Paripé solidario
Deberíamos criticar e incidir sobre los verdaderos ataques a los derechos humanos, sobre los déficits que padece la población, no mentir, exagerar hasta conformar un verdadero dislate.
En Cuba desde hace décadas existe una falta total de libertad de partidos políticos, de expresión, de prensa, en otro tiempo ni hablar, ni publicar en redes, ni leer literatura no comunista se podía, bajo amenaza de cárcel, exilio o peor aún. Comida restringida, no se podía viajar, tener dólares, comprar nada que fuese para extranjeros, entrar siquiera a un hotel, o una tienda de cosas bonitas vendidas en divisas. La posesión de dólares era motivo suficiente para unas largas vacaciones entre asesinos tras las rejas. Escuchar rock, ponerse un pitusa estadounidense, cualquier ropa o elemento del capitalismo si no se era hijo de ministro o algún pincho, podía traer consecuencias no deseadas, era motivo de estigmatización e impedía el progreso o normal desempeño en cualquier sector social. Nadie podía viajar, comprar coches, casas, hacer negocios. La comida era para todos pero muy limitada, los juguetes una vez al año. Todos tenían casa básica, comida pero siempre lo mismo "tres mosqueteros", guagua pero apretado como sardina, campismo popular, laguer de perga, apagones eternos, todo tipo de carencias y lo q1ue no era obligado estaba prohibido. Todo eso es cierto, y eso es lo que hay que denunciar. Pero no mentir.
Durante décadas Cuba ha sido el país que menos fallecidos ha registrado en el área en la época de ciclones, mucho menos que en el propio Estados Unidos, con todo su desarrollo, y ni hablar que en América Latina, aun en las peores crisis se ha hecho todo lo posible para proteger a la gente de la muerte, lo mismo con las plagas y las epidemias. No digamos mentiras. Venir a decir ahora que no les envíen ayuda porque la roban los generales y los mayimbes para sus putas y sus fiestas es una falta a la verdad que no solo califica a quien lo dice, sino que perjudica a las denuncias basadas en la más estricta realidad, ya que entran en la misma sospecha de calumnia y engaño.
Cuba y EEUU están enfrentados desde hace 65 años, producto de la Guerra Fría, la vez que más cerca se estuvo de la III Guerra Mundial fue producto de un desencuentro entre ambos países en que terció la URSS, la Crisis de Octubre, ya Kennedy lanzó su embargo/bloqueo a la isla, endurecido en numerosas ocasiones bajo ley Torricelli, Helms Burton, y otras disposiciones agregadas y a veces relajadas de la medida restrictiva. De ahí que todas las tensiones y medidas se hayan endurecido de ambos lados, ni EEUU confió en Cuba cuándo les ofreció médicos para el Katrina, sabiendo en su fueron más íntimo que no iban a aceptar, un perfecto paripé propagandístico, del mismo modo que jamás Cuba aceptaría de su enemigo ayuda con la condición de ser repartida in situ por ellos.
Fundamentalmente porque ese tipo de sociedad estaba fundamentada en el bien colectivo, en las sociedades del socialismo real, aun con las mejores intenciones lo tendiente a la individualidad resulta siempre un fracaso, en cambio, incluso con las peores intenciones lo colectivo sale aceptable como mínimo. Así pasó en China y URSS, atendiendo los desastres colectivos eran eficaces, de hecho Cuba, en un período de grandes dificultades económicas brindó a los niños de Chernobil una ayuda de mayor calidad que los países más desarrollados. Y dicho sea de paso, mucho mejor que a los niños cubanos sin ninguna radiación que solo querían beber leche y comer carne.
Concurre una razón lógica, en la economía de mercado mientras más pura, menos interesa el salvamento de gente pobre, no money in it!
Asado honey barbecue
La mayoría de mi vida la pasé fuera de mi país, aunque ahí experimenté mis mayores emociones y de ahí recogí una identidad que tuve la fortuna de pasear ufano por medio mundo.
Ser argentino siempre fue motivo de orgullo, mi viejo tenía una librería en la calle Corrientes a media cuadra del teatro San Martín, la noche previa a mi nacimiento, mis viejos cenaban con amigos en Pippo vermicelli al tuco y pesto y tuvieron que salir rajando a maternidad porque mi madre rompía aguas. Mamá nació en San Telmo, llevaba el tango en la médula espinal. El viejo también fue camionero de Mendicrim y preso político. Eran de River, de Boca, del SIC. Mi revista era Billiken, mi cuadro Independiente, en una época que nada, ni en fútbol ni en cine, ni en música, se comparaba al Club de Avellaneda, Santoro, Galván, Bertoni y el mago Bochini. Todos los pibes querían ser Bochini , afanaban y se peleaban por sus figuritas. El Torino era un coche admirable en el mundo, de fabricación nacional, ni hablar del morfi, del club los fines de semana y el verano, del campo, los caballos, el asado, los paisanos y los paraísos que sugerían el camino.
Dos personas quedaron en mi hipotálamo como si fuesen de mi núcleo familiar, mi maestra Isabel, y mi doctor Urkovich. No solo en América, sino en el mundo no era generalizada esa calidad profesional, ese amor a la dedicación, a los niños, a la vida, que era propiciado por una sociedad alejada de la perfección, pero tan añorable como una mañana de primavera.
El valor que tenía la curiosidad por saber, por la cultura, popular, erudita o elitista, esa mezcla tan equilibrada de franco centrismo con el folclore telúrico, y la en muchas ocasiones desmesurada autoestima, pero no solo por la escarapela sino por un conjunto sólido de costumbres, valores y también defectos, tan destacados que convertían en infructuosa la tarea de buscar algo homologable fuera de nuestras fronteras. Eso se llevaba uno en su mochila intima al resto del mundo, Identidad y orgullo. Ser argentino era mucho más que una cuestión de pasaporte, de partida de nacimiento. Tres conflagraciones contra los ingleses. Una derrota inapelable a la injerencia foránea en ocasión de la tristemente célebre exhortación "Braden o Perón" , un embajador frente un milico general, en lo personal siempre prescindiría de ambos, pero en el dilema planteado el embajador simbolizaba la prepotencia imperial, aunque disfrazada del salvador anti hitleriano, que tampoco, convengamos, era poca cosa. Incluso los lemas populares aislaron a los aires bolcheviques, "ni yanquis ni marxistas: peronistas"; consigna mucho más ilustrativa que acertada.
Hoy no reconozco a mi país. Que solo seamos lo que somos a través del fútbol y el mate, no alcanza ni para cruzar las fronteras, Paraguay y el sur de Brasil comparten esa identidad, si vamos al paisito, además de fútbol y mate, compartimos asado, dulce de leche, tango y acento. No alcanza ni para salir a pie
Cero interés institucional por proteger, incentivar e identificarse con la cultura, desprecio absoluto total a las raíces folclóricas, a la justicia social, a la solidaridad con los desfavorecidos, los necesitados, ya sea por discapacidad, por desventaja de oportunidades, por edad, cuando incluso los inuit esquimales, insistían en alimentar con bocados de comida masticada a sus ancianos, para que no fuesen a entregar sus cuerpos ya viejos a los osos polares para no ser una carga. Si bien es cierto que el desdén con la corrupción es histórico y representa un rasgo identitario argento, no así la indulgencia frente al narcotráfico inserto en un gobierno.
Pero hoy un rasgo me distancia con profunda tristeza de lo que otrora fue mi identidad argentina, la decisión de la mayoría de mis compatriotas, de aceptar sin rémora, sin rodeos ni siquiera un poco de disimulo histriónico que evite el rubor, de la manera más impúdica, incluso con entusiasmo, semejante ostentación de entreguismo incondicional de rodillas, aceptando solícitos cualquier condición. Como un perrito moviendo la colita por una feta de salame.
