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20 mayo 2022 5 20 /05 /mayo /2022 23:04

Tras 49 años de despenalización en todo Estados Unidos, Oklahoma prohibió hoy los abortos en todos los supuestos.

Entramos en un franco período de involución social a nivel universal.

Este tema me llevó a recordar la frecuencia y normalidad con que se realizaban abortos en Cuba, casi como una medida anticonceptiva.

En una reacción loable (valorada desde esta España medieval en temas de religión) la Involución cubana, al inicio combatió los prejuicios y atavismos católicos con prohibición y profilaxis. No más curas y monjas metiéndose en la vida, la cama y las alegrías de la gente, que además había sido una plaga que dejó solo a los otrora bárbaros teutones, orientales, y americanos luteranos a cargo de los descubrimientos científicos y tecnológicos. Pero las consecuencias se abren paso con asombrosa independencia, y una de ellas fue que apareció una generación que no tenía ningún contén coercitivo frente al disfrute del sexo a cualquier edad, raza y posición social, llegando hasta a "cualquier estado civil", y ahí en las montañas de cuernos imposibles de camuflar, comenzaron a vivirse algunos inconvenientes socioculturales, en contra de los cuales no existe ley ni disposición filosófica o ideológica que los prevea contenga ni apacigüe.

Puñaladas en la tierna mañana ronera, delpiar de los pajarillos y el canto del gallo, piñazos, patá' y moridas se dieron sin compasión. Lo mismo en un barrio popular que en uno fino de la burguesía que debió marchar dejando a los integrantes menos afortunados y por ende más socialistas.

-Tú eres un singao- y tawuata (¿o en aras de no niponizar el castizo coloquial debería ser “taguata”?), una gilda willsmithiana, un estrallón alamareño y gaznata va y gaznata viene.

Esto ocurría cuando se descubría la firme osamenta asomando por las sienes, pero también las pecadoras cobraban sonados tranqueos que nadie en el barrio se atrevía a juzgar.

-Coño, asere, la jeva se lo buscó, el tipo reaccionó como un hombre, un poco tarrú pero hombre al fin.

Aasí como cristianizar una tierra conquistada llevaba décadas de sangre y esclavismo, descristianizarla, siempre que fuese en virtud de la gozadera más auténtica, llevó un santiamén. Pero así como el pan, la carne o el propio mango, los dispositivos intra uterinos DIU, también "se perdían" a veces, y los preservativos chinos, aquellos que parecían un neumático camionero en el rabo, cuya única virtud de última, para rescatarle algo, una vez que atentaba contra todo atisbo de placer "troncal" era engrosar el diámetro del mismo, solían salir a la venta en packs de la suerte, como en una sesión de ruleta rusa, uno de cada paquete iba agujereado. Y eso que los chinos habían cerrado a cal y canto la posibilidad del capricho de los enamoradizos recién casados, de tener un machito y una hembrita, por ley era uno u otro, el que tocase primero, y con ese te tenías que joder en Pekin, en Shangai y en la Conchinchina.

Los preservativos de caucho reforzado se rompían con la misma frecuencia y facilidad que pincharía la rueda de un camión hecha de preservativos, no sé a cuantos chinos se llevaron al calabozo de los mil años o a la gota fría por estos descuidos, pero en Cuba, cada cuatro polvos uno preñaba, y como el preservativo era el profiláctico que menos rastros del delito tarrual dejaba en el ambiente, pues ahí aparecían las sorpresas y los diferendos en las parejas:

-Coño ¿y ese jabao de donde salió?

Al principio de la Involución sumado al obligado descrédito sobre angelitos y vírgenes, se sumó que Cuba se estaba vaciando, así que se indujo a una explosión demográfica que llevó la isla de seis millones de habitantes a ocho y después no había manera de pararla, así que se pusieron a disposición de todos los singantes, todo tipo de artimañas para detener la hemorragia de fecundaciones.

Así es que entre urgencias de stop, carencias de DIU y pastillas y globitos averiados, se puso de moda el aborto. Y a la conga del traguito, del palito y la gozadera siguió la abortadera, para que no se dieran cuenta los maridos, o los padres de la niña, ni los primos y los vecinos. Cabe recordar que en Cuba confluyeron españoles muy previos a Zapatero y africanos de la tierra Enfí, ni siquiera en laboratorio se podría gestar un especímen con mayor concentración genética de machismo.

Esa fue la Cuba que yo conocí, no había otra cosa que hacer que beber o templar, pero siempre sexo heterosexual, esto conviene aclararlo, porque aunque los homosexuales no se cortaban en practicarlo, más machos de los declarados salían de sus pequeños closets para dar caña a las ofrecidas nalgas en un sucio baño encharcado de meado, para no dejarlos desamparados en sus ensoñaciones ninfómanas, lo cierto es que la represión con ellos era tan dura como en los regímenes de la derecha, en esto como en tantas cosas dictadura de izquierda y derecha se daban la mano y la lengua.

Los abortos eran un método más de anticoncepción, en realidad el más efectivo y socorrido, los hombres asistían unos días antes a los hospitales donde se iría a realizar el legrado y donaban un cuarto de litro de sangre, con lo que eran a la vez recompensados con un bocadito que rara vez contenía jamonada, pero siempre su seguro queso y su juguito de mango o guayaba.

Hoy, a través de la bendición de las redes sociales, he tenido la oportunidad de contatctar con amigos del pasado, y preguntar a mis amigas, algunas que hicieron un legrado tras actos sexuales conmigo para lo cual di sangre sin estar seguros de la paternidad (pero en Cuba eso era frecuente, incluso cuando las mujeres se quedaban sin pareja que diera sangre, solíamos acudir los amigos, daba igual de quien fuese el embarazo) y otras que me habían comentado que se lo hicieron. Esta práctica en mi generación es tan generalizada, que lo raro es encontrar quien no la experimentó, y me respondieron a la pregunta de si habían vuelto a pensar en ello.

En esos días tuve un profundo y acuciado cargo de conciencia por aquellos abortos, que hoy veo como brutales, se tiraban los fetos a un cubo metálico al lado de la cama donde estaba la potencial madre, de manera que las mujeres llegaban a ver sus engendros extraídos, me torturó la culpa de aquel "menefreguismo" tan pronunciado, ni siquiera lo vivíamos como algo importante, y también me pesaba el hecho de no haber reparado en ello durante tantos años. De repente me vi pensando que aquellos fetos habrían sido mujeres y hombres como yo era entonces, o quizás más hombres, y seguro mucho más en el sentido de la nueva masculinidad.

Una vieja amiga carnal y nueva virtual me dijo que no quería hablar del tema, otra que sí, lo había pensado y sentía algo extraño al ver a sus hijos cuando pensaba en ello, y las dos que no pudieron o no quisieron tener hijos, me confesaron que pensaban mucho más de lo que les gustaría admitir en aquellos abortos. Recordé una mujer cercana, que se había hecho un montón de legrados, y casi se queda sin tener hijos, cuando una vez a los cuarenta años quedó embarazada de un sinvergüenza pero se plantó y dijo “este no me lo quito” .

La decisión de abortar es un asunto muy personal si una mujer está sola, y muy a discutir si es de una pareja que tiene un proyecto, sé que no hay reglas que sirvan para todos, que cada sensibilidad y cada experiencia es única, y así debe ser cada decisión, pero como a millones de causas posibles solo existen dos soluciones, o nace o muere. Es un asunto lo suficientemente delicado como para que se busquen todas las opiniones, que no se tome "a la cubana", que aun cuando se trate de un asunto de fuerza mayor  se piense con todos los sentidos, sobre todo el sentido que tenga presente que, en el peor y mejor de los casos, existe un mañana.

