de hecho no sé ni quiero saber que piensan los peloteros japoneses ni los estadounidenses, ni siquiera mi vecino ni que ninguno de ellos tengan que saber lo que pienso yo. Pero con un 14-2 no cabe lamento, en una derrota así la primera ausencia es la de la dignidad y la vergüenza, porque ningún equipo es tan malo en ningún deporte para caer así en una semifinal. Siempre nos quedará la duda del verdadero nivel de aquellos peloteros del Cuba desde los años '7' de Capiró y Marquetti, hasta los '80 de Pedro Medina, Vinent, Cheíto, Anglada, Urquiola y tantas figuras enormes de este deporte. Era una pelota de altura, pero nunca pudimos verla refrendada contra los profesionales de la MLB, y no había ninguna otra razón que la política, incluso ni eso, la razón era el miedo de Fidel Guarapo castro a ver caer a Cuba contra EEUU, porque la pelota profesional y amateur no presentaba ninguna diferencia como sí ocurría con el boxeo, y las circunstancias que nos impidieron ver un Teófilo Stevenson- Mohamed Alí, encuentro en que había tal interés que fue Don King a hacer los arreglos a Cuba.
Por eso ayer disfruté como un enano, no con la nostalgia amarga que es común cuando el equipo de tus simpatías queda en el camino, sino extasiado de ver después de tanto tiempo a dos titanes beisboleros de semejante calidad frente a frente. Ayer Japón-EEUU y antes de ayer México-Japón, sin desmerecer el EEUU-Venezuela, después de una eternidad, volví a ver béisbol al duro y casi sin guantes.
Universo mamerto
Tenía una amiga holandesa, linda y lanzada, una vez me interpeló porque le parecía que yo no tenía un proyecto de vida.
-Las personas, los seres humanos, se caracterizasen por tener un proyecto, ese es el sentido de la vida
Le dije "mira Berg, no sé a que llamas proyecto, pero yo sí tengo uno muy grande, y está omnipresente, es vivir la vida cada minuto, a cada paso, reír todo lo que pueda mientras el eco lo permita, comer lo que más me guste en esos piringundines aceitosos,que no grasientos, pasear, viajar sacando la cabeza por la ventanilla del tren, mirar, leer, escribir, escuchar música, cantar, dormir todo lo que pueda sobre todo una vez que se agoté el sueño necesario, sobar ese sueñecito ora ligero ora profundo que se disfruta como un masaje de tetas. Le expliqué que recibir sus mamadas eran uno de mis mejores proyectos de vida, y tomar alcohol de manera integral, concienzuda, seria, hasta tambalearme, zigzaguear y volcar, nunca entendí a los que beben y después tratan de caminar recto, si la gracia de haberse tomado tanto tiempo y miolestias está en el pedo, en ver doble, en la risa pavota, el paso sinuoso y el desequilibrio abismal, beber e intentar parecer sobrio es como ordenar platos sabrosos en un restaurante y solo olerlos, chupar una bombacha. Bueno según que bombacha sobre que concha.
"Berg, trabajar aliena alejando al soñador de un proyecto irrealizable, que son los que valen la pena y lo somete al rigor de la materia, aspereza de los ángulos, las esquinas y el alcance de las verdaderas posibilidades, la posición apropiada, el imperio de los límites del miedo. La perspectiva del trabajo me espanta”.
Me dijo, que incluso toda la aparente libertad que mostraban sus compatriotas de su generación no era otra cosa que obedecer, como calvinistas al fin y al cabo, el dictado de la época, pero que el orden interior llevaba a construir o destruir en un estricto tiempo lineal, entonces aunque le subyugaba el sinsentido de mi vida, por otro lado le ponía absolutamente histérica.
Lo cierto es que viví mucho tiempo así, no todo era placer, la mayoría era angustioso y agobiante, sofocante y atemorizador, electrizante y placentero, variante e imprevisible. Y tras unos años me detuve y es cuando más me moví, pero con un objetivo, un proyecto al estilo de mi amiga nórdica en los sures, un movimiento constante respecto de lo demás con una quietud pétrea en el interior.
Hoy me acordé de Berg porque me pregunté ¿qué tipo de proyecto me seducirá de ahora en más? La pregunta ¿qué hacer? me llevó al segunda interrogante ¿hay ganas de hacer?
Existen comunidades que han permanecido durante milenios en idénticas condiciones de vida, de caza, de concepción de comunidad, empeñando la transformación en la galaxia interna, al mismo tiempo otras han pasado esos milenios desarrollando todo de la silueta hacia afuera, el medio ambiente, la técnica, la ciencia, y dejando intacta la torpeza del alma.