De ahí que ya no sea tan diáfano y claro el sueño de algún día poder irme a vivir al campo en el que de niño pasaba felices días entre primos, tíos, y paisanos. Me daría igual que hubiesen cambiado las alpargatas, la boina y el facón por unas Skechers, una gorra de los Yankees y un Iphone en la cintura, pero por favor bajo la parrilla brasas de carbón o leña no una llama, y sobre los fierros un cacho de vaca Hereford, nunca un costillar de cerdo embadurnado en Stubb's honey BBQ. Sin acritud, me encanta ese plato, pero por favor en mi pampa no.
No recuerdo que intelectual dijo que Argentina generaba personajes icónicos para camisetas, desde Evita, Maradona, Che Guevara a Messi, Papa Francisco o Mafalda. Remeras que se vendían junto a las de Marley, Lennon o Hendrix.
Hoy ¿en qué vidriera podría exponerse un T-shirt del presidente con su motosierra a los pies de Tronal Gump?
De Monet a Rothko
Lo más probable es que los atrasados seamos los que pensamos que se debe guardar cierta coherencia, cierta lealtad a las ideas propagadas en voz alta con las que se invitó a unirse al respetable.
Lo más probable es que transcurrida la cantidad de tiempo prudente nos demos cuenta de que todo ese constructo que considerábamos imprescindible para resultar fiables ante los nuestros, ya fuese en barrio, escuela, trabajo, familia amistades, no sea más que una rémora en una vida ya demasiada sobrecargada de puntos de estrés y de obligaciones naturales, como para encima llenarla más a empujones con ceremoniales de una ética completamente anacrónica.
Los que nos escandalizamos ante el abrazo de Milei con Bullrich a tan solo una semana de llamarle terrorista infanticida colectiva, considerando que una semana, sola, impertérrita, hierática, así como es ella de nada más que siete días, puede separar el hoy del "pasado" y permite cambiar de convicciones, de amigos, de ideas, de estrategias, de ideologías, de prácticamente todo, menos acaso, como dijo Francella, de pasión. En la época de nuestros viejos, del mío por lo menos y sus compañeros de militancia, amigos de juventud, de una u otra sensibilidad ideológica, no les bastaba una vida para poder permitirse el lujo de cambiar diametralmente de posición sin sentir cierto rubor ante los conocidos. En nuestra generación ya alcanzaba con menos tiempo para dejar de ser un vago absoluto munido de argumentos frente a la alienación del trabajo y pasar a ser un yuppie de una transnacional, unos veinte años se consideraban suficientes para poder pasar de fumar porros todo el día a condenar la haraganería juvenil, menos tiempo se habría considerado desvergonzado. No menos de quince años para pasar de ser un anticonsumista empedernido a cambiar compulsivamente de celulares, relojes, televisores y en lo posible de automóvil.
Unos años después de mi generación ya no tenían demasiado pudor al dejar de chivatear gente a lo loco y sin bragas y mudarse por arte de magia al norte revuelto y convertirse en un acérrimo ultraderechista que ahora acusaba a cualquier humanista de comunista. Aunque este último ejemplo está más bien motivado por ganarse los puntos necesarios para ser aceptado entre los nuevos correligionarios, o para disimular y que estos no hurguen demasiado en su pasado.
Y así progresivamente se ha ido acortando el período necesario de luto para cambiar de idea, de color o de bandera. Hoy un hombre divorciado tres veces con seis hijos, lo ves entregando las nalgas en cuatro patas y te dice de lo más tranquilo que no le llames por su nombre antiguo que ahora se llama Lorena. No hay demasiadas cosas que avergüencen por la falta de palabra, de compromiso, de lealtad o de coherencia.
Y puestos a sopesar, pienso que lo antinatural era lo de esas generaciones que nos precedieron, y nuestras dificultades para aceptar que ya no nos atraía el mismo deporte, el mismo estilo de pintura, incluso la mayor traición en mi época, cambiar de gusto musical, por como nos tomarían nuestros semejantes también deseosos de desechar sus convicciones perimidas, oxidadas, artrosicas.
Quizás sí esté bien prometer jamás pedir un préstamo y el mes próximo pedir tres créditos seguidos de la mayor cantidad nunca vista, jurar tener el dinero para dolarizar y después negar incluso que se deseaba dolarizar. Quizás ese sea el verdadero sentido de libertad, no tener ningún lazo moral con nada, ningún tipo de compromiso por mínimo que sea, desnudando el término "estafar" "engañar" "cagar" de su sentido impúdico, felón, aleve, toda vez que nos preceda el derecho de modificar en parte o en todo cualquier convicción, idea o juramento.
Cuando esto se traslade a los contratos entre partes será el sumun de la libertad absoluta, el Viva la Pepa total. Habrá que especificar con meridiana claridad si se puede cambiar de idea antes o después de medianoche.
Aunque no sé por qué, pero yo que en lo absoluto me siento viejo, ni siquiera mayor de edad, podría seguir robando chocolatines Jack o chicles Bazooka de los kioscos, sin embargo del mismo modo que nunca pude cambiar de Billiken a Anteojito, de Salgari a Verne, de Borges a García Márquez, de Allan Poe y Mujica Lainez a Bradbury, de Monet a Chagall. no podría dejar a Hendrix y Beethoven aunque el material finito de sus talentos establezca un claro contén a la sorpresa y la novedad. Pero claro tampoco lucho contra el deseo de hacerlo, habría que ver como sería si mi hipotálamo albergase como natural la caducidad tan temprana de todo asidero identitario.
Sin embargo debo admitir que durante muchos años desprecié la pintura abstracta, y pocas veces me sentí mejor, más pleno, más realizado en la voluntad de atravesar muros, que cuando comencé a disfrutar como perro con dos colas de Rothko, Mondrian, Kandinski y Pollock.
Wydma en Oslo
Una tarde golpearon la puerta de Guillermo a quien llamaban Willy, mientras estaba dormitando. Willy había pasado desde los veinte y dos años hasta los cincuenta y cuatro cagando gente, jodiendo cuanta vida mostrase esa pequeña hendiduras por donde meter toda la corrosión que pudiese soportar. Llevaba en la ciudad de la justicia dos años, las manos ya no eran lo que habían sido, su espalda acostumbrada a dormir sobre pompas de plumas de ganso o a veces sobre el cochón de agua que había mandado poner en todas las dependencias de su apartamento de cuatrocientos metros cuadrados del centro de la ciudad a donde llevaba las “churris”, ahora era una bolsa de durezas causadas por la incomodidad de dormir durante el primer año sobre una colchoneta fina como una feta de jamón de los bocadillos del aeropuerto y sobre dos cuando al año y medio pudo comprarse otra colchoneta de segunda mano. Jamón y queso de aeropuerto.
Willy trabajaba como un mulo abriendo agujeros en la madera, eso era lo único que había conseguido aprender a hacer, en toda su anterior vida de adulto cagador solo había desarrollado habilidad para seducir, maniobrar, amnipular y al final estafar. Abría empresas de construcción que levantaban inmensos bloques con unos charcos en el medio a los que llamaban piscinas, y donde se alojaría a cambio de treinta años de su trabajo a obreros que se creían de clase media por usar corbatas de rebajas y tirarse en esos charcos con azulejos azules los fines de semana en que el sol arreciaba . Unas corbatas tan baratas que si las tirasen a las piscinas recalentadas por las meadas de bebés, niños y manganzones con las bolas grandes como lámparas para dar un paseíto hasta el baño, como mucho solo conseguiría adecentarla. Aparte de los cientos de empleados que tenía contratados por semanas, días, a veces horas con overol y casco protector, también Willy contaba con un buen puñado de empleados con corbatas dentro de las oficinas, y lo primero que hacía cuando ascendía a uno era mandar a llamarlo a la dirección, hacerlo tomar asiento y preguntarle si sabía hacer el nudo “Windsor” doble cruzado que formaba un perfecto triángulo. Entre los empleados, que en su mayoría no tenían ni idea de cómo se hacía, ya era sabido que de todos modos a esa pregunta había que responder negativamente y entonces, digamos que la rúbrica al ascenso era enseñarles a hacerse el nudo Windsor en sus corbatas de tres al cuarto, además de recomendarle muy encarecidamente una nueva casa donde adquirir prendas de este tipo acorde con el nuevo status. “Pedazo de hijo de puta” pensó Wydma cuando pasó a su lado.