Oklahoma  en cruz
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2 mayo 2022 1 02 /05 /mayo /2022 21:00

Bruno era cubano, hijo de un médico italiano nacido en la zona del Abruzzo, en Montesilvano, la zona de playa vecina de Pescara y de una periodista cubana que nunca había querido irse de la isla, más que el estricto mes que cada cuatro o cinco años empleaban en visitar a la familia del padre de Bruno, que insistía al borde de los ruegos que se decidiesen en ir a experimentar como sería trabajar y vivir un año en la península

-No tiene que ser en Pescara, puede ser en Roma, estamos relativamente cerca o donde les guste más, aquí también tenemos un mar maravilloso-

La madre de Bruno hacía que la mesa la presidiese un silencio tan intenso, que el padre entendía que su única opción era romperlo cambiando rotundamente de tema, usando un tono de voz que sugiriese de manera expeditiva a los abuelos de Bruno que no retomasen el tema en lo que quedaba de vacaciones.

Sin embargo, Bruno sí que una vez cuando tuvo la oportunidad se fue a vivir a Italia, donde vagó de un lado a otro, primero echando de menos la manera única de emplear el tiempo en Cuba, imposible de reproducir en el resto del mundo, donde generalmente la catalogan de “pérdida” ¿pérdida de qué? ¿de la oportunidad de alienarse en la cadena o la oficina de un trabajo odioso? ¿cómo se puede llamar pérdida al ejercicio de la comunicación en todas las dimensiones posibles? Bruno sabía que al final de la cadena alguien pagaba todo ese perfeccionamiento del alma y los ademanes en la esquina, ¿y qué, no se pagan guerras, no se paga para que exista la miseria, para que existan las ganas de gritar, no se paga para infligir dolor? pinga y muela. Pensaba Bruno. Yo soy bueno en ambas, pero sólo en Cuba, aquí no ríen esa gracia, así que también puedo probar a trabajar, pinga y pincha. Y entonces se fue a Francia.

A los amigos les hablaba de Francia en las cartas como si fuese en París donde vivía, pero no, vivía en Lyon, que estaba bien, que era linda y tenía buenos vinos, de la Costa de Rhone, museos interesantes, historia, frío en invierno y flores en verano, pero para proyectar vivir la vida, hasta por ahí nomás. Cada vez que podía se pegaba un salto a Sicilia, a Reggio Calabria donde tenía amigos, o a Bari y Brindisi, uno de los trayectos más bellos y ricos de comer. Él decía que Sicilia era una isla como Cuba y que en cierta forma todos los isleños de islas grandes tienen una melancolía similar, a la Puglia por la comida y el mar, el Adriático a mitad del país donde vivían sus padres era lindo, pero aún fresco y la arena era gruesa, pero hacia el sur se convertía en un recuerdo proyecto de una Cuba europea. Decía que el norte de Italia le parecía muy lindo pero ya Lyon era demasiado norte, además no tenía mar, y él quería ver el mar.

Bruno no estaba casado pero tampoco era soltero, vivía con su pareja, Yesica, una mulatica de Santiago de Cuba emigrada a La Habana a pesar de la prohibición, Cuando decidieron vivir como un matrimonio, más que amor se habían jurado divertirse juntos a pesar de lo que fuese, nada los importunaba, si había pescado o pollo estaban de suerte, si había solo arroz, malanga o papas comían eso sin drama, si tenían ron bueno lo tomaban con hielo, si tenían ron Bocoy o Legendario lo tomaban a palo seco, un dedo de ron en el vaso, no más para que el aire cambiase el olor por el sabor, si había gualfarina o alcoholifán tomaban menos cantidad, ligada con algo de café para ocultar el regusto, pero la tomaban igual y salían a la calle a encontrarse con amigos. Vivieron dos años verdaderamente felices, al estilo ochentero, sin las preocupaciones que los cubanos de entes y de después tuvieron junto al resto del mundo. Yesica no compartía el deseo de Bruno de emigrar un par de años a Europa, para ella haber emigrado de Oriente a La Habana colmó cualquier inquietud por moverse, por probarse en el rodeo del destierro. Ella tenía uno de los nombres comenzados con Y que con el tiempo se convirtieron en míticos, pero no pertenecía a esa saga de cubanos, su Y responde a la pronunciación de la J en el modo original de su nombre Jessica, en la época que ella nació los nombres de moda eran los rusos, como Irina, Natacha, Natalia, e Igor, Iván, Vladimir en los hombres. Pero los amigos de la pareja les solían decir que Yesica era una precursora de las Yumisleidis y los Yosbanis, mérito que no le cabía a las Yolandas, y mucho menos las Yordankas.

Italo cubano
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30 abril 2022 6 30 /04 /abril /2022 17:04

Cumplo una vuelta más de la Tierra al astro Mayor. cincuenta y nueve vueltas. Si hubiese apostado que llegaría hasta aquí, hoy habría competido con Elon Musk para hacerme con el pájaro azul.

En mi época de niño, a los de casi sesenta años les decíamos viejos chotos, bueno, no se los decíamos a ellos, sino que les llamábamos así a espaldas.

¿Qué te dijo ese viejo? "Nada, que dejásemos de patear la pelota" ¡que viejo choto!

Los que decíamos aquello solemos asegurar que hoy la percepción de la juventud y la vejez ha variado, que todavía es joven alguien de casi sesenta años. Pero la verdad es que me parece una ficción que habría que consultarla con la reacción de un niño mandándolo a callar a la hora de la siesta; hasta ese momento, somos los mismos los viejos chotos de otrora, así como todos los blues son los mismos viejos blues.

Eso sí, usamos jeans, no planchamos la ropa, nos reímos a carcajadas, miramos un buen culo con la atención que merece más allá de las directrices represoras de los nuevos monjes de la moral, decimos que le daríamos cabilla desde la noche a la mañana o viceversa, aunque eso lo decían también los de antes. Creemos que el rock es de pipiolos y nos pavoneamos cuando escuchamos un solo de guitarra como si estuviésemos más a la moda que el calendario. El corte de pelo, aunque tarde más en clarear la nuca que en otras cabezas contemporáneas, ya debe adecuarse a la carencia de volumen, pero insistimos en su desprolijidad, aquellos que nunca fuimos muy amantes de la combinación del jabón con la ducha, excepto a regañadientes en la proximidad de un encuentro del tercer tipo, que dicen los ufólogos, seguimos sintiendo cierta afirmación de nuestra eterna juventud en ese desaliño higiénico, sin llegar a permitir la leve pestecita que no le recriminábamos a nuestro jean en los años en que cada centímetro de nuestra carne, era más firme que nuestros actuales huesos.

Ah, pero esa arruga entre las nalgas y los muslos asomando bajo las cachas, esa insistencia de la barriguita hasta en las más estrictas de las dietas, o el descenso del sobaco hacia el pezón poblado de pelo y de una poco festejada carnosidad grasienta que lucha denodada contra pesas y planchas. Esa bolsa de los huevos cada vez colgando más acentuada por la gravedad, el imposible tercer set de un partido de paddle, todos los minutos tras el décimo en un partidito de basket, siempre entre viejos chotos. Poco ya de la rigidez lozana del tubo cual despertar de Lancelot con sus doncellas en la cama redonda, que lo caracterizaba otrora en nuestras imaginerías hiperbólicas, el tibio recuerdo de aquel día alamareño que eché ocho palos con Hanny.

Ocho palos que no volverán.

El palito mortecino de hoy, al que adjudicamos la síntesis de encantos de los ocho de antaño sumados al embrujo de la experiencia, sin embargo no fue auditado más que por “tinderas” de treinta y nueve años que en el frialdad inalienable del bar de la socorrida cita, adquieren la repentina apariencia de veinte abriles más, alguna vecina poseída por la misma ruina libidinosa, y de vez en cuando, muy de vez en vez, una titi que en ningún caso nos deja más constancia de esa certeza onírica, que un abanico olvidado en la mesa del living.

Bolitas, trompos, figuritas, barriletes o papalotes, la escondida, la mancha, el tesoro escondido, Billiken o Anteojito, Independiente campeón, Batman, Meteoro, Ultraman, Simon Templar “El Santo”, los tres Chiflados, Carlitos Balá, Gabi Fofó y Miliki, Capitán tormenta, Cristina Obín, Elpidio Valdés, la Calabacita y Toki, yo-yo, tiki taka, Scalextric, autitos, y siempre a mi lado Cocó, mi oso Cocosito que aún conservo en un cajón con las cicatrices de nuestras discusiones, que alguna veza llegaron hasta la hornalla. Cocosito quemado y perdonándome, yo perdonándolo. Paz y soledad, peso en los hombros, la mirada atenta a las baldosas. Una pelota que me pasa pro el lado y la hinchada silba. Cambio de paisaje, de amigos, olores, mudanza de acento, un padre que se va, una madre que se diluye, una abuela firme. alcohol caverna, escaso trabajo y abundante agotamiento. En precio.