Llevo una pizca de ambas en el aire que me envuelve, en la nube que me legó el dragón azul.
Buen viaje Enrique Symns
Acaso más que a nada, yo le deba las ganas y la confianza para escribir a Enrique. Claro que primero estuvo Gladys y que todo parte de mi madre que garabateaba sus poemas y esos parientes paternos tan apegados a la literatura, que el que no parecía un escritor frustrado, era un pintor o un dibujante en sempiterna espera. Ningún músico, quizás con un mínimo de oído que me hubiese permitido reproducir Let it be sin que pensasen que estaba tarareando el happy birthday, yo habría sido el primero de la saga.
Una noche en que ya se había ido la mayoría de periodistas de la redacción del diario Nuevo Sur, donde me desempeñaba como cadete de tráfico, Enrique me propuso escribir cada uno un cuento pequeño de una página y leerlo después, lo escribí a máquina, cosa rara porque mi pasión era garabatear papeles con mi letra de mosquitos aplastados y borrones de corrección, pero me señaló una máquina de escribir, y me dije "bueno, manos a la obra pequeño ruiseñor" , al cabo de un rato cambiamos las hojas, yo me sentía halagado de leer uno de sus historias antes que nadie, antes de que estuviese en una de sus columnas o revistas, pero mi sorpresa fue mayor cuando vino y me dijo "esto es una maravilla, ¿querés escribir en mi revista?".
No importaba que yo supiese que en ese entonces su revista estaba cerrada, que escribía notas para otros como en el caso de Sur, aunque sabía que la abriría en breve, lo importante era lo que le había provocado ese cuento, en el que recuerdo que descansaba cierta intuición, algo de cualidad natural para narrar y parte del acervo recabado durante tantas horas de lectura, de los, sin falsa modestia, mejores libros, y donde bauticé uno de los personajes más queridos, la casi perfecta Elektra. Tan efusivo se mostró que me invitó como siempre a tomar ginebra en el bar de enfrente a la redacción, pero esta vez pagando él.
Ya éramos en cierta forma compinches, y ese sucedáneo de la amistad nació de las aficiones mutuas. Una tarde cuando estaba casi en pedo, le ofrecí un trago de ron que yo fabricaba con el alcohol de 96 grados del botiquín, el té del termo, un poco de agua y una pizca de azúcar. Solía empezar a beberlo desde que llegaba al trabajo en los vasitos de café y té de color beige, así, sobre las doce de la noche hora de salida ya me iba listo para acostarme y dormir sin riesgo de insomnio. En pago a mi generosidad un día Enrique me llamó al baño que estaba a mitad de la redacción y me ofreció un "pelpa" de merca, envuelto en forma de sobrecito en papel glacé, como se usaba entonces en Buenos Aires, me pareció brillante ese intercambio que lo hicimos dos o tres veces más hasta que él advirtió que el ron no era de gran bouquet y me lo hizo saber, así que le conté como lo fabricaba a primera hora, y entonces me dijo:
-Quedate tranquilo, que la merca es un poquito de cocaína con bastante aspirina- cosa que era de suponer, porque en aquel entonces las veces que yo daba un nariguetazo de merca, era para levantarme de la curda y sus pelpas solo me daban más sueño. Motivo suficiente para echarnos a reír y continuar con el intercambio nocturno, pero sin la magia de la ingenuidad.
Al final ni escribí en Cerdos y Peces ni nos vimos más, tras un día cercano a ser invitado a dejar el diario por la dirección, en que Symns me invitó a una fiesta de Cerdos, tocaban unos jovencísimos "Los Piojos", a donde acudí con mi amigo Marcelo, y cuando estaba sentado en una banqueta de la barra, se acercó la musa de Enrique, Vera Lamb, en medio de la charla le toqué las tetas y cuando empezaba a transmitir la sensación desde la yema de mis dedos a través de los vaso conductores hacia la raíz y el tallo, me soltó una piña en pleno rostro que fui caer de espaldas al suelo del bar, del que me recogió Marcelo invitándome a dar por cerrada aquella noche de rock autóctono. Nunca más vi ni supe de Enrique, más allá de que seguía escribiendo y buceando en el under porteño, imaginé que seguiría cambiando merca trucha por tragos más o menos trucados.
Hoy me entero de que se fue este hidalgo del reviente, que vivió entre gitanos en Andalucía, que dirigía revistas que acogían a todo aquel que deseaba escribir una página como Bukowski, padrino espiritual de los Redonditos de Ricotta, amante de Vera y alter ego de Luca Prodan.
Adiós Enrique, buen shot.
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