Wydma era hermana del loco que unos meses atrás había entrado a una licorería insultando y tirando piedras de tamaño temerario a todos los que estaban dentro, odiaba a los borrachos. No consiguió contusionar a todos pero llenó de moretones a unos cuantos y a dos los dejó bastante jodidos. Mientras vaciaba su saco de cambolos pensaba en esos locos estadounidenses que entran con ametralladoras de última generación disparando a todos los rincones llenando el suelo de chocolate, se hizo llamar “Billy the Kid”. Billy fue preso y Wydma puso rumbo a Escandinavia.
Desde pequeña le había subyugado la idea de vivir en una estepa nevada, en una casita de chocolate con un tejado cubierto de hiedra en verano y de nieve apelmazada, tupida, en invierno, renos alrededor, y no tan lejos, los lapones. Pero al aficionarse a las series nórdicas grabadas en pueblos costeros y ciudades, también por la proximidad de la materialización de su deseo en la cual intervenía más los datos concretos de precios, supermercados, comidas, restaurantes, tiendas, medios de transporte, y otras comodidades convenientes, sobre todo en el aislado norte, empezó a preferir dentro de sus anhelos, la nieve igual de caída y agrupada en cantidades generosas, pero sobre un emplazamiento más urbano.
Fue a Oslo, conocía a un amigo checo que vivía en la ciudad, se alojó dos meses en su apartamento que era de dimensiones aceptables para dos personas, pero como cabría suponer al menos en el terreno de las probabilidades el amigo tenía intenciones de intercambiar secreciones. Cosa a la que Wydma no se opuso en absoluto, en cierto sentido hasta le pareció una prestación extra, pero teniendo claro que era para dejar escapar la tensión en unos cuantos gemidos, contorneos, mamadas mutuas, paseo de lenguas y sobre todo abrazos, que al fin y al cabo eran protectores. Wydma era especial, todo lo hacía con sentido, no necesariamente para obtener algo pero sí habiendo sopesado pros y contras, y para ella empezar en una ciudad tan distinta en todo a su idiosincrasia suponía una presión extra que de alguna manera debía liberar. Milenko era una perfecta vía de descarga, un tipo alegre, amable, culto, estaba bueno, quizás con el culo un poco flácido pero tenía buen rabo, ella solo tuvo que dar unos retoques en las costumbres higiénicas y la sugerencia de cierta variedad culinaria, por lo demás estaba perfecto, además de contar con refugio hasta que pudiese independizarse. Ella le propuso pagarle la habitación que ocupó, pero Milenko se negó, solo le puso la condición de compartir gastos de comida y el dispendio, tampoco demasiado seguido, de esas energía hierática acumulada en la semana. Wydma era rubia, tenía el pelo lacio, ojos verdosos, piel pálida, pero sus curvas, el culo, las tetas, los muslos y sobre todo la gracia al andar eran marca registrada de allende los mares por donde el sol calienta más, Milenko se preguntaba como no se cansaba de caminar y hablar como si estuviese bailando, a veces se le paraba solo de mirarla, “uf es explosiva, blanca y mulata, dos en una, y las dos son unas bombas”, pero no la molestaba más que esa emergente vez a la semana en que todo parecía confabularse para sintetizarse en un abrazo ¿qué importancia tenía si con génesis en el deseo lascivo o de cueva cucha? Al final era un imperioso anhelo de ambos, el placer y la caución entreverados sin mezclarse intercambiando virtudes, tras el vidrio climatizado de una ventana empañado por dentro, congelado por fuera.
Ella no estaba ni estaría enamorada de él, pero la pasaba bien, le encantaba calentarlo y después fornicar con desenfreno. Milenko ya le había dicho que le gustaba la ropa interior blanca, de algodón, podían presentar algunos estampaditos pero tenues que no irrumpiesen en los dominios del blanco descolocándolo, en todo caso que lo potenciasen, le encantaba la vista de la vulva desde atrás apresada por la braga blanca, las piernas que aparecían desde los pliegues que formaban los glúteos, y cuando apretaba levemente con sus manos las nalgas cubiertas por esa tela ajustada, suave al tacto, se producía un contacto directo entre los dedos y la zona del cerebro encargada de enviar de inmediato la señal de zafarrancho al rabo. Una tarde Wydma fue a comprar un nuevo juego de lencería
del tipo que tanto a ella como a Milenko le gustaban, en la tienda le atendió una empleada que hablaba español, así que se entretuvo charlando un poco más de lo estrictamente necesario, la muchacha era uruguaya, había vivido casi la mitad de su vida en Buenos Aires y ya iba por la otra mitad entre Copenague y Gotemburgo, estaba probando hacía pocos meses vivir en Oslo, pero su intención era mudarse a una ciudad pequeña del interior, Wydma le dijo que esa era exactamente su misma intención. En realidad no lo tenía definido del todo pero encontrarse a alguien que pareciese tan cercana, tan ella misma y que tuviese esa decisión tomada cuando había cubierto una parte de la geografía escandinava viviendo, terminó de ponerle la guinda a un deseo que se mostraba más firme en la medida que se alejaba hacia atrás y en tanto iba acercándose al momento de decidir el enclave exacto en donde le gustaría “arranchar” todo se hacía más difuso y empezaba a carecer de sentido, como si la finalidad de esa idea motivadora no fuese más que una excusa para escapar del tedio, de sí y de su futuro.
Toscar y Milda
Todo comenzó cuando Toscar hizo un movimiento brusco por un repentino dolor lumbar y al regresar a su posición perdió estabilidad, trató de sujetarse pero ya era tarde, la cabeza había comenzado a tirar del cuerpo hacia abajo y cayó con todo su peso sobre el hombro, del toro mecánico con que extraía los pallets dispuestos en stock en la nave industrial en la que llevaba dos años trabajando. Tuvo fractura de clavícula y una vértebra dorsal, el yeso lo tuvo que llevar puesto seis meses, cada dos meses se lo renovaron por el desgaste y para analizar el progreso de la cura, esos instantes los aprovechaba para rascarse, ventilarse, asearse, moverse y volverse a rascar con una sensación de alivio retrospectivo que le proporcionaba un placer difuso e intenso.
A los seis meses, cuando le retiraron el yeso se dirigió al departamento de Recursos Humanos para ponerse a disposición de la empresa y comenzar a determinar cual sería la cuantía de su indemnización. La empresa le comunicó dos decisiones en ese mismo instante, ni regresaría al trabajo ni recibiría un solo céntimo por su accidente laboral. Ahí comenzó la andadura por el desierto de adhesiones, solidaridades y apoyos de parte de la ley para Toscar, cada día que pasaba en su lucha por reparar lo que consideraba una injusticia medieval se quedaba más solo en el apoyo en público, más acompañado en el apoyo en privado, pero sobre todo más indignado y apertrechado de una fuerza de voluntad que desconocía en absoluto directamente proporcional a la profundidad de su enfado, rellenando un espacio generalmente destinado en exclusiva a la depresión.
Del dinero que tenía ahorrado le quedaba más o menos para una semana de compras de alimentos al más bajo precio que se conseguía en el barrio. Había un supermercado a cuatro kilómetros pero debía ir en coche, lo que gastaba en combustible era el doble de lo que se ahorraba en la compra. Pero ese día dijo “basta” y se fue a un restaurante del barrio aledaño, en la avenida principal, donde se gastó en comer con su vino y su postre todo lo que le quedaba para alimentarse en su semana de despedida de la resistencia pasiva, decidió apresurar el ¡puafata! el ¡tawata! el ¡bumbata! Tal como pensaba que sonaría el trastazo contra la acera, el choque contra la vereda amortiguado por las ratas o las navajas de los pendencieros, la curvatura convexa de los baches, la caricia de las agujas de las jeringas y el brillo de los vidrios de las botellas.