Más lectura entre líneas, mejor comprensión, más análisis, pausa, consideración de las ranuras, mejor vista avizora de la veta del barniz,  gestión del carácter, de la fuerza, de la energía y mayor derroche de sabiduría. Imposible divertirse más y mejor, conseguir un extracto del placer más selecto, conocer y conocerse, saber y saberse de manera más integral. ¿Seguro que sí? ¿No será un cuento para no dejar tan vacío, yermo, helado, el otro extremo de la balanza?

Aunque algo sí es como si se rejuveneciese cada vez más, el amor a la vida, a la gente que me ha mostrado más amor que el que jamás hubiese imaginado. Y el niño que me acompaña, ya no mira más al suelo mientras camino.

Final del formulario

 

Final del formulario

 

Viejos chotos
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12 abril 2022 2 12 /04 /abril /2022 12:18

Mientras todos los medios y la opinión pública están ocupados o abducidos por la catarata de desinformación sobre la invasión a Ucrania, y mientras Estados Unidos se hace carantoñas y besitos con el régimen de Maduro, que este acepta gustoso, Cuba continúa ascendiendo escalones en la represión al descontento popular.

El 26 de Julio de 1953, Fidel Guarapo Castro, comandó un nutrido grupo del Partido Ortodoxo, con el fin de atacar al segundo cuartel de tamaño e importancia de Cuba, tras un recio combate, seis atacantes mueren en la batalla, muchos fueron asesinados tras ser apresados y presentados como caídos en combate, treinta fueron condenados, entre ellos Fidel a 15 años de prisión y su hermano Raúl a 13, de los que cumplieron solo un año y medio en la cárcel modelo de Isla de Pinos, actual Isla de la Juventud.

Un año y medio tras asaltar el segundo cuartel militar en importancia del país y matar soldados del ejército nacional. Por una causa justa, puede que sí, la Historia tras el necesario paso del tiempo lo dirá, pero fue un asalto con bajas, condenado a 15 años y con castigo efectivo de solo un año y medio.

En tanto el mundo está en otra línea, la "Lustitia" del gobierno isleño, encarcela a 127 personas con condenas  entre 6 y 30 años de prisión, donde convivirán con asesinos, violadores, ladrones violentos. Muerte en vida, solo por salir a protestar una vez en sesenta años, sí, por una vez en 60 años, a manifestar un enorme infección de descontento acumulada en el interior al no poder volcarla por ninguna vía de lastre, expresión callejera en la cual algunos se excedieron, como cada día en todas las sociedades del mundo donde tienen permiso para manifestarse, donde cuentan con diferentes partidos políticos, publicaciones, libertad de opinión, y cuando rompen algo son reprimidos por la policía en el momento del vandalismo, detenidos y liberados antes de 24 horas, con una citación a juicio, que en general se queda en una dura multa, o en una condena de prisión de seis meses a dos años, que si no tienen antecedentes, no la cumplen oficiando como una seria advertencia.

Lo más terrible, no es que un gobierno de partido, periódico, televisión, radio, y discurso únicos y vitalicios, en el cual todo aquel que no esté contento está invitado a irse afuera o adentro (entre rejas) haya ascendido tantos escalones en la aplicación de condenas ejemplares intimidatorias, sino que el mundo "libre",  no se exprese en consecuencia, los medios, bien por Ucrania, o por el acercamiento de EEUU a Venezuela, estén más callados que las momias, los partidos políticos que en las sociedades occidentales reclaman más democracia participativa que solo votar cada dos años, sin embargo traguen con este semejante atropello a los más básicos derechos civiles, incluso derechos humanos, en una sociedad donde ni siquiera cada seis décadas se puede votar.

Una vez arribado un nivel de conciencia universal ciudadana y de Derechos Humanos que creíamos solidificada en las sociedades cultas y civilizadas, tenemos que el gobierno de Díaz Canel, heredero "puesto a dedo" del de Raúl Castro, a su vez puesto por Fidel Castro, como toda muestra de modernización, adaptación a las reglas y la sensibilidad global, continúa prohibiendo la diversidad de partidos políticos más allá del PCC, proscribiendo toda línea de pensamiento distinta del poder, o variadas opciones de manejo de la economía y la vida social en Cuba, continúa prohibiendo cualquier línea de prensa y editorial que no sea la oficial, y cuando por una vez, un pequeño pero significativo grupo de artistas opositores, se opone a aceptar los lineamientos y directrices obligadas de pensamiento y opinión, son reprimidos con cárcel, sin haber cometido delito alguno, quedando sujetos a penas pedidas por la fiscalía de 10 y 7 años de privación de libertad, a cumplir como presos comunes, en compañía de violadores y asesinos. Tales son los casos de Maykel Castillo "Osorbo" con quien no comparto su posición trumpista, pero por la misma razón defiendo a capa y espada su derecho a expresarla, y de Luis Manuel Otero Alcántara con quien siento mayor afinidad ideológica. Esto sucede a renglón seguido de las condenas absolutamente desmedidas y criminales, que van desde los 15 a los 30 años de prisión, a manifestantes del descontento popular, ciertamente excedidos en sus reclamos que dañaron el mobiliario público, cosa que se saldaría con penas de seis meses a dos años de prisión en el peor de los casos y en la mayoría, con trabajos comunitarios, no sin escuchar y atender sus reclamos. Estas condenas y peticiones de cárcel brutales, no son por asaltar un cuartel militar con armas de fuego causando bajas, son por manifestar en una protesta el hastío de no poder protestar. Que ya ni siquiera son aquellos blancos burgueses del inicio del proceso involucionario, que veían con mala cara la redistribución de la riqueza y la igualdad con los menos favorecidos, ahora quienes van entre rejas son, precisamente los menos favorecidos, las razas y las clases sociales que otrora fuesen el “mercado meta “ de la revolución. Un año y medio por asaltar un cuartel y matar soldados, en contraste con décadas de prisión por manifestar un descontento.

Por lo pronto deberíamos ser capaces de pensar que estos 127 chivos expiatorios, son personas con una vida y con familias, que salieron a manifestarse por la razón que les viniese en gana, muchos de ellos menores de dieciocho años en el momento de ser apresados a la espera de juicio en las cárceles, y ahora son condenados en su mayoría, a pasar más de una década de reclusión en el peor ambiente de violencia y corrupción humana, habiendo sido defendidos por abogados estatales que cuando no declinan su juramento hipocrático, cumplen el rol de fiscales. Acaso mi inflexibilidad en todas estas injusticias flagrantes, provenga de la lectura de la carta de mi tío a sus hijos al abandonar Cuba previendo que nunca volvería a verlos:" sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo, esa es la cualidad más linda de un revolucionario" no especificó "excepto en Cuba" como algunos se lo tomaron. En mi vida cambié lo de revolucionario por ser humano.

Sesenta años de cortinas de humo

Calabozo Cuba
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8 abril 2022 5 08 /04 /abril /2022 11:37

El 26 de Julio de 1953, Fidel Guarapo Castro, comandó un nutrido grupo del Partido Ortodoxo, con el fin de atacar al segundo cuartel de tamaño e importancia de Cuba, tras un recio combate, seis atacantes mueren en la batalla, muchos fueron asesinados tras ser apresados y presentados como caídos en combate, treinta fueron condenados, entre ellos Fidel a 15 años de prisión y su hermano Raúl a 13, de los que cumplieron solo un año y medio en la cárcel modelo de Isla de Pinos, actual Isla de la Juventud.

Un año y medio tras asaltar el segundo cuartel militar en importancia del país y matar soldados del ejército nacional. Por una causa justa, puede que sí, la Historia tras el necesario paso del tiempo lo dirá, pero fue un asalto con bajas, condenado a 15 años y con castigo efectivo de solo un año y medio.

A lo largo de los sesenta años de gobierno revolucionario cubano, han sido numerosos los fusilamientos y encarcelamientos por manifestar diferentes grados de oposición al gobierno. Al igual que a lo largo de estos últimos sesenta años se han cometido todo tipo de tropelías y crímenes, guerras, torturas y desapariciones en todas partes del mundo, incluso en los países más desarrollados como Suecia mataron a Olof Palme, ni hablar de Francia y los argelinos, España y el franquismo, Italia a las Brigadas Rojas o sus diversas mafias, la URSS y el área socialista con sus crímenes o por supuesto Estados Unidos y sus asesinatos a activistas negros, indígenas, progresistas, promoción y financiamiento de golpes de estado o bombardeos alrededor del mundo.

Eso es indiscutible. Pero más en nuestros días, una vez arribado un nivel de conciencia universal ciudadana y de Derechos Humanos que creíamos solidificada en las sociedades cultas y civilizadas, tenemos que el gobierno de Díaz Canel, heredero "puesto a dedo" del de Raúl Castro, a su vez puesto por Fidel Castro, como toda muestra de modernización, adaptación a las reglas y la sensibilidad global, continúa prohibiendo la diversidad de partidos políticos más allá del PCC, proscribiendo toda línea de pensamiento distinta del poder, o variadas opciones de manejo de la economía y la vida social en Cuba, continúa prohibiendo cualquier línea de prensa y editorial que no sea la oficial, y cuando por una vez, un pequeño pero significativo grupo de artistas opositores, se opone a aceptar los lineamientos y directrices obligadas de pensamiento y opinión, son reprimidos con cárcel, sin haber cometido delito alguno, quedando sujetos a penas pedidas por la fiscalía de 10 y 7 años de privación de libertad, a cumplir como presos comunes, en compañía de violadores y asesinos. Tales son los casos de Maykel Castillo "Osorbo" con quien no comparto su posición trumpista, pero por la misma razón defiendo a capa y espada su derecho a expresarla, y de Luis Manuel Otero Alcántara con quien siento mayor afinidad ideológica. Esto sucede a renglón seguido de las condenas absolutamente desmedidas y criminales, que van desde los 15 a los 30 años de prisión, a manifestantes del descontento popular, ciertamente excedidos en sus reclamos que dañaron el mobiliario público, cosa que se saldaría con penas de seis meses a dos años de prisión en el peor de los casos y en la mayoría, con trabajos comunitarios, no sin escuchar y atender sus reclamos. Estas condenas y peticiones de cárcel brutales, no son por asaltar un cuartel militar con armas de fuego causando bajas, son por manifestar en una protesta el hastío de no poder protestar. Que ya ni siquiera son aquellos blancos burgueses del inicio del proceso involucionario, que veían con mala cara la redistribución de la riqueza y la igualdad con los menos favorecidos, ahora quienes van entre rejas son, precisamente los menos favorecidos, las razas y las clases sociales que otrora fuesen el “mercado meta “ de la revolución. Un año y medio por asaltar un cuartel y matar soldados, en contraste con décadas de prisión por manifestar un descontento.

Una tarde de marejada en medio del ocráno, Noé tuvo que tomar una dolorosa determinación en su arca, para lo cual reunió a todos los animales, y les planteó que un ejemplar debería abandonar la nave y confiarse a la mar, determinó que sería el que tenía la boca más grande. El sapo, encogiendo la boca, dijo:

-Mariconá* con el cocodrilo

* En la jerga popular cubana, la expresión "hacer una mariconá"  significa damnificar, causar perjuicio.

Al agua el cocodrilo
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7 abril 2022 4 07 /04 /abril /2022 15:39

¿Cómo no paran la guerra? ¿Cómo las televisiones, los grandes medios de prensa siguen cada vez metiendo más cizaña para que crezca la guerra, para que haya más muertos, más violadas, más desastre, más charcos de sangre de toda nacionalidad?

¿Qué nos pasa como especie?

Solo hay un animal que también puede entrar en guerra y pasar años matándose un clan contra otro, ocurrió en la guerra chimpancé de Gombe, fue un conflicto violento entre dos comunidades de chimpancés en el parque nacional Gombe Stream, en Tanzania, que comenzó en 1974 y terminó en 1978, cuando una facción logró matar a todos los machos de la otra, para extender su territorio.

No es casual que seamos especies tan cercanas. No es casual que al desarrollar la capacidad de sentir afecto, amor, también se desarrolle al unísono la de sentir un odio visceral, depredador, dominante, al desarrollar la compasión y el la piedad, también se desarrolla la avaricia y la crueldad, porque la posibilidad de sentir empatía juega en ambos sentidos de este pantagruélico dilema bipolar, el desarrollo de la inteligencia y la emoción permite ponernos en lugar del otro para sentir pena por su pesar, o ponernos en su lugar para sentir satisfacción por su dolor.

Yo mismo, que omitiendo toda falsa modestia puedo asegurar que soy uno de los seres más pacíficos con que he tropezado, anti bélico, anti bronca, anti pelea. Sin embargo, muy posiblemente también si me encontrase en un oasis de mal, donde se permitiese soltar todos los instintos más bajos, más jodidos aunque a la vez auténticos de la especie, me pondría a destrozar cabezas, no de políticos degenerados o grandes poderosos que mediante nuestra razón, sabemos que son las peores cosas que les ha pasado a este mundo, no, a esos no me unió nunca el deseo oculto e impreciso de hacerlos pedazos, de verlos arder en una hoguera implorando piedad, de morderles la yugular mientras les atravieso el abdomen con un hierro candente. A lo mejor empezaría por mi profesora de inglés de la secundaria, siguiendo por el abusador del edificio de a la vuelta, o los de la villa miseria que entraron a casa una vez que era pequeño, o a una bruja que desatendía en el Centro de Salud, incluso podría pasar a algunos mucho más cercanos de lo que me gustaría admitir, todos ellos en la piel de otras personas, podría permitirme el lujo de enloquecer en medio de ese vergel de brillo y final, y una vez cubierto de sangre, saciada la sed más urgente, buscar nuevos horizontes para fagocitar lo construído, saludando a la blancura afilada de la luna y estremeciendo el aire, con aullidos humanos, no lobunos.

No lo sé, pero ¿qué diferencia cromosomática existe entre mi carne y huesos y todos esos que indefectiblemente, con independencia de su nacionalidad, raza, religión, educación o familia, terminan haciéndo eso mismo cuando se desata el fragor y la inimputabilidad de la guerra en la justicia ni en la moral?

Solo existe una manera de preservar la humanidad, los valores que hemos decidido primero construir, y luego defender, y es no comenzando a andar la ruta de la traca orgásmica de dolor de la que nadie ha retornado

No jugar a soltar la cadena del tigre.

La mejor síntesis popular del salvajismo depredador que esconde la condición humana bajo todo este barniz de cultura y bien aprendidos modales, de formas y conductas, es la canción de los Stones, Gimme Shelter, que además es una de las piezas más bellas, fuertes, completas y versionadas de la historia del rock, cuyo letra dice:

La guerra, chicos, está a solo un tiro de distancia

Violación, asesinato, está a sólo un tiro de distancia.

Pero te digo, el amor, hermana, está a un solo beso de distancia.

(War, children, its just a shot away/ Rape, murder its just a shot away/ I'll tell you, love, sister, its jus a kiss away, kiss away, kiss away)

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Published by martinguevara - en Europa Aorta Relax Opinion crítica.
5 abril 2022 2 05 /04 /abril /2022 00:39

Cuesta creer que lo que fue un ejército formado en valores hace más de 30 años, hoy haya hecho las barbaridades de Bucha. A falta de una investigación minuciosa, todo indica que así fue. A los estadounidenses les costó creer que sus soldados violaban vietnamitas y les cortaban la cabeza a niños, que tiraban Napalm y agente naranja sobre aldeas y que torturaban hasta la muerte con electricidad en Abu Ghraib. Lo mismo nos ocurre con los soldados rusos.