Fue de casa en casa de amigos, familiares que todavía no estaban podridos de verlo, tocando timbres a horas intempestivas o demasiado apropiadas, justo cuando la cacerola salía de la hornalla. Se dio cuenta de lo buena que puede ser la gente, que acaso en algún recodo del camino pudo haber no contado con toda la suerte que habría deseado atesorar, y que puede haber sido producto de la acción de algún o alguna hijo o hija de la remil puta, pero que en general cada cosa que él tocaba buscando alguno de los sucedáneos del amor le respondían afirmativamente, pero eso sí, siempre era gente sin acceso a ningún poder.
Su novia, Katja, encontró demasiado pedregosa la relación, había pasado de divertirse siempre que se veían, haciendo el amor y el humor, a pasar estrecheces y discutir alimentando un tumor. Así que sintiéndolo mucho, con el dolor de su alma lo dejó en Pampa y la vía más tirado que un dardo. Toscar dijo que lo entendía, -cómo no te voy a a comprender si esto es un desastre, si no te apoyo más es porque el otro soy yo- Esos conocidos que a veces llamamos amigos, pero que sirven muy poco más que para ir a tomar un helado o una cervezas, también de a poco, sin declaración de ruptura como la novia, se alejaron de igual manera, comenzó a haber una sensación de frío allí por donde pisaba Toscar que lo llevó a sentirse una especie de súper héroe de los cómics. -Nadie está cerca de Batman ni de Superman, menos de Flash o Linterna Verde- pensaba Toscar – aunque seguramente todos los habitantes de la ciudad de Gotham o los colegas de Clark Kent querrían tocarlos, pasar dos segundos a su lado, sacarse unas selfies anacrónicas con cámaras Kodak descartables o mejor aún con Polaroids, era distinto en este sentido, pero si se hubiese hecho una instantánea de Superman y una de él, estarían idénticamente igual de solos frente a los que les esperaba.
La ventaja de pensar en un súper héroe solitario en lugar de en un apestado, es que le daba la capacidad de pensar en cuál sería su próximo paso en vez de salir disparado queriendo dejar su culo atrás. Toscar sabía que el engaño solo dependía de la posición que uno tomase en el relato, cualquiera fuese su sinopsis. Primero empezó como un mandato para reforzar su confianza en tiempos de telarañas, pero de a poco se fue convenciendo de que, en efecto, aquello que no lo mataba lo hacía más fuerte, y desde luego la soledad no era en modo alguno una amenaza.
Capítulo II
Albertico, su amigo casi hermano, aunque como él solía decir “un casi hermano de los que salen buenos” al revés que los otros, se aproximó más en la medida que la mala suerte iba cercando a Toscar e iba despejándole el camino de obstáculos para caer hasta el último peldaño de su yo más desprovisto de falsas apariencias, de barnices, luces y adornos. Un yo que no estaba compuesto de adoquines ni de estiércol como solía conocer, sino de tierra seca, casi polvo de tierra, sin piedras ni plantas. Albertico era cazador. Salía cada mañana a resolver las ecuaciones que la vida le planteaba para poder llevar algo a la olla. Era una manera de decir ya que frecuentemente resolvía recursos para una temporada, en los peores casos era como cazar una perdiz y en los mejores, ¡ay los mejores! Todavía nunca había chocado con las mejores tardes de caza, pero se acercó un par de veces alzándose con un buen turrón. De todos modos aunque Albertico se creyese un mago de la calle, el ventilador de la aspiradora, estaba tan lleno de códigos impuestos por la corrección caballeresca del ladrón y estafador que se imponía códigos a manera de solucionar el tema de la imagen propia ante sí mismo, ni viejos ni menores, ni a mujeres ni a hombres demasiado nobles, ni a débiles ni a pobres, que parecía más bien un bombero de salvataje de alta montaña en vez del delincuente que creía ser. Al principio su estrecha amistad se debía a que Albertico se había singado a la hermana de Toscar, era una hermana mayor, y era hija de la madre con otro padre, no era para tanto pero dentro de ese decálogo de comportamientos de Albertico eso no estaba del todo bien, así que al inicio sintió compasión por el amigo, como si fuese un poco cornudo, era solo la hermana pero bueno una hermana tan linda, en fin. Sentía culpa, pero con el tiempo fue afianzando la amistad de tal manera que quien le aconsejaba las vías de escape o coartadas en sus "palos" era Toscar, que no tenía ni idea siquiera de robarse un dulce del kiosco. Sin embargo al muy cabrón se le daba bienorquestar planes, era como un campeón de ajedrez, pensaba en todo.
Toscar y Albertico eran del mismo barrio de clase obrera y marginal. Los tiempos en que por lo general todos los vecinos tenían trabajo habían quedado muy atrás, la mayoría de familias eran un burujón de desastres, de gritos, portazos de vetes para el carajo, a tomar por el culo o a la reputa madre que te parió. Ya ni siquiera las viejas estaban pendientes de los chismes porque eran tantos que no daban abasto para comentarlos en el mercado o la plaza. Bueno ese terraplén al que llamaban eufemísticamente “plaza” acaso porque le quedaban unos banquitos de la época en que los viejos jugaban cartas y dominó. Ya solo paraban los chavales día y noche, los de vida más o menos sana paraban por la mañana hasta la hora de comer, a media tarde ya se hacían con el terraplén los que ya se veía que nunca terminarían progresando en un trabajo y por la noche los que ya tenían demasiadas claras las sombras verticales de las rejas en sus caras. Ni los de la mañana ni los de la tarde ni los de la noche estudiaban ni trabajaban en nada, pero los matutinos al menos estaban bajo la vigilancia todo la atenta que se podía de madres, padres parados tíos y primos mayores también, más o menos vagos, pero con un cable a tierra. De esos había sido Toscar y Albertico de los de la noche. Toscar quería progresar, sabía que para eso tenía que salir del barrio, con una beca, con buenas notas, o escapando a Dinamarca, tenía esa obsesión, Copenague y después Jutlandia, tenía esa idea fija imaginaba Jutlandia semi vacía, enorme, donde necesitaban de todo por ende seguro que él lo precisarían para algo, ahí sería muy importante en lo que supiese hacer. Su fantasía y anhelo había nacido de unas imágenes campestres, de inmensas praderas de pasto verde claro brillante y florecitas violetas come las de brezos pero menos rudas, que formaban la mayor parte de una película danesa que había visto cuando niño, de la cual no entendió nada, pero que le dejaron fijadas en el hipotálamo las fotos fijas, claras y diáfanas que conformarían la base de su sueño motivacional. Para ese objetivo Toscar se aplicó en los estudios, pero además encontró placer en la lectura y libro tras libro se cultivó de manera bastante solida, llegó a atesorar conocimientos básicos de pintura y arquitectura, nociones dispersas, intuición natural, un acervo cultural destacable en el barrio pero que no dejaba de tener solo tres patas.
Albertico era al revés, no solo no le interesaba ascender en la escala social o cultural sino que no le importaba en absoluto ocupar posiciones consideradas de descenso. Siempre que el menoscabo fuese de cara a los demás y que consigo mismo se sintiese a plenitud, le importaba un pepino en que nivel se encontrase, incluso le hacía cierta gracia y le proporcionaba chispas de orgullo que cierto tipo de persona prefiriese mantenerlo a distancia. Tal vez por esa razón Milda, la hermana de Toscar, se sentía atraída por él.