Sí, la guerra degrada, tuerce el alma y la orienta hacia una oda de perfidia irreconciliable con la vida, o quizás en esa barbarie de elevación de la muerte en cuerpos despedazados, violados, de caras hinchadas de putrefacción, de olor a locura, es donde se encuentre el sentido más perverso, pero también más auténtico de la vida, como si el poder de matar garantizase sobrevivir No sé, solo sé que es una decepción descubrir esta condición humana, desconocida, reprimida, sazonada con reglas, modales y aprendizaje, pero una vez liberada, peor que la de las hienas o los gusanos. Porque así como el amor no pertenece solo a los amantes, esta degeneración no es exclusiva del soldado estadounidense de otrora o ruso de nuestros días, parece residir en los cimientos más estructurales de la especie humana. Como la novela de William Golding, El Señor de las moscas, pero en la realidad. Las pesadillas, como los sueños, cada tanto tienen que cobrar materialidad para no desintegrarse, para continuar en su afán de perpetuidad.

Si quedasen lágrimas darían ganas de no dejar de derramarlas al reconocer nuestra esencia más real.

Guerra en Ucrania: las imágenes de satélite que documentan la fosa común de Bucha
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2 abril 2022 6 02 /04 /abril /2022 20:15

"Vamos a poner la carpa aquí" escuché que dijo la tropa y recordé que estaba prohibido acampar en toda Jibacoa. Teníamos dos carpas rústicas pero bastante grandes. Las armamos en un santiamén, mientras los demás descansaban, Evelio y yo nos fuimos a inspeccionar por ahí si se podía entrar a una casa a cocinar unos espaguetis con latas de salsa de tomate Vita Nuova, que traíamos como víveres. Encontramos una casita entre unos árboles, con una caseta afuera que tenía una puerta enrejada, justo en frente de la puerta de entrada a la casa, que parecía no estar habitada y tampoco abandonada. Evelio vio un respiradero por encima del marco de la puerta, trepó, se coló por ahí y una vez dentro me abrió. Entramos y vimos una cocina, había un refrigerador enchufado y dentro había leche y huevos. Echamos una mirada al resto de la casa, habitaciones vacías, unas sillas y mesa en el comedor y poco más, excepto en un placar que había una caja con municiones.

Abrí el paquete de fideos, llené una cacerola de agua, esperé que hirviese, eché la pasta, calenté un sartén, la regué de un aceite que había, saqué los huevos de la nevera y empecé a hacer un revoltillo de huevos, mientras removía también la pasta, yo estaba vestido con un blue jean ajustado que se había despedido del agua y el jabón hacía mucho tiempo, camiseta, zapatillas, un sombrero de yarey y un machete colgado a la cintura en una funda de cuero. De repente sentí un fuerte ruido en la puerta de entrada y tres policías entraron a la cocina con sus pistolas en mano apuntándome:

- Suelta todo y levanta las manos- me ordenó uno en voz alta y nerviosa.

Con los ojos como platos, aturdido por la sorpresa no atiné siquiera a escuchar lo que me dijo y seguí revolviendo con un tenedor los espaguetis y con una espumadera el omelette.

-Coño, ¡que sueltes todo ya mismo!- me repitió ya encabronado el policía dándome un manotazo en el pecho y quitándome el machete de la cintura. Mientras decía "¿Tú sabes lo que es preso, pero bien preso? pues así vas a ir"

Cuando me recuperé de la sorpresa, empecé a explicar que pensé que era una casa de fin de semana y que acampamos ahí cerca, acabábamos de llegar y traíamos mucha hambre y me habían destinado a cocinar los espaguetis. Dije que abrí el picaporte y la puerta estaba abierta. Dije que éramos extranjeros y que yo eraw atendido por el Consejo de Estado, que jamás habría entrado de saber que era una estación de policía.

-¿Y los huevos? ¡Que clase de descarado ¿ tú sabes lo que es ir preso? así vas a ir como no sea verdad todo eso.

El tipo que parecía ser el jefe, decía :

-Encima están acampando con casa de campaña y todo? eso está prohibido ¿tú sabes lo que es preso?...y seguía

Me puso unas esposas y me llevaron a donde yo les decía que estaban las carpas, para enseñarles el carnet de identidad, al salir me dijo que la caseta era el calabozo donde me quedaría a residir por un tiempo, Evelio convenientemente se había metido en una carpa y les había dicho a la Negra y a Germán que no dijesen nada que había uno más adentro, ya que él era cubano, y no zafaría fácil. Había dos chicas más cubanas pero el machismo por entonces, en estos trances, en lo inmediato beneficiaba a las mujeres.

Saqué mi carnet marrón de residente temporal, junto a los otros extranjeros, al ver que era Guevara y argentino, me preguntó si era familia del Che, le dije que sí, entonces cambió diametralmente el tono, el policía mandón me llevó otra vez a la casita estación de policía de Jibacoa playa. Me quitó las esposas, y me dijo que estaba prohibido acampar en la playa pero que nos iban a dejar, que no volviésemos a entrar a ninguna casa sin permiso, y me permitió terminar de hacer los espaguetis y sorprendentemente también los huevos. Me devolvió el machete, le ordenó a uno de los policías que me ayudase a llevar la cacerola con el almuerzo, y a cada rato aquel policía gordito, con la camisa por fuera y la gorra de lado, regresaba a las carpas a ver si necesitábamos algo, en uno de los viajes me dijo que lo acompañase a traer bidones de agua y en el camino me dijo:

-Quiero que sepas que todos nosotros los cubanos estamos con ustedes en lo de las Perpinas,

-¿El qué? le pregunté yo.

-En lo de las islas Perpinas, aquí estamos para lo que sea.

Era abril de 1982. El buen hombre al que le había quitado los huevos, le había usado el aceite, la sartén y me le había colado a su estación de policía, no dejaba de pasar a preguntar si necesitábamos algo, y por las dudas, no fuese a ser que yo viese seguido a mi "tío" Guarapo, quien manifestó su apoyo a Galtieri, a dejar meridianamente clara su oferta, si se terciaba, de luchar contra los ingleses en las islas Perpinas.

 

Playa de Jibacoa

Playa de Jibacoa

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31 marzo 2022 4 31 /03 /marzo /2022 14:26

Están todos amargados porque quieren que los presentadores y el público de los Oscar vuelvan a ser finos y educados.

¡Noooo!, mejor la diversión, negrones, hispanos, narras y blancos churrupieros de solar metiendo pinga, cojones, galletas y gaznatones.

Como mínimo espero que el año que viene el presentador se resingue en el bollo de la abuela de un nominado, y este saque un cohete, lo cague a balazos, y se arme una despingazón de rubias contra pelirrojas arrancándose los aretes, dejándose más que calvas que Jada de tirarse los pelos, Scarlett Johansson dándole tranca a Noami Watts, y Noomi a Nicole Kidman, Portman y Roberts en una guerra de escupidas y arañazos, Kim Bassinger aprovechando la burumba para hacerle un cunnilingus público a Emily Blunt, Latifah dándole tremendo tranqueo a Sigourney Weaver, y esta meándole la cara a Vanessa Redgrave que está en el suelo enredada a galletazos con Salma Hayek.

Al Pacino dándole una patada en los huevos a su hermano mayor James Caan, Robert de Niro cobrándole un antiguo cuerno a batazos a Robert Duvall, Swarzenegger corriendo por el pasillo con Danny de Vito detrás con la pinga afuera gritándole " te voy a singar a ti y a tu madre, cherna de playa" Denzel Washington y Joe Pesci dándole un ramillete de patadas a Seagal en el suelo que llorará implorando clemencia. Y detrás de una cortina Russel Crowe echándole un palito a Kevin Spacey mientras Anthony Hopkins baila un flamenquito encima del desmayado zorro Banderas.

Y desde el más allá Liz Taylor muriendo de envidia por no haber podido rasguñar las tetas de Sophia Loren, Sir Lawrence Olivier haciendo la mímica de jalar el gatillo contra James Stewart y el espectro de Gary Cooper escupiendo desde su nube encendido de deseos.

En una nube algo apartada, alrededor de una pequeña mesa de poquer Gary Grant, Bette Davis y Sidney Poitier jugaban una partida, se le acercó Ava Gardner con los ojos como platos diciendo "Chicos, abajo hay un lío que no me interesa ¿puedo entrar a la partida?" raudo Poitier se levanta, retira un poco la silla vacía y le dice "por supuesto encanto, los cuatro estamos de suerte".