Ella había tenido que ayudar a su madre en todo desde que era adolescente privándose de las salidas de exploración en los dominios de la alegría que las chicas de su edad solían practicar en su barrio, a veces por el estado de extenuación absoluta de la madre, que no paraba de trabajar, y a veces porque prefería no ir con esos vestidos o jeans sin swing que colgaban de las cuatro o cinco perchas que poblaban el generoso espacio dentro del placard. Milda leía novelas de amor y de viajes con idéntico interés y escribía con fruición, volcaba todo lo que le pasaba por la cabeza durante el día en diarios que se apilaban en forma de cuadernos y agendas, ella tenía una letra tan ininteligible que ni ella la entendía a veces. Cuando más prolíficas fueron las horas de apuntes en sus cuadernos fue cuando la madre comenzó a discutir con demasiada frecuencia con el padre de Toscar, con quien habían convivido en una más que aceptable paz hasta que el niño dejó de tener esos cachetes redondeados y los últimos retazos de la risa de bebé que traía atenazada, como encadenada desde la cuna. El primer novio que tuvo, Frede, tenía un año más que ella, cada vez que se quedaban besándose en la esquina el padrastro salía a llamarla y cuando se despegaba de sus besos y sus manos que agarraban todo lo que sobresalía, se quedaba mirando impresionada un chichón enorme en la bragueta de Frede, que sabía como iba a bajarlo más tarde, casi de la misma manera que ella al poquito rato de entrar a la casa. Pero no fue Frede el primero en acostarse con ella. Su padrastro de tanto asomarse a la ventana para llamarla, empezó a mirarla cada vez más tiempo antes de pegar el grito que la reclamaba para cenar o dormir. Un día se sorprendió tocándose por encima del pantalón mientras miraba como Frede levantaba la parte baja del vestido de la medio hermana de su hijo, metiendo la mano entre las dos nalgas que ávidas, devoraban los dedos hasta los nudillos, junto a la diminuta ropita interior al compás de sus inquietantes contorneos, mientras sus bocas seguían aplastando unos labios contra otros, saboreándose comisuras, lenguas, mejillas y orejas, sin permitir a un pequeño vello o a la astilla de un taco de cera, obstaculizar la ruta del retozo.
Cristian y Sari, padrastro-padre y madre de Milda y Toscar, ya no sentían la misma tensión pasional haciendo el amor que al inicio de su relación, cada vez era más frecuente que los besos cercanos a la eyaculación o los orgasmos fuesen con la cabeza al costado de la mejilla, cada uno con sus ojos cerrados o entornados forzando la aparición furtiva de imágenes de vecinos, compañeras de trabajo, amigos de la familia, cualquier auxilio era bienvenido en ese instante. Y también por supuesto era algo previsible y soportable mientras no se evidenciase demasiado. Llevaban un tiempo ya prolongado durmiendo juntos, habían sido muy lujuriosos en la cama aunque poco creativos, habían disfrutado como enanos cada centímetro de la carne del otro, los líquidos, las protuberancias y las voluptuosidades, incluso hubo un tiempo de promiscuidad programada, se podría decir que habían disfrutado bien el uno del otro exprimiendo la fruta hasta la cáscara. Aquellas guardias desde la torre de control de su ventana a la apretadera de su hijastra, a la que Cristian nunca antes había mirado con picaresca lasciva, pero que ya resultaba imposible enfriar la temperatura ante semejante metedura de mano, en que ora el culo, oras las tetas, quedaban expuestas escapando de las prendas a la evidencia del esplendor de su suavidad, de su esponjosidad, de su maniobrabilidad. Daban a Cristian un extra de energía y deseo que, una vez exportado, sorprendía a Sari, que ante tanto ímpetu de vanguardia no encontraba mejor camino que aquella senda poblada de abetos, colibrís y arroyos de agua cristalina para dejar llevar su barca, aunque obviamente ella, en su fuero interno y no demasiado profundo, sabía que el cariz de aquel arrojo, aunque no provenía de las monótonas ensoñaciones de costumbre, era motivado por algún novedoso agente externo de los que ya era imposible prescindir. De algún modo la calentura de Milda y su novio en la apretadera de la esquina, dotaron de cierta alegría y distensión el tiempo compartido en salón, cenas, desayunos y juegos de cartas, que de manera sorpresiva también reencontraron su cauce sobre la mesa del comedor una vez expulsadas las miguitas de pan, las cucharitas y los vasos de la cena.
Pero Cristian tenía un gran amigo, Bent, compañero de trabajo en su juventud, al que no tenía reparo en confiarle los sucesos, sentimientos o emociones más íntimas, botella de espirituoso mediante. Solían encontrarse en presencia de sus respectivas familias, hijos o esposas, y al cabo de un rato uno le decía a otro de manera espontánea –Oye, vamos a tomar un cafecito a la esquina- y ahí comenzaba la noche de curda. Era el único momento en que Sari creía perderlo como había perdido a cada hombre de su vida empezando por su propio padre, y solo por esta razón odiaba a Bent, ya que era imposible odiar Bent por otra cosa, era tan exquisito visitante como anfitrión, no olvidaba detalle alguno, se movía con una bien labrada educación, nunca daba un paso más allá del que le era concedido con un ademán o una invitación directa. Era sumamente cuidadoso de las relaciones interpersonales y un conversador ecléctico, divertía a niños y adultos por igual. Excepto cuando se sumergían ambos amigos en esa catarata irrefrenable, que ambas esposas sabían que de un momento a otro llegaría, pero albergaban la vana esperanza de que un día sus respectivas presencias fuesen mayor estímulo para sus esposos que el taburete de un bar y la charla de borrachos en el billar. La esperanza presenta forma de paloma dócil mientras por dentro se pelea con sus compañeras por un trozo de pan, mientras que la dura realidad es un águila que, junto a su compañero o amiga vitalicia, vuela tan alto y tan lejos que es imposible que llegue a molestar a alguien. La esperanza es inofensiva y la realidad temeraria.
A veces en las visitas de dos o tres horas compartiendo una cena, una larga sobremesa, risas, reflexiones, parecía que esa sería la ocasión en que el amor marital tendría más posibilidades y llegaría a su fin el encuentro, cuando de repente, en voz alta uno de los dos le proponía al otro ir a por su cafecito de rigor. Unas veces para variar usaron, sin acuerdo previo, la excusa de ir a buscar un helado, e incluso llegaron a decir la verdad en cuanto al líquido que irían a homenajear - ¿qué te parece si nos tomamos una cervecita y volvemos?- Cuanto más se acentuaba el diminutivo mayor se vaticinaba la curda. Ambos lo hacían sin la mínima mala intención pero al cabo de un rato estaban enredados en ese triángulo en que la botella presidía la pirámide con mano de hierro. Más de una vez Sari estuvo a punto de explotar pero contenía ese impulso violento, no quería volver a trabajar como una burra, desde que estaba con Cristian más del setenta por ciento del sostén de la casa provenía del trabajo de él, por primera vez desde que era niña, había podido volver a tener tiempo para pintar, para leer y ver televisión, no quería arruinar eso solo por unos celos incontrolables, que incluso no alcanzaba a distinguir bien, si eran hacia ese nexo tan imposible de penetrar o romper de su esposo con su amigo o hacia el elixir de la botella, que en todo caso, y por suerte, solo bebía con Bent.
Pues un día Cristian le confesó a Bent la calentura que estaba experimentando observando la apretadera de su hijastra con el novio, no solo le reveló la consecuencia sino que fue a los detalles, a esos dedos de él arrastrando la braguita hacia la profundidad de la hendidura de las nalgas donde cualquier cosa podía ser imaginada, el contorneo de ambos provocado por el aguijoneo del gozo, le confesó como él, juraría que desde lejos podía oír los jadeos, los suspiros, los “ah” los “uf” y los “oh”, y para ser más leal con su amigo le dijo como se le ponía el rabo y que rico era eso para después singarse a Sari con fiereza, tanta, que a veces debía contenerse y disimular la excitación distribuyéndola en dos polvos, cosa que sorprendía Sari, quien no obstante conseguía asumir sin derroches de voluntad.