Por menos que esta parrillada ¿para que encender el fuego?

 

Oscar ¡aquí la pinga!
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26 marzo 2022 6 26 /03 /marzo /2022 13:22

Argentina y Cuba fueron dos proyectos de la Metrópoli que en cierto sentido mejor le salieron. No es que los demás países de América no ostenten particularidades que los coloquen en idéntica importancia que estas dos naciones, pero muchos guardan cierto justificado recelo con el centro colonizador, en cambio en estos dos ejemplos lo hispano tuvo una gran aceptación, porque más allá de los siglos de dominio colonial, recibieron gruesos contingentes de inmigrantes que cambiaban sus aires para progresar trabajando o bien por razones políticas y criaron sus hijos en las mismas escuelas que las de los trabajadores cubanos y argentinos, conformaron las nuevas conciencias proletarias de estos nuevos países, llevaron de España e Italia en el caso de Argentina, los cantos de lucha de las fábricas europeas, sus pasquines, no solo sus experiencias en los oficios, sino sus conocimientos sindicales, militancias de marcadas ideologías revolucionarias anarquistas, socialistas y comunistas. Sus contribuciones fueron importantes, pero la más importante de todas, es que se diluyó el recuerdo del español patrón, de repente pasó a ser un compañero de trabajo, un quiosquero, el que ponía café en el baro o cortaba fiambre en el almacén.

Cuba y Argentina estuvieron unidas por la pasión caribeña por el tango y por el cine de grandes escaleras, largas cortinas y teléfonos blancos.  Los cubanos se conocían de memoria cada película de los años de oro de aquel cine tan característico, y había numerosas peñas de tango en distintos barrios de La Habana. Otra característica que compartieron fue el alto nivel de vida de sus clases medias, la calidad de sus universidades, en las que sin embargo, quedaba excluidas las clases bajas trabajadoras, en Cuba la descendiente de africanos, y en Argentina de los pueblos originarios pre colombinos. Los payasos Gabi, Fofó y Miliki eran españoles emigrados a Cuba, el creador de la CMQ Goar Mestre, emigró tras la revolución cubana a Buenos Aires, donde fundó canal 13 en 1960, Fidel Guarapo Castro formaba parte de un grupo de apoyo al peronismo en Cuba, incluso en carácter de tal viaja a Bogotá al Congreso de estudiantes cuando lo sorprenden los hechos de abril de 1948, conocidos como el Bogotazo. Artistas iban y venían, se radicaban aquí o allá, eran dos patrias lejanas pero que tenían ciertos nexos intangibles. A uno le fascinaba el tango al otro el mambo.

Avanzado el siglo XX, el argentino Ernesto Guevara se integró de tal manera la lucha revolucionaria cubana, que adquirió su ciudadanía legal y espiritualmente, allí fue guerrillero, ministro, padre, esposo y amigo. Precisamente a partir de Ernesto empezaron a ir argentinos a la isla, ya no artistas, sino escritores como Cortázar, periodistas como Massetti, amigos suyos como Alberto Granados, arquitectas como Celia y Ana María Guevara y otros profesionales que simpatizaban o estaban comprometidos en mayor o menor grado con la misma causa que Cuba, para contribuir dada la inmensa diáspora de profesionales de clase media que había emigrado al norte una vez les confiscaron negocios, propiedades o efectivo.

La cosa es que argentinos y cubanos tenían ya lazos históricos cuando yo arribé a La Habana en mayo de 1973,

En el hotel donde viví los tres y medio primeros años, mi mejor amigo había nacido en Cuba pero hijo de Timossi, un argentino que había acompañado a Masetti en la tarea de fundar Prensa Latina, el órgano de prensa cubano, también Manuel Roca y hermanos, hijo del abogado Gustavo Roca y Betty Feijin, mis amigos Mariano y Patricio Duhalde y sus padres Eduardo y Lali, la esposa del sindicalista Ongaro. Jorge Masettti hijo, su hijito Jorgito y su mujer Mónica, estaban las hijas de Mario Roberto Santucho y una sobrina, Juan Pablo Vivanco de las Juventudes Guevaristas llegó tras el golpe asegurando que la toma del poder no sería inmediata, “la lucha sería prolongada”, estaba toda mi familia, abuelo, tíos y primos, incluso estaba Hamlet, que era un guerrillero dominicano de las tropas de Caamaño, hijo de argentinos. Mitad eran peronistas y mitad marxistas leninistas o trotskistas. Había un caso curioso, el del representante del Partido Comunista argentino, Juan Lanutti, cuyas hijas mellizas iban a mi misma aula en la primaria, mientras todos los argentinos de izquierda morían iban presos o se exiliaban, Juan con su familia regresaron a la Argentina por orden del Partido. La URSS había establecido fuertes nexos comerciales con el gobierno militar que se vieron rodeados de otros lazos menos decorosos.  A los del PC la dictadura no los tocaría. Sin embargo guardo muy buen recuerdo de Juan y de mis amigas Graciela y Liliana Lanutti. También el doctor Ricardo Yofre, tío de Vaca Narvaja,  que tantas veces atendió mis ataques de asma y a su esposa Perla, ambos padres de una desaparecida, y preso político, recuerdo también al médico Marqués y Rosita, él era pionero en acupuntura. Había unos argentinos exiliados, que hijos de una española que de niña se exilió en Altagracia y creció con mis tíos, que era como familia mía, Carmen González Aguilar, cuya hija Soledad fue secuestrada y sus hijos apropiados por los militares, y recuperados por un comando montonero del hospital donde estaban y luego llevados a la embajada de España, donde los recogió Pepe Aguilar, y más tarde fueron a Cuba, con otra de los tantos hijos de Carmen, Patricia Schjaer y su esposo el Piojo, que se hicieron cargo de la crianza de los nenes.

Eso sí, todos estos, excepto los Sachjaer Aguilar que eran como familia, eran unos argentinos que ni en pedo los habría conocido en mi barrio, en mi casa, en nuestras vacaciones en el campo o en la playa. No guardaban relación alguna con los amigos que yo extrañaba, estos hablaban de revolución, de muertos, de presos. Bueno, con Fernando y Manuel que era cordobés y tenía ese acento tan característico, no hablábamos de nada de eso. yo no hablaba de nada de eso, me negaba en rotundo, solo hablaba de un preso, mi viejo.

En la beca, escuela al campo, tenía un amigo Juan José sánchez, nacido en Bolivia, de madre argentina, tenía una hermana desaparecida en Argentina, la mamá era Matilde Artés, conocida como Sacha, tenía el pelo más largo que vi en mi vida. Sacha era pura energía, en 1978 decidió mudarse a España, para hacer activismo y buscar a su nieta que había sido apresada junto a la hija en Oruro, Bolivia, donde fue salvajemente torturada y luego trasladada a un campo de detención clandestino en Argentina, donde continuaron los tormoentos hasta la muerte, la niña fue entregada a una familia de represores. Con el tiempo Sacha encontró a su nieta Carla. A diferencia de la mayoría de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Matilde había sido precursora, ella misma, de la lucha de la hija.