“Por la cuenta que le trae”
Una tarde fría Bent fue a cuidar la casa de su amigo y su familia a petición de este, se había ido con Sari a pasar un día afuera y los muchachos se quedaban solos -“no hace falta que te quedes todo el tiempo solo que veas que llegan a casa bien, por favor y un millón de gracias” – en esa ocasión la agradecida fue Sari. Por una vez toda la simpatía del amigo de su esposo no finalizaría con el broche de una buena curda. “ustedes saben que es un placer para mi y un honor a la amistad”.
Cuando regresaron Toscar y Milda, él les propuso una pizza, los muchachos aceptaron gustosos, pero Milda le dijo que tenía que salir un rato a ver a su novio. “si el maldito celoso de Cristian te lo permite ¿quién soy yo para frenarte?, ve pero no vuelvas muy tarde”
-Bent, cuando sea la hora basta que subas al cuarto de invitados y me pegues un grito como hace Cristian
-Hecho.
Terminaba de salir Milda por la puerta y Bent subió las escaleras estrechas y se metió en el cuarto de invitados con la luz apagada. Tuvo que esperar un poco porque los novios fueron a tomar algo como de costumbre. Bent no los tenía tan cronometrados como Cristian, pero la espera había valido la pena, al cabo de no demasiado rato ahí estaban en el punto exacto en que le había descrito su amigo, besándose con frenesí, ella iba mucho más allá de lo que Cristian le había contado, tomaba iniciativas muy audaces sobre la bragueta del novio, sacó su glande a través de la cremallera del jean y comenzó a meneársela, hasta que bajo ese tenue pero perceptible haz de luz comenzó a hacer unos movimientos principiantes, inexpertos, hacia arriba y abajo volviendo a besar al novio en la boca, mientras Frede sumido en el éxtasis de las caricias lo redondeaba paseando sus manos por las tetas, las nalgas, la vulva por encima de las braguitas adheridas a los labios de un sexo hinchado y empapado. A esa altura con la suma de las fantasías que ya tenía estancadas pero al rojo vivo en su cerebro y lo que acababa de ver y suponer, estaba caliente como una cafetera. Abrió la ventana y gritó ¡Milda, sube! Comieron un par de porciones de pizza de barbacoa, una ignominia que causaría el infarto de cualquier italiano desde el Véneto hasta Trapani, pero por como la devoraron no cabía duda que estaba riquísima. Y entonces Bent le pidió que subiera con él al cuarto para enseñarle lo que se veía desde ahí, cuando llegaron le pidió que mirase por la ventana y se puso detrás de ella, empezó a describirle con voz aterciopelada lo que acababa de presenciar y como lo había puesto, que no era justo que él fuese a llamarla para comer y tuviese que vivir algo semejante, que le había descolocado todas las hormonas y se sacó el rabo para enseñarle que duro lo tenía, Milda comenzó a recular hacia donde podía en la penumbra y el pequeño espacio que le dejaba Bent, primero queriendo simular que nada de eso estaba pasando, después le pidió disculpas, le dijo que no sabía que se veía tanto, pero no era solo Bent el que estaba muy excitado, así que Milda echando su culo hacia atrás comenzó a acomodar el tronco del Bent en el canal de su trasero giró su cabeza y con los ojos entornados ofreció la boca con los labios húmedos y la lengua asomando por la comisura, entonces él acarició sus pechos, introdujo la mano en su blusa y acarició los pezones, que estaban duros, empinados, el jadeo de ambos era fuerte, Bent tomó la mano de Milda y la colocó en la base de su pene ella como si tuviese un milenio de experiencia comenzó a acariciar los testículos y el mástil hasta el prepucio mientras él acariciaba con suavidad la entrepierna de ella que cada vez temblaba más, hasta que paseó sus dedos por la entrada de la vagina, los gemidos de Milda, los pequeños sonidos en medio de un extraño silencio y la puerta abierta hicieron que Toscar sintiese curiosidad por lo que estaba ocurreindo allá arriba. Así es que sintiéndolo mucho ambos se soltaron y abrocharon lo que habían conseguido liberar ni bien escucharon los pasos en la escalera del muchacho.
-Hola, estaban muy callados, ¿está todo bien?
-Sí, Toscar, estábamos mirando los rincones de la ventana porque vimos una araña para asegurarnos que no había más.
Milda se fue a su habitación doblemente excitada, su cuerpo era un volcán, quería cerrar rápido la puerta para comenzar a masturbarse con una intensidad volcánica, la misma que ella pensaba que estaría invadiendo a Bent.
-¿Está todo bien Milda, pasa algo hermana? Dijo Toscar asomándose a la habitación ya a oscuras de su hermana.
-Si, es que tengo mucho sueño.
Toscar le pidió permiso a la hermana para dormir abrazado a ella, ella asintió, él entró al edredón se puso en posición fetal detrás del cuerpo de su hermana mayor, así estuvieron un largo rato, mientras él intentaba dormir ella imaginó que las manos del hermano eran las de Frede y Bent, Toscar en la ignorancia absoluta de la versión extraoficial no obstante sintió algo diferente, un placer indescriptible al rodear con las yemas de sus dedos el vientre de su hermana y subió a las tetas, ella apretó su trasero contra la ingle de él. En el más absoluto silencio y sin evidenciar nada, ambos experimentaron orgasmos intensos, aunque de diferente índole. El de ella había sido procurado con insistencia, sintió una punzada de culpa por usar al hermano para su fin pero le tranquilizó la idea de que él no sabía nada de lo que estaba ocurriendo, y que además, era medio hermano, no lo hizo con la mitad familiar. El orgasmo de Toscar fue el primero de su vida, no supo hasta mucho tiempo después que había sido aquello, también la culpa de haberlo experimentado con su hermana le llegó mucho tiempo más tarde. Su cuerpo entero tembló, su pene se había endurecido y alcanzado un tamaño como nunca antes lo había sentido, una corriente le recorrió todo el cuerpo, no solo los testículos y el tronco del rabo sino desde cada dedo del pie hasta cada raíz capilar del cuero cabelludo y empapó su calzoncillo de una sustancia espesa. Plácidos, habiéndose brindado un amor más que fraternal, se quedaron dormidos alumbrados por la luz de la luna que atravesaba las cortinas de la bendita ventana.
Nunca más mencionaron el episodio, pero a partir de ese día Milda sintió que su hermano la había pasado en edad, y Toscar, que nunca supo lo que había ocurrido poco antes con Frede y luego con Bent, cuando fue consciente de que su primera relación sexual, aunque difusa, imprecisa, sin preámbulos fue con su hermana, tuvo una ambigua sensación, por un lado de una culpa que se presentaba cada vez que se aproximaba la posibilidad de una relación sexual y por otro una seguridad en sí mismo y en que cada cosa que desease, si lo hacía con ahínco y determinación, terminaría por cumplirse.
Bombardeos de la paz
Sentí conformidad y algo de alivio con que el Nobel de la Paz no se lo llevase el mayor instigador de odio entre norteamericanos y con los inmigrantes dentro de los EEUU, tras enviar tropas a LA y militarizar Portland y Seattle.
Y por otro lado creo que a María Corina habría que premiarla con un reconocimiento a la lucha, al coraje. Las palabras existen para describir objetos y acciones, el hecho de exhortar a una sublevación armada, a Guarimba y pedir intervención militar a Trump con su 82ª División aerotransportada y a Netanyahu con sus bombardeos, de ninguna manera está relacionado la palabra Paz, sino más bien lo contrario, amén de las razones que lo impulsen y de la sensibilidad ideológica de cada cual. Que la hubieran dignificado con un reconocimiento que enaltezca su espíritu su energía, su valor, sería acertado, pero no con el premio pensado para activistas que aboguen por solucionar cualquier conflicto de forma pacífica.
Supongamos que a una gran bailarina le entregan un premio pensado para la Mejor novela, y que cuando alguien se sorprende por el gazapo le dicen "Pero hombre, no vas a negar que es una gran bailarina". ¡Claro que no, incluso reconozco que es la mejor, pero el premio es para novela no para ballet!
No andaba muy enterado de la trayectoria de María Corina Machado más allá de la buena gente que conocí en años pasados en EEUU, Oslo, Vilna y Estocolmo; pero a raíz de este premio me he informado sobre sus pasos y me resultó lamentable lo que encontré sobre las exhortaciones a diversas formas de derramamiento de sangre y felicitaciones a Netanyahu por el genocidio en Gaza.
Nadie le puede negar el valor y la entrega a la lucha por sus ideas, pero tampoco nadie puede negar su instigación a las formas más incisivas de violencia.
Lo difícil de entender es como manipularon, retorcieron, atomizaron, la semántica del término "paz" los componentes del jurado en Oslo para encontrarle cabida a María Corina entre el significado y significante que dio lugar a la famosa paloma blanca que inmortalizó Pablo Picasso con trazos simples y magistrales.
Lo único bueno de todo esto es que ojalá sirva para normalizar la situación política en Venezuela. Sin dictadura, sin autoritarismo, violencia gubernamental ni tampoco violencia opositora ni extranjera.
Y para que en vez de mostrar obsecuencia a Trump dedicándole el premio, le exija que no revoque el TPS en Noviembre que protege de la expulsión y el infierno a más de 300 mil exiliados venezolanos en Estados Unidos.
Narcocapitalistas y narcocomunistas
Históricamente la izquierda revolucionaria y el narco estuvieron muy bien relacionados, solo basta echar un ligero vistazo a la historia reciente de Colombia y el financiamiento de la guerrilla y su relación con los carteles de la droga. Los indicios del uso de la isla de Cuba para punto de escala en el tráfico de cocaína desde el sur al norte del continente americano, por hechos de público conocimiento como la causa Nº1 que desembocó los fusilamientos de Ochoa, De La Guardia, Padrón y Martínez, uno de los eventos llevados a cabo a cielo abierto con evidencias más diáfanas de nuestros tiempos junto a Iran-Contra o Wartergate, y varios otros casos escandalosos más o menos difundidos, que proscriben toda necesidad de investigación dado el descaro evidente con que se llevaron a cabo.
Si bien el tráfico de drogas ha sido transversal y nunca manifestó preferencia sentimental por ninguna sensibilidad ideológica, se da por igual a todas, su lujuria no distingue barnices, cosa que en el lejano Oriente quedó más que patente con las guerras más sanguinarias por el control de la amapola y sus derivados, opio, morfina y heroína y en los gratos superávit de los mayores bancos capitalistas del orbe. Es tanto el dinero que mueve el tráfico de narcóticos, tanto el oriental como el occidental, tanto el de procedencia natural como el de laboratorio, que no deja de lado a nadie, solo depende la integridad personal de cada individuo, no se declarada sensibilidad social.
Pero en estos días ha habido una coincidencia nada baladí en dos representantes de la derecha, una en España y la otra en Argentina. En España el presidente del Partido Popular fue fotografiado en distintos momentos de su vida como presidente de la Xunta de Galicia pasando momentos de solaz junto a un importante narcotraficante gallego, Marcial Dorado. En Argentina el escándalo lo protagoniza Espert, diputado e importante militante de la Libertad Avanza y persona de la total confianza del presidente Milei, que aparece en la investigación por narcotráfico en EEUU, acusado incluso años atrás por importantes figuras libertarias del núcleo intimo de Milei como Lilia Lemoine. A uno en su yate a otro en su avión. Lo descorazonador del caso español es que no haya tenido consecuencias ni en la justicia ni en la opinión pública, esperemos que no ocurra lo mismo con su homologo argentino.
La tendencia de la izquierda a simpatizar con todo elemento que exceda los parámetros del "establishment" , así sea lumpen, marginal, delictiva, llevó si bien no a simpatizar abiertamente con los capos mafiosos de la droga, sí a asimilarlos con un dejo romántico, indulgente.
¿Será que la nueva ultraderecha, la que rehúye los ceremoniales atávicos, la que insulta con términos procaces, caracterizada por su incultura general, la que por un lado miente sin trazas de vergüenza en la prensa, y al mismo tiempo revelan a la sociedad sus más bajas intenciones sin el más mínimo prurito, incluye hoy en su desparpajo característico, desatar los últimos lazos diurnos del corset de las buenas formas y la hipocresía burguesa?
Madrid ecléctica
Adoro Madrid, es la ciudad de todos, más de todos que NYC, desde el primer día te puedes sentir madrileño tomando una caña en un bar, sentado en una plaza o en un vagón del metro. Pero todavía se me hace bola (difícil de tragar como un bocado de carne tendonosa) que comicios tras comicios elijan a lo peor de esa maravillosa ciudad. De Esperanza Aguirre, Cifuentes a la actual Isabel Díaz Ayuso con su escasísima cultura e ignorancia en temas fundamentales de la historia política y general española y de límites muy difusos frente al dinero público. Cabe aclarar que en su primera presidencia, en realidad Madrid sí eligió al profesor culto y decente Gabilondo, pero Ciudadanos impidió que gobernase. Tres presidentas mujeres, de ultraderecha y amigas de lo ajeno.
¿Por qué esa tendencia al facherío, cuando en los momentos más álgidos de la Historia, la población de Madrid siempre estuvo del lado del progreso, de la vanguardia, de las sempiternas consignas de emancipación y de reparto de las riquezas como lo atestigua su fundacional arquitectura de villa?
Siempre, en el No a la guerra, el matrimonio igualitario, las movilizaciones antifranquistas, un bastón de resistencia republicana, incluso la bandera del Real Madrid conserva un color morado o violeta de su pasado republicano establecido en 1931, fue trinchera contra los franceses de Napoleón, defensora de la constitución La Pepa de Cádiz de 1812 , una ciudad pujante que echó al aberrante gobierno de J M Ansar mediante el mensaje "pásalo", una ciudad que siempre da respuesta a las expresiones más reaccionarias, pero que también vota precisamente a esas expresiones, salvo honrosas pero muy escasas excepciones.
Una ciudad donde la mayoría repudia el genocidio en Gaza y cualquier otro genocidio ¿Cómo se permite tener en la Presidencia alguien que defiende esa matanza indiscriminada? Asombra como gente a quienes se les supone un mínimo de conocimiento, hace suyo un escudo tan absurdo como el que utiliza Netanyahu de calificar de "antisemita" en lugar de antifascista o antisionista, a todo aquel que condene la masacre indiscriminada de tantos miles de niños en Gaza mediante bombazos y hambre. Un disparate homologable a que fuesen tildados de racistas quienes condenasen a los hutus que exterminaron a un millón de tutsis en Ruanda en el año 1994.
He aquí la respuesta de Nacho Duato a la expresión neo nazi de Díaz Ayuso:
"Estoy dando una vuelta por aquí, por Madrid, y no puedo aguantarme decir lo siguiente: acabo de ver en televisión a la señora Ayuso diciendo que España está dando muy mala imagen por boicotear la Vuelta ciclista en Asturias, en el País Vasco, que pobre ciclistas, que quizá vamos a acabar con sus carreras deportivas", ha empezado diciendo Duato en un vídeo que ha subido a Instagram
"¿Sabe quién da mala imagen, señora? Usted, que cuando se va a Nueva York, en lugar de ser una política como dios manda y hacerse una foto enfrente de la estatua de la libertad, del Metropolitan, se la hace con un peluche de King Kong, paleta, que tiene más muertos encima que la ETA. Es insoportable", ha afirmado Duato.