Después cuando nos fuimos a Alamar, casi no vi ni un solo argentino, todos los exiliados eran chilenos y uruguayos, acaso algunos nicaragüenses y salvadoreños que iban a practicar tiro y artes de guerrilla, angolanos en la zona de estudiantes, y muchos rusos y europeos del este en la zona de “las casitas de los rusos”, un amigo italiano que terminó singándose a mi ex novia, pero previamente me regaló todo el rock que se escuchaba en los países prohibidos, era de Kiss Army y tenía infinidad de discos. No sé si hice buen cambio, rock por jeva. Pero era ex jeva, ojo esto había que aclararlo, era importante para la moral de barrio. Había una argentina muy amiga de mi madre, la Negra Ángela, mamá de Santiaguito, Petete que era hijo también de Deodoro Roca hermano de mi amigo Manuel, un revoltijo revolucionario. Ellos eran peronistas, ella montonera, una mujer de un alma divina, llena de vida y risa, mis primeros cigarrillos los fumé en su casa, H. Upmann, Montecristo, Partagás, eran cigarrillos muy fuertes, mucho más que los habituales Populares. En realidad el primer cigarrillo lo había fumado con Evelio en el hotel Habana Libre a los trece años, pero ese día vomité hasta el amanecer y no volví a probarlo hasta los de la Negra. Mamá era uña y carne con ella. La Negra fue apresada y conducida a un infierno de tormentos apenas regresó a Argentina en la tristemente célebre “Contraofensiva Popular” organizada por los Montoneros, en la cual solo me remito a los hechos conocidos no a la infinidad de versiones sobre confabulaciones que se tejieron alrededor al haber sido un fracaso de tales dimensiones, algunas llegaban a asegurar que era un acuerdo de Montoneros con Massera, cosa que dudo mucho porque después conocí a la cúpula de Montoneros y si bien ideológicamente eran puzzle, lo que se puede llamar un desastre, en materia de dignidad la mayoría de ellos parecía estar distante de poder fraguar aquella sugerida tamaña traición. Nunca más supe nada de la Negra, la verdad es que la familia Roca no la trataba con demasiado cariño, excepto mi amigo Manuel con quien mantenía una relación de profundo afecto mutuo.

En Alamar vi desaparecer los pocos argentinos que había, tras el golpe y la amistad de la URSS con la Junta Militar Argentina a raíz del comercio de trigo y cereales que rompía el bloqueo de ventas de estos productos que EEUU le había impuesto a la URSS, estos dieron la orden a Fidel de que podía albergar revolucionarios argentinos en Cuba, pero en ningún caso hablar ni publicar en medios criticas al gobierno argentino, que era el que más militantes de izquierda estaba matando , ni mucho menos permitir desarrollar en la isla actividades o investigaciones que desprestigiasen al gobierno fascista argentino. Así es que muchos se fueron a Europa, incluso mi tía, que desde Suiza podía movrse en defensa de los presos para proteger a mi padre. Por otro lado la oficina del Departamento de América del comandante Piñeyro se había alejado mucho del PRT, a la vez que se había acercado a los Montoneros, que por coincidencia, había depositado en la isla varios de los millones del rescate de los hermanos Born.

 Cuando nos mudamos a Miramar, de repente volví a ver muchos argentinos, un chorro, un montón, todos juntos de sopetón. Ya los conocía porque mi madre había empezado a colaborar con la oficina de Montoneros en La Habana que estaba en Miramar, se iba durante toda la semana, se quedaba a dormir en una casa a la entrada de Miramar, frente en un parque precioso que había poco después del puente de hierro. Los primeros que conocí fue la familia de Popi, Mariano, Paula, Lucía y Mariana, que era chiquitina y todavía guardaba algo del acento que había adquirido en el Líbano donde habían vivido un par de años, recuerdo que Popi decía que Mariana llegó a hablar tan bien aquella lengua, que en castellano decía “mamá boneme la bantalona”  en lugar de poneme el pantalón. Mi vieja se hizo intima amiga de Popi, que era un cúmulo de gracia, un desperdicio de histrionismo, cada cuento, cada historia era para reir, Popi era de ademanes finos, Mariano quien más tarde supe que se llamaba Miguel era más serio, químico, de una responsabilidad y seriedad no conocida en Cuba. Una vez yo había quedado para ir a hacer una guardia enla oficina de ellos, porque a todo esto mi madre quería integrarme de a poco a ese grupo, resulta que como aplatanado cubanizado lo dejé “embarcado” entonces más tarde que la hora acordada llamé desde una cabina para decir que no podía ir inventándome cualquier excusa, entonces Miguel, que por entonces era Mariano, me reprendió seriamente, al principio me enfadé mucho por la bronca que me echó, pero eso me acercó mucho más a esa familia, hacía diez años que no tenía padre, había crecido sin una figura masculina que me pusiese las riendas, yo hacía literalmente lo que me daba la gana, había dejado la escuela, bebía como un cosaco, evitaba todo lo que pudiese parecerse a una brizna de responsabilidad. Y Mariano me puso los puntos, fue algo maravilloso, nunca se lo dije pero me hizo muy bien, porque su regaño fue entre paternal y jerárquico militar. En cierta forma me recordó a mi padre que era recto y firme en las cosas que decía, cosa que en Cuba había desaparecido, nadie era serio, firme o recto, todo era mentira, desde los potrillos desbocados como yo, a quienes usaban traje militar, comandantes que por la noche eran unos borrachos, singadores de titis, vaciladores de prebendas, todo era doble moral hasta que aparecieron los Giraudo Peire.

Al poco tiempo de eso, la organización en el exterior le dijo a mi madre que era mucho mejor que viviese cerca para no tener que ausentarse en la semana y nos mudamos a 1ª y 16 en Miramar, unos departamentos que hoy son hotel de cuatro estrellas, muy cómodos, que gestionaba Tropas Especiales. Tenía diecisiete o dieciocho años, no tenía ninguna intención de sumarme a ningún proyecto revolucionario de nadie en ninguna parte del orbe, pero me gustaban los nuevos amigos de mi madre. Entre ellos había una señora que acababa de llegar a Cuba, madre de Leonardo Bettanin, un montonero del sindicato de actores, ex diputado nacional que había jurado por Evita y los compañeros, y cuando vio que el gobierno de Perón se desviaba de la lucha de ellos, dejó el puesto, fue asesinado en 1977 en la provincia de Rosario, junto a dos compañeros, su hermana Cristina que también estaba en la casa se suicidó con una pastilla de cianuro, su madre, su esposa y sus hijas fueron secuestradas por los militares, las nenas enviadas a una comisaría, y las dos mujeres salvajemente torturadas. Juani, contaba las torturas con chistes, era extremadamente cómica, llena de vida, era un amor de mujer, sentada en la cocina de mi casa contando historias del cine argentino, de los actores, ella había vivido todos los horrores imaginables pero siempre estaba dispuesta a hacer reír aunque su alma estuviese ahogada en una pena gélida imposible de sanar. Sus nietas estaban con ella en Cuba, eran, me permito una hipérbole en el epíteto, divinas, dos cositas chiquitas llenas de brillo, siempre sonrientes. No entiendo como se le puede hacer tanto daño a una familia y que sigan siendo tan buenos. A Juani la soltó el propio General Galtieri con un vaso de whisky en la mano, recomendándole no meterse en más problemas.

De los jefes Montoneros, vi un par de veces a Yager, El Roque, antes de que regresase a Argentina y muriese en un combate con las fuerzas militares, impresionaba su porte. En la oficina de 1ª y 14, conocí a Roberto Perdía, el Pelado, quien había lanzado en 1978 aquella Contraofensiva Popular en que se licuó la Negra y tantos militantes montoneros. Perdía era un hombre tranquilo, tenía una charla pausada pero algo esquivo, no provenía de peronismo pero desde 1970 era uno de los jefes montoneros, al igual que Mario Eduardo Firmenich, a quien le decían el Pepe, y que nunca me causó buena impresión. Un año nuevo, en el jardín de la oficina de La Habana, como no había cohetes como es tradición en Argentina, se puso a disparar al aire, había algo en ese acto que me provocaba un profundo rechazo, más allá del arma en sí. Yo quería vivir entre montoneros sin recordar en ningún momento que tenían nada que ver con ningún acto violento.  A la oficina iban Lito experto en aquella incipiente computación, su esposa, y sus hijos con quienes aprendí a manejar, iba el Chacho y la Chacha, y por último dejé al más digno de aquellos jefes, a quienes llegué a sentir como familia, Fernando Vaca Narvaja, el Vasco, y su esposa la Gringa, con sus nenes Gustavito y Susu, más tarde tuvieron otro bebé.

El Vasco tenía todas las virtudes, era un tipo firme, valiente en la lucha, un hombre serio pero muy afectuoso, lo que se dice “buena gente”, la Gringa era muy risueña, se reía con un particular sonido de ronquido más que de carcajada, su madre era una irlandesa que no hablaba ni papa de castellano, le daba bien a la cerveza como buena irlandesa y siempre que iba a su casa y estaba de visita, la encontraba sonriente, años más tarde me hice asiduo a visitar Irlanda, encontré que la mayoría de la gente es así, igual a la mamá de la Gringa. Fueron muy solidarios con todos los que lo necesitaban, no hablo de política sino de la vida cotidiana, con mi vieja y con todos. Años más tarde de aquello regresé a Cuba, y cuando no tenía donde vivir, el Vasco y la Gringa me dieron las llaves de la oficina, me pusieron un colchón en un cuarto enorme, y me dijeron esta es tu casa. El primer lugar a donde llevé de visita a mi primer hijo, Alejandro, cuando era un bebé de poco más de un mes, fue a casa de ellos. Susu había sido mordida en la cara por un pastor alemán cuando era aun más pequeña, el vasco le disparó un tiro a su animal, de la misma manera que era un tipo gentil y muy amable, sí me lo podía imaginar disparando un arma contra cualquiera o cualquier cosa. Un día se le cruzó un automóvil en La Habana y antes de que arme una de las clásicas discusiones de tráfico, salió del coche con la pistola en la mano y el guapo de turno desapareció chirriando ruedas.

El Vasco regresó a Argentina y se fue a vivir a Floresta, se puso una gomería, y se quedó ahí llevando una vida sencilla, afrontando lo que fuese que le tuviese preparado el destino, mientras otros vivían aun de las regalías del secuestro de Bunge y Born, en Barcelona o en donde fuese.

En Miramar había una guardería de hijos de militantes montoneros desaparecidos, muertos en combate o presos. De ahí recuerdo a Susana Croatto y Estela, eran inseparables, tenían toda la ternura del mundo para aquellos niños, su hija Virgina y su hermanito, y un montón de pibes que iban y venían de Argentina a Cuba de ahí a Europa. Juan Carlos Volnovich era el sicólogo que hizo un trabajo profundo para abordar los traumas de aquellas criaturas. Hace poco consulté a Volnovich sobre la comunidad judía en Cuba, porque yo sabía que él sabía como conseguir comida kosher en aquel páramo de la abundancia alimenticia. La esposa de Volnovich, Silvia Werthein tenía familia también que eran primos de Yamila, hija de Juan Carlos, y otros que también estaban emparentados con ellos, que habían vivido en Santiago de Cuba y llevaban poco tiempo en La Habana, los Orlandini, de los cuales Diana era mi amiga. Un día en Buenos Aires en la calle Canning fui a visitar a los abuelos de Diana, unos viejos divinos que las veces que los visité me colmaban de dulces típicos judíos, hechos por sus manos.

Por aquellos años los Montoneros tenían una estrecha amistad con Yasser Arafat, que en ese entonces nadie lo consideraba terrorista, sino un luchador palestino dirigente de la OLP. En la oficina había un cuchillo de tipo kriss, con una hoja ancha ondulada donde figuraba una inscripción que hacía referencia a la amistad entre las dos organizaciones, pero con un error tipográfico en el nombre de Arafat que provocó que no pudiesen regalárselo como era su finalidad. Aquel cuchillo me encantaba, por la forma y el significado, puede que se haya ido con los peces y las sirenas del Caribe, en una entrada de mar violenta que se llevó casi toda la edificación de aquella casona, acaso con algún otro objeto testigo la historia de los años setenta.

Recuerdo un chico sin padres, no sé si estaban desaparecidos o muertos en combate, que vivía en México y en vacaciones junto a los de Abal Medina, iba a Cuba con los niños de la guardería, los mayores estaban preocupados por él porque le gustaba mucho el rock, de él grabé sus discos de Pappo's Blues, y los Rolling Stones, le había ido no demasiado bien en el grado escolar que estaba cursando, y le echaban la culpa al rock, ni tomaba alcohol ni mucho menos drogas, solo le gustaba el rock'n'roll. En aquellos años la izquierda escuchaba folclore casi como militancia, acaso algo de tango, nunca Edmundo Rivero, y quizás música clásica, pero al rock, de manera idéntica a la ultraderecha les parecía algo demoníaco, que pervertía la pureza revolucionaria o las raíces nacionales. Ni que hablar de lo que pensaban de fumar marihuana y ya ni mencionar de sus criterios acerca de gays y lesbianas. Me gusta recordar esto, cada vez que veo que hoy la izquierda, sin haber hecho ninguna autocritica, mea culpa o vía crucis, se apropia de las reivindicaciones de esas sensibilidades sociales otrora tan estigmatizadas, sin mediar el más minimo pudor.

Más allá de la historia de violencia que no me toca a mi analizar ni juzgar, aunque sí cuestionar, los militantes montoneros que conocí, con raras excepciones, eran personas llenas de humanidad. Entre sus jefes, Yager era distante y frío, Perdía demasiado cercano, a Firmenich no lo puedo calificar, y el Vasco era una persona íntegra. Por allí pasaron también el doctor Obregón Cano y Bidegáin, históricos del peronismo, que con motivo de Malvinas regresaron a Argentina.

Mi madre era de extracción muy humilde, mi abuela era un inmigrante de una aldea de Burgos, España, y mi abuelo un uruguayo soldador de cascos de barco, hijo de inmigrantes de las Canarias. Ningunos de mis abuelos fueron peronistas, pero vivieron la época del peronismo y probablemente se beneficiaron de las mieles que derramó para las clases más humildes. En su juventud mi madre militó con el Partido Socialista, después se casó con mi padre, marxista leninista pero sin militancia, hasta que en los setenta decidieron que la familia nos fuésemos a Cuba así mi padre regresaba a militar en el PRT sin la preocupación de los peligros familiares. En aquel exilio mi madre quedó demasiado atrapada en la familia Guevara, mientras mi viejo había empezando una nueva relación con una militante, que a la sazón era una superior a él. Creo que la amistad con la Negra Angela, le abrió a mi madre el camino al peronismo, al que si bien nunca había pertenecido, no le guardaba ningún rencor, más bien desde pequeña habría conocido sus beneficios y además le guardaba afecto, como muchos argentinos, a la figura de Eva Duarte de Perón, siendo que el apellido de mi madre también era Duarte, aunque no era pariente de Evita. Y luego la conexión con los montoneros le devolvió un pedazo de Argentina, mi madre nació en San Telmo, era profundamente porteña y así de melancólica, y además la liberó de cierta asfixia que sentía por la omnipresencia Guevara en la isla. Mamá continuaba enamorada de mi padre, profundamente subyugada por los Guevara pero ya también algo agobiada, y la nueva perspectiva montonera le daba cierta libertad, y se reivindicaba a si misma como autónoma de la familia. En aquellos años había un corte muy abrupto entre el PRT y los Montoneros, incluso en las cárceles en Argentina se veía reflejado, los marxistas del Partido Comunista eran los mejor tratados por la dictadura, porque Videla se había hecho cercano a la Unión Soviética, los Montoneros compartían con algunos carceleros algo tan profundo e inexplicable como ser, no importa si de derecha o de izquierda, peronista. Y los del PRT-ERP eran considerados la peor plaga, terroristas y encima marxistas leninistas. Todo eso se trasladaba al resto del mundo, mi abuelo Ernesto desconfiaba un poco de los Montoneros, pero no por marxista, sino por haber sido anti peronista en los años de Perón, quien hay que admitir, que en el plano teórico, guardaba una cercanía de formación con las ideas del fascismo y el falangismo europeos. Pero el abuelo con el tiempo se hizo muy cercano al Vasco y la Gringa, dicutían de política en términos amables.

Cuando regresamos a Buenos Aires el 17 de diciembre de 1983, a una semana de que asumiese Raúl Alfonsín, me reencontré con millones de viejos y nuevos argentinos, a los cuales he ido perdiendo y recuperando tanto dentro como fuera de mi, a lo largo de esta vida. Lo mismo que me pasó a mi respecto de mi país les ocurrió a millones de cubanos respecto de su tierra.

Al final de todo esto, espero que todo este ateísmo tan arraigado como amargado sea pura bazofia, y en verdad exista un cielo argentino y uno cubano, que intercambien visitas, pero de los que nunca, ni ángeles palurdos ni endemoniados, nos veamos obligados a emigrar.

 

 

 

 

Tango y mambo
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