A solo una semana de esta respuesta de Duato, Madrid, siempre ecléctica, impredecible, una vez más muestra que en los momentos más cruciales está del lado de la vanguardia en ocasiones española, otras veces europea y más de una vez mundial.
¡Bravo Madrid! única, versátil como su origen, Matrice como pequeño enclave romano, Magerit para el reinado visigodo o Mayrit como única capital de Europa fundada por árabes, fiel a esa pluralidad, a su carácter de Villa de mentideros, fundacional de las tapas en la Cava baja, libre como un verso sin rima ni métrica, desnuda como Ursus, cubierta o de estrellas como sus ríos, elevó la voz deteniendo la Vuelta, cosa que ni en el Giro ni en el Tour fue siquiera intentado, para que en alguna parte de este mundo se oiga el grito de decenas de miles de madres y padres que lloran la muertes de sus niños, para que el abuso más impune frente las cámaras se detenga de una vez. Empecemos por no prestarle atención a los personajes cobardes, insignificantes, que hoy pueden aparentar ser poderosos pero de los cuales la historia no recogerá ni un rastro de su existencia.
Un día las sociedades civiles del planeta sentirán una profunda vergüenza similar a la que recorrió el cuerpo de los habitantes de Oswiecim durante décadas, de cada ciudad y pueblo cercano a los campos de concentración, del pueblo alemán y de muchos intelectuales al conocerse la masacre de los nazis, pero aún mayor, porque los nazis intentaron esconder el Holocausto, Netanyahu lo ejecuta a la vista de todos, incluso impidiendo la paupérrima ayuda humanitaria de medicamentos y alimentos que intenta socorrer a la población de la Franja de Gaza. La gente ruborizada intentará escudarse en que no lo sabía, excepto Madrid, que podrá decir alto y claro:
¡Nosotros sí lo sabíamos e hicimos algo al respecto!
"Que roben pero que dejen algo"
¿Quién está más enfermo, él o sus votantes?
Argentina, país donde la frase "que roben pero que dejen algo" precede a cada período de comicios, nunca en su historia emitió un voto ético, un voto moral que se aproximase a la mayoría. Una vez ganó un ejecutivo decente, pero el motivo de su elección fue la agresividad de los contrincantes en la figura de Herminio Iglesias al salir de una dictadura militar ya demasiado violenta, no la decencia de Alfonsín, que me temo que de haberse sospechado no habría ganado sea cual fuere su oponente.
Nunca ganaron una contienda Alende, Solanas, Bregman, Carrió, Lusteau, Altamira, Stolbizer, etc. siempre se votó con mayoría a candidatos sobre los cuales la sospecha de corrupción era diáfana, clara, inexorable. La razón hay que buscarla en que cada uno en su esfera intima declina la oferta de cualquier auditoría que escarbe en los rincones. En lo personal no conozco a alguien que escudado en eufemismos como "vivo" "piola" "no boludo" "no salame" , no haya evadido impuestos, ya sea el IVA de un servicio como mudanza, reforma del hogar, etc. (ese IVA va a discapacitados y jubilados), el pago de ganancias, uno que no haya coimeado a un cana para evitar una multa, un inspector de aduana para importar o exportar un producto, ni que no se haya quedado con un vuelto, un regalito, o la evidencia de una distracción. Puede que haya habido uno, pero sería la excepción que confirma la regla y habría que buscarlo en los confines de la Patagonia. Descendemos de culturas europeas mediterráneas proclives a establecer limites morales muy difusos, tradición que en América Latina hemos llevado al límite.
El meme es gracioso pero no del todo cierto. A Milei lo votaron no solo sabiéndose que era muy cruel y desequilibrado mental y emocionalmente, también conociéndose que antes de ser presidente vendió candidaturas, denuncia que le costó el puesto de trabajo a una periodista tan anti kirchnerista y pañuelo celeste como Viviana Canosa. Mis sospechas, obviamente sumado al hastío de la población por el kirchnerismo y el peronismo en general, rondan la idea de que precisamente la certeza de ese acto de alta corrupción, ofreció la confianza necesaria en sus votantes para cimentar la victoria del personaje más estrambótico de la historia de los pretendientes al trono albiceleste. O sea si estafó a boludos, pero a los que creyeron que solo jodería al de al lado.
Por otro lado, no para evitar la bronca de mis compatriotas sino con el fin de revelar mis convicciones, creo que las sociedades que permiten la descompresión de los rigores reglamentados mediante la distracción oportuna, si bien desconocen las virtudes de la precisión, son las que gozan de la plena vida lúdica, hedonista, alegre y displicente. Pero por favor: ¡dosifiquemos!
Finlandia del sur
Es Argentina, no es Finlandia.
¿Qué votante se creyó de verdad que los libertarios no iban a encariñarse con lo ajeno, si armando las listas para las elecciones ya vendían las candidaturas? Empezaron con alta corrupción. Lo hablaba hace unos días con una amiga, en nuestro país nadie se indigna por la corrupción per se sino con la del contrincante, todos la experimentan cada día. Yo lo comparo con como se aborda todo lo que rodea al acto de depositar heces, nadie lo hace ni habla sobre el tema públicamente, sabemos que a una hora del día todos asistimos a la sala de baño con ese objeto, sin embargo a nadie se le ocurre tocar el tema. En Argentina con la corrupción sucede parecido a todos los niveles, todos sabemos que no pagaste IVA, que coimeaste a un cana para evitar la multa, que coimeaste al de la entrada, que te coimearon, que no estás tan enfermo que no sos tan pulcro pero a nadie se le ocurre meter la cucharita ahí porque la única razón por la que lo sabemos es que todos lo hacemos. Y, como en el caso de las deposiciones, hay más para callar que para comentar.
En Cuba ocurría con otras modalidades pero de forma idéntica, todos sabíamos que el espagueti o la pizza tenía poca salsa de tomate Vita Nuova, porque se la robaban para venderla en el barrio o para tenerla en casa, pero nadie se quejaba a no ser que ya fuese exagerado el aclarado del plato, porque a su vez cada uno en su trabajo se llevaba tornillos, pinceles, pintura, carne, pan, jabón, lo que hubiese a mano. Hurtar al estado era un acto de justicia divina, no te convertía en "ladrón". Así se criaron generaciones.
Dada la periodicidad y naturalidad con que se estafa o hurta mediante engaño en la vida cotidiana, el argot porteño está bien nutrido de términos que describen dicha actividad: "garcar" (cagar en lunfardo vesrre), acostar, embocar, chorear, afanar, mejicanear, y seguramente el argot en el ámbito corrupto y marginal cuente con otra buena cantidad de acepciones. Tan es así, que en alusión a estos hechos, el propio presidente Javier Milei declaró en modo furcio o acto fallido:
"Les estamos afanando los choreos"
El término "corrupción" es la descripción peyorativa de lo que en otra circunstancia, es denominado en su forma asertiva “tolerancia”. Obviamente los rasgos acusatorios y condenatorios que presenta el término en su versión despectiva no están entendidos para aplicar a nuestras costumbres, para pasar a formar parte de nuestro modo de vida, felizmente poblado de licencias discrecionales, sino para ser arrojado como un arma intangible, de un significado incierto a las huestes que se consideren contrarias.
Preferimos la tolerancia o corrupción (elijan la definición a su gusto), antes que la transparencia calvinista, que a su vez produce otras diversas perversiones.
¿De dónde van a salir nuestros empresarios, políticos, jueces, los vamos a importar de Islandia, de Japón? Y luego ¿Podríamos soportar las exigencias de su tracción paralela?
No, mejor que sigan saliendo de nuestro interminable semillero, que pondera la sobremesa opípara, la siesta y la lotería a la vez que eleva a categoría de virtud, al sudor producto del trabajo duro para la obtención del pan.
Eso sí, inexorablemente ¡el chorro es el de enfrente!
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